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Historia 193134 — capítulo 3
−Gracias. −Y la guardo con el resto de cosas. −¿Mis padres también la pueden usar?
−Sí, ya se le ha lanzado el hechizo así que solo hay que encenderla y ya.
−Lo tendremos en cuenta. −Le dijo George. −Gracias por todo, jamás creí que nos ayudaran tanto.
−De nada, ¿os vais a quedar más por aquí?
−Puede ser, ¿por?
−La semana que viene hay un festival que celebramos las brujas, hay música, comida y sobre todo magia, vienen muchos turistas a celebrarlo con nosotros y las ancianas de los aquelarres ofrecen sus hechizos a las más jóvenes, se celebra dos veces al año, en halloween cuando nuestro poder se incrementa y ahora para los turistas.
−Sí que iremos. −Le dijo Jane y miro a su hija. −Así tu grimorio tendrá mas hechizos. −Y miro a Stefanie. −Gracias.
−De nada, nos vemos el sábado de la semana que viene.
−Estaremos aquí. −Y dándole las gracias de nuevo se fueron.
Tras dejar sus cosas bien guardadas en el hotel, siguieron disfrutando de la ciudad.
El sábado de la semana siguiente, los Granger asistían a la fiesta de las brujas y vieron con sorpresa que aquello era como un festival cualquiera, había jazz, gente riéndose y una gran multitud.
Por la noche cuando Hermione se iba a dormir, estaba feliz, las ancianas de los aquelarres no solo le habían puesto más hechizos a su grimorio sino que le habían regalado algunas cosas, según Stefanie y Irina, las brujas mayores apoyaban incondicionalmente a las brujas jóvenes en su búsqueda del poder, incluso le habían dado la bienvenida a su aquelarre.
Unos días más tarde, la familia se iba a Florida, a disfrutar del parque de atracciones Disney.
Los adultos que sabían que Hermione les había dicho a sus amigos que tenían una sorpresa para ella, la llevaron allí un lugar normal para cualquier familia y así cuando viera a los Weasley y a Harry no tendría que mentir.
La última semana de vacaciones de verano, Hermione se despedía de sus padres y se iba a casa de los Weasley, al llegar vio que Harry ya estaba.
−Hermione. −Harry la abrazo. −¿Qué tal tus vacaciones de verano?
−Estupendo, estuvimos en el parque de Disney en Orlando.
−Qué envidia me das, ¿vamos?
−Sí. −Y entrando saludaron a todos.
−Hermione. −Ginny se acerco con dos chicos. −Ellos son mis hermanos mayores, Bill y Charlie.
La chica les saludo. −Ginny me ha hablado mucho de vosotros.
−Espero que hayan sido cosas buenas. −Le dijo Charlie.
−Todo bueno. −Y sonrió a la señora Weasley.
−Ahora a comer. −Les dijo Molly. −La comida ya está hecha. −Y miro a sus hijos mayores. −Ayudar a poner la mesa, comeremos en el jardín.
−Ahora vamos. −Y se fueron a prepararla.
Después de comer, Hermione daba los regalos que había comprado.
−Harry esto es para ti. −Le dijo la castaña y le dio el colgante que Irina le había preparado.
El chico al ver que era un hermoso lobo le sonrió. −Me encanta gracias.
−De nada. −Y terminando de repartir los regalos y mientras los demás jugaban al quidditch ella se sentaba debajo de un árbol.
Al día siguiente se iban a la final de los mundiales, por la noche mientras subían las escaleras para ver mejor el partido se encontraron con los Malfoy, y como siempre Draco fue un antipático.
−Yo que tu tendría cuidado, Malfoy. −Le dijo Hermione. −Puede que un día te despiertes y no seas tú el que intimida y molesta a los demás. −Y tras decir eso siguió subiendo las escaleras.
Al llegar mientras esperaban a que el partido empezara, Harry se acerco a su mejor amiga. −¿Herms que ha sido eso?
Mirando a su alrededor, vio que nadie les prestaba atención y acercándose más a su amigo le dijo: −Harry tengo muchas cosas que contarte, pero tiene que ser cuando nadie nos escuche ni siquiera los Weasley.
Ante eso, el chico la miro preocupado. −¿Son cosas malas?
−No, al contrario por una vez en la vida, son cosas buenas, pero te lo tengo que explicar antes de que lleguemos a hogwarts.
−En cuanto podamos nos reunimos.
−Me parece bien, pero recuerda no se lo puedes decir a nadie.
−A nadie.
−Hermione, Harry ya va a empezar. −Les dijo Ron.
Los chicos lo miraron y se lo agradecieron.
Después del partido en el que Krum agarro la snitch pero gano Irlanda, volvieron a sus tiendas.
Mientras se reían en su tienda, de los nuevos gustos de Ron, Arthur entro y les dijo que recogieran rápido que los mortifagos atacaban.
Unas horas más tarde, Hermione y Ron buscaban a Harry por todos lados, su amigo había desparecido al principio del ataque y nadie lo había vuelto a ver.
−Hermione está aquí. −Le llamo Ron.
La chica acercándose, se agacho y vio que tenía un poco de sangre. −Harry despierta. −Le pidió y le dio unas palmaditas en la cara.
−Herms duele. −Se quejo Harry y abrió por fin los ojos.
−Que exagerado si solo te he dado unas palmaditas, levántate. −Y entre los dos le ayudaron a levantarse.
De pronto unos rayos aparecieron a su alrededor y si no se hubieran agachado les hubieran dado.
−Es mi hijo. −Grito Arthur y acercándose impidió que siguieran atacando.
Les costó casi una hora hacerles entender al ministerio y a los demás, que ellos no eran mortifagos ni que tampoco sabían quien había invocado la marca tenebrosa, aunque Harry dijo mas de una vez que había visto a un hombre pero no le quisieron escuchar.
Cuando por fin los dejaron ir, ya era casi el amanecer y estaban tan cansados que al llegar a casa de los Weasley se bañaron y se metieron en la cama.
Hermione estaba durmiendo en la habitación de Ginny cuando abrió los ojos y no vio por ningún lado a su amiga pelirroja, tras vestirse estaba haciendo la cama, cuando tocaron a la puerta.
−Adelante.
La puerta se abrió y apareció la cabeza de Harry. −¿Estás sola? Susurro.
−Estoy sola, entra.
El chico entrando cerró bien la puerta y la miro. −Y bien que es ese secreto que no quieres que nadie sepa.
−En verano fui a Nueva Orleans, allí hay un barrio que se llama el barrio francés, y conocí a brujas que no usan barita, según me dijo la que me atendió, ese barrio es el único lugar en el mundo que un mago con barita jamás pisaría, es como la ciudad prohibida, es por eso que no quiero que se lo cuentes a nadie, no quiero que me miren mal, el colgante me lo dieron ellas, llévalo siempre, te ayudara.
−Mantendré el secreto y nunca me lo quitare, ¿qué más te dijeron?
−Muchas cosas, pero ahora lo importante es que te puedo quitar la marca.
Al escuchar eso, Harry la miro con los ojos muy abiertos. −¿En serio?
−En serio y nos tenemos que dar prisa, aquí vive tanta gente que me extraña que no nos hayan venido a buscar ya. Hermione abriendo su mochila, saco los potes que Irina le había dado y también los hechizos.
−El primer pote es una crema para quitarte la marca, y la segunda un engaño para que los demás piensen que aun la tienes. −Y cogiendo el primer pote le quito las gafas y se lo puso. −Ahora quédate quieto que no quiero que te quedes sin ojos o peor aun sin cejas. −Y poniéndole una buena cantidad de crema por la marca, lanzo el hechizo que Irina le había echo y para su sorpresa la marca no tardo en desaparecer.
−¿Ha ido bien?
−Míralo tú mismo. −Y cogiendo un espejo de Ginny dejo que se mirara y vio que la marca ya no estaba. −¿Te has sentido diferente en algún momento?
−Si como si me hubieras quitado una piedra de encima, o algo más pesado, nunca me había sentido así. −Harry al verse sin marca la abrazo. −Gracias Herms.
−De nada, ahora tenemos que ponerte la otra crema para que todos piensen que aun la tienes.
−Sí, ¿tendré que decir el hechizo?
−No. −Dijo Hermione que estaba leyendo las instrucciones. −Según Irina, que es la bruja que me atendió, solo hay que decirla una vez al año, luego una vez al mes te pones la crema y aunque te bañes no habrá problema.
−Estupendo, date prisa, no quiero que nos descubran.
−No. −Y cogiendo la otra crema le puso un poco donde había estado la marca y tras lanzar el hechizo volvió. −Ya está. −Y le devolvió el espejo. −Es igual así que nadie sabrá que ha desaparecido.
−Gracias. -Dijo el chico mientras se miraba.
−Harry te tiene que durar la crema lo más posible, no sé cuando podre conseguir más. −Y le dio el pote. −Me he llenado dos dedos de crema y ha sido suficiente.
−Usare solo dos dedos, me voy.
−Sí. −Y viendo cómo salía, recogió todo bien y ya bajo.
−Hermione te has quedado muy dormida. −Le dijo Ginny. −Ahora mismo te iba a ir a buscar.
−Estaba haciendo la cama y recogiendo mis cosas.
−Desayuna que nos iremos a pasear.
−No tardo. −Y sentándose al lado de Bill se puso a desayunar, cinco minutos más tarde Harry bajaba.
−Otro que se le han pegado las sabanas. −Le dijo Charlie.
−Es normal. −Le dijo Molly. −Anoche lo paso mal. −Y miro a Harry. −¿Has dormido bien?
−Muy bien, buenos días.
−Buenos días. −Le sonrió la mujer. −Desayuna que os iréis a dar un paseo.
−No tardo. −Y sentándose al frente de Hermione le sonrió y se puso a desayunar.
Unos días más tarde el uno de septiembre, Hermione le pedía la lechuza a Harry.
−Herms ya nos vamos. −Le dijo. −¿No puedes esperar?
−No, quiero enviar unas cosas a mis padres, no tardare.
−Está bien, pero no te retrases que pronto nos iremos.
−Sí. −Y rápido escribió una carta y también guardo la crema que había utilizado para quitar la marca a Harry. −Ya estoy. −Les dijo viendo como Hedwig se iba volando.
−Vamos Hermione. −Le dijo Arthur y terminando de recoger sus cosas se fueron.
Un par de horas más tarde, el tren salía de la estación rumbo a hogwarts.
Nada más salir de la estación, la puerta del compartimento se abrió y apareció Draco con sus secuaces.