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Amor del Pasado, Nunca Olvidado — capítulo 9
Título: Amor del Pasado, Nunca Olvidado
Título del Capítulo: Misión Imposible [2]
Parejas: Lily & James, Remus &..., Sirius &...
Género: Amor, Comedia
Rating: R13 [Nah, por el lenguaje y esas cosas ^^]
Advertencia: Ninguna
Resumen: Ellos creen haber olvidado todo lo que sucedió en Hogwarts. Sumidos en su nueva vida de recién empleados, ¿que harán cuando el destino los vuelva a unir y vuelvan a encontrarse con todo aquello que creyeron dejar atrás en Hogwarts?
Disclaimer: Los personajes son propiedad de J.K. Rowling, ya me gustaría que fueran míos. Para empezar tendría el dinero para comprarme lo que quiero, y no lo tengo TT________TT Y bueno, algunos si que me los inventé, con esta descabellada mente que tengo (véase, Julie, Martha, Elizabeth, su hermano Jared y todo el resto que no os suene de nada). Y no, no me pagan. Eso me faltaba xD
CAPITULO 9: Misión Imposible [Segunda Parte]
- ¿Y Evans?
La completamente casual y desinteresada pregunta de James destrozó todo el plan de Elizabeth. Parecía que no le había servido de nada cambiar de peinado ni vestirse diferente. Ni siquiera habían surtido el más mínimo efecto las gafas de sol, y eso que era un milagro que no se hubiese chocado ya contra algo allí dentro. La rubia suspiró derrotada: su última oportunidad para sobrevivir se escapaba. Y el joven auror pareció comprenderlo.
-
Bueno, el camuflaje no es lo tuyo –comentó divertido.
-
Tenía que intentarlo –suspiró Elizabeth-. Aparte de que no puedo salir a la calle por culpa de Rita Skeeter, es que no quiero compartir ni talla de zapatos con la cosa esa, rid…
-
Mira por donde que yo no tengo unos pies tan pequeños –interrumpió la voz de un evidentemente nervioso y molesto Sirius.
-
Pero sí un cerebro –respondió la rubia, tajante.
-
Habló la barbie –masculló Sirius entre dientes, pero lo suficientemente alto como para que la susodicha lo escuchase.
-
¿Cómo has dicho? –inquirió Elizabeth, ofendida.
-
¡Lo que has oído!
-
Si fueseis dos ciervos ya estaríais con los cuernos juntos asesinándoos con la mirada –comentó James, que de ciervos entendía bastante. Entonces las miradas que él había dicho cambiaron su rumbo para dirigirse al moreno auror, que optó por ir a hablar con alguien; quien fuese.
¿Es que nadie daba importancia a la ausencia de Lily? Claro, en el estudio ya estaban acostumbrados a los retrasos de una o dos horas, pero a él no le parecía en absoluto normal. Y menos se lo pareció cuando no apareció en todo el día. Una cosa era que tuviese el sueño algo trastornado, y de eso él podría tener alguna culpa, pero otra muy distinta era que no le vieran el pelo en toda la jornada, que ya de por sí era difícil. Y no era que estuviese preocupado. ¡Nooo! En absoluto. Era más una… una responsabilidad personal. Sí. Él se sentía obligado a resolverlo para llevarse los méritos con Moody.
Y por la tarde, ya a la hora de irse, los tres jóvenes estaban de los nervios. James porque no le olía nada bien la ausencia de la pelirroja, y menos aún desde que se había enterado de todo aquello que les dijo Moody. Elizabeth porque bajo ningún concepto quería ir a vivir con Sirius. Y Sirius por lo mismo.
-
¡No! ¡Por favor Rupert! ¡No me traiciones! –gritaba la rubia, desesperada. A medida que se acababa la jornada laboral veía más difícil el salirse con la suya.
-
A ver… Liz… Por favor, piensa con la cabeza…
-
Sólo la tiene para llevar el pelo –comentó Sirius por lo bao, aunque lo suficientemente e intencionadamente alto.
-
¡Lo ves! ¡Ves como es insoportable! –gruñó Elizabeth.
-
Ni que tú fueses una delicia, bonita –respondió Sirius con aspereza, y ahí Rupert tuvo que taparle la boca a la rubia para que no le contestase otra vez, y así no terminar nunca.
-
Liz, mírame a mi, por favor, déjale –suplicó el hombre-. A ver, si tu no has hecho nada es cuestión de tiempo que lo descubran y…
-
¡Claro que no he hecho nada! –protestó Elizabeth, ofendida ante la forma de Rupert de abordarlo. ¿Cómo que “si ella no había hecho nada”?
-
Eso es lo que dicen todos los delincuentes –volvió mascullar Sirius.
Entonces fue cuando Elizabeth se giró y le lanzó lo que más a mano tenía en ese momento: un cepillo, que envió con toda la rabia posible. Y acertó de lleno en plena cabeza de Sirius, quien se retiró para no recibir nada más, murmurando cosas.
- Como te iba diciendo –continuó Elizabeth, volviendo a la conversación con el escandalizado Rupert-, yo no he hecho nada, pero si Black aparece ahogado en la bañera no será culpa mía… ¡Es que es un imbécil! Y por eso necesito que me ayudes a… ¡Rupert! ¿Rupert?
Pero era inútil, el modelo se había dado media vuelta, decidido a ignorar el discurso de la rubia, lo que a ella no le hizo mucha gracia e intentó perseguirlo por todo el estudio.
Mientras tanto, Sirius, que había ido a quejarse a su amigo James, no eligió el mejor momento de todos.
-
¡James tio! ¿Pero tú la ves? Correteando por ahí como una gallina… ¡No voy a poder soportar vivir con ella! –se lamentaba Sirius, poniendo cada vez más nervioso a James-. Va a ser un desastre... Un horror… una catástrofe natural. ¡La muy psicópata seguro que me asfixia mientras duermo con uno de sus pantys! ¡Y verás que me distrae viendo el partido de esta noche!
-
Sirius, ¡¿puedes hacer el favor de callarte un momento?! –estalló James, dejando a su amigo perplejo por la reacción del moreno-. ¡Deja por un momento de pensar en ti y en lo horrible que te resulta vivir con Elizabeth, ¿quieres?!
Y dicho esto se marchó a hablar con Elizabeth, que en ese momento estaba tratando de encandilar a uno de los cámaras, con un humor no mucho mejor que el que tenía Sirius en ese momento. Su mejor amigo no solo no era capaz de apoyarle en ese duro momento como era para él tener que compartir casa (SU casa) con su odiada Elizabeth Douglas, si no que se iba a hablar con ella para dios sabía qué en vez de tratar de hacer que la situación resultara más llevadera, aunque fuese imposible.
El mal humor en el caso de James era diferente. Él pensaba que Sirius era un egoísta (igual que el aludido lo pensaba de él) porque sólo se preocupaba por él y por lo mal que lo iba a pasar viviendo con Elizabeth (cosa que era discutible) y por su partido de quidditch, en vez de posar su atención en otras cosas y personas, como perfectamente podía catalogar a Lily. Sí, al final tenia que reconocerlo, estaba preocupado por ella. Como puede ser una preocupación igual que el que se preocupa por… por… por el gatito que se ha subido al árbol y no sabe bajar. Sí, por eso. Eso era lo máximo que reconocía respecto a la extraña y repentina preocupación por Lily Evans. Porque eso si que se lo reconocía, a si mismo claro; que de no haber sabido que la modelo, o sea Lyanne, era en realidad Evans, haría horas que hubiera salido a buscarla. Pero ahí estaba la batalla interior. Porque sobre todo, Lily Evans era, seguiría siendo, y por desgracia, siempre había sido, Lily Evans. Y eso nunca cambiaría.
-
Venga Robin… -decía Elizabeth, con un tono de niña pequeña que le pide un caramelo a su papá, pero con una sonrisa y pose de mujer fatal, que lo que pide es otra cosa.
-
Robert –corrigió el cámara, esforzándose por mirar a otro sitio que no fuese ni los ojos de la preciosa modelo, ni mucho menos el eslogan que decoraba el centro de la camiseta de la rubia, porque claro, el lugar y eso…
-
Bien, pues Robert –asintió Elizabeth, ignorando la equivocación-. Yo sé que tu y yo tenemos química y…
-
Está bajo protección legal, si la ayudas serás su cómplice –intervino James, mostrándole su placa de auror al cámara, que optó por salir de allí antes de comprometerse a algo que le raería problemas.
-
Muy amable –le espetó Elizabeth con desagrado.
-
No vas a poderte librar, lo que dice Moody es lo que se hace, te lo digo por experiencia propia –dijo el moreno, a lo que Elizabeth suspiró ya casi sin esperanzas. James se sentó a su lado en una butaca que había por ahí en medio, parte de algún decorado.
-
Es que sencillamente… no puedo –dijo.
-
Los dos estáis demasiado heridos en vuestro orgullo como para reconocer nada –comentó James.
-
¿Cómo dices? –se extrañó Elizabeth, tratando de entender el comentario, hasta que lo consiguió-: ¡No! ¡¿Pero qué dices Potter?! ¡Ni te atrevas a insinuarlo, ¿me has oído?! –lo amenazó, apuntándole agresivamente con lo que más a mano tenía, un bote de laca.
James rió. Lo más dañino que el bote de laca podía hacerle sería irritarle los ojos, o tal vez fijarle de una vez por todas el pelo en su sitio, lo que no estaba tan mal.
- Sabes, de no haber sido modelo podrías haber sido policía –rió el moreno-. O mejor aún, caza recompensas. Eso te quedaría bien.
Elizabeth optó por reír y así salir de la situación, y por suerte, el joven auror estaba demasiado ocupado en otras cosas (como donde demonios andaba cierta pelirroja) como para notar el repentino cambio de semblante que había tenido la modelo.
-
Oye… tu… ¿has visto a Evans? –preguntó.
-
La verdad es que no, no la veo desde que ayer… -dijo, pero el comentario quedó apagado por la conclusión que no pudo evitar sacar la rubia de todo aquello. Y dicha conclusión no era especialmente buena.
-
¿Crees que…? –dio a entender James-. Bueno, quiero decir, si nosotros lo sabemos seguro que ellos también, y…
-
¡No! –lo cortó Elizabeth, más para no escuchar lo que seguía que porque de verdad tuviese otra versión-. Seguro que se ha agobiado con todo esto que ha pasado de… bueno, ya sabes.
-
Sí, lo sé –bufó James, a quien no le gustaba recordar lo que habían vivido los últimos días.
-
Sí, se habrá ido al campo, o a un balneario o algo –dijo la rubia-. La última vez, cuando sus padres tuvieron el accidente, se fue una semana a Suiza.
-
¿Entonces no crees que…?
-
¡No! No, te aseguro que no pasa nada –afirmó la rubia. Y justo entonces escucharon un estruendo en el vestíbulo.
-
¿Y eso que ha sido? –preguntaron algunas de las modelos, imaginando que serían otra vez mortífagos.
Se escucharon pasos en el pasillo, pasos que cada vez se acercaban más a la puerta. Después, un huesudo dedo asomó entre la rendija, el dedo empujó al puerta, y bajo el marco de ésta estaba la secretaria.
- Señorita Lizette, ahí fuera ahí unas maletas que dice el mensajero, son suyas –anunció, con su monótona y aburrida voz.
Elizabeth gimió derrotada: ella había creído que si no hacía las maletas tendría una excusa para no irse con Sirius. Y su última esperanza acababa de esfumarse, porque llegó la hora de volver a casa, y ella nunca había tenido menos ganas de dejar de trabajar.
-
¡Oh dios mío! ¡La familia Black, toujours pur, y tu metido en este cuchitril! –exclamó Elizabeth nada más entrar a la casa de Sirius.
-
Tu familia vive en Francia y tú no sabes pronunciar bien unas simples dos palabras –respondió Sirius con aspereza-. Además, eso no es lo que decías cuando…
Al escucharse a sí mismo, Sirius optó por callarse el comentario, cargado de recuerdos que a ninguno le apetecía rememorar. No sabía si a la rubia le ocurría lo mismo, pero a él no dejaban de repetírsele en la cabeza. Y detestaba pensar en Elizabeth Douglas, fuera de la manera que fuese.
- Siempre sacaste unas notas altísimas y no tienes una pizca de cerebro –repuso Elizabeth como venganza-. Vamos a ver genio, tu sofá cama está muy bien para… o sea… Quería decir… Eso. ¿Dónde voy a dormir yo en un piso que consiste en un salón con un sofá cama, una cocina y un baño?
Después del lío que se había armado ella sola, ero fue lo mejor que le salió. El piso de Sirius, constaba de un salón, eso sí, bastante grande con dos sillones, un sofá cama y su adorada televisión; una cocina con multitud de cacharros sin fregar y el baño, eso sí, con un enorme jacuzzi y un vestidor casi igual de grande.
- Ay Douglas, ves como no tienes ni idea…
Sirius volvió hacia la uretra y comenzó a contar las baldosas que iba pisando, mientras Elizabeth lo contemplaba como si estuviese viendo a un demente, con el que, por desgracia, tenía que vivir.
- Oh, perdona. Quería decir, ¿dónde voy a dormir yo en una vivienda que da sólo para una persona? –corrigió Elizabeth, con una sonrisa de burla que Sirius ignoró al estar demasiado concentrado en contar las baldosas del suelo-. ¿Me puedes decir que haces?
Sirius la ignoró y siguió contando, hasta que llegó a un punto cerca del final del pasillo, sacó su varita y apuntó al techo. Después de murmurar unas palabras, comenzaron a distinguirse las juntas de una especie de trampilla, y luego Sirius bajó la trampilla, para dejar ver una escalera que subía a un segundo piso. Elizabeth, muerta de curiosidad, subió tres peldaños y asomó la cabeza a la habitación de arriba. Era una especie de buhardilla, con dos enormes ventanales, una polvorienta moqueta en el suelo y el somier de una vieja cama, cuyo colchón, al parecer, no estaba más en el mundo.
- ¿Pretendes que….? –se adelantó Elizabeth, decidida a quejarse por algo más, que es aquel caso era el estado de la habitación.
Sirius volvió a ignorarla, decidido a mantener una apacible convivencia, por lo menos hasta la mañana siguiente, cuando pasase el partido de quidditch que tanto quería ver. Subió como pudo a la buhardilla, porque la rubia no parecía estar muy por la labro de poner un pie allí, y de habérselo preguntado, tampoco hubiera reconocido que le tenía pánico a los ratones. Y una vez arriba, volvió a murmurar un hechizo, y con un toque de varita, la descuidada habitación pasó a ser una agradable estancia con una cama perfectamente echa, un armario, una cómoda con dos sillones a los lados, y un enorme espejo en la pared.
- ¿Contenta?
A Elizabeth le costó muchísimo ocultar su admiración por lo que acababa de ver. Subió la escalerilla para contemplarlo mejor. Entonces esa sería su habitación… ¿Cómo era posible que de la ruina hubiera salido aquello? Era… mágico. Exacto, era magia. Y magia que ella no sabía hacer.
-
Seguro que no es tu graaaaaaaaaaaaaaan y perfecta mansión de niña rica, lo que siempre has sido –dijo Sirius, con cierto rencor en sus palabras, o por lo menos eso creyó Elizabeth-. Pero es lo que hay, así que o te conformas… o te jodes
-
Resulta encantador lo buen anfitrión que eres –comentó Elizabeth, resentida. Le parecía, no; era un hecho que Sirius la odiaba, pero le pareció que le estaba dando a entender que era por su culpa. Y ella no tenía la culpa de que Sirius fuese un hipócrita-. Me muero de ganas de vivir contigo.
-
Pues yo no.
-
Era una ironía –dijo Elizabeth, sin poderse creer que el moreno fuese tan sumamente corto mental.
-
Lo mío no –contestó Sirius, bajando la escalerilla al piso de abajo y dejando sola a Elizabeth.
La rubia se sentó sobre su montón de maletas y bajó la mirada, contemplando con disgusto todo lo que tenía que deshacer. Algo que no pensaba hacer.
- ¡Peggy! ¡Peggy! ¡PEEEEEEEEEEEEEEEGGY!
Esos gritos no eran exactamente la idea que Sirius tenía de su noche de Quidditch. Vamos, que se la estropeaban tremendamente. La verdad es que la presencia de cierta rubia en su casa tampoco era la idea que tenía. Y le molestaba.
-
¿Se puede saber AHORA QUE TE PASA, Douglas? –preguntó Sirius, molesto.
-
¡Que mi elfina no aparece por ninguna parte!
-
¡Por dios! ¿Puedes dejar de lado tu faceta de niña lujosa por un momento? –protestó Sirius.
-
Haré lo que quiera y cuando quiera, ¿comprendes Black? –dijo Elizabeth, y siguió llamando a gritos a su elfina-. ¡PEGGY! ¡PEEEEEEEEGGYYYYYYY!
-
Por dios, que pare ya, que pare ya –suplicaba Sirius, en susurros-. ¡Peggy, haz que se calle!
Y sólo cuando Sirius lo dijo, la elfina de los Douglas apareció en la casa, ante gran asombro de Elizabeth. ¿Por qué su elfina obedecía al idiota de Black y a ella no?
-
El señor Sirius dijo que no harían falta mis servicios porque la casa es lo bastante pequeña como para que la limpien ustedes y así usted se entretendría en hacer cosas y no o molestaría –recitó la elfina, a toda velocidad y con nerviosismo, aunque la parte que iba después de “el señor Sirius dijo que no se requerían mis servicios” quedó apagada por la queja de Elizabeth.
-
¿Qué le dijiste QUÉ? Vamos a ver Black, tú no tienes derecho a decidir si necesito o no a Peggy.
-
Claro que no lo tengo –asintió Sirius-. Pero tengo derecho a decidir que EN MI CASA NO ENTRAN ELFOS, no te ofendas Peggy.
-
Peggy no se ofende –dijo la elfina.
-
Ridículo, absurdo y… todo. ¿Se puede saber a que se debe esa decisión, eh Black? –preguntó la rubia con agresividad.
-
Kreacher.
Eso fue lo que Sirius se limitó a responder. Evidentemente, para él esa respuesta lo decía todo, porque sabía de lo que hablaba. Pero para Peggy no decía nada, y para Elizabeth significaba que su odiado Sirius Black (más aún con el incremento de haber estado con el en situaciones delicadas, que encima le habían gustado hASTA SABER LA IDENTIDAD de su compañero) tenía un trauma por una película de miedo. Y por eso se echó a reír.
- ¿Sabías una cosa Douglas? –le preguntó Sirius, con un tono falsamente amable-. No me hace ninguna gracia.
Está claro que esto último lo dijo con el tono normal que le dedicaba especialmente a Elizabeth: borde, antipático y bastante resentido. Elizabeth paró de reír, aunque fue sólo para responderle, pero le siguió haciendo gracia.
-
Disculpa mi atrevimiento, pero no me puedo creer que tengas un trauma por algo que suena a película de terror –se burló ella.
-
No suena a película de terror, ni tampoco lo es. Es algo mucho peor y está vivo –dijo Sirius, más para sí que para el resto-. Peggy puede irse, tú limpiarás y harás lo que hace ella. ¿Y sabes que más? Si no te gusta… pues te jodes, ya te lo he dicho.
Elizabeth le hubiera pegado. Y de hecho pensaba hacerlo hasta que recordó que Sirius le triplicaba la fuerza, y que además de eso la última vez que intentó hacerlo la cosa… no acabó muy bien [N/A: ver capítulo 4 ^^]. Por si las moscas, no iba ni a intentarlo. Tenía que descaer las seis maletas que llevaba, y que gentilmente sus elfos se habían encargado de hacer. Y como a los quince minutos se hartó de guardar ropa, que a saber por qué tendría tanta, decidió que buscaba el pijama y se iba a ver la tele. Y eso hizo.
- Por favor, dime que ESO no es tu pijama.
Elizabeth levantó la vista de sus uñas, (bastante destrozadas por tantas veces que se había pillado los dedos con la maleta, cosa que a Victoria no le gustaría nada) para dedicarle una mirada especialmente asesina a su compañero.
-
Espera, ¿cómo me has dicho…? ¡Ah ya! Es lo que hay, y si no te gusta… pues te jodes –le dijo Elizabeth a modo de respuesta, y de venganza, usando el tono más inocente que encontró.
-
No, si a mí me da igual. Por mí puedes usar el pijama que más te guste, pero luego no te quejes si te digo cosas que…
Sirius optó por callarse el final de la frase, porque a parte de que a la rubia no le hizo especial gracia, él se dio cuenta de que lo que decía denotaba interés. Y por mucho que el mini-pijamita de Elizabeth atrajera su atención, a él lo único que esa chica le producía era… Algo malo. Seguro. Y Elizabeth tampoco podía imaginarse nada, porque ella estaba acostumbrada a usar su pijama, y no sabía que podía poner en tal aprieto a Sirius. Aunque si lo hubiera sabido, tampoco le habría importado hacerlo sufrir.
-
¡Ahá! ¡Lo encontré! –exclamó entonces Elizabeth, lanzándose a por el mando, que estaba bajo un montón de cajas de pizza vacías. Lo cogió triunfante y cambié de canal. Gran error, porque Sirius quería ver un importante partido de Quidditch.
-
¿QUÉ – ESTÁS – HACIENDO? –bramó Sirius.
-
Ver una película –contestó la rubia con tranquilidad, acomodándose en el sofá.
-
Ah no, ni hablar, ni pensarlo… ¡No vas a ver ninguna película! –ordenó Sirius-. Yo voy a ver mi partido de Quidditch.
-
Ah no, no lo verás.
-
Claro que lo veré.
-
Ni hablar.
-
Esta es mi casa, y veré lo que quiera.
-
El invitado siempre tiene la razón.
-
Eso es el cliente, y a mí esas cosas me importan un cuerno.
-
Ese está bueno –comentó Elizabeth con respecto a uno de los jugadores.
-
Shhh –protestó Sirius.
-
¡Anda y ese! –repitió-. Le voy a decir a Julie que haga algo por mí y me los presente.
-
¡Cállate! –se quejó el moreno, ya que no podía escuchar ni media palabra y no se concentraba como era debido en el partido.
-
¡Ahí va, ahí está David, el novio de Bianka! –continuó Elizabeth, ignorando a Sirius y lo sagrado que era para él el partido de los jueves-. Ops, vaya, eso debe de haberle dolido…
-
¡¡CA – LLA – TE!!
-
Voy a llamar a Bianka, a ver si David tiene operada la nariz, porque le va a hacer falta –dijo, continuando en su línea de hacer caso omiso del moreno. Se levantó y fue hacia la chimenea y agarró la bolsa de polvos flu.
-
Ah no, tú no vas a gastar mis polvos para llamar a tu amiga –dijo Sirius, quitándole la bolsa de las manos-. Vete a dormir y déjame ver el partido.
-
Yo es que si no hago algo no me duermo, y claro, como no me has dejado ver la película pues normal que no pueda dormirme, porque…
-
Vale, vale, vale. ¡Pero deja de hablar de una vez! –la interrumpió Sirius, harto ya de no poder ver el Quidditch con tranquilidad-. Ahora te sientas en el sofá, y CALLADA, ves el partido, o piensas en las musarañas, o en lo que quiera que pienses.
-
De verdad, que antipático eres –comentó la rubia, pero sin embargo le hizo casó y se acostó en uno de los sofás.
Quizá fuera porque sí tenía sueño y sólo quería molestar a Sirius, que se durmió. Pero resultó que ese era el sofá cama de Sirius, y con ella encima no podía abrirlo. Y tampoco quiso despertarla, no porque estuviera preciosa durmiendo y le daba pena, sino porque… no quería escuchar sus quejas. Exacto. Y por eso se fue a dormir a la buhardilla.
-
Joder, ¿no puedes hacer menos ruido? –protestó Elizabeth, cuando, a la mañana siguiente le despertó el ruido que hizo Sirius al ducharse.
-
Claro que sí, pero mira por donde que no me apetece –contestó Sirius con aspereza, aunque sonriendo.
-
Creo recordar que no te levantabas nunca con mal humor y…
Elizabeth se calló el comentario a mitad, como siempre le ocurría, al entender lo que estaba diciendo. Y esos recuerdos quería borrarlos. Por mucho se le repitiesen a todas horas. A parte de que la visión de Sirius, mojado y vestido sólo con una toalla la impactó demasiado. Y de una forma que no le gustó, porque fue buena.
- Vale, sigo durmiendo porque estoy viendo cosas horribles –dijo, ya que por suerte, seguía pudiendo disimular perfectamente-. Ah no, es Black. ¿Podrías vestirte?
Sirius bufó, indignado por no poder caminar como quisiera pro su casa, pero prefirió hacerle caso. Cuando él salió del baño entró Elizabeth, y Sirius se fue a la cocina a prepararse su desayuno. Cuando volvió al salón para recoger el periódico que la lechuza de “El Profeta” el dejaba todas las mañanas en el alféizar de la ventana, se encontró con la desgraciadamente agradable visión de Elizabeth recién salida de la ducha y envuelta en una toalla, que subía con dificultad la escalerilla. Y claro, con tanta visión se el cayó la taza de café.
- ¡Hala! ¡Bravo Black! ¡En toda la alfombra! –se burló Elizabeth-. ¡Pues ahora lo vas a limpiar tú!
Y dicho esto continuó subiendo, misión bastante complicada, ya que tenía que esforzarse por que la toalla no se cayese, y a la vez por no caerse ella.
-
¿Es necesario que te pasees así por la casa?
-
Si no lo llevo la toalla, ¿cómo demonios quieres que vaya a por mi ropa? –repuso ella-. Espera, no contestes a eso, por favor.
Y eso último Sirius lo agradeció, porque no tenía muy claro lo que iba a contestar. Pero Elizabeth en seguida volvió a la carga.
- ¡Pues que sepas que mi cama la vas a hacer tú, ya que has dormido en ella! –gritó, a lo que Sirius no pudo hacer más que reír. Si la modelo esperaba eso, estaba claro que iba lista.
Aquella tarde, cuando sonó el timbre en casa de Sirius y él miró por la mirilla, suspiró aliviado por poder compartir con alguien su frustración. Al abrir la puerta encontró a Remus, que había venido, según él, para ver que tal lo llevaba. Elizabeth asomó la cabeza por la trampilla, y en seguida su cara se tornó en una expresión de enfado.
-
¡Hola Rem! –dijo Sirius, contento de tener a su amigo en casa.
-
Hola Sirius, hola Elizabeth –los saludó Remus, riendo por el gesto de la rubia.
-
Hola –contestó Elizabeth, dedicándole una sonrisa, que en seguida borró al mirar a Sirius-. Que sepas que me parec…
-
¡¿Me puedes decir ahora por qué vas a quejarte?! –se adelantó Sirius, de los nervios.
-
Así que tú puedes traer a tus amigos y yo ni siquiera puedo usar los polvos Flu... ¿Y eso porqué? –protestó la rubia.
-
Porque es mi casa –contestó Sirius con naturalidad-. Y si no te gusta… pues te aguantas.
Elizabeth arrugó la nariz con molestia, se quedó unos segundos callada, lo que a Sirius le resultó un alivio, y en seguida volvió a hablar:
- Y aún no has hecho la cama, y yo no pienso dormir ahí, donde has dormido tú, con tus… ¡AH! ¡QUÉ HACES! ¡ABRE ESTO AHORA MISMO!
Sirius se había cansado de la chica y había optado por cerrarle la trampilla en las narices, y como ella no tenía ni idea de abrirla, eso le libraría de la rubia histérica por un rato.
-
¡Abriré cuando me de la gana, así que más te vale portarte bien!
-
Mira Black, tú no eres quien para…
-
Listo, vamos Remus –dijo Sirius, triunfante tras haber conseguido que Elizabeth se callara.
-
Me parece que la mejor solución a esto no es encerrarla ahí arriba con un encantamiento silenciador –comentó Remus, divertido por la extravagante convivencia que mantenían Elizabeth y Sirius.
-
A mi eso me da igual, con tal de que se calle… ¡Mira Remus, no puedo soportarlo más!-exclamó Sirius, dejándose caer en el sofá.
-
A ver Sirius, por favor… No puede ser tan malo –intentó decirle Remus, esforzándose por aguantar la risa que le provocaba su amigo tan desesperado y los golpes mudos que seguramente estaba dando Elizabeth en aquellos momentos.
-
¿Qué no puede ser tan malo? ¡JA! –exclamó Sirius con incredulidad-. Tengo que aguantarla diciendo “ese está bueno”, “ese me gusta” –dijo, poniendo una ridícula vocecilla chillona- mientras veo el Quidditch.
Remus no hizo más que reír a eso. Con sólo imaginarse la escena la le entraban unas ganas tremendas de encerrarlos a los dos juntos de por vida, para ver cuanto tiempo podían seguir odiándose.
- Y la tengo que ver paseándose por la casa –continuó Sirius-, con su mini pijama ese de un pantalón extremadamente bajo de cintura y una camiseta de tirantes extremadamente ajustada, con dibujitos de bebés angelitos que me pone tan enfermo…
Remus rió más fuerte.
-
No me hace gracia Remus –bufó Sirius-. O cuando sale de la ducha, toda mojada y se enrolla en la toalla. ¡Que se me ha roto la taza por su culpa!
-
Seguro que es culpa suya. Es extraño, pero todo suele ser culpa de Elizabeth –bromeó Remus, lo que le hizo ganarse un golpe de cojín.
-
Y encima se duerme en mi sofá y me toca subir a mí a la buhardilla, ¡y luego pretende que le haga la cama! –protestó el moreno, indignado-. Mira Rem, mi paciencia tiene un límite, y Douglas hace siete pueblos que lo sobrepasó.
-
Es que eres un poco intolerante… Sirius, la paciencia es la clave de la ciencia –rió Remus.
-
Me parto de risa, Remus, me parto –ironizó Sirius-. Si Moody no me odiase tanto, no me hubiera obligado a hacer esto. Anda que no hay aurores que se morirían por la misión… ¡y va y me toca a mí!
-
Oye, y a todo esto… ¿James que dice?
-
¿James? James es un mal amigo que no me apoya.
La noche anterior, mientras Sirius discutía con Elizabeth para poder ver el partido con tranquilidad, James hacía rato que había desistido en el intento de concentrarse en el Quidditch. A él aquel cuento del balneario no le convencía en absoluto. Y no era por nada en especial, si no que estaba un poquito preocupado nada más. Pero muy poco. Y además sabía que Sirius se había enfadado con él, y en cierto modo, James también estaba enfadado. No entendía por qué su amigo se empeñaba en afirmar que no soportaba vivir con Elizabeth, en vez de intentar arreglar las cosas entre ellos. Se habían gustado desde los dieciséis años, y siempre habían usado la misma excusa.
Justo cuando se percató de que esa afirmación no le dejaba especialmente bien parado, son el timbre, y al abrir la puerta se encontró con quien menos se hubiese imaginado.
- ¡¿Pero qué te ha pasado?! –exclamó con sorpresa.
Hola!! Como estais? Que tal las vacaciones?
Perdonad que haya tardado tanto, pero ya avisé en la ultima actualización qje lo más probable era que tardadse un mes, ya que estuve todo agosto sin PC por las vacaciones, y solo podía estar una horita en un ciber xD Ademas, ya que yo me fui de vacaciones, mi musa aprovechó para hacer lo mismo, y no le vi el pelo hasta ayer xD
Bueno, que les pareció este capi? xD Me gustan Elizabeth y Sirius cuando discuten, por eso lo harán mucho ^^ Vale, ahora contestare los reviews lindos y hermosos que tanto me gustan xD
Fany: Kya, Elizabeth y Sirius viviendo juntos me hacen gracia, xq discuten mucho xDD Es que soy un poco malvada (6) Nah, James sigue pillado, ya lo has visto aquí, aunque el afirma que su preocupación es la misma que tendría por un gatito que no sabe bajar del árbol... xDD Un beso!
Evika: Bueno,espero que disfrutaras tus vacaciones! ^^ Yo soy de Valencia. Hehehe gracias, me alegra que te guste. Y ya lo tengo casi tod pensado hasta el final. Besos! ^^
Marta Evans: Oww graciaas! :) Me alegra mucho que te gustee! ^^ Aquí tienes el siguiente capi. Un beso!
Mich Potter: Nah, en realidad ellos no tenían la idea de investigar a las mafias, se lo han encontrado por casualidad. Pero como Moody está muy picado con no saber algo, quiere cubrir todos los frentes, xq a lo mejor lo que esta gente trafica le interesa a los mortífagos. Espero que lo hayas entendido. Un beso!
Y la verdad que no tengo mucho más que comentar… Solo que ahora sí que podréis tener los capítulos en dos semanas, xq ya vuelvo a la rutina normal. Aunque si que puede ser que sean algo más cortos, pero weh.
Y el proximo capi estará en dos semanas…. O incluso en una, si me dejais suficientes reviews ^^
Besos!
Elenie*