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Hija del Sol — capítulo 10
Andrea no sabía dónde estaba.
No sabía cuánto llevaba en aquel lugar.
Se sentía tonta y era lo que menos solía sentirse siendo una hija de Atenea. También se sentía muy confundida porque no recordaba exactamente dónde había estado antes de aquel lugar, sólo recordaba el campamento, la cena y hablar con sus hermanos y algunos amigos, luego todo era un borrón de imágenes y ruidos hasta aquella gran oscuridad.
Aquella gran oscuridad era también fría y húmeda, se sentía como si fuera concreto pero no había podido comprobarlo realmente porque la única luz era la del rectángulo por el cual cada cierto tiempo deslizaban comida que no comía y agua que no bebía, había aprendido a no hacerlo luego de que por probar lo primero que le habían dado hubiera caído inconsciente para luego despertar en la gran oscuridad con vendas en los brazos, sabía que eran vendas sin verlas porque su madrastra era enfermera y de niña solía ir al hospital luego de la escuela.
Suspiró y desde su rincón vio como el rectángulo de luz aparecía en algún lado de la habitación, recogiendo la anterior bandeja con comida y algo de beber para dejar una nueva con lo mismo, se preguntaba si llegarían a cansarse de dejar comida que ella no comería y también se preguntaba cuánto más duraría viva, no sólo sin comer ni beber sino con todo el resto y también porque no sabía cuánto llevaba allí ni cuánto más iba a estar.
Por otro lado Mackenzie miraba a la chica en la pantalla del ordenador, había sido fantástico utilizar las cámaras nocturnas y las infrarrojas porque podía ver todo y si no podía tener el control de algo más, se conformaba con esa pequeña habitación y la chica en su interior.
-¿Cuánto más vamos a dejarle creer que tiene el control al no comer o beber nada?- le preguntó al hombre junto a ella. -No lo sé, hay que esperar las órdenes del general. -¿Vika?- le miró con una ceja alzada. -No, señorita Maks, el general, el cerebro de todo, el que nos salvará- dijo con admiración, ella solo rodó los ojos, le molestaba tanto fanatismo allí y definitivamente le hacía preguntarse cómo su hermana había elegido aquella organización secreta para intercambiar recursos e información.
Un teléfono sonó, desde luego no era el de ella sino el del hombre vestido de azul, habló algunas cosas en un idioma que ella no conocía y luego pulsó un botón blanco cercano al ordenador en el que se veía la habitación.
Un humo blanco surgió de las paredes tapando por algunos minutos la imagen de la cámara de visión nocturna y cuando ella fue capaz de ver algo pudo ver a Andrea inconsciente en el suelo, era tan genial ver cómo había creído que sin comer o beber tenía el control de algo y ver cómo aquella ilusión se iba era aun más genial.
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La habitación era iluminada por un tenue rojo que provenía de las llamas de distintas velas esparcidas estratégicamente por el lugar, la decoración era en su mayoría oscura, negros, grises, morados y otros colores que no se distinguían muy bien.
En la gran cama que estaba en la mitad entre una pared y otra se encontraba una chica cuyo cabello se podía confundir con su vestido, tenía los ojos cerrados y su respiración era lenta, cualquiera la creería dormida aunque no era el caso.
Su mente estaba lejos, en otra mente buscando sembrar su semilla en una tercera víctima, esperando fuera exitosa y que las otras dos también lo fueran.
Maldijo no ser capaz de ver aquel árbol porque siempre sucedía todo en aquel mismo lugar, como si Amairani supiera de sus movimientos y quisiera joderla, aquello le molestaba aunque le molestaba más que hubiera la posibilidad de que esa odiosa diosa no hubiera planeado aquello. Miró a la chica sentada en el suelo, no miraba hacia un punto en el horizonte sino hacia el suelo, como si allí estuviesen todas las respuestas, se acercó a ella y se sentó a su lado.
Le habló, le habló y le habló, eso le causó sueño y aburrimiento a la chica que quería tirarse y dormir aunque claro, le parecía súper extraño tener sueño en un sueño. Lo de la chica era hablar y por ello mismo sabía reconocer las voces, los timbres, los tonos de maravilla, por lo que supo que ese tono tranquilo, amable y amistoso de la mujer era totalmente fingido, igual que esa estúpida sonrisa que le provocaba querer sacarle las cuerdas o alguna otra cosa violenta.
-Sabes que al final ella no ha dejado de quererlo- la mujer sopló y una imagen de Callie se formó en el aire pero ella no dejó de mirar al suelo, sí, no había nada especial a simple vista pero ella pensaba que aquella hierba parecía de esmeralda y definitivamente amaba piedras preciosas.
-¿Y?- se giró para mirar a la mujer con una ceja alzada, lo que Callie sintiera le traía sin cuidados.
-Y no va a dejar de intentar tenerlo ¿Por qué sino vendría? -Pues teniendo en cuenta que puedo hacer que se largue con solo hablarle... No me importa- dejó de mirar el suelo y se recostó en este, aquel definitivamente era su lugar favorito en el mundo de Morfeo. -Pero sería mucho desgaste, deberías conseguir algo que cambie eso, algo que puedas hacer que incluso tú decidas su pareja.
Ella frunció el ceño, la idea no le llamaba, en especial lo último porque creía en el amor y obligar a dos personas a estar juntas iba en contra de sus principios.
Bree no respondió más, se quedó en silencio mirando el cielo tan hermoso y oscuro que parecía de zafiro con estrellas de diamante, tanta belleza oculta del mundo y que debería seguir así porque no todos deberían ver.
-Britney- dijo la mujer ganándose una mala mirada de la chica- el sol sale y debo irme, piensa en mi propuesta y que juntas podríamos ganar y solucionar muchas cosas, pero recuerda- le tocó la mejilla y luego los labios- no digas nada de esto a nadie que no sea de tu entera confianza, porque podría delatarte, en cambio si confías plenamente puede ayudarte.
Se levantó cuando el sol apenas salía y con cuidado de no despertar a Jasper se levantó como si fuera un día entre semana y quisiera ir a una fiesta a media noche. Tomó su mochila y caminó al baño para ducharse.
En el baño se miró al espejo y suspiró a su reflejo. Estaban en Ontario pero la habitación y el baño eran tan iguales a Cleveland que parecía que siguieran allí.
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Cuando la imagen de Emma desapareció, Ed abrió la puerta del baño y salió tranquilo, como si no hubiese sacado a todos de aquel baño público sin razón alguna y de un momento a otro. Mar y Nikolai le esperaban en una de las bancas cercanas esperando que diera una hora realmente cercana a su vuelo, nadie decía nada y todos buscaban ver la hora de forma u otra.
Ed pensaba en el dinero que habían gastado y que ellos debían pagarle, claro que todo fuera por ir con su hermana y salvarle del traidor o traidora; entre los tres él era de hecho el que más pensaba, algo irónico teniendo en cuenta la fama que tenían los hijos de Afrodita, de hecho su interrogante más grande era por qué Mar les acompañaba.