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Historia 194918 — capítulo 1

-Anda, no me hagas regañarte - dijo su padre cerrando la puerta en un golpe seco. Sheron le sacó la lengua, a pesar de que él ya no podía verlo. - Siempre igual ese mocoso - escuchó que se quejaba con su mujer. - No sé a quién habrá salido… - comentó insinuante y seguido se escuchó un golpe sordo y un corto quejido. Seguramente Aira se había vengado de él.

A Sheron no le importaba. No quería ir a esa estúpida escuela. Miró los dos sobres en su escritorio con pesadumbre. Uno de Hogwarts, otro de Durmstrang. Había enviado la solicitud el año anterior, y se había puesto muy contento al comprobar que había sido elegido. Pero su familia se negaba. Ellos querían que asistiera a Hogwarts, su preciada escuela mágica.

Él no deseaba ir ahí a ser el conejillo de indias de su abuelo; a estar con su estúpida hermana predilecta. "Lena esto, Lena lo otro"... ¿Por qué no lo dejaban seguir su propio camino? Siempre debía hacer lo que le pedían, siempre debía hacer caso, como un perro faldero. Un perro faldero como su padre.

Sheron pensaba que su padre era débil. Siempre cumpliendo los deseos de su hermosa madre... "Byron encárgate de esto", "Byron ayúdame con esto", y el otro tonto corría siempre caso sin chistar. Y su madre, que siempre había preferido a Lena... Quizás se debía a que no era la hija de Byron…

Lena era perfecta. Lena era buena. Lena era especial… Lena "Albot" tenía un don; un don heredado por su padre verdadero: Ewan Albot. Casualmente hijo de Albus Potter, su abuelo. El tío difunto de Sheron…

Sus padres no hablaban mucho de esa parte intrincada de sus vidas. Simplemente Lena y Sheron recordaban ir a ver el cuadro con su imagen en la enfermería de Hogwarts al menos una o dos veces por año. Lena iba más que él. A él no le importaba mucho, no era su padre... Sin embargo a Lena si, y siempre iba ansiosa a hablar con él y le hacía muchas preguntas de su don; Lena veía enfermedades, cortes, infecciones, problemas de salud realmente extravagantes. Era "un don maravilloso" para el mundo mágico. Solo que a ella le daba miedo…

Siempre había sido cobarde. Siempre estaba llorando, gritando, asustada como un conejo temblando. A Sheron eso le molestaba. Si él tuviera su don, sería valiente, sería más inteligente.

El padre de Lena, Ewan Albot fue uno de los mejores medimagos de la historia. Todos los libros de medicina mágica tenían sus descubrimientos y había muerto terriblemente joven, con diecisiete años. 

No había muerto por ningún accidente, ni por enfermedad… Había dado su vida para salvar la de su abuelo, Albus Severus Potter, el famoso y "eterno joven" Director de Hogwarts. 

Ewan le había regalado (accidentalmente o no) a Albus mucho más que una vida. Le había dado también su fuerza y su juventud… 

Desgraciadamente para Sheron, porque cada vez que Albus lo veía, parecía decidido a decirle que era lo que tenía que hacer, como sus padres, como su hermana. Deseaba profundamente ir a Durmstrang y no verlos más; porque para ellos era muy sencillo ser adorados, venerados… "Los Potter" bendecidos por la varita de Merlín. Por otro lado, Sheron tenia el apellido "Cox" como su padre. Una familia mágica con un árbol genealógico incompleto. El padre de Byron era tonto (y seguramente por eso lo dejo su mujer) y a Byron y a sus tíos los crió su abuelo paterno, Grennan Cox.

Byron, Douglas, Erwin, Gangon y Noah Cox eran quintillizos. Siempre compartieron todo desde la cuna y Sheron pensaba, cuando venían, que Byron tenía naturalizado brindarles todo lo suyo a sus hermanos.

Sheron debía ceder su cama a sus primos. Debía dormir en el suelo sobre un colchón en su propia habitación. Debía compartir sus juguetes, debía sonreírles como si de verdad le cayeran bien...

Los hijos de Erwin y Cassidy Cox tenían seis y ocho años, y eran terriblemente llorones; Cooper el hijo de los Malfoy era aprensivo y demasiado tímido para su gusto, cualquiera diría que con once años ya debería despegarse un poco de sus padres...

Y Max, el hijo de James Potter (hermano de su abuelo Albus) tenía diecisiete y era bravucón; al menos con Sheron, que se burlaba porque siempre tenía el ceño fruncido. El chico se pensaba que a Sheron le agradaba, pero no era cierto. Hacía absoluto caso omiso de las miradas asesinas que él le dirigía. Pero aún era que debía contener los insultos que le habrían gustado decirle por miedo de recibir una cachetada de su padre.

Byron era alto como buen jugador de Quidditch, y sus fuertes manos le habían enseñado a Sheron a no buscarle pelea.

Aira era su madre, la madre de él y de Lena. Byron y Aira fueron compañeros de escuela de Ewan Albot, y según Sheron sabía, Byron y él fueron grandes amigos en la escuela… en Hogwarts… donde colgaba su cuadro en la pared de la enfermería; donde lo visitaba su hija, la media hermana de Sheron…

Nunca se había sentido completamente de aquella familia. No porque no lo intentara; Aira y Byron eran buenos padres. Jamás le hizo falta nada… O eso había pensado hace un año atrás, cuando confesó su deseo de ir a Durmstrang y sus padres se negaron. Allí fue cuando comenzó a sentir una fuerte necesidad de libertad.

Estaba seguro de que si Lena decía que quería ir a Durmstrang, a ella se lo habrían concedido sin chistar. Lena era la favorita, por ser ella y por ser hija de un "héroe mundial".

Muchas veces, cuando iban de visita a ver su cuadro, Sheron deseaba que las cosas hubieran sido diferentes. Ser hijo de Ewan Albot le habría dado la libertad que merecía. Tener su don le habría abierto puertas que ahora le eran inalcanzables. Le surgirían cientos de oportunidades increíbles que ahora se le negaban…

Podría ser un gran mago, uno de los mejores… Si pudiera ver enfermedades como Lena, la vida de los demás dependería de él, de su inteligencia… La gente ofrecía fortuna, quizás todo lo que tenían para curar a miembros de su familia. Sheron no tendría que ni siquiera pensar en ir a las escuelas de magia. Podría ser medimago, como Ewan, y viajar por el mundo, y decidir a quién y a quien no atender… Ni siquiera dependería de sus padres. Podría mudarse solo, vivir alejado, construir su propio universo…

Sin embargo Lena fue la vendita. Lena la asustadiza, la llorona; Lena la buena, que no cobraba un Knut para ir a ver un enfermo. La que su abuelo Albus defendía todo el tiempo, evitando que viera cosas demasiado fuertes que pudieran lastimar a la frágil y tonta muchacha…

 Lena entraría a tercer año en Hogwarts, y estaba en la casa Ravenclaw. Él seguramente sería Slytherin, no tenía muchas dudas. Se consideraba más inteligente que todos los miembros de su familia… A veces, incluso pensaba que Albus era un poco tonto…

No sentía demasiado orgullo de que su abuelo fuera el Director. Jamás se habían entendido muy bien entre ambos. Sheron recordaba cada fulminante mirada que le dirigía siempre que él aparecía en la misma habitación. Esa fina e imperceptible arruga que se le formaba entre las cejas, la única arruga que su abuelo tenía.

Porque también estaba esa situación: Albus no envejecía, o al menos no parecía querer hacerlo; y en lugar de su abuelo parecía un padre y le gustaba actuar como tal…  Si tenía el cabello azabache canoso, casi blanco, pero ni una sola arruga en su rostro. Era anormal y a Sheron le habría encantado tener alguno de aquellos privilegios...

Pero lo único que había heredado de él y de los Potter. Lo único que lo relacionaba con su familia, eran sus ojos verdes…

Sheron era idéntico a su padre y a sus tíos. La piel trigueña, casi morena. La contextura de un futbolistamuggle, con piernas cortas y espalda ancha. Tenía el cabello oscuro, de un marrón café pero no tan azabache. La nariz pronunciada y los labios gruesos. También sus ojos eran profundos y anchos; y sus cejas tenían la misma forma que las de Byron. Pero sus ojos eran verdes. Verdes esmeralda. El verde famoso de Lily Evans Potter, de Harry Potter… de Albus Potter. Los había heredado de su madre, hija de Albus, Aira Potter.

Sin embargo, al verse a un espejo, se veía tan distinto a todos ellos… Era el mismo verde, pero no era la misma mirada… Harry Potter tenía la mirada firme, decidida de un anciano guerrero, pero amable y apacible… Albus tenía mirada profunda, y a cualquiera lo hacía temblar verla enojada. Aira era idéntica, aunque a Sheron jamás le había dado el mismo miedo…

Cuando Sheron se veía al espejo, en ellos veía un abismo. Sentía que no le pertenecían; no debían estar allí. Él no tenía que tenerlos. ¿Por que si? Deseaba tenerlos oscuros como los Cox. De esa manera hubiera sido más fácil, hubiera sido más sencillo ser ignorado en la familia.

En los periódicos aparecía Albus; a veces Aira… y Lena. Lena "Albot", no Lena Cox. Lena "Potter"... no Cox… El mundo así la reconoció…

Pero no a Sheron. Sheron era Cox. Él era de otro padre, de otra estirpe… Si nada interesante, ningún don especial. No aparecía en los periódicos, a nadie le importaba a qué casa acudiría en Hogwarts. A nadie en el puñetero mundo le importaría si él decidía ir a Durmstrang…

Excepto a su abuelo. La única persona decidida a hacerle la vida imposible y recordarle día a día el peso que tenía llevar los ojos de aquel inmundo color…

**Perdón a mis lectoras por no avisarles!!! Termine este capitulo antes que el de Scorpius, pero ya estoy por subirlo, lo prometo.****Tengo grandes expectativas para esta historia, oscuras... Aun no se a donde me llevará. No esta tan planeada como la primera parte, pero quizás me sorprenda a mi y a ustedes.****Espero que disfruten de este Sheron con rabietas. No lo odien, yo lo amo!****Y bienvenidas por supuesto a las que vienen por primera vez! Ya explique que seré repetitiva y explicare cada cosa para que no tengan la obligación de leer La Cura 1.**Besos! Escriban!!! y los leemos pronto!