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Lo que Harry no supo ver: el secreto de Ron y Hermione — capítulo 37

Sólo al aparecer frente a la puerta de la casa de conchas de su hermano mayor, Ron se dio cuenta que quizás no era buena hora para llegar de visita. Debían ser, ¿Qué? ¿Quizás las cinco o las seis de la mañana? Se quedó quieto mientras pensaba y decidió ir un rato a mirar el mar mientras esperaba que acabase de amanecer, pero a la que dio un paso en dirección al agua quedó inmediatamente inmovilizado por lo que parecían un millón de algas marinas que aparecieron de la nada. Y una alarma terrible empezó a sonar. En menos de un minuto sintió unos pasos que se acercaban. Bill, descalzo y con una bata a medio abrochar. Fleur con un perfecto conjunto de pijama, bata y zapatillas a juego. Hasta en ese momento lucía elegante. Su hermano levantó la varita y le instó a que se identificara. Ron supuso que la falta de luz le impidió reconocerle.

  • Bill, soy Ron.

  • ¿Qué? - Bill se vio muy emocionado. Bajó la varita y se acercó a su hermano rápidamente.

  • ¡Bill! ¡No te acegques! ¡Puede seg una tgampa! Bill, con evidente disgusto por vivir en un mundo que le obligaba a comprobar la identidad de su hermano antes de abrazarle, subió la varita de nuevo.

  • ¿Qué me contabas en la primera carta que me enviaste cuando llegaste a Hogwarts?

  • Te hablé de lo odiosa que era una niña sabelotodo de pelo enmarañado y las razones por las cuales nunca sería su amigo.

  • ¿Y qué te contesté yo?

  • Que cuando odias escribir y dedicas cinco páginas a describir a una chica y sólo una línea al final para explicar que Harry Potter es tu mejor amigo, eso significa algo. Qué en un par de años entendería el qué. Aunque en realidad me costó casi siete. Con un rápido pero complicado movimiento de su varita, Bill hizo desaparecer todas las algas. Apenas su hermano pequeño quedó liberado, cayó sobre él, abrazándolo.

  • ¡Oh, Ron! ¡Tenía tanto miedo por ti! - Ron devolvió el abrazo a su hermano y empezó a sollozar en su pecho. Bill dejó que se desahogara antes de mirarle a los ojos y preguntar - ¿Dónde están Harry y Hermione?  Los espasmos de Ron eran tan fuertes que no podía contestar a esa pregunta. Bill cogió aire e hizo una pregunta más directa, aunque le costó evidente esfuerzo realizarla.

  • ¿Ellos están... vivos?Ron afirmó con la cabeza. Bill suspiró sonoramente y dio gracias a Merlín. Fleur, quién contemplaba la escena conmovida a poca distancia, murmuró algo en francés, aliviada.

  • ¿Hemos de ir a ayudarles? ¿Están atrapados o algo así? ¿Necesitamos montar una operación de rescate ahora? - Ron negó - Entonces, puedo entender que no hemos de marchar corriendo a ningún lado, ¿Verdad? - Ron asintió - Vamos a desayunar, entonces. Debes tener hambre. ¡Estás en los huesos, por Merlín! Esta es tu casa, ¿Vale? Aquí estás a salvo y puedes quedarte todo el tiempo que quieras con nosotros. Eres más que bienvenido, Ron.  Ron se limpió las lágrimas con el dorso de su mano y murmuró un gracias que sonó muy gutural. Su hermano, que en ningún momento había dejado de abrazarle, le pasó el brazo por los hombros y le guió hacia dentro de su casa. Entraron en la cocina y se sentaron uno al lado del otro, frente a la mesa. Fleur le acercó unas tostadas y un plato de tocino que olía exactamente como el que le preparaba su madre. Ron pensó que no podría comer pues sentía el estómago cerrado, pero a la que se metió el primer pedazo de comida en la boca se dio cuenta de la hambriento que estaba. En realidad, no había comido nada en más de 24 horas. El sentimiento era contradictorio, pues la comida caliente le sentaba muy bien pero no podía dejar de pensar que mientras él estaba disfrutando de un delicioso desayuno Hermione y Harry como mucho estarían sobreviviendo a base de pescado carbonizado y setas correosas. Bill miraba comer a Ron en silencio, sentado junto a él, como si no quisiera alejarse de su recién recuperado hermano. Cuando por fin creyó que el hambre de Ron estaba satisfecha, le dijo lo que le rondaba por la cabeza.

  • Ya verás que contentos se pondrán papá y mamá cuando sepan qué has vuelto.

  • No, Bill. Ellos no pueden saberlo.  - ¿Por qué?

  • No he venido para quedarme. He de volver.

  • ¡Pero si acabas de llegar! ¿Dónde has de volver? ¿Con Harry y Hermione? - Ron asintió con la cabeza y Bill siguió hablando - ¿Y sabes dónde están?

  • No tengo ni idea.

  • Bueno, pero mientras lo averiguas te quedarás con nosotros, ¿Verdad?

  • Sólo si os parece bien.

  • Ron, estás en tu casa. Quédate todo el tiempo que quieras ya te lo dije antes. ¿Verdad, cariño? Fleur, quien se había sentado hacia unos minutos junto a Bill, asintió con la cabeza y le regaló a Ron una de sus perfectas sonrisas.

  • Ron, puedo preguntarte por qué os separastéis.

  • Por qué soy idiota. 

  • No seas tan duro contigo mismo.

  • No soy duro. En realidad me quedo corto. Soy un imbécil y un cobarde.

  • ¿Cobarde tú? ¿El Ron Weasley que lleva luchando contra Quién-Tú-Sabes desde los once? ¿El mismo que se metió en la cueva de una acromántula en las profundidades del bosque prohibido para salvar a su amiga? ¿El que el año pasado luchó con una orda de mortífagos en el Ministerio?

  • Ya. Suena muy bien cuando exageras, pero no fue tan así.

  • Eso es lo que siempre dice Harry, ¿Verdad? Pero, Ron, tú no eres un cobarde. Eres valiente. Y fiel.

  • ¿Fiel? Me lié con Lavender cuando Hermione me pidió ir a un baile con ella.

  • Bueno, que seas fiel no significa que a veces no seas también un poco idiota. - Aquel comentario robó a Ron una pequeña sonrisa que en seguida se congeló en su cara.

  • Bill, he abandonado a mis amigos. Sin comida, en el culo del mundo y con todo el Ministerio siguiéndoles la pista. Soy un mierda. No merezco ni el aire que respiro.

  • Algo muy grave debió suceder para que te fueras, Ron. Tú no les abandonarías así como así.

  • Un poco de lo de siempre, Bill.

  • ¿Celos? ¡Ron, no puedes estar celoso de Harry! Él no tiene ningún interés romántico hacia Hermione. Y ella aún menos. Ella le trata como si fuera su hermano, la idea de verlos juntos es casi incestuosa. Y sólo hay que veros a ti y a ella para ver la química que hay entre vosotros. En ese momento Fleur intervino.

  • En la boda, antes de que todo se estgopease, se os veía muy unidos. A punto de dag un paso impogtante. Cgeíamos que a estas altugas ya estagíais juntos.

  • Y así sería seguramente sí yo no fuera un imbécil. 

  • Entonces, ¿Te dio un ataque de celos y te largaste?

  • Bueno, no fue tan sencillo. - Ron se miraba las puntas de los zapatos - Digamos que había un objeto mágico que, no sé, se metía en nuestra mente y manipulaba nuestros sentimientos... A mie afectaba mucho, al menos lo llevaba peor que los demás.

  • ¿Magia negra? Ron, ese tipo de objetos es muy peligroso, ¿Por qué narices jugáis a crear cosas así?

  • Oh, no. No fuimos nosotros, lo creo él. El rostro de Bill quedó blanco por un momento y Ron supo que había metido la pata.

  • ¿Qué él creo eso, Ron? ¿Me estáis diciendo que lleváis encima algo creado por Quién-Tú-Sabes?

  • Bill, por favor, no me hagas esa pregunta. Ya he dicho demasiado. Es muy importante que no se lo digáis a nadie. Y no me preguntes nada más. Es por tu propio bien.

  • ¿Por mí propio bien, Ron? - Bill se levantó de la silla, enfadado - Se supone que soy tu hermano mayor, no necesito que me protejas como si fuera un inútil. Fleur le cogió de la mano y con la mirada le pidió que se calmara. El dio un par de vueltas a la cocina y se sentó de nuevo, haciendo un evidente esfuerzo por mantenerse tranquilo.

  • Ron, no fue culpa tuya.

  • ¿Qué?

  • Ese tipo de objetos son preciosamente para eso. Para minar la moral de quién los lleva. Para separar al enemigo, para hacerlo así débil. No fue culpa tuya. Te enfrentaste a algo muy poderoso. 

  • Me atacó porque yo era el más débil.

  • Ron, ese tipo de magia es horrible. Créeme, no eres débil. Tú te marchaste, sólo eso. Si hubieras sido débil te hubiera convencido para que entregaras a Harry a la justicia o para que le matases tú mismo. Se han dado casos de esposos que han matado a sus mujeres bajo la influencia de ese tipo de magia, incluso de padres que han asesinado a sus hijos. No eres débil, te lo aseguro. Yo lo sé y ese maldito objeto también lo sabía.

  • Todo eso suena muy bien, Bill. Pero la verdad es que abandoné a mis amigos cuando más me necesitaban. Digas lo que digas soy un cabrón y un cobarde. Una puta decepción andante.

  • Ron, estoy tan orgulloso de lo que has hecho hasta ahora y tan feliz de tenerte aquí conmigo que digas lo que digas no conseguirás que me sienta decepcionado de ti.

  • ¿Cuánto te apuestas? - Bill le miró, retándole con aquella característica sonrisa que derretía a la mitad de las alumnas de Hogwarts, la cual se quedó congelada en su rostro cuando Ron siguió hablando y, de sopetón, soltó aquello que le corroía por dentro. - Hermione está embarazada.