← Historia 22081 · de
Historia 22081 — capítulo 11
Capítulo 9: Un pico de estrés y el tapiz de los Black
La mañana siguiente amaneció tan triste como lo estaban Ginny y Harry. Ginny por sentirse totalmente confundida. No entendía lo que había sucedido, y ni si era verdad. ¿Y si tía Muriel estaba ebria y decía incoherencias?¿O quizá cuando ella y Harry subieron, tía Muriel dijo que todo era una broma, de muy mal gusto, por cierto? Estaba totalmente embrollada. En cuanto despertó, las preguntas de la noche anterior la acometieron como dardos paralizantes, y no sabía quien era realmente. Hermione aún no había despertado, pero era comprensible; la noche anterior todos se habían acostado tarde. Pero ella ya no podía dormir más, a pesar de haberse acostado más tarde que los demás.
Se encontró con Harry en las escalera, que salía de su cuarto. Se abrazó a él en cuanto lo vio.
—¿Has podido dormir?—le preguntó, acariciando su cabello.
—Muy poco, ¿y tú?
—Igual.—respondió Harry. Había soñado toda la noche con muchachas sin cara, a la que él creía su hermana, y veía a Ginny llamando padres a dos personas vestidas de mortífagos. No había dormido bien a causa de eso; era desesperante ver como Ginny se marchaba con Bellatrix y Malfoy, diciendo que eran sus padres, y él sin poder moverse.
Los jóvenes bajaron a la cocina, donde la señora Weasley preparaba el desayuno.
—Buenos días.—dijo, como si nada pasara, sirviéndoles una taza de café y poniendo en la mesa un plato lleno de tostadas. Pero a pesar de aparentar que nada sucedía, la señora Weasley tampoco parecía haber dormido mucho; las grandes ojeras se extendían bajo sus ojos, que estaban ligeramente rojos.
—Buenos días, señora Weasley.
—Buenos días...¡Ay!...mamá.—Ginny vaciló antes de decir mamá, pero Harry le pegó con el pie por debajo de la mesa, lanzándole una significativa mirada.
—Yo...iré despertar a los demás.—dijo la señora Weasley, y subió las escaleras a toda velocidad, sonándose la nariz.
—¿Por qué me pateaste?—preguntó molesta, en cuanto la señora Weasley se alejó lo suficiente.
—Porque no le ibas a decir “mamá” a la señora Weasley.—respondió, en tono obvio.
—No es mi mamá.—dijo ella, secamente, mirando sin ver su taza.
—Ella no merece que eso, no tiene la culpa.—comenzó Harry, obligando a Ginny a mirarlo a los ojos.—Siempre será tu madre. Ella te crió con amor. ¿Preferirías haber ido a un orfanato, o criarte con una familia que no te quisiera? No es bonito crecer lejos de tus padres, no obstante es peor aún crecer en una familia que no te quiere.—dijo, mirándola seriamente.
—Lo siento, tienes razón. Es que...aún no caigo, no sé, me siento rara.—su expresión se suavizó notablemente.
Harry iba a contestar, pero el señor Weasley bajaba a la cocina, y se sentaba frente a ellos.
—Buenos días, señor Weasley.
—Buenos días, papá.
El señor Weasley miró a Ginny, y le sonrió tiernamente.
—Buenos días hija. Buenos, días Harry. No tienes buen aspecto, Ginny, ¿has dormido bien?—preguntó, mientras se servía una tostada.
—No..si, digo, si, he dormido de maravillas, ¿me veo tan mal?—Ginny intentó sonreír con naturalidad, aunque le salió una mueca malograda.
—No, hija, sólo pareces cansada.
Mientras los tres desayunaban, bajaron la señora Weasley seguida de Hermione y Ron, que se sentaron a desayunar muy animados, contrariamente a Harry y Ginny, que estaban callados, pensativos y con aire triste. Al rato bajaron los gemelos, que se habían quedado a dormir, junto con Charlie y Bill y Fleur. Todos desayunaban con calma, conversando y haciendo los planes para el día que comenzaba. La señora Weasley se levantó de su silla, y le llamó la atención a la todos.
—Familia, voy a aprovechar que están todos reunidos aquí para contarles algo que afecta a la familia, pero en especial a un miembro.—dijo en tono solemne. Ginny le apretó la mano a Harry por debajo de la mesa, sabiendo lo que vendría a continuación.—Anoche, cuando todos se habían acostado ya, Arthur y yo recibimos la visita de la tía Muriel.
—¿La tía Muriel?—preguntó Ron.—Olvidamos darle el recuerdo de la boda de Bill.—dijo Ron, pensativo, recordando el encargo de su madre.
—¡Ron, cállate!—le siseó Hermione, que intuía que algo importante iba a anunciar la señora Weasley.
—Tía Muriel nos dio una noticia.—continuó Molly, sin prestarle atención a la interrupción de Ron. Ginny seguía apretando la mano de Harry, y parecía a punto de llorar. La familia escuchaba atenta lo que la matriarca decía.—Ocurrió un hecho, hace dieciséis años, cuando Ginny nació. Ginny no...
—No soy una Weasley.—dijo Ginny valientemente, aún sosteniendo la mano de Harry. La soltó y se puso de pie.—Eso fue lo que dijo tía Muriel. El bebé que tuvo mamá nació muerto, y tía Muriel, con otras enfermeras, lo cambiaron por una niña recién nacida abandonada por sus padres: yo.
—Pero...Ginny, ¿cómo lo...lo sabes?—preguntó Arthur, impresionado de que su hija supiera lo que Molly iba a decir.
—No sé Legeremancia, no se preocupen. Anoche...iba a bajar al baño de la planta baja porque él de arriba estaba ocupado, y escuché a tía Muriel hablando con ustedes. Me ganó la curiosidad, y me quedé oyendo.—dijo Ginny, bajando la mirada. Harry admiró a Ginny por su forma de mentir y por la forma como estaba afrontando la verdad.
—Hija, nosotros no...—comenzó la señora Weasley, pero Ginny se acercó a ella y la abrazó, llorando. La familia no sólo miraba la escena, aún sin entender mucho.
—Sé que no tienen la culpa. Ni tía Muriel la tiene; ella hizo lo que pensó mejor para ustedes, y para mi. No me hubiese gustado crecer en un orfanato, o con otra familia.
—Oh, pequeña...—Molly la abrazó con fuerza, y al abrazo se unió el señor Weasley. Era una imagen muy tierna: padres e hija abrazados, unidos, sin importar que su sangre no sea la misma, porque eso al corazón no le importaba.
—Disculpen, pero no entendemos nada...¿qué sucedió?¿Cómo que Ginny no es una Weasley?—preguntó Bill, confundido.
—Una larga historia.—dijo el señor Weasley, secándose las lágrimas de emoción.
Pasaron la mañana oyendo la historia por boca del señor Weasley, ya que la señora Weasley lloraba, con Ginny en su regazo, y abrazada a ella. Ninguno de los Weasley y Hermione podían creerlo. Harry fingió sorpresa ante la noticia, cosa que al parecer, no le salía muy bien, puesto que Ginny se reía de él a escondidas, entre los brazos de su madre.
El episodio fue superado por todos. Los días pasaban, y a nadie le importaba que Ginny no tuviera sangre Weasley en las venas; ella era una Weasley con todas las de la ley, y “una traidora a la sangre con orgullo”, según dijo esa tarde.
Una semana después, los señores Weasley decidieron que ya era hora de ir al callejón Diagon a realizar las compras escolares. Esa mañana, utilizaron la chimenea hasta El Caldero Chorreante, donde los esperaban tres Aurors asignados por el Ministerio: Tonks, Kingsley Sackelbolt y uno que Harry no conocía, y de allí, atravesaron la puerta secreta al callejón Diagon. Este estaba más desolado que la última vez que Harry lo había visto, si eso era posible. La gente andaba en grupos compactos, mirando constantemente sobre sus hombros, y observando con recelos a las personas que pasaban a su lado. Más negocios habían cerrado, y los que se mantenían abiertos eran los que podían pagarle a un mago de seguridad. Y la tienda de los gemelos era una de esas. En la puerta estaba apostado un mago robusto, más parecido a un troll que a un humano, de tez negra, con una túnica del mismo color. Tenía un porte terrible, y a uno no se le ocurriría enfrentarse a él, pero Harry sospechaba que un solo mortífago podría con esa mole; ningún recaudo era seguro contra esas bestias.
—Tengo que registrarlos.—dijo el mago de seguridad de los gemelos, con una potente voz, cuando Harry y sus amigos, junto con Kingsley y Tonks, querían entrar a la tienda de los gemelos, mientras los señores Weasley habían ido a Floriush y Blotts a comprar los libros y las demás cosas, junto al tercer Auror.
—¿Para que?—preguntó, recelosa, Tonks.
—Para estar seguro de que no esconden nada.
—No escondemos nada. Soy Auror, y él también lo es. Además, ellos dos—señaló a Ginny y Ron.—son hermanos de los dueños del negocio.—dijo Tonks, de mal talante.
—Aún asi...
—Aún asi, nada. Déjenos pasar.
—No puedo, señora.
—¡Nos deja pasar ya!—ordenó Tonks.—¡Y soy señorita!
—Es que...
—Ya escuchó a mi compañera. Nos deja pasar.—dijo Kingsley, con su grave voz.
—No puedo, es mi deber...
—Oiga usted, déjenos pasar, o llame a los señores Weasley, pero ¡déjenos pasar!—dijo Ginny de repente, fulminando con la mirada al troll de seguridad.
—Señorita, discúlpeme, pero no...
—¡Que nos deje pasar, le digo!—gritó Tonks de golpe, fastidiada completamente. La puerta de la tienda se abrió, y una cabeza pelirroja se asomó.
—¡Tonks! Me pareció oír tu dulce voz...¿Qué sucede?—preguntó un sonriente Fred.
—Este...este...este señor no nos deja pasar.—dijo ella entre dientes, señalando al troll humano. Kingsley se mantenía sereno.
—J.R., déjalos pasar sin cacheos.—ordenó Fred.
—Pero señor, usted dijo...—comenzó el brujo.
—Pero señor nada, déjalos pasar. Ellos son mis amigos,—señalo a Tonks, Kingsley y Hermione.—ellos mis hermanos,—esta vez señaló a Ginny y Ron. Luego le pasó un brazo a Harry por los hombros.—y este es nuestro socio, cuñado y casi hermano, ¿verdad, Harry?
—Pues...si.—respondió tímidamente.
—¿Ves, J.R.?¡Harry Potter es mi cuñado! En fin, cuñados, amigos, hermanos, entren a mi humilde negocio.—hizo un ademán con las manos, y los demás entraron, dejando atrás a la bestia humana de seguridad.
—Ja, “humilde negocio”.—ironizó Ginny.—¡Esto no es humilde!
El negocio se había ampliado. Había más estanterías y productos que la última vez que habían visitado el local, al igual que de doble de clientes y empleados. Parecía que era el único negocio del callejón que tenía más de diez clientes a la vez.
—¿A todas estas personas cachea ese troll antes de entrar aquí?—preguntó Tonks, mientras Hermione y Ginny estaban interesadas en nuevos productos de belleza.
—Efectivamente.—contestó Fred. George Apareció a su lado, y saludó a todos.
—No pueden hacer eso.—regaño Kingsley.
—¿Por qué no?—preguntaron a la vez los gemelos.
—Porque se supone que el guardia esta por si alguna de estas personas se sublevan, no para registrarlos como si esto fuera el Ministerio.—contestó Tonks.
—Esta bien, Fred, díselo a J.R.
—Enseguida, hermano.
George desapareció con un leve plop, y luego regresó con su hermano para atender a sus clientes. Estuvieron alrededor de dos horas en el negocio, inspeccionando los nuevos artículos, y charlando con los gemelos. Estos intentaron convencer a Harry y Ginny que cantaran delante de los clientes para atraer más personas, pero estos se negaron rotundamente.
Harry y Ron estaban mirando a una caja de polvos pica-pica extra picantes, cuando oyeron un gran alboroto fuera. George miró por entre la ventana, y se acercó a Tonks, que estaba cerca de Harry, y le susurró algo al oído. Esta a su vez, le susurró algo a Kingsley, y los dos salieron del negocio.
—¿Qué habrá sucedido?—preguntó por lo bajo Ron, asomándose a la ventana.—¡Ojoloco y Lupin!—exclamó. Harry se asomó, y comprobó que los dos magos discutían con J. R. Las demás personas parecían ajenas a todo, riendo y mirando los productos de los gemelos. Ginny y Hermione se unieron a ellos, preguntándose que sucedía.
—Miren, ahí viene Fred.—dijo Ginny. Fred se acercó a ellos, y le habló en susurros.
—J.R. estaba discutiendo con Lupin y Ojoloco, que querían pasar.
—¿No le habían dicho ustedes que no tenían que cachear a la gente?—preguntó Ron.
—Si, pero asumo que encontró extraño a Ojoloco.
—Quien no.—murmuró Ron, y Hermione le dio un codazo.—¡Ay! Ya me cayo...
—¿Qué hacen aquí?—cuestionó Harry.
—No lo sé, pero no creo que sea por algo bueno.—los cinco se giraron cuando la puerta se abrió, y entró Tonks. Su aspecto se había endurecido. Se acercó a ellos decidida, y habló con voz firme.
—Fred, necesitamos un lugar para hablar todos en privado.
—Vengan, vamos a nuestro departamento.
Fred los guió hasta la parte trasera del negocio, donde había una escalera, la cual subieron sin pronunciar palabra, con Fred y Tonks encabezando la marcha. Fred abrió una puerta de madera, y entraron a una pequeña sala, apenas decorada, pero con grandes y mullidos sillones marrones, y una chimenea de ladrillos.
—Tomen asiento...—comenzó Fred, pero Tonks le interrumpió:
—No hay tiempo. Deben irse. Al parecer un grupo de mortífagos saben que andan por aquí, y vendrán a buscarlos. Remus ya le ha avisado a los señores Weasley.
—¿Cómo...como saben ustedes que...?—empezó Ron, pero Tonks le interrumpió a él también:
—La Orden tiene sus métodos.—dijo misteriosamente.—Deben ir al Cuartel General, es probable que estén vigilando la Madriguera. Ojoloco y Remus han acompañado a los señores Weasley a la casa, y ellos recogerán sus pertenencias, para reunirse con ustedes en un rato.—Tonks los miró; ninguno se movía.—¿Qué esperan? ¡Muévanse! Deberán ir por polvos Flú. Fred, avísale a tu hermano, ustedes también debes salir de aquí. No te preocupes por el negocio...
—¿Qué sucede abajo?—la cabeza pelirroja de George se asomo en la sala.—¡Kingsley está desalojando el local!
—Si, eso, gracias, George.—este miró a Tonks, intrigado.
—¿Qué sucedió?—repitió el gemelo.—Primero Lupin y Ojoloco, ahora Kingsley esta allí abajo...
—Debemos irnos.—le apuró Fred.—Luego te cuento.
Tonks bajó al negocio, dejando a los jóvenes en el departamento de los gemelos. Estos desaparecieron unos minutos para recoger ropa, que metieron en una mochila, y volvieron junto a los demás, a la vez que Tonks volvía a la sala.
—Bueno, hay algunos mortífagos en el callejón, más bien, una batalla. Se están enfrentando a los Aurors y magos de seguridad de los demás negocios. Es terrible, había bastantes personas en el callejón. Ojoloco y Remus están protegiendo el negocio, para que ustedes puedan irse.
Un golpe sordo, proveniente de la calle se oyó.
—Yo no me quiero ir; quiero ayudar.—dijo Harry de golpe. No iba a dejar que nadie muriera.
—Harry, deja que nos encarguemos nosotros de esto, por favor ve...
—Ellos están aquí por que me buscan. Quiero ir y enfrentarme a ellos.—insistió, con la voz firme.
—¡Harry! No seas cabeza dura...—intentó convencerlo Tonks.
—¡Quiero ir!¡Quiero enfrentarme a ellos de una maldita vez!
—¡Harry!—esta vez no fue Tonks quien habló, sino Ginny, y lo hizo con una voz dura.—Tú eres muy importante en esta guerra. No puedes ir a enfrentarte con los mortífagos. ¿Quién terminará todo el trabajo entonces? Sería muy difícil sin tu ayuda, ¿sabes?¿Quién terminará con Voldemort si no tú? Además, tú no te irás sin mi. Si vas y luchas con los mortífagos, yo te seguiré. ¿Quieres eso?
Fred, George y Tonks miraban sin entender mucho.
—Tú no quieres que yo este en peligro.—continuó Ginny con fiereza.—Asi que decide: o vienes conmigo a Grimmauld Place, o te sigo y lucho con los mortífagos.
Harry miró a Ginny. Sus palabras comenzaban a hacer efecto lentamente en él.
—¿Qué..que dices?—preguntó despacio.
—Lo que escuchaste.—se acercó a él, amenazante, y detuvo su cara a un palmo de la de él, y habló en un susurró audible para todos.—¿Qué harás, Potter? Te advierto que si te vas, nunca más te dirigiré la palabra, y te seguiré y lucharé con los mortífagos, y si muero, quedará en tu mente como una pesada carga por el resto de tu vida.
—Eso es chantaje psicológico, Weasley.—dijo Harry, también en un susurro.—Sabes que no quiero que te hagan daño.
—¿Entonces?¿Irás como un tonto a que te maten?¿Sabías que vuelves a confundir heroísmo con estupidez?
Harry cayó en las palabras de Ginny de golpe.
—Lo siento.—dijo en voz alta.
A pesar de que ninguno de los presentes entendía demasiado que había sucedido entre Harry y Ginny, se pusieron en marcha. Los gemelos les alcanzaron un tarro de polvos Flú; cada uno tomó un puñado del verde polvo, y Tonks encendió la chimenea de la sala.
—Primero las damas.—dijeron los gemelos a la vez. Hermione se adelantó, tiró su puñado de polvo al fuego, y este se volvió verde brillante. Hermione entró, y desapareció al grito de ¡Número doce de Grimmauld Place! Le siguieron Ginny, Ron, los gemelos y Harry. Cuando Harry llegó a la lúgubre cocina del sótano del número doce de Grimmauld Place, se encontró con los demás, algo preocupados.
—Espero que no haya heridos graves.—dijo Ginny, sentándose en una silla, sin mirar a Harry; seguía enojada con este. Los demás le imitaron.
—Espero que no.—dijo Hermione.—Pero al parecer, la Orden estaba sobre aviso, asi que quizá pudieron reunir Aurors y avisarles. Quizá no sea más un ataque mal organizado, si la Orden se enteró antes.
—Es probable.—gruño Harry, aún algo contrariado.—¿Cuánto tiempo tendremos que quedarnos aquí? Odio esta casa.
Ninguno hizo mención alguna al último comentario de Harry.
—Supongo que unos días.—respondió Ron.—Tonks dijo que mis padres recogerían nuestras cosas en casa.
El mal humor de Harry pareció aumentar, y se volvió hosco, callado y taciturno. Esa casa no le traía muy buenos recuerdos. Ir allí por una hora, no le molestaba mucho, pero permanecer en la casa días... Además se sentía impotente por no poder luchar contra los mortífagos. Y con Ginny provocándolo... ¡Maldita sea! Quedarse sentado allí era peor; necesitaba moverse. Se levantó, sin mirar a los demás, y salió del sótano. Fue hasta el salón del primer piso, y se sentó en el viejo, ennegrecido y sucio sofá.
Necesitaba aclarar su mente, clamarse. Ginny tenía toda la razón: estaba confundiendo heroísmo con estupidez por...¿cuánto?¿Tercera?¿Cuarta vez? Que importaba ya... La cuestión es que siempre los hacía... siempre queriendo ser el héroe... siempre terminando mal... ¿Qué iba a suceder cuando se enfrentara a Voldemort? Para enfrentarse a él, indudablemente tenía que hacerse el héroe...¿Sería asi el asunto? Quizá no tenía que hacerse el héroe, sino ser un héroe. Estaba en la misma. De cualquier manera, siempre terminaba siendo el héroe... todo mundo lo creía héroe... ¿Era muy egocéntrico pensar asi? Quizá, pero era la verdad... todos lo consideraban el héroe del mundo Mágico... la esperanza para terminar con Voldemort. Y ni él mismo sentía que podía acabar con él. ¿Cómo le haría?¿Cómo le haría para encontrar todos los Horcruxes que debía destruir?
Revolvió su rebelde cabello, entre desesperado, impotente y frustrado. ¿Qué le depararía el futuro? No podía concebir uno, sin ver una enfrentamiento entre él y Voldemort. No podía concebir uno donde él fuera feliz. Veía todo negro, un túnel sin fin, sin nada...¿Podría ser feliz?¿Podría algún día vivir sin miedo, sin voltear la cabeza constantemente, sin esconder sus sentimiento?¿Podría conocer algún día a su hermana?¿Podría algún día casarse con Ginny, tener hijos y vivir juntos hasta la muerte?
—Harry.
Levantó la cabeza con pesar. Hermione y Ron estaban allí, de pie.
—¿Qué sucede?—preguntó Ron, sentándose a su lado.
—No tengo ganas de hablar.—dijo sin más.
—Mira, Harry.—comenzó Hermione, sentándose a su lado.—Si es por Ginny...
—¡No es por Ginny!—le cortó.—¡Ginny tiene toda la maldita razón!¡Soy un idiota!
—Harry, cálmate.—pidió Ron.
—Es que no puedo calmarme. ¡Argg!—exclamó, desesperado.—Ya, estoy bien.—dijo, cuando Hermione intentó calmarlo.—Sólo necesito encontrar los Horcruxes, destruirlos, matar a Voldemort y todo resuelto, ¿verdad? Es asi de fácil.
Ron y Hermione lo miraban temiendo que hubiera perdido la cabeza. Harry se levantó y comenzó a pasear frente al Árbol genealógico de la familia de Sirius, con las manos detrás.
—Si, es bien fácil. Bien fácil.—comenzó a murmurar, sin detener sus idas y vueltas.—Fácil, bien fácil. Buscarlos, fácil. Encontrarlos, fácil, claro. Destruirlos, igual de fácil.
Iba y venía sin cesar, murmurando todo el tiempo. Hermione y Ron ya temían por su salud mental. No se veía bien. Había un brillo en sus ojos, que estaban como desorbitados. Parecía que su mirada había perdido toda cordura.
—Me da miedo.—murmuró Ron.
—A mi también. ¿Crees que haya perdido el juicio?—preguntó Hermione en un susurro. Harry no había interrumpido su paseo aún.
—¡Merlín! Ojalá que no. ¿Quién terminará con El Innombrable? Quiero decir, nosotros podríamos intentarlo, pero nos haría pedazos de una sola vez. Siempre escapamos por los pelos, pero nunca nos hemos enfrentado a él.—Ron miró con preocupación a su amigo.—No lo veo bien.
—Matar a Voldemort, mucho más fácil. ¿Quién no puede con él? Y asi todo será más fácil sin él, ¿verdad?—Harry seguía murmurando sus incongruencias.—Si, todo será más que sencillo. Todo habrá acabado, para siempre. Y ese misterioso R. A. B. ¿Quién diablos será? Ojalá que haya destruido el medallón. Eso nos daría ventaja. Si, asi sería más fácil.
—¡Ron, tenemos que hacer algo!¡No esta bien!—insistió Hermione, preocupada.
—¿Qué podemos hacer?
—Fácil. Fácil. Todo sería más fácil sin ese maldito monstruo.
Harry se paró de golpe. Estaba transpirado y acalorado. Hermione se acercó despacio y le puso una mano en la frente, más Harry ni lo notó.
—¡Por Merlín!—exclamó Hermione.—¡Arde en fiebre!¡Por eso dice tales cosas!
Harry seguía parado, con la vista al frente, hacía el tapiz. Había dejado de murmurar cosas, y parecía haber recobrado la cordura, pues su mirada estaba en la realidad que lo rodeaba.
—¡Hermione!—dijo de repente.—¡Ron! Ya lo tengo. Ya lo sé.
Los otros dos jóvenes se miraron, preguntándose si había vuelto a decir incoherencias.
—¡Chicos!¡Lo sé, lo sé!¡Ya lo tengo!
—¿Qué tienes, Harry?—le pregunto Hermione.—¿Qué sabes?
Pero Harry cayó al suelo desmayado.
Veía luces danzantes y multicolores, en medio de una oscuridad profunda. Le dolía la cabeza. Sentí que flotaba, pero a la vez, sentía el tacto de algo frío y blando, pero áspero, donde estaba apoyado. Voces difusas y distintas le llegaban de lejos. ¿Qué decían? Intentó escuchar, pero no entendía nada. ¿Qué sucedía?¿Dónde estaba?
*Sus latidos van normalizándose de apoco.*
Una voz de mujer.
*Sólo fue una emoción que le perturbó.*
Una voz de hombre.
No reconocía aquellas voces. Intentó abrir los ojos, más no pudo; los párpados le pesaban toneladas.
*¿Estará bien, entonces?*
¡Esa voz si la conocía!¡Era Ginny! Quiso levantarse, decirle algo, pero parecía que su cuerpo no respondía a sus deseos.
No se preocupe, en cuanto despierte, y luego de algunos chequeos, podrá levantarse.
Ya, Ginny, ven, espera afuera, deja al sanador hacer su trabajo.
Ron.
*Si, Ginny, Harry esta bien, ven, sal.*
Tonks.
Pero...¿y si se despierta y quiere verme?¿Y si se despierta y esta solo?
No te preocupes, Ginny, no estará sólo, esta el sanador.
Hermione.
*Vamos, pequeña, estará bien.*
El señor Weasley.
Pero papá...
¡Ya, Ginevra! Sal de allí, el sanador nos avisara cuando despierte.
La señora Weasley.
Todos estaban allí. Y él sin poder despertarse. Seguramente estaría en San Mugno. ¿Qué había sucedido exactamente? Intentó recordar. El negocio de los gemelos. Tonks preocupada. Mortífagos. Una discusión con Ginny. Grimmauld Place. Miedo, rencor, angustias. Se había sentido mal. Luego comenzó a pasear...no podía recordad que más había sucedido. ¿Cuánto tiempo había estado inconsciente?¿Días?¿Horas? ¡Vamos Potter!¡Tienes que recordar! Algo...había algo que tenía que recordad...algo importante...de vital importancia...¿Pero que era?¡¿Qué era?! Tenía que recordarlo...¿Qué?¿Qué era? Si pudiera abrir los ojos, hablar. ¡Moverse! Si sólo dejara de dolerle la cabeza... Apretó los puños, enfadado, y ladeó la cabeza. ¡Tenía que moverse!
Un momento...
¿Se había movido? Flexionó los dedos de la mano.
¡Se estaba moviendo!
Ahora sólo tenía que abrir los ojos.
Abrió los ojos de golpe. La luz lo cegó unos momentos, y tuvo que volver a cerrar los ojos. Comenzó a abrirlos lentamente. Al principio fue todo blanco. Luego comenzó a ver tonos oscuros. Todo eran tonos oscuros.
—¡Oh!—exclamó la primera voz que había oído.—Ya volvió en si, señor Potter. Como me alegro.
Veía todo nublado sin sus lentes. Se sentó en la cama. ¡Como le dolía la cabeza!
—¿Y... y mis lentes?
Su vos era ronca, y tenía la boca pastosa, como si hiciera mucho que no la usaba. ¿Cuánto tiempo había transcurrido?
—Tome, aquí están.—la mujer que había oído antes le puso las gafas en la mano. Se las colocó, y descubrió que aún estaba en Grimmauld Place. Miró a un costado. Un lienzo blanco reposaba en la pared desnuda. Estaba en el cuarto que había ocupado antes en esa casa. Luego miró al otro costado. Un hombre alto, con un fino bigote, joven y agradable, vestido con un traje negro, le sonreía. A su lado, una mujer rubia, de unos veintitrés años, con una bata verde lima, anotaba algo en unos pergaminos.
—¿Qué...que sucedió?—preguntó.—Casi no recuerdo...
—¿Qué es lo último que recuerda, joven Potter?—preguntó le hombre con una voz grave y agradable, como el hombre mismo. Harry decidió ignorar la pregunta. En realidad, no recordaba nada que valiera la pena.
—¿Quién es usted?—preguntó, por preguntar algo.
—Soy Tomás Beresford, sanador. Y ella es la señorita Sally McQueen, mi sanadora asistente. Trabajamos para San Mugno, pero somos miembros de la Orden.
Harry procesaba la información lentamente. Levantó la mano, y se tocó la cabeza; tenía un vendaje.
—¿Qué me sucedió?—preguntó.—Me duele la cabeza.
—Bien, fue sólo un pico de estrés. Las tensiones y emociones que ha acumulado explotaron, y le afectaron. Y el dolor de cabeza es por el golpe que se dio al desmayarse. Pero no se preocupe, ya ha pasado, está bien. Sólo le recomiendo que este alejado de situaciones que puedan desestabilizarlo de nuevo.—dijo el sanador Beresford.
—Algo imposible.—murmuró Harry. Pero como no estaba para explicarles sus problemas a alguien desconocido, decidió cambiar de tema.—¿Cuánto estuve inconsciente?
—Tres días.—respondió la sanadora McQueen.
—¿¡Tres días!? Estamos a 22, ¿no?
—Exacto.
—¿Y los demás?
—¡Ah! Hay una señorita pelirroja que esta muy preocupada por usted.—Harry se sonrojó.—Se ha pasado todos estos días pegada a usted, llorando.
—¿Puedo verles?
—Claro, pero antes, debo hacerle unos exámenes.
Beresford le examinó por espacio de unos minutos, tomándole el pulso, retirándole el vendaje, colocándole uno más pequeño y le recetó una poción revitalizante cada ocho horas, mientras la señorita McQueen anotaba todo en su pergamino.
—Bien, señor Potter, todo en orden. Llamaré a sus amigos ahora.
El sanador abrió la puerta y se asomó. Harry enseguida oyó la dulce voz de Ginny, con una tonalidad de preocupación.
—¿Y Harry?¿Ha despertado?
—Puede pasar, señorita Weasley, el joven Potter ha despertado.
Ginny entró presurosa. Sonrió ampliamente al ver a Harry, y corrió a abrazarle, llorando. Detrás de ella entraron Ron, Hermione y Tonks.
—¡Ay!—se quejó Harry, cuando Ginny lo abrazó muy fuerte, ya que se golpeó con la cabecera de la cama levemente.
—Lo...lo siento.—tocó el vendaje de tu novio.—¿Cómo estas?¿Te sientes bien?
—Si, sólo me duele la cabeza y no recuerdo muy bien que me ocurrió. ¿Cómo están ustedes?
—Ahora bien.—dijo Hermione.—¡Pero nos tenían preocupados!
—Si, amigo. No sabes, por un momento, pensamos que habías perdido la chaveta...—dijo Ron. Tonks le pegó un codazo.
—Me alegro de que hayas despertado, Harry, nos preocupaste a todos.—dijo Tonks, sonriendo.
—Señor Potter, gusto en conocerlo. Ahora debo irme.—Tomás Beresford le estrechó la mano, luego la sanadora McQueen, y se retiraron del cuarto.
—Harry, perdóname por haberte dicho esas cosas en el departamento de los gemelos.—dijo Ginny, abrazada a él.—Lo siento. No quise decir eso de que si muero...
—Shh.—la cayó él.—No vuelvas a repetirlo. Ya esta, sólo te dejaste levar por el momento.
—Lo siento, Harry, lo siento.—siguió sollozando en su hombro.
—Ya esta, pequeña.—le dio un leve beso, y Ginny pareció calmarse.
Todos se sentaron a su alrededor, y en la cama contigua.
—¿Y los señores Weasley? Me pareció oírlos.
—Estaban aquí hace unos minutos, pero bajaron para hablar con Lupin de no se que ataque de mortífagos, según escucharon Fred y George.—dijo Ron. Tonks le miró de reojo.
—Se supone que no pueden saber esas cosas. Se lo haré saber a tu madre.—dijo, a modo de regaño.
—Oh, no, por favor, Tonks. No nos puedes hacer eso.—suplicó Ron.—Ahora somos tus alumnos predilectos, ¿verdad? No puedes hacerle eso a tus preferidos.
—Vamos Tonks, si le dices nos mantienen desinformados.—comenzó Ginny.—Además, no puedes llamar a mi madre cada vez que nos portemos mal. Debes aprender a poner castigos y sacar puntos.
—En el colegio, será *profesora* Tonks, ¿entendido? Está bien, esta se las perdono. Por lo menos ya los conozco, sé casi todas sus mañas.
—Yo dudaría que nos conozcas tan bien, Tonks. No sabes de lo que somos capaces cuando queremos.—dijo Ron, riendo.
—O cuando estamos en apuros.—completó Hermione, riendo también.
—¡Oh!—exclamó Ginny de repente.—Estamos en apuros...—dijo, como recordando algo.
—¿Qué dices, Ginny?—preguntó Ron.
—Que Harry y yo estamos en apuros. O por lo menos yo...
—¿Qué sucedió?—preguntó Harry, mirando a su novia.
—Mamá y papá se enteraron de que estamos saliendo.—dijo en un susurro.—Yo estaba muy preocupada por ti, y bueno, no puede disimular. Ellos me preguntaron que sucedía...y les conté. Olvidé decírtelo.
—Me parece bien. Ya te dije que no quería mentirles a tus padres.—aprobó Harry.
—Si, le aclaré que la idea de no decirle nada de lo nuestro es mía. Pero le dije que comenzamos a salir al otro día que volvimos de el Valle de Godric.
—¿Y eso por qué?
—Porque puede pensar que... tu sabes, lo que Ron no quería que sucediera si dormíamos juntos.
—¡¿Durmieron juntos?!—exclamó Tonks.—¡Irresponsables!¿Qué hicieron?
—¡Tonks!¡No seas tan dramática!—Ginny se puso de pie.—No hicimos nada más que dormir. Hermione y Ron también durmieron juntos.
—Hey, no nos metas a nosotros en esto.—dijo Ron, contrariado.
—Bueno, le dije eso para que no piense mal. Terminó la cuestión.—sentenció Ginny.—Y no le cuentes nada a mis padres, Tonks, ¿no lo harás, verdad?
—No, claro que no.—dijo luego de suspirar.—Pero no quiero encontrar a ninguno de los cuatro en ningún armario de escobas del castillo.
—Prometido.—respondieron los cuatro a la vez, más ninguno lo dijo con intenciones de cumplir.
Pasaron el día en el cuarto, junto a Harry. Tonks se había marchado, porque según ella, todavía tenía que planear las clases de quinto, sexto y séptimo. La señora Weasley no mencionó el noviazgo de Ginny y Harry, cuando llegó al cuarto, para saludar a Harry, y luego para subirles a los cuatro una bandeja con el almuerzo, pero se mostró en exceso cariñosa con Harry. Los gemelos pasaron por la tarde, a saludar a Harry. Según le pudieron averiguar con las orejas extensibles, el ataque era para secuestrar a quien encontraran, no iban por una presa en concreto. Sólo atraparon a un mortífago, novato, que sabía muy poco del ataque, y tenía la orden de secuestrar a cualquier Weasley que encontraran, lo más probable, para atraer a Harry.
Harry se sentía culpable de que su complejo de héroe hubiese causado que ahora no pudieran estar en la Madriguera, pero tenía cosas más urgentes en que pensar. O mejor dicho, recordar. Le habló de ello a Ron y Hermione, mientras Ginny había bajado a llevar la bandeja de la cena. Le pidió a Hermione que le recordara lo que había sucedido cuando llegaron del callejón. Hermione le contó todo como pudo, y él se quedó pensativo.
—¿Me quedé parado, mirando el tapiz de la familia de Sirius?—preguntó. No entendía que tenía de interesante ese tapiz. Sirius lo odiaba, como odiaba todo en aquélla casa, incluida la casa. Intentó recordar que le había atraído de ese tapiz.
—¿Me puedes repetir nuevamente que dije?
—Dijiste que lo tenías, que ya lo sabías.—repitió Hermione por décima vez.—Quizá no tiene nada que ver el tapiz; quizá sólo lo veías sin verlo realmente. Pero parecías estar conciente de lo que decías, no como cuando murmurabas que todo sería más fácil...
—Tengo la sensación de que el tapiz si tiene algo que ver. ¡Si pudiera recordarlo!
—¿Y por qué no bajamos?—propuso Ron.—Veamos que hay de interesante en ese tapiz.
—Bien pensado, Ron.
Harry se levantó, con los pies entumecidos, y bajó junto a los otros dos. Encontró a Ginny subiendo, le explicaron la cuestión, y ella se volvió y siguió con ellos. Fueron a la sala del primer piso, y contemplaron el tapiz.
Los ojos de Harry recorrieron a la familia de Sirius.
*Sirius II se casó con Hester Gamp, y tuvieron a Arcturus Black, que se casó con Melania McMillan. Estos tuvieron dos hijos: Lucretia Black (Que se casó con Ignatius Prewett) y Orión Black, que se caso con Walburga, que a su vez tuvieron dos hijos: Sirius Orión Black y Regulus Arcturus Black.*
No había nada que le importara.
Allí terminaba la familia.
Los dos últimos hijos habían muerto.
*Sirius Orión Black y Regulus Arcturus Black.*
¡Un momento! Comenzaba a recordar algo...
Regulus Arcturus Black
R. Arcturus Black.
R. A. Black.
R. A. B.
Holass!!!! Que tal?? Bueno, se develó el gran misterio...Jaja!! Todo el mundo piensa que R.A.B. es Regulus Arcturus Black, y más desde que JKR reveló el árbol genealógico de los Black. Y hablando de ese árbol, de allí saque todo ese parentesco que lee Harry, no es invención mía. Ese árbol genealógico me encantó: ¿sabían que el tío abuelo de Harry es el abuelo de Sirius? ¿Y que Sirius y Harry comparten los mismo bisabuelos, Harry por parte de padre, y Sirius por parte de madre?¿Y que una de las primas de James Potter es la madre de Sirius?¿Y otro de los primos de James es el abuelo de Draco, y padre de Narsisa, Bellatrix y Andrómeda?¿Y que Harry vendría a ser algo asi como primo tercero de Tonks? Es interesantísimo el árbol, están todas las familias mezcladas,: los Longbottom, Malfoy, Potter, Black, Bulstrode, Prewett, Flint, McMillan, Crabbe, Crouch. Y otros que creo que no se han mencionado en los libros.
Bueno, no crean que ahí quedó el asunto de que Ginny no es una Weasley. Todos lo aceptaron, pero Hermione, como su gran inteligencia, y unos curiosos datos que ella desconoce y que le proporciona Ginny, va a empezar a revolver el pasado, para abrir heridas (sin querer) algo grandes, pero curables, no se preocupen, aunque tarden tiempo.
En el próximo capítulo **“La historia de Regulus Black: cuestión de sangre”**, vamos a conocer lo que Regulus tenga que contar sobre los Horcruxes de Voldemort.
Me voy yendo, pero antes aprovecho para desearle un muy feliz cumpleaños a JKRy a Harry, si es que ha sobrevivido a la guerra, cumpliría 26 años...¡¡¡Y estaría casado con Ginny, viviendo en el Valle de Godric., sería Jefe de Aurors y estaría postulado para Ministro de la Magia...!!!(Todo eso último lo inventé, jeje!!) Tambien a Neville, que los cumplió ayer, y no olviden que el 11/8 es el de Ginny!!!
Ah!! Pasen por mi Flog: **http://fotolog.terra.com.ar/ailen_83** y fírmenlo!!!!!!
Besos!!!
Review!!!
Lali Black