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Locas aventuras de adolescentes — capítulo 12

Hola. este es el último capítulo. Prometí que no iba a llorar!!!!!!!! T_T. Les agradesco a todos los que leen mi fanfict. Pero te agradesco especialmente a ti Carolyn, que me ayudaste a escribirla y a ti Lalo que me animaste para publicarlo. Gracias.


Capítulo 12: Rojo sangre

Mirna abrió los ojos y vio la silueta de alguien, pero no lo pudo reconocer porque estaba contra el sol. Se cubrió los ojos con una mano y trató de enfocarlo bien. Era Erick.

-¿Me puedo sentar?- preguntó mirándola a los ojos.

-Claro- respondió Mirna haciéndose a un lado mientras él se sentaba en la hierba.

-Quería saber cómo está Carolyn- dijo poniendo sus codos sobre sus rodillas y mirando al horizonte.

-Creo que ella está bien. Pero deberías de hablar con ella en persona.

-Traté, pero no quiso escucharme. Todavía no me perdona- dijo Erick con abatimiento.

-Ya te perdonó pero todavía le duele y le cuesta olvidar- dijo Mirna poniendo su mano en el hombro de Erick.

-Tal vez tengas razón pero eso no arregla nada. Yo sólo quiero que me perdone por completo, que volvamos a ser por lo menos una pobre imitación de amigos.

-Ya hablarás con ella, no te preocupes.

Se quedaron en silencio un tiempo indeterminado. No hacían falta las palabras, Mirna sabía que Erick estaba arrepentido de lo que había hecho y eso era suficiente para ella. Aunque tal vez no era suficiente para Carolyn.

El sol empezaba a ocultarse por el horizonte. El cielo se teñía de colores rojizos. Primero pasó del color azul al anaranjado hasta convertirse en color rojo claro.

-Creo que deberíamos regresar al castillo- dijo Erick levantándose. Luego estiró una mano para tomar la de Mirna y ayudarla a levantarse.

Una brisa fría le causó escalofríos. El aire, que estaba antes cálido y fresco, se había tornado frío y seco. A Mirna le dio un extraño presentimiento y se apretó contra el costado de Erick.

-¿Pasa algo?- preguntó él confundido.

-Tengo un presentimiento- le temblaba la voz.

-¿Sobre qué?

-No lo sé. Es frío, horrible.

A Erick también le dieron escalofríos. Apretó a Mirna contra su costado y se fueron hacia el colegio. Llegaron al castillo y se despidieron al llegar a las escaleras porque Mirna tenía que subir a la torre de Gryffindor y Erick se tenía que dirigir hacia el Gran Comedor para ver si podía encontrar a Carolyn y hablar con ella.

Mirna siguió sintiendo frío durante todo el camino a la torre y se abrazó a si misma en ausencia de Erick. Entró por el retrato y lo primero que vio fue la melena de Hermione que salía con paso apresurado en encuentro con Edgar para otra “sesión de besos”.

Mirna siguió caminando hasta llegar a su dormitorio y sin hacer caso a Fred, que la llamó para que se sentaran juntos. Ella cerró la puerta con seguro y se recostó en su cama. Su presentimiento le oprimía el pecho. Sabía que algo horrible pasaría, pero no sabía qué. Miró por la ventana. El cielo. El cielo tenía un color peculiar. Las nubes parecía pintura roja derramada en agua, tenía tal color que parecía la sangre derramada por alguien.

Ese pensamiento la hizo estremecerse. Se volvió en su cama y alguien llamó a la puerta.

-¿Mirna?- se oyó la voz de Fred, se oía preocupado. Ella se levantó con pereza y abrió la puerta.- Cuéntame, ¿qué ha pasado?

-Nada. Tengo miedo. He tenido un presentimiento horrible- dijo ella aferrándose a su cuerpo.

-Sabes que no dejaría que nada malo te pasara nunca- le dijo Fred abrazándola con más fuerza.

-Quédate- le rogó ella- No quiero dormir sola esta noche. Siento que las cosas van a ir mal.

Él le prometió que se quedaría y salió del cuarto dejando a Mirna sola con su presentimiento. Cerca de las nueve Fred volvió ya con su pijama puesto. Mirna sonrió aliviada. Sin decir una palabra los dos se metieron en la cama y abrazados se quedaron dormidos al cabo de unos minutos.

Ya pasadas las diez de la noche la puerta se abrió con un chirrido pero no despertó a las chicas ni a Fred. Era Carolyn. Ella tenía en la cara una expresión de desconcierto. Acababa de llegar porque alguien la entretuvo por un pasillo del tercer piso.

-------------------------Flash back------------------------

Carolyn iba caminando, casi corriendo, con mucha prisa. Le urgía llegar al baño del tercer piso porque tenía una indigestión monumental, la cuál le hacía soltar tales gases que ahuyentaba a todo mortal que tenía la mala suerte de cruzarse con ella. Cuando de repente oyó que la llamaban por su nombre. Esa voz la hizo estremecerse.

-¡Carolyn! ¡Carolyn! ¡Espera!

Ella paró en seco en medio del pasillo y hasta se le olvidaron las ganas que tenía de llegar al baño. Se dio la media vuelta lentamente y vio a aquel chico por el que por muchos meses la hizo sentirse miserable y triste. Él venía caminando lentamente hacia ella.

-Carolyn, sólo quiero que me escuches- le dijo antes de que ella empezara a echar blasfemias contra su persona.

-Habla- dijo ella cortantemente y tan frío que a Erick le recorrió la columna vertebral un escalofrío.

Él tomó aire.

-Mira, yo no espero que me perdones ahora. Sé que lo que hice estuvo mal. Sé lo que te hice sufrir. Sé que te hice pasar por un dolor inmenso. Pero quiero que sepas lo que yo siento. Siento que estoy a punto de perderte. Quisiera poder regresar el tiempo para poder librarte de ese dolor. Pero no puedo. No puedo volver a remediar lo que hice. A veces quisiera nunca haberte conocido para poder ahorrarte muchas lágrimas que sé que derramaste por mi. Pero luego pienso que prefiero haber pasado unos momentos a tu lado y luego morir que vivir 100 años sin haberte conocido. Mi error no tiene perdón. Lo siento, no sabes cómo lo siento. Siento haberte lastimado. Siento haberte hecho llorar. Siento que tuvieras que pasar por esto. Siento lo que hice. Pero lo que más siento es que tal vez nunca me perdones. Te comprendo. Estás en tu derecho de no querer verme nunca más. Estás en tu derecho de no perdonarme. Sólo quería que lo supieras. Esta culpa que siento en el corazón nunca se borrará y vivirá conmigo, recordándome lo que hice para perder a la chica más maravillosa de este planeta. La que siempre estuvo a mi lado durante algunos años, pero por un error mío, se fue para siempre. Se fue la niña de mis ojos. Se fue por mi culpa. Nunca me lo perdonaré. Quiero que sepas que me arrepiento de todo esto y que tal vez en un futuro, lejano o cercano, puedas perdonarme.

Cuando terminó, Carolyn tenía los ojos empapados en lágrimas, que corrían libres por su rostro. Erick también tenían lágrimas retenidas en sus ojos y cuando terminó suspiró y una rebelde lágrima solitaria cruzó por su mejilla.

-Erick. Lo que hiciste me hizo perder el brillo en la mirada. Me hizo llorar un mar de lágrimas. Me hizo dejar de creer en el amor. Me hizo repudiarte. Me hizo odiarme por no poder odiarte por mucho tiempo. Me hizo creer que nadie que querría nunca. Sentí la cuarteadora de mi corazón y casi la pude escuchar en el momento en que te vi con ella. No sabes lo que sentí en ese momento. Sentí que tú nunca me habías querido. Me hizo perder la ilusión. Por muchos días lloré y grité hasta quedarme sin voz. Pero mi corazón se reparó después de un tiempo...y de verdad creo que todas mis lágrimas valieron la pena porque me hicieron más fuerte-

-Entonces ¿me perdonas?- preguntó Erick esperanzado lanzando una tímida sonrisa.

Carolyn cerró los ojos.

-Eres un idiota, imbésil, estúpido y un desgraciado- fue lo que dijo antes de lanzarse al cuello de Erick y abrazarlo como no había abrazado a nadie hasta ese momento.

El tiempo se detuvo y a ellos les pareció una eternidad la que estuvieron abrazados. Ya nada más importaba. No importaba que Erick hubiera tardado tanto en pedirle un perdón tan genuino. No importaba que Carolyn hubiera estado llorando por unas cuantas semanas seguidas sin parar. Ya no importaba nada de eso.

Se quedaron parados y abrazados en medio de aquel vestíbulo por tanto tiempo que a Carolyn se le secaron las lágrimas completamente de la túnica. Tanto tiempo que perdieron la noción del tiempo. Tanto tiempo que les pareció que las estaciones del año pasaron en cuatro segundos. Tanto tiempo que todos los recuerdos de su adolescencia pasaron antes sus ojos.

Se separaron y se miraron a los ojos.

-Creo que es mejor que volvamos a la sala común, ¿no crees?- dijo Carolyn ahogando un sollozo. Erick sólo asintió y los dos se fueron caminando, de la mano hasta la torre de Gryffindor.

-------------------------Fin del Flash back------------------------

Carolyn se sentó en su cama y se dejó caer sobre su costado. Apenas su cabeza tocó la almohada se hundió en sueños. En un sueño desesperante y triste.

Ella estaba en medio de un gran prado verde. Vestía con un vestido negro y fúnebre. Lágrimas recorrían su rostro pálido. A su alrededor había mucha gente, pero todas desconocidas. En el aire se respiraba la desesperanza y el dolor. Enfrente de ella había un ataúd de madera y sobre él lo más escalofriante. Sobre él había una fotografía móvil. Era un chico morena de no más de 14 años. Tenía el cabello negro y los ojos verdes.

-Erick- susurró Carolyn en sueños.

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-¡¡¡FRED!!! ¡¡¡CAROLYN!!! ¡¡¡MIRNA!!!- gritó George entrando al dormitorio de las chicas con su bata puesta encima de su pijama. Tenía en la cara una expresión de pánico.

Los tres aludidos se despertaron sobresaltados.

-¿Qué? ¿Qué pasa?- preguntó Carolyn todavía medio dormida, pero notando el miedo en la voz de George.

-¡¡Rápido!! Tenemos que irnos cuanto antes- dijo sin hacer caso a Carolyn y despertando a Hermione, Parvati y Lavender. Ellas no preguntaron nada, solo se pusieron una bata y bajaron corriendo.

-George, ¿Qué pasa?- le preguntó en tono serio Mirna tomándolo del brazo.

-¡Están aquí!- exclamó él- ¡En el castillo! Nadie sabe cómo entraron. La profesora McGonagall vino a avisarnos. Tenemos que irnos lo antes posible.

-¿Los Mortífagos?- preguntó Fred nervioso.

-Sí- dijo George desesperado.

A Mirna se le comprimió el estómago. Eso era. Eso era su presentimiento. Miró su reloj de muñeca. Eran las cuatro de la mañana. Miró por la ventana rápidamente antes de que Fred la jalara bruscamente de la mano escaleras abajo. El cielo todavía estaba oscuro.

Carolyn bajó junto con George y justo detrás de ellos venían Fred y Mirna. Llegaron a la Sala Común y vieron que de todas las escaleras de caracol bajaban todos los alumnos con las batas a medio poner, el cabello muy despeinado y las caras pálidas. Carolyn estaba buscando con la mirada a Erick. Cuando lo vio su corazón se calmó un poco pero aún así sintió que el pánico se extendía como una nube de gas tóxico por las caras de todos los chicos y chicas.

La Sala Común de Gryffindor nunca había estado tan atestada de chicos desde 11 hasta 18 años de edad. En las caritas de los niños de primero se podía ver claramente el miedo mezclado con la confusión.

El retrato de la dama gorda se abrió con brusquedad y por él entró la profesora McGonagall.

-¡¡Silencio!!- gritó para hacerse oír entre los llantos, gritos, gemidos y conversaciones que abundaban en la torre- Oliver- giró la cabeza en busca del capitán del equipo de Gryffindor- Tú y tus compañeros llevarán a los de segundo- giró la cabeza hasta encontrar a un alumno de sexto- Ustedes llevarán a los de primero- buscó con la mirada a algún estudiante de quinto grado hasta que su mirada se topó con los gemelos- Los de quinto lleven a los de tercero junto con los de cuarto.

En la sala reinaba un miedo asesino y el silencio se apoderó de todo, oprimiéndolo. La profesora salió de nuevo sin decir una sola palabra más. Justo en el instante en que la puerta del retrato se cerró el barullo se escuchó de nuevo pero fue acallado por Oliver.

-Ya escucharon a la profesora. Los de primero, segundo y sexto síganme- ordenó Oliver con voz autoritaria que hizo que todos se callaran y siguieran sus órdenes- los de tercero, cuarto y quinto, sigan a los gemelos. Ellos los llevarán a un lugar seguro.

Oliver les ordenó a los más pequeños que tomaran a una pareja de un grado superior y que pasara lo que pasara que no se separaran de su pareja. Él tomó la mano de Ginny y salió de la sala seguido de sus compañeros.

Fred y George se quedaron a cargo de los demás.

-Muy bien. Salgamos de ésta rápido- dijo Fred- Sígannos y no se separen.

Salieron de la torre de Gryffindor. Bajaron las escaleras con rapidez. Mirna podía ver a su alrededor todo normal. Pero cuando llegaron al primer piso todo era diferente. Había heridos por todos lados. Había hombres con capuchas que les cubrían las caras que atacaban a diestra y siniestra.

Pero lo que hizo que a Mirna se le encogiera el estómago es que había unos seres que le pusieron la carne de gallina. Parecían flotar sobre el suelo y se movían con movimientos suaves y elegantes. Tenían puesta una gran capucha negra que les daba un aire espectral y escalofriante. El aire se volvió denso y frío que llegaba a calar los huesos.

Fred se apresuró a tomar a Mirna por la muñeca para llevársela. Iban todos pegados a la pared con la esperanza de no ser vistos por el enemigo. Una visión horrible le llegó a los ojos de todos los chicos. Un trol enorme estaba tratando de machacar a un centauro que se veían muy pequeño a un lado de la prominente montaña de grasa. El centauro era de color blanco dorado y se veían con el rostro joven. Pero justo antes de que el mazo del trol diera contra el pobre centauro que sólo se defendía con un arco y unas cuantas flechas, Hagrid lo detuvo.

Fred y George se apresuraron a guiar al resto de los chicos a un lugar seguro pero por todos los pasadizos que trataban de sacarlos estaban bloqueados, incendiados o derrumbados. La única salida ahora era la puerta principal. Se dirigieron si demoras hacia ella. Tuvieron que pasar por entre las piernas de algunos trols más y uno que otro gigante, además de los hechizos y contra hechizos que pasaban apenas rozándoles un brazo o la cabeza.

Uno de esos hechizos perdidos le dio directo a un cuadro que estalló en pedazos mientras sus personitas corrían a refugiarse a otro cuadro y las llamas empezaban a esparcirse hasta causar un incendio. Unas vigas cayeron justo detrás de Mirna. Y escapó por un pelito. El aire se llenó de humo y era más difícil la respiración.

Los chicos empezaron a toser por aspirar ese humo negro y apresuraron cada vez más el paso. Cuando por fin salieron por la puerta principal ya la mayor parte del colegio se había salido y se dirigían a los terrenos.

El aire puro le inundó los pulmones a Mirna. Se dobló por la mitad para recuperar el aliento y apoyó sus manos en los muslos.

-¿y Carolyn?- preguntó de pronto George.

Mirna volteó a todos lados en su busca. Una sensación de vacío y vértigo se apoderó de ella.

-Creí que venía justo detrás de mi- dijo nerviosa sin atreverse a mirar a los ojos a George.

-¡¿Qué?!-gritó George y empezó a buscarla entre la gran multitud de niños.

Se empezó a desesperar y casi le da una crisis nerviosa. Mirna buscaba también entre la multitud indicios de Carolyn pero de ella ni sus luces. De pronto su mirada se desvió hacia el castillo en llamas. Se imaginó lo peor. Pero al ver más de cerca puso ver la silueta de alguien entrando de nuevo al castillo de manera decidida.

-¡Erick! – le gritó ella. Pero él no la escuchó.

Entró al castillo sin escuchar a nadie. Avanzó por el humo y las llamas. Entre escombros, criaturas tenebrosas y llamas. Hasta que llegó a donde había una chica en el suelo, entre el humo y las llamas, que estaba atrapada debajo de una viga rota.

-¡Carolyn!- gritó Erick llamando la atención de la chica que estaba intentando soltarse pero sin mucho éxito.

-¡Erick!- exclamó ella olvidándose de su pierna atrapada.

-No te muevas- dijo Erick. Se acercó, se arrodillo frente a Carolyn y, con mucho esfuerzo, levantó la viga, dejándola libre. Pero parecía que el tobillo de Carolyn estaba roto porque ella dijo que había oído algo tronar.

-Hay que salir de aquí- dijo Erick, pero en ese momento otra viga se desprendió del techo obstruyendo gran parte del camino.

-Erick-gimió Carolyn abrazándose a él. Sus manos tocaron suavemente una cadena de plata con un ángel de cristal que Erick tenía en el cuello. Ese había sido el regalo de cumpleaños que Carolyn le había dado hacían ya dos años y desde ese entonces él no lo había dejado.

Erick miró a todos lados en busca de una salida.

-Carolyn, si salimos de ésta, prométeme que seguiremos juntos- le dijo Erick mirándola a los ojos- Pero ni no lo logramos, quiero que sepas que significas todo para mi. Te amo. Siempre te he amado.

-Erick, yo también te amo, y si saldremos de ésta- le dijo Carolyn besándolo en los labios.

-¡¡Aaaayyy!!! ¡Qué tierno!- dijo una voz fría y burlona detrás de ellos.

Los dos voltearon a ver lentamente. Era alguien vestido con una túnica negra que le cubría el rostro y tenía una voz muy familiar. Pero no lo lograron reconocer por completo. Aún así le pudieron ver los ojos hazel llenos de odio y resentimiento. Apuntó su varita directo al corazón de Erick y dijo:

-¿Quién hubiera pensado que algún día te tendría así? Indefenso. ¡Avada Kedabra!

Carolyn soltó un grito que desgarró el aire matutino. Un haz de luz verde iba hacia Erick. Cuando el rayo tocó a Erick sus ojos se quedaron ausentes y su cara sin expresión. Se balaceó un poco para luego ir cayendo lentamente hacia atrás. La fuerza de sus brazos, alrededor de Carolyn protectivamente, se esfumó.

Carolyn todavía tenía su mano cerrada en torno a la cadena de plata del cuello de Erick, pero cuando él cayó se desprendió de él. Ella se quedó con la cadena y el ángel entre sus dedos y con la boca entreabierta del asombro.

Por alguna razón incomprensible para Carolyn, el mortífago se dio la vuelta y huyó. Ella se quedó ahí, con un dolor inmenso en su tobillo roto, pero otro dolor más intenso en su corazón y su alma. Ahí se quedó, aún arrodillada, sin poder moverse.

-Vámonos- gritó aquella persona que asesinó a Erick. Todos los mortífagos, trols y dementotes lo siguieron fuera del colegio.

Carolyn estaba en medio del pasillo con la mirada perdida en dirección a Erick y los ojos empañados. El cuerpo inerte de Erick estaba a un lado de ella, con la cara completamente tranquila y sus ojos, antes llenos de vida, ahora ausentes.

Una mano, salida de la nada, tomó la muñeca de Carolyn con sumo cuidado. Ella oía gritos de horror como si vinieran de muy lejos. Unos brazos fuertes la levantaron del suelo y la levantaron. Ella forcejeó mucho, tratando de soltarse y oía las palabras tranquilizadoras de un chico que la abrazaba y le besaba el cabello con ternura y aflicción. Pero Carolyn se había quedado sin fuerzas y no le quedó más remedio que dejar que él se la llevara. Su tobillo le dolía ya muy poco. Esa persona a la que no veía a la cara la llevó corriendo afuera.

El aire frío de la madrugada le dio de lleno en la cara. Miró alrededor y vio los rostros asustados de muchas personas. Pero no reconocía el de ninguna. El que la llevaba en brazos la bajó en un lugar casi completamente vacío y la sentó con cuidado en un tronco viejo.

-¿Carolyn? Mírame a los ojos. ¿Estás bien? ¿No te pasó nada? Carolyn, contesta- le dijo George muy nervioso. Él era el que la había sacado de la escuela.

Carolyn lo miró a los ojos y vio en ellos el miedo. George vio en los de ella el vacío y la desesperación. Carolyn no respiraba bien. Su garganta se llenaba de gemidos que no podía contener.

Tristes lágrimas silenciosas corrían por su cara. Una lágrima por Erick. Una lágrima por sus padres, una lágrima por sus amigos. Una lágrima por su amiga. Otra lágrima por Erick. Mil lágrimas por Erick.

-Estoy bien, George- dijo ella tratando de levantarse pero cuando lo hizo volvió a caer. Ya se había olvidado de su tobillo roto. George la levantó contra su voluntad y la volvió a sentar en el tronco.

-No te muevas- le dijo él mientras sacaba su varita y murmuraba algunas palabras. Un haz de luz azul cielo salió de su varita y le reparó el tobillo a la chica.

-¡Carolyn!- exclamó Mirna acercándose corriendo, con Fred detrás de ella- ¿Estás bien?

Carolyn asintió. Mirna se sentó junto a ella y se fijó en lo que tenía en la mano. Le tomó la mano y la abrió. Hasta Carolyn se sorprendió al ver la cadena de plata de Erick. Mirna se tapó la boca con las manos.

-Carolyn...él no...Él no está...- tartamudeó Mirna levantándose y buscando a Erick con la mirada.

-Está muerto- confirmó George con la mirada clavada en el suelo.

-¡¿Qué?!- gritó Mirna deseando, incluso anhelando que hubiera escuchado mal a George- No- dijo ella tratando de convencerse.

Las lágrimas inundaron los ojos de Mirna y escondió la cara en el pecho de Fred quien la abrazó comprensivamente. Carolyn tenía la mirada ausente, reviviendo una y otra vez la escena de la muerte de Erick.

Ni Mirna ni Carolyn supieron cómo acabó todo. Sólo oyeron el sonido de una explosión y los gritos de muchas personas.

Cuando Mirna miró al horizonte apenas se empezaban a ver los primeros rayos del día. Al igual que los de la tarde anterior, eran de color rojo sangre. Aunque entre ellos todavía se vislumbraba un rayito amarillo de esperanza.

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Era un día lluvioso. Pero apenas era una ligera llovizna, como una delgada cortina de dolor que se cernía sobre ellos. En medio de un gran prado había muchísima gente. Parecía una fiesta pero no había música y todos estaban vestidos de negro.

Las lágrimas brotaban de casi todos los rostros, excepto el de una chica morena, de cabello café y rizado. Ella no tenía ni una lágrima en el rostro. Parecía que se encontraba en otro universo. Su rostro estaba pálido y sus ojos mostraban desesperanza. Ya había llorado demasiado.

Parecía que todo su peso se le había ido en lágrimas. Lloró tanto que pensó que se ahogaría. Lloró tanto que pensó que nunca pararía. Lloró tanto que pensó que nunca olvidaría. Lloró tanto que pensó que sus lágrimas se acabarían.

Miraba directamente hacia un ataúd de caoba oscuro que estaba entre otros diez más. Arriba del féretro de caoba había una foto de un chico risueño, moreno, con cabello negro y ojos verdes. También había muchas rosas blancas encima.

Carolyn llevaba entre sus manos una rosa roja oscuro, casi negra, que le lastimaba las manos cuando la apretaba muy fuerte. Pero eso no le importaba. Ya no le quedaba ni una gota de sangre que no extrañara a Erick. Dejó la rosa encima del ataúd de Erick.

Su mejor amiga se hallaba a su lado, dejando una rosa blanca encima del féretro. Sus ojos estaban rojos de tanto llorar. Fred y George estaban detrás de ellas, vestidos con unos trajes negros idénticos.

Mirna retrocedió lentamente limpiándose más lágrimas que acudían a su rostro. Fred la tomó desde atrás de los hombros y se los apretó en señal de apoyo. Ellos dos se fueron a sentar pero Carolyn se quedó parada frente al ataúd de aquel chico que la había hecho reír y llorar al mismo tiempo.

Se llevó una mano al cuello. Apretó con fuerza el ángel de cristal que pendía de una cadena de plata. Era esa cadena la que le recordaría a Erick por el resto de su vida. Era esa cadena la que no le dejaría dormir por las noches. Era esa cadena la que le recordaría también esos ojos hazel llenos de odio que había visto en los ojos del asesino de Erick. Era esa cadena la que le haría querer cobrar venganza tarde o temprano.

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-Te escribiré todos los días, te lo prometo- dijo Fred cuando, en la estación de King Cross tomaba la mano de Mirna antes de que ella subiera a un autobús que la llevaría al aeropuerto de Londres para regresar a Estados Unidos.

Ella sonrió con pesar y le apretó la mano con cariño antes de depositar un dulce beso en la mejilla de Fred.

-Hasta siempre, Fred- dijo ella con la voz débil- No me olvides.

-Nunca lo haré.

Se abrazaron por última vez. Fred aspiró por última vez el aroma del perfume e Mirna. Mirna sintió por última vez la suavidad de la piel tersa de Fred.

-Vamos, Mirna. Perderemos el avión- le gritó la voz de Diego desde la puerta del autobús.

-Ya voy- dijo Mirna.

Se separó de Fred con un dolor inmenso en el alma y caminó en dirección contraria para subir al autobús. Fred se quedó en la entrada de King Cross de pie y son poder evitar que ella se fuera. Por la ventanilla de autobús se asomó la cabeza de Mirna y le dijo adiós con la mano.

-¡Te amo!- le gritó ella cuando el autobús arrancó.

-¡Lo sé!- le gritó de vuelta Fred pero al ver la mirada de reproche de su hermano gritó- ¡Yo también te amo!

El autobús se alejó con rapidez y dejó a un par de gemelos pelirrojos con un hueco en el alma. Tal vez nunca volverían a ver a aquellas dos chicas con las que habían compartido un año lleno de aventuras, sorpresas, amores, viajes, rumores, peleas, borracheras, caminatas, días de diversión en el lago, y muchísimas cosas más que no olvidarían en lo que quedara de sus vidas.

Fred y George se quedaron ahí estáticos por un largo rato sin poder terminar de asimilar que ellas se habían ido, tal vez para siempre. Cuando el sol se empezó a ocultar por el horizonte Fred y George por fin se fueron. Regresaron a casa, justo como ellas dos.

Mientras tanto Mirna y Carolyn se preguntaban si volverían a conocer a dos personas similares a los gemelos. Ellas mismas se respondieron su pregunta. Nunca. Nunca volverían a conocer a dos personas como ellos. Nunca.

Epilogo

Ana Touchman siguió siendo novia de Ron Weasley. Como lo prometieron se escribieron a diario y no perdieron la comunicación. Se siguieron frecuentando en las fechas importantes como Navidad hasta que Ron le propuso matrimonio después de su graduación. Ella le dijo que sí y unos meses después se casaron en Estados Unidos y se fueron de Luna de Miel al Caribe. Están muy enamorados y seguirán así.

Rebecca Stony se hizo novia de Alexis Woodworm un año después de su intercambio a Hogwarts. Después de andar 3 años con Alexis ella se mudó con sus padres a Nueva Zelanda. Lloró por muchos días y noches. Se rumorea que ya tiene otro novio con el que planea casarse pero no hay nada seguro. Se graduó en un colegio de Nueva Zelanda.

Alexis Woodworm sufrió mucho después de la partida de Rebecca pero no la buscó ni intentó ponerse en contacto con ella. Ahora ella solo vive en su memoria como una chica de la que se enamoró profundamente pero se fue. Después de graduarse se fue a vivir a la república Checa y ahí conoció a una muchacha con la cual se comprometió y vive feliz.

Edgar Casel se fue a vivir a Inglaterra para estar junto a Hermione pero ella se fue a vivir a Paris así que él se quedó solo. Después de varios años entró a trabajar en el ministerio en el Departamento de Cooperación Mágica internacional. Está encargado de organizar el próximo mundial de Quidditch de la liga estudiantil y le gusta mucho su trabajo.

Diego Forester siguió aguantando la tortura de que Iván Kranker le dijera “casco” por el resto de su vida.

Iván Kranker es un importante empresario en el mundo muggle mientras que en el mundo mágico fundó una compañía de escobas voladoras de última tecnología. Gana millones de galeones al año y vive en Francia.

Harry se quedó completamente solo cuando su mejor amigo de casó con Ana Touchman y su mejor amiga se fue a vivir a Paris.

Lee Jordan hizo una tienda de Artículos de broma que está en el Callejón Diagon. Se hizo millonario pero sigue siendo igual de simple y modesto que siempre. Sigue siendo amigo de los gemelos pero ya casi no se ven.

Katie Bell, Angelina Jonhson y Alicia Spinet se unieron al equipo de Quiddich de Inglaterra y son mundialmente famosas. Han ganado tres campeonatos y las tres siguen siendo mejores amigas. Se volvieron apáticas con eso de ser ricas y ya no contestan llamadas personales.

Remus Lupin se declaró ante todo el mundo mágico como un hombre lobo. Un año después se comprometió con Nimphadora Tonks a pesar de ser casi 20 años mayor. Hacen una bonita pareja y viven en Madrid, España con su hija Ashley.

El profesor Dumbledore está en la cárcel de Azkaban cumpliendo con su penitencia de 6 años por ser encontrado culpable de traficar Dragones ilegales y cuernos de unicornio. Aunque está en la cárcel sigue siendo director de Hogwarts. Muchos desaprueban su estado como director pero cuando la prensa lo entrevista siempre dice: “sin comentarios”.

En cuanto a nuestros protagonistas...la vida todavía les depara mágicas aventuras y...¿quién sabe? Tal vez el destino quiere que se vuelvan a encontrar...


FIN