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La Tercera Generación de Hogwarts — capítulo 3

Tomar al lobo por las orejas

Capítulo 2: La bienvenida

La enorme puerta se abrió de inmediato. Un mago alto, de cabello negro y una túnica del color del vino, esperaba allí. Tenía un rostro afable y sonreía a todos sus estudiantes con la seguridad de que aquel día sería el que marcaría sus vidas para siempre.

-Los de primer año, profesor Longbotton -dijo Hagrid.

-Muchas gracias, Hagrid. Yo los llevaré desde aquí.

Rose Weasley observó cómo su primo Albus Potter le daba un codazo a Alice Longbotton. Seguramente habría hecho alguna gracia relativa al parentesco entre profesor y alumna: padre e hija. Solo aquellos que realmente conocían la relación lo dirían, ya que la hija no había heredado ninguno de los atributos por los que el noble Neville Longbotton era conocido. Muchos decían que era adoptada.

El padre de su amiga abrió la puerta. El vestíbulo de entrada era tan grande que hubieran podido meter toda la Madriguera en él. Las paredes de piedra estaban iluminadas con resplandecientes antorchas como todas las que iluminaban algunas de las instituciones mágicas. El techo era tan alto que se perdía en la oscuridad. Frente a ellos, una magnífica escalera de mármol conducía a los pisos superiores.

Siguieron a la profesora McGonagall a través de un camino señalado ene l suelo de piedra. Rose podía oír el ruido de cientos de voces, que salían de un gran portón a la derecha, pero Neville Longbotton los llevó a un lado del vestíbulo. Se reunieron allí mirando con nerviosismo a su alrededor.

-Bienvenidos a Hogwarts-anunció el profesor Longbotton-. El banquete de comienzo de año se celebrará dentro de poco y, antes de que ocupéis vuestros lugares en el Gran Comedor, deberéis ser seleccionados para la Casa a la que estáis destinados.

-¿Crees que me cogerán en Hufflepuff?- preguntó en voz baja Alice Longbotton a Rose Weasley, la cual pareció levemente irritada al tener que desatender las instrucciones del profesor.

-¿Por qué no Gryffindor?- inquirió extrañada.

-Creía que tú eras valiente, Longbotton.- comentó Albus por lo bajini.

-Cállate, serpiente- contestó de mala manera Alice, aludiendo al posible destino del primo de su amiga.

-Te recuerdo que tú también puedes serlo- añadió Albus antes de que Scorpius y Rose le mandasen callar.

-La Selección es una ceremonia muy importante: las Casas en las que seáis elegidos serán vuestra familia en Hogwarts. Tendréis clases con el resto de la casa que os toque, dormiréis en los dormitorios de vuestras casas y pasaréis el tiempo libre en la Sala Común de éstas -Rose sonrió inconscientemente, imaginándose con el uniforme de Gryffindor.- Las cuatro Casas se llaman Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw y Slytherin. Cada Casa tiene su propia noble historia y cada uno ha producido notables brujas y magos. Mientras estéis en Hogwarts, vuestros triunfos conseguirán que las Casas ganen puntos, mientras que cualquier infracción de las reglas hará que los pierdan. Al finalizar el año, la Casa que obtenga más puntos será premiada con la Copa de la Casa, un gran honor. Espero que todos vosotros os convirtáis en el orgullo de la Casa que os toque.

-Seguro que sí-resopló Scorpius.

Rose le miró atentamente. Mientras que ella sabía con certeza que estaba destinada a la Casa de Gryffindor, ¿tendría él la misma seguridad con Slytherin? Era un Malfoy. No podía ir a ninguna otra Casa. ¿Acaso juntarse con ellos le estaba suponiendo ser repudiado por los demás? Definitivamente aquella era la respuesta.

-La Ceremonia de Selección tendrá lugar dentro de unos pocos minutos delante del resto de alumnos y profesores. Os sugiero que, mientras esperáis, os arregléis lo mejor posible.

-Lo dice por los pelos que llevas, Weasley -se rio un muchacho detrás de ella, que parecía haberla reconocido por el color distintivo que marcaba a toda su familia.

Se giró rápidamente para propinarle un guantazo, pero su amiga Alice le sujetó fuertemente la muñeca para que se controlara. Había reconocido la voz: Peter Greenwood, el hijo mago de los vecinos de sus abuelos maternos. Durante los últimos tres días, le había resultado una pesadilla, ya que sus padres eran muggles y no tenían constancia del mundo mágico. Por supuesto, Hermione Weasley se había ofrecido voluntaria -o más bien a su hija- para hacer de buena samaritana. Sus buenas intenciones no contaban con que aquel niño de ojos azules fuera un desagradecido que no dejaba de insultar y reírse de todo lo que veía.

El muchacho se acercó al improvisado grupo de cuatro que se habían juntado desde que se montaron en el bote.

-¿Cómo se las arreglan exactamente para seleccionarnos?- preguntó mirando a Neville Longbotton.

-Creo que es una especie de prueba. -mintió descaradamente Rose. -Dicen que es muy dolorosa...

Entonces, sucedió algo que hizo saltar a Peter Greenwood en el aire. Muchos de los que estaban atrás se agitaron y algunos incluso gritaron horrorizados.

-¿Qué cojones...?

Rose Weasley rio con suficiencia mientras una veintena de fantasmas pasaban por las paredes, con sus colores grisáceos brillantes y ligeramente transparentes, se deslizaban por encima de sus cabezas, casi sin percatarse de que estaban allí.

Casi no les dio tiempo de escuchar qué decían.

-Ahora, formad una hilera -ordenó la profesora a los de primer año- y seguidme.

Conlaextrañasensacióndeincertidumbre que rara vez sentía, Rose sepusodetrásdeScorpius,conAlbustrasella. Salierondelahabitación, volvieronacruzarelvestíbulo,pasaronporunaspuertasdobles yentraronen el Gran Comedor.

Lo que ella siempre había imaginado distaba muy lejos de aquel lugartanextrañoyespléndido.Estaba iluminadopormilesymilesdevelas,queflotabanenelairesobrecuatro grandesmesas,dondelosdemásestudiantesya estabansentados.Enlas mesashabíaplatos,cubiertosycopasdeoro.Podía ver numerosas caras conocidas: su prima Victoire en el último año saludando educadamente desde la mesa de los leones, sus primas Molly, en Ravenclaw, y Dominique, en Gryffindor, en quinto; sus primos Roxanne por un lado y Louis y Lucy que cursaban cuarto, y, por último, sus primos James y Fred. Sin contar a Molly, el resto de Weasley pertenecía a la Casa Gryffindor. Como los dos que estaban por llegar.

Enunatarima,enlacabecera delcomedor,habíaotragranmesa,dondesesentabanlosprofesores.El profesor Nevillecondujoallíalosalumnosdeprimerañoyloshizo deteneryformarunafiladelantedelosotrosalumnos, conlosprofesoresasusespaldas.Los cientosderostrosque losmirabanparecíanpálidaslinternas bajolaluzbrillantedelasvelas. Situadosentrelosestudiantes,losfantasmasteníanunneblinosobrilloplateado.Paraevitartodaslasmiradas,Roselevantólavistayviountecho deterciopelonegro,salpicadodeestrellas.

-Esunhechizoparaqueparezcacomoelcielodefuera,loleíenla historia de Hogwarts- oyó susurrar a Scorpius.

EradifícilcreerqueallíhubieratechoyqueelGranComedornoseabrieradirectamente a los cielos.

Rosebajólavistarápidamente,mientrasel profesor Longbottonponíaensilenciountaburetedecuatropatasfrentealosdeprimeraño.Encimadeltaburetepusounsombreropuntiagudodemago.Elsombreroestabaremendado, raído y muy sucio. Le picaba la cabeza solo de pensar si alguna vez en la historia se había lavado. O lo que era peor, si alguien había de aquellos individuos que irían por orden alfabético antes que ella -siendo ella de las últimas por tener su apellido la v doble-, tendría piojos.

Duranteunos pocossegundos,sehizounsilenciocompleto.Entonceselsombrerosemovió.Unarasgaduracercadelbordeseabrió,anchacomounaboca,yelsombrerocomenzó a cantar su canción.

Tras presentarse en versos, todo el Comedor estalló en aplausos cuando el sombrero terminó su canción. Éste se inclinó hacia las cuatro mesas y se quedó rígido otra vez. El profesor Neville se adelantó con un gran rollo de pergamino.

-Cuando yo os llame, deberéis poneros el sombrero y sentaros en el taburete para que os seleccionen -dijo- ¡Arun, Kala!

Una niña de rasgos hindúes salió de la fila, se puso el sombrero, que la tapó hasta los ojos, y se sentó. Un momento de pausa.

-¡HUFFLEPUFF!- gritó el sombrero.

-Bennett, Patrick

-¡RAVENCLAW¡- gritó otra vez el sombrero, y Patrick se apresuró a sentarse con una mesa de color azul y bronce que le recibía entre gritos de victoria.

-Coleman, Bárbara.

-¡GRYFFINDOR¡- y Bárbara se sentó al lado de James, en el sitio que este había reservado para su hermano.

-Driggs, Renata.

-¡SLYTHERIN¡- la mesa perteneciente a esta Casa estalló en aplausos y recibiendo a Renata.

Scorpius se aclaró la garganta y dijo en voz baja para que lo escuchara Rose Weasley:

-Toda su familia siempre ha sido Slytherin. Todos lo esperaban.

Rose se acordó de que la situación de su primo, él y ella era exactamente la misma. Todos esperaban que los hijos de los héroes fuesen a Gryffindor y que el Malfoy se quedase con su séquito de serpientes.

Giers, Paul fue a Ravenclaw, pero Greenwood, Peter resultó el primer nuevo Gryffindor, en la mesa más alejada de la izquierda, que estalló en vivas. Rose no se podía creer que aquel inconsciente muggle tuviese aquel honor.

-¡Longbottom, Alice!- la llamó su padre. Rose le dio un apretón de manos cuando la joven salió de la fila para conocer su destino.

Se hizo un silencio bastante prolongado. Su amiga estaba cerrando los ojos con fuerza y parecía estar a punto de echarse a llorar.

-¡SLYTHERIN!- gritó el Sombrero ante el estupor de todos los presentes.

A Rose no le dio tiempo a estar demasiado tiempo con la boca literalmente abierta porque enseguida llamaron a otro niño al taburete.

-¡Malfoy, Scorpius!

Todos los ojos que se habían abierto como platos en el Gran Comedor y que interrumpieron los aplausos y vítores, se posaron en Malfoy con cierta curiosidad. Rose sabía que después de lo de Alice... ¿Todo podía pasar?

-¡GRYFFINDOR!- dijo el sombrero, ante la expectación de alumnos y profesores. Y probablemente del resto del mundo cuando se enterase de semejante noticia.

Rose se puso nerviosa. Su determinación se había esfumado por completo. Contempló cómo Scorpius no era bien recibido entre sus compañeros de mesa. Se sentó al lado de Peter Greenwood, quien le miró con cierto escepticismo... Incluso si no conocías la historia de la Magia, se podía notar la tensión en el ambiente.

Fue James Sirius Potter el primero en abuchear su presencia. Rose, instintivamente, miró a Albus. Éste estaba dando brincos de lo nervioso que estaba.

Ya mismo era el turno de su primo. McMillan... Nun... Perks....y, finalmente:

-Potter, Albus Severus-

Mientras su primo se adelantaba, los murmullos se extendieron súbitamente como fuegos artificiales y en seguida su nombre fue vitoreado.

-¡Slytherin!

Nadie tuvo tiempo de para la euforia que su presencia había causado. Los aplausos se confundieron al oír aquello y poco a poco cesaron. Se produjo un silencio lo suficientemente incómodo como para que Neville Longbotton tomase la palabra:

-Seguimos con la Selección, alumnos. -pidió.

Rose observó cómo todos sus primos, incluida ella, se habían quedado boquiabiertos. ¿Qué acababa de pasar? Pudo ver cómo Albus se sentó rápidamente al lado de Alice y era mirado inquisitivamente por todos y cada uno de los miembros de la Casa Slytherin.

Rose resopló.

Reagan... Torrance...

-¡Weasley, Rose!

Rose Weasley cruzó los dedos y se enfrentó a su destino.

-¡Dios mío! Os reproducís como las ratas...En Gryffindor, ¿eh?- dijo la vocecita -¿Estás segura? Tienes un gran potencial y hay otras Casas que admirarían ese cerebro tuyo. No hay dudas, ¿verdad? Bueno, si estás segura, mejor que seas ¡GRYFFINDOR!

Rose oyó al sombrero gritar la última palabra a todo el Gran Comedor. Se quitó el sombrero y anduvo, algo mareada, hacia la mesa de los leones. Estaba tan aliviada de que la hubiera elegido y que, al menos ella, cumpliera con lo esperado, que casi no se dio cuenta de que recibía los saludos más calurosos hasta el momento.

-Bien hecho, Rose, excelente -dijo pomposamente y con cierta teatralidad James Potter, por encima de Harry.

El profesor Neville enrolló el pergamino y se llevó al Sombrero Seleccionador.

Rose miró hacia la mesa de los Slytherin. Albus le devolvió la mirada con cierta seguridad en sí mismo que sorprendió a Rose tanto como la idéntica mirada que le dirigía Scorpius Malfoy. ¿Y si se habían puesto de acuerdo para cambiarse los papeles?

Una nueva generación que cambiaba todos los esquemas estaba a punto de conocer cuáles serían sus batallas.

Rose Weasley miró su plato de oro vacío.

Acababa de darse cuenta de lo hambrienta que estaba. La mitad del carrito de las golosinas que se había zampado se le antojaba cosa del pasado.

-Antes de que al señor James Sirius Potter se le ocurra arruinar nuestro banquete con algún producto de su tío George... Me gustaría dirigiros unas palabras.

Y así fue como la figura autoritaria de Minerva McGonagall comenzó el discurso que había tomado de los primeros años de Albus Dumbledure.