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Historia 193134 — capítulo 23

La mansión Black se había convertido en una prisión, habían preparado el sótano para mantener a Voldemort y que nadie pudiera entrar.

Dejando al señor tenebroso allí, salieron a la calle y Orión cerro la mansión.

−¿Estás seguro de que nadie entrara? −Le pregunto Irina. −Con todo lo que hemos hecho, no me gustaría que ahora entraran y lo liberaran.

−Nadie puede entrar. −Le dijo Orión. −Ni aunque me maten podrán hacerlo, mira. −Y para sorpresa de Irina vio como la casa desaparecía y en su lugar estaban las casas de los vecinos. −¿Qué te parece?

−Yo quiero algo así.

Ante eso el hombre se rio. −Tú quieres muchas cosas.

−Claro que si, aunque de poderes soy más poderosa que vosotros, tú tienes cosas mas guays, creo que me tendré que quedar un tiempo para ver todo bien.

−Creo que te tendrías que quedar más tiempo, hay muchas más cosas de las que te imaginas.

−Ya te diré algo, ¿vamos? Tengo hambre y sueño.

−Vamos. −Y se la llevo a casa de los Malfoy.

−Vaya pedazo de casa. −Le dijo Irina nada más entrar. −Me gusta aunque es un poco tétrica. −Y lo miro. −La tuya también, no tenéis colores alegres.

Ante eso Orión se puso a reír. −No me imagino la casa de Abraxas con colores como el rojo y amarillo.

−Oye. −Se quejo el hombre acercándose. −Que a mí también me gustan esos colores, solo que son muy chillones para una casa.

−La verdad es que si.

−¿Cómo ha ido todo?

−Voldemort ya está bien encerrado, nadie podrá entrar aunque me maten.

−Estupendo. −Y miro a Irina. −Tus brujas ya han vuelto a Nueva Orleans.

−Mejor, tienen muchas cosas que hacer, tengo hambre.

−Ven. −Llevándola al salón le enseño la mesa llena de comida. −Espero que esto te llene.

−Seguro, gracias. −Sentándose se puso a cenar.

Al día siguiente, en el profeta se anunciaba que los mortifagos que seguían a Voldemort habían sido detenidos y que el señor tenebroso había sido encerrado en un lugar seguro hasta que lo pudieran matar, de una vez por todas.

Mientras los alumnos lo celebraban, sobre todo Harry, en la mesa de los profesores Snape miro a McGonagall.

−Así se hacen las cosas, no esperando a que una estúpida premonición se cumpla. −Y sin esperar que la profesora le dijera nada, presto atención a los alumnos. −Alumnos tienen que seguir desayunando, pronto empezaran las clases.

Al escuchar eso, muchos lo miraron un momento y le hicieron caso, sentándose de nuevo en sus sitios se pusieron a desayunar.

Cuando terminaron, cogieron sus cosas y se fueron a clases, Hermione que estaba feliz de que pronto la amenaza de Voldemort desapareciera se sentó al lado de Draco.

−¿Qué tal estas?

−Muy bien. −Y suspiro. −Por fin después de tantos años temiéndole, por fin morirá.

−¿Tú crees que tardaran mucho?

−No sé, ¿tú qué crees?

−Ni idea, estoy igual que tu, pero espero que en pocos días nos hayan dicho que ya está muerto, ¿crees que les faltan muchos horrocrux?

−No lo sé, pero estoy seguro que no dejan de trabajar todo el tiempo.

−Seguro, ellos también tienen muchas ganas de que esto termine de una vez por todas.

La profesora McGonagall no tardo mucho más entrar.

−Alumnos presten atención. −Les dijo y ya no pudieron seguir hablando.

En su casa, cuando Dumbledore leyó la noticia se enfado, él quería que la premonición se cumpliera, y le estaban estropeando todos los planes, por desgracia ahora mismo no contaba con ningún aliado lo suficientemente poderoso para que le ayudara con Orión y su grupo.

Mientras Dumbledore se lamentaba por su suerte, Irina dormía muy cómodamente, en el piso de abajo los mayores desayunaban.

−Gracias a Irina, pronto las cosas terminaran. −Les dijo Orión.

−Pronto. −Le dijo Charlus. −Sirius me dijo que Matt había venido para hablar de negocios contigo.

−Así es, me ha pedido dinero para comprar una mansión y que su gente tuviera un lugar seguro en el que estar.

−¿Y cuanto le vas a dejar?

−100 millones, y otros a Irina, ella va a comprar el hotel donde nos alojamos para ella y su gente.

−Nosotros te ayudaremos. −Le dijo Abraxas. −Tanto a Irina como a Matt les debemos mucho.

−Sí que le debemos. −Le dijo Cygnus. −Pondremos un fondo para los dos grupos.

−Gracias. −Le dijo Orión. −En cuanto terminemos con esto, me iré un tiempo a Nueva Orleans.

−Para estar con Irina, que pillín. −Le dijo Charlus riéndose. −Acabas de volver y ya tienes nuevo ligue.

Ante eso todos lo miraron.

−Charlus acabas de sonar como tu hijo.

−¿Y qué? James es mi hijo es normal que sonemos igual.

−Paso. −Le dijo Orión. −Y no, no voy a ligar, para eso no necesito irme a miles de kilómetros, iré porque quieren poner un sótano parecido al que tenemos en el ministerio y en Nueva Orleans es imposible hacerlo sin magia.

−Sí que es imposible. −Le dijo Abraxas. −Según lo que se, ese lugar ya sufrió fuerte inundaciones hace años.

−Es por eso que usare magia para construirlo y aunque se inunde de nuevo, el sótano quedara protegido, pero eso será en cuanto Voldemort muera de una vez por todas, ese tipo parece un gato con tantas vidas que tiene.

−Y que lo jures, nunca se va, ¿Qué vais a hacer hoy?

−Voy de nuevo al callejón knocturm. −Le dijo Charlus. −Hace una semana que fuimos, quiero ver si se ha vuelto a ensuciar.

−Seguro, no pensaran que volverías tan pronto.

−Por eso, ahora termino de desayunar y voy. −Cuando término se despidió y se fue al ministerio a reunir a sus aurores.

Unos días más tarde cuando la semana se cumplía, Irina sacaba el cristal de la poción y con un mapa del Reino Unido se ponía a buscar el último horrocrux que faltaba.

Para su sorpresa el cristal los llevo al lugar menos pensado, hogwarts.

−Está en hogwarts. −Les dijo Charlus y miro a Irina. −¿Estás segura?

−Sí, este sistema nunca ha fallado, ¿Qué haréis?

−Ir, es lo único que podemos hacer.

−¿Puedo ir?

−Si claro, porque no, voy a buscar a mi gente, el lugar es tan grande que necesitaremos ayuda, sino nunca terminaremos. −Les dijo Charlus. −Nos vemos en la escuela. −Y sin perder más tiempo se fue.

Los alumnos estaban saliendo de clases, cuando vieron que los aurores llegaban.

−Alumnos todos al gran comedor. −Les dijo Charlus sin detenerse miro a sus aurores. −Dispersaros, ya sabéis lo que buscamos, cuando lo encontréis avisar.

−Sí señor. −Y se fueron.

Hermione que se había detenido al ver a tantos aurores, sintió que alguien se ponía a su lado, girándose vio a Draco.

−¿Sabes para que han venido?

−No lo sé, pero nos han pedido que vayamos al gran comedor, así que iremos. −Y se la llevo.

No mucho tiempo después, el gran comedor se llenaba de alumnos y los aurores cerraban la puerta mientras Charlus se ponía en frente.

−Alumnos, estamos buscando un horrocrux, esa cosa tiene el alma de Voldemort que fue creada cuando mato a una persona y nos hemos enterado de que esta aquí, mientras buscamos os tendréis que quedar aquí, cuando la destruyamos nuestro gran enemigo morirá.

En un lado Abraxas vio como Hermione y Draco se sentaban juntos, sonriendo se acerco y se sentó a su lado.

−Abuelo. −Su nieto lo miro. −¿Porque has venido?

−No me quería perder la diversión, ¿Qué tal por aquí?

−Desde que Snape es el director, hay mas disciplina.

−Me lo imagino. −Le dijo el hombre. −Dumbledore como que pasaba de todo.

−Abuelo no creo que puedas decir eso.

−Yo creo lo mismo. −Y se puso a reír.

Al lado de Draco, Hermione alucinaba, jamás creyó que el señor Malfoy seria así, ella creía que era una versión vieja de Lucius, siempre mirando por encima del hombro.

−¿Hermione pasa algo? −Le pregunto Abraxas al ver su cara.

−Señor, es que creí que era como su hijo.

−Que va, Lucius no se parece nada en mí, se parece a mi mujer. ¿Qué piensas de mí?

−Se parece a Sirius.

−Sí que me parezco. −Le dijo Abraxas. −Aunque yo soy más guapo.

−No alucines. −Le dijo Orión sentándose al lado de Hermione. −Los más guapos somos nosotros, no ves que todas nos siguen.

−Eso es porque andáis alborotando a todas.

−Sea como sea, siempre andáis con cientos de mujeres detrás.

Hermione seguía alucinada ante el comportamiento de esos dos.

Mientras la gryffindor no sabía que decir, los aurores estaban revisando todo el castillo.

Sirius, James y Remus llegaban a la sala de los menesteres y se miraban.

−¿Creéis?

−Lo creo. −Le dijo James y abriendo las puertas, vio que estaba llena de muebles y objetos.

Entrando se pusieron a buscar, casi una hora más tarde por fin lo encontraban y resulto ser la diadema de ravenclaw.

Saliendo de la sala se fueron al gran comedor.

−Lo tenemos. −Le dijo James y acercándose a su padre se lo dio. −Con cuidado que se nota que esta envenenado.

−Gracias por el aviso. −Y miro a sus aurores. −Nos vamos. −Y se apareció.