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La Tercera Generación de Hogwarts — capítulo 200

Había días que se hacían más llevaderos que otros. En aquel instante, se sentía prisionero. ¿Quién iba a decir que la sabiduría lo encerraría y la ignorancia lo había hecho libre? Probablemente muchos filósofos que ya no podía estudiar. ¿Quién iba a decir que algún día echaría de menos sus tediosas clases sobre teorías de Platón? Sí, sí. El mundo mágico era mucho más interesante. Por supuesto. No cuando uno estaba en mitad de la guerra y no podía hacer desgraciadamente nada para salvar a sus seres queridos.

Oh, cuánto necesitaba que su hermana le diera una colleja.

Pero ya no se quejaba en voz alta. Mantenía todos sus pensamientos para él. Había fortalecido lazos con las hermanas Brooks. Por muy diferentes que fueran las quería a las dos por igual. Quería a Cornelia por ponerle los pies en la tierra y recordarle lo que estaba en juego. Quería a Lola por dejarle soñar

-¡Oh, perdona! -Se disculpó inmediatamente al chocar con un muchacho.

Lo observó mejor. Estaba entrando al despacho del director -su padre. ¿Qué hacía un joven Gryffindor saliendo de allí en mitad de la noche? Se miraron analizándose.

-¡Merlín, Longbotton! -Exclamó James Sirius Potter. -¡Me has asustado!

-¡Eres tú el que no está donde debería estar! -Replicó Frank Longbotton.

Se fulmiraron con la mirada. Suspiraron. No iban a pasar por aquello otra vez. ¿No? Había aceptado a James finalmente. Solo tenía que ceder un poco. Y descubrir que el muchacho no era más que lo que habían hecho de él. Igual que le ocurría a él. Además, Lola le había dicho que Cornelia y Potter habían empezado una especie de relación secreta más oficial. Tampoco había que anunciarlo. Era evidente. James no apartaba la mirada de Cornelia. Y Cornelia se ruborizaba cada vez que alguien lo sacaba en la conversación. Lola lo hacía demasiado a menudo.

-Lo siento, Longbotton... -Suspiró de nuevo el joven Gryffindor. Se rascó la nuca y se despeinó el pelo. Había aprendido que ese era el gesto de Potter para cualquier tipo de situaciones. -Si pudieras no mencionarle esto a tu padre... -Añadió. -Te lo agradecería.

Frank frunció el ceño.

-No iba a hacerlo -Dijo. -Pero el hecho de que quieras ocultárselo me preocupa... ¿Qué te traes entre manos, Potter?

¿Y si estaba poniendo a Cornelia en peligro? Tenía que actuar como hermano mayor. Como debía actuar con Albus Severus Potter -sinceramente, sus padres deberían tener prohibido nombrar a sus hijos. James Sirius Potter debió comprender que Frank iba a hacer todo lo posible por descifrar aquello. Después de todo, ya eran demasiadas cosas la que aquel castillo le intentaba ocultar. Maldito Profesor Lupin y su lealtad a su padre. Juraría que podría haber descubierto qué era el símbolo en su piel de no ser por que su padre era el director.

Para sorpresa de Frank, Potter pareció pensarse en revelar sus intenciones. Es más, lo cogió del brazo y anduvo unos cuantos pasillos arrastrándolo hasta esconderlo detrás de un tapiz. Conjuró uno de esos hechizos que hacía que nadie más te escuchaba. Buena forma de esconderese del Señor Filch. Era peor que una película de medio por la noche. Y Frank no tenía ningún tipo de magia cuando quería escaquearse de él para ir a las cocinas de los elfos.

James Potter murmuró algo para sí mismo. Frank guardó silencio. Si había seguido aquellas medidas, más vale que fuera por algo importante. No le gustaba crearse altas expectativas para que después se le escapara de las manos con tanta facilidad. Y, sí, estaba pensando en Gwen.

-¿Sabes la razón por la que tu magia no se te ha manifestado hasta tan tarde? -Frank alzó las cejas hasta que casi rozaban las esquinas de su frente. Negó rápidamente para no perder ni un momento en aquel hilo de información que le estaba ofreciendo Potter como el regalo más preciado. -Oh -Se lamentó James. -Tenemos más cosas en común de lo que creía, Longbotton -Susurró más para sí mismo que para él. -Tu madre... ¿Sabías que hizo un ritual para que no apareciera tu magia hasta ahora y que te hicieran pasar por un squib?

La pregunta quedó en el aire pero entró de lleno en las entrañas de Frank Longbotton como una puñalada. Su símbolo le comenzó a quemar en la espalda. Su cicatriz con las líneas esbozadas por el propio Merlín.

-Algo... Algo de eso he oído -Tartamudeó. -Pero no sé por qué -Se apresuró a decir. -No sé qué motivo tendría mi madre para hacer algo así.

No quería delatar el hecho de que su cicatriz era del mismo patrón que los encontrados por Lyslander Scarmander en el libro de Merlín. ¿Cómo había llegado Hannah Longbotton a aquello? No quiso decir -mintió más bien- ante el hecho de que había sido su madre. No su padre. Su madre. Lo cual le extrañó y era a lo que evitó en ese instante darle vueltas. ¿Qué sentido tenía que los Abbot tuvieran conocimiento de un libro de Merlín? Cornelia le había contado el origen de aquel manuscrito. Antes de llegar a Hugo Weasley, había sido custodiado por un fanático de las Reliquias de la Muerte. Sabía que sus abuelos no estaban interesados en lo más mínimo en aquello. Mucho menos su madre. Quizás su padre había tomado un papel más relevante en la guerra... Pero su madre no podía haber hecho algo así.

-Pues... -James se mordió el labio. Rezó a los dioses muggles para que le contestara. Si él sabía algo y no le ponía en peligro, lo haría. Cornelia le había hablado de la costumbre de James Sirius Potter en confíar en los demás el destino que él había descubierto de ellos. -Tu madre quería proteger a las Brooks... A Lola... Querían hacerte pasar por el squib de la profecía que estaría hilado de algún modo a Cornelia... No sé cómo, ni por qué... Pero lo consiguieron, ¿no? -Inquirió Potter. Frank no podía articular palabra en ese instante. -Quiero decir... Fueron a porti-Insistió. -No por lo que hizo tu hermana, ni por quién es tu padre... Sino porque creían que tú eras el squib.

Un pensamiento intermitente le vino a la mente. ¿Lo sabía Gwen? Nunca le había dicho nada. Quizás no lo sabía. Pero ella era del Temple. Ella debía saber que no era el squib de la profecía. Ella le puso en peligro. Aunque, en aquel momento, aquel era su trabajo. Y lo salvó, de todos modos, ¿no? ¿Era también su trabajo salvarle? En ocasiones le gustaba pensar que sí... Pero solo le salvó para llevarle a Ivonne. Para que comprobara si era el squib o no.

-El cebo -Aclaró Frank entre dientes.

-Pero no te han podido ocultar durante mucho más tiempo... -Suspiró James. No debía sonar tan irritado, ¿no? Es cierto que ahora Cornelia estaba en más peligro aún... Pero, oye, ya no querían matarle a él. -A través de ti, pretendían encontrar a Cornelia... Porque creían que eras... Bueno malinterpretaron en favor de nosotros las profecías, supongo -No aclaró nada y Frank se sintió confuso. ¿A qué se estaba refiriendo? James interpretó su mirada. -Creían que la conexión entre el squib y Cornelia sería más...

Oh.

-Ya no me persiguen porque vieron que me enamoré de Gwen -Concluyó Frank Longbotton.

Era la primera vez que lo decía en voz alta. James Potter alzó la vista hacia él, o lo poco que pudo ver que hacía bajo la tenue luz que les llegaba a través del tapiz. Ambos lanzaron una bocanada de aire. Significaba que ambos habían sido perseguidos y lo serían por motivos muy similares.

Frank notó la impotencia y la rabia ceñirse en su pecho. Su madre lo había convertido en un cebo. Apretó los puños.

-Intentarían evitar el ritual utilizándote como un instrumento falso -Apoyó Potter.

-¿Cómo sabes todo eso?

-He tenido que saber quién eras para comprender y buscar una solución para Cornelia -Explicó el joven. -No entendía por qué Ivonne te eligió a ti al principio... Pero fue por tu madre... Todo era para despistar a Ivonne Donovan y al Ojo... No somos los primeros en intentar proteger a Cornelia y buscar la forma de que... En caso de que se produzca el ritual... Morgana no la controle del todo.

Frank lanzó una bocanada de aire. Demasiada información.

-¿Por qué me cuentas todo esto, Potter? -Le cuestionó.

-Porque necesito tu ayuda, por supuesto -Le contestó con una sonrisa sincera. -Nadie lo puede saber... Así que evita a Cross por un tiempo -Se carcajeó. ¿Por qué se lo contaría o por que Gwen leía la mente? Frank le fulminó con la mirada. No tenía por qué contarle a James Sirius Potter que, mientras él estaba feliz con Cornelia, él aún no recibía respuesta de Gwen.

-¿Y quién te ha contado todo esto? ¿Mi madre?

James estrujó su rostro.

-No... En realidad... Bueno...

-¿¡Mi madre?!

-Por Merlín, Longbotton... Baja la voz -Le rogó el muchacho. Lo cual no tenía sentido porque había lanzado un conjuro para que eso no fuera un problema. -No -Concluyó. -No ha sido tu madre... Luna Lovegood o Scarmander, como quizás la conoces, fue amiga de la madre de Cornelia... Y hace un tiempo me dio una serie de frascos que guardan la memoria de la única persona que descubrió cómo salvar a Cornelia Brooks -Suspiró.

Frank Longbotton pestañeó varias veces. Había varias cosas que no entendía. ¿Qué pintaba Luna Scarmander con él, con las Brooks y con James Sirius Potter? ¿Cómo que unos frascos que guardaban memorias? Pero. Sobre todo...

-¿Sabes cómo salvar a Cornelia? -Le preguntó incrédulo.

El aludido ladeó la cabeza.

-No exactamente... Sé de una posibilidad que podría funcionar si todo sale mal y Morgana vuelve...

-¿¡Crees que Morgana va a volver?! -Exclamó aún más incrédulo.

Lo contempló negar con la cabeza como si no aceptara el tono de su voz.

-Empiezo a creer que Cornelia tiene razón... Ya sabes... Seguro que te lo ha contado -Frank negó con la cabeza. -Charlotte Breedlove, la guardiana de la Magia, quiere a Cornelia viva... Lo cual es un alivio, ¿no? -Frank asintió con los ojos entrecerrados, esperando un giro de guión. -Cornelia cree que la está protegiendo para cuando llegue el momento... Cree que la está protegiendo de Whitehall y de Ivonne Donovan.

-No del Ojo -Asintió Frank. Parpedeó varias veces. Tenía sentido. Por supuesto que tenía sentido. Si era la única que podía hacer resucitar a Morgana, ¿no sería mejor que los que estuvieran en contra buscaran matarla? No es como si no quisiera matar a todo el que pretendiera aquello. Porque lo haría. -Creía que el Temple estaría de nuestro lado.

James Potter sonrió.

-El Temple, amigo mío... Soy yo -Frank no supo interpretar aquella afirmación y alzó una ceja. -Breedlove nos está ayudando porque ahora a ambos nos conviene proteger a Cornelia de Whitehall y de Donovan -Siguió explicando. -Pero no dudo en que hará todo lo posible porque el ritual se cumpla -Suspiró.

-¿Qué piensa Hugo Weasley? ¿No es la cabeza pensante de todo esto?

Se hizo un silencio. Escucharon a un gato cerca del tapiz. El joven Gryffindor se llevó el dedo índice a los labios. Frank obedeció. La Señora Norris. Por supuesto. Odiaba a ese maldito gato con todas las fuerzas de la naturaleza. Esperaron a que se marchara. Entonces, Potter soltó una relajada carcajada.

-Mi primo Hugo no me diría nada así, si es eso lo que piensa... Sabe lo que estaría dispuesto a hacer por Brooks y dudo que quiera tenerme a mí en su contra -Se rascó la cabeza. -Pero sé lo que piensa... Él está obsesionado con las profecías... La magia original... No sé que significa nada de eso y, honestamente, me da exactamente igual... Quiero proteger a Cornelia.

La forma en la que lo dijo le produjo escalofríos. Nunca había sabido decir si la magia podía percibirse. Hasta unos años atrás. Pero ya había estado en contacto con ella. Había recibido hechizos, ¿no? Pues las palabras de James Sirius Potter fueron como una honda de magia hacia él. Y, sorprendentemente, le infundó de valor.

-¿Quién es quién te ha dicho cómo hacerlo?

James Sirius Potter esbozó una sonrisa de superioridad.

-¿Quién crees que querría proteger a Cornelia tanto como yo para que me haya dejado una memoria?

La primera respuesta que se le vino a la cabeza fue él mismo. Pero sabía que él ni siquiera estaba al tanto de cómo guardar memorias en frascos.

-¿McGregor?

Oh. Vio los celos por primera vez en James Sirius Potter. Su rostro cambió repentinamente y negó como si fuera algo ofensivo.

-¡Merlín, Longbotton! ¿De veras piensas que ese lamelibros hallaría la solución antes que yo? -Preguntó veraderamente ofendido. Aunque, honestamente, si era cierto que lamía libros, no le extrañaría. No era como si aquel Premio Anual pasara mucho tiempo en la biblioteca. -Voy a hacer cómo que no estás dudando de mí... -Bufó. -Bien, te lo diré... -Puso sus dos brazos sobre sus hombros. Le sacaba solo unos centrímetros de altura. No le intimidaba. Solo buscaba su atención. -Adam Brooks.

Tardó tiempo en hacer la conexión. En recordar ese nombre que había oído en contadas ocasiones. Sus pupilas se fueron dilatando conforme comprendió la gravedad y la importancia de todo aquello.

El padre de Cornelia y Lola Brooks. Adam Brooks. El Auror estadounidense que se casó con Penélope Donovan y que ayudó a esconder a sus hijas de Ivonne. Y que murió en un accidente de tráfico cuando Cornelia era una niña.

-¿No está muerto? -Exclamó más que preguntó.

-Por desgracia, sí que lo está...-Se lamentó Potter. -Pero se aseguró de dejarnos lo que había encontrado...

-¿Dejarnos? ¿A ti y a mí?

-Bueno... Si el ritual se liaba de algún modo, el señor Brooks pensaba que acabarías siendo tú el alma gemela de Cornelia... Quizás también lo pensaba Breedlove y Donovan...-Se rascó la rabilla. -Pero,bueno, eso da igual ya...

-¿¡Tú eres el alma gemela de Cornelia?! -De todo lo que le dijo aquel día, aquello era lo que más le sorprendió. Y, a su vez, lo más sencillo de ver. -¿¡Cómo...?!

-Mi naturaleza licántropa me permite distinguir esa clase de cosas...

No iba a engañarse. Sintió envidia.

-Si eres tú el alma gemela, ¿para qué me necesitas a mí?

James Potter soltó una bocanada de aire, exasperado.

-¿Me estás escuchando? El señor Brooks creía que eras tú el alma gemela de Cornelia... Por lo que muchos resultados de sus investigaciones los ocultó para que solamente tú pudieras encontrarlos...

-Y por eso me necesitas.

-Si no quieres ayudarme a mí, piensa que es ayudar a Cornelia... Solo que Cornelia no lo puede saber...

-¿Por qué? ¿No se supone que la estás protegiendo?

-¿Y decirle que su padre también la engañó y que sabía todo esto? -James Potter bufó. -Necesito tiempo para... Quiero comprobar que el señor Brooks tenía razón antes de decirle nada.

-No quieres darle esperanza...-Intuyó Frank. -Es algo extraño... Mi padre dice que la esperanza siempre es fuerte.

-Sí, bueno, quiero asegurarme de que si el señor Brooks se equivocaba no se lance de un precipicio porque no hay forma de evitar su destino -Señaló con cierta impaciencia James Potter.

Frank se quedó atónito ante la lógica de James Sirius Potter.

-Sé que debe ser difícil saber que el padre de Cornelia me eligió a mí para ella -Comenzó en tono de burla Frank. Potter rodó los ojos. -Pero veo por qué el destino, Merlín o quien sea ha decidido elegirte a ti, Potter -Consideró con sinceridad.

Le escuchó reírse con sarcasmo. Salió lentamente del tápiz. Frank Longbotton le siguió. Se miraron. Potter aún con una sonrisa sarcástica. Frank con un ceño fruncido.

-Cuando todo esto acabe y estemos vivos después de la batalla de las profecías, te recordaré justo lo que estás diciendo para que no me prohíbas casarme con ella...

-¿A dónde vas, Potter? -Se dirigía de nuevo al despacho de su padre. No sabía qué hora era. Pero sí que sabía que ser Premio Anual no le permitía aquello.

-¡A guardar la memoria en un frasco como prueba!

Volver a Hogwarts para salvarlo.

Jamás se imaginó que aquel sería su futuro. Hacía un año ni siquiera concebía la necesidad de salvar a los demás que se había apoderado de ella. Monique Jordan no había nacido para ser una heroína. Una salvadora. No. Las circunstancias la habían hecho así. Su hermana era la heroína.

Aquel era su primer día en el improvisado puesto que Madame Longbotton le había permitido tener en el Ala de la Enfermería. No le gustaba que la hubiera llamado "medimagia experimental". Sabía los prejuicios que existían en su contra. Aún más si eran iniciados por la mujer del director. Sin embargo, ella estaba allí para evaluar a los alumnos. Preguntarle síntomas que habían visto tanto en Molly Weasley y Nicholas Woods como en su hermana Susan Jordan. Eran síntomas de secuestro, más bien. Falta de sueño. Rastros de pinchazos en el cuello. Irritibilidad ante el calor. Irritibilidad ante los sonidos fuertes. Desmayos. Pérdida de consciencia. Líquido azul saliendo de su nariz. Dependía del alma encerrada en su interior lo que pudieran hacer de forma inconsciente.

Tras varios días en los que investigó la sangre de Woods y la de su hermana... Junto con la ayuda de Fred Weasley y Christopher Nott -quien, afortunadamente, había logrado ponerse en contacto con Alexandra Knopf... Para saber cómo se sentían cuando estaban totalmente dominados por ellos antes de morir exhaustados. O, como su hermana, morir para salvar a los demás.

Había elaborado una pócima. Utilizó el metal plata de los goblins para que actuara en la sangre como un imán hacia el metal inyectado en los pacientes. Y, además, tenía guardado fuego de Fred Weasley y Dominique Weasley que servía cómo magia creada por híbridos como ellos. Ahora bien, había un elemento esencial que, para cada paciente, era diferente: el amor. Aquello ibaa ser una aventura si encontraba a algún alumno con síntomas... Pues, ¿cómo sabían quién podía darle justo lo que necesitaba si, quizás, aún eran demasiado jóvenes como para ello?

Monique Jordan, pese al desacuerdo con la Sanadora Bell, había optado por llamar a los familiares. Según Tim Marrs, quien Monique creía que no se tomaba muy en serio uno de los pilares de su trabajo -la confidencialidad-, le había explicado que el amor familiar, aunque no tan poderoso, también era amor puro. Le hizo recordar el amor de Lily Evans. Y después le demostró cómo ellos tenían un amor diferente y puramente físico y de atracción... Pero eso era otra historia diferente.

En definitiva, había demostrado lo que Leta Lestrange creía que no podía suceder: el amor podía vencer su creación. Tal vez era lo que ella quería demostrar. Tal vel Leta Lestrange, a la que había comenzado a admirar en secreto, dada la rigurosidad de sus avances, solo se sentía sola y quería encontrar el amor. Quizás solo si el amor podía curarla, moriría o lo encontraría. Un tanto arriesgado. Pero drástico. Leta Lestrange debió haber sido una bruja poderosa. Una bruja que se sentía terriblemente sola. ¿No? Monique Jordan se sentía atraída hacia ella. En el más puro académico de los sentidos. Pero también se sentía identificada con ella. Después de todo, un Inefable le había dicho que lo suyo no era amor puro que pudiera hacer frente a un Avada Kedavra. Pudo sentir el mismo ardor que Leta Lestrange en buscar el amor puro de Lily Evans. El amor puro y no correspondido de Nicholas Woods hacia Dominique Weasley. El amor puro de Fred Weasley hacia su hermana. Y sintió lo mismo que una Slytherin hacía casi un siglo. Envidia.

Leta Lestrange la utilizó para escapar. Monique Jordan la utilizó para salvar su propia conciencia. Cuanto más investigó, más se percató de que podría haberse evitado de haberlo encontrado a tiempo. Era un proceso largo. Eran "durmientes". Podrían tenerlo y, hasta que no eran despertados, no se manifestaba. Por esa razón estaba allí, para salvar a los alumnos que pudiera. Porque, en cada rostro que llegaba a ella a lo largo del día, veía los ojos cansados de Susan Jordan.

-No le digas nada a Marrs ni a Morrit, por favor -Le rogó Claire Jenkins, la Premio Anual de Slytherin de aquel año y amiga de los mencionados nuevos amigos de Monique Jordan. -Sé que ves a Marrs casi todas las semanas... Y sé que Marrs sabe decir si algo va mal... Y no quiero preocuparles... Simplemente... Probablemente sea simple cansancio por los E.X.T.A.S.I.S y por las patrullas nocturnas que tengo que hacer por Potter...

No dijo nada. Era la última de aquel día. Le había mandado una nota para encontrarse con ella pasado el toque de queda. No quería levantar sospechas. Sabía que si Coleman o McGregor la veían se lo acabarían contando en carta a sus amigos. A Monique Jordan le irritó aquello. Precisamente ese tipo de acciones eran las que favorecían que no pudiera ser curada.

Le pasó el metal de goblin por la piel.

Y se erizó. Las venas se dilataron. Las pupilas de Claire Jenkins también. La miró. La joven estaba asustada. La examinó mejor. No conocía tanto a Claire Jenkins. Marrs hablaba mucho de ella. Incluso le había inducido a pensar que, en sexto año, habían salido a algunas citas mientras Morrit salía con una Hufflepuff. Pero sí que recordaba que era una muchacha con muchas curvas y mofletes. Ninguno de esos rasgos era notable en aquel momento. Tenía ojeras. Le tembló todo el cuerpo. Y, de su nariz, brotó un líquido azul que Monique Jordan conocía muy bien.

La joven rompió a llorar y se lanzó a los brazos de Monique.

-Tranquila -Susurró en su pelo. -Tranquila, Claire...-Le acarició la espalda. Lloraba desconsoladamente. Le había confirmado un temor que, desde el momento en el que entró, Monique Jordan había sospechado. -Tranquila, no te pasará nada... Hemos descubierto cómo curarte...

-¡Pero no me quiere nadie! -Sollozó. -¡Mi padre y mi madre son muggles asustados por mis poderes! ¡No lo harán! ¡No querrán colaborar si saben que soy un monstruo!

-No eres un monstruo, Claire...

-Sí que lo soy -Sollozó. -Vi... Vi a Molly Weasley en su primer ataque... Sé -Hipó. -Sé que soy un monstruo...

-Tus amigos también te pueden salvar -La cogió de los hombros y se separó de ella. Vio sus ojos enrojecidos y húmedos. Sus mejillas salpicadas de lágrimas. Estaba destrozada. Pero estaría a salvo. Monique Jordan haría todo lo que pueda para salvarla. -No dejaré que pase te pase nada, Claire -Le juró.

No asintió. Sino que la miró horrorizada.

-¿A quién crees que debo llamar? -Le preguntó, como si fuera una niña pequeña perdida.

-Piensa... -Monique suspiró. -Piensa en lo que hizo mi hermana, Claire -Eran unas palabras duras. Pero debía decirlas. Debía asegurarse que aquella muchacha se curaba. Porque solo así se curaría ella misma. -¿Por quién harías eso tú?

Claire volvió a sollozar.

-No quiero... No creo que ame a nadie como tu hermana... No con esa fuerza... No...

-Yo lo habría hecho por mi hermana, Claire -Le dijo. -El amor no solo es el de almas gemelas... La familia... De sangre... La amistad, esa familia que no tienes por qué elegir... Ese amor es tan poderoso como el de almas gemelas si es igual de puro...

-Puede... ¿Puede ser un amigo? -Preguntó extrañada.

-Yo habría dado mi vida por mi mejor amiga -Le aseguró. Por supuesto que lo habría hecho. Si solo Roxanne no se hubiera adelantado al resto. -No lo habría dudado ni un instante... Es mi mejor amiga. Lo sigue siendo... -Y seguía hablando con ella. La echaba tanto de menos que se le hacía imposible pasar una semana sin ir a verla. -Habla con ellos. Deja que se preocupen por ti... Es la única forma de salvarse.

Lo primero que hizo Richard McKing al entrar en su despacho fue sacar su varita y apuntar con ella a la intrusa que estaba sentada en su butaca. Con unas botas llenas de barro sobre su mesa. Manchando, pues, todos sus informes.

Lo segundo que hizo el Ministro de Magia al entrar en su despacho fue cerrar la puerta y conjurar un Silencio. Examinó mejor a la muchacha. Sólo había una persona que conocía la contraseña de aquel lugar. Él mismo. Hermione Weasley. Y su hijo. No obstante, había algo en aquella muchacha que le resultaba altamente familiar. Urgentemente familiar. Era como una pieza de un puzzle que parecía que no encajaba pero sabía que no pertenecía a ningún otro.

Le delató el color del pelo. Platino. Platino como el que tenían los miembros de una sola familia en toda Inglaterra. Los Malfoy. Aquella muchacha de menuda estatura, labios frondosos y ojos azules tenía la confianza digna de la que podía -y estaba totalmente seguro-de que era su familia. Le miraba con una ceja alzada. Recordó, instantáneamente, el informe de Hugo Weasley sobre el árbol genealógico de los Malfoy que le había pasado Hermione Weasley. Había dos Theia. Hugo Weasley creía que era un desarrollo extraño del árbol y creía que daría con el origen del problema en un encantamiento mal elaborado. Más, al parecer de Richard McKing, el árbol genealógico actuaba a la perfección.

-Charlotte Breedlove me ha dado su contraseña -Explicó. -Hugo Weasley ya les ha contado a todos que hay dos Theia Daphne Malfoy en este presente... Así que podemos ahorrarnos las introducciones...

-¿En este presente?-Interrumpió el Primer Ministro.

-¿Y cuál si no? -Inquirió la joven. Parecía ser incluso mayor que su hijo Sebastian. Y, sin embargo, hacía unas semanas, la había visto con tan solo unos años. -Vengo del futuro, es evidente por mi ropa, ¿no cree? ¿Quién si no iba a llevar un uniforme militar que se hace invisible antes de que siquiera se desate la gran batalla?

Richard McKing tuvo que acercarse a una butaca que tenía para invitados para no caerse.

-¿Qué...? ¿Qué...? -Tartamudeó.

La jovens soltó una carcajada.

-Debe hacer todo lo posible por evitar el atentado en Londres... Y antes de que me pregunte... Es en toda la ciudad... El Londres muggle, por supuesto.

-El Londres muggle -Repitió estúpidamente.

-El Estatuto está en peligro, señor Ministro -Le confirmó con una sonrisa. -Debe ponerse en contacto con el Primer Ministro Muggle y decirle que ha recibido una amenaza porque... Si no le avisa con tiempo... Creerá que es usted el que ha desatado el atentado...-Bufó con sorna. -Lo hizo bien una vez... Ahora necesito que lo haga aún mejor -Le guiñó el ojo y desapareció en el aire.

Le dejó un papel encima de su escritorio.

Lo cogió. Le dio la vuelta. Había algo escrito en él.

"No sé si me tendrá vigilada o no. Remus Lupin vino del futuro hace cinco años y Charlotte Breedlove lo ocultó. Ahora ha escapado y es probable que le acabe asesinando. No se acerce al Big Ben en la noche del ataque a Londres... Yo me encargaré de proteger a Seb. Confíe en mí. Y si no, recuerda que solo Seb sabe que está enamorado de Hermione Weasley. Y fue él quien me lo ha dicho para hacerle confiar en mí. Un abrazo, Theia Daphne Malfoy".

-Reducto -El papel se chamuscó.

Exhaló profundamente aire.

Saber que uno había muerto en el futuro era incentivo suficiente como para poner en marcha un plan de contención. De defensa. Theia Daphne Malfoy sabía que estaba enamorado de Hermione Weasley. Si, en algún momento, su hijo se sentía desesperado por hacerle saber que una persona venía del futuro en busca de su ayuda... Sería algo característico de él decir algo así.

Debía poner al tanto de todo a Hermione Weasley. ¿Cómo decirle que confiara en la mensajera sin mencionar por qué confiaba en ella?

Recordó que Charlotte Breedlove había estado deteniendo a Remus Lupin un tiempo. Lo cual le irritó. ¿Cómo no se lo había dicho? Suspiró. La cabeza comenzó a dolerle. Sacó un cigarrillo. Lo encendió. Le dio una calada. Tenían unos largos días por delante. U horas. No le había dicho cuándo era el atentado. Al Londres muggle. Para revelar mundialmente el secreto del Estatuto. Porque cada vez era más imposible retener el secreto con los avances tecnológicos muggles que grababan y enviaban todo por todo el mundo. ¿Cómo podrían encargarse de todos los muggles de Londres?