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Amor del Pasado, Nunca Olvidado — capítulo 2

Título: Amor del Pasado, Nunca Olvidado

Título del Capítulo: El Ataque

Parejas: Lily & James, Remus &..., Sirius &...

Género: Amor, Comedia

Rating: ATP

Advertencia: Ninguna

Resumen: Los aurores empiezan a conocer más a las modelos, y en una de esas los mortífagos (como Moody avisó) visitan el estudio. Extrañas circunstancias para reencuentros entre viejos compañeros escolares. R/R!

Disclaimer: Los personajes son propiedad de J.K. Rowling, solo algunos me los inventé yo. Escribo por gusto, no por dinero ^^

CAPITULO 2: El Ataque

A la mañana siguiente, los tres aurores se presentaron a las 8:00 de la mañana en la puerta del estudio de modelos. Incluso James llegó a su hora, cosa muy extraña. Media hora y tres modelos después, entró Lizette con su larga cabellera rubia.

  • Buenos días, señorita Lizette –saludó Sirius galante-. ¿Me permite su bolso?

  • Toma –contesto ella, y le tendió el bolso al auror, que lo revisó como el día anterior-. Mucho mejor pedido.

  • Gracias –dijo Sirius-. Señorita Lizette, ¿me acompañaría a tomar algo esta noche?

  • Astuto –contestó Lizette-. Pero no lo suficiente. Otro día, tal vez –dijo, y se fue haciendo ondear su pelo.

  • Tenía que intentarlo –se justificó Sirius.

  • Hola Sheila –saludó Howard a la modelo que acababa de entrar-. El bolso.

  • Veo que sigues aquí, vaya desastre, por lo menos no bebas café –contestó la modelo, y le dio su bolso-. ¿Revisáis a todas todos los días?

  • Esa es la idea –aclaró Howard, y le devolvió el bolso.

A las nueve en punto, y para sorpresa de algunas, llegó Lyanne.

  • Hola, llegas pronto –saludó James con el mismo tono que el decían a él que había llegado tarde, con el añadido de una sonrisita de niño malo.

  • ¿No me digas? –ironizó ella, y le entregó el bolso-. Date prisa en buscar lo que tengas que buscar.

  • ¡Lyanne! –exclamó un hombre, uno de los modelos, que sostenía una carta en la mano-. ¿Esto es tuyo? No me queda claro si el apellido…

  • Sí –confirmó ella al examinar el sobre-. Gracias Rupert.

  • ¿No sabéis vuestros apellidos? –se extrañó Howard.

  • Lo que pasa es que algunas son conocidas con apellido y otras sin –aclaró Lyanne-. A algunas nos cambiaron el nombre, por eso, al final te acostumbras al nombre artístico –dijo mientras abría el sobre.

  • ¿Ha llegado ya? –preguntó Lizette, que vino en ese momento perseguida por dos maquilladoras-. Me ha dicho Rupert que te han traído un sobre.

  • Este es –señaló Lyanne, y saco del sobre un CD-. ¡Si! ¡Lo tengo!

  • Estupendo –dijo Lizette mientras cerraba el ojo que le estaban pintando-. ¿Y cuando lo grabas?

  • Pues aquí dice que… Oye Liz, -preguntó Lyanne- ¿desde cuando hay estudio de grabación aquí?

  • De toda la vida –respondió ella-. Es una de esas puertas del pasillo.

  • No lo sabía –dijo Lyanne-. Bueno, pues según Jonny lo tengo que grabar esta semana, luego se lo digo a Edward.

  • ¿Lo ponemos? –sugirió Lizette emocionada, haciéndoles un gesto a las maquilladoras para que se fueran.

  • ¿Para qué? Es sólo la música –contestó Lily.

  • Da igual, dámelo –dijo, y le quitó el CD a Lyanne-. Se lo voy a dar al de iluminación y electrónica.

  • Así de paso le explicas el plantón del viernes –añadió Lyanne.

  • Vale, se lo das tú –corrigió Lizette.

  • Ehm… -interrumpió Sirius-. ¿De que habláis?

  • ¡Que te importa! –contestó Lizette, y las dos chicas se fueron.

  • ¡Eh! –gritó James.

  • ¿Ahora qué? –preguntó Lyanne molesta.

  • Su bolso, señorita –dijo James con un falso tono de caballero, y le lanzó el bolso.


Un rato después comenzó el ajetreo característico del estudio; los estilistas perseguían a las modelos para repintarles los labios o colocarles un mechón de pelo, los fotógrafos indicaban las posturas que debían hacer a gritos, porque no se oía nada y entonces empezó a sonar una música, como el otro día, solo que esta tenía algo especial.

  • Esta música la he escuchado antes –informó Sirius.

  • Yo también –confirmó James.

  • Pues yo no –repuso Howard-. Pero seguro que es una canción famosa o algo así.

  • No lo sé, pero estoy seguro que la he escuchado –dijo Sirius tratando de recordar por qué aquella música le era tan familiar.

En ese momento, un grupo de cinco modelos, entre ellas Audrey, Bianka, Lyanne y Sheila, posaban para una marca de pijamas mientras Lizette se probaba vestidos en medio de la sala, y claro, Sirius galantemente fue a ayudarla.

  • ¿Necesita ayuda, señorita Lizette? –preguntó.

  • Ya te lo he dicho, otro día –repitió la chica-. Espera, ¿cuál te gusta más? –preguntó, incapaz de decidir que vestido ponerse.

  • El negro –escogió Sirius-. Es más elegante y corto, te queda bien.

  • Vale –asintió ella-. ¡Michael, el negro! –gritó, y un chico con un carrito lleno de botellas de agua y vestidos desechados corrió hacia allí para llevarse los otros-. Gracias.

  • Un placer –respondió Sirius-.

En la otra parte de la sala, las modelos ya habían terminado de posar con los pijamas, y ahora se estaban asando de calor.

  • ¡Michael, el agua! –gritó Lyanne, el chico apresurado se tropezó con uno de los aurores.

  • ¡Ay! ¡Perdone! –se disculpó el chico, parecía muy estresado y nervioso por tener que ir corriendo de un lado a otro y satisfacer a las modelos.

  • Es igual –dijo el auror quitándole importancia.

  • ¡Michael! –repitió la chica, que se estaba muriendo de sed.

  • ¡Michael, los vestidos! –gritó otra modelo.

  • ¿Quieres que le lleve yo el agua? –se ofreció James, ya que al chico le iba a dar un ataque de ansiedad.

  • Pues sí, gracias –dijo Michael, y le dio una botella de agua.

  • Su agua, señorita Lyanne –dijo James-.

  • A tu amigo le queda mejor –respondió la chica-. Tú no pareces tan serio. Gracias.

  • Te aseguro que él es todo menos serio –dijo James, divirtiéndose al ver que alguien consideraba a Sirius serio.

  • Todavía no me has explicado –empezó Lyanne, pero se detuvo para beber agua- qué buscan los aurores aquí.

  • La verdad, no tengo ni idea –dijo James-. Pero a mi me dijeron que viniera y vigilara, y eso hago.

  • Novato –murmuró la chica, y no pudo evitar reírse ante la cara que puso el auror-. Yo conocí a alguien que pretendía ser auror, ¿cómo es?

  • Aburrido –respondió James-. Los nuevos solo hacemos que leer papeleo. ¿De que te ríes?

  • De que entonces ser auror no estaba hecho para ellos, eran gente de acción y muy impacientes –respondió ella con cierta nostalgia.

  • Comprendo –dijo James. En ese momento se escuchó una explosión, algunos gritos y unas estridentes y crueles risas-. ¡Al suelo! –gritó James, y derribó a la chica para luego caer sobre ella detrás de un largo perchero repleto de ropa.

  • ¡Ay! –se quejó la chica-.

  • Perdona –se disculpó James, que estaba literalmente encima de la chica, e intentó apartarse sin que los recién llegados le vieran.

  • No lo decía por ti –aclaró Lyanne-. Es que la botella de agua se ha caído y me estoy mojando la espalda. ¿Qué está pasando?

  • No lo se –respondió James-. Esa risa… -murmuró James, tratando de recordar de qué le sonaba esa áspera y fría risa de mujer.

  • No puede ser –murmuró la chica, que asomaba la cabeza para ver que pasaba-. ¿¡Bellatrix!?

  • ¡Cuidado! –la previno James, y estiró de su brazo a tiempo de que una maldición no la alcanzara-. ¿Ese es Rosier? –murmuró sorprendido.

  • ¿Esos son mortífagos? –preguntó Lyanne en voz baja-. Nunca lo hubiera pensado.

  • ¿Los conoces? –preguntó James sorprendido.

  • Es una larga historia –contestó Lyanne-. ¿Dónde está mi varita?

  • Ni hablar –dijo James-. Tú no te vas a mover de aquí, y yo peleo que para eso soy auror.

  • Tengo miedo –dijo Lyanne, y se abrazó a James. El chico, alucinado, no se dio cuenta de que la modelo había aprovechado para sacarle la varita del bolsillo.

  • Accio varita –dijo, y su varita cruzó volando la sala.

  • ¡No! Te he dicho que el auror soy yo, el indicado para detenerles.

  • No puedes hacer nada contra ellos –advirtió Lyanne.

  • Claro que puedo –se defendió el auror-. Estoy completamente capacitado para detener un ataque de mortífagos.

  • Si, claro –ironizó Lyanne-. Por eso hasta yo puedo quitarte la varita.

  • Sabía perfectamente que pretendías eso –mintió James-. Ahora espera aquí y bajo ningún concepto salgas.

  • Seguro –mintió Lyanne, y James se levantó.

      • En la otra parte de la sala… * * *
  • ¡Cuidado! –gritó Sirius cuando se escuchó la explosión, y empujó a la chica a la pared.

  • Son mortífagos –susurró Lizette para que no les escucharan-. ¡Agáchate! –le avisó, justo a tiempo de que una maldición desviada por el pobre Howard, que era el único que cumplía con su trabajo, le diera de lleno.

  • Buenos reflejos –felicitó Sirius, y se quedó estupefacto al comprobar quienes eran los supuestos mortífagos-. No puedo creerlo…

  • ¿Qué hace esa loca aquí? –exclamó Lizette descaradamente.

  • Espera aquí, tengo que cumplir con mi trabajo –dijo Sirius.


  • ¡Rosier! –exclamó James al levantarse-. ¿Mortífago, tú?

  • ¡Tú! –se sorprendió él-. ¿Eres auror?

  • ¡Menos discutir y aligera! –le apremió otra chica, morena y de párpados caídos.

  • ¡Bellatrix! –gritó Sirius sorprendido.

  • Entonces es verdad –dijo la mortífaga-. ¡Eres auror! ¡Traidor!

  • ¿Decías, Bellatrix? –se burló Rosier.

  • ¡Desmaius! –exclamó James aprovechando el despiste de los mortífagos, pero lo esquivaron.

  • A…

  • ¡Desmaius! –gritó Lyanne, y salió de un salto de su escondite-. ¿Qué te dije?

  • ¡Agáchate! –le avisó James, justo para que una maldición desde atrás no la alcanzara-. ¡Impedimenta! –gritó, y el que la había lanzado cayó al suelo.

  • ¡Vaya! ¡Eres modelo! –dijo Bellatrix al verla, y soltó una sonora carcajada.

  • ¡Desmaius! –exclamó Lizette desde la espalda de la mortífaga-. ¡Vaya, vas a ir a la cárcel!

  • ¡Te dije que te quedaras quieta! –le reprochó Sirius a Lizette.

  • ¡Agachaos! –gritó Howard, y algo explotó. Cuando el humo se disipó, Bellatrix volvía a estar en pie y todas las modelos escondidas.

  • Buenos reflejos –felicitó Lyanne a James cuando se escondieron tras un carrito de bebidas.

  • Gracias. Soy James.

  • Encantada –contestó ella-. ¿No deberías llamar a tu jefe?

  • Puedo controlar la situación –dijo James.

  • Ya lo veo –ironizó Lyanne.

  • Gracias, aunque me has desobedecido –le dijo Sirius a Lizette desde detrás del sofá.

  • De nada, pero yo no obedezco a nadie –contestó ella-. ¿No deberías hacer algo? –sugirió, ya que los mortífagos discutían en medio de la sala.

  • ¡Yo no tengo la culpa de que hayan aurores! –se quejó Bellatrix-. ¡Busca!

  • Por si no te has dado cuenta, están escondidas –le espeto Rosier-. ¡Y son todas parecidas!

  • ¡James, va a llamar a Moody! –le gritó Howard.

  • ¡Adelante! –dijo James, a quien el hecho de que su jefe fuera a aparecer por ahí le había hecho cambiar de actitud. Los aurores se levantaron y comenzaron un duelo con los mortífagos.

  • ¿Has oído? ¡Viene Moody! –exclamó Rosier asustado, una cosa eran los aurores novatos, pero el jefe de los aurores… no podían contra él.-. ¡Vámonos!

Antes de que nadie pudiera impedirlo, los mortífagos desaparecieron.

  • ¿Por qué has hecho eso? –gruñó Sirius al darse cuenta del plan que había ideado Howard-. Podíamos con ellos.

  • Seguro que sí –ironizó Lizette, pero su burla quedó apagada por los aplausos de las modelos y demás gente, que salían de sus escondites.

  • No te quejes, que si no hubiera mentido ahora alguien estaría herido –se justifico Howard, pero ni Sirius ni James le escucharon, porque fueron a examinar los rasguños de las modelos.

  • ¡Lyndon! –resonó la portentosa voz de Moody-. ¿Qué ha pasado exactamente? –preguntó el jefe de los aurores, que apareció en ese momento.

  • ¿Por qué me lo pregunta a mi? –dijo Howard algo asustado.

  • Porque eres el único que conserva la cordura de los tres –contestó Moody, ya que Sirius y James estaban “curando” a las chicas.

  • Han venido los mortífagos, creo –explicó Howard-. Rosier, Bellatrix y algunos más.

  • ¿Bellatrix? ¿Bellatrix Black? –exclamó Moody perplejo.

  • ¡Bellatrix Lestrange! –corrigió Sirius algo ofendido porque lo relacionaran con semejante escoria, claro que eran primos.

  • ¿Has oído? Se ha casado con Lestrange –le dijo Lizette a su amiga, ignorando al resto, y las dos soltaron una risita.

  • Bueno, pues Lestrange –asintió Moody-. Al final si que era cierto que aquí pasaba algo raro. ¡Mortífagos! ¡Y habéis peleado con ellos!

  • Sí –asintió Sirius orgulloso.

  • Pero sin embargo, se han marchado –dijo Moody, siempre hay algo malo-. Teniendo en cuenta que nadie está herido, os concedo… un aprobado.

  • ¿Significa eso que se acabo el papeleo? –preguntó James esperanzado.

  • Eso significa que os quedareis aquí más tiempo –aclaró Moody-. Lo del papeleo lo pensaré en otro momento, pero no te emociones que tú sigues teniendo horas extra que cubrir. Adiós –se despidió, y desapareció.

  • Señorita Lizette, ¿me permite acompañarla hasta su casa para velar por su seguridad? –preguntó Sirius haciendo gala de sus encantos masculinos.

  • Entiendo lo que pretendes, pero tendrá que ser otro día –contestó ella-. Lo digo porque ya he quedado con una amiga, ¡y llegamos tarde otra vez!

  • ¡Por mi culpa no será! –gritó Lyanne desde la puerta-. ¡Hasta el lunes!

  • Eso es un clarísimo sí –dijo Sirius satisfecho-. El lunes lo volveré a intentar.


  • ¡Julie! –exclamó Lizette al llegar a un bohemio café del centro de Londres.

  • ¡Hola! –saludó al chica, levantándose de la mesa.

  • ¿Cómo estás? –preguntó Lyanne.

  • Mejor que vosotras –contestó ella-. ¿Qué te has hecho en la mano, Lil?

  • Me he caído –explicó ella, que llevaba un vendaje en al mano izquierda.

  • Mejor dicho, se te han caído encima –corrigió Lizette, que hizo que su amiga se sonrojara.

  • Vienes contentilla, Liz –observó Julie-. ¿Qué ha pasado?

  • Mortífagos –repondió Lyanne-. Estaban Rosier y Bellatrix, ¿te acuerdas de ellos?

  • Claro –asintió Julie, recordando sus tiempos en Hogwarts.

  • ¿Y sabes lo mejor? –dijo Lizette-. ¡Bellatrix se casó con Lestrange!

  • ¿En serio? –preguntó Julie incrédula-. ¿Y ahora son mortífagos? ¡No puedo creerlo!

  • Ya, casi la mandamos a la cárcel –dijo Lizette.

  • ¿Mandamos?

  • Hay aurores en el estudio –explicó Lyanne-. Guapos, pero inexpertos, todo ha pasado delante de sus narices.

  • ¡Pobrecillos! –les defendió Lizette-. Además, han peleado bien.

  • Eso lo dices porque te gusta uno –le espetó Lyanne.

  • ¡Por eso venías contentilla! –exclamó Julie-. ¿Cómo se llama?

  • Sirius –respondió Lizette-. Y no me gusta.

  • ¡Vaya casualidad! ¡Se llama como tu amor! –se burló Julie-. Y tampoco te gusta, como él.

  • No tiene gracia –dijo Lizette molesta-.

  • Lo decía en serio –aseguró Julie-. ¿No lo has vuelto a ver?

  • Pues no, ¡porque no me gustaba! –se defendió Lizette-. Era un hipócrita.

  • Ya, ni el auror tampoco te gusta –ironizó Lyanne.

  • Tu cállate, que he visto como abrazabas al otro –le espeto su amiga.

  • ¡Eso es mentira! –se defendió Lyanne.

  • Seguro, igual que lo de Liz con el auror –ironizó Julie.

  • ¡No! –exclamaron las dos modelos a la vez.

  • Vale, cambiemos de tema –sugirió Julie-. ¿Qué te dijo Jonny?

  • Pues ayer por la tarde hablamos con él –contestó Lyanne-. Dijo que lo grabara en el estudio, esta mañana me ha llegado la música.

  • ¡Estupendo! –dijo Julie.

  • ¿Pero por qué no queréis participar? –preguntó Lyanne, por enésima vez desde que le ofrecieron grabar algunas canciones-. Siempre fuimos tres en el grupo.

  • Cuatro –corrigió Lizette, rebuscando el más mínimo detalle que la librara de cantar-. ¿No pretenderás llamar también a Cody Baker?

  • No, él solo hacía la música y ya la tenemos –respondió Lyanne-. ¿Pero por qué vosotras no?

  • A mi déjame, que yo hacía los coros y no quiero saber nada de la fama –dijo Julie-. Estoy muy bien en el ministerio.

  • Sí, tiene que ser apasionante clasificar el papeleo –ironizó Lizette-.

  • No clasifico papeleo, para eso ya están los aurores de Moody, que sin darse cuenta hacen lo de todos –explicó Julie-. Yo me ocupo de coordinar los partidos, y de conocer a los jugadores.

  • Vale, entonces ya es interesante –corrigió Lizette, mostrando un repentino interés-. Son guapos, cachas y ricos… ¡estupendo!

  • Pues sí, ¿os acordáis del capitán de Ravenclaw? –la apoyó Julie.

  • Claro que nos acordamos –respondió Lizette-. Roger Williams, el macizorro de los abdominales perfectos.

  • El mismo –afirmó Julie-. Pues vino la semana pasada.

  • ¿Ya habéis quedado? –preguntó Lizette.

  • Liz, tú siempre pensando en lo mismo –le espetó Julie-. Y sí, hemos quedado mañana.

  • Pues ya nos contarás –dijo Lyanne-.

  • Ni pensarlo –contestó Julie.

  • Claro que lo harás –dijo Lyanne-. ¿Y tú por qué no quieres cantar conmigo?

  • Su padre la mataría –dijo Julie, intentado picar a su amiga-.

  • Eso lo tiene superado desde séptimo –contestó Lizette-. Pero no quiero cantar, y punto.

  • Ya lo veremos –murmuró Lyanne-. ¿Os acordáis de la pillada?

  • Tenías que nombrarlo –gruñó Lizette, golpeando la mesa con el vaso de cerveza de mantequilla a medio vaciar-. Siempre sale el dichoso temita de la fiesta de nochevieja.

  • Yo no fui la que se pasó siete años mintiendo a todo el mundo –se defendió Lyanne mientras Julie reía-. Además, fue divertidísimo.

  • Uy sí, fue genial –ironizó Lizette-. A ti se te quedó una cara cuando te diste cuenta…

  • Eso –la apoyó Julie-. Si te hubieras visto… Parecía que ibas a morirte ahí mismo.

  • O que ibas a matarlos –añadió Lizette, dándole la vuelta a la conversación.

  • Vale, no hablemos de eso –dijo Lyanne dándose por vencida.

Hola! Espero que os haya gustado este 2o capitulo. Actualicé muy pronto porque ya lo tenía escrito y me apeteció publicarlo, pero que nadie se acostumbre porque seguramente las proximas serán por lo menos cada 10 días. Gracias por vuestros reviews, que aunque solo fueron dos (por ahora) me animaron mucho, porque no son untos suspensivos xD Aqui los contesto:

Chenta: Hola tía!! Me alegro que te gustara, ya que te quedaste con ganas aqui tienes otro capi. Gracias por los halagos! Un bexio ^^

Lya_Sirius: Me encanta que te encante! :) A mi tbn me gustan lso de fuera de Hogwarts, porque como bien dices, nunca se sabe donde pueden ir o que puede pasar. Bueno, a lo de Lyanne no repondo por si acaso, pero Julie y Douglas (Elizabeth) son dos compañeras de Hogwarts de los Merodeadores. Si et fijas en el final de capitulo, se te podrán aclarar las dudas :P Espero que te siga gustando! ^^

Bueno, después de esto decir que para el proximo capi veremos que es aquello que pasó en Nochevieja, descubriremos más acerca de Lizette y alguna cosita más que se me ocurra. Besos!!

P.D: me gustan los reviews, mucho, muchos, mucho.. lo sabían?? Espero ver alguno por ahí (Los puntos suspensivos y demás signos no valen xD)