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La diosa olvidada — capítulo 2
Eran las cuatro de la madrugada cuando todo pasó. Roman las había escuchado primero que todos, pero no dio aviso alguno. Se levantó, tomó su arco, flechas, ego y salió disparado al combate. Para bien o mal el sensible oído de Lander había percibido el crujir de las ramas bajo los pies de Roman y había advertido que algo andaba mal, nos despertó a los demás y nos incitó a coger las armas. Aún confundidos pero plenamente despiertos tomamos tantas armas como teníamos; nuestros sentidos ya estaban completamente alertas, y nos llegaban ecos de voces asfixiadas por la espesura del bosque y ramas que sucumbían ante el peso de varios cuerpos que se movían con rapidez. Desee llamar a Roman y advertirle que se mantuviera agazapado, como sentía que estaba, entre las ramas de algún árbol, sin duda esperando tener un buen ángulo para disparar.
Yo no dudaba de su talento para la arquería, sabía que podría acertar a su blanco, pero eso sólo haría que las demás criaturas fueran tras él y por muy rápido que este pudiera ser, algo me decía que esta vez se trataba de un grupo grande monstruos, pero ¿qué eran? Me temía que no podría saberlo hasta que los viera y tal vez ni así, parecía que cada vez que nos encontrábamos con monstruos estos debían ser de una nueva "raza", completamente desconocidos para nosotros y absolutamente letales. No podía negarlo, sentía un terrible miedo ante lo desconocido, pero no, no era por mi vida por la que temía o por lo terrible que pudiesen ser esos monstruos, ni siquiera por el hecho de que seguramente nos superaban en número.
La cusa de mi temor era, literalmente, una pequeña niña. Su nombre era Arya Richie, tenía apenas once años, era morena y delgada como sólo una púber podría serlo, su tez era trigueña y a simple vista lucia frágil e indefensa, sin embargo cuando gire mi cabeza para verla se encontraba ya completamente armada y con la determinación brillando en sus ojos. Maniobraba con la que era su arma favorita: una lanza, cuyo bronce celestial bajaba zigzagueando fundiéndose con la madera desde la punta hasta el final del cuerpo de la misma. Sus movimientos eran más de calentamiento que otra cosa, pero la conocía lo suficiente como para notar el temblor de su mano en cada giro que le daba al arma. Maldije el destino que nos había tocado. Era tan sólo una niña y tenía que comportarse como un adulto, uno que estaba siempre corriendo para salvar su vida. Mientras otras niñas de su edad jugaban con muñecas ella había tenido que aprender a manejar la lanza y empuñar una espada. Esta no era la vida que ella merecía y temía que jamás pudiera conocer otra que no fuera esta.
— ¿Estás lista? —dijo ella sintiendo el peso de mi mirada. Asentí y mire a los chicos que también indicaron que estaban listos.
En total, éramos un grupo de cinco mestizos. En un comienzo solo estábamos Arya y yo, después se nos unieron Lander Jackson, Roman Bachelard y finalmente Chris Blume. Con Roman y Lander llevábamos casi tres años, Chris era nuestro miembro más reciente, pero aún así los cinco nos teníamos gran cariño y estábamos tan unidos como sólo la supervivencia podía unir a un grupo de extraños completamente diferentes. No podía negar que cada cuando había discusiones y problemas, pero si estaba segura que a nadie se le había pasado por la cabeza abandonar a Roman. Con una última ronda de miradas y sin más que decirnos nos echamos a andar.
No estábamos completamente seguros de hacía donde había ido Roman, pero supusimos que había seguido las voces, ahora risas, que parecían inundar todo el bosque, pero que se intensificaban y concentraban a medida que nos adentrábamos en las profundidades de esté. Anduvimos tan rápido como podíamos cargados con las armas y tratando de no hacer demasiado ruido, pero era pleno otoño y había hojas secas y ramas cubriendo la mayoría del suelo, lo cual no ayudaba a mantener nuestra discreción. Trotamos algunos metros más hasta que Lander nos detuvo.
—Algo no me gusta de esto, las voces vienen de todas direcciones, no sabemos a dónde estamos yendo —dijo y en su cara se dibujaba aquella expresión tan suya de raciocinio.
—Entonces, ¿qué propones? —preguntó Arya.
—Hubiera propuesto que exploráramos un poco la zona y comprobáramos cuántos y cuáles eran las intenciones de los monstruos, pero Roman ya se ha adelantando y seguro atacara sin pensarlo —El resentimiento en la voz de Lander era algo que no se podía ocultar, no es que él odiará a Roman, o viceversa, simplemente no se entendían. O eso queríamos creer todos.
—Tal vez sólo este observando para venir a informarnos —ofreció Chris. Él era el más nuevo, apenas lleva tres meses con nosotros, pero ya había trabado gran amistad con Roman; él no pretendía defenderlo sin embargo, pero tampoco lo conocía tan bien como nosotros.
Desde luego Arya, Lander y yo sabíamos que en cuanto tuviera la oportunidad descargaría una lluvia de flechas sobre los monstruos. Podríamos tener suerte y que fueran amigables o tuvieran una dieta vegetaría de semidioses, pero tal cual Katniss, la suerte nunca estaba de nuestra parte. Lo más seguro era que serían monstruos feroces y gigantes que estuvieran hambrientos de semidioses como el ciclope Polifemo. Discutimos un poco más antes de acordar encontrar a Roman y si era posible evitar una pelea, volveríamos a nuestro campamento improvisado y luego huiríamos a otra ubicación. Era un plan bastante decente con pocas posibilidades de muerte dolorosa, pero si podría o no llevarse a cabo era la cuestión.
Durante más de cinco minutos continuamos adentrándonos al bosque, las risas se hacían cada vez más fuertes y curiosamente sonaban humanas y femeninas. Lentamente comenzamos a relajarnos. Tal vez simplemente era algún grupo de exploradoras perdidas o chicas universitarias teniendo una gran fiesta y quizá por eso Roman seguía sin volver, espiándolas cual violar del bosque. Sin embargo las posibilidades de que un grupo de universitarias tuvieran una fiesta en medio del bosque, en pleno otoño cuando el frio ya comenzaba a hacerse presente y que además fueran lo bastante escandalosas para que en todo el lugar se escucharan sus voces, bueno eran realmente pocas. Por otro lado este sitio en particular era extraño no me daba buena espina, algo en el, o el mismo, me hacía sentir oprimida, como si nos estuvieran constantemente vigilando.
Quizá simplemente era mi paranoia o como nos había mencionado el padre de Roman hacia ya más de ocho meses: "los dioses siempre estamos observando, no están solos". Sé que él lo decía para tranquilizarnos, como una forma de hacernos sentir menos solos, pero, ¡vamos! ¿Quién podría ducharse a gusto sabiendo que los dioses siempre podrían estar echando un ojo? Por cierto que el padre de Roman era nada más y nada menos que: Apolo, el dios de casi todo. Se había presentado ante nosotros de una forma impresionante. Era un joven adulto, en los finales de sus 20, parecía más el hermano mayor de Roman que su padre, llevaba el cabello recortado a la moda y era incluso más rubio que su hijo, los ojos eran heterocromaticos; uno azul cristalino como aguas de mar, el otro era como oro líquido. Desde luego estaba en forma, su metro noventa y tantos de altura estaba equilibrado con su cuerpo no demasiado delgado, con la cantidad exacta de músculos y su rostro era tan bello que resultaba difícil verle por demasiado tiempo.
Nos había encontrado vagando por las calles a finales del día, no recuerdo que buscábamos en aquella ocasión, tal vez estábamos huyendo, no era importante, lo que hubiéramos estado haciendo antes de encontrarnos con el padre de Roman quedaba en segundo y hasta tercer plano. En momentos como estos era cuando más recordaba sus palabras: "no dejen de correr, por ningún motivo confíen en nadie"; había dicho él con la voz cargada de imponencia y severidad, no era una petición o un simple consejo, era una orden y si queríamos seguir vivos, había que cumplirla. Él había hablado de prisa, como si estuviese siendo perseguido el mismo, en ese instante fue cuando más encontré parecido entre padre e hijo; al igual que Roman, Apolo se mostraba absolutamente confiado de si, incluso si las cosas iban lo suficientemente mal para poner nervioso a un dios.
Era un talento que padre e hijo compartían, quizá por su relación con el teatro, quizá porque a veces era necesario mostrarse fuerte por otros. La conversación en total había durado menos de 20 minutos, era la primera vez que Roman veía a su padre en sus quince años de vida, era un tiempo demasiado corto, pero también era más que lo que cualquiera de nosotros había tenido con su respectivo progenitor divino. Apolo nos había hablado de otras cosas, como un campamento para semidioses que se encontraba en Nueva York y al cual debíamos dirigirnos con prontitud si queríamos vivir, o al menos eso tendríamos que hacer si las cosas fueran diferentes. Él nos advirtió de algo, de un mal que se aproximaba de lo más profundo, de entre lo más antiguo, no nos explico a fondo, pero nos dijo lo suficiente como para saber que debíamos evitar dos lugares a toda costa: San Francisco y Nueva York, y más importante aún: el campamento mestizo.
El había prometido volver por nosotros cuando las cosas se hubieran calmado, si es que lo hacían; cuando el campamento fuera seguro, si es que volvía a serlo; y cuando su posición frente a su padre Zeus no fuera tan delicada. Por el momento, había dicho, necesitaba mantener a sus hijos seguros y alejados de tanto peligro como fuera posible, y ya que estábamos con uno de sus hijos, entonces, la protección nos incluía a nosotros, además que Roman había negado toda posibilidad de dejarnos, moriríamos sin él, había dicho. Sin embargo de eso hace mucho tiempo y Apolo no había vuelto por nosotros. Roman se mostraba confiado, decía que su padre sabía lo que hacía, pero en el fondo, yo sabía que se sentía más abandonado que nunca. Por un momento no sólo él se había permitido imaginarse un futuro mejor en un lugar donde nos prepararían y donde encontraríamos a nuestros hermanos y ¿por qué no? A nuestros padres. Pero mientras soñar era gratis, despertar costaba mucho más de lo que muchos estábamos dispuestos a pagar.
A veces me sentía como una chica afortunada sin conocer mi origen. Mi padre olímpico nunca se había presentado ante mí, y en cuanto a mi madre mortal, bueno, había quedado huérfana al nacer, o eso me había dicho la madre de Arya; ella se había hecho cargo de mí cuando nadie más pudo hacerlo. Había sido gran amiga de mi madre. Pero al final, Calena, también había partido al inframundo y yo entonces no sólo tuve que cuidar de mí, Arya había pasado a formar parte de mi vida; ella era una calma para la soledad y la fuerza que necesitaba para seguir. Aunque, desde luego, ahora tenía otros puntos de fuerza y apoyo. Lander había tomado mi mano discretamente, como para recordarme que debía concentrarme en el mundo real y dejar las reflexiones para después. Le devolví el gesto con gratitud, su mano cálida se parto y sus ojos aguamarina buscaron los míos. "Continua", decían, y yo le obedecí. Porque al fin y al cabo era el único que nos quedaba, continuar.
Un rato después por fin logramos dar con el sitio de donde provenían las risas, al llegar nos encontramos con un pequeño claro de no más de cinco metros de diámetro y donde la luz de la luna pegaba tan débilmente como si está se estuviese negando a iluminar. Roman se encontraba en el centro, rodeado de un grupo de seis mujeres extrañas. Todas ellas lucían lo bastante mayores para tener licencia de conducir y eran extremadamente guapas; dos de ellas tenían el pelo castaño y los ojos azules, otras dos eran rubias de ojos verdes, la quinta tenía el pelo caramelo y la ultima, que era la que más se aferraba al brazo de él, tenía el pelo más negro que alas de un cuervo y los ojos de un cálido color dorado; ambos se sonreían como si estuviesen enamorados. Confundidos nos quedamos en la entrada del claro sin saber cómo proceder.
Instintivamente busque la mirada de Lander, quería saber cuál era su opinión al respecto pero él estaba completamente embobado con las chicas extrañas, las veía como si fueran la mejor cosa que le hubiera pasado en la vida. Al otro extremo Arya pasaba la mano frente a la cara de Chris que sonreía como estúpido y la apartaba para poder seguir viéndolas sin parpadear siquiera. Ella me dedico una mirada que preguntaba "¿qué diablos les sucede?". Me encogí de hombros y entonces una de las chicas rubias noto nuestra presencia, Arya y yo nos pusimos en guardia, pero Lander y Chris habían dejado caer sus armar al suelo. Una de las castañas chillo y con voz melosa dijo:
— ¡Chicos! Han llegado.
Las otras cuatro chicas dejaron de acariciarle los bíceps a Roman y se giraron con sonrisas brillantes. Inmediatamente soltaron risitas melodiosas y se movieron graciosamente en dirección nuestra. Chris salió disparado a su encuentro riendo también, Lander, antes de seguir el ejemplo de esté, balbuceo algo que sonó como: "ya vuelvo, no me esperes despierta". Cinco chicas los recibieron a mitad del camino con alegría desbordante y los guiaron hacia donde estaban Roman y la pelinegra; Arya y yo fuimos completamente dejadas de lado. Sin bajar las armas nos miramos confundidas.
—Tal vez son Ninfas, leí que son coquetas— ofreció Arya en susurros.
La verdad es que no sabíamos mucho de las Ninfas o de ninguna otra criatura en realidad. La poca información que habíamos podido recabar de algunas había sido en un café-internet y habíamos tenido que irnos cuanto antes, porque: 1) no teníamos suficiente dinero para quedarnos más tiempo y 2) servicios infantiles acudió llamado por alguna señora (o varias) que no entendía como un grupo de críos podían estar tan sucios y lucir tan desamparados. Lo siguiente que hicimos fue robar alguna enciclopedia de personajes griegos pero sólo incluían a los monstruos más famosos como el minotauro o las furias y con ninguno de esos nos habíamos encontrado…aun. Lo más con lo que nos habíamos tenido que enfrentar era un ciclope bastante torpe que se había noqueado así mismo con su gran mazo. Otro de los problemas fue que ninguno de nosotros podía comprender fácilmente lo que en los libros ponían, nuestra dislexia era bastante grave y qué decir del TDAH, sentarse a leer un libro era un verdadero reto.
Antes de que pudiera decir que no creía que fueran ninfas, la chica de cabellos caramelo se giro tan violentamente que realmente debió romperse el cuello.
— ¡No somos esas verdinas tontas! ¡No nos ofendan de esa manera! —dijo y sonó tan ofendida que realmente quise ofrecer una disculpa, pero entonces ella comenzó a cambiar. La piel se le volvió tan pálida que en realidad era más como cal endurecida, los ojos antes marrones se le tornaron rojo sangre y le crecieron colmillos como si fuera un vampiro; lo más entraño, sin embargo, eran sus piernas, una parecía hecha de bronce, la otra era más peluda que la de un oso y tenía una gran pesuña como la de un asno. Ah y su cabello empezó a arder. Más allá las otras chicas también se habían trasformado en horribles criaturas y sus cabellos llameantes se pegaban a la ropa de los chicos dejando en esta unos agujeros humeantes.
—Genial. Vampiros con patas de burro —Se lamento Arya.
— ¡Somos las hijas de Hécate! —chillo nuevamente el monstruo.
—No podemos explicarles que somos a cada semidiós que nos encontramos, Sasha, déjalas, no importan —dijo la mujer asno que aún se colgaba del brazo de Roman. Lander y Chris rieron tontamente y las corearon en el "no importan". Ahora era yo la ofendida, ¿qué diablos les ocurría? ¿Qué acaso no venían lo que esas chicas eran?
—Ningún héroe masculino puede resistirse a nuestro encanto, no ven lo que ustedes, es mejor que se alejen, niñas, las superamos en número y tenemos tanta hambre que no nos importaría comérnoslas a ustedes también —anunció la que se llamaba Sasha, como si hubiese leído la pregunta en mi cabeza.
Arya y yo intercambiamos miradas, era obvio que no podíamos abandonar a ese trío de tontos, pero éramos dos contra seis, ¿qué posibilidades había? ninguna, claro, pero eso no impidió que Arya atacara. Empuñando su lanza con fuerza cargo contra Sasha mientras está se daba la vuelta para volver con el grupo. Sin embargo su grito de batalla alerto a las demás chicas asno que enseguida mostraron los colmillos y bufaron enojadas, dos de ellas dejaron a los chicos y comenzaron a correr en dirección a la pequeña Arya. Eso fue para mí, como si hubiesen encendido algún interruptor en mi cabeza. Inmediatamente empecé a correr también en dirección a ellas, Arya ya estaba luchando con Sasha que se había dado la vuelta gracias al aviso de sus compañeras; los dos monstruos vieron entonces contra mí. Yo no manejaba del todo bien la espada la sentía demasiado pesada para mí, pero en momentos donde la vida peligra, una debe hacer milagros con lo poco que tiene.
A la primera de ellas sin estar segura de cómo la destruí fácilmente, había logrado herirla en el cuello sin tener que aproximarme demasiado, la mujer asno exploto y miles de motas de polvo empezaron a caer; curiosamente esa lluvia de polvo asquerosos despertó de su transe a Chris que dio un salto hacia atrás lejos de los brazos de la horrible chica asno que trataba de morderle el cuello. Lo oí lanzar un par de maldiciones y luego, de alguna forma patear a la mujer que mantenía su boca pegada al cuello de Lander, succionado su sangre; la mujer tropezó un poco desorientada con la boca a un chorreando; Lander también había caído al suelo pero intentaba fervientemente ponerse en pie. Roman por lo que vi en mi periferia aun seguía mirándose con la mujer aquella, esta no parecía querer alimentarse de él. En cuanto a mí, la mujer asno restante estaba sumamente molesta por haber destruido a su compañera y se dividía entre esquivar mis ataques y desestabilizarme lanzando arañazos con su garras y agitar sus cabellos ardientes frente a mis ojos, con lo cual lograba deslumbrarme momentáneamente.
Un segundo después Arya lanzo un grito de victoria, Sasha también había estallado en polvo, pero la chica asno que cinco segundo antes había estado bebiendo del cuello de Lander ahora bebía de Chris y Lander se encontraba inconsciente en el piso mientras la que se mantenía junto a Roman dejaba caer de su mano una gran roca. Algo dentro de mí se agito, Lander podría estar muerto. En una maniobra extraña me libre de mi propio monstruo acosador y corrí en su dirección pero entonces volví a escuchar a Arya gritar, estaba vez el grito era de dolor y terror, la mujer asno la tenía por el cuello y retorcía su brazo con tanta fuerza que casi podía escuchar cómo se rompía lentamente; en mi desesperación gire mi cabeza a Roman, pero este estaba siendo guiado fuera del claro por la pelinegra. Sin duda este era nuestro fin, en unos pocos segundos Chris sería drenado por completo, Roman secuestrado y el brazo de Arya estaría hecho trizas al igual que su cuello, Lander ya ni siquiera se movía y yo estaba en medio de todos ellos sin saber cual dirección tomar o a quien salvar, si es que podía salvar a alguien.
Mi cabeza comenzó a martillar violentamente y la vista se me nublo, supuse que estaba a punto de desmayarme. Sin embargo lo siguiente que supe fue que ninguna mujer asno quedaba en el claro, la ceniza asquerosa llovía a cantaros por todo el lugar y mis cuatro amigos estaban todos en el suelo completamente inconscientes. La vista se me aclaro un poco, lo suficiente para poder distinguir una figura alta, cubierta con una gran capa escarlata con capucha que resguardaba su cabeza, se encontraba de espaldas a mí y sostenía un par de brillantes espadas, una en cada mano; el material no parecía el mismo que el de nuestras armas, el brillo que estas emitían era ligeramente diferente. Su respirar sonaba un poco agitado pero no tanto como el mío que, a estas alturas, no sabía si era por el cansancio, el terror o la desesperación. La figura encapuchada se dio la vuelta lentamente y mantuvo la cabeza gacha para que no pudiera ver su rostro, con calma hurgo dentro de su capa y luego bajo lánguidamente la mano al piso y depositó ahí un vial con un líquido extraño.
Mientras trataba de descifrar que contenía, una brisa cálida me agito los cabellos y la encapuchada extraña se había evaporado. La busque con la vista por todo el perímetro del claro y tan adentro del bosque como los ojos me permitían, pero no había ni rastro de ella. Me quede paralizada en mi lugar incapaz de moverme. Entonces Roman despertó, empezó a toser como si acabara de ser sacado del agua, como si se hubiese estado ahogando todo este tiempo y por fin consiguiese respirar aire. Miro confundido todo alrededor y luego sus ojos azules se encontraron con los míos de color ámbar desteñido. La preocupación lleno los de él.
— ¿Qué diablos paso? —pregunto con la voz entrecortada.
—No lo sé—respondí sinceramente mientras me dejaba caer de rodillas.