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Recuperando sueños perdidos. — capítulo 9
Tienes que olvidarlo
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¿Recuerdas lo que pasó en el lago? – Insistió el chico.
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Si, pero ya hemos hablado de eso, y no creo que tengamos que sacar de nuevo el tema. – Se cerró ella en banda, no tenía la menor intención de volver a sacar ese tema, la incomodaba demasiado.
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No es por incomodarte, pero.... ¿Sentiste algo especial? – Aquella pregunta se escapaba de todos los esquemas de la chica, y la pilló por sorpresa, lo último que se esperaba que le preguntara era sobre eso.
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Bueno.....
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Si yo volviera a besarte.... – Se acercó peligrosamente a ella, sus labios casi se rozaban.
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Harry... – Suspiró ella, instantes antes de fundirse en un profundo beso con el chico. Esa sensación que comenzaba a hacerse familiar volvió a inundar su cuerpo, cada poro de su piel, ocasionando un sentimiento placentero. Aunque dicha satisfacción no duró mucho, ya que una vez más, la parte racional de Hermione Granger salió a la luz, dispuesta a evitar que pasase algo de lo que se tuviese que arrepentir el resto de sus días. – ¡!!!Basta!!!- Gritó, separándose abruptamente del joven y quedando a espaldas de él. – Dios mío, ¿Qué estoy haciendo? – Puso ambas manos en su cabeza, en un vano intento de serenarse y mantener la calma, mientras Harry la miraba sin comprender.
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¿Qué te pasa Hermione? – Preguntó, al mismo tiempo que se incorporaba y se situaba justo detrás de ella, ocasionando que el nerviosismo de la joven se viera incrementado.
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¿Qué, qué me pasa? – Gritó al borde de la histeria, y girándose para mirarlo a los ojos. - ¿Qué te pasa a ti Harry? ¿Acaso no recuerdas que tienes novia? ¿Es que de repente has olvidado ese “amor” que os une? ¿También has olvidado que además de tu novia ha sido tu amiga, y “mi mejor amiga”? – Hermione dejó de gritar, puede que se hubiese pasado un poco al tratar así a Harry, pero lo que estaban haciendo no era justo. Ni para ella, ni para Harry ni tampoco para Ginny.
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Lo siento. – Dijo escuetamente el moreno, cayendo abatido a la cama, comenzaba a ser consciente de la situación, y de lo que estaba pasando, mejor dicho, de lo que le estaba pasando a él. A penas se reconocía desde la llegada de Hermione, sus hábitos habían cambiado, casi no veía a su novia, y cuando tenía un poco de tiempo libre para pasarlo con ella decía estar con su mejor amiga. Definitivamente el regreso de la castaña había alterado considerablemente sus esquemas. ¿Era Hermione todo aquello que no había logrado encontrar con Ginny? LA pelirroja era pura pasión, adrenalina, deseo, entre ambos había química, aunque.... faltaba algo en esa relación, en la cama se entendían a la perfección, mientras que en lo que se refería al tema de “convivencia de pareja” era un completo caos, sus intereses e ideales no siempre coincidían y eso provocaba muchos altercados entre ellos. Claro que se solucionaban, pero estaban ahí, en las sombras, pero acechando y debilitando su relación. Por otro lado estaba Hermione, desaparecida durante 5 años, dejando un hueco casi irreparable, en unos momentos en los que Harry más la había necesitado. Para él, la joven no solo era una amiga, era su confidente, la persona que mejor había sabido entenderlo, aquella que lo comprendía y apoyaba. Una sola mirada, y ambos lo sabían todo, era como una conexión entre ellos, algo sobrenatural que siempre había estado ahí. Ahora Harry comenzaba a ver con otros ojos a la chica que tenía en frente. ¿Y si siempre tuvo a la mujer indicada delante de sus ojos? – Lo siento mucho Hermione, no era mi intención el venir a tu cuarto a acosarte ni nada por el estilo, ha sido un impulso. - Reconoció Harry, mirándola a los ojos.
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¿Sabes el dolor que puede ocasionar un impulso de esos? ¿Sabes lo que se siente al saber que la persona en la que más has confiado te da la espalda con otra? – Gritaba. En esos instantes empezaba a recordar lo que le había pasado con Víctor, y eso hacía que su cuerpo comenzara a temblar debido a la ira que corría por su venas. – Claro que no lo sabes, pero yo sí..... – Dijo en un susurro, mientras un par de lágrimas salían de sus ojos marrones. – y es algo por lo que no quiero que pase Ginny. – Se sentó al lado de Harry, pero sin mirarlo, evitando a toda costa que contemplara el estado en el que se encontraba. Estaba siendo débil, otra vez...
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Ahora entiendo el motivo de tu regreso.... – Dijo Harry. Desde que la vio intuía algo, pero no había reunido el valor suficiente como para preguntárselo, ya que la conocía lo suficiente como para saber que se lo contaría en el momento apropiado, y cuando este llegase, ahí estaría él para mostrarle su apoyo. - ¿Cuándo pasó? – Preguntó con delicadeza, y pasando un brazo por encima de los hombros de ella.
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No quiero... hablar... de eso... – Contestó entre sollozos Hermione.
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Te haría bien.... – Alzó su mirada hasta encontrar los ojos verdes del joven, sintió una oleada de seguridad, y recapacitó. Harry tenía razón, ya llevaba bastante tiempo cargando con aquello, y puede que hubiese llegado el momento de librarse de ese lastre.
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Fue hace tres meses.... Acababa de llegar de un viaje de dos semanas en Australia, cosas del trabajo, y gracias a que las cosas marcharon muy bien, llegué dos días antes de lo previsto. – Se acurrucó un poco el pecho de Harry. Sentir su calor la ayudaba a continuar, lo que tenía que contar ahora no iba a ser fácil. – No quise avisarle para darle una sorpresa, así que llegué a casa e intentado hacer el menor ruido posible entré... – Un escalofrío recorrió el cuerpo de Hermione, el mero hecho de recordar esa escena le ponía los pelos de punta, y le daba nauseas. – estaba en el sofá, acostándose con una mujer que nunca había visto. En MI casa, cuando yo no estaba... estallé como nunca te puedas imaginar.... – Comenzó a sollozar en el pecho del joven, que la abrazó con más ahínco, para demostrarle que él siempre estaría ahí.
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Olvídalo Hermione, eso forma parte de tu pasado. Ahora debes pensar en el presente, en ti.
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¡¡¡¡¡¡¡Eso es lo que estoy haciendo!!!!! – Se separó bruscamente de él, y comenzó a gritarle. - ¿Entiendes ahora por qué te he dicho que lo que estás haciendo está mal? – Harry no apartaba la mirada de ella, y solo se limitó asentir con la cabeza.
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Te entiendo. No quieres que Ginny se vea en la misma situación que tu. – Hermione asintió, y volvió al lado del moreno. – Quiero que sepas que en ningún momento he intentado jugar contigo... o con ella. – Aclaró. – es algo muy difícil de explicar, y la verdad, dudo mucho que pudieses entenderme.
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Prueba... – Afirmó la castaña. – Intentaré ponerme en tu lugar. – Cruzó los brazos, dispuesta a escuchar el relato de su amigo.
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Se que te puede parecer mentira, o incluso que soy un exagerado. – Comenzó diciendo tímidamente Harry. – Pero... el caso es que desde que tu llegaste de Bulgaria, creo que mis sentimientos con respecto a ti.... digamos que... no son los mismos de antes.
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“Algo así me sucede a mi” - Pensó Hermione, al mismo tiempo que esquivaba la mirada del chico.
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Bueno, y también me he dado cuenta de que en mi relación con Ginny hay algo que siempre ha faltado, un hueco que nunca se ha terminado de llenar. – Se tomó un pequeño respiro para hallar las palabras idóneas. – Hemos tenido momentos felices juntos, pero... al igual que sucede con los troncos de una hoguera, acaban siendo consumidos por el fuego, y he de decir que el fuego ya se extinguió entre nosotros. Nuestra relación ha pasado de la pura pasión, a un trato frío, y cordial. Nos respetamos como pareja, compartimos cama, pero nada es como al principio, y creo que es en ambas direcciones. – Tomó suavemente la barbilla de Hermione para que ésta le mirara a los ojos. - ¿Entiendes a lo que me refiero? – Sus miradas quedaron conectadas, parecía que las palabras sobraban. Hay ocasiones en las que una sola mirada, vale más que mil palabras, y esa era una de estas veces.
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De todos modos, sigo opinando que lo que pasó en el lago y lo de antes no debería de haber sucedido. – Hermione volvió a esquivar su mirada, se sentía desnuda ante sus ojos verdes esmeralda. Ahora comprendía bien ese dicho de: los ojos son el espejo del alma, cuanta razón escondían esas palabras...
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¿Quieres decir qué lo que pasó no te afectó en absoluto? – Preguntó boquiabierto, y a la vez temeroso por la contestación. Hermione se limitó a tomarse unos segundos de reflexión.
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No. No es eso a lo que me refiero, pero no estamos actuando razonablemente, fue algo impulsivo, y por ello, debemos olvidarlo por completo. – Se dirigió a la ventana, dispuesta a mantener una distancia “prudente” con respecto al moreno, tenía que actuar con la mente fría, no podía permitirse dejarse llevar de nuevo. Se lo debía a Ginny, y a la amistad que durante tantos años había mantenido, tanto con la pelirroja como con Harry, esto no era un juego de niños.
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¡¡¡¡BIEN!!!! – Gritó Harry. - ¿ESO ES LO QUE QUIERES? – Se acercó a ella, y le susurró al oído. – Pues no cuentes con que yo lo haga. – Sin más que decir se alejó del cuerpo de la joven, que se había quedado impresionada por la manera de actuar de su mejor amigo. Un golpe seco le confirmó que había abandonado el dormitorio, y eso solo ocasionó que una gran sensación de desasosiego le inundara el cuerpo, sintiéndose vacía.
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Yo tampoco creo ser capaz de olvidar... – Abatida por la ajetreada noche, y por el resto del largo día, se dejó caer en la mullida cama, e instantes después, se dejó abrazar por los brazos de Morfeo, cayendo en un profundo sueño.
La pelea entre los mortífagos había terminado “relativamente” bien, a favor de los aurores, y digo “relativamente”, porque el problema era que durante la lucha varias personas habían salido heridas. Especialmente una chica joven del ministerio: Ginny Weasley. En un intento por salvar a su jefe de un hechizo que iba hacia él, la joven se había interpuesto entre el haz de luz y su receptor, recibiendo ella todo el impacto. Draco Malfoy, se percató al instante de lo sucedido, y después de deshacerse con gran maestría y habilidad del mortífago con el que peleaba, fue a socorrer a la pelirroja.
En estos instantes se encontraba en el hospital mágico San Mungo, siendo atendida por especialistas. Draco observaba el ir y venir de los médicos, mientras un gran nudo se instaló en su estómago, oprimiéndolo de tal forma que hasta el respirar se le estaba haciendo muy difícil.
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Perdone. – Cogió del brazo a un médico que acababa de salir de la habitación donde se encontraba la pelirroja. - ¿Cómo se encuentra? – Exigió ansioso, mientras apretaba con mayor fervor el brazo del hombre, que comenzaba a mostrar una mueca de dolor.
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No lo sé, y tenga por seguro que con esos modales nadie le podrá decir nada. – Con un tironazo se deshizo del agarre del rubio, y después de dedicarle una mueca de asco se marchó a toda prisa del lugar.
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Malditos sanadores. – Maldijo por lo bajo Draco, para después volver a volcar la vista en la puerta de la habitación, a la espera de que alguien fuese lo bastante “amable”, por decirlo de alguna manera, y le dijese que le ocurría a aquella joven, esa que era TODO para aquel rubio soberbio de ojos grises, la única llave capaz de abrir el corazón del chico y sacar su yo escondido, ese que solo existía cuando se encontraba con ella.
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¿Draco Malfoy? –Inquirió un hombre de avanzada edad, y con unas gafas redondas muy pequeñas para el tamaño de su cabeza. Su estatura era mucho más inferior que la del rubio, por lo que el joven no se había percibido de la cercanía del sanador.
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Si. ¿Sabe ya lo que le pasa a Ginny? – Preguntó ansioso.
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Tranquilícese, Señor Malfoy. – El tono que utilizó el anciano no era precisamente nada esperanzador, y su mirada tampoco denotaba que hubiese muy buenas noticias.
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¿Le pasa algo grave? – El hombre no contestó, sino que obligó al rubio a tomar asiento en unos bancos cercanos.
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Sus órganos vitales funcionan con total normalidad. Pero... – Dio un suspiro, siempre era difícil tener que dar ese tipo de noticias a la gente, y ese sentimiento que provocaba en el pecho... ni siquiera los años de experiencia como sanador podía ayudarle en esos casos. – No se puede decir lo mismo de su actividad cerebral. Su estado no es muy alentador en cuanto a lo psíquico por así decirlo. La señorita Weasley está en “coma”. – Draco sintió un gran golpe en el pecho, como si le hubiesen tirado un balde de agua fría. Un montón de sentimientos comenzaron a azotarlo: desasosiego, culpabilidad, soledad y miedo, mucho miedo de perderla.
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Pero.... ¿No hay nada que hacer? – Preguntó haciendo acopio de todas sus fuerzas.
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No hay nada seguro. Puede que solo dure unas horas. – El rostro del rubio se iluminó, pero el sanador continuó. – Días, semanas, meses.... años... incluso puede que no despierte más. – Draco se había quedado paralizado. ¿Y si no volvía a despertar? Sería por su culpa. No podría aguantar el peso de haber ocasionado dejar a la mujer de su vida en ese estado, antes se suicidaba, daría su vida por la de ella sin dudarlo. - ¿Está usted bien? – Inquirió el anciano, ya que el chico se había quedado como la pared, y parecía no reaccionar. – Enfermera, creo que está en estado de shock. Lléveselo y dale un tranquilizante. Además, revísale las heridas superficiales que tiene. – Una joven de no más de 25 años, cogió al rubio del banco, parecía estar en otro mundo, pese a que sus piernas lo llevaban a donde la enfermera quería, su mente se había quedado al lado de una pelirroja que dormía profundamente en la habitación 223.
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Sr. Newman. ¿A avisado a la familia de la paciente sobre su estado? – Preguntó un joven, dirigiéndose al consternado anciano.
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No, Paul. ¿Podrías encargarte tu de hacerlo? Estoy cansado de ser yo quien de siempre las malas noticias. – Suspiró abatido, la verdad es que lamentaba mucho el tener que ver a gente tan joven como esa chica entre la línea que separa a la vida y la muerte, en un constante tira y afloja, esperando a que en una de esas veces la fuerza sea mayor hacia uno de los dos entremos. Vivir, o morir, no hay otra salida. Pero lo peor de todo era la causa, el por qué: Voldemort. Quizás no directamente, pero indirectamente el seguía teniendo la culpa de que cosas así siguieran pasando. Esa semilla de ambición, de crueldad y sangre que sembró en el mundo, la cual se negaba a ser extirpada, a aferrarse en cada mortífago, en cada hijo de ellos. Al parecer no conocería la paz en todo su esplendor, puede que ahora no fuese al igual que en los tiempos del mago tenebroso, pero lo cierto era que aún existía esa inquietud en el cuerpo de los magos, y sobretodo en la de él. Desde sus inicios como sanador había podido comprobar los resultados devastadores de los mortífagos: personas torturadas hasta la locura, mutiladas, con graves secuelas psíquicas, y mucho peores, las del corazón, esas que solo pueden ser provocadas por la pérdida de los seres queridos, del mundo particular de cada persona. Ojalá que todo eso acabara pronto.
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¡¡¡HERMIONE!!!!! – La castaña se despertó sobresaltada, y dispuesta a regañar al indeseable que la estaba llamando a esas horas.
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¿TÚ? Creí que ya lo habíamos hablado todo. – Respondió mordazmente, lo que ocasionó que el chico sintiera una punzada en el corazón, debido al trato despectivo de la chica. – Lo siento, no quería decir eso. – Suavizó el tono de su voz, y se acercó a Harry, hasta hacer que quedase sentado en la cama. - ¿Qué pasó para que vengas a las 5 de la mañana y tan alterado?
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Es Ginny. Me han llamado de San Mungo, dicen que ha sido herida en una redada y que su estado no es muy alentador. Tenemos que ir Hermione. – Suplicó Harry, visiblemente preocupado.
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Claro. Espera un momento a que me vista.
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De acuerdo. Yo también iré a cambiarme, cuando estés lista me avisas, mandaré a Hedwig con una carta para Dumbledore, notificándole el motivo de nuestra partida. – Dicho esto salió por la puerta a toda prisa.
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Por Merlín Ginny. ¿Qué te ha pasado? – Se cuestionó así misma Hermione, preocupada por el estado de salud de la pelirroja.
Habían pasado un par de semanas desde lo ocurrido. Aparentemente todos intentaban volver a la normalidad, ya que los sanadores habían sido bastante claros: “La presencia de ninguno de vosotros influirá en su estado. Si hay alguna noticia se les notificará de inmediato”. Los primeros días ninguno se quería separar de la pequeña Weasley, y mucho menos Molly, ya que el fantasma de su hijo la perseguía, y no quería volver a pasar por lo mismo, estaba totalmente segura de que si perdía a otro de sus niños, ella sería la siguiente a la que tendrían que enterrar. Por eso mismo, Arthur hizo hasta lo imposible porque su mujer no permaneciera todo el día junto a su hija, ya que el estado de salud de la mujer se estaba viendo claramente afectado. Desde el ingreso de Ginny al hospital, había perdido 10 kilos, y su cara denotaba el gran sufrimiento que estaba pasando, las enormes ojeras y la escasez de su brillo innato en los ojos, confirmaban lo mal que lo estaba pasando.
Harry y Hermione también estaban afectados, y se notaba a su vez en su aspecto físico, que estaba mucho más desmejorado. Además, pese a que los dos intentaban actuar con normalidad algo les carcomía por dentro, sobretodo a Hermione, que tenía un gran cargo de conciencia. Le pesaba mucho no haberle confesado a su mejor amiga el pequeño “desliz” que había tenido con su novio. Mientras que el moreno se atormentaba por no haber dejado las cosas claras con ella, además, de que el gran afecto que le procesaba le pedía a gritos que se recuperara pronto, y que saliese de ese dichoso “coma”. Ya tuvo bastante en su día con tener que superar la muerte de su mejor amigo, no se perdonaría el tener que soportar ahora la de su “novia”.
Pero si había alguien sumamente conmovido con lo que sucedió, ese era Draco Malfoy. Apenas comía, y al llegar al trabajo, lo primero que hacía era llamar al hospital San Mungo, para saber si había habido novedades acerca del estado de Ginebra Weasley, y después de que el sanador le dijese por décimo-cuarta vez, que no había mejorado, colgaba el teléfono. A continuación, se enfrascaba en las montañas de papeles que había en su escritorio, hasta que llegado el final del día, y después de repetir la misma acción que por la mañana, regresa a su casa. Una vez allí, siempre era la misma rutina, se duchaba y se iba a dormir, o almenos, a la cama, ya que el insomnio no lo había abandonado desde lo ocurrido, lo cual, se reflejaba en su atractivo rostro, un atractivo que estaba siendo ensombrecido por las ojeras y la tristeza que albergaba.
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Harry, apenas has probado bocado. Deberías de cuidarte o te vas a enfermar. – Reprochó Hermione al moreno, que aún tenía intacto el plato, y que no levantaba la mirada del susodicho.
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No tengo hambre. – Respondió escuetamente, girándose a mirar a la chica, que tampoco había probado nada de la comida que había en su plato. – Además, tu plato está tan lleno como el mío.
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Esto... – Se sentía avergonzada por su comportamiento, pero la verdad era que ni ella misma tenía ganas de comer. - ¿Qué tal si hacemos una especia de trato? – Preguntó. Acababa de ocurrírsele una idea.
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Por mí bien.
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El que acabe primero de comerse todo lo que hay en el plato podrá pedir lo que sea al otro. ¿De acuerdo? – Era un juego tonto, pero así ambos se comerían la comida, y de camino, se evadían de los problemas, mientras una oleada de competitividad les llenaba el cuerpo.
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De acuerdo, a la de tres. – Harry quería ganar esa pequeña apuesta ante todo, ya que tenía una pequeña idea en mente.- Una... dos... y... tres!!!!!!!. – Ambos comenzaron a comer engullendo la comida casi sin masticar, eso si, el moreno llevaba una considerable ventaja sobre la castaña. Aunque no quería dejar que le ganase, tampoco es que estuviese jugando a todo su rendimiento, se contentaba con que el chico volviera a sonreír como lo hacía antes, y eso le alegraba el alma a ella. Finalmente, Harry se proclamó vencedor, ante una Hermione que fingía estar apenada.
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Bien. ¿Y que piensas pedir? – Preguntó Hermione.
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Déjame pensarlo.... – Fingió estar muy concentrado, pero la verdad es que ya lo tenía pensado. – Quiero que pases esta noche con migo. – Afirmó seriamente.
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¿¿¿QUÉ????? – Preguntó escandalizada la castaña.
Notas de la autora: Hola a todos!!!!!! Lo primero, quería disculparme por la tardanza, espero que me entiendan, pero las únicas excusas que tengo son: 1) Cuando tenía tiempo, mi imaginación se iba de vacaciones. 2) Cuando tenía imaginación faltaba el tiempo. En definitiva, que ambas no coincidían, hasta el día de hoy. WEEEEEEE ejejejejej. Bueno, creo que no es uno de los mejores capitulos que he escrito, incluso podría entender que no os guste, pero prometo que el siguiente intentare esforzarme más.
PD1: les recomiendo mis ficc: “Mi deuda pendiente” , “Cálida sensación” (Es un one-shot) y “Una lucha por la popularidad”, de los merodeadores, pero si se quieren reir un rato se los recomiendo, ahí doy rienda suelta a mi lokita cabeza jajajajaj.
PD2: Ya saben lo que les toca ahora, ¡¡¡¡¡¡¡DEJEN UN REVIEW!!!!!!!, es gratis, y mas de un minutitio no les va a costar, y con ese pokito tiempo me van a hacer la chica más feliz (weno no tan exagerao, pero si me vieran la cara verían como contribuye). Muchos BESOSSSSS y cuídense todos.
Cristy