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Hija del Sol — capítulo 6

Cada vez que cerraba los ojos e intentaba dormir las sombras comenzaban a moversen en sigilosos círculos, tratando todo a su paso e intentando envolverla para arrastrarla a algún lugar desconocido, entonces alarmada los abría de inmediato y se sentaba en la cama, observaba a todos dormir en paz, suspiraba silenciosamente y se preguntaba por qué de todos ella era la que sentía la oscuridad de la misión, el poder que llamaba y quería ser adquirido, el deseo de traición a un grupo de desconocidos.

Amairani le había dicho que debía ser fuerte, que ella era fuerte, que por eso tenía la marca de la sombra, que nunca buscaba un huésped débil porque le gustaba el reto y que quienes resistían a tal tentación ya tenían un boleto a los elíseos.

Terminó rindiéndose, estaba muy segura de que no pegaría ojo en toda la noche así que se levantó con cuidado y tomó los lentes de la esquina de la cama, luego salió de la cabaña y se transportó por las sombras hasta la playa, porque aunque en sus sueños las sombras la acechaban y aquello le asustaba, le asustaba porque no podía ejercer ningún control sobre estas, en cambio las que usaba para transportarse o esconderse podían ser fácilmente controladas por ella y eso la hacía sentirse segura.

En la playa estaba sentado un chico, miraba el horizonte como si añorara algo, eso se le hizo muy, muy, muy cliché, pero aun así se acercó.

-Hey- dijo sentándose junto a él. -Hey- respondió volteando a mirarla con aquellos ojos verdes rodeados de rojo.

Ella quiso decir algo pero nada salió, cuando alguien llora ¿Le preguntas la razón o dejas que decida si quiere contártelo? Y es que ella no era una excluida social pero tampoco era muy fan de entablar largas conversaciones, en el instituto le bastaban con las formales y de no más de diez palabras.

-No tienes que decir nada, de hecho agradecería eso- dijo él volviendo a mirar hacia el agua.

-¿Es algo del orgullo de los chicos? Él rió y negó con la cabeza- Nah, es algo para evitar incomodidades, ya sabes, tú diciendo algo reconfortante, yo siendo abierto con alguien distinto a mi hermana. -Un beneficio mutuo. -Exacto- la miró nuevamente con una encantadora sonrisa ladina. -Me gusta, pero no tu sonrisa- era mentira, mientras más se fijaba en él más apuesto lo encontraba y con esa sonrisa seguro tenía un ejército tras él. -Ah ¿No?- alzó una ceja. -No- negó con una pequeña sonrisa y rodó los ojos.

Él no dijo nada más y ella tampoco, sólo se hicieron compañía el uno al otro en una noche en la que ninguno podía dormir, después hablaron por ratos hasta que la luz del sol salió y se levantaron de la arena sabiendo qué seguía.

La misión comenzaría.

----*

Tenía la mejilla apoyada en la palma de la mano y el codo sobre la mesa, sus ojos casi se cerraban del sueño mientras los otros discutían sobre la misión, ella creía que podían simplemente largarse pero por lo visto no tenían ni idea de hacia a dónde, las sombras no estaban tras ella por lo que la idea de dormir se le hacía demasiado tentadora, de hecho las voces de sus compañeros le sonaban cada vez más lejanas.

-¡Que no sé!- gritó Bree interrumpiendo el inicio del sueño de Emma, los espirales había estado girando con calma y ya iban a mostrarle una imagen ¿Qué sería? -¡Necesitamos un jodido lugar!- siguió Sophie.

-¿Y cómo crees que funcionan las cosas? ¿Crees que me miro al espejo y digo "espejito, espejito en mi mano o en la pared ¿Me darás un lugar al que llegar??"- la castaña se había levantado de su silla.

Emma rodó los ojos y bufó ¿No podía ser Bree tan encantadora como su hermano? y ¿ Podía Sophie al menos intentar controlar ese mal humor tan típico en los de Ares? 

-Claro que sí, es algo tan típico en los de Afrodita- soltó seca, vale, ese tono parecía tener un fondo mayor a una mera impaciencia. -El que unos sean de una manera no significa que el resto también, eso es una falacia- dijo sentándose en un sofá mientras observaba la brújula en su brazo.

-¿Si quiera sabes qué es eso?

-Sip, sé qué es- dijo sin mucha atención.

Sophie rió y Jasper normalmente impasible frunció el ceño, él muy bien sabía lo capaz que era la hija de Afrodita, de hecho Emma también lo sabía, ya sabes, cuando tu primo favorito te cuenta sobre su chica aunque normalmente no te interese realmente, lo escuchas.

La hija de Ares iba a decir algo pero Emma la cortó, su sueño tristemente ya había sido estropeado- Devorarnos entre nosotros no va a solucionar nada, de hecho creo que es lo que menos hará que la brújula nos muestre el camino- su voz aun sonaba algo adormilada pero tenía la misma autoridad que el día anterior. -¿Y quién eres tú? No te conocemos y ya te crees la líder. -Sé más de Amairani que tú, así que me encuentro en una mejor posición- dijo con calma, su dos manos estiradas sobre la mesa y su mirada en la rubia que negó con la cabeza y se levantó para ir hacia Bree. -Urie- dijo Sophie mirando a la castaña fijamente, pero la brújula giraba y la chica no podía evitar mirar, Emma se fijó, si la rubia se contenía pronto tendrían un lugar a ir.

-Callie- comenzó Emma. -No me hables. -Es mejor que dejes a Bree.  

 -Que no me hables. -Callie- dijo Eva. -¿Tú también? Te creí mi amiga. -Y yo te creo mi amiga, pero si quieres saber a donde vamos a ir, cállate, la brújula se está moviendo- dijo Eva con tanta calma y seriedad a la vez que la misma Emma no podría imitarla.  

Sophie frunció el ceño y miró a la hija de Afrodita que no dejaba de mirar la flecha de la brújula que giraba, se tragó las palabras y Emma habría querido reír pero para no generar otra discusión calló.

-Portland- dijo finalmente Bree con cierta alegría.

¡Hola!  Lo sé, nuevamente tarde y lo siento mucho, pero esta semana definitivamente no ha sido la mejor, aunque lo importante es que ya lo he subido ¿No? Ok, besos y abrazoa, AJ ¡Nos vemos el lunes!