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La Tercera Generación de Hogwarts — capítulo 143
El frío se había colado en los huesos.
En cuanto llegaron, tuvieron que sacar sus varitas y hacer frente al haz de luces que centelleaban de un lado a otro. Agudizar sus oídos para distinguir quiénes les ayudarían. Y quiénes les matarían. No se separaron en los primeros segundos. Se dejaron arropar por la calidez de estar allí juntos.Tras haber sido llamados. Como esperaban.
Fue confuso. No había nadie en el pasillo. Fred Weasley lideró a los jóvenes por el pasillo, incluso cuando él no había estado allí. Pero Albus Potter les había hecho un mapa mental complementado con lo que aquellos que habíanido a por él recordaban. Era un mapa mental incompleto, realmente, pero, al menos, algo útil. No obstante, no sabían dónde aterrizaron. ¿En qué parte del Palacio estaban? Siguieron los gritos y los maleficios.
Detrás de Fred, Susan Jordan le seguía, agarrándole la mano. Con la otra sosteniendo la varita en alto. Apretaba ambas manos con tanta fuerza que sentía las uñas clavándose en su carne. Sebastian McKing les pisaba los talones. Era el único que había acertado llevándose la capa del uniforme. Camrin Trust, a su lado, temblaba de frío y sus dientes castañeaban conforme más tiempo pasaban allí. Rose Weasley tenía la mandíbula apretada y se aseguraba, constantemente, de mirar hacia atrás para saber que no había nadie allí. Aquello ponía un tanto nervioso a Scorpius Malfoy, el cual recordaba que, justo después del último entrenamiento de Quidditch que habían tenido aquella mañana -y la razón por la que iban en su ropa del deporte aéreo -Weasley le había dicho expresamente que «Esta vez no tienes que salvarme». Hacía referencia a la última vez. Más, Scorpius Malfoy no podía dejar de preguntarse por qué Weasley creía que iba a tener que salvarla. Sabía que no necesitaba ayuda. Los últimos eran James Potter y Cornelia Brooks. No habían cruzado palabra desde hacía días. Brooks estaba alterada. James Potter intuía que había tenido visiones que no quería contarle. Para no preocuparle. Aunque había insistido en que no fuera con ella. Aquello no iba a ocurrir.
Llegaron al hueco de unas escaleras. Sintieron el Palacio y sus cimientos temblar. El hielo de las paredes se comenzaba a derretir. El suelo se balanceaba sobre sí mismo. Lentamente. Debían ir hacia las plantas más altas. Los Aurores habían entrado por allí. Debían acudir a ellos. Apretaron sus varitas.
-¡PROTEGO! -Conjuró Scorpius Malfoy. Había escuchado algo que procedía de su izquierda.
Un hombre se acercaba a ellos con una varita y a velocidad que hizo que todos se encogieran. Tenía furia en sus ojos.
-¡EXPELLIERMUS! -Gritó James Potter.
La varita del hombre salió disparada hacia el otro extremo del pasillo. Más, lo vieron sonreír. Sacó un artilugio de su bolsillo. Scorpius Malfoy escudriñó los ojos para verlo mejor. Parecía un arma muggle que había visto en las películas de Greenwood. Su estómago se hizo un nudo.
-¡Vamos! ¡Subamos! -Apremió Susan Jordan. Fred tiró de ella por las escaleras.
Sebastian McKing despareció en el aire de un salto. Scorpius Malfoy seguía con la mirada clavada en aquel hombre que, en ese instante, apuntaba una pistola hacia ellos. Sintió a Camrin Trust a su lado, posicionarse con la varita en alto. Un Protego detendría las balas.
Más, no haría falta. Sebastian McKing se apareció justo al lado del hombre. Le quitó el arma de las manos. El hombre se sobresaltó se echó hacia atrás. McKing cogió la pistola. La sostuvo en sus manos. Scorpius notó la duda cruzar la mente de su compañero conforme el atacante se echaba hacia atrás. Rozó la pared. McKing tensó su rostro. Alzó la pistola. Disparó. El sonido del disparo silenció al resto. McKing les miró. Observó sus manos. El cuerpo del hombre cayó al suelo. McKing se agachó hacia el hombre. Registró su chaqueta. Sacó una daga. Y otra pistola más pequeña. Suspiró. Los apretó sobre su pecho.
Se apareció ante ellos.
-Tomad -Dijo. El resto en silencio. El muchacho acababa de matar. Con un arma muggle. Scorpius aún clavaba su mirada en el cuerpo que habían dejado atrás. Sintió a Trust tirar de él.
Trust cogió la pistola que le tendía McKing. Jordan cogió la daga. Todos se miraron en silencio. Sabían a lo que venían. Asintieron para sí. Al unísono.
-Brooks y yo tenemos que ir a los sótanos -Anunció James. Cruzó una mirada con Fred. Scorpius no supo descifrarla. Más intuía qué era. -Recordad… Id a por los Aurores y, si estáis heridos… Apareced o echad polvos flú en El Refugio -Insistió.
Scorpius observó la templanza de Potter. Asintió. Potter agarró del brazo a Brooks. Descendieron las escaleras sin mirar atrás. Scorpius los vio marchar. Con su varita en su mano. Aún preguntándose cómo habían llegado hasta aquel punto. Hasta el punto de ser necesitados en una misión del Departamento de Seguridad Mágica. Para rescatar a una muggle. De una sociedad secreta, milenaria y asesina de magos. Suspiró.
-¡Vamos! -Exclamó Fred Weasley.
McKing le empujó hacia arriba.
Scorpius trotó por las escaleras. Comenzó a oír los gritos, los maleficios y los chillidos con mayor claridad. Llegaron hasta el pie de la escalera. Se detuvieron. Había numerosos cuerpos en el suelo. Desangrándose. Trepando entre unos y otros. No quiso ver si conocía alguno. Más atisbó los rasgos de uno de los Aurores que acudieron a Hogwarts aquellos meses. El silencio era abrumador.
-Susan y yo seguiremos hasta arriba -Dijo Fred en un hilo de voz. -No os pongáis en peligro -Recordó. -Buscad a la muggle.
Escuchó los pasos de la escalera subir hacia arriba. Los gemidos de aquellos cuerpos. Y también escuchó a la muerte. Apretó con más fuerza su varita.
Entonces, Rose Weasley comenzó a andar sobre los cuerpos. No temblaba. Parecía decidida. Incluso sabiendo que su madre y sus tíos estaban allí. La temperatura cayó en picado. Más no supieron por qué. Weasley comenzó a acelerar el ritmo.
-¡Nos vemos en Hogwarts! -Les gritó, desapareciendo por la esquina del pasillo.
-¡Weasley! -La llamó, confundido, Scorpius.
Camrin Trust detuvo el amago de Scorpius de seguirla.
-Yo me encargo -Avisó. Señaló el otro lado del pasillo.
McKing le cogió de la manga del uniforme y lo lanzó a la búsqueda de Imogen. Suspiró. Contempló cómo Trust perseguía la melena rojiza de Weasley. Suspiró. Siguió al joven de pelo negro rizado.
Doblaron la esquina. No escucharon nada. Los gritos procedían de plantas superiores. Doblaron otra esquina. Cada vez había menos cuerpos. No supo decir cuánto tiempo recorrieron el Palacio de Hielo sin toparse con un alma. Aquello, quizás, fue lo que más temía Scorpius Malfoy. Quedarse solo allí. ¿Y si no lograban salir? Al menos, estaba al lado de McKing.
Cada vez se alejaban más y más de la batalla. Los gritos eran taponados por los muros. Por la lejanía. Quizás así encontrarían a Imogen.
Siguieron doblando esquinas. Decidiendo su destino por pura intuición. Con la varita en alto. Sin toparse con algún asesino. McKing era de gran ayuda. Debía reconocerlo.
Apretó con fuerza la varita cuando vio una puerta abierta. Era extraño. Pues no había ninguna puerta. Quizás era un encantamiento. Para no entrar a ninguna sala. O quizás era simplemente un bloque de hielo al que le daban vueltas.
Scorpius entornó la mirada. Y vio una sombra en el umbral de la puerta abierta.
Y a un hombre intentando salir de ella a rastras. Anciano. Escasez de pelo blanquecino que parecía una pelusa sobre su cuero cabelludo. Desnudo. Con arrugas y cicatrices por toda su piel. Retorciéndose. Con movimientos lentos. Escupía un líquido azul por la boca. Tenía los ojos cerrados con fuerza. Y gemía de un dolor tan fuerte que hizo que Scorpius fuera corriendo hacia él.
Se agachó. Más, antes de rozarle o conjurar un encantamiento para sanar su dolor, se dio cuenta de que era tarde. Tarde. El hombre sufrió convulsiones. Scorpius se retiró. Arrugó su nariz. Se incorporó de un salto. Soltaba el líquido azul por la boca.
-Es uno de los experimentos -Dijo en voz baja McKing.
Por un solo instante, había olvidado la presencia del joven.
-¿Qué? -Preguntó, estupefacto, Scorpius.
¿Cómo siquiera sabía aquel muchacho qué le ocurría a ese hombre? Respiró entrecortadamente cuando el hombre dejó de respirar. Él dejó de hacerlo por un instante.
Se giró para mirar a su acompañante. Tenía el semblante serio. No miraba al hombre. Sino al interior de aquella habitación. Nunca había visto esa mirada en el rostro de McKing. Terror. Lentamente, Scorpius focalizó sus ojos sobre el objeto de horror de McKing. El interior de la habitación. Iluminado por una luz fluorescente blanca. Estaba llena de cadáveres. El suelo estaba compuesto por una alfombra de huesos. De calaveras. El olor inundó sus fosas nasales. Muerte. Los cuerpos que cubrían los huesos estaban pudriéndose. Los de encima se retorcían. Gemidos. Sollozos. Aquella criatura que acababa de combustionar frente a ellos quería escapar de allí. Estaban desnudos. Mujeres. Hombres. Ancianos. Niños. Llegaban hasta el techo de la habitación solamente ocupada por cuerpos y cadáveres. Era claustrofóbico. Era una visión que solo podría encontrarse en el infierno.
Scorpius tuvo que obligarse a respirar. Contempló aquello con una sensación que jamás había experimentado.
-Son experimentos del Doctor Schneider -Anunció McKing, más seguro de lo que decía. Como si aquello significara algo para él. Lo hacía. Y parecía que estaba siendo la peor pesadilla del muchacho.
Scorpius Malfoy se estremeció.
-¿Quieres decir que…?
-Son como Molly Weasley -Completó McKing. -Como yo.
Su cuerpo se tensó al instante. Recordó que McKing les había contado retazos de su conversión. Su transformación. De que tenía en su sangre polvos flú. Y que, al menos, no se trataba de otra alma como en el caso de la prima de su mejor amigo. Más, ¿cómo era posible que McKing hubiera identificado aquella condición en huesos, cadáveres y cuerpos a punto de morir?
-¿Cómo…?
-El líquido azul -Respondió simplemente. Se pasó la mano por el pelo. -Es parte de la magia de Schneider -Añadió.
Supuso que no quería hablar más del tema. Él tampoco estaba seguro de querer profundizar en aquel conocimiento que le había dejado sin palabras y sin sangre circulando por su rostro.
Scorpius barrió la habitación con la mirada. Vio un rostro conocido. Estuvo a punto de vomitar. Tenía el rostro desfigurado, pero sabía quien era. Había jugado con ella su primer partido de Quidditch en Hogwarts. La había temido. Alexandra Knopf. Tensó su mandíbula. Se obligó a respirar de nuevo.
-¿Por qué crees que han dejado la puerta abierta? -Preguntó Scorpius, para mantener su mente ocupada.
-Sabían queyoiba a venir -McKing entornó los ojos. Aquello hizo dar un respingo a Scorpius Malfoy. ¿Cómo? ¿Había un traidor entre ellos que lo hubieran delatado? ¿Cómo era posible que el Ojo supiera que McKing iba a ser uno de los alumnos en ir al Palacio de Hielo? Pensó en Annie Gallahger. McKing pasaba tiempo con ella para evitar sospechas. Quizás lo habría descubierto sin tener que decir nada. -Querían que viera lo que me puede pasar si me cogen -Su seguridad no coincidía con el terror de su expresión.
Scorpius tragó saliva. Saber que ese podría ser el destino de uno de ellos le hizo ser consciente de a lo que se enfrentaban. A un cuarto de desperdicios. Si él sufrió un pinchazo en su estómago, no quiso imaginarse lo que pudiera pasar por la mente del joven en aquel instante.
-No te pasará nada, Seb -Le aseguró. Utilizó su nombre. No era un momento apropiado para hablar mediante apellidos. Era un buen muchacho. Había sufrido demasiado. Pero, entonces, como todos. Le cogió del antebrazo. -Vamos -Le ordenó.
Cuanto más tiempo pasaran allí, más fuerzas les arrebataría el Ojo sin siquiera utilizar una varita. El juego psicológico del que les advirtió Albus. De aquello se trataba, ¿no? Jugar con sus mentes. Hacerles vulnerables. Conocían sus demonios internos. También James Potter lo había avisado. Estaban allí para rescatar a Imogen. Y habían sido elegidos por ser los que mejor podrían manejar aquella situación. Debían demostrarlo.
Tuvo que tirar de Sebastian McKing. Quizás no era buena idea que aquel muchacho estuviera allí. Quizás que McKing hubiera acompañado al resto no era sensato. Quizás no era buena idea nada de aquello. Tan solo tenía trece años. Maldita sea. Un niño de trece años que había visto a la muerte. Su muerte. Lo que le esperaba.
Miró solo una vez atrás para comprobar que el cuerpo del experimento estaba allí. Que no se había esfumado. No sabían verdaderamente casi nada del Ojo. Y, cuanto más conocían, más terror inundaba su estómago.
Una mano de los cuerpos que se retocían en aquella habitación lo salió en forma de garra desesperada por huir de la muerte. Otra alma condenada que pretendía huir de su destino. Ellos estaban haciendo lo mismo. Huyendo de aquella habitación. Había sido aquello peor que cualquier miembro del Ojo apuntándoles con una varita, ¿no?
El vello del cuello de Scorpius se erizó.
-Estamos dando vueltas, Malfoy -Dijo McKing rápidamente.
El joven asintió. Se había dado cuenta de aquello. Doblaban esquinas hacia el sitio del que habían llegado.
Comenzaron a encontrarse cuerpos. A escuchar maldiciones. A oír los gritos que procedían de aquel hueco de la escalera en el que se habían separado del resto. Habían estado tanto tiempo solos, que, cuando escucharon la presencia de alguien más, tuvieron que volver a armarse de coraje. Y, entonces, vieron haces de luces. Un cuerpo se estrelló contra la pareden la que finalizaba el pasillo que ellos seguían. Alguien lo había lanzado por los aires y ahora se derrumbaba en el suelo.
Scorpius alzó la varita. McKing le imitó.
Giraron la esquina para encarar al mago.
-¡CONFRINGO! -Conjuró Scorpius rápidamente hacia la figura.
-¡PROTEGO! -Gritó Hermione Weasley.
-¡Señora Weasley! -Exclamó con tanto entusiasmo McKing que fue inevitable que se lo transmitiera a Scorpius.
Ella suavizó su rostro. Les sonrió. Les pidió que se acercaran.
Nunca se había imaginado que ver a la señora Weasley le causaría tanta alegría. Las comisuras de sus labios se ensancharon. Apretó el hombro de Scorpius, aunque el joven hubiera crecido para sobrepasar su altura desde la última vez que la vio en el Departamento de Seguridad Magia.
-¿Has visto a Rose? -Le preguntó la señora Weasley con un tono de preocupación que generó desazón en Scorpius.
Él negó. Frunció los labios.
-Salió disparada en cuanto llegamos a esta planta -Explicó McKing.
La mujer asintió. Scorpius pudo ver por qué todo el mundo parecía admirar a aquella mujer. Cualquiera que fuera el pensamiento que le cruzaba la cabeza, él no lo sabría. Pero, no obstante, sabía que estaba preocupado por Weasley. Y tenía un motivo concreto. No sólo la seguridad de su hija. Era algo más.
-¡Seguidme! -Ordenó.
Se encaminó hacia otros haces de luces. Hacia otras voces. Parecía que la señora Weasley estaba segura de sus pasos. Las voces de los maleficios y los hechizos marcaban su trote. Serpentearon con sus pies los diferentes cuerpos.
Escucharon un chillido cuya voz les sonó familiar. Trust. Habían dado la vuelta. Las habían alcanzado. No obstante, no solo a ellas.
-¡DEPULSO!
-¡EXPELLIERMUS!
-¡DESMAIUS!
-¡PROTEGO!
-¡CRUCIATUS!
-¡ARRRRGH!
Scorpius vio a los primeros rostros que distinguió del duelo. Zoe McOrez y Octavio Onlamein. Camrin Trust gritaba de dolor en el suelo, sacudiéndose. Ella era la que había recibido la maldición imperdonable. McKing se agachó hacia ella corriendo.
-¡PROTEGO! -Conjuró rápidamente la señora Weasley para cubrir al joven.
Hermione Weasley comenzó a batirse en duelo con Onlamein, para protegerles. Rápidamente, lo echó hacia atrás para posicionarse al lado de su hija. Rose Weasley, quien ni se había percatado de la presencia de su madre ni del resto, seguía en un duelo con Zoe McOrez. Scorpius Malfoy las observó petrificado.Nunca había visto a Weasley con esa predeterminación en su gesto. Ni cuando le decía lo mucho que le odiaba los primeros años. O cuando se abalanzaba sobre él para cubrirle el rostro de arañazos. Ni cuando jugaban al Quidditch contra Slytherin. Nunca había visto esa rabia y ese fuego en la expresión de Rose Weasley. Saña. Ira. Demasiada ira. Rose Weasley era peligrosa.
Scorpius arrugó su frente. Hermione Weasley estaba tratando de defender a su hija y a ella misma. Lanzaba hechizos para protegerla a ella. Recibió algún que otro hechizo de Onlamein pero no se inmutó. Scorpius contempló a madre e hija en duelo. Eran mucho más parecidas de lo que Rose Weasley había afirmado alguna vez a Albus que eran.
-¡Yo pueda sola, mamá! -Se quejó Weasley, completamente enfurecida. Como si la presencia de su madre fuera un obstáculo en su duelo. Incluso cuando la estaba ayudando. Como si quisiera demostrar que ella era tan poderosa como Hermione Weasley estaba demostrando serlo.
-¡Malfoy! -Le llamó McKing. Sostenía Trust en brazos.
Acudió a ellos.
Trust temblaba. Los miró a los dos, no obstante, con serenidad. Como tragándose su dolor por un bien mayor. Scorpius Malfoy suspiró. ¿Saldrían verdaderamente de allí? ¿Era aquello una trampa? Los cadáveres en el suelo. Había avistado a un hombre que sabía que era hombre lobo por un artículo que leyó en El Profeta sobre una reunión de Charlie Weasley con criaturas mágicas. Onawa creyó que se llamaba. Lo había visto derrumbado sobre el suelo. Desnudo. Con garras marcadas en su pecho.
Sacudió su cabeza para borrar aquello de su cabeza.
-El profesor Lupin nos ha mandado un Patronus… Tienen a Imogen en las plantas de arriba -Dijo Trust entre dientes. Aguantaba el dolor. Trust estaba demostrando ser valiente. Quería estar a la altura de las circunstancias. Lo notó en sus ojos.-No sé si te has dado cuenta pero esto ha sido una masacre -Señaló a los cuerpos de Aurores y los miembros del Ojo que yacían a sus pies.
Scorpius asintió. Apretó la mandíbula.
-Volvamos por donde hemos venido, Malfoy, no había nadie en esos pasillos -Sugirió en voz baja McKing.
Correcto. Asintió de nuevo.
Un pensamiento le estaba cruzando la cabeza. ¿Y si no salían de allí? ¿Era realmente necesario que su madre sufriera si a él le pasaba algo? ¿Qué sabían del propósito de aquello? Estaba claro que era algo grande. Eran magos que no temían la tecnología muggle como el resto. Ni Voldemort lo hizo para dominar al resto. El Ojo estaba mucho más avanzado que lo que cualquiera se imaginaba.
Se dispusieron a seguir. Rose Weasley estaba cubierta por su madre, ¿no?
No obstante, la temperatura cayó en picado. De nuevo. Como cuando entraron allí. Al girarse, Scorpius Malfoy supo por qué. Y sintió todo el terror que había experimentado al ver los cuerpos amontonados, volver a él con suma velocidad.
Desde el otro extremo del pasillo, comenzaron a llegar unas criaturas mágicas que le erizaron el vello.
Dos seres horribles. Una estatura gigantesca. Cubiertos por una capa de color negro. Unas figuras humanas. Sin un rostro definido. Oculto por una capucha. Flotaban sobre el suelo. Oscuridad. Desalmados. Malignos.
Dementores.
-¡Corred! -Les apremió. Los empujó. Trust y McKing dieron zancadas para alejarse de allí y acudir a la llamada del profesor Lupin.
Scorpius tragó saliva ante aquellas criaturas que se arremolinaron alrededor de los duelistas. Sabía algo sobre la lealtad de aquellos seres. Servían a quienes eran capaces de ofrecerles una mayor cantidad de personas con recuerdos felices que ellos pudieran devorar. Habían desaparecido durante tanto tiempo que algunos, tras la guerra, los consideraron extintos. Y solo estaban alimentándose de las víctimas del Ojo. Por supuesto.
Scorpius se aproximó a las Weasley. Madre e hija estaban tan sumidas en su duelo que ni siquiera se habían percatado de la presencia de esas criaturas nauseabundas. Cuando un dementor se acercó a Rose Weasley, Scorpius corrió hacia ella. Alargó la mano.
-¡Weasley!
Algo se interpuso en su camino. Su madre. La apartó del dementor. Sin tener con qué protegerse del ataque de Onlamien.
-¡SECTUMSEMPRA!
-ARRGHHH- Rugió Hermione Weasley de dolor al recibir aquel hechizo cuando retiró a su hija del dementor.
Algo se removió en el interior de Scorpius Malfoy. Él había oído hablar del hechizo.
No era, precisamente, su mejor recuerdo de las historias de su padre.
El cuerpo de la señora Weasley se derrumbó sobre el suelo. Scorpius se quedó petrificado. Jamás pensó que llegaría a oírlo. Jamás. Supo qué le estaba ocurriendo a la señora Weasley. Su flujo de sangre se suavizaba. El destello brillante hizo varios cortes profundos en el cuerpo de la señora Weasley. Agonizaba de dolor.
Scorpius supo que Rose Weasley ni se había percatado de que su madre yacía sobre su propio charco de sangre. Scorpius corrió a asistirla, en tanto que Weasley estaba demasiado absorta por su duelo personal. Si se utilizaba una segunda vez sobre la señora Weasley, le cortaría la respiración. Debía actuar rápido. Su padre le había dicho que debía cantarle. O algo así. Intentaba poner todos sus pensamientos en orden.
Más la presencia de los dementores que se fueron acercando sobre la señora Weasley le oprimía el pecho. Presión. ¡Maldita sea! ¿Por qué razón todo le recordaba a la muerte de su padre de la que tanto le costaba evitar pensar? ¡Todo le recordaba a su padre aquel día!
Vio la sonrisa de Onlamein. Onlamein se acercó a Scorpius, de manera intimidante. El joven, resoplando por tener que abandonar a la señora Weasley para protegerse, agarró la varita. Miraba por el rabillo del ojo el cuerpo tembloroso de la señora Weasley. Y la ira de Rose Weasley. ¿Qué demonios le ocurría a Weasley? ¿Por qué parecía querermatar a McOrez? Era como una vendetta personal. Como uno de esos demonios interiores de los que le había avisado Albus.
Pensar en aquello le distrajo por un segundo.
-¡AVADA KEDAVRA! -Rugió Onlamein hacia el joven que se había quedado para proteger las espaldas de McKing y de Trust. Quien se había quedado para asistir en los duelos de Weasley, cuya madre yacía temblando sobre su propia sangre en el suelo, donde los dementores comenzaron a devorar su dolor. Onlamein lanzó el centelleó verde con furia. Rabia. Hacia una de las familias que habían rechazado al Ojo.
Scorpius se lanzó al suelo, esquivando la luz verde, chocando con los cuerpos que allí se encontraban. Duros. Inamovibles. Tuvo que retorcer sus piernas entre ellos para incorporarse. Suspiró para sus adentros. La adrenalina corriendo por sus venas. Se giró conforme alzaba su varita hacia el hombre que se abalanzaba sobre él.
-¡PETRIFICUS TOTALUS! -Lo dijo con tanta fuerza que la luz parpadeó y el cuerpo de Onlamein se deslizó hacia atrás cuando recibió el hechizo de Scorpius.
Onlamein cayó sobre los cadáveres. Su cuerpo inmóvil quedó atrapado entre ellos. Lo había lanzado con tanta furia que supo que tardaría en volver a su estado original. El cuerpo de Onlamein le miraba con rabia. Impotencia.
El joven se incorporó. Sacudió su cabeza y sus pensamientos. Corrió hacia la señora Weasley. Se agachó hacia ella. Sus manos se llenaron de su sangre que había llenado el suelo. Comenzó a cantar la canción. Un encantamiento que sonaba como una canción. Del profesor favorito de su padre. Cuyo nombre coincidía con el de su mejor amigo. Su padre le había dicho cuál era. «Por si alguna vez estás en problemas». Un llanto por él se le atravesó en la garganta. ¡No! ¡No en ese maldito momento! ¡No podía recordar a su padre! ¡No podía llorar a su padre cuando la señora Weasley lo necesitaba y cuando los dementores se cernían sobre el cuerpo de ella y de él!
-¡CRUCIATUS! -Oyó a Rose.
-¡PROTEGO!
-¡CONFRINGIO!
-¡PROTEGO!
-¡Weasley, tu madre! -La avisó.
Intentó separar a los dementores con los brazos. Ahuyentándoles en vano. En vano. No podía pensar con claridad. No. NO. Para aquello servía su Patronus. Su poderoso dragón. El que le recordaba a su padre. Sus momentos felices con él. Su familia. Por fin lo utilizaría para su finalidad inicial. Ahuyentar a los dementores con sus pensamientos felices.
Más, ¿era lo que ocupaba su mente entonces? ¿En aquel instante?
Alzó su varita hacia ellos. Las convulsiones de la señora Weasley las sintió a través de sus manos sobre ella. Su cuerpo ensangrentado podía olerlo. Una bruja tan poderosa. Y estaba al borde de la muerte junto a él. Aquello, desafortunadamente, le recordó a su padre. De nuevo. NO. ¡NO PODÍA SER DÉBIL! ¡NO EN ESE INSTANTE!
Suspiró.
Los dementores comenzaron a devorar los recuerdos de la señora Weasley. Como si nunca hubieran tenido tanto apetito. Su rostro fue absorbido por la fuerza de estos.
Scorpius se estremeció. Paralizado.
Uno de los dos dementores que sobre la señora Weasley se cernía se separó. Y se aproximó a Scorpius. Entonces, el joven no encontró ningún pensamiento feliz. Supo, con certeza, lo complicado que sería encontrar uno. Se los estaba robando todos el dementor. Uno a uno. Convirtiéndole a él y a la señora Weasley en miserables. Almas condenadas.
Giró su rostro e intentó apartarlo del dementor.
Se percató de que la señora Weasley había dejado de convulsionar. Aquello no debía ser bueno. ¡No! ¡No podía dejar que la señora Weasley muriera delante de ella! ¡Fue la que intentó salvar a su padre! ¡Fue la última esperanza de su padre!
El dementor volvió a ejercer influencia sobre él.
-¡WEASLEY! -Rogó. Scorpius intentaba conjurar algún recuerdo pero no podía. Necesitaba la ayuda de una muchacha ciega dentro de su duelo. ¡¿Qué demonios le pasaba a Rose Weasley?! -¡WEASLEY! -Intentó de nuevo, más la fuerza que el dementor ejercía sobre él era demasiado fuerte. -¡TU MADRE SE ESTÁ MURIENDO, WEASLEY! -Volvió a advertir. Y aquello más le recordaba a la muerte de su padre. Sollozó cuando los recuerdos salieron de su mente para servírselos a aquel monstruo. -¡ROSE!
Lo pidió con súplica. Utilizando su nombre. Por primera vez.
Weasley seguía en duelo.
Zoe McOrez despareció en el aire.
-¡NOOO! -Pero Rose Weasley maldecía a Zoe McOrez por desvanecerse en el aire.
-¡ROOOSE! -Insistió Scorpius.
El edificio, de pronto, se sacudió. Aquello rompió el agarre de los dementores sobre la señora Weasley y sobre él. El suelo se inclinó hacia un lado. La señora Weasley y él se deslizaron. No tenía fuerzas. Pero pudo acercarse al cuerpo de la señora Weasley para protegerlo al abalanzarse sobre ella. Estaba inconsciente. ¡No! ¡Se lo debía a la señora Weasley! ¡No!
Scorpius volvió su mirada a Weasley. Estaba petrificada. Les miraba a los dos. Horrorizada. Se llevó la mano a la boca que había abierto de par en par.
Entonces, solo entonces, Scorpiussupo que la joven se percató de que su madre yacía inconsciente sobre un charco de sangre que se deslizaba conforme el Palacio de Hielo se hundía. Notó la presencia de Scorpius Malfoy postrado sobre el cuerpo de su madre. La de los dementores que les acechaban. El rostro de Scorpius le pedía ayuda. Le suplicaba que acudiera a él.
Las criaturas mágicas volvieron a remover la mente de Scorpius. Los dementeros comenzaron a arrancar sus recuerdos. Sus pensamientos felices. Dejandole soledad. Miseria. Ni siquiera lo hacían con la señora Weasley. Los dos se centraron en un Scorpius Malfoy que suplicaba con la mirada a Rose Weasley.
Cogió su varita.
Más no supo si lanzó el hechizo o no.
Una luz azul cegó todo el pasillo. Les hizo temblar.
Un dragón se impuso sobre los dementores. Desplegó sus alas. Los lanzó hacia el extremo opuesto del pasillo. Cruzando por encima de los cuerpos. A una velocidad fugaz. La luz del dragón inundó las pupilas de Scorpius Malfoy. Lo admiró. Una criatura tan poderosa. Su haz se fue extinguiendo poco a poco. Habiendo cumpliendo con su misión.
Rose Weasley se apareció detrás de la luz difuminada del dragón.
Su rostro cansado, de repente.
Se agachó junto a Scorpius.
Scorpius Malfoy alcanzó la mano de la pelirroja, cuyos ojos parecían descansar por un momento en la oscuridad de sus párpados. Se tambalearon con otra sacudida del edificio. El suelo se inclinó cada vez más. Probablemente el Palacio de Hielo se estaba hundiendo sobre sus cimientos. Sobre el agua. Por los hechizos. Por las criaturas mágicas.
El joven robó una mirada de Rose Weasley cuando esta abrió los ojos de par en par. La ira se había borrado. El coraje inundó sus ojos azules como dos zafiros. El estómago de Scorpius Malfoy se removió.
Scorpius apretó la mano de Rose Weasley con la que ella sujetaba su propia varita. El joven agarró el brazo de la señora Weasley.
-Al Refugio -Murmuró Scorpius, concentrándose en la aparición.