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Historia 193134 — capítulo 20

−Tranquilo no muerde. −Le dijo Sirius mirándolo divertido. −¿Tus brujas no tienen elfos?

−No son mis brujas y no, no tienen elfos, ¿Qué más cosas tenéis?

−Muchas cosas, tantas que si empezamos no terminaríamos, siéntate.

−Gracias. −Sentándose miro a Orión. −Señor Black, Sirius me ha dicho que tiene mucho dinero.

−Mucho, mas del que nunca me gastare.

−Nos gustaría hacer un trato comercial con usted.

−¿Qué tipo de trato?

−Usted nos presta el dinero que necesitamos para comprar una gran mansión y que todos podamos vivir juntos y nosotros le daremos nuestro veneno y otras cosas, tenemos gente por todo el mundo.

−Creí que vivíais en los bosques.

−Y lo hacíamos hasta que vimos que nuestra forma de vida nos mantiene separados, aunque no aguanto a los vampiros ellos viven en comunidades dentro de la ciudad, se hacen ricos y tienen grandes imperios, nosotros al contrario no tenemos ni empresas grandes y apenas sobrevivimos.

−¿Dónde pondréis la mansión?

−En el barrio francés, allí nuestra gente podrá vivir sin que los persigan y les hagan daño.

−¿Habéis encontrado ya un lugar que comprar?

−Sí, una gran mansión de tres plantas, incluso tiene piscina, el problema es que cuesta 20 millones.

−¿Y está en el barrio francés?

−Lo está.

−Os daré 100 millones de dólares, con esa cantidad no solo podréis comprar la mansión que quieres sino que podréis abrir una compañía para que tu gente tenga trabajo y dinero para sus familias.

−Gracias señor, ¿Qué quiere a cambio?

−Realmente nada. −Le dijo Orión y vio que el elfo traía té y pastelitos.

Cuando estuvieron servidos, el hombre continúo. −Como digo no quiero nada, nuestro único problema es Voldemort y los mortifagos y de eso ya nos estamos ocupando, te daré el dinero por lo bien que has tratado a mi hijo y a su amigo, en diez años tendrás que empezar a devolvérmelo, otra cosa solo tú puedes llevar el dinero, si algo te pasara a ti, entonces el trato se cierra, no me gustan ni los mentirosos ni los traidores.

−Gracias por su ayuda y seré yo quien controle el dinero y nadie me matara, llevo muchos años siendo el alpha y me respetan sin contar que tengo a las brujas como aliadas.

−Eso espero. −Le dijo Orión. −Mañana te hare una transferencia donde quieras, ¿sois muchos?

−Pocos, es por eso que queremos un lugar para que todos nos podamos reunir, donde nuestras mujeres den a luz sin problemas.

−¿Tenéis escuelas?

−Los niños van a las escuelas normales, hasta la pubertad no se transforman así que no hay problemas en ese tipo, en cuanto tenga la mansión, le pediré a Irina que nos ponga protecciones, así los vampiros no podrán pasar.

−No me gusta esa gente.

−A pocos les gustan, ¿Cómo va lo de Voldemort?

−Aun no está muerto, pero ya hemos encontrado la manera de matarlo, tiene horrocrux.

−¿Qué es eso?

−Unos instrumentos que guardan el alma de su creador, cuando matas a alguien lo puedes crear y hasta que no destruyes todos no puedes matarlo.

−¿Y cuántos tenéis?

−5, no sabemos cuántos faltan.

−¿Y no hay alguna manera de encontrar los que faltan?

−Nosotros no sabemos.

−¿Y porque no habláis con Irina?

Ante eso padre e hijo lo miraron.

−¿Tú crees que ella sabe algo?

−Irina sabe muchas cosas, es la bruja más poderosa que conozco, incluso más que las líderes de su aquelarre.

−Mañana hablare con ella, haber qué me aconseja.

−Seguro que muchas cosas, ¿me puedo ir a dormir? Han sido muchas horas de vuelo.

−Claro. −Le dijo Orión y miro a su hijo. −Sirius acompáñale a su cuarto.

−Ahora mismo. −Y diciéndole que le acompañara lo llevo a uno de los tantos cuartos que había en esa mansión.

Cuando Sirius volvió su padre le pidió que se sentara.

−¿Pasa algo?

−Ves a llamar ahora mismo a Irina. −Le dijo. −No me importa el dinero que le pagues, quiero que venga y nos ayude, el asunto Voldemort se está alargando mucho.

−Ahora mismo voy.

−Si gracias.

−De nada, no tardo. −Y se fue a llamarla.

Un par de horas más tarde, Sirius volvía con Irina y al ver la cara que puso Orión tuvo que hacer un gran esfuerzo por no reírse.

−Hijo, te he dicho que la llamaras, no que la trajeras.

−Cuando la he llamado me ha dicho que no le importaba venir, así que he ido a la tienda que tiene su amiga y con unas velas lilas que tienen no ha sido difícil.

−Nunca he estado en Londres, así que es un placer estar aquí. −Le dijo Irina. −Señor Black ya Sirius me ha dicho que me necesitan para encontrar los horrocrux que faltan, el problema es que yo nunca he visto ninguno y se necesita alguna cosa que le pertenezca para encontrarlo.

−Ahora ves a descansar, mañana te la daré.

−Si gracias. −Y miro a Sirius. −¿Una habitación?

−Por aquí. −Y se la llevo.

Mientras en Londres se movían para terminar de encontrar los últimos horrocrux en hogwarts, Draco se acercaba a Hermione que como siempre estaba leyendo un libro.

−Buenas Granger.

−Buenas Malfoy. −Y lo miro. −¿Qué tal?

−He hablado con mi abuelo Abraxas.

−¿Sobre?

−Sobre ti.

Al escuchar eso, Hermione se sorprendió muchísimo, jamás creyó que Draco hablaría con su abuelo sobre ella. −¿Yo?

−Sí. −Y sentándose se lo explico. −Toda mi vida me han dicho que la gente como tú, no se merece tener la magia que nosotros poseemos.

−¿Gente como yo? −Y entonces entendió. −Hijos de gente sin poderes.

−Exacto, tanto mi padre como mi madre me lo han dicho siempre, incluso se alejo de su hermana Andrómeda porque se había casado con un hombre así, había mezclado la sangre Black con un simple hijo de padres sin poderes.

−Puedes llamarlos muggles no me importa. −Le dijo Hermione. −Es mejor eso que sangre sucia, que es lo que me has estado llamando desde segundo.

−Se que estuvo mal, lo siento.

−Malfoy no se si un lo siento compensa lo que has hecho, sé que he dicho que no quiero que lo que vi en verano, la gente que conocí cambie lo que soy, pero en esta ocasión sí que lo cambia. −Y cogiendo aire le dijo: −Quien me puede asegurar que cuando haga algo que a ti no te guste, volverás a tratarme mal, ya tengo suficiente con Dumbledore y Fudge.

−Se que ahora no confías en mí, que tienes razón que no te he tratado nunca bien, te demostrare que puedo cambiar.

−El tiempo lo dirá.

−Y me dará la razón, ahora te dejo que sigas leyendo. −Y tras mirarla un momento se fue.

Cuando Hermione se quedo a solas, volvió a su libro, diez minutos después se rendía había leído el mismo párrafo cuatro veces, aunque no había querido hacer mucho caso en las palabras que Draco le había dicho, si que le habían llegado sin saber que hacer le envió una carta a su madre, esperaba que la pudiera ayudar.

Al día siguiente, en Londres Orión que había ido a buscar los horrocrux que Charlus guardaba como jefe de aurores, se los dio a Irina.

−Estos han sido los horrocrux de Voldemort.

La bruja dejándolos en un lado los fue mirando bien.

Primero cogió el guardapelo. −No me sirve esto, no le pertenece a tu enemigo. −Y dejándolo a un lado fue cogiendo las otras cosas y descartándolas hasta que cogió el diario y sonrió. −Esto sí que le pertenece. −Y abriéndolo cogió una hoja sucia y los miro. −Esto llevara un tiempo así que necesito trabajar en silencio y sola.

−Entonces todos fuera. −Le dijo Orión y miro a Irina. −Cualquier cosa que necesites se la pides al elfo, nosotros tenemos otras cosas que hacer.

−No creo que necesite nada, pero gracias. −Y sin hacerle mas caso se puso a trabajar.

En la calle Orión miro a Sirius y Matt. −Primero nos pasaremos por el callejón diagon.

Ante eso Sirius miro a su padre. −Papa no creo que Matt este preparado para ver ese lugar, ya ayer se llevo una gran impresión cuando vio al elfo.

−¿Qué es el callejón diagon? −Les pregunto el hombre lobo.

−Nuestra calle mágica, allí hay cientos de tiendas.

−Quiero ir.

−¿Te ves capaz?

−Sí, vamos. −Y riéndose ante la actitud de Matt se fueron al callejón diagon.

Unas horas más tarde, el hombre lobo no dejaba de alucinar ante lo que tenía ante sus ojos, incluso Sirius le había dinero para que comprara todo lo que quisiera.

−No me gusta. −Escupió Matt y guardo lo que había estado comiendo.

−Te he dicho que no compraras grajeas. −Le dijo Sirius. −Pero no me has querido escuchar.

El hombre lobo lo miro. −No sé como dejáis que vuestros niños coman estas cosas. −Y se estremeció. −Es lo más malo que he probado en mi vida.

−Tío Sirius. −Dora que estaba como a cinco tiendas de distancia al verlo se puso a llamarle y hacerle señas.

−¿Tío Sirius? −Le pregunto Matt.

−La hija de mi prima. −Y sonrió al ver que Dora se acercaba corriendo, antes de llegar se tropezó y termino en el suelo en frente de ellos. −Es bastante torpe. −Y la ayudo a levantarse. −¿Dora estas bien?

−Si tío, siempre termino por los suelos. −Y levantándose le sonrió.

−Hola Dora. −Le saludo Orión.