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Amor del Pasado, Nunca Olvidado — capítulo 4

Título del Capítulo: Un Artículo Imaginativo

Parejas: Lily & James, Remus &..., Sirius &...

Género: Amor, Comedia

Rating: ATP

Advertencia: Ninguna

Resumen: Ellos creen haber olvidado todo lo que sucedió en Hogwarts. Sumidos en su nueva vida de recién empleados, ¿que harán cuando el destino los vuelva a unir y vuelvan a encontrarse con todo aquello que creyeron dejar atrás en Hogwarts?

Disclaimer: Los personajes son propiedad de J.K. Rowling, solo algunos me los inventé yo. Escribo por gusto, no por dinero ^^

CAPITULO 4: Un Artículo Imaginativo

James, Sirius y Howard acudieron a regañadientes al Ministerio aquel día. Moody les había citado para algo, y ellos no querían faltar a su cita… vamos, a su obligación de acudir al estudio de modelos. Al parecer, la “misión” les había cambiado; Sirius no intentó quedar con ninguna chica durante el tiempo que llevaban allí, ni siquiera con Martha, su compañera de oficina que siempre había estado ahí “al caer” como decía él, porque Martha era una mujer muy guapa, con solo tres años mas que él, cosa que ella le recordaba continuamente, siempre seguida de las palabras “poca experiencia”; Howard no era tan torpe como acostumbraba, porque según James así conquistaría a Sheila, que por lo menos ya había dejado de andar a seis metros de él, ahora se acercaba algo más, siempre que no llevara café en las manos; y James llegó a su hora, que ya es decir. Al entrar, Moody no les esperaba con las narices pegadas a la puerta fomentando su “alerta permanente”, sino que estaba sentado en su mesa mirando algo. La mesa de Moody siempre estaba repleta de fotografías de mortífagos e informes, que él se dedicaba a leer y observar, con los que Sirius, James y los demás novatos disfrutaban enormemente, ya que el papeleo que ellos hacían no era ni mucho menos información sobre mortífagos, si no informes de pequeños accidentes ocurridos en operaciones en las que otros participaban. Moody ni siquiera les escuchó entrar, eso era preocupante.

  • Psst, Sirius –susurró Howard.

  • ¿Qué?

  • ¿Has visto? Moody está jugando con cromos de ranas de chocolate –informó Howard.

  • ¿Qué dices? –intervino James.

  • ¿Es que no los ves? –se limitó a responder Howard.

  • ¿Señor Moody? –lo llamó Sirius.

  • ¿Qué? ¡Oh, si! –exclamó Moody, regresando al mundo real-.

  • ¿Sí que? –preguntó James impacientándose-. ¿Para qué nos ha hecho venir? ¿Nos expulsa del estudio… digo, de la misión?

  • ¡No! Eso era lo que tenía que decirles –respondió Moody, haciéndoles un gesto para que se acercaran y pudieran ver lo que Moody tenía en la mesa (que no eran cromos como creía Howard), sino varias fotos de las modelos entre las de los mortífagos.

  • ¡Nos regala las fotos! –exclamó James muy contento.

  • No, Potter, no es eso. Como está visto que no entienden nada, que son INEXPERTOS, tendré que explicarlo yo todo –dijo, resoplando y recalcando la palabra para que a James le quedara claro-. Como podrán deducir, allí pasa algo raro.

  • ¿Raro? ¿Howard cuenta? –bromeó Sirius.

  • ¡Black, por favor! –le reprendió Moody-. Espero que entiendan, que no sea normal que un grupo de mortífagos se pasee por los estudios de modelos. ¿Lo entienden, verdad?

  • Sí –asintió James, molesto porque se le considerara tonto-. Y usted cree que buscan a alguna de ellas.

  • Bravo Potter –contestó Moody, volviendo a revisar todas las fotos que tenía sobre la mesa-. El problema es que no se a quién y por qué –gruñó, sin ocultar su desagrado por no conocer algo.

  • ¿Y Bianka Wilson? –sugirió Howard-. Está saliendo con un jugador famoso.

  • Los famosos nunca fueron el objetivo de Voldemort –dijo, y Howard se estremeció al escuchar el nombre- ¡Lyndon, por dios, se supone que eres auror!

  • Perdón –se disculpó Howard, pero se apartó un poco.

  • Creo que son cuestiones de familia, deudas pendientes o información que quieren obtener, o simplemente venganza, ¡pero no se de quién! –dijo algo desesperado, era bien sabido que al jefe de los aurores le gustaba saberlo todo de todos.

  • ¿Y qué pintamos nosotros en esto? –preguntó Howard, que ya deseaba salir del punto de mira de su jefe.

  • ¡Pues vaya pregunta, Howard! –interrumpió Sirius-. Nosotros tenemos que estrechar lazos con las modelos, para sacarles información –le dijo a su compañero, con un tono de “acaso lo dudabas”.

  • No y no. Y cuidado con lo que haces, Black, o será mi lazo el que se estreche alrededor de tu cuello –le advirtió, pasándose un dedo por el cuello mientras James reprimía las carcajadas.

  • Vale, y entonces ¿nosotros que hacemos? –dijo James retomando la conversación.

  • Asesorarme

  • ¿Pero no tiene a Martha y a Frank para que lo asesoren? –dijo Sirius, que ya quería irse. Nombrar a los aurores expertos siempre hacía ganar puntos.

  • Claro que sí, pero ellos ya lo han visto todo –respondió Moody, volviendo a revolver las fotografías por la mesa-. Necesito una visión más…

  • Inexperta –completó Howard, que estaba muy entretenido revisando los papeles de Moody y no pudo ver las miradas asesinas de Sirius y James-. ¿Sabíais que Audrey no se llama Audrey?

  • ¿Ah no?

  • No –afirmó Howard con tono de entendido-. Se llama Anna Andrea.

  • ¿Y eso donde lo pone? –se interesó Sirius, Howard levantó los papeles-. ¡Historiales, bien!

  • Ni uno más –los detuvo Moody-. Eso es confidencial. Volviendo al tema, y sin que ninguno me interrumpa…

  • Pero señor, si revisamos los historiales podemos saber cosas sobre la familia de cada una y entonces… -le interrumpió James, y se calló al comprender lo que hacía.

  • ¿Y para qué crees que los tengo, Potter? Es igual, lo que yo tenía a deciros era que tuvierais cuidado, que buscarais el menor indicio de algo sospechoso y que fuerais precavidos. ¡Sin distracciones! –concluyó Moody.

  • Pues vaya, para esto hemos perdido unos valiosos cuarenta y cinco minutos –se quejó Sirius cuando ya hubieron salido.

Al salir de la oficina de aurores, vieron a la querida Martha de Sirius hablando con una chica de pelo oscuro. Sirius no se dio cuenta porque estaba muy ocupado obteniendo información de las modelos que Howard había captado de los historiales, pero James la reconoció enseguida. Aunque, como de costumbre en cuestiones femeninas, Sirius se adelantó.

  • ¡Martha! ¡Cuánto tiempo sin verte! –exclamó Sirius.

  • ¡Vaya, estás aquí! –contesto Martha sin el fervor de Sirius-. ¿Tu no estabas por ahí, ligando con modelos?

  • Misión de vigilancia y detección de sucesos sospechosos –corrigió Sirius, ignorando a James, que le tiraba de la manga para captar su atención.

  • Lo que tu digas –dijo Martha, y la chica que la acompañaba soltó una risita.

  • ¿Y esta muñeca es? –pregunto Sirius, esta vez James casi le arranca el brazo mientras se reía de su amigo-. ¡Ay! ¿Es que no puedes dejarme trabajar en paz? ¿De que te ríes, James?

  • Pues de quien se va a reír Black, de ti –intervino la chica morena, con ese tono burlón y familiar, que tanto había escuchado Sirius.

  • ¡Julie la loca! –exclamó Sirius al verle la cara a la chica con al que había compartido siete años de colegio, y que le había ocasionado tantos castigos.

  • Siempre es un placer verte –ironizó Julie.

  • ¡Vaya! ¡Entonces era verdad que trabajas en el Ministerio! –continuó Sirius, volviendo a ignorar a James y a su mirada de “ya te lo dije”.

  • Cuartel General de la Liga de Quidditch –apuntó Julie-.

  • ¡Ja! ¡Pero si tú no sabes nada de Quidditch! –se burló Sirius; eso era parte de la hostilidad con lo que el llamaba “las amigas y cómplices de mentiras de la hipócrita de Douglas”, y en opinión de Remus, “las amigas del eterno amor de Sirius”. O por lo menos esa fue su opinión hasta que se llevó unas cuantas collejas por parte de su amigo.

  • ¿Ah si? ¡Pues te recuerdo que ganasteis la liga gracias a nosotras! –le recordó Julie, acostumbrada a el carácter de Sirius-. ¡Díselo Potter! Dile que gracias a Elizabeth y a mi… Vale, mala idea –se detuvo, al captar la mirada de advertencia de James y al de Sirius de… algo nada agradable.

  • ¿Oye, nos vais a presentar? –intervino Howard, que había estado presente toda la conversación.

  • No –contestó Sirius con dureza: nombrar a Elizabeth nunca era bueno-. Mejor nos vamos a trabajar… Adiós Martha, Julie.

  • Suerte con vuestra misión de vigilancia y detección de sucesos sospechosos –dijo Martha con un con un tono cargado de ironía-. Yo también me voy, Julie.

  • Adiós –se despidió la chica-. Adiós Potter, Black, chico desconocido –dijo, y se fue por uno de los ascensores.

Y así Sirius, James y Howard emprendieron su marcha a su “puesto de vigilancia”. Uno con un mal humor que en seguida se le quitaría cuando estuviera un rato rodeado de modelos, otro divertido por los extraños reencuentros que tenía con sus rivales escolares y e último sin entender nada, pero con un montón de información sobre las modelos, es decir, “protegidas”, “vigiladas” o cualquier otra forma de suavizar el asunto para que pareciera un trabajo más.


  • James

  • ¿Qué?

  • ¿Te parece sospechoso esto? –preguntó Sirius desde su asignado lugar apoyado en la pared.

En el estudio reinaba un ambiente algo diferente; la gente no se reía ni se llamaban alegremente a gritos, sino que andaban cuchicheando preocupados. Parecían nerviosos por algo en especial, que les hacía dejar su hábito de montar escándalo y corretear por la sala. Unos diez minutos más tardes, llegó Lyanne, con cara de sueño y gafas de sol.

  • Vale, esto es sospechoso –sentenció Sirius-. ¿Cómo es que llegas tan pronto?

  • No me lo recuerdes –dijo ella, reprimiendo un bostezo-. ¿Se me ven las ojeras?

  • No –respondió Sirius, divertido por las extrañas reacciones femeninas-. ¿Dónde está Lizette?

  • ¿Quién? ¡Oh, Liz! Es que si lo pronuncias así, con un falso acento afrancesado no se te entiende nada –se justificó Lyanne-. No tardará en llegar, ya verás… Os recomiendo que os apartéis.

  • Lyanne –la llamó Rupert, que llegaba en ese momento de hablar con Edward-. ¿Dónde está?

  • Estará por ahí gruñéndole a alguien. La última vez la pagó con el quiosquero, y el pobre tenía sesenta años –respondió ella-. Pero ya verás cuando llegue… yo aseguraría las cosas, por si otra vez le da por romper algo.

  • La va a matar –dijo Rupert preocupado-. Esta vez la va a matar…

  • No creo –mintió Lyanne, pero ella conocía bien a su amiga-. Bueno, ya van varias veces, tendría que acostumbrarse ¿no? –Rupert la miro escéptico-. Vale, no. Pero espero que se contenga, ¡encima que vengo a trabajar al amanecer para apoyarla…!

  • Con eso quieres decir que te has levantado a las ocho y media –matizó Rupert, que ya conocía los extraños horarios de su compañera-. El amanecer es mucho antes.

  • James –repitió Sirius.

  • ¿Qué?

  • ¿Te parecen sospechosos los gritos esos? –preguntó, refiriéndose a los gritos e insultos que resonaban cada vez más cerca.

Todos los presentes se pararon y se volvieron hacia la puerta, esperando algo. Unos segundos después entró una despampanante rubia de ojos azules centelleantes de furia, sosteniendo una revista en las manos.

  • ¡ODIOSA SKEETER! ¿CÓMO SE HA ATREVIDO? Pero esto no va a quedar así, ni hablar –decía Lizette-. ¡AHORA MISMO ME VA A ESCUCHAR!

  • Liz, tranquilízate –le dijo Lily con voz pausada.

  • ¿Qué me tranquilice? ¿CÓMO QUIERES QUE ME TRANQUILICE? –chilló ella-. ¿Te parece que con esto puedo tranquilizarme? –dijo, pasándole la revista.

  • Déjame ver –Lyanne fingió interesarse por la revista, pero ya se imaginaba lo que ponía-. Bueno…

  • ¡Sí, exacto! ¡Buena la ha hecho! –gruñó Lizette, paseándose histérica por la sala-. ¡No volverá a escribir un artículo en su vida, te lo digo yo!

  • ¿Y qué piensas hacer? ¿Piensas utilizar tus influencias en el Ministerio? –la picó Lyanne, irónica; eso siempre funcionaba.

  • Las mías no, pero por primera vez, y sin que sirva de precedente, ¡haré que mi padre lo consiga! –gritó ella, Lyanne comenzó a pensar que esta vez iba en serio, porque en todas las veces que Rita Skeeter había enfadado a Lizette, ella siempre había dicho que la despediría pero nunca lo había hecho. Que amenazara con utilizar sus contactos familiares era algo preocupante, porque ella siempre se había mantenido al margen de los privilegios. Entonces, Lyanne decidió leer el artículo, a ver si Skeeter se había pasado.

  • ¿Pero esta que se ha creído? –gritó Lyanne de repente-. ¿CÓMO SE ATREVE A ESCRIBIR ESTAS BARBARIDADES? ¡Maldita periodista! ¿De donde saca toda esta basura? “Su compañera, la famosa modelo y cantante Lyanne, podría tener una pasional historia amorosa con su entrenador personal, familiar directo de otro de los aludidos. Parece ser, que a las modelos de ahora, les atrae lo relacionado con los amantes de las artes oscuras” ¿Pero que son estas mentiras?

  • ¡Está loca! –la apoyó Lizette-. ¡Tú ni siquiera tienes entrenador personal! ¿Y COMO SE ATREVE A INSINUAR QUE A MI ME GUSTA ESE! ¡TE JURO QUE RITA SKEETER VA A MORIR AHORA MISMO!

  • “La rivalidad escolar de Lizette, años después sale a la luz de nuevo”. ¿Pero que tontería es esta? –exclamó Lyanne, hasta ella se sorprendió al leer el absurdo artículo-. Rita Skeeter no es más que una…

  • ¡UNA SUCIA Y REPUGNANTE CUCHARACHA! –la interrumpió Lizette, que necesitaba despotricar un rato contra ella. Lo de Lyanne ya era bastante gordo, pero a ella no la acusaban de estar secretamente enamorada de un mortífago-. ¡ASQUEROSA BASTARDA, ESTÚPIDA PERIODISTA DE POCA M…! ¿Qué pasa?

  • Lamento interrumpir tu conferencia –le dijo Sirius, que le había estado dando golpecitos en el hombro para reclamar su atención; la verdad es que había querido intervenir porque la chica estaba al borde de un ataque de histeria.

  • ¿Qué quieres? –repitió ella enfadada.

  • No me has enseñado el bolso –canturreó Sirius, con una sonrisita que consiguió crispar aún más a Lizette.

  • ¿Te estás burlando de mi? ¡TE BURLAS DE MI! –gritó ella furiosa, y sin decir nada se acercó a zancadas a la puerta-. Esa Skeeter, no sabe con quien se ha metido… pero ya verá… se va a enterar…

  • Me temo que no saldrás hasta que me hayas dado el bolso –la detuvo Sirius, obstruyéndole la salida.

  • ¡QUÍTA DE EN MEDIO! –ordenó, pero Sirius no se movió-. ¡No he traído bolso!

  • Pues tenemos un problema –le respondió él.

  • ¿Te estás riendo de mí? –le acusó ella enfadada.

  • En absoluto –respondió Sirius, con un tono serio que no supo de donde sacó.

  • ¡APÁRTATE! ¡Tengo que salir a matar a Rita Skeeter! –chilló ella, cada vez más furiosa cuando Sirius negó con la cabeza sin cambiar la expresión de indiferencia. Entonces Lizette perdió los nervios y se echó hacia delante con todas sus fuerzas, para apartar al auror. Sirius la agarró antes del golpe y la sujetó de las muñecas para que no pudiera moverse. Lizette respiraba agitada y hacía fuerza para soltarse, estuvieron así unos dos minutos, hasta que aflojó y se apoyó en Sirius, que aún la sujetaba.

  • ¿Ya estás mejor? –le preguntó Sirius a Lizette, que suspiró derrotada.

  • Gracias –dijo ella.

  • ¿Si te suelto prometes no matar a nadie? –preguntó, la chica asintió-. ¿Y no gritar histérica?

  • Sí –contestó Lizette-. En serio, gracias –le dijo, y le regaló una preciosa sonrisa que le sirvió a Sirius como premio.

  • ¿Y qué ha escrito Skeeter esta vez? –se interesó James, al ver el revuelo que había causado el artículo. Se acercó a Lyanne, que tenía los ojos cerrados e intentaba hacer respiraciones de yoga mientras contaba en voz baja-. ¿Me la dejas?

  • ¡Diez! Te ha tocado –informó Lyanne, intentando reprimir la furia-. Si no quieres sufrir las consecuencias de mi enfado, no me molestes.

  • ¿Esas consecuencias serían parecidas a las suyas? –preguntó con una sonrisita de pícaro, refiriéndose a Sirius y Lizette, que seguían abrazados.

  • ¡Cuidado con lo que dices, auror! –le advirtió ella, James aprovechó para tratar de arrebatarle la revista-. ¡No la toques! Esta revista no la leerá nadie más, nunca. Hay que quemarla, quemarlas todas… ¡Hay que quemar a Rita Skeeter como bruja que es!

Hubo unos segundos de silencio, durante los cuales todos se miraron entre ellos. Entonces se echaron todos a reír. Los empleados que se habían apartado, precavidos ante el hecho del nuevo artículo de Rita Skeeter volvieron a sus actividades. Rita Skeeter estaba a salvo de momento…


En una habitación oscura, iluminada sólo por la tenue luz grisácea de una lámpara vieja estaban sentadas dos personas: una mujer y on hombre. LA mujer, de ojos y pelo oscuro, daba vueltas alrededor de la habitación nerviosa, murmurando cosas. Su marido la observaba pacientemente, evaluando la situación e intentando decidir el momento oportuno para intervenir. Porque cuando a ella le decían algo que no le gustaba, se ponía de los nervios; pero si encima ya estaba de los nervios… era un terrible idea. Claro que alguien tenía que decírselo.

  • Bellatrix, no quisiera presionarte ni nada parecido… pero es que estáis tardando demasiado –comenzó el hombre con un tono que profetizaba justo lo contrario.

  • ¡Sería mucho más fácil si esos idotas no estuvieran allí constantemente! -se justificó ella-. Ese maldito Moody… siempre se entera de todo. ¡Por su culpa estaban allí los aurores!

  • ¿Aurores? –se extrañó su marido.

  • Sí Rodolphus, ya te lo dije. Si Rosier y yo no pudimos hacer nada, fue porque estaban ellos allí –explicó Bellatrix.

  • ¿No me digas que fue Longbottom otra vez? –preguntó su marido, recordando a Frank Longbottom, el auror que siempre le fastidiaba todo.

  • No, ni por casualidad. Ese Longbottom lleva dando guerra mucho tiempo, esos eran unos novatos –respondió Bellatrix-. ¡Ah, esa es otra! Ese idota, repugnate traidor a la sangre…

  • Hablas como el elfo de tu tía –comentó Rodolphus.

  • ¡Claro! ¿Sabes quien es auror? ¡Nada más y nada menos que mi primito Sirius! –exclamó ella con un deje de histeria.

  • ¿En serio? –rió Rodolphus-. No puedo creerlo.

  • Y no sólo él –dijo Bellatrix con amargura-. Potter, sí, el gran James Potter, también es auror. Y también estaba la chica esa, Elizabeth no se qué.

  • ¿Douglas? –aventuró Rodolphus, y obtuvo un gesto afirmativo por parte de su esposa-. ¿La Douglas de tu primito?

  • Esa misma. Agh, como la odio –gruñó Bellatrix, recordando sus “pequeñas trifulcas infantiles con Elizabeth Douglas”-. Y se metieron en medio.

  • ¡Vaya, entre todo eso parecería un reencuentro escolar! –exclamó su marido.

  • Algo así –afirmó Bellatrix-. Y si no llega a ser por Rosier, acabamos todos en al cárcel. Por eso no podemos actuar todavía.

  • No lo sé, haz lo que quieras –dijo Rodolphus-. Pero yo te advierto, que no les gusta esperar.

  • ¡Pues vete tú a revivir viejos tiempos y déjame a mi hacer tu parte! –se quejó Bellatrix-. Yo iré con Rabastan y tú vete con Rosier a que os den una paliza los antiguos compañeros de colegio.

  • Vale, vale –zanjó Rodolphus. Ese era uno de los inconvenientes de estar ambos al servicio del Lord, pero los Lestrange siempre fueron y serían grandes mortífagos-. Cambiando de tema…

  • ¡Has puesto el tono! –acusó Bellatrix.

  • ¿Qué tono?

  • El tono de cuando me vas a decir algo que no me va a gustar –explicó ella, sentándose en uno de los sillones antes de que se lo pidieran-. ¿Qué ha pasado ahora?

  • Nada, es algo que me ha comentado Lucius –contestó Rodolphus, pensando que ese tono lo debía poner muchas más veces de las que Bellatrix notaba-. Es que… es una tontería… que quede claro que a mi no me hace gracia, pero… Toma –dijo al fin, tendiéndole un periódico.

  • ¡AH NO, NO PUEDE SER! ¿CÓMO SE ATREVE LA SUCIA Y REPUGANTE DE SKETTER A…? –chilló Bellatrix al terminar de leer el artículo, y se levantó del sillón y caminó hacia la puerta del salón.

  • No creas que a mi me hace gracia… esa Skeeter… esta vez se ha pasado de la raya ¿de donde sacará estas tonterías? ¿Dónde vas? –preguntó su marido, en absoluto sorprendido por la reacción de furia de su esposa.

  • ¿Dónde crees que voy? ¡PUES A MATARLA! –gritó ella.

  • ¡No puedes hacer eso! ¿No ves que te están buscando? ¡No me mires así! Yo tampoco puedo ir –dijo Rodolphus-.

  • ¡Pues cuando vea a Narcissa le diré que se lo pida a Lucius! ¡Esto no se va a quedar así! –exclamó Bellatrix.

  • Como quieras –asintió su marido, sabiendo de sobra que Lucius Malfoy no iba a poner en peligro su tapadera por un artículo de una periodista, por irritante que fuera-. Además, piensa en lo que le hará tu amiga Douglas…

  • ¡A esa ni la nombres! –advirtió Bellatrix volviendo a sentarse, pero sabía tan bien como su marido que Elizabeth Douglas no dejaría la cosa así.


  • ¡Lil! –gritó Lizette descaradamente en el medio de la jornada laboral.

  • ¿Qué? –preguntó ella sin mucha más discreción que su amiga.

  • ¡Coge a esa maldita lechuza y dile que me deje en paz! –contestó Lizette mientras se agachaba detrás de unos percheros para huir de la lechuza, que revoloteba por la sala.

  • No es mía –dijo Lyanne despreocupadamente dejándose caer en uno de los sillones.

  • ¡Si que lo es! Es la que siempre te envía Jonny –respondió Lizette, deseosa d apartar a esa lechuza de ella.

  • Corrección: no es para mí –matizó Lyanne, dedicándole una elocuente mirada a su amiga.

  • ¡No! ¡Te dije que no quería! –exclamo Lizette al comprender.

  • Exactamente, lo que dijiste fue: me encantaría pero… está bien, lo haré pero que sea solo una –corrigió Lyanne.

  • ¡No! Por favor, no puedo hacerlo otra vez –dijo Lizette suplicante, pero todavía escondida entre los percheros mientras la lechuza marrón se posaba en los focos apagados.

  • ¡Ajá, así que es eso! –exclamó Lyanne triunfante-. Te ha costado tres años, diez meses y veinticinco días.

  • No es eso, para que lo sepas –contestó Lizette-. Es solo que… no quiero… pasará algo malo, seguro.

  • ¡Tampoco lo haces tan mal! –le tranquilizó Lyanne, sabiendo que no era eso a lo que se refería-. Oh, vamos, ¿desde cuando te preocupas por Jim?

  • No es por Jim, ni por mi padre –se adelantó Lizette, que ya se sabía de memoria la conversación de todas las veces que la había tenido-. Es porque no quiero cantar, da mala suerte.

  • Ya es hora de que lo superes, ¿no te parece? –dijo Lyanne, que entonces estaba tumbada en aquel sillón observando a la lechuza de su manager volar se foco en foco.

  • ¡Lo tengo superado! –exclamó Lizette ofendida-. Pero no lo haré, no puedes obligarme.

  • Ilusa –le dijo Lyanne sacándole la lengua-. Me dijiste que si Julie participaba, y Julie participa. Con lo cual, ¡lo harás!

  • No tengo elección… ¡siempre me haces igual! –protestó Lizette.

Ella no quería volver a cantar, de hecho, no lo había hecho desde aquella nochevieja. Pero en eso, Sirius Black no tenía nada que ver. No. Sirius Black estaba muerto y enterrado para ella. Pero solo recordarlo la estresaba; primero su padre que puso todo tipo de problemas, y cuando al final lo aceptó a regañadientes, Sirius descubrió su mentira, se enfadó y el resto es historia. Cantar da mala suerte, eso ella lo tenía comprobado.

  • ¡Que alguien se lleve a este pájaro de aquí! –protestó uno de los cámaras cuando la lechuza se poso sobre el objetivo.

  • Yo que tu le hacía caso a la lechuza, es muy pesada –aconsejó Lizette-. Y eso que aun no ha empezado a picotearte…

  • Vale, vale –aceptó Lizette resignada, y comenzó a leer la carta que traía la lechuza-. Lo de siempre: que todo perfecto, que ya dirá la fecha…

  • Estupendo –asintió Lyanne levantándose del sillón.

  • ¿Dónde vas? –le preguntó su amiga.

  • Donde deberías ir tú –matizó ella-. ¿No habías quedado con el camarero del bar?

  • No –contestó Lizette encogiéndose de hombros.

  • No se habla con él, me lo dijo –apuntó Rupert que pasaba por allí y le dio una carta a Lyanne-. Toma.

  • Gracias.

  • Ha dicho Edward que no digáis nada del artículo de Skeeter, que lo dejes pasar, que el viernes vienen los del Champion, que… -recitó Rupert como si se lo supiera de memoria.

  • ¿Otra vez? ¡Vaya hombre, tendré que volver a levantarme de madrugada! –le interrumpió Lyanne molesta.

  • Sí, ¿no ves que ya casi empiezan las Navidades? Y no hace falta que te levantes de madrugada, con que te despiertes a las ocho basta –aclaró Rupert.

  • ¿Y yo que he dicho? –gruñó Lyanne; todos criticaban su particular horario.

  • Y, como iba diciendo, ha dicho que le ha dicho Victoria que si prefieres dejarte el pelo así está bien, que no hace falta tinte, que los reflejos pelirrojos te quedan… -continuó Rupert.

  • Basta Rupert, me estreso y no quiero, que ya bastante tengo con Skeeter y sus tonterías –volvió a cortarle Lyanne-. Ya hablaré yo con la estilista, gracias.

Rupert se marchó encogiéndose de hombros: él había cumplido. En ese momento llegó James.

  • Escuha, ¿puedes hacer algo con vuestra lechuza? –le pidió el auror-. Es que le ah cogido manía a Howard y será mejor que alguien la contenga antes de…

  • ¡AY CUIDADO! –chilló Sheila, que en ese momento se iba ya a casa-. ¿Que te he hecho yo? ¿Por qué me odias tanto? –le dijo a Howard. El pobre chico, en un intento de escapar del pájaro asesino había tropezado y había caído encima de Sheila, para variar. Además, ahora la lechuza le picoteaba triunfante la cabeza.

  • Sheila yo… -balbuceó Howard, levantándose y después ayudando a Sheila a hacerlo.

  • Déjalo no tengo ganas de escucharlo –le interrumpió la chica, y podría decirse que salió huyendo de allí.

  • No lo hago a propósito, de verdad, pero es que no lo puedo evitar –aseguró Howard profundamente fastidiado, mientras una chica rompía a reír sonoramente.

  • ¿Qué te hace tanta gracia? Le preguntó Sirius a Lizette, que estaba agarrándose el costado.

  • Esto –contestó Lizette levantando la carta que estaba leyendo-. ¡Es que es buenísimo!

  • A mi no me hace ninguna gracia –le dijo Lyanne con cara de pocos amigos.

  • No poco –se burló Lizette, y comenzó a leer trozos de la carta-. Que sepas que me parece fatal que salgas con ese entrenador personal, un tal Rosier, primo de un mortífago pudiendo tenerme a mi…

  • ¡Cállate! –exclamó Lyanne, pero su amiga ya era incapaz de hablar más por el tremendo ataque de risa que tenía.

  • ¡Entonces era eso! –exclamo James como quien descubre la teoría de la relatividad-. ¡Skeeter dice que sales con el primo de un mortífago!

  • Ridículo hasta para ella –suspiró Lyanne-.

  • Sobre todo porque tú no tienes entrenador personal –intervino Lizette, recientemente recuperada de su ataque de risa, pero en seguida volvió a recaer.

  • ¿Y ella? –se interesó Sirius con respecto a Lizette.

  • Nada –contestó ella de inmediato-. Tonterías, no son más que tonterías.

  • Le pasan mal la información –comentó Lyanne-. Se ha equivocado de chico, pero vamos, a ella la ha acertado de lleno.

  • ¡Mentira! –exclamó Lizette; siempre pasaba lo mismo, primero ella se reía de su amiga y luego Lyanne se la devolvía.

  • ¿Me estás intentando decir que tu siempre te llevaste bien con Bellatrix? –insinuó Lyanne.

  • ¡No! Eso tampoco. Pero ya se lo que insinuabas, ¡y que te quede bien claro que NO ME GUSTABA ESE HIPOCRITA! –contestó Lizette.

  • No, claro que no –la apoyó Lyanne con un tono cargado de ironía.

  • ¿Conocéis a mi prim… quiero decir a Bellatrix Lestrange? –preguntó Sirius, corrigiéndose a tiempo del error.

  • Lamentablemente –respondió Lizette recordando sus tiempos de colegio-. Pero cuando yo la conocía, se llamaba Black.

  • Dejémoslo en Lestrange –le aconsejó James mientras Sirius gruñía-. ¿Y de qué la conocéis?

  • Es una historia muy larga –contestó Lyanne. Ahora no era momento de recordar sus siete años de Hogwarts con todas las peleas, castigos, bromas y demás cosas que sucedieron.


Un rato después, al final de la jornada laboral, Sirius decidió que era hora de intentar salir con Lizette… otra vez.

  • A la tercera va la vencida ¿no es eso? –dijo Sirius deseoso de que alguien le diera esperanzas.

  • Pero esta no es la tercera vez que lo intentas –apuntó James.

  • Pues… eh… -empezó Sirius, pero como no sabía que decir, gruñó. En ese momento llegaron las dos modelos.

  • Hasta mañana –se despidió Lizette-. Y no llevo bolso.

  • Ya lo sabía –contestó Sirius, desplegando todos sus encantos.

  • Ahg, odio los jueves, menos mal que termina ya –comentó Lyanne.

  • ¿Sabías que hoy es miércoles verdad? –preguntó James, sin llegar a creer del todo que la chica no lo supiera.

  • ¿Hoy es miércoles? Vaya… -se sorprendió Lyanne, evidentemente, no lo sabía.

  • Pues si que estás tu bien –le dijo Lizette dándole cariñosos golpecitos en el hombro.

  • ¡Oye, tampoco es para tanto! –le dijo su amiga avergonzada.

  • ¿Vives un día adelantado? –preguntó Sirius, recientemente incorporado a la conversación.

  • Efectivamente –confirmó Lizette mientras su amiga se ponía roja.

  • Bueno, no pasa nada –dijo Sirius restándole importancia-. Yo conozco gente que va tres horas por detrás y siempre llega tarde –comentó, lanzándole elocuentes miradas a James mientras Lizette reía.

  • Lo has clavado, auror –le felicitó a Sirius.

  • Sirius

  • Pues Sirius –afirmó Lizette. Mientras estos dos estrechaban lazos, Lyanne y James miraban a su respectivo amigo con mala cara, lo que en cierto modo, también les unió.

  • ¿Oye Liz, y al camarero lo has dejado tirado?

  • ¡Yo no había quedado con nadie! –exclamó ella por segunda vez ese día.

  • Me estoy volviendo loca –murmuró Lyanne-. Bueno, tenemos que irnos.

  • Eso –la apoyó Lizette, aunque no tenían nada que hacer-. Nos vamos, hasta mañana auror y Sirius.

  • Me llamo James –intervino el aludido.

  • ¡No me digas! –exclamo Lizette contenta, mirando significativamente a su amiga-. ¡Ja! Menuda coincidencia, ¿no crees, Lil?

  • ¡Ni se te ocurra empezar así! –advirtió ella al instante.

  • ¡Ajá! ¡Quien ríe el último ríe mejor, amiga! –se burló Lizette mientras los dos aurores las miraban sin entender, como ocurría varias veces.

  • ¡Lyanne esperad! –gritó Rupert al tiempo que corría hacia ellas-. Ha aparecido este… tu representante… ¿Cómo era?

  • Jonny –completó Lyanne.

  • Pues Jonny –afirmó Rupert jadeando-. Ha aparecido en al chimenea de Edward, y ha dicho que elijáis canción o algo así, y que podéis traer espectadores… creo. Yo personalmente o entiendo nada, pero supongo que tu si.

  • Si, gracias Rupert –le despidió Lyanne, y él se alejó murmurando que debía dejar de hacer de mensajero-. ¿Has oído Liz?

  • Sí, ¿y?

  • Pues mira, así puede venir Sirius, el auror –sugirió, mientras Sirius asentía sin ¡saber a que-. Y entonces hacemos Pesadilla después de Navidad dos. No ves… quién ríe el último ríe mejor.

  • Detesto cuando haces eso –gruñó Lizette-. Pero vamos a dejar el tema, que me pongo de mal humor y no quiero.

  • Porque no te gustaba para nada añadió Lyanne sarcástica.

  • Exacto –asintió Lizette-. Y no te rías de mí. Vámonos a hacer algo por ahí –dijo, e intentó salir, pero una vez más Sirius se interpuso-. ¿Qué? Ya te eh dicho que no llevo bolso –repitió ella encogiéndose de hombros.

  • No es eso –dijo Sirius, mientras se pensaba la mejor forma de entrarle a la modelo-. Es que… si vosotras conocéis a Rosier y a mi prim… es decir, a Bellatrix Lestrange, pues corréis peligro.

  • Eso –lo apoyó James.

  • Y supongo que nos tenéis que acompañar a casa. Por si acaso… -aventuró Lizette.

  • Básicamente sí –contestó Sirius algo avergonzado de que su táctica hubiera sido descubierta tan rápido.

  • Pues en ese caso, la respuesta es… -empezó Lizette mientras James se moría pro decirle a Sirius “tres, dos, uno… otro día, tal vez”.

Pues la respuesta la sabréis en el próximo capitulo :P Ya se que me retrasé mas de un mes, pero también se que no he llegado a los 10 reviews que pedí, con lo cual estamos en paz. Y que conste que suelo cumplir esas cosas, pero cierta amiga insistió tanto que al final le hice el favor xD Y bueno, aquí teneis el resultado, y me gustaría que me dejarais REVIEWS con vuestra opinión (cuando digo Reviews no me refiero a tres puntos). Estas son las contestaciones:

**EVIKA:**Pues si, la verdad es que si que montaran un espectáculo cuando se reconozcan, lo tengo todo planeado. Pero para eso aún falta por lo menos un capitulo más. Gracias por tu review!!

**Anna_Evans:**Me alegro mucho de que te guste tanto!! Bueno, APRA ese momento tendrás que esperar y lo de los apellidos lo aclaro en el próximo capitulo :P Ya se que no e slo típico, pro eso me gustó escribirlo. Besos!!

720087529: pues eso, que me gusta que dejes tu review, pero podias dejar palabras, tu nombre…

2085540938 Idem (mirar arriba)

Y ya está. Para el proximo capitulo quiero tener por lo menos 15 reviews, y no cuesta tanto que he visto las visitas y d esos muchos que lo leéis, podéis gastar cinco minutos en hacerme feliz. Hasta otra!