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La Tercera Generación de Hogwarts — capítulo 144
-¡Por aquí!
La voz de su profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras jamás les causó tanto regocijo. Apresuraron su ritmo hacia la procedencia. Camrin Trust sintió que la mano de su profesor la agarraba de la muñeca y tiraba de ella. Se giró para asegurarse de que McKing le estaba siguiendo. McKing asintió. También echó un vistazo atrás para asegurarse de que nadie les seguía.
Habían subido varias plantas. Habían tenido que enfrentarse a unos cuantos miembros del Ojo. Un vampiro comenzó a protegerles. Tenía la boca llena de sangre. Las manos cubiertas de girones deropa. Comenzó a lanzar Maldiciones Imperdonables. Se había girado a ellos y les había dicho una frase que, aun sin saber qué significaba, supieron que aquella criatura estaba de su parte. «Pro anima».
Siguieron a Viktor Krum, a quien conocían por los cromos de las ranas de chocolate. Los llevó a dónde se encontraba su profesor. Subiendo escaleras. Les cubría con hechizos de protección. Cuando alcanzaron una de las plantas en las que más ruido hacía, les indicó el final del pasillo. Se quedó asistiendo en duelo a varios Aurores, entre los que se encontraba Harry Potter. El Jefe del Departamento de Seguridad Mágica tenía la varita alzada. Lanzaba Expelliermus a diestro y siniestro. Era el héroe del que siempre habían oído hablar.
Tuvieron que sacudirse el uno al otro para acudir con su profesor Lupin. Al llegar, el profesor los condujo por unos pasillos sin mirar atrás. Estaban los tres en tensión. Varitas en alto. Pies sin cesar de seguirse unos a los otros.
-¡TED! -La voz del Auror Moonlight, un gruñido más que una voz humana, les sobresaltó.
Vieron la sombra del Auror convertirse en licántropo. En un feroz lobo negro. Se abalanzó sobre los miembros del Ojo que se ponían en su camino. El profesor Lupin les apartó, empujándoles levemente hacia atrás. También se convirtió en lobo. Entre los dos amigos, acabaron con los cinco miembros. Con garras. Gruñidos. Moonlight aulló al despejar el camino.
Se convirtieron rápidamente en humanos de nuevo. Sus ropas rasgadas. Asomando músculo, sangre e incisiones. Trust se estremeció. McKing apretó su varita. Asintieron cuando el Auror y el profesor ladearon su cabeza.
-¿Está ahí? -Preguntó el profesor Lupin.
Señalaba a una puerta de la que salieron dos miembros del Ojo.
-¡CRUCIATUS!
-¡DESMAIUS! -Lanzó, sin pensárselo dos veces, Camrin Trust.
Su profesor se giró hacia ella y le mostró una sonrisa de satisfacción.
-¡CONFRINGIO! -Gritó Moonlight con la varita.
El otro miembro salió disparado por los aires y el marco de la puerta sufrió una convulsión. El edificio volvió a temblar. El suelo se inclinó hacia la izquierda. Camrin tuvo que agarrase de McKing para no salir deslizándose hacia el otro extremo del pasillo.
El Auror y el profesor dirigieron sus pasos hacia el umbral. Tan solo quedaba un miembro del Ojo en la habitación. Ocultaba con su corpulencia a la joven que se hallaba encogida sobre sí misma en el suelo. Agarrada a sus rodillas. Pálida y aún más lo parecía con una túnica del color de la nieve. Esquelética. Asustada. Con el pelo tan largo que cubría su rostro por completo y rozaba el suelo. El hombre se interpuso entre ella y los miembros del Temple.
-Oh, por fin nos conocemos, querido nieto -Dijo con una voz gutural Theodore. Las venas de sus brazos se ensancharon. Sus ojos, inyectados de sangre, se centraron en el Auror. Sus uñas pasaron a ser garras. El vello creció aún más en su piel. Enseñó sus dientesa los dos licántropos.
-¡ARRRGHHH! -Soltó Moonlight y se abalanzaba sobre el licántropo.
Se enzarzaron en una pelea de garras.
Ted Lupin aprovechó para acercarse a Imogen. La cogió con suavidad. Intentandoevitar la pelea de su mejor amigo y su ¿abuelo? Suspiró. La joven temblaba. Estaba tan delgada que Ted tuvo que apretar su agarre para que no se escapara entre sus manos. La sacó de la habitación donde Moonlight seguía batallando con su familiar.
El profesor contempló a sus alumnos con desazón. No podía dejar que ellos llevaran solos al Ministerio a Imogen. Podrían estar en peligro. Pero tampoco podía dejar a su mejor amigo solo con sus propios demonios. Aquella rabia podría ser peligrosa. Incluso el mejor de los licántropos podría perder su humanidad si luchaba con aquello que le recordaba que jamás la tendría. Moonlight había descubierto aquel año que era el hijo de Greyback. Y el nieto del licántropo del Ojo. Descendiente de asesinos. Del líder de los carroñeros. De sus enemigos. En todos los sentidos. No podía dejar que aquello nublara su mente. No podía permitirse perder a su amigo por sus propios demonios.
Dejó que Trust cogiera a Imogen. Les observó atentamente. Estaban asustados. Temblaban de frío. Pero querían hacerse los valientes. Ted dirigió su mirada hacia Sebastian McKing.
-Quedaos aquí un momento -Les pidió. No se perdonaría si dejaba abandonado a su mejor amigo. -Si viene alguien, las llevas directamente al Ministerio. No os esperéis a por mí ni a por Moonlight -Les ordenó.
McKing asintió firmemente.
Al menos, aquel desastre que había hecho el doctor Schneider con el hijo del Primer Ministro de Magia serviría para ponerle a salvo. Se apartó de ellos. McKing agarró el brazo de Imogen. La joven parecía en trance.Trust se puso en frente de ella. Se giró, encarando a Ted Lupin. Protegiendo a Imogen con su cuerpo. Como un obstáculo físico.
Imogen, entonces, antes de que Ted se alejara de ellos del todo, murmuró algo.
-¿Qué? -Espetó McKing, quizás el único que la había escuchado por la cercanía.
-Soy Imogen Riddle, la hija de Lord Voldemort y Bellatrix Lestrange -Dijo en voz más alta.
Sus ojos en trance. Un Imperio. Un Imperio para decirles aquello.
A Ted se le vinieron flashes de eventos recientes. Greyback anunciando que era el padre de Moonlight y avisando a todos que «El legado de Voldemort llegaría pronto». La profecía que había escuchado de Longbotton y que hacía referencia a lo que era Imogen para Ivonne Donovan. «Serán cuatro instrumentos. Brotará del sacrificio oscuro de una magia despojada». El primer instrumento que necesitaba el Ojo. Por eso la estaban rescatando, ¿no? Para que el Ojo no cumpliera su destino.
-¿Profesor? -Escuchó la voz de Camrin Trust.
Pero la rabia que comenzó a nacer en el interior del joven profesor, nubló el resto.
El sacrificio oscuro de una magia despojada. Ted Lupin miraba a Imogen con la frente arrugada y el puño enroscado en su varita. El sacrificio oscuro. La hija de Voldemort. La hija de Bellatrix Lestrange. Bellatrix Lestrange. Odiaba ese nombre. Maldita sea, era su pesadilla desde pequeño. Antonin Dolohov y Bellatrix Lestrange les habían arrebatado a sus padres. Aquella era la hija de Lord Voldemort. Y de Bellatrix Lestrange. La asesina de su madre. Apretó el puño. Tensó la mandíbula. Rechinó sus dientes con rabia.
- Soy Delphini Riddle, la hija de Lord Voldemort y Bellatrix Lestrange. -Repitió, aquella vez, mirando a Ted Lupin.
Tuvo que exhalar una bocanada de aire. Tuvo que mirar al suelo. Recomponerse. Sintió su corazón salir disparado por su pecho. Sus garras acaparar sus uñas. Su lobo interior rugir de furia.
Lanzó un puño al aire.
-¡MIERDA! -Maldijo. Se retiró de sus alumnos y del engendro de la oscuridad. -¡MIERDA! ¡MIERDA! -Maldijo.
Nunca había sentido las ganas de asesinar a nadie. Pero aquella joven tenía en su sangre la aberración de los asesinos de sus padres. De Nymphadora Tonks. De su madre. En su interior, importaba más aquello que el hecho de que fuera la maldita heredera de Voldemort. La maldita heredera de Salazar Slytherin. Le importaba una mierda que Voldemort hubiera querido formar parte de aquellas profecías arrebatándole toda la magia a su recién nacida hija. Para convertirla en el sacrificio oscuro de una magia despojada. ¡LE DABA IGUAL! ¡ERA LA HIJA DE LA ASESINA DE SU MADRE!
Rugió. Lanzó un puño sobre la pared. Sus nudillos se hincharon. Respiró profundamente. Gruñó. No. No podía liberar a su lobo. No. Perdería los estribos. Perdería las riendas de su humanidad. No podía matar a aquella joven. El Temple la necesita. ¡Maldita sea! ¡Era un legado maldito!
-¿Profesor Lupin…? -Le llamó Trust.
-¡ARRRGH! -Rugió él.
Alexis les había avisado de las torturas psicológicas del Ojo. ¡Era eso! ¡A Moonlight lo estaban descontrolando por enfrentarse a su mayor miedo que era ser un monstruo! ¡A él le estaban diciendo que debía proteger al heredero de los asesinos que habían habitado en sus pesadillas desde niño!
-¿Profesor…?
Más fue interrumpida por la bestia que la sacudió y la tiró al suelo de un zarpazo.
Fue entonces cuando Ted se giró para ver qué ocurría.
El suelo temblaba. Se tambaleaba. Junto con ellos.
Sebastian McKing tenía sujeta a Imogen. Quien seguía repitiendo su origen como un mantra. Poseída por una Maldición Imperdonable que trajo la pesadilla de Ted Lupin a colación.
El licántropo Theodore estaba mordiendo a su alumna Trust sobre el suelo. Tuvo un recuerdo de justo hacía un año. Pero no permitiría otra víctima más. Estrujó su varita. La alzó.
-¡BOMBARDA! -Lanzó hacia Theodore.
Una gran llamarada salió de su varita. Expulsó a Theodore hacia atrás en una explosión que hizo caer pedazos de hielos sobre ellos. Theodore se derrumbó, inconsciente, sobre el suelo a varios metros de ellos.
Vio que McKing protegía con sus brazos los hielos que habían caído sobre él y sobre la escuálida joven.
Ted suspiró.
-¿Profesor? ¿Está Camrin bien? -Preguntó Sebastian McKing con un temblor en la articulación de sus palabras.
El profesor se acercó a su alumna. Vio que tenía una mordedura en su cuello. Gemía. Se agitaba sobre el suelo. La cogió de la cintura y la levantó en brazos. Posó su cabeza sobre su torso. Sollozaba de dolor.
-Lo estará -Aseguró el profesor. Observó que la sangre comenzaba a salir a borbotones de la mordedura. Se giró hacia su otro alumno. -Lleva a Imogen a tu padre. ¡Rápido! ¡Dile lo que es! -Le ordenó, sin poder mirar a la joven esquelética. -¡VAMOS!
McKing asintió. Despareció en un salto en el aire. Se llevó a Imogen consigo.
Resopló.
-Profesor… -Gimió Camrin Trust. -No me encuentro bien… -Musitó, mientras sus ojos se iban apagando. -AAARHG -Gritó, agonizando en dolor.
Ted, con su alumna en brazos, se encaminó hacia la habitación. Dio pasos rápidos hacia su mejor amigo. Estaba tumbado en el suelo. El cuerpo lleno de mordeduras. De garras. De heridas. Gimoteaba sobre su propia sangre. Alzó la mirada para ver a Ted. Ted le sonrió. No quería ni pensar en lo que había sentido en su interior al darse cuenta de que Theodore había salido de la habitación y Moonlight no le había perseguido. Jamás había visto a Moonlight en aquella condición.
Para su sorpresa, Moonlight alzó su mano, la cual temblaba. Gruñó de dolor al hacerlo. Pero, pese a su rostro hinchado y su pésima condición, le sonrió de vuelta.¿Qué haría sin su mejor amigo? Habían completado su misión. Habían podido hacer frente a sus demonios internos. Aunque los de Moonlight casi hubieran acabado con él. De no ser porque Imogen iba a ser rescatada, estaba seguro de que Theodore habría acabado su tarea allí.
Al apretar la mano de su mejor amigo desaparecieron.
No había otro sitio en el que los tres hubieran podido aterrizar que no fuera el suelo de la gran cabaña de Luperca.
-¡MOONLIGHT! ¡POR MERLÍN! -Exclamó Umi al verle. -¡UNA CAMILLA! ¡RÁPIDO!
Moonlight seguía con una sonrisa en su rostro.
-No pasa nada… Son solo unos arañazos -Se excusó. Mintiendo.
Ted puso el cuerpo de Camrin Trust sobre una de las camillas que habían traído los licántropos que estaban asistiendo a Wakanda, la cual estaba casi en las mismas condiciones que Moonlight. Moonlight sonrió a la líder de aquella gran manada.
-¡Traed emplasto de polvo de plata y de díctamo! -Rogó Ted, presionando sobre la herida de su alumna. -¡Mordedura reciente sobre una maga! -Avisó.
Rápidamente alguien se llevó la camilla, probablemente a la Enfermería de Luperca.
Aunque el Refugio fuera la vía de escape para los magos que habían acudido al rescate de la maldita heredera de Voldemort y Bellatrix Lestrange, los licantrópos usarían Luperca. No era porque no quisiera preocupar a Victoire si finalmente salía herido. O quizás sí que era otra razón. Pero, lo cierto, era que Luperca era el mejor sitio para curar a los licántropos. Camrin Trust estaría en buenas manos allí. Con un emplasto de polvo de plata y de díctamo aplicado en una mordedura reciente, la víctima no moriría desangrada. Y, con la poción de Damocles Belby aplicada en la ponzoña, no tendría que padecer de la licantropía. Trust no estaba en las condiciones en las que estaba James el año anterior. Ella no tendría que vivir como licántropo. O, al menos, eso esperó.
Ted resopló. Una mano se posó en su hombro. Se giró.
-¿Teddy? ¿Estás bien? -Preguntó Dominique Weasley. Asintió. Se señaló a sí mismo. Tenía algunos rasguños. Pero nada en comparación con su alumna o su mejor amigo. Dominique le abrazó. Olió su fragancia veela. Tan Weasley. Era tan parecida a Victoire que se le encogió el corazón. -¿Cómo están mis primos? ¿Rose, Fred y James?
Se mordió el labio.
-No los he visto -Respondió.
El semblante de Dominique se ensombreció. Lo aceptó con la cabeza.
Ted se acercó a su mejor amigo. Dominique lo siguió.
Moonlight se retorcía de dolor, mientras Umi aplicaba encantamientos mágicos sobre sus heridas. Rugía. Dominique Weasley se estremeció al verlo. Tenía la lengua apretada entre los dientes. Un pómulo morado. Un ojo hinchado. El cuerpo lleno de garras. De sangre. Mordeduras. El vello se le punto de punta cuando profirió un grito de agonía.
Ted puso sus manos sobre los antebrazos de Moonlight para que no se sacudiera y dejara a Umi hacer su trabajo. Dominique sintió un cierto vacío en su estómago que se estaba retorciendo. Respiró entrecortadamente. Había oído que un licántropo podría matar a otro a base de heridas. Aunque también sabía que los métodos de Luperca estaban muy avanzados.
-Ted -Le llamó Umi. Dejó de hacer encantamientos sobre el cuerpo de Moonlight. Los otros licántropos se llevaron la camilla de Wakanda a la Enfermería. Tala la seguía sollozando. «Se pondrá bien», le aseguraban. -Ted -Insistió Umi. Su varita dejó de emitir luz. Sus ojos dejaron de emitir luz. Su luz. Su vida. La que la bautizó con su nuevo nombre. Se apagó. -¿Y Onawa? -La varita se cayó al suelo.
Moonlight dejó de emitir gritos. Solo su respiración entrecortada.
Dominique observó que Ted bajaba la mirada.
Supo que estaban comunicándose mentalmente. Como sólo hacían los licántropos.
Al ver el rostro de Umi, se le escapó un gemido. El dolor que Umi reflejada le impactó tanto que tuvo que llevarse la mano al corazón. Observó cómo su amiga se retiró de la camilla. Había perdido toda la sangre de su rostro. No temblaba. Ni lágrimas caían de su rostro. Simplemente, era como si un Avada Kedavra le hubiera asestado pero sus órganos vitales hubieran seguido sus funciones, incluso si ella quería desactivarlos.
Salió corriendo. Umi empujó a todos los que se pusieron alrededor. Umi salió corriendo. Como si huyera de la vida que le quedaba por vivir sin Onawa. Dominique no lo escuchó. Solo la muerte del amor que daba vida a Umi podía oscurecerla así. Sabía las historias. De cómo cuando un Ajayu moría, el otro sentía su muerte como si fuera suya. Era una conexión tan íntima, que una parte del Ajayu que quedaba con vida moría.
Ted soltó a Moonlight y la persiguió. Supo también por qué. Escuchaba historias de que era algo tan doloroso, que la mayoría optaba por morir también. Y Teddy la perseguía para que Umi no alcanzara el destino de Onawa. Eran los dos licántropos. Eran los dos criaturas mágicas. Aquella conexión era única.
Debía detenerla. Era su amiga.
Al hacer amago de ir tras ella y tras Teddy, un agarre en su muñeca la detuvo.
Volvió la vista a su brazo.
Moonlight se había incorporado. Le miraba, entre dolor y tristeza. La frenaba.
-No -Le ordenó. -Deja que Teddy se ocupe… -Le pidió. Su voz se interrumpió por un gruñido de dolor. -¿Puedes…?
No pudo seguir. Gritó de dolor y apretó la mano con la que había sujetado a Dominique sobre su costado. Dominique dio un respingo. Sacó su varita. Vio el corte profundo de las garras del licántropo del Ojo.
Pasó su varita sobre las heridas de Moonlight.
-Vulnera sanentur -Conjuró Dominique Weasley. Con una melodiosa voz.
La agitó por encima de las profundas heridas que habían causado su pelea contra el licántropo que supo, por los rumores que circulaban por Luperca, que era un familiar de Moonlight. La primera vez que se conjuraba, disminuía lentamente la hemorragia. Vio que la sangre no brotaba con tanta frecuencia. No se desangraría. Asintió para ella.
Murmuró el conjuro de nuevo, como si fuera una canción. Rasgó la tela de su propia camiseta. La utilizó para limpiar la sangre de su cara. De sus heridas. Tiró el paño al suelo. Buscó con la mirada gasas o algo similar. Más, no estaba en la Enfermería. Negó con la cabeza. Contempló cómo la segunda vez que lo repitió logró comenzar a curar las heridas.
Repitió el hechizo de nuevo. Las heridas empezaron a cerrarse. Por completo. Necesitaría algo de díctamo para prevenir las cicatrices. No obstante, en vista de las cicatrices que ya tenía incorporadas aquel licántropo, supuso que tampoco le importaría. Había aprendido que los licántropos presumían de sus heridas como medallas de guerra. Y Moonlight tenía el torso cubierto de ellas.
La respiración del licántropo se relajó.
-¿Dónde has aprendido eso? -Moonlight volvió a sujetar su mano.
La joven le miró.
-Si voy aherira los demás… También debería saber salvarles -Dijo ella.
Sin darle más importancia al hecho de que la última vez que vio a ese licántropo, la llamó «monstruo» y le recordó que, desde entonces, sería peligrosa para los demás. No obstante, se liberó de aquel miedo en cada vuelo que tomaba en forma de veela. Y decidió poner remedio a sus posibles accidentes.
Se volteó hacia dónde habían desaparecido Umi y Teddy.
-No volverá a ser la misma -Dijo Moonlight. Confirmando aquello que retenía en su cabeza Dominique. -Lo que ellos tenían… Era aún más fuerte que lo que tiene Wakanda con Tala… Porque ambos eran criaturas mágicas… Y entre criaturas mágicas… La magia…
-Es máspoderosa -Completó Dominique asintiendo.
Se percató de que Moonlight aún agarraba su mano. Se soltó suavemente. No quería infligirle más dolor si lo hacía con brusquedad. Vio que el rostro de Moonlight se crispó. Más no supo decir si era por las heridas que acababa de sanar.
-Sí -Dijo Moonlight. Hizo amago de incorporarse. Volvió a gemir. Se rindió sobre la camilla. -Más poderosa…
Entonces, un estruendo se escuchó a las afueras de Luperca.
Un graznido. Un chillido de una criatura mágica. Un dragón.
-¡ES CHARLIE WEASLEY CON NOBERTA!
-¡TAMBIÉN ESTÁ AUREL! ¡MALDITA SEA, NOS TENEMOS QUE ENCARGAR DE UN MALDITO VAMPIRO!
-¡CHARLIE WEASLEY ESTÁ HERIDO!
-¡UN CRUCIATUS!
-¡PUTO VAMPIRO! ¡NO TIENE NADA! ¡NO LO AYUDÉIS!
-¡QUE ALGUIEN BUSQUE VENDAS PARA NOBERTA!
-¡EXPULSAD AL VAMPIRO DE LUPERCA!
-¡RÁPIDO! ¡CHARLIE ESTÁ MAL!
Dominique Weasley sintió que no podía respirar con normalidad. Miraba a todos los licántropos y los magos y brujas que allí vivían acudir a la llegada de las nuevas criaturas magas. Norberta. Había viajado tantas veces con ella. Aurel, el vampiro que se había convertido con el paso del tiempo en su mejor amigo. Una criatura enemiga de los licántropos por naturaleza. Y su tío. Charlie Weasley. Su pecho se hinchó de temor.
Notó unos dedos en su cintura.
Se estremeció.
-Ve -Dijo la voz de Moonlight.
Ni siquiera miró hacia atrás para asegurarse de que el licántropo estaba bien. Sabía que estaba bien. Lo había sanado ella. Y ahora debía hacer lo mismo con los demás. Si tenía el poder de dañar. Debía asegurarse de que no dejaba pasar ninguna oportunidad de salvar. Y, menos aún, si era su tío Charlie.
Corrió, uniéndose al resto de magos y brujas que se abalanzaron sobre la dragona, quien chillaba adolorida por las heridas de sus alas. Se encogía. Movía su gran y escamado hocico de un lado a otro. Echando humo por las fosas nasales.
Dominique se acercó a su rostro. Lo acarició.
-Ssshhh -La tranquilizó. Observó el ojo de la dragona. Se entrecerró al ver a Dominique Weasley. -Tranquila -Rogó. -Tranquila -Repitió.
La dragona emitió una lágrima de dolor. Aquello hizo que el interior de Dominique se sacudiera. Limpió su lágrima. Besó sus escamas.
-¡Dulce Dominique! -Exclamó Aurel, zafándose de las vendas que le comenzaban a rodear. Se aproximó a ella con elegancia y la gracia que le pertenecía. Incluso parecía pulcro, con toda la sangre que cubría su rostro. Con el esmoquin hecho añicos. Se acercó y posó un delicado beso sobre la frente. Asumió que la manchó de sangre de sus enemigos. -Un rayo de luz en mitad de todas estas criaturas del demonio… -Se quejó mirando con condescendencia a los licántropos. Dominique vio cómo se llevaban a su tío Charlie en una camilla hacia la Enfermería. Dominique soltó un gemido. -Estará bien, es solo un Cruciatus... -Aseguró Aurel.
-¿Qué está pasando? -Preguntó, dándose cuenta de que todos los que procedían de allí estaban heridos gravemente o… No volvían.
-¡EXPULSAD AL VAMPIRO DE LUPERCA! -Gritó un licántropo a su lado.
Aurel pareció ignorarle. Dominique se sintió incómoda. Pero quería saber la respuesta.
-¡Es mi amigo! -Gritó a aquellos que miraban al vampiro con desdén.
Se hizo un silencio.
Volvieron a centrar su atención en la dragona. El resto había perseguido a su tío Charlie a la Enfermería. Cuando le respondiera, correría a por él.
-Han rescatado a Imogen… Y el Ojo se ha puesto furioso...El Palacio de Hielo se está derrumbando… Han muerto casi todos los Aurores… ¿Seamus Finnigan? Se ha llevado a tu tía Gabrielle al Refugio y puede que haya perdido una pierna…Harry Potter está buscando…
-¿Y mis primos? -Quiso saber.
El vampiro negó con la cabeza.
-Solo sabemos que la hija de Hermione Weasley está bien… -Suspiró el vampiro. Alertado por la expresión en el rostro de la joven. - Tu tío está buscando a los demás…