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Historia 22081 — capítulo 13

Dedicado a Norberto W. Sugasti, alias Nino, el mejor abuelo postizo que tuve, y al que quería mucho. Q.e.p.d.

Capítulo 11: Esas locas ideas extrañas

“Nunca quise tanto

a nadie como vos

y es por eso que empiezo a dudar

si seremos hermanos que nos separaron

y nosotros sin saberlo

nos volvimos a juntar...”

“Nunca quise”

Intoxicados

—“...su mayor temor es la muerte. Su talón de Aquiles. R. A. B.”—terminó Harry, cerrando el libro de golpe.—No ha escrito más que estas cinco páginas.—concluyó con una amargo ademán, dejando el libro a un lado.

—Bueno...algo es algo, ¿no?—dijo Ginny tímidamente.

—Si, algo es algo. Por lo menos nos ha aclarado que el Horcrux desconocido es de Ravenclaw.—dijo Hermione ladeando la cabeza.—Y donde puede estar la taza de Hufflepuf...

—Ja, y va a ser facilísimo encontrar un objeto de Ravenclaw.—dijo Ron con ironía.—Este Regulus fue un inútil. ¡Infiltrarse en los aposentos del Innombrable y olvidarse una hoja! Si haces algo, termínalo.

—Bueno, un error lo comete cualquiera.—objetó Hermione.

—Ahora debemos encontrar algo de Ravenclaw.—Harry se llevó las manos a la cabeza.—Y el lugar donde esta la taza de Hufflepuf. Si Dumbledore estuviera vivo...él bebió esa poción, el sabía donde estaba la taza...Más difícil no podía ser.

—Piensa que es un paso que hemos avanzado. O varios. Ya hemos descubierto a R. A. B., sabemos que el medallón fue destruido y que el Horcrux desconocido es de Ravenclaw. Avanzamos mucho en pocos días.—Ginny hizo una pausa y pasó una mano por los hombros de su novio.—Vamos, no te pongas asi...vas a ver que vamos a vencer...

—No sabemos si el medallón fue destruido.—dijo Harry.—No dice si llegó a destruirlo. ¿Y si murió antes de hacerlo?

—Quizá sea asi.—opinó Ron.—Espero que quien lo haya matado no haya encontrado el Horcrux.

—¿Dónde puede estar?—Hermione se cruzó de brazos.—Hay tres opciones: los destruyó antes de morir, lo tiene su asesino o se perdió en algún lugar.

—Que ayuda.—murmuró Harry.—Dejémosle por hora en que lo destruyó, ya veremos más adelante.

Dos horas más tarde, los cuatro bajaron a la cocina del sótano, luego de dejar a buen recaudo el diario de Regulus Black, y se sentaron a la mesa, que ya estaba ocupada por el señor Weasley, los Gemelos, George, Bill y Fleur. La señora Weasley terminó de servir la comida, y cada uno se sirvió a gusto, y la charla comenzó crecer en torno de ellos. Ya estaban a punto de terminar el postre, cuando el señor Weasley, que estaba sentado en la cabecera de la mesa, a dos asientos de Harry, le habló:

—Harry, hijo, me gustaría hablar contigo y con Ginny luego, ¿podría ser?—preguntó amablemente.

Harry tragó en seco.

—Cla...claro, ¿verdad, Ginny?—preguntó nerviosamente.

—Si, seguro, papá.—contestó esta, con un ligero temblor en la voz, pero más segura de si misma que Harry.

El estomago de Harry se había cerrado. Miró a Ginny, y esta sonrió nerviosamente. Había olvidado que los señores Weasley ya sabían de su noviazgo con Ginny, y le parecía raro que no hubieran dicho nada al respecto. Pero ahora debía enfrentarse a sus suegros.

El postre acabó, y todo el mundo comenzó a subir a sus cuarto, y los gemelos se fueron a su departamento. Ron y Hermione les desearon suerte con la mirada antes de subir cada uno a su cuarto. Al fin quedaron solos los señores Weasley y Harry y Ginny.

—Bien, deseaba hablar con ustedes.—comenzó el señor Weasley.—Ginny me contó que ustedes dos están saliendo, ¿verdad?—Harry y Ginny asintieron.—Bien, quería decirles algo...

—Papá—dijo Ginny suplicante.—Ya estoy grande.

—Lo sé hija, pero yo te sigo viendo como mi pequeña niña...—al señor Weasley se le cristalizaron los ojos, y a la señora Weasley se le cayó una pequeña lágrima, que retiró con una mano.

—Mamá, papá, por favor...—insistió Ginny. Harry sintió que debía decir algo, ¿pero que? No se le ocurría que decir, pero no quería quedarse callado.

—Yo...yo...yo quiero mucho a Ginny...—comenzó Harry indeciso, pero cambió la voz, haciendo acopio a su valentía Gryffindor, por una más segura.—La quiero de verdad. No le voy a hacer daño, no sería capaz...

—Lo sabemos, Harry, querido...—le interrumpió la señora Weasley.

—Si, y por eso nosotros queremos darle nuestra bendición.—el señor Weasley tomó una mano de cada uno, y las unió entre las suyas.—Que sean muy felices.

La señora Weasley puso una de sus manos sobre las de su marido, y sonrió.

—Muy felices. Sabemos que no querían decirlo antes...

—Mamá, yo fui quien no quiso decirles, lo siento.—dijo apenada Ginny.—Harry no tiene nada que ver.

—Lo sé, hija. Pero me alegro que por fin lo hayan hecho.

—Bueno,—dijo Ginny, bajando la mirada.—a decir verdad, si Harry no se hubiese desmayado y yo no hubiese estado tan preocupada por él, no se hubieran enterado nunca.—admitió con culpa.—No es que no confiara en ustedes, pero tenía miedo de que no me dejaran salir con él...

—Te entendemos hija, hace mucho tiempo tuvimos su edad, y nos pasaban las mismas cosas, aunque no lo crean.—el señor Weasley se quedó con la mirada perdida, como recordando algún buen momento. Volvió en si sonriendo.—No se preocupen, aceptamos su relación, pero pongo sólo una condición.

—¿Cuál, señor Weasley?—preguntó Harry, más calmado, sus nervios disipados.

—Que me llames Arthur.—respondió sonriendo.

—Y a mi Molly.—dijo la señora Weasley llorando.

—Gracias, mamá, papá.—dijo Ginny, y les dio un abrazo.

—Gracias, señores...digo, Molly y Arthur.—dijo Harry, levantándose junto a Ginny. Le costaba llamar a sus suegros por su nombre, pero se acostumbraría. La señora Weasley se sonó muy fuerte la nariz, y junto a su marido, hizo algo que Harry no esperaba: lo abrazaron. Harry sintió que algo cálido se apoderaba de él. Una gran emoción lo embargó, y le costó trabajo contener las lágrimas. Abrazó a los señores Weasley con la misma intensidad que lo hacían ellos. Necesitaba un abrazo asi, de personas a las que consideraba como unos padres. Cuando se soltaron, ambos adultos estaban llorando, y a Harry le faltaba poco para hacerlo también.

—Te queremos mucho, Harry.—dijo el señor Weasley.—Eres como un hijo más para nosotros.

—Harry, hijo, estamos muy contentos de tenerte aquí. No olvides que esta es tú casa.—dijo la señora Weasley, secándose las lágrimas.

—Gra...gracias.—dijo Harry, con un nudo en la garganta.

Minutos más tarde, Harry y Ginny se encontraban frente al cuarto de los muchachos. Los dos estaban abrazados, en silencio, disfrutando el uno del otro.

—Te emocionaste, ¿verdad?—preguntó Ginny, mientras estaban abrazados.

—Si.—admitió, pasando una mano por el cabello de ella, que tanto le gustaba.—Quiero mucho a tus padres. Todos son como una familia para mi, les debo muchas cosas, son como mis padres.

—Menos mal que no lo son de verdad, sino seríamos hermanos.—dijo ella, riendo ante la idea.

Y otra vez, de la nada, un sentimiento de deja vú se apoderó de él. Se separó bruscamente de Ginny, y la miró a los ojos. Su cara mostraba confusión ante la repentina brusquedad de Harry.

—¿Qué te sucede?—preguntó ella, entre alarmada y enojada.

—No digas más eso.—pidió él bruscamente.—Por favor.—agregó, suavizando la voz.

—Esta bien.—asintió ella, pero sin entender el porqué. Antes había ocurrido lo mismo, ella había dicho que podría ser su hermana, y Harry había reaccionado igual. ¿Qué le sucedía? Ginny decía la verdad: podrían ser hermanos si ciertas circunstancias se dieran, pero los dos sabían perfectamente que no eran hermanos, ¡Que disparate! ¿Ellos, hermanos?—No entiendo que te sucede, pero si no quieres que lo digas, no lo diré.

—Perdóname, Ginny. No sé que me pasa...cuando dices que podemos ser hermanos...siento algo dentro...es inexplicable...los siento, no sé... Te quiero demasiado, y cuando dices eso, me hace pensar que algo malo ocurrirá y nos separará...

—Esta bien, Harry. No te preocupes, no podemos ser hermanos, en incoherente. Y nada va a separarnos, nunca más.

—Lo siento.—Harry le dio un beso a su novia y abrió la puerta de su cuarto.—Buenas noches, Ginny.

—Buenas noches, Harry.—respondió Ginny a la puerta ya cerrada.

Ginny giró y subió un tramo más de escaleras, hasta el cuarto que compartía con su cuñada y amiga. Hermione no estaba dormida aún, sino que leía sentada en la cama, con una vela prendida a su lado.

—¿Y bien?—preguntó esta, dejando el libro a un lado.—¿Qué sucedió con tus padres?

La muchacha pelirroja le contó todo lo que había sucedido con sus padres en la cocina, y también la reacción de Harry, minutos antes.

—¿Dices que piensa que son hermanos?—preguntó intrigada.

—No lo dijo asi...eso es lo que entendí yo de lo que dijo él. No podemos ser hermanos, es una tontería. Dumbledore dijo que su hermana ya la conocería pronto, que él estuvo en contacto con los padres adoptivos de Sophie. Lily y James no podrían ser mis padres.—concluyó Ginny.

—¿Sophie? ¿Por qué le llamas asi?—preguntó extrañada.

—Bueno, ese era el nombre que pensaban ponerles los padres de Harry. Me muero por conocerla.—agregó con ánimo.—Nacimos el mismo día, del mismo año y del mismo mes. ¡Y hasta en el mismo hospital! ¿Lo sabías?

—No.—dijo Hermione, frunciendo el entrecejo, repentinamente pensativa. Una idea un tanto extraña, pero intrigante se formó en su cerebro. Sacudió la cabeza levemente, para apartar esa repentina idea, pero esta parecía haberse afirmado a ella, como esperando ser confirmada o descartada.—Pero es extraño...—murmuró luego.

Ginny se cambió a su pijama, y se acostó en la cama contigua.

—¿Apago la vela?—preguntó Ginny a su amiga, desde los pliegues de sus sábanas.

—No, estaré despierta un rato más.—contestó sin mirarla, todavía sumida en sus pensamientos.

—Esta bien, pero apágala antes de que venga mi mamá.

—Como quieras.

Ginny se quedó dormida casi al instante, pero Hermione permaneció despierta por casi una hora más, hasta que sintió pasos en la escalera. Apagando la vela, se acostó entre sus sábanas, para intentar dormir. Pero sus pensamientos y apresuradas conclusiones seguían dando vueltas en su cabeza. ¿Sería posible...?No, que tontería. ¿Cómo podía pensar eso?

Seis días faltaban para regresar a Hogwarts. La señora Weasley insistía en que prepararan su baúl con tiempo, y fueran poniendo en él las cosas que no iban usando, para que llegado el 1° de septiembre no estuvieran corriendo, buscando las cosas a último momento, como era habitual, cada año. Pero ninguno de los adolescentes le hacían caso. O por lo menos, no Ginny, Ron y Harry, porque Hermione había cumplido los pedidos de la señora Weasley al pie de la letra.

Aún seguían en Grimmauld Place. Según lo que habían podido escuchar de las reuniones de la Orden, los mortífagos seguían buscando a los Weasley y a Harry Potter, que habían desaparecido misteriosamente, salvo por el patriarca de la familia y los cinco hijos mayores, que iba a trabajar a sus respectivos lugares, aunque uno de ellos no vivera con la familia. Percy no había vuelto a hablar con ningún Weasley desde la Navidad pasada.

Y Hermione, desde la noche anterior, se había vuelto muy pensativa y retraída. Los cuatro adolescentes habían iniciado con las tareas de vacaciones que les habían dejado los profesores de Hogwarts, pero Hermione se quedaba mirando el infinito y jugando distraídamente con la pluma, en vez de seguir dictando las redacciones que les había dejado el profesor Slughorn.

—Hermione...—llamó Harry.—Hermione, ¿me escuchas?

La aludida siguió con la vista perdida.

—Hermione...—llamó ahora Ron.—Mi vida, ¿me oyes?—Hermione no respondió.—¡Hermione!¡HERMIONE!

La chica dio un respingo, y miró asustada a sus dos amigos, con los ojos muy abiertos.

—Lo...lo siento...—se disculpó inmediatamente.

—¿En que pensabas? Nos dictas algunas palabras y te quedas en la Luna de Valencia.—dijo Ron, preocupado por su novia.

—Pensaba en algo...—contestó en un susurró, y luego agregó en voz más clara y fuerte.—Ron, ¿crees que tus padres me dejaran salir por un día a visitar a mis padres?

—Seguro Hermione. Quizá te manden a alguien para que te cuide en el día...

—¡No!—dijo bruscamente ella.—Digo... a mis padres les molestaría que alguien nos siguiera, aunque estuviera invisible. Quiero verlos antes de volver a Hogwarts.

—Supongo que tendrás que hablar con Molly.—dijo Harry, sin dejar de escribir un fragmento del libro Preparación de Pociones Avanzadas, propiedad de Ron, ya que el de él estaba en la sala Multipropósito.

—¿Molly?—preguntó Ron extrañado.—¿Desde cuando llamas a mi mamá por su nombre?

—Ah, no te conté todo lo que sucedió anoche...tus padres me dijeron que los llamara por sus nombres.—contestó, tachando una palabra mal escrita con su pluma.

—Ja, Hermione, creo que Harry es el preferido...—dijo Ron burlonamente.—A ti no te dijeron que los llamaras por su nombre...

—No importa, Ron, yo quiero igual a tu padres. Además, Harry se gana ese derecho por ser el único yerno de la familia. Yo vendría a ser...—fingió estar pensando, y luego apuntó Ron con su pluma.—...la sexta nuera si todos tus hermanos tuviera novia...pero por ahora soy la segunda...

—Ya ves lo que se sufre ser último.—dijo Ron.

—A mi no me molesta.—contestó lacónicamente ella.

—Tú porque eres perfecta en todo lo que haces.

—Si tú te lo propusieras, saldrías airoso en todo.

—No si tus hermanos mayores ya lo han hecho antes.

Harry, previendo una discusión, cerró el libro, y miró a sus amigos.

—Eso no importa. Puedes destacarte también.—contestó Hermione.

—¡Pero ya no tiene gracia cuando lo han hecho antes!—las orejas de Ron estaban rojas, lo que indicaba peligro, y Hermione lo miraba con enojo.—No tiene gracia ser prefecto cuando ya lo han sido Bill y Percy antes... No tiene gracia ganar los campeonatos de Quidditch cuando ya lo han hecho Charlie, Fred y George...

—¡No tienes que gritar! Además, tus hermanos—bajó la voz y se acercó a él.—no han luchado contra mortífagos y han salido tan airosos como tú. Mira a Bill, tú le has ganado, has salido ileso, mientras que él es medio hombre lobo.

—Sólo tuvimos suerte, literalmente. Por el Felix Felicis.—masculló, cruzado de brazos.

—Si, pero has salido airoso en otros ataques de mortífagos sin Felix Felicis.—replicó ella.

Ron no dijo nada más, pues no tenía argumentos para las verdades de Hermione. Ella sonrió con autosuficiencia, y siguió escribiendo en su pergamino. Harry negó levemente con la cabeza. Sus amigos no cambiarían más, ni aún de novios dejaban de pelear.

Esa noche, luego de la cena, Hermione consiguió, con bastantes súplicas, que los señores Weasley, y Lupin (Que afortunadamente para Hermione se había quedado a comer con Tonks) la dejaran salir sin escolta al día siguiente.

—Pero prométenos que te cuidarás.—pidió por enésima vez la señora Weasley.

—Lo haré, no se preocupen.—respondió ella, también por enésima vez.

—Recuerda que te pasaré a buscar y te acompañaré hasta la puerta de tu casa.—dijo Tonks.

—Si, lo recuerdo, gracias.

Hermione se dirigió a su cuarto, y preparó una pequeña mochila con lo que se llevaría al día siguiente, ya que sólo se quedaría por dos días en la casa de sus padres. Los extrañaba, y ellos a ella, pero la entendían que la magia era su mundo, y que se sentía mejor en él. Tenía ganas de verlos, aunque ese no fuera el verdadero motivo de su visita.

Ginny llegó al cuarto, algo sonrojada y acalorada, acomodándose el cabello, que lo traía desordenado.

—Hola, Hermione.—dijo risueña, mientras tomaba su pijama.

—¿Dónde has estado?—preguntó perspicaz su amiga, introduciéndose en la cama.

—Con Harry.—dijo ella, con la misma voz soñadora.—¿Sabías que hay un armario muy amplio en el tercer piso?—agregó con una pequeña risita.

—Oh, Ginny, ¿y si Ron o tus padres te descubrían?—preguntó preocupada.

—Ron ya estaba profundamente dormido, y tú estabas con mis padres. No iba a suceder nada.—dijo ella sin importancia.

—Ginny, igualmente...

—Ya, Hermione, deja de ser tan mojigata.—Hermione arqueó las cejas.

—¿Por qué me dices eso, Ginny? Yo sólo trato de que no te metas en problemas.—contestó dolida.

—Lo siento Hermione, pero no me gusta que se metan en mi vida, y menos entre Harry y yo.—dijo con dureza, acostándose en la cama.—Perdimos gran tiempo de no estar juntos, quiero recuperarlo.

—Lo siento.—musito, mientras su amiga se cubría con las sábanas.

A la mañana siguiente, Ron fue el primero en levantarse. Harry sintió movimientos en el cuarto, y abrió los ojos, somnoliento. Aunque algo nublado, divisó a Ron, ya vestido, intentando tender su cama con la varita. Las sábanas se agitaban a centímetros del colchón, para caer tan desordenadas como antes. Se sentó en su cama, poniéndose sus gafas, y miró a su amigo.

—¿Pretendes quemar las sábanas?—preguntó.

—Gracioso.—dijo irónicamente Ron.—Quiero tender la cama.

—¿Por qué te has levantado tan temprano?—preguntó, mirando su reloj, que marcaba las nueve y media.—Bueno, es temprano para ti.

Ron se sonrojo.

—Es que...yo no...no quiero...

—No quieres que Hermione se valla sin despedirse de ti, ¿verdad?

—Si...—dijo tímidamente.

—No te preocupes, Hermione no se iría sin despedirse, ni de ti ni de nadie.—contestó. Ron, visiblemente más calmado, se sentó sobre su todavía desarmada cama.

—Tienes razón, gracias.—dijo, luego de un suspiro.—¿Puedes?—preguntó, señalando la cama. Harry sonrió y levantó su varita, tomándola de la mesa de noche, y la agitó en el aire, sin pronunciar la encantación. Desde que había cumplido la mayoría de edad, estaba dominando los hechizos no verbales. Las sábanas se alzaron en el aire, se estiraron y se colocaron limpiamente sobre la cama, acomodándose en los costados del colchón. Ron lanzó una exclamación de asombro.

—Debo aprender a dominar esos hechizos.—dijo, más para si mismo.

—Pídele a Hermione unas clases privadas.—dijo Harry, riendo.—Creo que no se negará a ayudarte.

Ron río, y comenzó a vestirse, mientras Harry se desperezaba. Alguien golpeó la puerta, cuando Ron ya estaba completamente vestido.

—¿Están decentes?—preguntó la voz de Ginny.

—Si. Pasa, Ginny.—concedió Ron. Harry seguía en la cama, intentando lustrar con cuidado su varita con las sábanas. La cabeza pelirroja de Ginny se asomó por la puerta entreabierta y miró al interior del cuarto.

—Hermione se marcha en media hora.—anunció.—¿Van a bajar?

—Enseguida, hermana.—dijo Ron.

—Ahí vamos, Ginny.

Esta sonrió a su novio y a su hermano y cerró la puerta. Bajó las escaleras tarareando distraídamente la canción muggle que había cantado junto a Harry. Estaba feliz. A pesar de la guerra, que estaba presente todo el tiempo, podía decir que era relativamente feliz. Tenía un novio al que amaba, por el que había luchando mucho y durante muchos años, lo que hacía más fuerte su amor hacía él. Era afortunada por haber crecido con la familia Weasley. A pesar de no tener su sangre, era su familia, y había crecido llamando papá y mamá a Molly y Arthur, y hermanos a Bill, Charlie, Percy, Fred, George y Ron. Ser bruja era un extraordinario don con el que había sido bendecida. ¿Tendría la vida que tenía si no fuera bruja? Quizá si. O tal vez no. Pero, como siempre se decía, no valía la pena pensar en las consecuencias de hechos que no habían ocurrido. Estaba bien con su presente, y no quería pensar en nada más.

Cuando llegó a la cocina, encontró a Hermione sola, terminando de desayunar. Detrás de Ginny, llegaron Ron y Harry. Ron saludó a su novia con un pequeño beso en la mejilla, pero Ginny le dio a Harry un profundo beso en los labios. Hermione miró con cierta envidia a Harry y Ginny, besándose. Ron pareció notar la repentina envidia de Hermione, y se apresuro a separar a su mejor amigo de su hermana, incómodo de tener que besar de esa manera a Hermione delante de Harry y Ginny.

—Ejem.—tosió Ron, y Ginny y Harry se separaron, sonriendo.

—¿Qué pasa, hermanito?—preguntó Ginny, de mal talante.

—No se besen delante de mí.—dijo, sentándose a la mesa.

—Ronald, no comiences.—advirtió su hermana.—Buenos días, Hermione.

—Buenos días a los dos.—saludó esta.

Harry y Ron desayunaron, mientras las chicas los miraban. Al terminar, bajó la señora Weasley, a la vez que llegaba Tonks, por la chimenea.

—Hola querida, ¿quieres desayunar?—ofreció la señora Weasley.

—No, gracias, Mollly, ya desayune. ¿Lista, Hermione?—dijo Tonks, sonriente.—¿Estoy bien? Pienso pasar por una tía empresaria.—agregó. Esa mañana era una mujer de unos cuarenta años, bastante delgada, y con largo cabello castaño y ojos color miel. Vestía con ropa muggle: una falda recta de mezclilla y un saco, con tacones altos. Parecía más bien la secretaria de algún político que una “tía empresaria”.

—¿Por qué no mi mamá?—preguntó Hermione, levantándose de la silla.

—Porque soy muy joven para ser madre, aunque tenga la apariencia de una mujer de cuarenta años.—sonrió.—¿Nos vamos, Hermione?

La muchacha se despidió de todos, y partió con Tonks por la puerta principal. Las dos mujeres salieron a la fría mañana, y caminaron hasta la esquina.

—Bien, Hermione, ¿quieres Aparecerte o tomar un taxi hasta tu casa?—preguntó Tonks.

—Creo que Aparecerme, quiero aprovechar el tiempo.

—Esta bien. Allí enfrente ahí un terreno baldío, podemos desaparecer allí. ¿Puedes hacer una desaparición conjunta? Porque no sé donde está tu casa.

—Me parece que si.

Cruzaron al terreno baldío, y Hermione tomó el brazo de Tonks. Se concentró profundamente. Destino... Determinación... Deliberación... Sintió pasar por un tubo muy estrecho, mucho más que cuando hacía una desaparición normal. La sensación sólo duró unos segundos, y cuando abrió los ojos, estaba en un callejón de un tranquilo barrio de las afueras de Londres.

—¿Llegamos?—preguntó Tonks.

—¡Si!—contestó animadamente Hermione. Ahora sabía que podía hacer desapariciones conjuntas como hacia Harry. Porque aunque nadie lo creyera, Hermione Granger, una de las alumnas más brillantes de Hogwarts, sino la más, le costaban las desapariciones conjuntas. Reconoció aquel callejón como uno que estaba a una cuadra de su casa.—Mi casa está aquí a la vuelta.

Caminaron hasta la casa de Hermione, que era bastante grande, y muy pintoresca.

—Mis padres no saben que venía. Espero que estén en casa.

Hermione tocó el timbre, y a los minutos, una mujer alta, de peleo castaño, con una bata blanca, salió a atenderlas.

—¡Hermione!—gritó, antes de llegar a la verja. Abrió la puerta y le dio una abrazo a la chica.

—¡Mamá, te extrañé!—dijo Hermione, abrazando a su madre.

—Yo igual, hija. ¿Estas de visita, verdad?

—Si, mamá, en unos días vuelvo al colegio. Ella es Nymphadora Tonks.—presentó Hermione a la mujer que los acompañaba.

—Dígame Tonks, por favor. La necia de mi madre no me eligió un nombre adecuado.—sonrió Tonks.

—Gracias por acompañar a mi hija, señorita Tonks.

—No es nada. Hermione, mañana por la tarde te paso a buscar.

—Esta bien, Tonks. Mándale saludos a todos.

Tonks se encaminó nuevamente al callejón, mientras Hermione entraba a su casa con su madre.

—¿Te quedarás esta noche?—preguntó la señora Granger.

—Si, mamá. Mañana en la tarde vuelvo a casa de Ron.

Madre e hija entraron a la casa.

—Tu padre está atendiendo en el consultorio.—comentó la mujer.—Viene en unos minutos. Ve a tu cuarto y deja tus cosas.

Hermione subió a su cuarto, mientras su madre entraba al consultorio odontológico que estaba en la casa. Su cuarto era la segunda habitación, pero no pasaba mucho tiempo allí. La mayoría del tiempo vivía en Hogwarts, y cuando llegaban las vacaciones, no estaba más de un par de semanas en su casa, y luego iba a la Madriguera o Grimmauld Place. Asi que su cuarto seguía decorado como cuando era pequeña, y nunca se había molestado en cambiarlo. Todo estaba en orden, y dejó su mochila sobre una silla, para luego bajar a la sala. Su padre salía del consultorio en ese momento.

—¡Hermione, hija!—saludó el señor Granger.

—¡Papá!¡Te extrañé!—padre e hija se abrazaron.

—Hoy tenemos mucho trabajo tu madre y yo. Espero que no te importe que no estemos mucho contigo.—dijo el señor Granger con pena.

—No te preocupes, papá. Quizá vaya a pasear por Londres, o a ver mi viejas amigas.

Era eso lo que en realidad quería Hermione. Quería un tiempo a solas para hacer algo que venía pensando hacia unos días, algo que quizá no era de su incumbencia, pero que tenía que saber, y que podría traes consecuencias, como no. Ojalá no fuera lo que pensaba, y ojalá nada de lo que su mente se negaba a aceptar se cumpliera.

Que tal?? Bueno, espero que este capítulo no les haya gustado. Porque a mi no me gusto, la verdad. No pasan muchas cosas interesantes, por no decir nada, pero bueno, era un capi de transición, y creo que era necesario.

Perdonen por la tardanza, pero me ocurrieron miles de cosas, buenas y malas y tengo exámenes día por medio, y miles de compromisos, e hice este capi en dos días. En realidad, en uno, porque lo empecé un día, pero lo terminé al otro, y me costó cinco horas frente a la pantalla. ¡Ya veía doble! Lo peor de todo, es que estaba sin lentes porque estaban en la óptica, ya que mi “querido” hermano me había roto los vidrios... No los uso permanentes, pero tengo que usarlos para la compu, el cine y la tele, y de verdad, sin ellos, no veo a dos metros...

En fin, hoy no tengo mucho que contar, pero no se pierdan el próximo capítulo: “Deducciones y parteras”(No estoy segura de que se llame asi, pero es probable), y aquí, bueno, se presenta la segunda parte de la trama central de esta historia, se completa, y se empieza a desencadenar todo.

Asi que esperen el próximo capítulo..!!

Ah! Publiqué un One-Short que es, obviamente, de Harry y Ginny (De corazón y para siempre!! XD XD XD!!). Es algo que salió del comienzo de un fic largo que estaba almacenado en mi compu hace un año, y lo vi, y de repente se me prendió la lamparita, y me salió ese fic. Ya lo tenía preparado hace como un mes, pero no lo publiqué hasta hace unos días. Es Lemmon, les advierto. Asi que si pasen, por favor, y dejen review, ¿si?

Gracias por leer este fic, y gracias por sus review, me hace mucha ilusión recibirlos..!! Sin ustedes, este fic no existiría..! Ustedes hacen al fic, porque cuanto más review recibo, más ganas me dan de escribir..!

Y también pasen por mi fotolog, ¿si? Porfa, ahí fotos mías, por si quieren conocerme :p! XD! Es http://fotolog.terra.com.ar/ailen_83

Besos..!!

Lali Black