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Amor del Pasado, Nunca Olvidado — capítulo 1
Título: Amor del Pasado, Nunca Olvidado
Título del Capítulo: La Primera Misión sin Papeleo
Parejas: Lily & James, Remus &..., Sirius &...
Género: Amor, Comedia
Rating: ATP
Advertencia: Ninguna
Resumen: Ellos creen haber olvidado todo lo que sucedió en Hogwarts. Sumidos en su nueva vida de recién empleados, ¿que harán cuando el destino los vuelva a unir y vuelvan a encontrarse con todo aquello que creyeron dejar atrás en Hogwarts?
Disclaimer: Los personajes son propiedad de J.K. Rowling, solo algunos me los inventé yo. Escribo por gusto, no por dinero ^^
CAPITULO 1: La Primera Misión sin Papeleo
Aquel día era uno de esos que te levantas y notas que algo va a ir bien, pero luego miras el reloj y descubres que llegas tarde a trabajar. Eso es lo que le ocurrió a James Potter:
Era un soleado y frío día de finales de noviembre, cuando James abrió un ojo y miró el radiante sol que asomaba por al ventana después de una semana de lluvias, se dijo “Hoy será un buen día”. Claro que luego abrió el otro ojo y se fijó en la hora de su moderno reloj digital: 8:47, entonces se dijo, o más bien se gritó “Mierda, ¡llego tarde!”. A toda prisa se duchó, se vistió como pudo, cambiándose dos veces de calcetines porque los llevaba desparejados, y salió de su casa corriendo. En cuanto estuvo en la calle, donde sí que podía aparecerse y desaparecerse, concentró todos sus sentidos en aparecerse en las sedes del Ministerio de Inglaterra, no de Escocia, como ya había ocurrido alguna vez. Nada más notar ese cosquilleo en el estómago, abrió los ojos y cruzó los dedos por estar en el sitio correcto. Bien, por lo menos había llegado. Cruzando el vestíbulo a toda velocidad, no se fijó en que había chocado con alguien.
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¡Ay! –se quejó la mujer, que había caído al suelo junto con James, y todos sus papeles de habían desperdigado.
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Lo siento –se disculpó él. Al levantar la vista se encontró con una chica morena, de ojos verdes y expresión burlona que recogía apresuradamente sus papeles en un montón. Al instante la reconoció-. Creo que ya no tanto.
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¿Qué? -se extrañó ella, y levantó también la vista, pero no se le aclaró nada con respecto al hombre; entonces se fijó el la plaquita en la chaqueta del chico-. Oh, el gran James Potter. ¿Sabías que llevas los calcetines desparejados? –se burló.
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También me alegro de verte, Julie –ironizó James-. Estás igual que siempre.
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Tú no –respondió ella, y tenía razón. En los tres años que hacía que habían salido de Hogwarts, James se había convertido en un hombre propiamente dicho, era más atractivo (cosa bastante difícil, porque ya en el colegio era muy guapo), le había cambiado ligeramente las formas de la cara, para dejar paso a una más adulta, y llevaba el pelo ”peinado” hacia un lado.
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Ya, seguiría charlando contigo, pero llego tarde –dijo James.
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Menuda novedad –ironizó Julie-. Que te diviertas con el papeleo, novato –se despidió.
Mientras se ponía en pie se puso a pensar en sus años de Hogwarts, que tampoco quedaban tan lejos. Le divirtió recordar a Julie y sus amiguitas en el colegio: siempre dispuestas a fastidiar cualquier broma y provocarle un castigo. Apresurado subió al ascensor, donde se encontró a Amelia Bones.
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Hola Amelia –saludó James despreocupado.
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Buenos días James –respondió ella, y le miró divertida de arriba abajo-. Llegas tarde.
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Ya –asintió él algo avergonzado, era la tercera vez en una semana, y estaban a jueves.
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Y llevas los calcetines desparejados –añadió Amelia antes de bajarse en la tercera planta-. Moody te espera –se despidió.
James se bajó en la siguiente planta: la segunda. Amelia Bones era una de esas personas con las que se puede contar, era razonable y justa, pero muy seria y responsable. Cuando llegó a la puerta con el cartel “Oficina Central de Aurores” intentó alargar sus pantalones para ocultar la estrambótica combinación de calcetines que llevaba, pero no dio resultado. Al abrir la puerta se encontró con la familiar sala cuadrada, que compartía con Mathew Peiken, Howard Lyndon y Sirius Black. Mathew y Howard estaban sentados al fondo, ordenando papeleo. Justo en frente estaba Sirius, sentado con los pies en la mesa comiéndose un bocadillo, mientras observaba perezoso el montón de papeleo que tenía delante. En la mesa de James había otro montón de papeles amontonados.
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Llegas tarde –dijo Mathew a modo de saludo, sin levantar la vista de los informes.
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Hola James –saludó Sirius divertido-. Te has superado, sólo 53 minutos tarde.
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Buenos días –dijo una chica que cruzó la sala en ese momento-. James, Moody te está esperando, y llevas los calcetines desparejados.
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Gracias Martha, no lo había notado –ironizó James. Martha Turner era una de las pocas mujeres del departamento-. ¿Te ha dicho que quería?
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Ni idea –respondió Martha-. Pero lo tienes contento…
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¡Martha! –dijo Sirius con tono meloso-. Ven aquí, necesito tu ayuda en un importante asuntillo de nada.
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Eso es una contradicción en si misma, Black –repuso ella, y se detuvo a una prudencial distancia de Sirius y su sonrisa de niño malo-. ¿Qué te pasa?
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Los informes –dijo Sirius, y señaló al montón de papeles que ni siquiera había tocado.
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¿Te refieres a los que ni has mirado y estás manchando de aceite de tu bocadillo? –preguntó Martha acercándose un poco, mas que nada porque tenía que irse ya y la puerta estaba en frente de Sirius.
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Hablando de eso… ¿Quieres venir a comer algo conmigo, eh Martha? –preguntó Sirius muy seductor-. No hace falta que lo disimules, yo sé que estás loca por mí –apunto él, y la agarró por la cintura antes de que Martha pudiera impedirlo, ella puso los ojos en blanco y se acomodó en el regazo de Sirius.
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Me lo pensaré. James, yo que tu me daba prisa –sugirió Martha.
James avanzó hasta el fondo de la sala, donde había una puerta con un cartel torcido que decía “Despacho del Jefe: Alastor Moody” y en letra pequeña y con mala caligrafía decía “soy el jefe de los aurores, cuidado para lo que entras”. Eso lo habría puesto Moody; era un excéntrico auror, al que le faltaban pequeños trozos, fruto de sus numerosas peleas. Cuando abrió la puerta se encontró con Moody, que lo miraba fijamente a pocos centímetros de su cara.
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Te estaba esperando –dijo a modo de saludo, pero eso era obvio.
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Sólo han sido 53 minutos, es que el desperdator… -justificó James.
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No digas bobadas, Potter, que para empezar es despertador, y tú no sabes usar eso –cortó Moody-. No te he llamado para castigarte ni nada parecido, eso son cosas del colegio –dijo, y no pudo ocultar una sonrisa cuando vio la cara de “culpable” que puso James-. Tengo un trabajo para ti.
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Estupendo –dijo James emocionado-. ¿A quién tengo que detener? ¿Algún ataque de mortífagos?
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Calma Potter, que no es nada de eso –le frenó Moody, acostumbrado a que el chico era muy precoz en estos temas-. Ya te dije que todavía nada de redadas ni mortífagos.
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¡Pero si llevo un año aquí! –se quejó James, que hasta ahora había tenido que conformarse con leer en el papeleo las hazañas de otros, y de jugar al baloncesto con Sirius y las bolas de papel.
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Yo diría que medio, porque llegas tarde todos los días –corrigió Moody-. He decidido que vas a ser una importante pieza en la operación… -dijo como si eso fuera un gran sacrificio, y se detuvo.
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¿La operación qué? –preguntó James, que todavía guardaba esperanza.
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No lo sé, aún no le he puesto nombre –contestó Moody-. El caso es que tú y otros cuantos que ahora decidiré vais a ir aquí –dijo, y el pasó a James una dirección escrita en un papelito.
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¿Qué es esto? –preguntó James.
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Un estudio de modelos –respondió el jefe-. Y no te emociones, que nos conocemos, vais a vigilar los sucesos sospechosos, no a las modelos –aclaró.
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Claro –mintió James-. Si yo soy muy responsable –dijo con cara de angelito, la misma que ponía cuando mentía a los profesores en Hogwarts.
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Sí, seguro –ironizó Moody-. El caso es que hemos recibido el soplo de que allí pasa algo extraño, y vais a ir a investigar.
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¿Ese es el gran trabajo? –gruñó James-. ¿Vigilar? Sin maleficios, sin duelos, sin…
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Sí, Potter. Ya te dije que las redadas y las batallas a vida o muerte son para los expertos –dijo Moody, y vio que James iba a protestar-. Y los novatos obedecen.
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Sí señor –dijo James con desgana.
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Muy bien –aplaudió Moody, y le entregó un montón de papeles-. Toma, para que te entretengas en las horas extra que vas a cubrir por llegar tarde. Llama a Black y a Lyndon.
James cerró la puerta y soltó un resoplido. Sus compañeros y Martha, que todavía seguía sentada en las rodillas de Sirius, levantaron la vista para ver que le pasaba.
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No hay redada –profetizó Mathew.
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Ni mortífagos que detener –auguró Sirius.
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Y un montón de papeleo absurdo –añadió Howard.
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Muy listos –ironizó James-. Sirius y Howard, al matadero –indicó, avisándoles de que Moody les esperaba. Ellos con cara de no entender nada se levantaron y entraron en el despacho, después de todo, ¿quién entendía a Moody?
Unos minutos después, Sirius y Howard salieron con cara de haber visto la luz, es decir, muy contentos. Sirius sostenía en alto el papelito con la dirección del estudio de modelos, como si fuera una snitch o algo así. Howard sonreía embelesado.
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Número 15, Knightsbridge –murmuró Howard-.
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Modelos –dijo Sirius-. Muchas modelos a las que nosotros vigilaremos.
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Creo que me voy –intervino Martha-. No quiero estar presente en una conversación masculina tan… -se detuvo-. Mejor me voy con los expertos –dijo al fin. Así era como se llamaban entre los aurores, James y sus compañeros eran los más novatos (y los que se quedaban con el papeleo) y luego hasta llegar a los veteranos.
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Hasta luego, Martha –se despidió James, que era el único que conservaba la cordura en aquella sala, porque Mathew había entrado también en el despacho.
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James, modelos –repitió Sirius-. ¡Modelos!
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De esas que salen en las revistas, guapas, que estén… -empezó Howard.
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Sirius, ¿sabes a quién he visto esta mañana? –dijo James intentando que su amigo volviera a la tierra.
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No –respondió él.
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Era una pregunta retórica –aclaró James, satisfecho por haber logrado captar la atención de Sirius-. A Julianne Katherine Parker –pronunció despacio, disfrutando del efecto que produjeron sus palabras.
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¿Julie la loca? –preguntó Sirius sorprendido-.
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Sí –asintió James-. La misma, trabaja en el Cuartel General de la Liga de Quidditch.
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¿La loca en el departamento de Quidditch? –preguntó Sirius más sorprendido todavía-. ¡Pero si no sabía jugar!
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No mientas, que todavía sigues picado porque entrara en el equipo –se burló James.
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No me lo recuerdes –gruñó él-. Además, si hubieses sido un buen amigo, no la hubieras dejado entrar. Ni a Eliz… digo a Douglas –dijo, y se corrigió lo que podría haber sido un fatal error.
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Pero ganamos la liga –replicó James-. Todo gracias a tu querida Douglas –bromeó, ganándose el gruñido de su amigo.
Cuando llegaron al número 15 de Knightsbridge, los jóvenes aurores se despidieron de su poca ética profesional y aquello de “no mezcles el trabajo con el ocio”. Nada más abrir la puerta había una pequeña sala cuadrada con un mostrador en una esquina. Una mujer de mediana edad contemplaba aburrida una pila de papeles.
-
¿Qué desean? –preguntó con voz monótona.
-
Somos au… -empezó Howard, pero James le tapó la boca.
-
Venimos de visita –se apresuró a aclarar Sirius, y a mujer levantó un huesudo dedo y señaló una puerta al fondo de la sala.
Los tres chicos tomaron esa dirección, y cuando estuvieron fuera del alcance del oído de la mujer, comenzaron a hablar muy bajito mientras caminaban por el estrecho pasillo. Había varias puertas a los lados, de las que ocasionalmente entraba y salía gente.
-
Nadie debe saber a que hemos venido –dijo James-. Y nadie debe saber que hay aurores vigilando. Y acordaros de no decir los apellidos, que luego pasa lo que pasa, así que quitaos las plaquitas.
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¿Y las modelos? –preguntó Howard.
-
Bueno… ellas sí –dijo Sirius, quien pensaba que ser auror era muy sexy para las mujeres-. Se supone que tenemos que vigilarlas, registrar sus bolsos y todo eso… No creo que nos dejen hacerlo sin una razón.
-
Pues ya que está todo claro, vamos –indicó James, y señaló a la puerta del fondo del pasillo al tiempo que sonreía de forma traviesa.
Nada más abrir la puerta, los tres aurores tuvieron que taparse los ojos por un momento. Era una enorme sala llena de focos y paneles con diversos fondos. Dos o tres modelos ocupaban la sala, y el resto eran maquilladores, peluqueros, estilistas y fotógrafos. Los flashes de las cámaras que aparecían cada segundo deslumbraban a los que no estaban acostumbrados. Una de las modelos estaba ya sacándose fotos, mientras las otras dos estaban rodeadas de gente que les daba los últimos retoques. Un hombre de aspecto extravagante se acercó a los aurores.
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Edward Miller –se presentó el hombre, estrechándole la mano a Sirius-. ¿Son ustedes los aurores?
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¿Cómo lo sabe? –preguntó Howard, abandonando toda discreción.
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¿Acaso esperaban aparecer aquí sin que supiéramos quienes son? –se sorprendió Edward-. Alastor Moody me avisó –dijo, y en ese momento una chica guapísima rubia y alta entró por la puerta-. ¡Lizette! –exclamó el hombre-
-
Buenos días Edward –saludó la chica, y sonrió abiertamente dejando ver una preciosa y brillante dentadura. Entonces comenzó a andar hacia dentro de la sala.
-
¡Un momento, señorita! –la detuvo Sirius, que se ganó las miradas de reproche de sus dos compañeros por habérseles adelantado-.
-
¿Qué? –pregunto ella volviéndose hacia atrás, para poder contemplar al apuesto muchacho que la llamaba. Tenía los ojos azules y profundos, el pelo rubio y una seductora sonrisa.
-
¿Me deja su bolso? –preguntó Sirius haciendo gala de sus encantos.
-
Puedo llevarlo sola, gracias –respondió la chica.
-
No me refería a eso –corrigió Sirius-. He preguntado si me deja ver lo que lleva en el bolso.
-
¿Y quién es usted para registrar mi bolso? –preguntó la chica.
-
Aurores –interrumpió James, que no pensaba permitir que su amigo se quedara para el solito a la modelo.
-
Oh, pues haber empezado por ahí –dijo la chica, y le tendió el bolso a Sirius.
-
Todo en orden señorita, gracias –concluyó Sirius, y para coronar el pastel sonrió de forma seductora.
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Bien. Y ya que ustedes están aquí ahora controlar… algo. ¿No debería haber uno fuera? –sugirió la chica.
-
Howard, a vigilar fuera –ordenó James.
-
Ni hablar –replicó Howard-. Yo me quedo, sal fuera tú.
-
No, pero si pasa algo será culpa tuya –dijo James, y lanzó una fugaz mirada a Sirius, que coqueteaba descaradamente con la modelo.
-
¡Lizette! –apremió un hombre, y dos personas más se acercaron a ella y se la llevaron a los camerinos.
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¡Vaya, hombre! –se quejó Sirius fastidiado-. ¿No te suena esa chica?
-
Es modelo –dijo Howard-. Sale en todas las revistas ¿a quién no le suena?
-
Ya. Mira, ahí hay otra –dijo James señalando a otra modelo que entraba por la puerta-. ¡Ni hablar chicos, ahora voy yo! –dijo, y se apresuró para abordar a la chica que entraba en ese momento, era muy alta y tenía el pelo rizado y oscuro-. Buenos días señorita, me deja examinar su bolso.
-
Claro –respondió ella-. Es un…
-
No es por la marca, es para ver si lleva objetos peligrosos –aclaró James, la chica asintió-. Todo en orden, gracias…
-
Keira –contestó la chica-. Keira Roberts.
-
Encantado Keira, soy James –se presentó él.
Dos horas después, los tres jóvenes habían conocido a más de diez modelos, habían ligado con nueve (Howard le tiró el café encima a una) y ahora estaban apoyados en la pared disfrutando del espectáculo. Unas cuantas se hacían fotos con diversos atuendos: Bianka Wilson (la novia de un famoso jugador de Quidditch) y Sheila Randall (a quien le habían tirado el café encima) posaban para un catálogo de bikinis, otras tres con vestidos de fiesta, y así muchas más. Otras corrían de un lado a otro perseguidas por los estilistas, y algunas entraban y salían de los camerinos muy estresadas. Pero la que más llamó la atención a Sirius fue Lizette, que tras terminar de hacerse fotos para una revista, llevaba unos tejanos, un top blanco y un sombrero, que sostenía en las manos mientras caminaba impaciente de un lado a otro buscando a alguien. James, Sirius y Howard seguían cerca de la puerta, pero prestaban más atención a las dos modelos que se les habían unido: Keira Roberts y Audrey Shanks, que les contaban sobre ser modelo.
-
Lo malo es que los otros se piensan que somos superficiales y tontas –se quejaba Audrey.
-
¡Pero si no lo sois! –las defendió Howard.
-
Claro que no –confirmó Keira-. Lo que pasa es que nos tienen envidia.
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Seguro –afirmó James-.
-
Mírala, a buenas horas viene –le dijo Audrey a Keira algo molesta.
-
¿Quién? –preguntó Sirius-.
-
Esa –dijo señalando a la chica que entraba por la puerta, una preciosa modelo de pelo castaño cobrizo, con aspecto altivo y gafas de sol-. Se las da de estrella, se cree mejor.
-
Eso es porque es la única que sabe cantar –apunto Keira-. Lo que te pasa es que estás celosa.
-
¡Mentira! –se defendió Audrey-. Además, ¿por qué ella puede permitirse el lujo de llegar tarde y nosotras no?
-
Porque sabe cantar, ¡yo que sé! –contestó Keira-. El caso es que ella puede y nostras no.
-
Pues eso, que se las da de estrella –repitió Audrey-.
-
Porque lo es –respondió Keira-. Hola Lyanne –saludó con un tono meloso y falso, la recién llegada solo movió un poco la cabeza y le sonrió, para después seguir andando.
-
¡Eh! ¡Espere! –la detuvo James-.
-
Yo que tú ni lo intentaba –susurró Audrey, pero ya era tarde.
-
¿Me deja examinar su bolso? –preguntó James-.
-
Por supuesto que no –contestó la chica.
-
No era una pregunta –aclaró James-. Tengo que comprobar que no lleva nada sospechoso.
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No llevo nada sospechoso –dijo ella-. Ya está todo claro.
-
No, tengo órdenes de examinar su bolso –dijo James con tono autoritario.
-
¿Cómo dice? –preguntó la chica sorprendida, James la agarró del brazo y se la llevo a un rincón más apartado.
-
Aurores –le dijo, mostrándole la insignia que llevaba pegada a la cartera (como los policías)-. Tengo que comprobar que nadie lleva nada sospechoso –dijo con mucha convicción, ya que ni siquiera sabía que estaba buscando, la chica se quitó las gafas dejando ver unos preciosos ojos verde esmeralda.
-
¿Y qué hace un joven auror en un estudio de modelos? –preguntó en un seductor susurro, acercándose más al chico.
-
Proporcionar seguridad –respondió él-. ¿Me deja el bolso? –repitió, y la chica le sostuvo un rato la mirada, después le entregó el bolso.
-
Gracias, todo en orden –dijo James, y le devolvió el bolso a la chica que estaba casi pegada a él.
Ella le miraba de forma provocativa, el lucía una sonrisa seductora, por un momento pensaron que ya se conocían, pero no. Justo entonces llegó Edward.
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¡Lyanne! ¡Te estábamos esperando! Ve al camerino 6, allí te dirán lo que tienes que hacer.
-
De acuerdo –asintió ella-. Hasta luego, señor auror –se despidió, James sonrió.
Quince minutos después, la modelo Lyanne salió del camerino 6 para reunirse con Lizette. Iba vestida con una mini-falda vaquera, una camisa blanca anudada bajo el pecho y unas botas altas de estilo cowboy. Las dos modelos iban a participar en una especie de spot publicitario sobre una nueva línea de vaqueros, y pronto lograron captar toda la atención de los aurores. De fondo sonaba una música que le daba a la escena un toque de ritmo, los focos y los flashes hacían brillar a las modelos más todavía, y así se les pasó el día. Cuando se dieron cuenta eran las cinco y media, y las modelos empezaron a salir del estudio.
-
¿Sabías que te has machado de ketchup? –le dijo Lizette a Sirius, que tenía una manchita en la camisa de la hamburguesa que se había comido.
-
Es verdad, ¿me lo limpias? –preguntó descaradamente.
-
Otro día –contestó ella y le dedicó una traviesa sonrisa-. ¡Lil, no tenemos toda la tarde!
-
Voy, voy –dijo la chica desde detrás de unos percheros-. Ya está, vámonos o llegaremos tarde.
-
Por mi culpa no será –insinuó Lizette-. Hasta luego aurores.
-
Sirius, para servirla –dijo el chico-.
-
Otro día –repitió Lizette-.
-
¿Ahora no vais a revisar los bolsos? –dijo Lyanne a modo de despedida.
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Ahora no, puedes ir en paz –contestó James-. ¿Cómo me has dicho que te llamabas?
-
No te lo he dicho –aclaró Lyanne-. Y tampoco que me tutearas. ¡Ay! ¡Ya voy, no hace falta que me agrandes la manga! –se quejó a su amiga, que le tiraba de la manga de la chaqueta.
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Hasta mañana, señoritas –se despidió Sirius-. Yo te digo que esta chica me recuerda a alguien –repitió antes de salir del edificio.
Hola! Aqui publiqué un FF nuevo, que tenia escrito desde hace tiempo (solo que sin personajes de HP). Ya que se me fue la inspiracion de los Merodeadores niños, pues publico uno de adultos. Cosas que decir PETER NO SALE (viva..!! I Hate Pettigrew >.