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Amor del Pasado, Nunca Olvidado — capítulo 3

Título: Amor del Pasado, Nunca Olvidado

Título del Capítulo: Recuerdos de Hogwarts

Parejas: Lily & James, Remus &..., Sirius &...

Género: Amor, Comedia

Rating: ATP

Advertencia: Ninguna

Resumen: En el pasado hubo una fuerte discusión entre Sirius y Elizabeth. Ninguno de los dos lo ha olvidado, pero jamás reconocerían que es lo que les ha estado atormentando durante años. Ahora, los aurores intiman cada vez más con las chicas.

Disclaimer: Los personajes son propiedad de J.K. Rowling, solo algunos me los inventé yo. Escribo por gusto, no por dinero ^^

CAPITULO 3: Recuerdos de Hogwarts

Cuando sonó el timbre y fue a abrir la puerta, se encontró con las dos personas que menos esperaba ver allí.

  • ¡Remus! –dijeron casi a la vez.

  • ¡Hola! –saludó él, que le sorprendiera verlos no significaba que no se alegrara de ver a sus amigos-. ¿Qué hacéis aquí? Pasad.

Remus Lupin condujo a sus amigos al salón de su diminuto apartamento. Eran amigos desde el colegio, los mejores que había tenido, y ahora que Remus había vuelto de su viaje, podrían volver a reírse juntos como antes. El salón era una estancia pequeña pero acogedora, con unos cómodos sillones y diversos objetos parecidos a los que tenía Moody en su despacho.

  • ¿Pensabas que no íbamos a venir a recibirte? –dijo Sirius acomodándose en uno de los sillones.

  • Sabía que vendríais, pero no os esperaba tan pronto –contestó Remus-. Os esperaba para mañana.

  • Esa era la idea principal –dijo James-. Pero no hubo suerte y decidimos venir hoy.

  • ¿Qué quieres decir? –preguntó Remus.

  • Ahora estamos de “mision” en un estudio de modelos, y… -empezó Sirius.

  • Vale, ya lo entiendo todo –le detuvo Lupin-. No habéis conseguido la cita todavía.

  • Citas si que podíamos haber tenido, pero no con las que queremos –aclaró James.

  • Oye Remus, ¿tú sabes quien es Lizette? –preguntó Sirius.

  • ¿La modelo? ¡Pues claro que lo sé! –respondió Remus-. ¿Está allí?

  • Sí –afirmó Sirius-. ¿No te suena de nada?

  • Ya te lo he dicho, es famosa, todos la conocen –dijo Jamesz mientras jugueteaba con un instrumento que había visto en sus múltiples visitas al despacho de Dumbledore-. Igual que Lyanne, también me suena muchísimo.

  • ¿Lyanne también? ¡Debí hacerme auror! –se lamentó Remus-.

  • ¿Tu no has estado todo este tiempo en Francia? –preguntó Sirius.

  • Sí, pero allí también hay revistas de moda internacional –respondió-. ¿Por qué no me hice auror? –se lamentaba Remus.

  • ¿No te suena de nada? –repitió Sirius, y sacó del bolsillo una de las fotos que se habían hecho las modelos el día anterior.

  • ¡Has robado una foto! –dijo James sin ocultar su interés por al foto en la que Lyanne y Lizette posaban encima de unos bloques de heno, sonriendo seductoras-.

  • He requisado una foto –puntualizó Sirius-. ¿Quieres una?

  • ¡Es verdad! Estas chicas me recuerdan mucho a alguien… que no consigo identificar –dijo Remus.

  • ¡Que te dije! –exclamó Sirius victorioso-. Oye Rem, ¿Qué tal son las francesitas?

  • ¡Siempre piensas en lo mismo! –se quejó Remus-. Pero la verdad, muy bien.

  • ¿Sabes a quien vi el otro día? –dijo James de pronto.

  • ¡A Julie la loca! –exclamo Sirius, estropeando la sorpresa-. Trabaja en el Ministerio, en el departamento de deportes.

  • No me sorprende, jugaba muy bien –repondió Remus, ganándose una mirada de reproche de Sirius.

  • ¡Te lo dije! –exclamo James victorioso-. Y Douglas también, ¿a que sí?

  • De verdad, James, como te gusta hurgar en la herida –le espetó Remus divertido al observar la cara de Sirius.

  • Eso –le apoyó Sirius-. Eliz… digo Douglas era una estúpida.

  • Una estúpida que sacaba de las mejores notas, que jugaba bien al Quidditch y que además era guapa –se apresuró a aclarar James.

  • Y una mentirosa –añadió Sirius.

  • Eso es un término muy drástico –opinó Remus-. Yo diría más bien que oculto un detalle referente a su familia.

  • ¡Tu también, Remus! –se quejó Sirius-. Nos mintió, a todos.

  • ¿Por qué te molestó tanto? –preguntó James-. Lo único que hizo fue ocultarnos que era sangre limpia y encima rica. Eso a ti nunca te había importado.

  • Y no le importó –confirmó Remus-. Lo que pasa es que es el único argumento que tenía para olvidarse de ella.

  • ¡Eso es mentira! –replicó Sirius, mintiendo como acostumbraba a hacer cada vez que salía el tema.

  • No, no lo es –contradijo James-. Tú estabas allí conmigo, y no puede decirse que lo pasaras mal.

...:Flash-Back:... Era el día de Nochevieja, y en la casa de los Douglas se celebraba una fiesta a la que asistirían todos los miembros de la élite. Allí, por supuesto, estaban los Black. Una familia subía las escaleras del porche; dos chicas hablaban animadas, su madre y su tía chismorreaban sobre los últimos cotilleos, el padre cogía de la mano a su hijo pequeño, y algo rezagado, un chico moreno suspiraba por lo aburrida que iba a ser esa noche: ese era Sirius. Cuando entraron a la mansión, los señores Douglas salieron a saludarles. Sylvia y Robert Douglas eran unos de los magos más ricos del país, él era dueño de una importante empresa y ella presidía el tribunal supremo. - Buenas noches –saludó Robert-. Estas deben de ser Narcissa y Bellatrix –dijo, dándoles dos besos a cada una de las jóvenes-. Este pequeñín es Regulus, ¿verdad? - Y este hombrecillo debe ser Sirius –completó Sylvia. - ¡Sirius! –gritó un emocionado joven trajeado que salió del salón de baile-. ¡Has venido! - ¡James! Que alegría verte, amigo –saludó Sirius a su amigo, aliviado por no tener que pasar la noche con las bobas de sus primas y su hermanito-. - Veo que ya os conocéis –interrumpió el señor Douglas, en ese momento empezó a sonar una estridente música rock desde el piso de arriba-. ¡Otra vez no! –se quejó. - Cariño, deja a la niña que disfrute –lo tranquilizó su esposa. - ¿Algún problema, Robert? –preguntó el padre de Sirius, que era un viejo amigo del colegio del señor Douglas. - Ninguno –dijo él sin mucha convicción. Esa música es la última novedad, la niña canta –informó con una voz semejante a un quejido, que logro disimular ante su mujer. - Es mi hija, que tiene una fiesta arriba –explicó la señora Douglas-. Vámonos dentro –sugirió, y todos la siguieron. Todos excepto Sirius y James, que seguían al pie de la escalera, escuchando la música y deseando estar en esa fiesta. Ahora una chica había empezado a cantar, y lo hacia fenomenal. Al parecer, la señora Douglas lo notó, porque les dijo: - ¿Queréis subir? Los chicos, ignorando a la familia de Sirius (los padres de James siempre le dejaban hacer de todo), subieron los escalones casi corriendo. Cuando llegaron al salón donde se celebraba la fiesta se encontraron con un ambiente muy diferente; había luces de discoteca, bebidas y algo de comida basura que tanto les gustaba, la mayoría de invitados eran compañeros suyos de Hogwarts, y un grupo musical estaba actuando en esos instantes. Lo más sorprendente fue descubrir quienes formaban el grupo musical. Cody Baker tocaba tres instrumentos mágicos a la vez, produciendo la música. Julie Parker (conocida como la loca debido a su espontánea risa sin motivo) hacia los coros a las cantantes: nada más y nada menos que Lily Evans y Elizabeth Douglas. Lily era la cantante principal, esa chica pelirroja y sabelotodo, la prefecta de Gryffindor, la que siempre arruinaba todos los planes de los Merodeadores, cantaba de maravilla. Justo a su lado estaba Elizabeth Douglas, la rubia y guapa amiga de Evans, esa que decía ser de origen muggle, vestida con un vestido carísimo y cantando también muy bien. - ¿Douglas? –murmuró Sirius antes de quedarse boquiabierto como James por las preciosas voces de las chicas. Cuando la actuación termino, las tres amigas y Cody Baker bajaron del improvisado escenario. Cody se perdió entre la multitud y las tres chicas se acercaron a la mesa de la comida. - ¡Ha salido estupendo! –exclamó Julie emocionada, y comenzó a reírse. - ¡Genial! –la apoyó Lily, y cogió un canapé-. Liz, ¿esto es caviar? - No lo sé, supongo que sí –repondió Elizabeth-. No sé porque se han empeñado en subir estos canapés aquí, no pegan con la comida basura. ¡Julie ya vale! - Es igual, yo me lo como –decidió Lily, ignorando a Julie que seguía riendo mientras bebía, pero justo entonces se atragantó y su risa paró de sonar. - Chicas… -dijo Julie en un susurro de angustia, que ellas no escucharon. - ¿Y esto es salmón? –volvió a preguntar Lily, escogiendo otro canapé. - Chicas… -repitió Julie, en un tono más preocupado aún. - Eso te lo aseguro, porque me acabo de comer uno –afirmó, y Lily se llevó medio canapé a la boca. - Chicas… -dijo Julie por tercera vez, estaba blanca de la impresión. - ¿Qué pasa? –preguntó Elizabeth. - Daos la vuelta –ordenó asustada. Cuando se giraron descubrieron el motivo de preocupación de Julie. Dos chicos morenos y guapos las miraban expectantes desde justo detrás. Esto hubiera sido maravilloso de no ser porque ya conocían a esos chicos. Lily se atragantó del susto y casi se ahoga con el canapé, Elizabeth se puso blanca, morada y verde en cuestión de segundos. - Bravo –felicitó James. - Preciosa actuación –corroboró Sirius, después de las felicitaciones vendrían las preguntas-. ¿Qué hacéis aquí? - Eh… Pues, eso que… -balbuceó Julie. - Invitaron a Cody y el nos llamó para que tocáramos –dijo Elizabeth, inventando rápidamente la mentira que por el momento la salvaría. - Evans, sabes cantar y no me lo dijiste –le reprochó el chico a Lily, que seguía ahogándose. - ¡Cállate, Potter! –consiguió articular ella después de volver a respirar, molesta porque los chicos que mas detestaba sabían de sus habilidades. - Puede que no seas tan repelente después de todo –continuó James, pasándole el brazo por la cintura a Lily. - ¡Esto es una pesadilla! –dijo Lily en un tomo quejumbroso-. Por favor, que alguien me despierte. - Si estoy yo, debe de ser un sueño –corrigió James, haciendo que Lily se cubriera la cara con las manos en señal de desesperación. - Eliz… digo Douglas –dijo Sirius-. ¿Desde cuando cantas tan bien? - Desde que nací, creo –dijo ella, aliviada porque el encuentro podría haber sido mucho peor. Pasaron la media hora siguiente con los Merodeadores, más que nada porque no se separaban de ellas. Tampoco lo pasaron tan mal, es decir, que algo disfrutaron, aunque jamás lo reconocerían. James era gracioso por los chistes, y Sirius por los intentos de ligar. Así se tomaron las uvas (que un amable elfo les proporcionó, por orden del “padre de alguien”, ya que Elizabeth no le dejó terminar). A eso de las doce y media, los chicos empezaron a ponerse pesados con eso de que cantaran. - Que conste que no lo hago porque tú me lo pidas, Potter –dijo Lily. - ¿Y entonces por qué lo haces? –preguntó el chico con una seductora sonrisa. - Porque… porque… Porque me da la gana y punto –repondió ella tras meditarlo unos segundos. - Lo mismo te dijo, Black –le dijo Elizabeth antes de subir al escenario. Terminaron de cantar con una buena ración de aplausos y vítores, pero lo malo siempre acaba pasando, y en ese momento la puerta de la sala de abrió. - ¡Elizabeth! –gritó Robert Douglas, para desgracia de la chica-. - Papá –dijo ella en un quejido lastimero. - Vale que seas mi hija y tengo que apoyarte, y respeto tu música y todo eso… ¡Pero bajad el volumen! –ordenó, Elizabeth asintió asustadísima muchas veces seguidas, y el hombre volvió a cerrar la puerta tras de sí. Elizabeth se mordió el labio y se llevó las manos a la cara deseando desaparecer. - ¡Ay dios mío! La que se va a armar… -intuyó Julie-. Yo creo que os dejo solos… - Tú te quedas –ordenó Sirius sin dejar de mirar a Elizabeth-. ¿Ha dicho que eres su hija? ¿Y que él es tu padre? - Bueno… oficialmente sí –afirmó Elizabeth, pensando que ya tenía que decir la verdad. - ¿Cómo va a ser Robert Douglas tu padre si…? –empezó James, pero la pregunta se le respondió sola. - ¡Mentirosa! ¡No eres hija de muggles, eres una sangre limpia rica! –acusó Sirius. - Algo así –asintió Elizabeth con un hilillo de voz. - ¡Eres una falsa! –la acusó Sirius-. ¡Siempre criticándome por ser de alta sociedad y tú eres igual! - ¡Y tú eres un hipócrita! –le gritó ella-. ¡Siempre alardeas de que la sangre no te importa, y mira como te pones porque sea sangre limpia! - ¡No es por eso! –se defendió Sirius-. ¡Es que no puedo creer que tú que decías ser tan sincera nos hayas estado mintiendo a todos durante siete años! ¡Siempre me has acusado de ser un niño rico y un arrogante, y tú eres igual! - ¡Eso es mentira! –chilló Elizabeth-. ¡Yo mentí para que no se me considerara mejor o peor, como haces tú! Pareció que Sirius iba a decir algo, pero no sabía el que. Abrió y cerró la boca varias veces sin emitir sonido alguno, pero la mirada que lanzaba le sirvió a Elizabeth para entenderlo todo. - No pienso seguir perdiendo el tiempo hablando contigo –le dijo, antes de escapar corriendo por la puerta del pasillo. ...:Fin del Flash-Back:...

  • Y tú estabas allí y pudiste comprobar que era una mentirosa –replicó Sirius.

  • Si me permitís mi modesta opinión… –interrumpió Remus, andándose con cuidado de no hacer estallar a Sirius-. Yo creo que ella no nos dijo nada porque sabía que la tratarían mejor que a otros. Tal vez ella quisiera ser alguien por sus propias facultades, no por su apellido.

  • Estás hablando como Eliz… Douglas –dijo Sirius en un gruñido, que daba a entender que su amigo tenía razón.

  • Porque lo que decía era muy lógico –justificó Lupin-. ¡Vamos Sirius, tu lo has vivido! La gente espera mucho de ti por pertenecer a una importante familia, ¿o no?

  • ¡Esa no es razón para una mentira tan gorda! –replicó Sirius, defendiendo a muerte su postura, aunque sabía que Remus tenía razón.

  • Nosotros tampoco nos dimos cuenta nunca –añadió James-. Ella nunca nos mintió respecto a sus apellidos. ¡Menudos jóvenes de alta sociedad que éramos!

  • ¿Pero quién va a imaginarse que la que dice ser sangre sucia es en realidad una rica hija de magos, solo con escuchar el apellido? Puede que haya muchos Douglas en Inglaterra –dijo Sirius, que empezaba a perder los nervios.

  • Bueno, vamos a dejarlo –sugirió Remus, que no pensaba ser él el que le dijera que sólo se aferraba a eso porque le molestaba que Elizabeth saliera con todos menos con él-. ¿Qué tal el trabajo?

  • Hoy ha sido nuestro primer enfrentamiento con mortífagos –informó James orgulloso.

  • Mortífagos si puede considerarse así. Todavía no comprendo que hacía esa loca allí –dijo Sirius.

  • ¿Julie la loca es mortífaga? –se extrañó Remus.

  • ¡No! Julie no, me refiero a mi prima Bellatrix –dijo con cierta vergüenza de pertenecer a su misma familia-. Siempre fue rara, pero no imaginé que llegara a tanto.

  • Nadie que conserve la cordura puede unirse a Voldemort –dijo James apenado-. Vámonos a tomar algo –sugirió, y sus amigos lo siguieron.


El lunes por la mañana, los tres aurores emprendieron la semana (por primera vez en sus vidas) con ganas de trabajar. James no había vuelto a llegar tarde desde la semana pasada, que de cuatro días llegó tres tarde y uno a tiempo, porque se quedó dormido mientras hacía horas extra. Pero desde que empezaron con el estudio de modelos, las cosas habían cambiado. Al parecer, Moody no tenía previsto sacarles de allí pronto, así que tenían tiempo de sobra para entablar relaciones más… profundas con las chicas. En la primera media hora que estuvieron ocupando su estratégico puesto apoyados en la columna al lado de la puerta, entraron Bianka, Sheila, Rebecca Wonks, Keira y Audrey, las dos últimas refunfuñando por algo. Un rato después, en el que los aurores se deleitaron con una sesión fotográfica de las túnicas de gala de nueva temporada, se escucharon las familiares voces de dos chicas que se reían por el pasillo.

  • Y entonces me dijo que hasta la semana que viene no, por algo de una plaga de doxys… -explicaba una de ellas.

  • ¿Entonces lo sigues grabando aquí? Quiero ir a verlo –dijo la otra.

  • Sí, pero…

  • La respuesta es no –se adelantó Lizette, justo cuando abrió la puerta.

  • Por favor, Liz –le pidió Lyanne, que entró detrás de ella-. Encima que me he levantado de madrugada para acompañarte… ¡Me lo debes!

  • Te has levantado a las ocho y media –corrigió Lizette, y como un acto reflejo le entregó el bolso a Sirius y siguió hablando sin notar las curiosas miradas de los tres aurores-. No pienso participar.

  • Porque tu padre te mataría –la picó Lyanne, cambiando de estrategia-. Toma –le dijo a James y le dio el bolso sin mirarle para no romper el contacto visual con su amiga, ahora que casi la había convencido.

  • Eres una chantajista. Eso mismo me dijiste hace casi tres años para que te acompañara a hacerte unas fotos a un estudio, porque las del fotomatón no te gustaban. ¡Y mira como hemos acabado! –le reprochó ella riendo.

  • Yo sólo quería salir bien en el carnet de aparición –se justificó Lyanne-. Además, yo no tengo la culpa de que Edward estuviera allí y le pareciera que teníamos futuro como modelos.

  • Sí que la tienes, porque le hacías poses raras al pobre fotógrafo, que sólo tenía que sacarte la cara –repuso Lizette.

  • ¿Entonces lo harás? –preguntó Lyanne emocionada.

  • ¡Yo no he dicho eso! Quiero decir, me encantaría pero… -dijo Lizette antes de taparse la boca.

  • ¡Te encantaría! –exclamó Lyanne triunfante, olvidándose de que tres pares de ojos la observaban sin perder detalle-. Pues ya está decidido, mañana hablaré con Jonny.

  • Lo haré pero con una condición –contestó Lizette resignada-. Sólo una canción, y que Julie también participe.

  • Eso son dos condiciones –corrigió Lyanne-. Pero vale. ¿No tendrías que hablarlo con Jim? Ya sabes, tu representante, aquel que…

  • Yo no hablo más con Jim –bufó Lizette-. Es u estúpido, se cree que me puede controlar, como mi padre. ¡Y haré lo que me de la gana!

  • Estupendo –se alegó Lyanne, ya había conseguido su propósito-. Ya se que canción cantarás –dijo, sonriendo de forma pícara-. Volveremos a cantar…

  • No –la detuvo Lizette-. Ni hablar, no pienso revivir eso. Nunca más.

  • Tú has dicho que una sola, y yo la he decidido –respondió Lyanne-. Ahora te aguantas, además, no estaba maldita, a mi me gustaba mucho.

  • Daba mala suerte, ya lo viste –argumentó Lizette.

  • Eso es mentira –la contradijo su amiga-. De eso hace tres años. Y no hay más discusión, hablaré con Julie, seguro que ella me apoya. Y las tres volveremos a cantar nuestra canción.

  • Pues entonces sucederá una catástrofe… otra vez –añadió Lizette-. ¿Has acabado con el bolso?

  • ¿Qué? –preguntó Sirius desconcertado, había estado escuchando y se había olvidado de hacer su trabajo-. Oh, pues… toma. Confío en ti –dijo, y para salvar la situación la decoró con una encantadora sonrisa.

  • Pues ya podías haberlo dicho antes –se quejó la chica, le arrebató su bolso de las manos y se marchó.

  • Ya me puedes dar mi bolso, auror –le dijo Lyanne a James.

  • Yo no te he dicho que confiara en ti –bromeó él-. Además, puedes llamarme James.

  • Claro que puedo, pero no quiero –contestó ella sonriendo maliciosamente, le quitó el bolso aprovechando el despiste del chico mientras le aguantaba la mirada, y siguió a su amiga.


  • ¡Lizette! –gritó Rupert cuando era casi la hora de comer-.

  • ¿Qué? –dijo ella desde el centro de una masa de gente que la rodeaba, maquillándola y rociándole más y más “Fijador Mágico de Mr. Broots”.

  • Te está buscando alguien por al red flu –explicó-. En el despacho de Edward.

  • ¿Quién? –preguntó Lizette, sin creerse que su compañero, con la cotilla que era, no había preguntado el nombre del desconocido-. Dímelo, Rupert.

  • Eh… -balbuceó él, porque ahora el iba tocar aguantar los gritos de la modelo-. Pues es Jim, dice que…

  • Dile a Jim que puede irse a cazar gnomos al desierto, porque no me hablo con él –respondió ella-. Ni lo haré jamás.

  • Resulta increíble saber la cantidad de hombres con los que no te hablas –dijo Rupert asombrado-. Ni con tu representante, ni el de iluminación, ni los camareros de la cafetería de enfrente…

  • Si no quieres tener un lugar en mi lista, mueve tu trasero de modelo al despacho de Edward y dale mi mensaje al estúpido de Jim –amenazó Lizette, Rupert obedeció algo asustado-.

Unos minutos después, se escuchó un fuerte estruendo procedente del pasillo. Los ocupantes de la sala buscaron escondites creyendo que era otro ataque e mortífagos, los aurores se pusieron en guardia con las varitas en alto, y solo quedaron dos modelos en pie. Lyanne estaba revolcándose encima del sofá sobre el cual minutos antes había estado posando, mientras arrugaba su túnica de colección Primavera-Verano (con la que se estaba congelando). Lizette estaba de pie con la mano en la frente, denotando desesperación.

  • ¡No puedo creer que lo haya vuelto a hacer! –dijo Lyanne entre las carcajadas.

  • No me hace ninguna gracia –dijo ella seriamente-. ¡Podéis salir, es sólo un estúpido que no sabe aparecerse!

Ante esta acusación, como si lo hubieran convocado, un hombre de mediana edad y de cabellos negro azulado entró refunfuñando a la sala.

  • ¡Lizette! –la llamó el hombre-. Como no te dignas a hablarme, tengo que venir hasta aquí –protestó y Lizette le dio al espalda, Lyanne volvió a reírse-. ¿No piensas dirigirme la palabra?

  • Yo diría que no –dijo Lyanne entre risitas.

  • ¡Escúchame! ¡Soy tu representante, no tienes más remedio!

  • ¡Lo que eres es un traidor y un chivato! –le gritó Lizette, olvidando su compromiso de no hablarle más-. No eres más mi representante, te despido.

  • ¡No puedes hacer eso! –chilló Jim.

  • ¡Acabo de hacerlo! –le contestó Lizette también a gritos.

  • ¡No eres más que una niña caprichosa! –gritó Jim-. ¡Tú no me despides, dimito!

  • Lo lamentará… -murmuró Lyanne parando de reír.

  • ¡Morm…! –gritó Lizette alzando la varita.

  • ¡Expelliarmus! –gritó Sirius, haciendo que la varita de la chica volara para caer unos metros más detrás-. Váyase ahora mismo de aquí –ordenó, y con otro estruendo desapareció.

  • ¡Podías haberme dejado maldecirlo! –se quejo Lizette.

  • Hubiera sido divertido, pero luego nosotros rellenamos el papeleo –respondió Sirius con una de sus sonrisas.

  • Eso es porque sois unos novatos –dijo Lizette divertida, y todos los que se habían escondido decidieron que ya podían salir.

  • Para saber eso tendremos que quedar por lo menos una vez –le dijo Sirius acercándose peligrosamente a ella.

  • ¡AAAAAAAHHHHHHHH!! –chilló alguien-. ¡No puedo creer que lo hayas vuelto a hacer!

  • Sheila… perdona… yo… espera que lo limpio –balbuceó Howard, que estaba tratando de calmar a la modelo, a la que por segunda vez consecutiva le había derramado el café encima.

  • ¡Howard! –gruñó Sirius molesto.

  • ¡Howard, contrólate! –le espetó James-. Ahora tendré que hacer más papeleo, ya que pensaba que a Moody se le había acabado el trabajo para mis horas extra…

  • A Moody nunca se le acabará el trabajo para los demás –dijo Howard mientras trataba de limpiar con un hechizo la enorme mancha que tenía Sheila en al camisa.

  • ¡Incompetente! ¡Torpe! –chillaba Sheila-. ¡Ay, límpialo que quema!

  • Sí, si yo ya voy a… -dijo Howard, agitó la varita y la mancha desapareció.

  • ¡No vuelvas a acercarte a mi a más de tres metros de distancia! –advirtió Sheila antes de marcharse dándole con la melena en al cara al asustado Howard.

  • Te desea –le susurró James, que se había deslizado sigilosamente por detrás.

  • Liz, ¿Cuánto crees que tardará Jim en contarlo todo? –preguntó Lyanne.

  • Pues ahora mismo debe de estar haciéndolo –respondió ella, contenta de tener una excusa para salir de la incómoda situación con Sirius-. ¡Ay no! ¡Me voy antes de que termine, que sino tendremos otra escenita!

Rápidamente, la chica se metió en un camerino para salir cinco minutos más tarde ya cambiada. Después de prometerle al fotógrafo que acabaría la sesión mañana, cogió sus cosas y se marchó sin despedirse, dejando a un Sirius fastidiado por no haber podido acabar lo que había empezado. Ya le reprocharía unas cuantas cosas a Howard…


Cuando llegó a su casa, ya se esperaba la reprimenda que le iba a tocar soportar. En cuando el elfo de turno le abrió la puerta, pudo ver a su madre bajando las escaleras, pero ni rastro de su padre.

  • Hola cielo –la saludó la señora Douglas-. Sabía que llegarías enseguida.

  • No pienso soportar otra escenita en el trabajo –contesto Lizette-. ¿Dónde está?

  • Acaba de irse a buscarte –respondió su madre-. Lo tendrás aquí en tres, dos, uno…

¡Crack!

  • ¡Elizabeth!

  • Papá, lo que te haya dicho Jim es mentira –se apresuró a decir ella-. Es un mentiroso, asqueroso, dictador, manipulador….

  • ¡Me da igual! ¿Por qué lo despides?

  • Porque no lo soporto –contestó descaradamente-. Además, soy yo la que lo tiene que aguantar, que para algo es MI representante.

  • ¡Quiero que lo llames y te disculpes! –ordenó el señor Douglas

  • ¡Ni hablar! –respondió Lizette-. ¿Qué pasa, que ahora no tienes quien me espíe para ti? ¡Me dijiste que me apoyabas y que confiabas en mí!

  • ¡Confío en ti! –afirmó su padre-. Pero solo es que…

-Si confías en mí, deja de perseguirme –dijo Lizette exasperada-. Deja de espiarme y déjame decidir lo que hago. ¡Tengo veinte años!

La señora Douglas, desde la mitad de la escalera, el lanzó una mirada significativa a su marido. Éste relajó su pose, y se dio por vencido.

  • Lo siento, pequeña –dijo él señor Douglas-. A veces se me olvida que ya no eres una niñita indefensa.

  • ¿Entonces dejarás de controlarme?

  • Sí.

  • ¿Respetarás mis decisiones?

  • Sí, lo haré –asintió su padre. Mucho se habrían evitado en un futuro, si esto hubiera sido cierto.

Buenas! Aqui tienen el tercer capitulo. Bueno, espero que os haya gustado, y que me dejeis un review! (Pero esto ^^ no cuenta, ni los tres puntitos, ni nada de signos...) He decidido que hasta que no llegue a los 10 Reviews, no subo el proximo capitulo.. asi que, a poner vuestros reviews! :P Ahora la contestación:

Lya_Sirius: Aqui tienes el nuevo capi, espero que te guste. Bueno, a Remus ya lo tienes, que estaba en Francia de viaje. Luego, tus sospechas quedarán claramente confirmadas en este (vamos, eso creo) y también sale lo de cuando cantaban. Un beso!

514271659: ^^ a tí también, espero que vuelvas por aquí, que dejes tu nombre y alguna palabra por ahi.. Besitos!