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La Tercera Generación de Hogwarts — capítulo 214
(V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
El olor a muerte hinundó las fosas nasales de Zoe McOrez. No era un olor al que no estaba acostumbrada. Pero, ¿en su propia casa? Sintió una desazón en lo más hondo de su estómago. El silencio en su casa nunca había sido una buena señal.
Retiró el caldero del fuego y olió a una poción que podía esperar unos minutos en reposo. La poción matalobos tenía su complejidad, pero ella siempre había sido una experta en el arte de la química mágica. Se limpió las manos en sus pantalones y salió de su habitación.
Había puesto a unos de sus magos encargados de vigilar todos los pasos de Remus Lupin. Intuía que el Señor mandaría asesinarlo en cuanto estrujaran todo su conocimiento. Zoe McOrez no pretendía evitar lo inevitable. Y, mucho menos, contradecir órdenes superiores a ella. Más Lupin la conocía. Sabía cuáles eran sus demonios internos. Sus miedos. Y sus verdades. Y aquello le hacía peligroso. Porque, por más que quisiera matarlo ella misma, vio admiración en los ojos de Remus hacia ella. Admiración pura. Como si ella fuera alguien importante. Admiración sincera. Le había conmovido la primera vez.
Corrió por sus pasillos siguiendo el hedor a muerte.
Era una admiración que le hacía recordar a la expresión de su inocente hermano cuando era aún un niño. Antes de que asesinaran despiadadamente su alma mandándole misiones imposibles de las que solo podía salir él vivo. Antes de que sus demonios lo devoraran por dentro y no dejaran ni un rastro de humanidad. Desde que le dijeron que pretendían matarlo para utilizar a Lily Luna Potter como cebo, su hermano había enloquecido. Lo habían criado diciéndole que sería el mago más oscuro de todos los tiempos. El que haría temblar la tierra al poner sus pies sobre el campo de batalla. Y había descubierto que todo era mentira. Que solo querían convertirle en el monstruo que era.
Desde que Lupin tuvo contacto con él, había empeorado más si era posible. El viajero le aseguraba que su ambición se reduciría a cenizas si seguía creyendo que sería un mago oscuro importante. El que alababan las antiguas profecías. El que pondría la semilla de oscuridad en el mundo. Frank McOrez siempre había pensado que sería él. El Señor, personalmente, le había prometido que sería él. Había pensado que se convertiría en el mago más oscuro si asesinaba a Lily Potter. Más, quizás, aquella era una interpretación errónea. Lupin aseguraba que lo era. ¿Y qué tenía que perder aquel muchacho? Aunque, ¿y si estaba protegiendo a Potter? Fuera como fuere, el mago oscuro del que hablaban las profecías podría ser perfectamente su hermano. Nadie se preocupó en decirle lo contrario. Todo el mundo siempre había pensado en Frank McOrez cuando la leían.
"La guerrera tratará de limpiar el alma de su hermano. Pero el mago oscuro plantará la semilla de maldad para que jamás se extinga".
Esa era ella. Tratando de salvar a su hermano. Y aquel era su hermano. Siendo un sociópata sin corazón. Era una de las últimas profecías. De las profecías que, incluso si el Temple vencía en un caso hipotético, se seguiría cumpliendo. La oscuridad ganaba en cualquier futuro.
Por eso corría por su casa.
Zoe McOrez no sabía hasta qué punto podía llegar su hermano para convertirse en aquel mago oscuro. ¿Qué pensaba que debía hacer? Además de asesinar a Lily Potter y que esta le diera ese poder que anhelaba con un beso. Algo que seguía buscando a base de Amortencia y cuerpos acumulados en el sótano. Había avisado de su comportamiento a su tío Tristán, pero, antes de que pudiera remediar aquello, fue asesinado por el estúpido de Malfoy. ¿Pensaba acabar con la estirpe de los McOrez? ¿Ese era el objetivo de Lucius? ¿Por eso se paseaba tanto por la sede del Temple y suplicaba visitar al Señor? Había encontrado un aliado en Loring. Chasqueó la lengua al recordarlo. Zoe McOrez tenía demasiadas cosas de las que preocuparse.
En ese instante, su prioridad era el olor a muerte.
Llegó a la sala en la que su padre solía sentarse para leer. Y lo vio.
No gritó porque no quería que también la matara a ella.
Sobre la butaca de su padre, estaba sentado Frank McOrez. Tenía la varita sobre su mano, llena de sangre que chorreaba sobre su atuendo blanco. Sus pies reposaban sobre el cuerpo sin vida de Cayo McOrez, como si fuera un reposapies. Zoe McOrez había visto escenas tétricas y vomitivas, pero aquella, quizás por su cercanía emocional, se llevó el premio. Su hermano había clavado su varita sobre las cuencas de los ojos de su padre. Para sacarlos de estas y sostenerlas en su mano. Un símbolo de que Frank no dudaría en acabar con el Ojo si algo se imponía en su camino. El cuerpo de su padre estaba inerte. Quizás un Avada Kedavra había acabado con él. De su hermano. Quien había retorcido su cuerpo de una manera desarticulada para posar con más comodidad sus pies. La cabeza de su padre miraba hacia el frente, la sangre brotando de sus cuencas vacías. Los codos y las rodillas estrellados de forma antinatural contra el suelo. Lo había desnudado. Y tenía su piel pálida y fúnebre reslatando sobre la moqueta roja.
Intentó que su repugnación y horror. Su desesperación. Su tristeza. Su ira. No se reflejara en su rostro.
-¿Qué le has hecho a padre? -Preguntó en tono calmado.
-Quería que matara a Lily Luna Potter bajo sus propios términos -Su hermano chasqueó la lengua. Movió sus botas sobre el cuerpo sin vida de su padre y sonrió orgulloso. -Desde ahora en adelante, el que manda soy yo -Anunció. Ni siquiera se dignó a mirarla. -Solo queda el abuelo y nosotros dos, Zoe -Recordó. -Y sabes tan bien como yo que Graham no durará mucho más -Le ofeció una sonrisa macabra.
Zoe tragó saliva. Saber que los últimos McOrez que quedaban eran su hermano y su abuelo no era un consuelo. Todo lo contrario: era peligroso para todos. Para el Ojo. Tristán podría haber sido un despiadado asesino, pero actuaba con lógica y raciocinio. Y Cayo, su padre, había sido el que ponía los pies en la tierra a todos sus familiares. Era la templanza en una crueldad desatada. Su abuelo y su hermano eran los impredicibles. Cuyos impulsos no atendían a ninguna coherencia.
Los McOrez podrían extinguirse si al Señor no le convenía tanto albeldrío.
-¿Y qué vas a hacer con Potter?
Una de las cosas que preocupaban a Zoe McOrez era un enfrentamiento entre Lupin y su hermano. Porque Graham McOrez y el Ojo, por entonces, protegerían a Lupin y su conocimiento. Y, además, porque Lupin era más poderoso que su hermano. Lo había visto entrenar. No dudaba que había sido ella quien le había enseñado a aquel muchacho a luchar. Tenía la misma fortaleza, templanza y sagacidad que ella veía necesarios en la batalla. Y lo desempeñaba de manera sublime. No era incontrolable y desatado como su hermano. No se dejaba llevar por su ambición. Lupin podría cebarle con palabras. Manipularle. Y hacerle cometer un error letal. Porque ella se lo habría enseñado. Había creado, en un futuro, a un asesino perfecto para su hermano. Porque cada vez que ella luchaba, cada vez que entranaba aquellas últimas veces, se preparaba también para un posible enfrentamiento contra Frank McOrez.
Si alguna vez su hermano sentía que ella era una amenaza, no dudaría en matarla. Esa admiración hacia a ella que una vez sintió, había desaparecido por completo. La trataba como si fuera una súbidta más. Había tratado de experimentar con ella como con el resto de chicas con Amortencia. Decía que quería probar si una mujer tan resistente como ella, podría caer también en ese hechizo. Había jugado con ella. Porque ella quería ser resistente. Porque no había manera de que cayera en un hechizo de amor contra su propio hermano, cuando ni siquiera se sentía atraída por los hombres. Y, en cambio, cayó. Intuía que los jóvenes del Ojo habrían visto algo.
La había manipulado. Igual que habría manipulado a su padre antes de matarle. Tragó saliva. No era un santo, pero era su padre.
-Cumpliré mi profecía, hermanita -Sentenció Frank McOrez. -El poder del amor… Es muy poderoso. Solo tengo que enamorar a Lily Potter… Y después matarla. Ya está.
No. No estaba. Remus Lupin lo había explicado varias veces. Lily Luna Potter no era la muchacha de aquella profecía por un sinfín de razones. Incluso cuando Lupin pudiera estar protegiéndola por cualquier motivo -pues aún no se explicaba por qué motivo Lupin la besó en la Caída de Londres.
-Tú también debes enamorarte de ella, según la profecía -Recordó, intentando evitar el cadáver de su padre.
-Lo haré -Dijo encogiéndose de hombros.
Su hermano no lo conseguiría. Era incapaz de amar. El amor era un poder que no podía fingirse. No era como lanzar un Patronus. El amor era una fuerza que nacía de la pureza, no de una pócima oscura. Se volvería demente -aún más- si no lo conseguía.
No quiso mostrar un atisbo de duda.
Por lo que decidió marcharse de allí.
Ni siquiera avisaría a su abuelo de que su nieto había matado a su primogénito. De que Lucius Malfoy estaba más cerca de cumplir con su objetivo de lo que creían. De que Loring ya no tenía hermanastros que le frenaran en su búsqueda de poder. De que Frank McOrez iba a entorpecer los planes del Ojo. De que los McOrez podían desaparecer.
Porque, después de todo, seguiría protegiendo a su hermano pequeño.
Aceleró sus pasos hacia el jardín. Era la hora en la que su madre solía pasear por las galerías verdes. La encontró descansando los pies en un banco de mármol. No le dijo nada, pero Pansy McOrez-Parkinson vio en los ojos de su hija el miedo, la despeseración y la derrota. Tuvo que verlo. Era su madre. La conocía mejor que nadie.
-¿Qué ha hecho?
Ella negó con la cabeza.
-Debe marcharse, madre -Le rogó en voz baja.
Su hermano estaría celebrando que había asesinado a su propio padre, pero no tardaría en darse cuenta de que había una cabeza matriarcal sobre la casa a la que debía responder aún.
Le sonrió con tristeza.
-No podrás salvarlo, pequeña -Le acarició la barabilla. Su madre siempre la trataba como si fuera delicada. La había querido como ninguna otra persona en el mundo lo hacía. Solo Frank McOrez sabía aquello. Pero Pansy era su debilidad. Y si su hermano había matado a su padre, debía ponerla a salvo. -Habrá un momento en el que tengas que decidir entre su vida y la tuya -Le advirtió. -Los dos sois mis hijos -Suspiró. -Pero debes ponerte a salvo de él -Le pidió. -Mi niña, sé que serás una gran bruja -Le sonrió. -Siempre lo he sabido.
-Madre, tiene que irse -Insistió Zoe, dejando ver su desesperación en su tono de voz vibrante. -Váyase lejos de aquí y no vuelva hasta que todo esto acabe.
Su madre sacudió la cabeza.
-No puedo hacerte eso, Zoe -Agarró a su hija de las muñecas. -No puedo dejarte sola…
-Madre, siempre he estado sola -Espetó. -Usted solo venía a curar las heridas de los entrenamientos… Nunca las evitó -La culpa cruzó por el rostro de Pansy. -Si quiere protegerme, váyase… ¡Márchese! ¡Frank creerá que me quiere poner en su contra!
La vio cómo intentaba controlar que sus labios dejaran de temblar. Su madre siempre había sido una cobarde. Siempre había estado detrás de los horrores a los que le sometían su familia. Y nunca lo había evitado. Más siempre intentaba sanarlos.
-Recuerda cómo te llamas y lucha por ello -Le dijo su madre.
Zoe respiró profundamente. Su nombre, en griego, significaba "vida".
Su madre le pedía que luchara por su vida.
Una pena que hubiera jurado dar su nombre por la causa.
-Dale recuerdos al Señor de mi parte, madre -Pidió Zoe McOreZ. -Aún está rehacio a admitir que Lupin anunció que yo sería su mano derecha en el futuro…
-Oh, sabes cómo es Mordred, cariño -Recordó su madre. -Las mujeres oscuras siempre han tendido a traicionarle al final del día.
Zoe McOrez sonrió con suficiencia.
-Eso es porque teme a las mujeres -Concedió. -Por suerte, no tendremos que responder a él cuando su madre regrese.
Zoe sintió la brisa sobre su rostro cuando su madre desapareció. Siguió sonriendo pese a la trágica noticia del asesinato de su padre. Siguió sonriendo porque sabía que todo su sufrimiento llegaría a su fin cuando Morgana regresara. Cuando se arrodillara ante ella y le jurara libertad tal y como soñaba desde que tenía conciencia. Dejaría de acatar órdenes de hombres egocéntricos y megalómanos comos su padre, su hermano, su abuelo o el Señor.
Con Morgana vencerían. Conocerían la gloria con ella.
Nota del autor:
¡Y llegamos al fin de la quinta parada en esta historia!
Espero, de todo corazón, que os haya gustando y que mis misterios y aventuras os sigan intrigando. Un gran gracias a mi leal comentarista (hats off) y a aquellos/as que, de vez en cuando, me dejan ver sus palabras.
Ahora a lo que os interesa:
La sexta entrega tardará aún en llegar (¿un mes? o ¿dos?). No obstante, la historia no se queda vacía... Sino que seguiré escribiendo en un spin-off que rellenará misterios que se han ido viendo a lo largo de la saga y que anunciará un par de cosas que tardaréis en saber de no leerlo. Se ambienta hace 20 años o así y la personaje principal es Penélope Brooks... Pero no solo va a ir de ella... Van a salir cosas que quizás no os esperáis y que completan la historia.
Este es el enlace (¡ya hay un capítulo publicado!): https://www.potterfics.com/historias/196150
¡Nos vemos allí!
Un abrazo muy fuerte
Carax