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Historia 192918 — capítulo 9

Entrando en la casa miro a su familia.

−Como veis ya está terminada, aquí en el primer piso estará la cocina, el salón, el comedor, la despensa, y quedarían dos habitaciones vacías, ¿Quién las quiere?

−¿En serio tío? −Le pregunto Sara.

−Claro que si, ¿quieres algo?

−Me gustaría poner mi propio taller, un telar y un huso.

−Lo pondremos.

−Ohh gracias. −Y lo abrazo.

−Papa el otro nos gustaría tenerlo a nosotros. −Le dijo Mark. −Pondremos un taller de madera y cerámica.

−Para vosotros. −Y miro a los demás. −¿Qué os parece?

−Que se lo queden ellos, las cosas que hagan las venderemos en el mercado. −Le dijo su padre y miro a sus nietos. −Ahora os daremos dinero para que vayáis a comprar las cosas que necesitareis, un telar, un uso y las herramientas.

−Si abuelito. −Y los niños lo abrazaron.

−Mientras los niños van a comprar, nosotros iremos a mirar más animales. −Les dijo George. −Comprare más cabras y otros animales.

−Voy contigo. −Le dijo su mujer.

−Entonces nosotros iremos a comprar los muebles que nos faltan. −Les dijo Eric. −Y de paso vamos acomodando las nuevas habitaciones, como hay mas ya no tendréis que compartirlas, tendréis una cama, un arcón, un armario, una mesa y silla, una librería y un biombo.

−Ya no tendré que escuchar los ronquidos de mi prima. −Les dijo Hermione.

Ante eso Sara la miro indignada. −No ronco. −Y miro a su padre. −¿Papa puedo tener un tocador?

−Os pondremos uno en el cuarto de baño que hemos puesto nuevo, un espejo es caro para cada una.

−Con uno tengo suficiente. −Y lo abrazo. −Gracias.

−De nada, ahora vamos que hay mucho que comprar.

George les dio una bolsa de dinero. −Cuidado que hay 1000 monedas.

−Iremos con cuidado. −Le dijo su hijo. −Estaremos antes del anochecer.

−Os esperamos y cuida de tu hermana que aun tiene la pierna mal.

−La cuidare nos vemos. −Y se fueron.

Por la tarde-noche los niños volvían con un carro cargado, tras bajar las cosas pagaron al hombre que les había prestado el carro con el buey y metían las cosas en la casa.

−Ahora me falta la lana. -Les dijo Sara.

−Seguro que pronto la tienes.

−Eso espero. −Saliendo del taller vieron que los demás ya habían vuelto.

−¿Cómo os ha ido? −Les pregunto George.

−Muy bien. −Le dijo Mark. Ya lo tenemos todo. −Y le devolvió el dinero. −Aquí tienes lo que nos ha sobrado.

−Lo guardare, nosotros ya hemos traído los animales, en total unas 10 cabezas nuevas. −Y miro a su hermano. −¿Has comprado todo?

−Lo he hecho, mañana nos lo traerán en varios carros.

−Entonces hoy seguiremos durmiendo igual.

−Sí, ahora cenaremos. −Y se pusieron a cenar.

Al día siguiente, mientras todos trabajaban, George y Eric que habían pedido ese día de asuntos propios se dedicaron a colocar bien las habitaciones con los muebles nuevos que habían comprado.

Unas horas más tarde cuando la familia lo vio se emocionaron.

−Sara el sábado por la tarde que no trabajas iremos a mirar los tejidos para tu taller. −Le dijo su madre.

−Me gustaría lino o algodón.

−Esos dos tejidos están muy bien para tus vestidos, también miraremos donde teñir las telas.

−Gracias mami.

−Ya le he pedido a Jason lana. −Le dijo su padre. −El sábado traerá dos sacos.

−Gracias papa. −Le dijo Sara.

−Pronto serás una gran tejedora y tendrás cientos de clientes. −Le dijo Hermione.

−Aun me queda mucho y aunque me gusta trabajar en la tienda, allí solo se hacen los vestidos que la dueña quiere, quiero hacer mis propios diseños.

−Ahora lo podrás hacer. −Le dijo su padre.

−Si gracias. −Y feliz de tener ya su propio taller siguió cenando.

El sábado por la tarde Sara y su madre pasaban por la tienda de jabones donde trabajaba Hermione y la vieron saliendo.

−¿Herms porque sales tan temprano? −Le pregunto su tía.

−Mi jefa me ha dicho que me vaya a descansar, el lunes ya empiezo normal, esta semana me ha pagado cuatro monedas, lo entiendo solo he venido cuatro días y hoy salgo antes.

−No te preocupes ya no tienes las vendas y ya el lunes trabajaras todo el día, ¿quieres venir con nosotras?

−Si gracias, ¿habéis comprado ya todo?

−Hemos mirado lo del tintorero un taller nos tiñen las telas que nosotras queramos por un precio.

−¿Y es caro?

−No realmente, según el color y la tela puede costar desde las cinco monedas hasta las veinte.

−Yo lo veo barato. −Le dijo Hermione. −Además tú tienes mucho dinero ahorrado.

−Sí que lo tengo, me lo gastare en teñir mis telas.

−Niñas ahora iremos a mirar los tejidos.

−Si tía. −Y se fueron a mirar los tejidos, al final se quedaron algodón y lino, el terciopelo era demasiado caro y solo las nobles y gente rica lo podía comprar.

−Ya tienes tres tejidos. −Le dijo su madre.

−Si mama, ¿podemos ir a la tienda del puerto? Allí venden tejidos que aquí no se encuentran.

−Mejor vamos a la tienda principal. −Le dijo la mujer. −A estas horas solo hay gente de mal vivir.

−Mejor, lo que menos quiero es que nos acusen de algo.

−Por eso. −Y se fueron a la tejedora de la calle principal, en esa calle muchas cosas eran muy caras.

Entrando les saludaron.

−Buenos tardes. −Les saludaron. −¿Queréis un vestido?

−No gracias, queremos saber qué tipo de tejido usáis para vuestros vestidos.

−Los más baratos que usamos son el lino, el algodón y la lana, luego vendemos terciopelo y por último los más caros que tenemos es la seda y lana de camello.

−Tenemos un pequeño taller en casa ¿que nos recomiendas?

La mujer le sonrió. −Para el taller en casa que mucha gente tiene pues es más barato que un vestido comprado, les recomendamos usar el lino con el algodón para los meses de buen tiempo y el algodón y la lana para el invierno, la lana suelta pica así que os pasaríais todo el tiempo rascándoos.

−Lo haremos como nos has dicho muchas gracias.

−De nada, venir cuando queráis.

−Gracias. −Y despidiéndose salieron a la calle justo cuando vieron a unos soldados apresando a una chica.

−Por tus crímenes de yacer en cama ajena, se te condena a seis meses en prisión y si tienes un niño, será entregado a una familia donde no se le conocerá por tus vergüenzas. −Y se la llevaron esposada.

La gente que allí había no dijo nada, si alguien le ayudaba se le consideraba un crimen y pasaría el mismo tiempo o incluso más en prisión y la ciudad se enteraría y la familia podía terminar repudiada.

Que una mujer que no estaba casada se acostara con un hombre se consideraba un crimen, y si quedaba embarazada los separaban para que el bebe que era el inocente no cargara con los pecados de la madre.

El rey que sabía que había mujeres de la mala vida, había dejado el puerto para ellas, solo podían aparecer cuando el sol y las buenas familias ya estaban en sus casas.

Elisa se llevo a su hija y sobrina a su casa ya se estaba haciendo tarde y tenían que empezar a preparar la cena.

Al llegar vieron que ya los demás habían llegado y mientras cenaban les explicaron lo que habían comprado y los consejos que le habían dicho.

−Me alegro mucho que ya tengáis las cosas. −Les dijo Eric. −Mañana iremos a pescar al mar, James y Harry nos han dicho que vendrían.

−Llevare mi red. −Les dijo Hermione. −Espero pescar mucho.

−Seguro que sí, ya en el lago cogisteis muchas piezas.

−¿Cuándo volveremos a ir?

−Antes de que empiece el mal tiempo, así tendremos salmón ahumado para el invierno.

−Me gusta mucho.

−Lo sé. −Y sonriéndole volvió a su cena.

Al día siguiente tras desayunar se fueron al puerto y vieron que ya había gente.

−Herms ten mucho cuidado. −Le dijo su padre.

−Si papa, nos vemos luego, ahora me voy con Harry.

−Ves y diviértete.

−Sí. −Y diciéndole que luego lo vería cogió sus cosas y se fue a buscar a Harry.

Unas horas más tarde los cubos de Harry y Hermione ya tenían muchos peces, aunque tenían sus cañas, con la red iban más rápido.

−Ha picado. −Dijo de pronto Hermione estirando. −Y pesa mucho ayúdame.

−Sí. −Y dejando su caña, cogió la de su prima e intentaron sacarlo pero al final fueron ellos quienes terminaron en el agua.

No muy lejos un controlador los veía caer y acercándose les ayudo a volver a la barco y les ayudo con el pez.

Hermione que no había soltado la caña al ver que pez era miro a su primo. −Es un atún.

−Lo es, ya volveremos a la orilla.

−Sí, que me tengo que cambiar. −Y dándole las gracias al controlador volvieron al puerto.