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Amor del Pasado, Nunca Olvidado — capítulo 7
Bueno, aquí os traigo otro capi (por fin!), pero antes de que empecéis a leer… Lo siento!! Bueno, sé que me pasé un poco con todo este tiempo que estuve sin actualizar, pero hace un tiempo que por diversas razones no podía sentarme un rato a escribir. Lo primero es que estuve casi un mes de exámenes finales, que por suerte salieron de maravilla ^^ Pero cuando terminaron tuve otro problema. Se ve que con las vacaciones, mi inspiración decidió irse de viaje un tiempo No se si os ha pasado alguna vez, pero la falta de inspiración para escribir es lo peor que puede pasarle a un escrito, por lo menos en mi opinión. Y buenio, por suerte, ya la recuperé ^^ Y aquí tenéis el resultado, espero que os guste:
oOoOoOoOoOoOoOo
Título: Amor del Pasado, Nunca Olvidado
Título del Capítulo: Maldita Identidad
Parejas: Lily & James, Remus &..., Sirius &...
Género: Amor, Comedia
Rating: R13 [Ahora sí, por el lenguaje y esas cosas ^^]
Advertencia: Ninguna
Resumen: Ellos creen haber olvidado todo lo que sucedió en Hogwarts. Sumidos en su nueva vida de recién empleados, ¿que harán cuando el destino los vuelva a unir y vuelvan a encontrarse con todo aquello que creyeron dejar atrás en Hogwarts?
Disclaimer: Los personajes son propiedad de J.K. Rowling, ya me gustaria que fueran míos. Para empezar tendría el dinero para comprarme lo que quiero, y no lo tengo TT________TT Y bueno, algunos si que me los inventé, con esta descabellada mente que tengo (véase, Julie, Martha, Elizabeth, su hermano Jared y todo el resto que no os suene de nada). Y no, no me pagan. Eso me faltaba xD
CAPITULO 7: Maldita Identidad
- ¡ELIZABETH ANN DOUGLAS! ¡¿OTRA VEZ?!
Esta fue la majestuosa manera que tuvo el señor Robert Douglas para irrumpir en el estudio de modelos en pleno momento de confusión y descubrimientos. Vamos, que fue lo peor que podía haber hecho. Recapitulemos: en el estudio teníamos en ese momento a Lyanne en una silla maldiciendo su suerte, mientras James seguía sin comprender qué demonios le pasaba. Después estaba Julie, que estaba ahogándose de la sorpresa por haber visto a su amiga tan cariñosa con Sirius Black. Entonces Lizette había ido a por un vaso de agua, porque Michael ya se había escondido para evitar que Lyanne le reprochase haberle mentido por culpa del auror, que es James. Howard estaba en un lado sin decir nada, pero sin perder detalle y todo esto sumado al habitual ajetreo del estudio, con el añadido de los encargados de la discográfica. Vamos, un show. Y el señor Douglas, olvidando su promesa, e ignorando a su hijo mayor, había decidido protestar porque ODIABA que su hija cantase.
-
¿Señor Douglas? –preguntó Sirius, que seguía en la puerta, completamente extrañado. Primero por ver a aquel hombre que le traía tantos recuerdos allí, y también por escuchar ese nombre otra vez, de su boca, igual que la última vez.
-
¡Sirius Black! –exclamó el padre de Elizabeth, también sorprendido-. Espera… ¿Sirius Black? ¡Elizabeth!
-
¿Papá? –preguntó Lizette, que volvía con un vaso de agua en la mano, extrañada-. ¡Papá! Esto… ¿Qué haces aquí?
-
¿Cómo que qué hago aquí? ¡Ya deberías saber que hago aquí! –le contestó su
padre con severidad, pero venció la curiosidad-. Por cierto hija, ¿qué hace Sirius Black aquí?
- ¿Cómo que Sirius Black?
La falsa sonrisa de inocencia que Lizette le había dedicado a su pare se desvaneció al momento, y fue sustituida por una mueca de horror y sorpresa. Abrió los ojos como platos e inspiró aire nerviosamente. Entonces giró la cabeza y miró de un lado a otro, hasta que pareció caer en la cuenta. Movió la cabeza lentamente, como si no quisiese enfrentarlo, hacia donde estaba Sirius, que también estaba en ese momento dándose cuenta de algunas cosas. Lo miró de arriba abajo, y al comprobar que era cierto, su cara se transformó en una expresión de pánico.
El vaso de cristal que llevaba sosteniendo en la mano cayó al suelo estrepitosamente, esparciendo diminutos cristales.
-
¿Sirius Black? –preguntó con un hilillo de voz.
-
Elizabeth Douglas –afirmó Sirius, como quien nombra al diablo.
-
¡Imposible! –exclamaron James y Lyanne al unísono, igual de sorprendidos.
Sirius golpeó la puerta con furia, por lo que debió de hacerse daño en la mano, y Lizette, o Elizabeth que es lo mismo, ahogó un grito cubriéndose la cara con las manos, desesperada.
-¡Ahhh! ¡Que horror! ¡Por qué a mí! ¡¿Por qué a mí?! –se lamentaba Sirius, mientras Elizabeth no quería apartar las manos de la cara.
-
¡Joder! ¡Joder! ¡Jodeeer! Mira que te o dije Lil… ¡Es que mira que es mala suerte! ¡Sirius Black! ¡Nooo! –gritaba Elizabeth histérica.
-
Esto… Hija, no se si es mal momento pero… -intervino su padre, que había ido allí para evitar que su hija cantase y para echarle una buena reprimenda, y veía su deseo frustrado porque nadie le hacía ni puñetero caso.
-
Pues sí papá, es mal momento –afirmó Jared, que contemplaba la escena atónito. Si llega a saber que allí se lo pasaban tan bien ni loco se marcha a Francia.
-
¡Todo por tu culpa Black! Joder es que…. ¡Joder! –se quejaba Elizabeth-.
-
¿Mi culpa? ¡Ja! ¡Esto ya es lo último! ¿Has oído James? ¡La niñata dice que es mí culpa!
-
¿James? No si encima este será… ¡Ostras! ¿James Potter? –aventuró la rubia, mientras Lyanne gemía de forma lastimera.
-
Sí –asintió James-. Joder yo aquí no me entero de nada. ¿Entonces tu eres Elizabeth Douglas? ¡Vaya, hola! ¡Que fuerte! ¡Eres modelo!
-
¡Ahí va! ¡James Potter! ¡James Potter! –repetía Elizabeth orgullosa por haberlo adivinado, hasta que cayó en la cuenta de un pequeño detalle-. ¡James Potter, es verdad! Ay… ¿has oído Lils?
-
¡Claro que lo he oído! –asintió Lyanne, o sea, Lily, de mala gana-. Es que mira que tengo que tener mala suerte que después de tantos años… -murmuraba.
-
¿Qué? –preguntó James.
-
Nada –contestó ella bruscamente.
-
¡Sucio imbécil! ¡Mentiroso! –le gritaba Elizabeth a Sirius.
-
¿Mentiroso yo? ¡Habló! –contestó él sarcástico, también a gritos-.
-
¡Eres un rencoroso! ¡Y un hipócrita! –chilló ella.
-
¡Anda, y tú! –respondió Sirius-. ¡Y yo no te he mentido!
-
¿Cómo que no? ¡Tú no me dijiste tu nombre!
-
¡Ni tu el tuyo, no te digo!
-
¡Pero yo no tenía que decirte nada! ¡Es todo por tu culpa Black! –gritó Elizabeth-. Ay…. Sirius Black…. Joder que mal.
-
Ay Lils, si me lo hubieseis dicho… -dijo Julie.
-
¿Lo sabías? –preguntaron Lily, Sirius y Elizabeth a la vez.
-
¡Claro que lo sabía! –asintió ella-. Mierda… si me lo dijo Martha y todo…
-
¡Pues mira, otra que tiene la culpa! –dijo Sirius.
-
¡Oye mira, de que tu seas un imbécil y tengas una memoria malísima no tiene la culpa mi amiga, que lo sepas! –repuso Elizabeth.
-
Si hombre, ¿tu te crees que se me iba a ocurrir que eres modelo? ¡Menuda tontería!
-
¿Perdona? ¿Qué quieres decir con eso? –inquirió la rubia histérica.
-
¡Está claro lo que quiero decir! –respondió Sirius, extrañamente furioso, algo que Elizabeth no pasó por alto.
-
¡A ver si te vas a creer que a mi me hace gracia todo esto! –gruñó la chica, ignorando al resto de gente que observaba sin atreverse a intervenir, excepto Jared, que hojeaba horrorizado una revista que Rupert acababa de pasarle.
“Asegurate de que no la vean” -le había dicho, y ahora sabía por que.
-
Maldita arpía –murmuró Jared, al terminar de leer la exclusiva que acaba de lanzar Rita Skeeter, soltando la revista, que fue atrapada por Julie.
-
Ay madre… -dijo Julie al terminar de leer, angustiada.
-
¿Qué? –preguntó Lyanne, que estaba a su lado, y se fijó en la revista que su amiga sostenía, o que pretendía estrangular, a juzgar por como la agarraba-. ¿Qué lees? –preguntó, y sin darle tiempo a contestar le arrebató la revista.
-
No lo… ay que desastre –se lamentó Jared cuando la modelo le quitó la revista a la morena.
-
¿¿¡¡QUEEEEÉ!!?? –grito Lyanne histérica perdida-. ¡Maldita, sucia, infame, repugnante y odiosa periodista de poca monta!
-
¡Te dije que no se lo dieras! –le reprochó Rupert a Jared desde el otro lado de la sala, ya que los gritos de Lyanne resonaban en todo el estudio.
-
Hombre mujer, respira, no es para tanto… -intentó decirle Jared, que no estaba acostumbrado a esas cosas, mientras el padre de Elizabeth seguia sin pillar ni al mitad.
-
¡No es para tanto! ¿No es para tanto? –repitió la modelo en un quejido lastimero-. ¡Liz! ¡Mira lo que se le ha ocurrido ahora a tu querida cuñadita!
-
¡No! No se lo des, pro favor… A ella no… -murmuró Jared asustado, mientras su hermana leía lo que le había dado Lyanne.
-
¡SERÁ ESTÚPIDA! ¡¿PERO QUE SE HA CREIDO ESTA?! ¡¿Cómo se atreve?! –gritó enfadada-. ¡Jared! ¡¿Pero que narices le has dicho esta mañana?!
-
¡Pues lo que tu me has dicho! –contestó él.
-
¡HAY QUE MATARLA! ¡Hay que ahogarla, o quemarla, o algo! –repetía Lyanne, medio en estado de shock.
-
¡Te acompaño! –asintió Elizabeth, firmemente enfadada, ignorando al resto. Las dos caminaron apresuradamente y a grandes zancadas hacia la puerta, pero ésta se abrió sola, dejando paso a un hombre de pelo y ojos claros.
-
¡Lupin! –se sorprendieron las dos que caminaban hacia la puerta con intenciones homicidas, y Julie que permanecía detrás.
-
¡Remus! –exclamaron Sirius y James-. ¿Qué haces aquí?
-
¡Hola! –saludó él; en una mano sostenía la foto de Lizette y Lyanne que Sirius había requisado hacia ya tiempo, y en la otra la misma revista que tenía ahora en sus manos Elizabeth-. Chicos, no os lo vais a creer… Ella es Elizabeth Douglas.
-
A buenas horas, amigo –gruñó Sirius.
-
¿Lo sabías? –se extrañó el licántropo-. Bueno, pero la más fuerte es que ella…
-
¿Ella que? –interrumpió James, interesadísimo por cualquier cosa referente a Lyanne.
-
¿Aun no te has dado cuenta? –dijo Remus extrañado-. James, ella es…
-
¡No! –exclamaron Elizabeth, Lyanne y Julie, intentando callarle.
-
¿Ella es qué? –inquirió James, ignorando a las chicas.
-
No lo digas, por favor Remus, no se lo dig… -intentó decirle Lyanne, pero fue demasiado tarde.
-
Lily Evans –completó Remus.
Sus palabras causaron un efecto inesperado en el estudio. Todo el mundo se calló, y quedó todo en silencio. Lyanne, es decir, Lily, se cubrió la cara con las manos y deseó desaparecerse en ese mismo momento. Elizabeth y Julie suspiraron sabiendo lo que se les venía encima, y James… Bueno James no reaccionaba, era como los ordenadores que a veces se colapsan y no responden, pues él igual. Estaba estático con la misma expresión en la cara, y repasaba mentalmente todo lo ocurrido para aclararse la duda y explicarle gentilmente a su amigo por qué demonios aquella chica que tanto le gustaba NO podía ser Lily Evans.
Entonces, Sirius soltó una carcajada.
-
Muy amable, Remus –le espetó Lily, con una mirada asesina y un tono cargado de sarcasmo.
-
¿Os estáis quedando con nosotros, Rem? –rió Sirius.
-
¿A ti te parece que tengo cara de estar bromeando, Black? –le contestó Lily bruscamente.
-
¡Joder! ¡Jodeeer! ¡Es Evans! ¡Es Evans de verdad! –exclamó Sirius, soltando ocasionales carcajadas.
-
No tiene ni puta gracia, imbécil –le espetó Elizabeth, que aún estaba, y seguiría por mucho tiempo, enormemente molesta por todo lo que le había pasado con Sirius Black. Con el imbécil, asqueroso y subnormal de Sirius Black.
-
Lily Evans… Joder, Evans… Vaya casualidad… ¡Noo! ¡Mierda es Evans! ¡No puede ser Evans! –decía James, no se sabía muy bien si a si mismo o si pretendía que alguien le contradijese.
Remus miraba la escena atónito. ¿Por qué se ponía así? ¿Qué había pasado para que le sentase tan sumamente mal? Lily quería morirse allí mismo, Julie estaba aguantando la respiración, al igual que Jared, para que no la cogiesen contra ellos. Y Elizabeth y Sirius seguían discutiendo a grito pelado en medio del estudio. Al parecer ya habían olvidado temporalmente la inminente muerte de Rita Skeeter, cosa que Jared agradecía enormemente. Y a los que nadie hacía cosa era a Jonny y a los ocupadísimos hombres de la discográfica, pero ninguno parecía estar dispuesto a intervenir en aquella salvaje pelea entre viejos… conocidos. Y James… bueno, James empezaba a asociar ideas, y en aquellos momentos estaba soltando chillonas risitas de nerviosismo al repetir el nombre “Lily Evans”.
-
¿Se puede saber de qué te ríes? A mí no me causa ninguna gracia –dijo Lily con brusquedad.
-
Mierda... No puede ser... –repetía James entre risitas nerviosas-. Tú no eres Lily Evans... No puedes serlo... eso sería tan... raro. Serías... modelo. Eso es raro.
-
¡Claro que es raro! Todo esto es raro… y desastroso... y un completo desastre –dijo Lily con angustia en la voz-. ¿Por qué a mí? ¡¿Por qué a mí?!
James seguía riendo, cada vez con más fuerza.
-
Cierra la boca, Potter, no tiene gracia–le dijo Elizabeth.
-
¡Tu no tienes derecho a decirle eso a mi amigo! –le recriminó Sirius, que no encontraba otra forma de descargar la enorme frustración que suponía haberse encariñado con la mentirosa de Douglas. Encariñado, porque él no estaba EN ABSOLUTO enamorado.
-
¡Y tú no tienes derecho a permanecer en este mundo y mira donde estas! –respondió ella, cada vez más histérica. Porque ella tampoco estaba enamorada. Ni siquiera le gustaba un poquito. No. Y menos siendo quien era: Sirius Black.
-
Lo sabías –sentenció James, ignorando los gritos de su amigo Sirius y de Elizabeth Douglas, que por increíble que pareciese era modelo.
-
¿Cómo dices? –dijo Lily, ofendida. ¿Cómo se atrevía Potter a acusarla de saber lo que sucedía? Porque eso significaba que ella lo había dejado que sucediera, y NO ERA ASÍ.
-
Tú lo sabias –repitió James-. Y has hecho todo esto para vengarte de mí.
-
Pero tú… pero tú… ¡Eres un egocéntrico, Potter! –exclamó Lily, asombrada. De todas las reacciones que se esperaba, esa no era una de ellas. No había madurado nada-. ¡No has cambiado anda en estos años, sigues creyendo que todo gira a tu alrededor! ¿Pero de verdad piensas que yo voy a hacer todo esto solo para vengarme de ti? ¿Cómo….? ¿Cómo…? ¿QUÉ?
Rupert había pasado de tocar tímidamente el hombro de la pelirroja en proceso (hasta que el color natural sobrepasase al tinte que, Victoria opinaba, era mejor no rehacer) a zarandearla, porque al parecer, al muchacha no tenía interés en hacerle caso.
-
A cantar –dijo, cuando Lily advirtió su presencia, por fin.
-
¿Cómo?
-
Dice tu representante que han dicho los hombres estos de traje, y me ha dicho eso EXACTAMENTE –aclaró Rupert, al captar la mirada de “menudo vocabulario que tienes” de la modelo-. Bueno, que han dicho ellos que están muy ocupados, y que no quieren perderse esta oportunidad y que… Resumiendo, que a cantar.
-
No es el momento ideal ahora, ¿sabías Rupert? –ironizó Lily.
-
A mi me da igual el momento que sea –contestó él, encogiéndose de hombros-. Victoria me acosa porque quiere que me tiña de violeta, tu querido representante Jonny no se atreve a interrumpir vuestra discusión, los cámaras se quejan de que no se concentran… ¡y todo a mí! ¡Se supone que soy modelo, no recadero! Claro, esa es otra. Michael se ha escondido porque dice que le vas a cortar el cuello. ¡Haz algo!
-
Vaya… no tenía ni idea de que estabas tan estresado –dijo Lily, bajando ya el tono-. Venga, ¡Liz, a cantar!
-
¡Espera que me río! –contestó la rubia, con evidente sarcasmo en la voz. Pero no era broma, y pudo verlo en la cara de su amiga-. Pero… Pero… ¿tú te crees que estamos ahora para cantar?
-
Que te lo explique Rupert –le dijo Lily, ya agotada de discutir-. Pero vamos a terminar con esto de una vez…
-
¡No Evans, esto no lo vamos a dejar a medias! –intervino James.
-
¡Lo mismo te digo a ti! Hay que aclararlo ya –le dijo Sirius, esta vez a Elizabeth, quien suspiró.
-
Eres un completo imbécil –sentenció al rubia-. Todo aclarado.
-
Vámonos –le suplicó Lily, al ver que ambos chicos abrían la boca para contestar, indignados.
Y las dos modelos se fueron a grabar su canción, que ahora ya estaban seguras de ello: daba mala suerte, seguidas por Julie, que no sabía que hacer para quitarle hierro al asunto. Porque el asunto en cuestión tenía mucho que quitar si querían superarlo. Y se quedaron donde estaban Sirius y James profundamente furiosos y deseosos de descargarse la frustración con alguien, que eran las chicas; Remus, que estaba algo asombrado del efecto que las dos palabras que él había pronunciado habían causado, porque, ¿Quién se pone así al escuchar el nombre Lily Evans? Pues James, por supuesto. Y luego Howard, que algo tenía que decir en el asunto.
-
Hay que ver como os habéis puesto por un nombre –comentó.
-
No les provoques, te lo aconsejo –le recomendó Remus, en un acto de cautela.
-
No, si yo no les provoco… Pero joder, un nombre de nada. Si me lo hubieseis preguntado, os lo hubiera dicho hace tiempo –dijo, encogiéndose de hombros.
-
Tú… tú… -balbuceó Sirius.
-
¿Tú lo sabías? –preguntó James, ansioso.
-
¡Claro, y pensaba que vosotros también! Estaba en los informes aquellos que tenía Moody –explicó, al ver que sus dos compañeros no le entendían-. Sí, aquello que pensabais que eran cromos. Lo ponía claramente: Lilyanne Evans y Elizabeth Ann Douglas. Si no hubieseis estado tan emocionados con las fotos…
James golpeó la pared con furia y Sirius bufó indignado. ¿Cómo podía habérseles pasado semejante detalle?
-
Evans… La misma Evans que hacía que me castigaran, esa que hizo que me quitasen la escoba por dos semanas… La sabelotodo pelirroja que siempre tenía algo que objetarme –murmuraba James entre dientes.
-
Sí, y Elizabeth Douglas. La muy mentirosa… ¿Cómo ha podido pasarme esto con Douglas? –gruñía Sirius, profundamente molesto.
-
Bueno, sí, os llevabais mal en el colegio –afirmó Remus-. Pero, ¿por qué os ponéis así? Es como cuando visteis a Julie, no pasó esto. ¿Qué tienen ellas?
-
Hombre, piensa un poco –le dijo Howard con gesto de entendido-. Son modelos... ¿me entiendes, verdad?
-
Oh no… ¿No me digáis que…? No. No puede ser –dijo Remus, quien pareció caer en la cuenta-. Sería demasiada casualidad…
-
¿Me lo dices o me lo cuentas, Rem? –ironizó James.
-
Joder… vaya suerte la vuestra, chicos –dijo Remus con resignación, ocultando una sonrisilla-.
-
Yo no le veo la gracia por ningún sitio, Remus –gruñó Sirius.
-
Papá… no es buena idea –dio Jared cansinamente, en un último intento de tener una tarde tranquila.
-
Ya lo sé, ya me lo has dicho unas cincuenta veces –contestó el señor Douglas-. ¡Pero me da igual! Tú ya sabes que ODIO que la niña cante.
-
¡Pero es que Elizabeth ya no es ninguna niña! –replicó Jared-. ¿No la has visto? No está de muy buen humor esta tarde, y es lo que le falta, que vayas a controlarla.
-
Pero Jared…
-
Papá, ¿no sería más sencillo decirle todo lo que el tengas que decir en casa, cuando no haya tanta gente por medio? O podía no decirle nada, directamente –sugirió, desechando de inmediato la idea; su padre no era tan comprensivo-. Piénsalo, aquí se pondrá histérica, montará un numerito y a ti no te gustaría hacer el ridículo, ¿verdad que no?
-
Lo pensaré –gruñó el señor Douglas; su orgullo le impedía darle la razón a su hijo, así que optó por callarse.
Y esta discusión venía infundada porque, en otra parte del edificio, dos modelos luchaban contra las malvadas fuerzas del poder de los ejecutivos de la discográfica y el de Jonny, porque no querían, bajo ningún concepto, cabrear más al espíritu de la mala suerte que tanto cariño les había cogido.
-
¡Pero no podemos hacerlo! –repitió Elizabeth con hastío.
-
Exacto –corroboró Lily-. Estamos… enfermas. Sí, muy enfermas –dijo, forzando una falsa posecilla para darle más credibilidad al asunto.
-
A mí eso me da igual –contestó Jonny con indiferencia-. Mira, no es que tenga nada contra vuestros problemas escolares… ¡pero llevo aquí todo el día soportando a estos hombres que no dejan de recordarme lo ocupados que están y ya no puedo más!
-
Eh… Pero… Pero entiéndelo, no estamos de humor para… -intentó decirle Elizabeth, poniendo su mejor cara de cachorrito inocente.
-
Tonterías, a grabarlo ya –ordenó el hombre sin vacilar.
-
Ni hablar –repuso Lily, cruzando los brazos en una pose de firmeza.
-
Ya –repitió Jonny, empujando a la semi pelirroja hacia el interior de la cabina.
-
No puedes obligarme –dijo la modelo, desesperada-. ¡No puedes obligarme!
“Ha podido”
Y la música empezó a resonar por todo el estudio, esta vez con voz incluida. Y en esa ocasión, no les fue indiferente a cierta pareja de aurores.
-
¡Lo que faltaba! –bufó Sirius, golpeando la pared.
-
¿Qué es esto? –preguntó Howard intrigado.
-
Nochevieja querida, ¿eh Sirius? –bromeó Remus-. Pero se han adelantado, sólo estamos a día ocho.
-
No tiene ni puta gracia –volvió a decirle James-. Maldita la suerte que nos trajo aquí, maldita la idea de ligar con las modelos, maldita la hora en la que la estúpida de Evans nació con talento para las pasarelas…
-
No te mortifiques, amigo, la culpa es toda de ellas –le dijo Sirius.
-
Curiosamente la culpa es siempre de Elizabeth –comentó Remus, con un deje de ironía.
-
¡Pues sí, lo es! –afirmó Sirius con agresividad-. Ella es, siempre ha sido, y seguirá siendo una mentirosa. ¡Nos mintió acerca de su nombre!
-
En realidad, su nombre ahora es Lizette –le corrigió Remus-. ¿Por qué habría de presentarse de otra forma? Así es como todos la conocen. Y en cambio vosotros si que no dijisteis nada acerca de vuestra identidad.
-
Maldita identidad… -continuó James, murmurando maldiciones.
-
¡Por qué no podemos! ¿Es que no escuchaste lo que pasó? Si les dices como te llamas, los enemigos van a por tu familia y… -argumentó Sirius.
-
Querido amigo, eso es para los aurores experimentados –le recordó Remus.
-
No te pases –le advirtió Howard, desviando la vista hacia la revista que había en el suelo. Discretamente la agarró y le la guardó, para luego descubrir que era lo que tanto inquietaba a las chicas.
- Lo odio, lo odio, lo odio… ¡Lo odio!
Elizabeth llegaba murmurando barbaridades en contra de Sirius Black a su casa, donde ya en el salón le esperaban su padre y su hermano, el primero dispuesto a repetirle por enésima vez todo lo que odiaba que se dedicase al espectáculo, y el segundo preparado para intervenir en caso de necesidad. Pero ella pasó de largo. Primero se enteraba de que había estado liada con Sirius Black, y lo peor era que lo había disfrutado, hasta saber que era Sirius Black, por supuesto. Y por si eso fuera poco, se enteraba de que el resto de la comunidad mágica también lo sabía. Desastroso. Y al entrar a su habitación la encontró en completa oscuridad, y con un extraño olor.
-
Joder que peste –se quejó ella, caminando hacia el interruptor, que no activó la luz-. Y ahora esto no va, ¡mierda! ¿Y por qué demonios mi habitación huele a putón de carretera? Un momento… Bellatrix, ¿te importaría dar la luz?
-
Eres asquerosamente lista, Douglas –dijo la mortífaga con desagrado, desde un sillón. Con una sonrisa torcida en la cara, encendió las luces de la habitación-. Siempre me gustó más hacerlo con luz.
-
¡Mírala, ya tardaba en aparecer! –bufó la rubia, ignorando el último comentario-. Joder, que pesada eres… ¿Qué quieres?
-
Soy una asesina, y tú estás ahí tan tranquila, sin varita ni nada –comentó Bellatrix divertida, sonriendo con maldad-. ¿No sabes que puedo matarte?
-
No me das miedo –contestó Elizabeth-. Y además, no es a matarme a lo que has venido. ¿Y cuánto crees que tardarán en localizarte los aurores? ¿Diez minutos? Dime lo que me tengas que decir y vete.
-
Sigues cayéndome tan mal como siempre –dijo la morena, apretando los dientes con odio, odiaba que otros tuviesen razón.
-
Espera… tu has venido a quejarte por lo de la estúpida de Skeeter –aventuró Elizabeth-. ¡Pues sabes que te digo, que te jodes como he hecho yo! Esa maldita periodista me odia, pero lo va a pagar… Primero la barbaridad de Lestrange, y luego se le ocurre informar de la exclusivísima noticia de que salgo con Sirius Black, agh… la odio.
-
¡Sucio y maldito traidor de mi primo! –exclamó Bellatrix; ella no había leído el segundo artículo, porque seguro que ni Lucius ni Rodolphus se lo habían querido dejar-. ¡Seguro que lo hace a propósito!
-
¿Elizabeth? ¿Algún problema? –preguntó Jared desde la escalera, ya que había escuchado gritar a la mortifaga.
La rubia se volvió hacia Bellatrix, que no dudó un segundo en ponerse en pie.
- Hazme un favor, asesina, mátala –le dijo Elizabeth, justo antes de que la mujer despareciese. Después se fue a dormir.
A la mañana siguiente, cuando Lily y Elizabeth llegaron al estudio de modelos, Rupert se acercó a ellas.
-
Chicas, ha llegado una lechuza del Ministerio –les informó-. Dice Moody que quiere versos en su despacho.
-
¿A nosotras? ¿Para qué?
Hoola! ^^ Bueno, que les pareció este capi? No pasa mucho, pero la acción me la reservo para el siguiente xD En fin, que ya les expliqué los motivos de la tardanza arriba, so… No me queda más que añadir, solo que GRACIASM POR LOS REVIEWS!
EVIKA: Ow… Muchas graciaas! En serio que me halagaste muchisimo. Si, ahora ya, después de leer todo esto ya sabrás que todos se han reconocido xD Y lo siento, pero si que he tardado mucho TT______TT De todos modos, ya estoy de vacaiones y los próximos capis estarán en dos semanas o incluso en menos ^^ Un beso!
**Fany [1]:**Hahaha pues ya saber como se lo ha tomado James. El pobre no se lo cree xD Es como si ves a la chica perfecta de matricula de honor posando en la portada de todas las revistas. Es muy o.O Hahaha, nah, me alegro que te gustara la forma en la que se enteraron xD Tenia la escena en la cabeza desde hacía mucho tiempo xDD Gracias por tu review! Besos ^^
Fany [2]: Hahaha las vecinaas xDD Volveran a aparecer, ya veréis por qué en el próximo capi. Chiii! Eso eraa! Radio Patio xDD No pude resistirme a ponerlo :P Wah, aquí, aunque un poco tarde, está la actualizacion. Muchos besos! ^^
Anna Evans: o.O Mil gracias por tu review! Aquí tienes, aunque con restraso, la continuación. Espero que te guste! ^^
Angie: Hahaha yo si que me los imagino, y te puedo asegurar que es muy gracioso. Nada guapa, que gracias por dejarme un review, beshitos ^__^
Nada, eso era ^^ Y el proximo capitulo… pues seguramente en unos 15 días, y si puedo antes :) Solo os adelanto que va a haber una reunion con Moody que ya tiene cierta sospecha de por que los mortífagos van al estudio, aunque ya os digo que hay dos razones…. Muajajaja y nada más, que si no adelanto mucho. Hasta el proximo capi!
Beshitos!
Elenie