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Amor del Pasado, Nunca Olvidado — capítulo 5
Título del Capítulo: Quien la Sigue, la Consigue
Parejas: Lily & James, Remus &..., Sirius &...
Género: Amor, Comedia
Rating: ATP
Advertencia: Ninguna
Resumen: Ellos creen haber olvidado todo lo que sucedió en Hogwarts. Sumidos en su nueva vida de recién empleados, ¿que harán cuando el destino los vuelva a unir y vuelvan a encontrarse con todo aquello que creyeron dejar atrás en Hogwarts?
Disclaimer: Los personajes son propiedad de J.K. Rowling, solo algunos me los inventé yo. Escribo por gusto, no por dinero ^^
CAPITULO 5: Quien la Sigue, la Consigue
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Porque no te gustaba para nada añadió Lyanne sarcástica.
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Exacto –asintió Lizette-. Y no te rías de mí. Vámonos a hacer algo por ahí –dijo, e intentó salir, pero una vez más Sirius se interpuso-. ¿Qué? Ya te he dicho que no llevo bolso –repitió ella encogiéndose de hombros.
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No es eso –dijo Sirius, mientras se pensaba la mejor forma de entrarle a la modelo-. Es que… si vosotras conocéis a Rosier y a mi prim… es decir, a Bellatrix Lestrange, pues corréis peligro.
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Eso –lo apoyó James.
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Y supongo que nos tenéis que acompañar a casa. Por si acaso… -aventuró Lizette.
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Básicamente sí –contestó Sirius algo avergonzado de que su táctica hubiera sido descubierta tan rápido.
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Pues en ese caso, la respuesta es… -empezó Lizette mientras James se moría pro decirle a Sirius “tres, dos, uno… otro día, tal vez”.
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Otro día, Sirius –canturreó James por lo bajo, mientras la modelo se hacía de rogar; Sirius le propinó un pisotón, bien merecido según su criterio, y James daba saltitos amarrándose el pie y soltando gritos mudos de dolor. Lyanne soltó unas risitas, divertida, y Lizette terminó de considerar la situación con un movimiento de cabeza.
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La repuesta es que, por esta vez, te lo consentiré, auror –contestó Lizette, son poder ocultar su satisfacción; porque, aunque no lo reconociese jamás, se moría de ganas por salir con Sirius.
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¿En serio? –preguntó Sirius, que ya se speraba el no, y al ver que era cierto, retomó su aire de seductor-. Pues vámonos… por ahí, a…
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¿Pero no era que me tenías que acompañar a casa? –bromeó Lizette.
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Todo a su tiempo, nena –contestó Sirius-. Tenemos que tomar… un camino alternativo, por si acaso.
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Ah, vale –asintió Lizette sin ocultar su satisfacción, mientras James miraba sin podérselo creer. A Lyanne no el extrañaba en absoluto-. Todo sea por la seguridad.
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Eso –la apoyó Sirius, orgulloso de que al final hubiera conseguido salir con ella-. Y me llamo Sirius.
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Ah, ni lo intentes –intervino Lyanne-. Puede que te llamé auror hasta el día de vuestra boda.
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¿No te estarás precipitando… un poco nada más? –le preguntó James.
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Calla, que tú de esto no entiendes –le cortó Sirius, que tampoco es que tuviera problema con las ideas de Lyanne. El caso es que Lizette era diferente, diferente a las otras… Entonces volvió a retomar la conversación con Lyanne, mientras Lizette le suplicaba con al mirada que se callase-. ¿Y eso por que?
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Pesadilla después de navidad, no preguntes –se limitó a responder Lyanne con misterio, mientras se divertía de lo lindo-. Es un pequeño trauma que tiene, nada serio.
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¡No es un trauma! ¡Lo tengo íntegra, total y absolutamente superado! –saltó Lizette ofendida.
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Ya lo vemos –ironizó James.
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Genial –lo aprobó Lyanne con una sonrisa.
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Sois… de verdad… yo no… ¡agh! –farfulló Lizette, y en seguida practicó lo que ella llamaba “la técnica foso”, que consistía en tirar todo lo que no le gustaba a un foso imaginario, como si lo sacara de su vida así de fácil. Entre otras cosas, en ese foso se encontraban: Jim (su ex-representante chivato), Sirius Black, Bellatrix, la nochevieja de la mala suerte, Sirius Black, todos los chicos con los que no se hablaba (como el camarero, el de iluminación, varios fotógrafos…), y una larga lista de cosas que ella hábilmente había sacado de su vida, entre ellas, Sirius Black. Y siguiendo esa técnica, el segundo paso era pasar a otra cosa, véase, la cita con Sirius-. Bueno, nos vamos.
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Eso, hasta mañana James –se despidió Sirius. Lizette le tendió la mano, pero Sirius se adelantó y la agarró por la cintura.
Lizette rió alegremente y volvió la cabeza.
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Adiós Lil, y… ¡suerte con pesadilla escolar, segunda parte! –dijo Lizette a modo de despedida, y sonrió complacida mientras le pasaba el brazo por el hombro a Sirius.
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¿Qué ha querido decir con eso? –se interesó James, aún asombrado pro las habilidades de Sirius, que él mismo había subestimado.
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Idioteces –respondió Lyanne tranquilamente-. Es que es muy rencorosa.
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Ya –asintió James.
Lyanne se quedó parada delante de la puerta, mirando atentamente a James, esperando una respuesta, una señal… algo. Pero James no supo ver que lo que tanto quería él, era lo mismo que deseaba ella. No se le ocurrió pensar el por qué de la razón de que ella le mirase tan fijamente a los ojos, simplemente creía que no podía ser. No sabía que hacer: a Sirius siempre le funcionaba… y a él también solía funcionarle. Con solo chasquear los dedos ye tenía a siete chicas a sus pies, entonces ¿por qué sentía que nunca podría acercarse a la modelo? Ella se dio por vencida y supo disimular bien la cierta desilusión, sonrió y se dio la vuelta.
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Hasta mañana –se despidió Lyanne, riendo sin aparente razón, aunque ella sabía porque era por lo absurdo que le resultaba todo.
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Oye, espérate un momento –la detuvo James cuando ella ya llevaba recorrido al mitad del pasillo a la salida. ¿Pero qué otra cosa podía hacer? Él ya no era aquel chico seductor de dieciséis años que sabía manejar a la perfección a cualquier chica que se le pusiera por delante.
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No me digas que ahora quieres revisarme el bolso –dijo ella, sin darse cuenta de que no lo llevaba, lo que en el futuro podría ser un problema… o no tanto.
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No, no –contestó James, pensando que si se comportaba como en seductor quizá le funcionaría mejor la táctica-. Lo que pasa, es que estoy aquí para proteger y garantizar la seguridad del personal.
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¿Y?
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Y, que ya que mi horario de trabajo no termina nunca, porque tengo que hacer cinco meses, veintidós días y seis horas extra, solo porque Moody dice que llego tarde –continuó James, como diciendo que lo que Moody opinaba era totalmente absurdo-. Pues…
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¿Has notado que no se entiende nada de lo que dices? –rió Lyanne.
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Bah, es igual –dijo James, pensando que no tenía por qué complicarse tanto. Él era irresistible; o eso le habían hecho creer las cientos de chicas con las que había estado, y Sirius también, aunque lo suyo seguramente seria para convencerle de que lo acompañara a sus citas dobles-. ¿Quieres venir a tomar algo?
Lyanne se le quedó mirando, sorprendida y sonriendo. La vocecilla de la cabeza de James, que particularmente le caía muy mal, se burlaba de él “No, James, ¿Cómo pudiste pensarlo? Claro que no…” Solo le faltó sacarle la lengua, pero es lo que tienen esas voces, que no tienen cuerpo, ni lengua, ni nada.
- Vale –respondió al fin, y los dos salieron del edificio, pero en esos momentos no estaban tan pegados como Sirius y Lizette.
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Bueno, ¿y dónde quieres ir? –le preguntó Sirius mientras esperaban a que pasase un autobús para poder cruzar la calle.
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Me da igual –le contestó la modelo.
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Pues… no lo se, ¿Qué te parece ese bar de ahí? –preguntó, refiriéndose al bar que tenían en frente.
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¡No! Ahí no podemos ir –dijo entonces Lizette.
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Has visto como no te daba igual –bromeó Sirius-. ¿Y puedo preguntar el por qué?
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Porque no me hablo con un camarero, o con dos o tres –le respondió Lizette, Sirius rió en señal de que no le importaba.
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Es que como eres modelo y todo eso, ya habrás estado en todos los bares y pubs –comentó Sirius.
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No creo que hayan sido todos, pero al verdad, en la mayoría sí que he estado –afirmó Lizette, omitiendo el dato de que no era precisamente por su profesión por lo que visitaba todos aquellos sitios.
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Pues yo sé un lugar al que podemos ir –dijo Sirius.
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Vamos –asintió Lizette, mientras Sirius al agarraba más fuerte y comenzaban a caminar por las calles del Londres nocturno.
- ¡¿Qué?! -gritó Lyanne, intentando desesperadamente hacerse oír entre la multitud que llenaba aquella noche el local.
Música alta y miles de conversaciones que se mezclaban entre ellas llenaban aquella noche el Club Joker’s, donde la gente que había acudido al lugar sólo podía hablar con sus acompañantes a gritos, y si quisiera hacerse escuchar tendría que dejarse la garganta en el intento.
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¡Que qué es lo que quieres tomar! –le respondió James, a gritos.
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¡¿QUÉ?! –repitió Lyanne, cada vez más histérica y desesperada por escuchar alguna palabra de la conversación.
James le apoyó la mano en el hombro de la chica para tranquilizarla, observando divertido como Lyanne se desesperaba por enterarse de algo en toda la noche. Ella
Era esa clase de persona que necesitaba enterarse y conocerlo todo en todo momento, sino, se ponía nerviosa. James se acercó a ella y le susurró unas simples palabras al oído, pero que el joven auror consiguió convertir en seductoras.
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¿Qué quieres tomar? –le preguntó a la modelo.
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Elige tú, de veras que me da igual –contestó Lyanne, y esta vez fue ella la que se le acerco al auror para susurrarle su respuesta al oído, y para después separase y sonreír los dos al mismo tiempo, y después intercambiar una mirada de complicidad.
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Dos copas de whisky de fuego –pidió James, y después de que el camarero se las sirviera depositó dos sickles y siete knuts encima de la barra cogió las dos copas y se las llevó para que Lyanne y él pudieran buscar una mesa y sentarse.
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Agh, ¡no podrían bajar un poco la endemoniada música esta! –farfullaba Lyanne mientras los dos intentaban buscar un sitio, colándose entre la gente que se aglomeraba en el local y les impedía moverse naturalmente.
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Pero, ¿tú no estás acostumbrada a estas cosas? –le preguntó James, riéndo-. Quiero decir, tú eres modelo, ¡y de las famosas! De esas que salen en las revistas que enseñan fiestas de famosos y eso.
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Sí, ¡pero odio la música alta que ponen en estos sitios, a tanto volumen que te retumban los oídos que te produce un horrible dolor de cabeza! –se quejó la modelo mientras se sentaba en una pequeña mesita al fondo de la sala, mientras tanto, James se reía alegremente.
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¡Eres increíble! –rió el joven auror bebiendo un sorbo de su copa.
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Ya lo sé –afirmó Lyanne, hasta que captó el verdadero sentido de la frase-. ¡Eh no! ¡No te rías de mí!
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¡¿Qué?! –bromeó James, cada vez disfrutando más de la noche.
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¡No te burles, auror! –le espetó Lyanne, aunque ella también se estaba divirtiendo mucho aquella noche.
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¡¿Qué?! –repitió James, riendo.
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¡Qué no te b…! ¡Agh! –gruñó Lyanne.
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¡No te oigo! –volvió a gritarle James, observando divertido la reacción de la chica. Después se acercó a ella, pasando peligrosamente cerca por encima de las copas y le susurró al oído-: por cierto, me llamo James.
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¡Si qué me oías! ¡Mentiroso! –le reprendió Lyanne, dándole un golpecito en el hombro, lo que hizo que él se lo devolviese y la silla se le cayó para atrás.
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¡Aaay! –exclamó Lyanne mientras su silla caía hacia detrás, pero en el último momento, James, haciendo gala de sus entrenados reflejos de auror, le frenó la caída-. ¡Uf! ¡Gracias!
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Deduzco que eso ha sido un gracias, así que, de nada –le contestó James, al oído, en parte porque si n no se escuchaban ni una sola palabra, en parte.
Y después de una sonrisa, y otra, y otra más, junto con varias miradas de complicidad y alguna que otra seductora, por parte de James la gran mayoría, se les pasó la medianoche, la una y las dos. Y así se hicieron las tres de la madrugada.
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¡Joder son las tres! ¡Mañana voy a llegar tarde! –exclamó James fastidiado, porque aunque ya no estaba en la oficina del Ministerio, Moody se seguía enterando de que llegaba tarde, y seguía sumando el tiempo a sus cinco meses, veintidós días y seis horas que tenía que hacer extra-.
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¡Buf, y por la mañana es cuando venían los del Champion otra vez! –se quejó Lyanne con fastidio, porque si así era no podría dormir hasta tarde y llegar al estudio cuando le diese la gana.
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¿Pero a ti no te habían dicho que esa gente venía el viernes? –le preguntó James, medio riendo.
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¡Ahí va, es verdad! –exclamó Lyanne sorprendida, y avergonzada por haberse equivocado de día otra vez; y mientras tanto, James reía-. ¡Eh no! ¡Ahora lo he dicho bien!
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Por supuesto –ironizó James.
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¡Que sí! –replicó Lyanne-. Son las tres, con lo cual, hoy es el mañana de ayer, así que el viernes de ayer, es el mañana de hoy. ¡Ves como lo había dicho bien!
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Eh… sí. Si, claro que sí –le respondió el auror sin mucha convicción-.
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Bueno, creo que la noche se acaba por ahora –se despidió Lyanne, con dos besos en las mejillas, que hubieran sido simples y educados besos de cortesía si no se hubiesen acercado tanto a las comisuras de los labios.
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Parece que sí –asintió James, a sabiendas de que esa noche si dormía, dormiría contento-. Me lo he pasado muy bien.
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Y yo –contestó Lyanne-. Buenas noches.
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Sí, hasta mañana… a las ocho seguro que no –dijo James-. Bueno, pues hasta mañana a las once y media –dijo, Lyanne sonrió-. ¿Quieres que te acompañe a casa? Ósea, quiero decir… un trozo.
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Lo he entendido, creo –respondió Lyanne-. Pero es igual, vete a dormir o si no llegarás tarde y sumarás tiempo a tus cinco meses, veintidós días y seis horas extra.
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Ahora ya habrá subido la deuda –comentó James.
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Bueno, gracias de todos modos. Igualmente, yo puedo aparecerme y… -decía Lyanne, mientras se auto-cacheaba buscando algo-. ¡Mierda!
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¿Qué? –preguntó James, algo preocupado por la desesperada actitud de la chica, que buscaba algo como si le fuese la vida en ello.
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¡El bolso! ¡Me he dejado el bolso en el estudio! –exclamó la modelo con un deje de histerismo, que aumentó al notar que a James no parecía afectarle en absoluto-. Parece que no lo entiendes, te lo explicaré: ¡sin bolso no hay llaves, y si no hay llaves no entro en casa! Y si no entro en casa, dormiré en la calle, y si duermo en la calle no descansaré, y mañana estaré horrible, y… y… ¡Es una desgracia!
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A ver, tranquila, serénate mujer –le dijo James intentando calmarla-. Eh… pensemos con la cabeza fría.
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Sí, eso, eso. ¡Lástima que hace muchísimo calor! –replicó Lyanne.
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¡Pero si estamos casi en Navidad! – le recordó James.
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¡No! No me lo recuerdes, si es Navidad vienen los del Champion, y entonces saldré horrible en las fotos. ¡Que horror! –exclamó Lyanne nerviosísima.
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Eh… vale, busquemos una solución-dijo James-. Te has dejado el bolso en el estudio ¿no es así? –preguntó mientras la modelo asentía compulsivamente con la cabeza-. Pues solo tienes que coger las llaves y entrar a buscarlo, porque tendrás llaves, ¿no es así?
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Sí, ¡pero las llaves están en el bolso! ¡Y el bolso está dentro! –contestó Lyanne-. Lo que significa, que sin llaves no entro a por el bolso, y sin bolso no hay llaves con las que entrar a por el bolso, ¿entiendes?
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Sí, sí –asintió James no muy convencido-. ¿Y si…?
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Y además podría pedirle ayuda a Liz, como hace ella cuando se pelea con Jim, con su padre, o con los dos a la vez. ¡Pero ha salido! Y como ha salido no la veré hasta mañana –dijo Lyanne-. ¿O tu amigo Sirius…?
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No la verás hasta mañana –afirmó James con rotundidad.
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¿Y qué hago? –preguntó la modelo esperanzada con que James tuviera una solución, ¿no tenían los aurores soluciones para todo?
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Pues bueno… yo tengo una idea.
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No sabía que hubiesen músicos de jazz a las orillas del Thames –comentó una chica rubia, apoyada sobre el pecho del hombre que la acompañaba en su paseo al lado del río de Londres.
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Yo tampoco –le contestó Sirius, observando divertido como Lizette le miraba acusadora.
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Mentira –pronunció la modelo con orgullo.
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En efecto –asintió Sirius-. Si que lo sabía, de pequeño, cuando me escapé de casa, venía algunas noches a escucharlos.
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¿En serio? –se interesó Lizette.
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Sí, bah, tampoco era tan pequeño. Tenía dieciséis o diecisiete –aclaró Sirius ante la mirada algo escandalizada de la rubia.
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¿Y por qué lo hiciste? Quiero decir, ¿por qué te escapaste? –le preguntó.
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Porque no los soportaba, a ninguno –respondió Sirius-. Su manía con la sangre pura y esa superioridad con la que trataban al resto que no eran como nosotros… No soportaba a mi familia, y me escapé –explicó, como si ningún remordimiento o sentimiento de culpa lo hubiera asediado nunca, y en cierto modo, así era.
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Algunas veces, yo haría lo mismo –le confesó Lizette, pensando en su padre controlador, en el ambiente elitista en el que se movían y deseando nunca haber pertenecido a aquel mundo.
¡Eres una falsa! ¡Siempre criticándome por ser de alta sociedad y tú eres igual! ¡No puedo creer que tú que decías ser tan sincera nos hayas estado mintiendo a todos durante siete años! ¡Siempre me has acusado de ser un niño rico y un arrogante, y tú eres igual!
Si hubiese sabido como afrontarlo, si se hubiese escapado de casa… quizá las cosas hubiesen sido de otra forma. Quizá hubieran podido… No. Todo aquello estaba muerto y enterrado en la fosa, era un simple recuerdo del pasado, y nada más.
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La verdad, nunca me creí capaz de escaparme –le dijo Sirius, recordando su pasado.
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¿Y entonces como te decidiste? Me refiero, yo tampoco me veo capaz pero… no sé. ¿Qué fue lo que te convenció? –se interesó Lizette.
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Pues la verdad, sería mejor decir quién me convenció –matizó Sirius-. Bueno, fue algo que pasó hace tiempo, pero no me gusta hablar de ello.
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Vale, no hablemos –dijo Lizette con una sonrisa pícara, y cuando su rostro y el del auror estuvieron lo suficientemente cerca, echó a correr por aquella calle a la orilla del río.
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¡Eh! ¡No ha tenido gracia! –se quejó Sirius mientras corría tras ella.
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¡Claro que la ha tenido! –rió Lizette, y justo ene se momento Sirius la alcanzó.
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Bah, así no tiene gracia, corres muy lento –bromeó Sirius sentándose en un banco.
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¿Has probado a correr calle abajo con tacones? Algún día deberías intentarlo –le respondió la modelo sentándose también, mientras Sirius seguía riendo-. No le veo la gracia por ningún sitio. Y además, ¿tú no decías que no te gustaba hablar?
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¿Y tú por qué presupones que quiero hablar?
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Oye, ¿de verdad no te importa? –preguntó Lyanne por enésima vez en lo que llevaban de camino.
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Ya te he dicho que no –repitió James, mientras intentaba meter la llave en la cerradura cuando el pasillo estaba en total oscuridad.
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Muchas, muchísimas gracias –dijo Lyanne otra vez.
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Maldita llave odiosa –gruñó James al no poder abrir la puerta.
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¿Y si encendieses la luz? –sugirió la modelo.
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No va, no quieren cambiar las bombillas –respondió James.
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Ah, ¿y si utilizas un hechizo y…?
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¡Shh! –la interrumpió James, tapándole la boca rápidamente-. Es que las vecinas son muy cotillas –explicó el auror en voz baja-. Siempre están al acecho, mirando por las mirillas.
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Vale –asintió la modelo-. Pues entonces déjame intentar abrir la puerta a mí, que aunque mañana no voy a levantarme pronto, no me hace gracia quedarme aquí toda la noche –dijo, y en unos instantes ya había abierto la puerta.
El piso de James era una acogedora vivienda moderna, en la que la mayoría de habitaciones estaban diáfanas. El recibidor y el salón no tenían distinción alguna, y la cocina estaba separada por una barra parecida a las de los bares. Al fondo de la enorme habitación había dos puertas de madera clara.
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¡Vaya! –exclamó Lyanne asombrada.
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No es muy grande, pero…
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¡Es genial! –terminó ella.
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Me alegro que te guste –dijo James-. En realidad, tenía otra habitación, pero tiraron el muro para agrandar el salón.
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Pues ha quedado muy bien –asintió la modelo. Oye, ¿puedo comer algo? Parece que hace una eternidad que no como.
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Coge lo que quieras –le dijo James despreocupadamente desde el sofá en el que se había sentado.
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¿Aquí tampoco hay luz? –preguntó Lyanne con la cabeza dentro de la nevera, donde buscaba algo que pudiera comer.
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Haberla la hay, pero si la enciendes las vecinas espían por el patio –le contestó James.
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¿Pero que clase de vecinas hay aquí? –rió la modelo.
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Pensionistas, cotillas y aburridas –dijo James.
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Vale, mejor nos quedamos a oscuras –decidió la chica, y sacó un bol de fresas de la nevera-. ¿Me puedo comer esto?
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Si están en buen estado, supongo que sí –le respondió James levantándose-. Oye, ¿y tú como llegaste a ser modelo?
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Pues fue, umpgh, de casualidad –comentó Lyanne mientras se comía las fresas-. Yo nunca hubiese pensado en ser modelo, la verdad, no me iba nada. Pero tenía que hacerme una foto para el carné de aparición, y como no salía bien en las de las máquinas, pues fui a un fotógrafo de estudio. Allí me crucé con Edward, y bueno, el resto te lo imaginas.
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Sí.
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¿Y tú cómo llegaste a ser auror? –le preguntó Lyanne al chico mientras intentaba coger un vaso de un estante muy alto
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Pues es lo que siempre quise ser –contestó James-. Pero no es como lo había soñado exactamente. Vamos, no lo es los primeros años. En este último año mi gran tarea ha sido el papeleo y los informes de lo que otros hacían, y jugar al baloncesto con Sirius y bolas de papel.
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Yo conocí a gente que se moría por ser auror, creo que te lo dije –comentó la modelo, que ahora daba saltitos para alcanzar el vaso-. Pero desde luego, no deben haberlo conseguido, porque no se estaban quietos ni un momento. No hubiesen soportado leer las hazañas de otros.
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Pues los entiendo –dijo James, y se acercó a la chica, la agarró por al cintura y delicadamente la levantó para que cogiera el vaso. Ella sonrió-. Pero igualmente, ser auror tiene sus compensaciones.
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¿Ah sí? ¿Cuáles? –preguntó Lyanne con actitud seductora, dejando el vaso en la encimera mientras James se le acercaba.
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Pues de vez en cuando, muy de vez en cuando, te mandan a una misión interesante. Y en esa misión puedes conocer a maravillosas personas, y… -dijo, pero no terminó la frase, porque tuvo que concentrase en la complicada tarea de no separar los labios de la chica.
Holas!! Estoy contentísima porque cumplí mi propósito de los 15 reviews! Gracias, gracias, gracias xD Y bueno, espero que os haya gustado el capitulo, que al final pasó lo que tenía que pasar ;) Y dedicado a una pesada que me pedía todos los días que lo hiciese, pues ya lo tienes aquí! Sí, va por ti, compañera de Odiseas ^^ Bueno, no adelanto mucho de los proximos capis, porque en parte esta claro lo que va a pasar, y hay cosas que prefiero reservarme para sorpresa n__n
Como ya dije, mil gracias por los reviews!! Solo faltaron los nombres en algunos o.O pero como estoy feliz de haber llegado a donde quería, pues se los perdono!! xD Aquí sus respuestas:
355466051: me alegro de que te parezca genial! xD
671334098: me encantó que te encantara ^^ aquí tienes el proximo capi.
Anna_Evans: jeje me gustó que te gustase este capitulo, lo del articulo... ya lo verás en próximas entregas xD Besos.
EVIKA: Gracias por tu review, me alegró que te siguiera gustando!! Besitos ^^
Mizukis: gracias por tu review, y me animó mucho tu opinión. Tranquila que seguiré escribiendo, y aunque pierda el animo, mi sistercita de las tartas me obligará a escribirlo xD Besos!!
Y a los dos restantes “10” y “m lo vy a leer”: muchas gracias por vuestro review, en serio. Y tal vez estaria bien que dejarais nombre o algo ^^ Y bueno, pues para el proximo capitulo me gustaría llegar a los 20, que tampoco son tantos.
Beshios y abrazitows,
Elenie