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Lo que Harry no supo ver: el secreto de Ron y Hermione — capítulo 38

Ron había llegado de improviso al Refugio y comía su primera comida decente en semanas. Bill y Ron se se encontraban sentados frente a la mesa de la cocina. Fleur también estaba allí pero se mantenía en silencio. Bill intentaba animar a Ron, quién se sentía terriblemente culpable por haberse separado de sus amigos.

  • Todo eso suena muy bien, Bill. Pero la verdad es que les abandoné cuando más me necesitaban. Digas lo que digas soy un cabrón y un cobarde. Una puta decepción andante.
  • Ron, estoy tan orgulloso de lo que has hecho hasta ahora y tan feliz de tenerte aquí conmigo que digas lo que digas no conseguirás que me sienta decepcionado de ti.
  • ¿Cuánto te apuestas? - Bill le miró, retándole con aquella característica sonrisa que derretía a la mitad de las alumnas de Hogwarts, la cual se quedó congelada en su rostro cuando Ron siguió hablando y, de sopetón, soltó aquello que le corroía por dentro. - Hermione está embarazada. Bill se levantó tan bruscamente que la silla donde había estado sentado hasta ese momento cayó al suelo con violencia. Miró a Ron con ira en los ojos, recordándole los efectos secundarios de ser atacado por un hombre lobo, y se marchó de la cocina dando un portazo. Ron se sentía terriblemente culpable por haber decepcionado a su hermano, sabiendo que iba a ser el primero de muchos al saber que Hermione esperaba un hijo suyo. La cocina se sumió en un silencio incómodo. Ron intentaba contener las lágrimas y Fleur fingir no darse cuenta que su cuñado estaba a punto de echarse a llorar.
  • ¿Tú la quieges, vegdad?
  • ¿Qué?
  • A Hegmione.
  • Sí, pero dudo que eso sea importante ahora.
  • Eso es lo más impogtante, Gon. Sé que ahoga pagece difícil. Pego todo mejogagá. - Fleur suspiró, mirando la puerta por la que Bill se había ido, cómo esperando que él volviera. - Pocas cosas no mejogan después de un buen baño caliente. Y tú apestas. Ven, te dejagué algo de gopa de Bill y te enseñagé tu cuagto... Cuando sintió el agua caliente sobre su cuerpo, Ron notó que le dolían todos y cada uno de sus músculos. El agua del suelo de la ducha arrastraba restos de tierra y sangre, le costó un rato conseguir quitarse toda la suciedad de encima. Pero lo que no se iba era el remordimiento. Ron sabía que lo que le había hecho a Harry era una putada. Le había prometido acompañarle y cuando las cosas se habían puesto difíciles, le había dejado tirado. Pero eso no tenía comparación con lo que le había hecho a Hermione. Al sentarse en su nueva cama enfundado en un viejo pero suave pijama de Bill, Ron se dio cuenta de lo agotado que estaba. Además, en la casa de Bill se sentía seguro, no había vuelto a sentir esa sensación desde que abandonó la Madriguera cuando los mortífagos irrumpieron en plena boda.  Alguien picó a la puerta y poco después Bill asomó la cabeza por su abertura.
  • ¿Ron, puedo entrar?
  • Claro, estás en tu casa, ¿No? Bill no contestó, simplemente tomó asiento en la cama, al lado de Ron. Estuvieron unos minutos juntos en silencio antes de que Bill hablara.
  • Ron, siento cómo reaccioné antes.
  • ¿En serio? Ni siquiera me gritaste, no seas idiota, no has de disculparte por nada. Al final conseguí decepcionarte, ¿Verdad?
  • No es eso, Ron. Es que todo esto es una mierda. A veces pienso que la situación me supera. No sé cómo seguimos estando cuerdos. Papá va cada día al Ministerio, rodeado de mil enemigos. Los gemelos no paran de provocar a todo aquel que se les enfrenta. Ginny está en Hogwarts con Snape de director. Y, lo peor de todo, tú estabas perdido Merlín sabe dónde junto a Harry Potter, el enemigo número uno del régimen. A veces pienso que correrías menos peligro si tuvieras spattergroit de verdad. Y también es curioso que el hermano que menos me preocupa sea un temerario que vive rodeado de dragones. Ambos se sumieron en sus propios pensamientos durante unos minutos, hasta que Bill rompió el silencio de nuevo.
  • ¿Así qué has dejado embarazada a tu novia?
  • No.
  • ¿Cómo que no?
  • Hermione y yo no somos novios 
  • Me duele oír eso, pensé que a estas alturas las cosas estarían más claras entre vosotros.
  • Sí, yo también.
  • ¿Entonces que sois? ¿Amigos que se acuestan juntos?
  • Amigos que se acostaron juntos una vez.
  • ¿Una vez? ¿Os acostasteis juntos una sola vez y la dejaste embarazada? Parece que además de los ojos de papá también has heredado su fertilidad.
  • Sí, eso parece.
  • ¿Y cómo fue?
  • ¿Cómo qué cómo fue? ¿Me estás pidiendo detalles? Porque aquí el que está casado eres tú...
  • ¡Claro que no te pido detalles! Pregunto cómo es que se quedó embarazada. Sé que Fred y George os dieron poción anticonceptiva antes de marchar. ¿No la llevabais encima cuándo os marchasteis en la boda? ¿Se os olvidó tomarla?
  • Poción multijugos.
  • Mierda.
  • Sí, mierda. ¿Tú lo sabías? 
  • Sí, pero es algo se lo que se habla poco. Quiero decir, que la poción multijugos, a parte de ilegal, es muy poco frecuente, aunque no para vosotros, claro. ¿Fue cuándo entrasteis al Ministerio?
  • Sí. ¿Cómo lo sabes?
  • Kingsley nos lo contó. También salió en el Profeta, claro. Hubo demasiada gente que os vio como para poder ocultarlo. Pero la versión publicada estaba muy distorsionada y os mostraba como delincuentes dementes.
  • Qué bonito. Un detalle más para darme cuenta que mi vida es una puta mierda.
  • No te vengas abajo, Ron. Tengo un regalo para ti. Dame un minuto. Bill salió un momento de la habitación y regresó levitando con su varita una cuna de madera.
  • Es nuestra cuna. Aquí dormimos todos los bebés Weasley, de mi hasta Ginny. A Fleur y a mí nos gustaría tener un bebé pronto, aunque hemos decidido esperar a que las cosas mejoren en el mundo mágico. Aún así, le pedí a papá si podía llevármela para darle un lavado de cara. Lijarla y barnizarla, quizás. A mamá no le dije nada, quería evitarme una ataque se emoción maternal. Ron se levantó para ver la cuna más de cerca y se le hizo un nudo en el estómago al darse cuenta que todo esto iba en serio. Iba a ser padre. Y la madre y el bebé estaban Merlín sabe dónde, en un peligro constante sin que él pudiera hacer nada por protegerles.  Bill, ajeno a los pensamientos de su hermano, siguió hablando:
  • Siempre pensé que sería padre antes que tío. Ya sabes lo que dice mamá a menudo. Un bebé hace los días más cortos y las noches más largas, pero convierte una casa en un hogar. Si te parece, me llevaré la cuna al taller para dejarla a punto. Y luego podrás decidir dónde ponerla. Bajó esa ventana quedaría preciosa. Aquí los tres sois bienvenidos, pero sé que en la Madriguera también lo seréis si así lo prefieres. Todos te queremos, Ron. No estás solo en esto. Y ahora dame un abrazo, que te he echado mucho de menos y vete a dormir, que luces de pena. Después de un emotivo abrazo y de despedirse de Bill, Ron se tumbó en la cama. Esperaba horas de remordimiento, pero estaba tan cansado que el insomnio esa noche ni siquiera le visitó.