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Amor del Pasado, Nunca Olvidado — capítulo 6
Título: Amor del Pasado, Nunca Olvidado
Título del Capítulo: Los Viejos Recuerdos Salen a la Luz
Parejas: Lily & James, Remus &..., Sirius &...
Género: Amor, Comedia
Rating: ATP
Advertencia: Ninguna
Resumen: Ellos creen haber olvidado todo lo que sucedió en Hogwarts. Sumidos en su nueva vida de recién empleados, ¿que harán cuando el destino los vuelva a unir y vuelvan a encontrarse con todo aquello que creyeron dejar atrás en Hogwarts?
Disclaimer: Los personajes son propiedad de J.K. Rowling, solo algunos me los inventé yo. Escribo por gusto, no por dinero ^^
CAPITULO 6: Los Viejos Recuerdos Salen a la Luz
“¿Y tú por qué presupones que quiero hablar?”
Con esa estudiada frase de Sirius le arrancó una sonrisa a la modelo rubia, que llevó a unas carcajadas a las que siguieron un acercamiento. Y el acercamiento lleva al deseo, el deseo lleva al beso, y el beso lleva a más besos aún. Lo cual podría desencadenar en varias escenas no aptas para la calle, pero teniendo en cuenta que es de madrugada y no pasa ni idos por la calle excepto las parejitas acarameladas (ejem, ejem, ¿cómo ellos, tal vez?) que van escuchando el jazz que tocan en el río… ¡no! Sigue siendo demasiado para la calle.
Y además de ser algo no apto para todos aquellos transeúntes nocturnos, también era algo demasiado perfecto para que nada lo estropease. Y ese algo que debía estropearlo era una lechuza. Concretamente, una lechuza gris claro con ojos azules zafiro, que se acercó y se posó elegantemente en el hombro de Lizette interrumpiendo el momento. Pero los dos jóvenes continuaron mientras la lechuza esperaba pacientemente, hasta que se cansó de esperar y el mordió una oreja a la modelo.
-
¡Ay! ¡Joder que bestia! –se quejó Lizette tocándose la oreja dolorida.
-
Yo no he sido –se anticipó Sirius.
-
No, tú no –contestó la modelo riendo-. Es el pájaro este… Jaunie creo que se llama –dijo, pero la lechuza le volvió a picotear-. No perdona, se pronuncia “Shounié”. Es que viene de Francia, es muy pretenciosa.
-
Ah, ¿y cómo es que te viene una lechuza desde Francia? –se interesó Sirius.
-
Es de mi hermano Jared –explicó Lizette mientras ojeaba la carta-. Bien… bien… ¡genial!
-
¿Pasa algo? –preguntó el auror.
-
Nada. Ya verá Rita Skeeter… ahora va a saber con quien se ha metido… -murmuró, y volvió a centrase en sus asuntos con el auror.
¡CLICK!
A la mañana siguiente…
¡¡RIIIIING!!
-
Mphg… ¿que… demonios… está pasando? –murmuró Lyanne medio en sueños.
-
Ni idea –le contestó James, reprimiendo un bostezo. Después se fijó que encima de su reloj digital, había un despertador redondo que pitaba de forma ensordecedora-. Moody…
-
¿Qué? –le preguntó la modelo, mientras se acurrucaba más en las sábanas.
-
Nada, vuelve a dormirte –le dijo James, dándole un beso a la chica y levantándose a regañadientes para ir a trabajar, y al instante el despertador desapareció. A que mala hora se le ocurrió poner de excusa a Moody que el despertador no iba bien…
-
¿Qué hora es? –dijo Lyanne con la cabeza enterrada en la almohada.
-
Las ocho en punto –le contestó James-. Y treinta segundos, treinta y uno, treinta y dos…
-
Buf, no entiendo como puedes levantarte tan pronto –comentó la modelo, sin saber exactamente si estaba despierta o dormida.
-
Normalmente he dormido algo la noche de antes –le aclaró James, con una sonrisa de pícaro que Lyanne no pudo ver porque tenía los ojos cerrados-. ¿No vienes verdad?
-
Ni pensarlo –le respondió ella tras bostezar abiertamente-. ¡Ay no! ¡Que hoy vienen otra vez los pesados del Champion!
-
Eso es mañana –le repitió James a su… a su… a la modelo que en estos momentos intentaba volver a dormir, mientras se ponía los calcetines, y esta vez tuvo cuidado de emparejarlos correctamente.
-
Ya lo sabía –mintió Lyanne-. Bueno, me quedo, si no te importa, claro…
-
Quédate anda, venga, vuelve a dormir –asintió James con una sonrisa de ternura en los labios. Hacía tiempo que no le pasaba algo así. ¿Qué hacía él quedándose toda la noche despierto hablando con la chica que tanto le gustaba? ¿Era eso normal?
Salió del cuarto bastante sorprendido de sí mismo. Cogió las llaves que la noche anterior había dejado en la encimera, revisó que lo llevaba todo y que no olvidaba ningún importante detalle, y salió de la casa. Claro que olvidó bajar la persiana la ventana de la cocina, la misma que daba al patio, y ese era el error más grande que pudo haber cometido.
-
¡Ya se ha ido! –susurró una señora entrada en edad desde detrás de la mirilla de la puerta que había en el mismo rellano que la de James-. Vaya, hoy a salido pronto…
-
¿Y tú como lo sabes, Celice? –preguntó otra señora aturullada, también de unos sesenta y pico años, y también en susurros.
-
¡Ay abuela que no se entera! ¿Cómo lo voy a saber, Eleanor? Porque lo acabo de ver –contestó Celice como si fuese obvio. De verdad, que su hermana era muy tonta.
-
Este chico va muy mal… -comentó una tercera señora, Gladys.
-
Yo anoche le vi entrar con una chica –susurró Eleanor.
-
¿Otra? –preguntó escandalizada Gladys.
-
¡Si es que el chico vive muy bien, coño! –exclamó Celice, mientras se encendía un cigarro-. Si me hicieseis caso y nos fuéramos al Mediterraneo…
-
No –la cortó Gladys-. Si nos fuésemos allí donde tu quieres, ¿quién se ocuparía de mantener el orden en el edificio? Y apaga ese cigarro, ¡no soporto el humo!
-
¡Joder! –exclamó Celice cuando se terminó su cigarro y abrió el paquete para descubrir que no le quedaba ninguno-. Ahora vengo, tengo que bajar a comprar tabaco.
-
¿Otra vez? ¡Hermana, te estás matando! –le repitió Eleanor, como solía hacer-. ¿Qué hiciste con el paquete de ayer?
-
¡Una infusión! –contestó Celice con sarcasmo-. ¿A ti que te parece?
-
Oye –susurró Eleanor, cortando la discusión-. ¿Y por qué seguimos hablando en susurros, si el chico ya se ha marchado?
-
¡Pues porque es un cotilleo mujer! –le explicó amablemente su hermana Celice.
-
Os estáis desviando del tema –las previno Gladys-. Si anoche el chico entró con alguien, ¿dónde está esa chica ahora?
-
¡Al patio! –anunciaron las dos hermanas, Celice y Eleanor, a la vez.
Ya podía haberse ocupado James de bajar su persiana, porque cuando dos horas más tarde, Lyanne salió de la habitación vestida únicamente con una camisa del chico, se encontró con tres señoras mayores que la observaban meticulosamente por la ventana. Ella llevaba ropa interior, claro, pero eso desde la ventana del patio no se veía, y las vecinas que allí esperaban pacientemente eran muy propensas a pensar mal de la gente… y así las tres viejas cotillas sacaron sus propias conclusiones.
-
¡Eh! ¡Niña! –la llamó Gladys. Lyanne se giró con el bol de fresas, o lo que quedaba de ellas hacia la ventana, y casi se le cae el recipiente al suelo del susto. No es muy frecuente encontrarte nada más levantarte a tres señoras que te miran desde la ventana del patio, y más aun si no es tu casa y no vas exactamente presentable para la ocasión.
-
¿Qué habéis hecho esta noche el chaval y tú? –preguntó Celice, siempre directa a lo que interesa.
-
¿Yo? Esto… señoras… -comenzó Lyanne. Tampoco era plan de ser grosera con ellas, pero las tres ancianitas se las traían…-. ¿A ustedes que les importa?
-
Pues la verdad es que no mucho, pero es por cotillear ¿sabes niña? Somos jubiladas, y nos aburrimos mucho –contestó Gladys fingiéndose afectada-.
-
¡Venga niña, que en nosotras puedes confiar! –la animó Eleanor.
-
Si nosotras con un par de detallitos nos conformamos, entiéndenos, no tenemos mucho que hacer, y con esta mierda de pensión que nos pagan no nos da ni para un bingo –continuó Celice.
-
Sí, por eso y porque a ti te han prohibido la entrada –añadió Gladys, señalando a Celice.
-
Pobrecita, mi hermana se toma muy en serio la derrota –le susurró Eleanor a Lyanne, que estaba cada vez más alucinada-. Desde que la dejó Patrick…
-
¡Y a esta chica que le importa lo que me hizo a mí Patrick! –la regañó su hermana.
-
Bueno sí, venga niña… cuéntanos –repitió Gladys con interés.
-
Vamos a ver señoras, James y yo no hemos hecho nada –intentó explicarles Lyanne sin alterarse demasiado.
-
Ya claro, ¿pretendes que nos creamos que en toda esta noche sólo habéis jugado al parchís? –se burló Celice.
-
¡Que somos jubiladas, pero no tontas! –añadió Gladys.
-
Bueno, esta un poco –apuntó Celice con malicia, señalando a su hermana Eleanor.
-
¡Que no señoras! ¡No hemos hecho nada! Hala, a tomarse la mediación, venga –se despidió Lyanne mientras bajaba rápidamente la persiana. Ahora entendía el por qué de las preocupaciones del auror.
A las ocho y media más o menos, James llegaba al estudio, donde ya le esperaba Sirius con cara de inmensa felicidad. Esa noche James y Lyanne la habían pasado hablando y divirtiéndose con sus diversas anécdotas. Y sí, algún que otro besito, y abrazos y demás habían caído, pero de ahí ninguno pasó. Y eso en James Potter no era normal… no, nada normal. Pero aquella chica era diferente, era especial, y no quería fastidiar la oportunidad.
-
¡Amigo! –lo saludó Sirius nada más entrar.
-
Buenos días Sirius –le respondió James pasando de largo. Le encantaba dejar a su amigo con la intriga.
-
¡Espera! –le dijo Sirius mientras le seguía-. A ver, cuéntame, ¿Qué tal anoche?
-
Bien –se limitó a contestar James, sin ocultar una sonrisa.
-
¿Bien? ¿Sólo bien? –repitió Sirius con una sonrisa pícara-. Venga James, que nos conocemos…
-
Estuvimos hablando Sirius, hablando –le respondió James al fin-. ¿Es que tú sólo piensas en eso?
-
¡Venga va! –exclamó Sirius incrédulo-. Tío si no me lo quieres contar no me lo cuentes pero eso…
-
Para que lo sepas, es verdad.
-
¿El qué es verdad? –preguntó Howard, que llegaba en ese momento.
-
Que James se ha pasado toda la noche hablando en su casa con una modelo. ¡Solo hablando! –se apresuró a contarle Sirius.
-
¡Mentira! –exclamó Howard entre risas.
-
Pues para que lo sepáis, es verdad –les dijo James-. Sois los dos unos pervertidos.
-
Que diga lo que quiera, pero yo no me creo ni una palabra de todo eso –le susurró Sirius a Howard cuando James se alejó un poco. El novato auror asintió con la cabeza, él tampoco se lo tragaba.
Unas dos horas y media después, concretamente a las diez cincuenta y tres minutos de la mañana, entre los susurros de protesta de las demás modelos, entraba por al puerta Lyanne, con sus ojos esmeralda que habían protagonizado varias campañas de sombras y demás maquillaje para los ojos y su larga melena castaña cobriza, a la que le estaban empezando a salir los reflejos pelirrojos de su color natural, que según Victoria, la estilista, le quedaban bien.
-
Buenos días –la saludó James sonriente-. ¿Amaneces ahora?
-
No, bueno, hará una media hora –contestó ella, radiante de felicidad. Por fin había encontrado a algo más que un baboso con quien además, disfrutaba mucho. Se acercó más a él y le susurró al oído-. Oye, ¿Qué clase de gente son tus vecinas las viejas?
-
¡Oh no! –se lamentó James-. ¿No me digas que te han dicho algo? Joder, se van a enterar…
-
¡Que no, hombre! Tranquilo, no pasa nada –le dijo Lyanne sonriendo ante el hecho de que el auror se preocupase por ella-. Lo que son es un poco cotillas pero nada más.
-
¿Seguro? –preguntó el auror mientras acercaba su cara hacia la de ella. La chica asintió dulcemente y se dieron un pequeño beso.
-
¡Lyanne!
-
Espera, el mensajero real –bromeó la modelo-. ¿Qué pasa, Rupert?
-
Muy graciosa, espera que me parto –ironizó Rupert-. Toma, para variar, te ha llegado una carta. ¿Y por cierto, dónde está Lizette?
-
¿Y yo que sé? –contestó Lyanne distraídamente mientras leía su carta-. ¿No ha venido hoy? –el modelo negó con la cabeza.
-
¿No la has visto tú? –le preguntó Rupert a James.
-
No –contestó el auror-.Tal vez deberías preguntarle a Sirius, quien se fue anoche con ella.
-
¡Ah sí, es verdad! Vamos a ver, pesadilla después de navidad dos, ¿qué le has hecho a mi amiga? –preguntó la modelo con un aire acusador que resultaba bastante divertido.
-
¿Yo? Eh, pues mira… -empezó Sirius.
-
Ey, ey, ey. Para, quieto ahí. Demasiada información –le detuvo Lyanne a tiempo-. Volveré a preguntar de otra forma… ¿dónde está Liz?
-
No tengo ni idea –contestó Sirius-. Nos levantamos los dos a la vez, pero después se fue a buscar a su hermano o no se qué me dijo.
-
¿A su hermano? ¿A Jared? Pero si vive en Francia… -se extrañó Lyanne-. Buah, mucho mejor, ahora no tengo nada que hacer hasta que vuelva y…
-
Y ha dicho Victoria que la busques –añadió Rupert como venganza.
-
Bien –ironizó Lyanne fastidiada. Ella ya esperaba poder quedarse el resto de la mañana con los aurores-. A ver ahora donde está la pesada de Victoria…
-
¿Te tienes que ir? –preguntó James con fastidio.
-
Sí. Es esa estilista pesada, no me deja nunca en paz –farfulló la modelo-. Bueno venga, hasta luego –se despidió, con un besito incluido.
-
Eh, espera un segundo –la detuvo Sirius-. Alto ahí.
-
Si lo que pretendes es que te enseñe el bolso lo llevas claro. Ahora que lo pienso… ¿dónde demonios me dejé ayer el bolso? –se dijo, mientras James reía recordando la noche pasada.
-
No, eso no era. Vamos a ver, puesto que ciertos malos amigos no están dispuestos a colaborar… ¿me puedes responder a la sencilla pregunta de qué demonios hicisteis anoche? –preguntó Sirius como si fuese un detective totalmente cualificado.
-
No, si ya veo que lo tuyo es el tacto –contestó la chica irónicamente-. Que sepas que en condiciones normales no te diría nada, pero pareces, y estoy segura de que eres una de esas personas que no te deja en paz hasta que le cuentas lo que quiere saber…
-
¡Joder! ¡Que talento de adivinación! –exclamó James con sorpresa.
-
Calla y déjala seguir –le espetó Sirius.
-
¡Lyanne! –gritó alguien desde el fondo de la sala.
-
Hablamos –contesto la chica con prisas-. Y si quieres saber más le preguntas a tu amigo –dijo, mientras la seguían llamando-. Será posible que no me dejen respirar… ¡que ya voy!
La ocupada modelo se marchó resoplando. ¿Qué más le daba a la estilista si su pelo era castaño cobrizo o pelirrojo parduzco? Esa noche lo habían pasado bien, hablando, sí ¿y qué? Tampoco tenía que ser como Liz, o como el auror Sirius que al parecer era por el estilo, ella tenía que estar enamorada. Sí, eso. Y entonces… ¿por qué se sentía así con respecto a James? Era todo tan perfecto… En fin, sería mejor pensar en ello mientras discutía con el equipo de estilismo al completo, encabezados por Victoria.
Lizette estaba sentada en una mesa del café del centro al que solía ir con sus amigas, solo que aquella vez iba acompañada de un apuesto hombre de casi treinta años, rubio y de ojos azules. Además de que él era empresario en Francia y de buena familia. Vamos, todo un partidazo.
-
Bueno, ¿entonces lo harás? –le preguntó Lizette ansiosa.
-
Que sepas, hermanita, que esto es aprovecharse de tus familiares –le contestó su hermano Jared.
-
Si ya lo sé, pero es que esa Skeeter… agh, no puedo con ella –confesó la rubia-. Venga Jared, te lo pido por favor, como un favor de hermana pequeña…
-
Bueno vale, pero calla ya y deja de poner esas caras de lástima –accedió al fin Jared-. Además, yo tampoco la soporto, ¿por qué te crees que no nos casamos?
-
Ya, si eso ya lo sé. ¡Gracias, gracias, gracias! Ja, ahora verá con quien se ha metido esa periodista inútil –murmuró Lizette satisfecha.
-
Pero… -empezó Jared.
-
¡No! Siempre tiene que haber un pero –se lamentó la modelo. Ya le había resultado demasiado fácil…
-
Tienes que prometerme que cantarás esa canción con tu amiga Lily –completó Jared.
-
¡Joder! ¿Quién ha sido el chivato que…? Oh claro, ha sido Jim –dedujo Lizette maldiciendo a su chismoso representante, ya tendría que hacerle algo otra vez. Y eso que lo había despedido cuatro veces ya…
-
En realidad, ha sido papá –matizó Jared-. Pero sí, seguro que se lo ha contado ese Jim. Y papá pretende que yo te haga entrar en razón. ¡Ja! ¿Lo harás verdad?
-
Sí, vale, lo haré –contestó la modelo de mala gana. Ya eran dos personas a las que se lo había prometido, el proceso de escaquearse se dificultaba a cada paso…
-
¡Genial! Tú sabes que este ha sido siempre mi sueño –comento Jared.
-
¿Ser cantante?
-
No, hermanita, ser catante no. Fastidiar a papá –corrigió él-. Venga, vamos a ver a Rita… ahg, esperaba no tener que hacerlo más.
-
Sí, muy bien. Tú rompes el compromiso y la idiota esa la paga conmigo –se quejó Lizette mientras salían del bar-. Brillante idea la que tuviste, si señor.
-
Sí, pues sabes, mis amigos no se creen que seas mi hermana –dijo Jared-. Dicen que si no et ven, no se lo creerán. Yo les dije que se comprasen una revista.
-
Desde luego, que buen hermano eres –ironizó ella-. Tú allí en Francia presumiendo que tu hermana es modelo profesional, y yo soportando los rencores de Rita Skeeter.
-
Bueno, visto así sales ganando, ¿no te parece? –bromeó el rubio.
. . . . . .Un rato después. . . . . .
Lizette entró al despacho de Rita Skeeter sin siquiera haber llamado. Cruzó la pequeña estancia a zancadas y al llegar a la mesa de madera, la periodista levantó la vista y su boca se torció en una sonrisa de satisfacción: había conseguido molestarla, como siempre. La modelo le tiró la revista que sostenía en las manos literalmente a la cara.
-
Vaya, vaya, ¡que honor! La mítica Lizette aquí, ¿qué puedo hacer por ti, querida? –dijo Rita Skeeter, ignorando las prisas y el mal humor de la chica.
-
¿Me lo explicas? –inquirió la modelo. Skeeter fingió ojear la revista, pero ya sabía de sobra lo que quería la rubia; para algo era ella la autora del artículo.
-
Oh, querida, ¿acaso te ha molestado? Yo sólo hacía mi trabajo…
-
Curioso trabajo, cuñadita, el de mentir e inventar chismes sin fundamento –contestó Lizette secamente, ante lo que Skeeter se quedó blanca y sin palabras-. Quiero que te retractes.
-
No –respondió Rita, recuperándose de la sorpresa-. No he mentido ni me he inventado nada. Solo lo he… decorado un poco.
-
¡Ah! ¿Qué no has mentido, dices? –exclamó la modelo con un deje de histeria, debido a la gran habilidad que tenía rita Skeeter en sacarla de quicio, algo que sólo podía compararse con Jim o incluso con Sirius Black-. ¡Y se puede saber, si no es molestia, ¿de dónde demonios has sacado esta basura?!
-
Pues me lo dijiste tú –contestó Skeeter secamente.
-
¿Yo? ¿Yo? ¿¡Pero para que te inventas!? –preguntó Lizette cada vez más nerviosa.
-
Si yo no me invento nada, querida –continuo la periodista-. Tú me dijiste, bueno, a mí no me lo dijiste pero eso es lo de menos… que te llevabas mal, no perdona, que NO SOPORTABAS a Bellatrix Black, y bueno, un tiempo después ese mismo me dijo que estabas mal por un chico. Y son asociaciones de conceptos, linda.
-
¡¿Pero será posible que o puedas ni nombrarlo?! A Jared, sí, eso mismo se lo dije a Jared –corrigió la rubia exasperada-, ¡y tú como sueles hacer seguro que estarías escuchando! Y después el te dijo que…
En ese instante Lizette se detuvo en seco, pareciendo que evaluaba la situación o que acababa de descubrir un importante detalle. Después, sin mediar palabra, se dirigido a zancadas a la puerta y sacó la cabeza:
-
¿¡Pero tú para que le dices nada a esta?! –le gritó a Jared, que esperaba fuera, pero claro, eso Rita Skeeter no lo sabía.
-
¿Qué? No, yo no… Venga Elizabeth, no irás a creerla –dijo Jared intentando calmar a su hermana, y de paso salvar su pellejo.
-
Es igual… es igual, ¡es igual! –se dijo Lizette, ante el asombro de Rita Skeeter por un lado y de su hermano por el otro, ambos separados por una pared-. No he venido a alterarme, lo que yo había venido a decirte, Skeeter, es que o me dejas en paz o te demando por… seguro que se me ocurre algo. O a lo mejor se le ocurre a él.
-
¿Qué quieres decir? –preguntó la periodista entornando os ojos. No es que soliese hacer caso a las amenazas que le lanzabas por sus artículos, pero sabía que con Elizabeth Douglas, aunque ahora fuese Lizette, nadie bromeaba.
-
Hola Rita, cuánto tiempo sin vernos, ¿no crees? –la saludó Jared al entrar por al puerta ante el asombro de Rita Skeeter y al enorme sonrisa de satisfacción de Lizette.
-
¿Qué es esto? –preguntó Rita nerviosa.
-
Bueno, yo os dejo para que habléis –intervino la modelo, y al salir se volvió hacia a su hermano: suerte, ya hablamos luego y me cuentas.
-
¿Se puede saber donde estab…? –empezó Sirius cuando vio entrar a Lizette, pero la rubia el dejo a mitad de frase cortándole con un largo beso.
-
Hola –dijo ella al fin, recuperando el aliento.
-
¡Buenos días! –exclamó Sirius con asombro-. Vaya, hoy estás… contenta.
-
Demasiado contenta –intervino Lyanne-. ¿Qué has hecho ahora?
-
¿Yo? ¿Por qué siempre tengo que haber hecho algo? –dijo Lizette inocentemente. Durante unos segundos Lyanne clavó su mirada en los ojos de su amiga, y finalmente la rubia habló-: Vale. Lo único que he hecho es tomarme un café con Jared.
-
¿Y eso te parece normal? Liz, Jared vive en Francia –contestó Lyanne-. Hay que ver, ¿a quién se le ocurre aparecerse en otro país sólo porque le apetece tomarse un café con su hermano mayor? ¡Pues vaya pregunta, a ti!
-
Uhm… en realidad, ha sido Jared el que ha venido desde París –matizó la rubia-, pero vamos, que no ha sido por nada en especial ni eso…
-
Seguro que no –ironizó la castaña-cobriza o pelirroja-parduzca, según decidiera Victoria la estilista. A pesar de que Lyanne le lanzó una clara mirada de explicación a su amiga, la rubia la ignoró para retomar sus besos con Sirius-. ¡Eh! ¡Oye! ¡Que te estoy hablando! –dijo, intentando reclamar la atención de Lizette, pero ésta solo le hizo gestos con la mano para que se callase.
-
Yo que tu lo intentaba más tarde –sugirió James, y por alguna extraña razón la modelo creyó entender que deseaba estar en la misma situación que su amiga, vamos, que James y ella también se besaron.
El resto del día transcurrió con aparente normalidad. Es decir, a primera vista era un ideal día como los de antes, que en esos momentos escaseaban desde que los novatos aurores entraron en escena. Por un lado estaba Rita Skeeter, que bullía de rabia, al igual que cierta mortífaga que permanecía encerrada en casa, por culpa de esa misma periodista. Por otro lado teníamos a la misma Lizette, culpable de los estados de ánimo de las anteriores, cuya felicidad se vio empañada al leer la carta de Jonny, y la pagó con quien tenía más a mano, es decir, con su amiga Lyanne.
-
¡Traidora! ¡Mentirosa! ¿Cómo has podido? –le gritaba a rubia a Lyanne, que estaba agachada tras unos percheros mientras su amiga con una mano sostenía la carta y con la otra le tiraba diversos objetos que iba cogiendo de donde pillaba, véase cremas, cepillos del pelo…
-
¡No te quejes tanto! –le contestó Lyanne al comprobar que a su amiga ya se le habían abanado los objetos que arrojarle-. Tú lo prometiste.
-
¡Pero tú dijiste que Julie había dicho que sí! ¡Dijiste que iba a participar! –se quejó la rubia.
-
Y participa –asintió Lyanne.
-
¡Pero venir de espectadora no es participar! –replicó Lizette.
-
Yo nunca especifiqué de que manera iba a participar –contestó la castaña-. Y vaya chivata que es, que mira que le dije que se lo callara –murmuró por lo bajo.
-
¡Y tú lo sabías!
-
¡Pues claro que lo sabía! ¿Quién te crees que tuvo que hablar con mi representante? –respondió Lyanne-. Además, ya no puedes echarte atrás, me lo prometiste.
-
Sí, y se lo prometí a Jared –añadió la rubia-. Pero que sepas que si fuera solo por ti… ¡no volvería a cantar más!
-
Ays, que dura es la vida –dijo Lyanne-. Pues venga, tienes hasta el lunes para hacerte a la idea. Y ahora me voy a dormir, que me caigo de sueño.
-
Su bolso señorita –le dijo James al salir, luciendo una sonrisa seductora. La castaña-pelirroja se lo cogió y se despidió con un beso.
-
Hasta mañana, y que sepas que es culpa tuya que me caiga de sueño –añadió en voz baja, antes de salir del estudio dejando a Lizette y Sirius despidiéndose a besos.
A la mañana siguiente, cuando los tres aurores llegaron a la puerta del estudio media hora antes de que lo abriesen, se encontraron con cierta modelo que esperaba apoyada en la puerta con unas enormes gafas de sol que no conseguían disimular su cara de sueño.
-
Buenos días –la saludó Sirius-. ¿Qué haces aquí tan pronto?
-
Buena pregunta –contestó la chica-. Si es que hoy venían los del Champion, que ya les vale, podrían elegir una hora normal.
-
¿A qué hora te has levantado? –se interesó Howard.
-
Pues creo que a las seis –respondió la modelo con fastidio-. Yo quería llegar con tiempo, pero vamos… no ha salido nada bien.
-
Venga, vámonos a tomar un café –sugirió James, mientras ayudaba a la modelo a incorporarse.
-
Creo que me he tomado tres ya –comentó Lyanne-. ¿Eso da igual verdad?
-
Sí, totalmente –asintió Sirius convencidísimo.
A la decente hora de las ocho de la mañana el estudio se abrió y los tres aurores entraron con Lyanne y los cuatro cafés que llevaba encima. Resultó que los del Champion eran los encargados de hacer unas fotos con el tema especialidad de navidad, para las que Bianka, Lyanne, Keira y Lizette se pusieron unas cortísimas faldas con tops y botas de tacón, que según los organizadores era de duendecillo de Papá Noel. Después se tomaron fotos para un calendario del año siguiente, lo que fue un bonito cumplimiento de la fantasía de “Las Chicas del Calendario”, que por si alguien lo duda, pertenecía a la privilegiada mente de Sirius.
Al terminar el día cada uno se fue a su casa, pero un rato después estaban todos en la calle buscando un pub en el que Lizette no hubiese estado. Y el sábado volvieron a quedar, y así fueron forjando una relación que ninguno había tenido en mucho tiempo. Y todos se sentían tan bien juntos, todo parecía tan perfecto… Pero claro, ni mucho menos lo era. Y mientras los aurores novatos disfrutaban y lo pasaban bien con Lyanne y Lizette, Alastor Moody seguía rompiéndose la cabeza para resolver el enigma, y cierta pista encontró cuando se cruzó con un hombre que hablaba con Julie Parker en la puerta del ascensor, y dicho hombre resultó ser Jared Douglas, el hermano de una de las modelos que más le sorprendían.
Y la bomba estalló el lunes por la mañana, cuando Lyanne y James despertaron juntos ante el silencio que produjo el despertador que había hechizado Moody al no sonar como debería haber hecho.
-
Uhm… hoy no es domingo, ¿verdad que no? –preguntó Lyanne aún con esperanzas que siguiesen en fin de semana.
-
No –contestó James reprimiendo un bostezo-. Creo que no, pero me extraña que no haya…
-
Despertador –completó la modelo sonriendo-. Lo he pasado muy bien estos días
-
Y yo –asintió James, abrazándola-. Agh, será mejor que me levante, ¿vienes?
-
Vale –accedió Lyanne, sorprendentemente para el auror.
-
¿Sí? ¿Lo haces por mi? –preguntó James ilusionado.
-
Es por las vecinas, más que nada –bromeó Lyanne-. Es que si me quedo me preguntan.
Los dos se levantaron, se vistieron y desayunaron, teniendo cuidado de bajar la persiana para evitar el interrogatorio de las de en frente. Cuando estaban a punto de salir de la casa, se dieron un beso, ya que estaban en esa fase de una relación en la que todo son cariñitos, y una cabeza apareció en la chimenea.
-
¡POTTER!
-
¿Cómo que Potter? –se extrañó Lyanne, y más aún al ver que James se giraba.
-
¡Ya iba! –se adelantó a decir.
-
¡Muy mal! –le reprendió Moody-.
-
¡Ahora no he hecho nada! –exclamó James ofendido-. Bueno, eso creo…
-
Este chico me puede –murmuró la cabeza de Moody desde la chimenea-. A ver, Potter, ¿tú lees las lechuzas?
-
Yo sí, ¿por? –contestó James. A todo esto, Lyanne iba poniéndose cada vez más blanca al comprobar que James respondía ante el nombre “Potter”.
-
¡Porque la mía debe de haber hecho ya un nido en el alféizar de tu ventana! –exclamó Moody enfadado.
-
¡Ay! ¡Voy a mirar!
-
¡Quieto! –lo detuvo su jefe-. Ya te lo digo yo… ¡quiero que Black, Lyndon y tú vengáis a mi despacho! ¡Ya!
-
Vale, vale –accedió el novato auror intimidado-. Ahora en un rato estamos ahí.
-
¡Mas te vale darte prisa! –le advirtió Moody-. ¡Y ayuda a esa chica! No se que le habrás hecho, pero se está ahogando. Muy mal, Potter, ¡muy mal!
-
¿Te encuentras bien? –le preguntó James una vez Moody hubo salido de su chimenea.
-
¿Potter? Ha dicho… ¿Potter? –murmuró Lyanne conmocionada, mientras intentaba respirar con normalidad.
-
Sí, ¿y qué?
-
No puede ser, tiene que ser una broma –decía la modelo como si estuviese en trance-. ¿Eres Potter? ¿Potter de…? Potter. ¡No, por favor! ¿James Potter?
-
Que sí, ¿pero que te pasa?
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¡Oh no! ¡James Potter! ¿Pero que he hecho? No puede ser… tiene que ser una broma… ¡Tú no puedes ser James Potter! Eso sería…
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Vale, ¿te encuentras bien sí o no? –preguntó James preocupado, zarandeando a la chica.
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Bien, sí, o sea no –balbuceaba la modelo-. ¡Ay no! ¡Que desastre! Potter… con James Potter –se lamentó, mientras movía frenéticamente las manos intentando darse aire-. Ay dios mío, creo que me va a dar un infarto… Joder… James Potter…
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¿Quieres que llame a alguien? –preguntó el auror preocupado.
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¡No! No yo… yo me… tengo que ir –atinó a decir la modelo-. Sí, eso mismo. Esto... hasta luego… o no… ¡Que desastre! ¡James Potter! –se la escuchó repetir horrorizada mientras salía corriendo de la casa. James la hubiera seguido, y eso pensaba a hacer si no se hubiese encontrado con Sirius en la puerta, esperándolio para comprobar que cable se le había cruzado ahora a su jefe.
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¡Miralo! –exclamó Gladys-. ¡Ya se le ha acabado la tontería con la niña esa!
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Pues a mí me caía bien –contestó Eleanor mientras se fumaba un cigarro.
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¡Apaga eso! –ordenó Eleanor al pasar-. ¿Entonces decís que ya no sale más con esa?
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Exacto –asintió Gladys-. ¿No ves que ha venido su amigo el gigoló a consolarle?
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¿Ah sí? –preguntó Celice con un brillo de lujuria en los ojos-. Aparta de la mirrilla que ahora me toca mirar. ¡Su amigo tiene un polvazo…!
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Vamos a ver Martha, exactamente ¿qué te ha dicho Moody? –le volvió a preguntar Sirius. Los tres habían llegado rápidamente a su despacho para encontrarse con que Moody se había marchado. Y en adición, James se encontró con un montículo de papeles en su escritorio, preparados para sus interminables horas extra.
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Agh Black, estás sordo como una tapia –se quejó Martha-. Te lo repito, ha dicho “hasta luego”. Y punto final.
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¿Pero no te ha dicho a donde iba? ¿Cuándo volvería? ¿Algo? –interrogó Sirius, que odiaba perder su valioso tiempo que podía emplear en mirar sesiones de fotos.
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¡Que te he dicho que no!
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Pero algo tiene que haber dicho, ¿no? –preguntó Howard.
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Vamos a ver, Lyndon, mírame, ¿te parece que tengo cara de secretaria del jefe? –inquirió Martha, en esos momentos hasta las mismísimas narices de los tres jóvenes.
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Es una pregunta trampa, no contestes –bromeó James.
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Pasa palabra –contestó Howard-.
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Muy graciosos –ironizó Martha, y los dejó ahí plantados esperando a un jefe que no sabían si iba a volver, si les iba a atender… nada.
En ese momento entró Mathew por una puerta, cargado de papeles.
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¡Hola chicos!
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¡Matt! –lo saludó Sirius-. ¿Qué tal? ¿Cómo estás? ¿Qué haces? –comenzó a preguntar.
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¿No sabrás dónde se ha ido Moody? –añadió Howard.
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¡Eso no Howie! ¡Esto son preguntas importantes! –bromeó James.
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Bien, bien y estoy haciendo un seguimiento a los Lestrange –contestó Mathew, y encima por orden.
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¡Vaya hombre! ¡Lestrange tenía que ser! –protestó Sirius-. Bueno, pues hazme un favor, encuéntralos y encarcélalos. O mejor, déjamela a mí…
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¿Qué? –preguntó Mathew desconcertado.
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Déjalo, está muy estresado –lo justificó James-. Ya pasó, Sirius, ya pasó…
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Uy sí, seguro que tenéis que estar estresadísimos trabajando en un estudio de modelos –ironizó Mathew-. Si queréis os lo cambio, y vosotros buscáis a Bellatrix Lestrange, de verdad, que es la mujer fantasma. Desaparece y aparece a…
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Te recomiendo que dejes el tema ahí –sugirió James, al identificar la expresión de su amigo Sirius.
Cuando los aurores llegaron al estudio de modelos aquella mañana, exactamente a las diez menos siete minutos, se encontraron que allí había varios hombres trajeados y otro, que parecía ser el que los dirigía, que tenía un divertido aspecto. Era un hombre de mediana edad, con el pelo negro azulado que corría de un lado a otro buscando a alguien, a quien por cierto no encontraba.
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¿Pero dónde se ha metido esta chica? –le preguntó a uno de los hombres con traje.
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Eso deberías saberlo tú, ¿no te parece? –le contestó éste con dureza; al parecer, esos hombres eran gente muy ocupada.
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A ver... ¿dónde está este chico ahora? ¡Michael! –gritó el hombre de pelo azulado, y en seguida el estresado chico-para-todo acudió a la llamada.
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¿Si señor Jonny? –preguntó Michael, como siempre, muy servicial.
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¿La habéis encontrado ya? –preguntó Jonny.
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Sí, creo que está en el camerino –respondió Michael-. ¿Y qué hace que no sale?
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Pues verá señor, es que no lo sé –confesó el chico-. Esta mañana ha llegado pronto, ye so ay de por sí es raro, y ahora dice que no va a salir del camerino y nadie sabe por qué.
Jonny iba a replicar, o a proponer una solución, o simplemente a quejarse porque los directivos luego se enfadaban con él, pero en ese momento llegó Rupert arrastrando a una enfurruñada Lyanne.
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¡Te dije que no iba a salir! –se quejó la modelo-. ¿Por qué nunca me haces caso de nada lo que te digo?
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Porque la mayoría de cosas que dices son tonterías –respondió Rupert con naturalidad-. Venga, yo ya he cumplido y aquí la tenéis. Hasta luego.
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Hola Lils –al saludó Jonny-. ¿Estás enfadada?
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Hola –contestó ella dándole dos besos a su representante, con el cual, al contrario que Lizette, tenía muy buena relación-. Sí, porque este Rupert que es muy… y yo no quería salir del camerino… y además que…
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Hola, ¿estás mejor? –intervino James, haciendo que Lyanne enmudeciese, lo mirara con tristeza mientras se mordía el labio nerviosamente, y después salía corriendo al camerino.
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¡Hala! ¡Todo el lío para nada! –protestó Jonny-. Oye chaval, ¿se puede saber que le has hecho? –le preguntó a James.
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¿Yo? Nada… vamos, que yo sepa –contestó el auror.
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Pues... vengan por aquí señores –les dijo Jonny a los hombres con traje-. Hablaremos en el camerino, para más… intimidad. Sí eso.
Después de que Lyanne terminó de hablar con su representante y con los productores o algo parecido, se sentó en el sofá de su camerino y comenzó a maldecir todo lo que se le ocurría. En unas horas volvería a cantar con su amiga Liz, y aunque Julie no quería porque ella no quería seguir por al rama artística, también iba a estar presente. Quizá, después de todo, Liz tuviese razón. Cantar, y en especial esa canción daban mala suerte. ¿Y si no como se explicaba todo aquello? Tanto que ella se había burlado de su amiga con la segunda parte de Pesadilla Después de Navidad, al final era ella a la que le tocaba revivir el pasado con su propia pesadilla, esta vez escolar. ¿Pero por qué había tenido que ser James Potter? Mira que había hombres en el mundo… y justamente se encariñaba con ese. Si para ella, Potter estaba muerto y enterrado en su pasado, no era más que un recuerdo que cuanto menos nítido fuese mejor. Y ahora aquello… definitivamente, cantar daba mala suerte. Pero ya no podía arrepentirse… Pasó el resto del día ahí dentro, aguantando a varios compañeros, entre ellos Rupert, que acudió varias veces a sacarla, pero sin resultados. Comió allí, hasta que llegó Michael a llevarse las bandejas y le dijo que tenía que salir porque iban a empezar a preparar la grabación.
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¿Siguen ahí los aurores? –le preguntó la modelo.
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Eh... sí, supongo que sí –asintió Michael-. Pero sólo hay uno.
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¿Cómo que solo uno?
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Sí, eh está… el de los cafés –contestó Michael sin mucha convicción-. Lizette se ha ido hace un rato con uno, a buscar no se qué cosa al almacén. Y el otro… eh… está…. No se donde está.
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¿Estás seguro? –preguntó Lyanne, el chico asintió-. Vale, gracias Michael –dijo, y salió del camerino. Michael pensó en buscar un escondite, porque la modelo se iba a enfadar con él.
Lyanne salio y nada más poner un pie en la sala dos personas se acercaron a ella, le contaron todo el proceso de grabación y el dieron unos papeles con las letras de las canciones. Pronto llegaría Julie, y cuando apareciese Liz, que estaba en un almacén con el auror, y desde luego, ella prefería no saber lo que hacían allí, ya podría empezarlo todo, para terminar cuanto antes.
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Oye, que alguien vaya a buscar a Liz, por favor –pidió Lyanne a un coordinador que pasaba por allí.
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¿Ahora estás bien o aún no? –le preguntó James abrazándola por la espalda. Ella gimió con tristeza, se soltó y se dejó caer en una silla cerca de la puerta. James decía algo, pero ella no le escuchaba. Se levantó decidida a volver a su camerino, pero en ese preciso momento entró su amiga Julie por la puerta.
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¡Hola Lil! –la saludó alegremente-. ¿A ver, me dejas estos papeles? –preguntó, poniéndose a leer las letras.
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¡Julie! ¡Otra vez! –exclamó James-. ¿Qué haces aquí?
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¡Joder, Potter! ¡Te tengo hasta en la sopa, puaj! –le respondió Julie, sin pasar por alto el quejido que emitió Lyanne al escuchar el apellido-. ¿No me digas que…? Joder, como no hay aurores en el mundo, va y et toca a ti aquí con… ¡oh Lil! –dijo sorprendida, y empezó a reírse sin motivo.
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Julie por favor, así no me estas ayudando en absoluto… -le dijo Lyanne.
-
Eh... sí, perdón, perdón –contestó al morena-. Eh… esto… ¿dónde está Liz?
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Pues está por ahí en un almacén con el otro auror, y la verdad, prefiero no saber lo que hacen allí –contestó Lyanne.
Y para animar más el ambiente, Sirius y Lizette entraron justo en ese momento, abrazados, lo que ocasionó que Julie ahogara un grito de sorpresa y se tapara la boca con las manos.
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¡Otras James tío! ¡Julie la loca otra vez! –exclamó Sirius sorprendido.
-
¡Hola Juls! –la saludó Lizette alegremente-. Por cierto, ¿la conoces?
-
Sí, ¿y tú? –asintió Sirius.
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También –afirmó la rubia, afianzando la conformidad con un beso, que hizo que Julie, que en ese momento se abanicaba frenéticamente con los papeles, empezara a toser-. Oye Julie, ¿te encuentras bien? ¿Te traigo agua?
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Si anda, ves y tráele un vaso de agua, porque Michael ya debe de haberse escondido… ya verá cuando lo encuentre –le dijo Lyanne-. Por cierto, Julie, cuando puedas hablar si eso, ¿qué te pasa?
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Lil… ella… Sirius… ¡joder!... imposible –dijo Julie entre toses-. ¡Sirius! Mira que es casualidad…
Y mientras Lyanne y James, que aún seguía allí sin entender nada, le comenzaron a dar vueltas al asunto para comprender algo, se escucharon a dos hombres discutir en el pasillo.
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Papá… a ver… yo no creo que tengas que montarle otra escenita.
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¡Tonterías!
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Pero papá… piénsalo… ella ya es mayor, puede hacer lo que quiera y…
-
¡Déjalo ya, Jared! –le cortó el hombre, y entonces se abrió al puerta-. ¡ELIZABETH ANN DOUGLAS! ¡¿OTRA VEZ?!
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¿Señor Douglas? –preguntó Sirius, que aún seguía en la puerta, extrañado.
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¡Sirius Black! –exclamó el padre de Elizabeth-. Espera… ¿Sirius Black? ¡Elizabeth!
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¿Papá? –preguntó Lizette, que volvía con un vaso de agua en la mano, sorprendida-. ¡Papá! Esto… ¿Qué haces aquí?
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¿Cómo que qué hago aquí? ¡Ya deberías saber que hago aquí! –le contestó su padre con severidad-. Por cierto hija, ¿qué hace Sirius Black aquí?
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¿Cómo que Sirius Black?
Juas juas juas xDD Que les pareció?? Bueno, antes de nada… Holas a todos! No se que les parecería el capitulo, lo tuve que cortar porque era muy largo, pero bueno, creo que lo deje interesante, ne? ^^ A ver… cosas, cosas… que cumplieron los veinte reviews!! Wiii!! Estoy feliz por eso ^^ Graciaasss!! Y que más?? Weh, posh ahora no lo sé… En fin, los reviews:
Fany: hoolaa!! No sabes lo feliz que me hizo tu review, de verdad lo consideras atipico?? Jeje mil gracias xD Pos me alegro que te guste, y que sepas que me gusta mucho recibir criticas, por lo que me alegró tu review ^^ Y eso de que se conociesen antes, pues en principio era en el capitulo 5, pero quedaba muuuy largoo xD Espero que et siga gustando, besos desde Valencia (xDD) [P.D: ya se que los numeros no se pueden quitar, a mi me pasa igual ^^ solo es dejar un nombre como tu hiciste]
EVIKA: ola de nuevo!! Pues esperou que te siga gustando el fict ^^ Ya se que el capi anterior fue corto, es que lo tuve que cortar :P Besitos!!
Bueno, y los otros tres de “a leer” “leo y comento” y todos esos que se dejan para poder leer antes el fict (xD) posh gracias por leerlo! Y en fin, ahora mismo no s eme ocurre nada que comentar, porque estoy que me caigo de sueño y comos e enteren que estoy despierta me van a colgar xDD Eso para que veais que me quedo hasta tarde para publicar, ¡y esta vez solo me he retrasado 4 días de los 15 que prometí!
Y bueno, hasta el próximo capitulo, que para los listisimos que lo hayais adivinado, lo subiré cuando tenga… 25 reviews!! (y que conste que no son muchos)
Beshitos,
Elenie