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Amor del Pasado, Nunca Olvidado — capítulo 8

Título: Amor del Pasado, Nunca Olvidado

Título del Capítulo: Misión Imposible [1]

Parejas: Lily & James, Remus &..., Sirius &...

Género: Amor, Comedia

Rating: R13 [Nah, por el lenguaje y esas cosas ^^]

Advertencia: Ninguna

Resumen: Ellos creen haber olvidado todo lo que sucedió en Hogwarts. Sumidos en su nueva vida de recién empleados, ¿que harán cuando el destino los vuelva a unir y vuelvan a encontrarse con todo aquello que creyeron dejar atrás en Hogwarts?

Disclaimer: Los personajes son propiedad de J.K. Rowling, ya me gustaría que fueran míos. Para empezar tendría el dinero para comprarme lo que quiero, y no lo tengo TT________TT Y bueno, algunos si que me los inventé, con esta descabellada mente que tengo (véase, Julie, Martha, Elizabeth, su hermano Jared y todo el resto que no os suene de nada). Y no, no me pagan. Eso me faltaba xD

CAPITULO 8: Misión Imposible [Primera Parte]

  • ¡ESTO ES INTOLERABLE!

Alastor Moody golpeó la mesa furiosamente con aquella revista que le había requisado a Howard. En esos momentos la sostenía fuertemente entre las manos, maldiciéndola por todos los problemas les estaba causando.

  • Pero señor, nosotros no tenemos la culpa de… -replicó Sirius Black.

  • ¡Claro que tenéis la culpa! –bramó el veterano auror, haciendo que sus dos jóvenes aprendices se estremeciesen-. ¡Vosotros y vuestras malditas hormonas! ¡Joder, un poco de profesionalidad!

  • Pero si es que… Skeeter… -balbuceó James.

  • ¡Pero es que nada! –volvió a rugir el jefe-. ¡Cuando yo os digo que hay que mantener la identidad en secreto, vosotros vais y salís en un reportaje!

  • ¿Pero cómo íbamos a imaginarnos que saldríamos en una revista? –protestó Sirius, indignado. Solo faltaba que su jefe creyese que le hacía gracia todo aquello.

  • ¡Black, son modelos! ¡Modelos! ¡De esas que salen en las revistas! ¡Las mismas a las que no les dejan ni salir a comprar el pan sin sacarles fotos! –explicó Moody, igual que le hubiese explicado a un niño de seis años-. ¡Y vosotros vais y os buscáis un romance con ellas! Que esa es otra… menos mal que ibais a investigar. ¡Inútiles!

  • ¡Pero usted no nos dijo que era lo que teníamos que buscar! –replicó James, ofendido por tener que escuchar una y otra vez lo que había pasado. ¿Es que acaso no había tenido suficiente con vivirlo en propia piel? No, ahora su jefe tenía que recordárselo con ese tono estridente y enfadado de voz a todas horas.

  • ¡Porque ese era vuestro trabajo, descubrir que era lo que pasaba allí! –gruñó el auror, superado por la situación-. Pero claro, lo tuve que hacer yo, porque vosotros en vez de trabajar os dedicabais a ligar con modelos, sin hacer nada ¡y tirando por tierra la confidencialidad! Porque… ¿para que hacerle caso a esas tonterías cuando puedes divertirte con chicas? ¿O no, chicos? –decía con un deje de histeria, mientras rodeaba la mesa mirándolos con reproche, lo que hacía que se estremeciesen.

  • Bueno, señor, ¿podemos saber que es eso tan importante que ha averiguado? –le preguntó Sirius con una irónica y falsa voz de entusiasmo.

  • No te pases conmigo, Black –lo amenazó el jefe, volviendo a sentarse-. Pero sí, por supuesto que he averiguado algo.

  • ¿Y nos lo va a decir? –preguntó James.

  • Sí, pero ahora no –contestó el auror, restándole importancia-. Aún falta una parte de la misión…

  • ¿Ya ha encontrado nombre para esta misión? –se interesó James, volviendo a preguntar.

  • Joder Potter, que preguntón eres, no me extraña que te pase lo que te pase con las chicas –se burló Moody, a lo que James gruñó-. Pero no, aún estoy en ello.

  • ¿Y se puede saber a qué esperamos? –se impacientó Sirius.

  • Pues muy fácil, Black –respondió Moody, mirándose el reloj-. Hum, ya deberían estar aquí… ¡HOWARD!

La cabeza de Howard se asomó tímidamente por la puerta.

  • Sí, señor, si yo he llamado –se adelantó el joven auror, sabiendo lo que le iban a pedir-. Lo que pasa es que me han tenido esperando media hora y….

  • ¡No mientas! ¡Has estado hablando con Sheila! –gritó la burlona voz de Mathew desde la sala contigua.

  • ¡Cállate Matt! –le espetó Howard, mientras se le subían los colores-. Bueno yo… Lo que pasa es… El caso es que me han dicho que habían salido hacia aquí, pero aquí no ha venido nadie, entonces he preguntado en el Atrio, y allí han dicho que sí que están aquí, pero aquí no…

  • ¡Basta! –lo cortó Moody-. No se que haces todavía aquí… ¡ve a buscarlas!

Howard pegó un respingo, asintió frenéticamente y volvió a cerrar la puerta, para luego ir a buscar a dos modelos por todo el Ministerio. Y apenas dos minutos después de que Howard saliese de la sala, entraron por esa misma puerta las dos modelos, riendo a carcajadas.

  • No... En serio… Vale ya, Liz –decía Lily entre carcajadas.

  • Perdón, perdón –dijo Elizabeth, mordiéndose la lengua-. Pero es que… ya entiendo por que Julie pasaba de la fama –dijo, y las dos volvieron a reírse, por lo menos hasta que repararon en la presencia de un joven auror, alucinado por la presencia de las modelos.

  • Esto… hola –las saludó Mathew, sin poderse creer muy bien lo que veía. Aquello era mil veces mejor que en los posters-. Soy Mathew.

  • ¡Hola! –lo saludó Elizabeth efusivamente-. Yo soy Lizette… Eh… Elizabeth Douglas –corrigió, al pensar que no quería cometer dos veces el mismo error.

  • Lily Evans –añadió la ahora casi pelirroja, estrechándole la mano al joven Mathew.

  • ¡Vaya! ¡Si sois vosotras! Todo el mundo sabe lo de… -exclamó Mathew emocionado, ahora conocía a las protagonistas del culebrón-. Perdón.

  • Da igual –dijo Elizabeth, algo incómoda. Entonces la puerta volvió a abrir, y entró Howard visiblemente disgustado.

  • Ay Matt, yo no las encuentro por ninguna p…

  • ¡Hola! –lo saludaron las dos modelos a la vez, haciendo que el pobre chico se sobresaltase.

  • Vaya, hola chicas –respondió Howard, y se acercó a la puerta del despacho, donde llamó con timidez-. Esto… jefe…

  • ¡Voy! ¡Voy! –contestó Moody desde el interior de su despacho, para después salir acompañado de James y Sirius.

  • Vaya hombre… esto es cada vez más estupendo –ironizó Lily, fulminando a James con la mirada-. ¿Qué narices hacen estos aquí?

  • Que lástima, con lo lista que eras… Trabajo aquí, Evans –le espetó James con desagrado.

  • La pregunta es… ¿Qué hacen ellas aquí? –preguntó Sirius, mirando con odio a Elizabeth.

  • Paso de esto –dijo de repente la rubia, captando las cariñosas miradas del joven Black; les dio la espalda y se acomodó en la mesa de Mathew-. ¿Qué haces?

  • Oh… Pues buscar a Bellatrix Lestrange, no se si… -contestó Mathew algo cohibido, y al escuchar el nombre de la asesina, Sirius bufó.

  • ¡Ay sí! –exclamó Elizabeth de pronto, recordando un pequeño detalle; se volvió hacia Sirius-: tu querida prima está deseando verte.

  • ¿Cómo dices?

  • Sí, es una egocéntrica –prosiguió Elizabeth, como si lo que estuviese diciendo fuera totalmente normal. Todos los días un asesino en busca y captura se cuela en tu casa-. Según ella, tú has armado todo este lío con tus mentiras y falsedades que ahora no voy a discutir, solo para molestarla.

  • ¿Cómo dices? –repitió Sirius, más incrédulo todavía.

  • Joder que lentito eres –se quejó la rubia-. A ver, que dice Bellatrix que eres un… espera que no me acuerdo… ¡Ah si! Sucio y maldito traidor, o algo así. No sé, una cosa así me dijo, y también…

  • ¿Cómo? ¿Cuando te ha dicho eso? –inquirió Sirius.

  • Ay, pues ayer –contestó Elizabeth de lo más normal; parecía que la única que no se daba cuenta del real peligro que eso conllevaba era ella-. La muy pesada ahora viene a buscarme y todo… y me dejó su peste por toda la habitación…

  • Espera, espera –la detuvo James-. ¿Dices que Bellatrix Lestrange ha estado en tu casa? ¿Contigo? ¿Y estás aquí?

  • ¡Joder, que sí! –exclamó Elizabeth, ya harta de tanta pregunta.

  • ¿¡Y por qué no has dicho nada?! –le preguntó Mathew, totalmente sorprendido.

  • Uy, porque no me pareció importante –respondió la rubia, quitándole peso al asunto.

  • ¡Joder con la niña! –bufó Sirius-. Vamos a ver, Douglas, es una asesina, ¿entiendes?

  • Silencio Black –le espetó Moody, centrándose en la modelo-. A ver, ¿Qué más dijo Lestrange?

  • Eso Black, cierra tu bocaza –se burló Elizabeth-. Pues nada, que ella era una asesina que podía matarme y yo estaba como si tal cosa… ¡ja, como si me diese miedo!

  • Un caso perdido –comentó Sirius por lo bajo.

  • ¡Cállate! –le dijo Lily.

  • ¡No le digas que se calle! –repuso James.

  • No me hables, Potter, no me hables –le contestó Lily, dándole con el pelo en la cara.

  • Que más… ¡Ah sí! Que le caía mal, como siempre –continuó la rubia-. Es muy poco original, la pobre. Luego dijo que este era un estúpido y no se cuantas cosas más… y nunca pensé que fuera a estar de acuerdo con la boba de Bellatrix. Y me parece que ya. O dijo que iba a matar a Rita Skeeter… aunque creo que eso más bien se lo dije yo…. Y luego mi hermano me llamó y la muy cobarde se asustó y se fue.

  • Claro… seguro que todos somos tan valientes como para dejarnos capturar e ir directos a Azkaban –ironizó Sirius.

  • Pobre imbécil –comentó Elizabeth, encogiéndose de hombros.

  • ¿Y no dijo nada más? –preguntó Mathew, que lo había estado apuntando todo.

  • No, nada más –asintió Elizabeth-. Y ahora…. ¿alguien puede explicarnos que hacemos aquí?

  • Eso –corroboró James-. ¿Por qué están estas aquí?

  • Tenemos nombre, Potter –le espetó Lily.

  • ¿No me digas? –ironizó James, dando a entender lo obvio: que le molestaba aquella afirmación. Lily lo entendió también y bajó la mirada.

  • Mala idea, Lils –le dijo Elizabeth.

  • Los odio –se quejó Lily, refugiándose en el abrazo de su amiga.

  • Yo también te amo, Evans –contestó Sirius con sarcasmo.

  • Muérete –le espetó Elizabeth, con chispas de odio en la mirada.

  • Cásate conmigo –replicó Sirius con evidente y desagradable ironía, sonriendo con superioridad. La rubia gruñó.

  • Os vais a divertir, amigos –comentó Mathew por lo bajo.

  • ¿Cómo dices? –preguntó James, alzando la ceja.

  • ¡Peiken! ¡Mira que te he dicho que eso no lo puedes hacer! –le espetó Moody con fastidio-. ¡Es secreto profesional!

  • Si, y a parte de eso es una gran putada –añadió Mathew, mirando a los cuatro presentes allí con compasión.

  • ¿Podemos saber de que habláis? –inqurió Lily de forma educada.

  • Nada –se evadió Mathew, caminando hacia la puerta-. Voy a hablar con Martha para decirle… algo. Sí, le voy a contar lo de Lestrange.

  • ¡Oye Matt! ¡Explícanos! –le gritó Sirius, pero Mathew ya había salido de la sala, arrastrando a Howard, que se había quedado, como siempre, en un rincón sin perder detalle.

  • Pasad a mi despacho –les pidió Moody, después de que Elizabeth carraspease por quinta vez, a ver si alguien les prestaba atención.

Moody les hizo sentarse a los cuatro frente a él y les acercó un vaso de agua a cada uno. La cosa prometía.

  • Empecemos por usted, señorita Douglas –dijo Moody.

  • Empecemos –asintió la rubia, sin molestarse en disimular su impaciencia.

  • Se supone que cuando el jefe habla, nadie interrumpe –le dijo Sirius.

  • Será por lo en serio que te tomas tu eso –bromeó James.

  • ¡Eh! ¡En teoría tú eres el que tiene que apoyar a su amigo, o sea YO, no a Douglas! ¡Esto es injusto! –protestó Sirius.

  • Elizabeth me cae bien –explicó James, encogiéndose de hombros y recibiendo una sonrisa de gratitud de la aludida.

  • No hay derecho –bufó Sirius, y se volvió hacia Lily-: ¡Evans! ¡Vamos a confabularnos en su contra!

Moody carraspeó para reorientar la atención de los jóvenes hacia él, apagando el bufido de Lily.

  • Empiece, empiece –le dijo Elizabeth.

  • Bien –asintió Moody-. El estudio de modelos en el que ustedes trabajan tiene un contrato con una empresa de impresiones fotográficas, que…

  • Sí, es Picture Perfect S.A –interrumpió Lily-. Se encarga de revelar, distribuir y optimizar todas las fotografías que… ¿Qué? –se detuvo, al notar como todos la miraban asombrados. Después se echó hacia atrás el respaldo de la silla y cruzó los brazos enfurruñada.

  • Bueno, pues esa empresa es sospechosa de ser una tapadera de…

  • ¡Corrupción! ¡Mafias! ¡Mortífagos! –interrumpió esta vez James, emocionado.

  • Potter, eres un crió –dijo Moody apesadumbrado-. Pero una de tres, vas mejorando. Mafias.

  • ¿Eso significa que estamos metidos por medio de las mafias? ¿Los casinos y los hombres trajeados de blanco, pistolas y acento italiano? –preguntó Sirius.

  • Típico caso de mente cerrada –masculló Elizabeth-. El mundo es más que lo que ves en las películas.

  • ¿Cómo has dicho? –inquirió Sirius, molesto.

  • ¡Lo que has oído!

  • No lo he oído –contestó él, desafiando a la rubia.

  • Oh, no importa, te lo repito –dijo Elizabeth-. ¡Inculto! ¡Niñato rico, hipócrita, que no ve más allá de sus narices!

  • ¡Mira la otra! ¿Niñato rico me has dicho? –preguntó Sirius con ironía, a lo que Elizabeth respondió con un gruñido de rabia.

  • Por favor –los cortó Moody-. Si me dejan continuar… Esta gente forma una complicada red de tráfico de Blyton B, que…

  • ¿Eso que es? –preguntaron Elizabeth y James a la vez.

  • Explosivos –contestó Sirius.

  • Exacto, Black –afirmó el jefe de aurores-. El Blyton es un metal evanescente…

  • ¿Cómo? –preguntó James, sin entender ni media palabra.

  • Potter, ahora no vamos a explicarle a tu podrido cerebro los conceptos básicos de fisicoquímica avanzada –le espetó Lily, a lo que James le sacó la lengua.

  • Es un metal evanescente –continuó Moody, alzando algo más la voz para que todos le prestasen la debida atención en vez de centrarse en sus complicados problemas de odio-: que es utilizado en muchos artefactos explosivos, y además, la clase B puede encontrarse también en estado gaseoso. Y a parte de la señorita Evans, no se si ustedes sabrán que ese gas es mortal al más mínimo contacto. Y lo que hace Picture Perfect es fundir el metal hasta obtener finísimas láminas, que esconden entre las capas de papel fotográfico, para así poder transportarlo de incógnito.

  • Y si eso cae en malas manos… -aventuró James.

  • ¡BUM! –exclamó Moody, golpeando la mesa de improviso, haciendo que todos los presentes pegasen un respingo involuntario-. Sí, exactamente Potter, desastre inminente. Pero el caso es, y ahora escuchen todos, que uno de los aquí presentes es sospechoso de tener una estrecha relación con esta gente que trafica con el metal –dijo, y todas las cabezas se volvieron hacia Sirius.

  • ¡Joder! ¡Que mi estúpida prima, mi hermanito y el resto de ellos sean mortífagos no quiere decir que yo sea un mafioso! –protestó él, indignado.

  • La señorita Douglas –anunció Moody.

  • ¿¡QUÉ!? –exclamaron todos sorprendidísimos, incluida la propia Elizabeth.

  • Según lo que funcionarios AJENOS A MIS DEPENDENCIAS interpretaron de las declaraciones de Jared Douglas –comenzó a explicar Moody, dando a entender que él tampoco creía mucho en aquello.

  • ¿Qué declaraciones? –quiso saber la rubia.

  • Lo siento, eso es secreto profesional.

  • ¿Secreto profesional? ¡Es mi hermano! –exclamó Elizabeth con indignación, ella no era ninguna delincuente.

  • Eh… Bueno, esta gente son unas joyas, están en todas las listas de los más buscados, pero sólo figuran con un nombre: Rosebell –prosiguió Moody-. Nadie sabe quien es, nadie lo ha visto, pero sabemos que de cogerlo estaría en la cárcel de por vida.

  • ¡Pero yo no he hecho nada! –protestó Elizabeth-. ¡Ni siquiera sabía que existía el Blyton ese!

  • Yo no decido sobre estos temas –dijo Moody.

  • ¡Pero usted es el jefe de aurores! –replicó James, que mantenía lo de que Elizabeth le caía bien.

  • Díselo a Crouch –le contestó Moody, apesadumbrado-. Supongo que ya sabrá como va esto: no puede salir del país, no puede cometer infracciones, tiene que estar disponible, será constantemente vigilada…

  • Tiene derecho a permanecer en silencio, derecho a un abogado, si no puede permitírselo el estado le proporcionará uno de oficio –completó Sirius.

  • ¡Eso es en las películas americanas, idiota! –le corrigió Lily, a lo que Sirius bufó herido.

  • ¿Y mi familia? ¿Qué dicen ellos al respecto? –preguntó Elizabeth, reconduciendo el tema y buscando un último recurso para evitarle todo aquello.

  • Ellos… Ellos han sido trasladados a Francia con su hermano, hasta que todo esto pase –dijo Moody, mientras el asombro de la chica iba en aumento.

  • ¡Así que a mi me detienen con falsas acusaciones y ellos se marchan de viaje! –exclamó Elizabeth, atónita.

  • Vamos a ver, Douglas, ¿tú sabes lo que es una mafia? –intervino Sirius.

  • Oh, dejemos que el gran y poderoso Sirius Black nos ilumine con sus amplios conocimientos en el ámbito de las mafias, procedentes de las películas de después de las once –ironizó Elizabeth.

  • Pues sí, mira –afirmó Sirius-. Esos tíos se enteran de todo, tienen espías en todos lados, y cuando se enteren que los han pillado por tu culpa irán a por ti. ¿Qué pasa entonces? Que no pueden ir a por ti porque estás bajo custodia legal y es muy arriesgado, así que se lanzan a por tu familia. Tu papi no se ha ido a Francia de vacaciones, se ha ido para protegerse.

  • Nunca pensé que acertases tanto –comentó Moody con asombro, subiendo más el ego del joven Black.

  • ¡Claro! ¡Muy bonito! ¿Y ahora yo que hago? –preguntó la rubia, ya con un deje de histeria en la voz.

  • Usted será vigilada por uno de nuestros aurores, ya que Crouch opina que eso ya es mi cometido. Como si no hubiera suficientes cosas que hacer –explicó Moody, esforzándose por no mostrar su aversión por Barty Crouch-. Y ese auror…

  • ¿Y si me niego? –sugirió Elizabeth-. ¿Y si no quiero que me vigile un auror las veinticuatro horas del día?

  • No tiene elección –repuso alguien desde la puerta.

  • ¡Bartemius! ¡Que alegría! –exclamó Moody con demasiada efusividad y mucho sarcasmo para que el saludo hubiese sido sincero -. ¿Y eso de no llamar?

  • Me extraña que no lo vieses en uno de tus artilugios –contestó Bartemius Crouch con aspereza-. Como le decía, señorita Douglas, no tiene posibilidad de elegir. Usted residirá temporalmente en la casa del auror que la custodie, ya que su casa va a ser clausurada y registrada.

  • ¿Cómo? –exclamó la rubia, ya desesperada-. Pero esto… esto es imposible… yo no he hecho nada.

  • Ya, como todos –comentó Crouch con cierta ironía-. Bueno, ¿se lo has dicho ya, Moody?

  • Esperaba al momento oportuno –se excusó el jefe de los aurores, exhaló un hondo suspiró y desvió la mirada primero hacia Elizabeth, que murmuraba cosas y soltaba risitas histéricas, como riéndose de un mal chiste que le acababan de contar; y acto seguido fijó al vista en Sirius, que estaba sin poder creer una palabra-. ¿Black?

  • ¿Qué? –preguntó Sirius, pensando en qué más podría pasar aquella mañana.

  • Te presento a tu nueva compañera de piso

La primera reacción de Sirius fue girar la cabeza para buscar a dicha desconocida compañera, pero claro que el golpe de algo contra la mesa le dio una pista de que aquella persona no era tan desconocida. Y luego ya ver a Elizabeth darse una y otra vez golpes contra la firme madera del escritorio de su jefe le terminó por aclarar el asunto. Era una desgracia.

  • Lils, por favor… mátame –le suplicó la rubia a su amiga, que la miraba asustada.

  • James, ¿lo has oído? No, es una broma. Tiene que serlo. ¿A que es una broma? –se decía Sirius.

  • Pero… pero… ¿Por qué él? ¿No puede ser otro? Por favor, cualquiera menos Black. Aunque sea Potter… pero con él no –suplicaba Elizabeth, desesperada.

  • Me temo que no hay elección, ya está todo decidido –repuso Crouch con altivez-. Las razones dejémoslas para el señor Moody, que…

  • ¡Usted! ¡Usted me ha condenado! ¡Ya el dije que lo de la revista fue sin querer! –protestó Sirius.

  • Vamos a ver, la razón es sencilla. El único capaz de mantener a raya a la señorita Douglas eres tú, Black, porque eres igual de terco que ella; y si no fuese así, te manejaría a su antojo –explicó Moody-. Sigh, mujeres…

  • Pero… pero… por favor… por lo que más quiera… ¡Con Black no! ¿Cómo voy a vivir con esto? –se quejó Elizabeth.

  • ¿Cómo que ESTO? –inquirió Sirius, ofendido.

  • Bueno, ahora que está todo zanjado…. –intervino Crouch, emprendiendo la huida de aquella sala antes de que estallase todo.

  • ¿¡Cómo que todo zanjado!? –chilló Elizabeth-. ¡Aquí hay un error! Un horrible y fatal error… ¿¡CÓMO VOY A COMPARTIR ALGO CON ESTE!? –gritó al rubia, histérica, pero esta vez corrigiendo su error.

  • Perdona bonita, aquí el que no va a compartir nada soy yo –le espetó Sirius.

  • Como si tuvierais elección –murmuró Mathew para sí, mientras entraba al despacho.

  • ¿Se puede saber que pasa ahora, Peiken? –le gruñó Moody-. Ya tendrías que haber salido a buscar a Lestrange.

  • Si a eso iba, pero pasa una cosa –replicó Mathew-. Aquí me aparece Lucius Malfoy y… Se lo han tomado bien, ¿no? –bromeó el auror al observar la escena de una chica golpeándose frenéticamente contra la mesa, un hombre negando fatídicamente con la cabeza y un… un Crouch, que estaba cada vez más cerca de la salida.

  • ¡Lo sabías! –lo acusó Sirius-. ¡Tú lo sabías y no me dijiste nada! ¿Cómo has podido? ¡¿Cómo habéis podido todos?!

  • Black, por dios…

  • No, dejad a la reina de la tragedia griega continuar su representación –ironizó Elizabeth con la cabeza ya en posición vertical-. Con un poco de suerte el final es la muerte.

  • ¿Me estás llamando nenaza? –saltó Sirius, con su orgullo viril herido.

  • Ahí lo has ofendido, chica –bromeó James, esquivando el bolígrafo que cierto amigo resentido le había lanzado en forma de proyectil.

Moody carraspeó de nuevo, intentando evitar la batalla campal que se iba a librar allí y que él en parte había ocasionado, por lo menos hasta que estuviesen fuera de su despacho.

  • Oye venga, vamos a hacerle caso al jefe –les dijo Lily, haciendo gala de una increíble racionalidad e indiferencia ante las miradas de Elizabeth.

  • Exacto, que aún hay más –afirmó el jefe de aurores, orgullosos porque alguien le prestase la debida atención-. Que no os penséis que la cosa termina aquí.

  • ¿Ah no? –se interesó James, intentando adivinar la próxima noticia inverosímil que iban a recibir.

  • ¡Douglas, saca a los asiáticos cose balones de tu sótano ahora mismo! ¿Es que no te da vergüenza? ¡Eso es ilegal!–exclamó Sirius, en una ingeniosa manera de devolverle el bajo golpe de llamarle nenaza. Aunque aquella vez el bolígrafo fue lanzado por Elizabeth, y al contrario de lo que James había hecho, éste si que le dio de lleno a Sirius.

  • Una pregunta –intervino James, volviendo a encauzar la conversación-. ¿Todo esto que tiene que ver con los mortífagos?

  • Absolutamente nada, o eso es lo que creemos –respondió Moody-. Bien Potter, vas por buen camino. ¿Alguno de vosotros ha oído hablar de la doncella Caher?

  • ¡Bah! ¡Eso es un mito! –contestó Sirius en una carcajada, quitándole importancia.

  • Pues para que lo sepas, ignorante… -comenzó Elizabeth. Si alguien ahí creía en leyendas era ella-. ¿Te encuentras bien, Lils?

  • No, si…. Más o menos –balbuceó Lily-. Esto... chicos, tengo que irme.

  • ¿Ahora? ¿Pero que te…? –se extrañó Elizabeth-. ¿No irás a abandonarme con el demente este?

  • No te referirás a mí –interrumpió Sirius.

  • ¡No! ¿Cómo se te ocurre? –ironizó la rubia, pero fue la voz de Moody la que se alzó sobre todas las demás mientras Lily salía apresuradamente de aquel despacho:

  • ¿Lo sabes verdad? ¡No puedes ignorarlo, corres peligro! –le gritó, pero ella ya se había marchado, aunque si había podido escuchar las palabras del veterano auror. Como si no lo supiera ya.


  • ¡Es una desgracia! ¡Una injusticia! ¡Una infamia!

  • Sí, eso ya lo has dicho, pero mis cojines no tienen la culpa –le contestó Remus con una desquiciante calma, mientras servía tres vasos de cerveza de mantequilla.

  • ¿Pero a vosotros os parece normal? Es… es… ¡Inhumano! ¡Imposible! ¡Nadie en su sano juicio aguantaría a Douglas! –continuó protestando Sirius, ignorando las peticiones de Remus de que dejase en paz sus pobres almohadones de seda francesa.

  • Entonces de ti ya ni hablemos –se burló James, y al instante un cojín volador le golpeó la cabeza-. Ay… no hacía falta.

  • Venga Sirius, tampoco será para tanto –intentó tranquilizarlo Remus-. Es el sueño de cualquier hombre, compartir casa con Lizette. Bueno, con compartir habitación yo creo que les sobra –dijo, aunque esto último fue en susurros.

  • ¡Si, y mi pesadilla! –rectificó el moreno-. Si llego a saber que me tocarían hacer estas cosas… ¡quien me manda a mí meterme a auror! ¡Yo no sabía que tomábamos parte en los programas legales!

  • Hay tantas cosas que no sabemos… -recitó Remus.

  • ¡Y ahora se pone filosófico! –protestó Sirius-. ¡Joder Remus, apóyame! ¡Haz algo! ¿¡CÓMO DEMOIOS VOY A VIVIR CON ELIZABETH DOUGLAS!?

  • Míralo, le jode el nombre. Molesta, ¿eh Sirius? –se burló James de nuevo-. Apuesto a que si no supieses que es Elizabeth estarías dando saltos de alegría.

  • ¡Pues claro que lo estaría! –asintió Sirius, dejándose caer en el sofá-. ¿Acaso crees que no me he dado cuenta de cómo está? Es modelo, tios, es perfecta. Solo tiene un problema, ¡es Elizabeth Douglas!

  • Ay Sirius, la rosa, aunque con otro nombre, olería igual de bien –dijo Remus.

  • ¿Pero qué dices? –dijo James con expresión de extrañeza-. Remus, las drogas son malas, te lo he dicho…

  • ¡Es Romeo y Julieta! –contestó Remus.

  • Pobrecito… tranquilo, lo superarás –añadió Sirius, golpeándole con cariño el hombro-. No como yo, claro está, que me han puesto en esta misión imposible, donde voy a morir asesinado por las desquiciantes artes malignas de Douglas.

  • Os vais a divertir los dos ahí, juntitos –bromeó James-. En el sofá viendo una peli de miedo, compartiendo mantita, ella tiene miedo, tu la abrazas, vuestras cabezas se acercan y… ¡Auch!

  • Acabas de joder todo el momento –protestó Remus, divertido al ver a James rodando pro el suelo del golpe del cojín, que aunque blando, con mucha potencia.

  • Pues mira listo, tú te has librado porque tu querida Evans es mucho más lista y no te soporta –repuso Sirius.

  • A mí eso me da igual, mejor para mí –contestó James, incómodo con el tema-. Eso sí que iba a propósito, es una venganza personal de Moody por todos estos meses de llegar tarde. Yo con el papeleo estaba más a gusto... Pero mira, que Evans haga lo que le de la gana, si le pasa algo será su problema.

Hahahaha! Hola otra vez! ^^ Que os pareció este capitulo? xD Me encanta escribir peleas, y con esto tengo para mucho… (6) Antes de que nadie me diga nada, el Blyton es una invención mía, por eso puede que no el encontreis sentido. Igual que a los conceptos de “fisioquímica” que también me tomé la libertad de inventarme. No sé si existirá algo así, en cuyo caso no estaré tan loca. Pero digo esto para que algún error sea perdonado, que para eso son FF’s en los que gobierna la imaginación! xD Y otra cosa… vieron que cute Remus! xDD Ahora le dio por recitar frasecitas ^^

Nah, como estáis? Como va el verano? Y el invierno? Yo disfruto de mis vacaciones, aunque eso del calor… No lo llevo muy bien que digmos… Y bueno, también quería avisar de que en agosto me voy de vacaciones, así que si es proximo capi no lo veis para la semana que viene, ya os advierto que hasta la última semana de agosto por lo menos estaré desaparecida… secuestrada por las olas del mar xD

Y los reviews! Lindos y adorados reviews! Graciaaaaaaaaaaas! O

Mich Potter: Hahaha yo también quisiera matar a Skeeter! (6) Pero lamentablemente, si la mato sería un poco raro, xq luego acaba apareciendo en el cuarto libro xD Aunque tal vez sea un vampiro de esos que nunca mueren… Nunca se sabe ^^ Pero millones de gracias por tu review!

Fany: xDD Te enganchas? O Yo pensaba que eso solo lo hacía yo! xD Al escribir y eso, no puedo parar, y luego veo que son las tres de la madrugada y que mi madre me va a matar ^^ Esta vez no se si actualizaré en uan semana o en un mes o.O Pero no sabes lo que me alegro que te guste… Besos!

Lunatica Luz: Publicidad? O.O Iwal, gracias por la invitación, supongo…

Mizukis: Hahahaha si et gusta lo gracioso, enhorabuena xq en este fic son casi todo situaciones graciosas xD Nah, que miles de gracias ^^ Intentaré actualizar lo antes posible, lo prometo!

Cony: Wah, muchísimas gracias! Aquí hay otro capitulo xD Besos!

Chenta: Inconfundible! xDD Lo leiste ne? Te gustó? Te gustó? xDD Ya me dirás. Que ya se que hacía tiempo que no leías :P Besitos beibe! ^^

EVIKA: Holaa de nuevo! xD Ya veo que eres una habitual de aquí, gracias!! O Ya sabes que me alegro muchísimo de que te guste tanto, y ya intentaré seguir lo más rápido posible. Muchos Besos!

Weh, pos aquí están las respuestas ^^ Y espero seguir contando con vuestras opiniones. Os prometo que en cuento lo tenga el capitulo lo subo, lo que pasa es que yo solía estar todo el día en el PC pero como ahora me volví tenista (xDD) estoy muy solicitada para jugar xDD Nah, que tengo clases varias tardes a la semana ^^ Y ahora voy a hacer un poco de publicidad barata, que me hacía ilusión:

¿Cómo sobrevivirán Sirius y Elizabeth conviviendo juntos? ¿Y es Elizabeth una delincuente, o simplemente ha habido una equivocación? ¿Qué le pasa a Lily? ¿Qué clase de peligro corre? ¿La ayudará James? ¿Qué le pasará a Rita Skeeter? Todo esto y más en los próximos capítulos del fic, no se lo pierdan! [Todo por el módico precio de un review, una ganga! xDD  eso es broma]

Listo! Ahora sí, hasta la próxima. Besitos:

Elenie