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Historia 22081 — capítulo 28
Capítulo 26: Discutiendo con el Lobo
Harry parpadeó varias veces.
—¿Has dicho… Mundungus Fletcher?
El nombre revoloteó en la vacía sala. Pareció flotar sobre ellos como un espectro pálidamente iluminado por el fuego de la chimenea. Hermione se llevó una mano a la boca, ahogando una exclamación.
—¿Por qué?—preguntó ella con la voz estrangulada.
—Ustedes deben saberlo.—dijo Remus. Suspiró.—Se que han ido a verlo en estas vacaciones, en su misteriosa salida.
Hermione volvió a ahogar una exclamación, comprendiendo enseguida las palabras de Remus. Harry también las comprendió.
—Voldemort lo supo.—no era una pregunta, Harry tenía la certeza de que Voldemort había estado tras sus pasos, y había estado demasiado cerca de ellos.
—Eso parece.
Permanecieron en un espeso silencio durante un largo rato, sólo roto por el crepitar de las llamas y los ronroneos de Crooshanks, que buscaba la atención de Hermione, sólo que esta estaba demasiado ofuscada para prestársela. Remus los observaba gravemente a los tres, y estos intentaban evitar su mirada.
—Bien.—dijo finalmente Harry, rompiendo el tenso silencio.—¿Quieres preguntarnos algo?
—¿A que fueron de Mundungus?
Remus soltó la pregunta a bocajarro, como si se hubiese estado conteniendo todo ese tiempo para formularla.
—No te lo vamos a decir.—contestó inmediatamente Harry.
Remus se puso de pie furioso. Las sombras titubeantes que proyectaban la luz de las llamas de la chimenea sobre el hombre lobo le conferían un aire terrorífico.
—¿Entiendes que ha muerto?¿Y entiendes que ha sido por aquello que ustedes le habían pedido?
—¿Nos estás culpando por su muerte?—las orejas de Ron estaban rojas, y eso significaba claramente, peligro.
—¡No! ¡Pero necesito saber que le habían pedido a Mundungus para que fuera tan importante para que Voldemort lo mate en persona!
—¿Voldemort lo mató en persona?—preguntó Hermione en un hilo de voz.
—¡Si! Testigos lo han visto salir de la casa de Mundungus. Obviamente, ninguno quería testificar, pero tenemos nuestros métodos.
Harry se puso de pie. Estaba lívido, pero hablaba con calma forzada.
—Échame la culpa, si quieres, después de todo, los que mueren cada día allí afuera son por mi causa. Pero no vas a lograr que te contemos lo que hacemos, y no vas a usar tus métodos con nosotros.
Lupin abrió la boca para hablar, pero Harry lo detuvo. Hermione miraba a uno y otro como en un partido de tenis. La tensión era palpable, y aunque Harry no quería discutir con Remus, sabía que lo haría si era necesario.
—Un vez más: Dumbledore nos confió una misión y es de suma importancia que la completemos. Si nos quieren ayudar, mucho mejor, necesitaremos ayuda, pero si no, nos la arreglaremos solos. Pero no podemos contarles nada.
—¿Y Mundungus? Ha muerto por esa misión tan importante. Sé que era un bribón, un ladrón, pero era un ser humano, y era de la Orden. Te ha ofrecido ayuda, y mira como le pagas.
—Por esta misión la gente se muere desde hace más de cincuenta años. Sabes, Dumbledore no nos confió algo que no tiene nada que ver con Voldemort.
—¿Por qué Dumbledore se los confió a ustedes?¿Porque no le dejó esa misión a un adulto calificado?
—No lo se. ¿Será porque soy el elegido? No, esa no es la respuesta. Es porque quizá, yo soy la persona que más conoce a Voldemort, más incluso que todos sus mortífagos juntos. Y sé como vencerlo.
Harry y Remus estaban enfrentados. Harry temblaba controlando su furia, pero a Remus parecía no importarle. Ron tomó disimuladamente su varita.
—No tienen la fuerza suficiente. ¿Aún no han terminado el colegio y pretenden derrotar al mago tenebroso más poderoso del último siglo?—dijo Lupin con cierto desdén.
—La verdadera fuerza se encuentra dentro nuestro.—masculló Harry.—Lo demás se aprende.
—Hablas como si fueras Dumbledore.
—Ha sido un buen mentor, y he aprendido de él.—espeto Harry, con un repentino agradecimiento corriendo por sus venas.
—No lo dudo.—dijo Lupin, volviendo a sentarse.—Pero no creo que él haya tenido tiempo de enseñarte toda la magia que debes saber. Sé que el año pasado has tenido clases especiales con Albus.
—Pues en ningún momento me ha enseñado magia.—dijo Harry sin seguir el ejemplo de Lupin; se mantuvo de pie, inflexible.—Pensamos que lo haría, y nos llevamos una sorpresa cuando sólo me hizo ver memorias. De cualquier manera, me enseño todo lo que tengo que saber para derrotar a Voldemort.
Se miraron uno a otro con prevención unos momentos. Finalmente, Lupin volvió a ponerse de pie, con la intención de retirarse.
—Bien, no insistiré. Pero tengan cuidado la próxima vez.—se acomodó la capa sobre los hombros, y suspiró.—Debo irme. Nos vemos.
Salió de la sala común con paso rápido. Cuando hubo desaparecido por el retrato de la Dama Gorda, Hermione se volvió hacia los chicos. Tenía las mejillas rojas a causa de la excitación y los nervios.
—¿Comprenden?—dijo alarmada.—Si fue el mismísimo Voldemort quien mató a Mundungus, es probable que este le haya contado lo de las boas.
—¿Qué dices?
—Que Mundungus no tenía posibilidades de vivir. O decía lo que sabía y moría por efecto de la maldición Irrompible o Voldemort lo mataba.
—¿Y si no reveló nada y por eso Voldemort lo mató?—preguntó Ron. Harry permanecía en silencio.
—¿Y si lo reveló y Voldemort lo mató igual, sólo por placer?—cuestionó Harry.—No sería la primera vez que mata por placer.
Los tres se sumieron en un nervioso silencio, mirándose entre ellos.
—Si lo sabe, estamos perdidos.—dijo Ron.—Si sabe lo de la boa sabrá que estamos tras los horcruxes.
—Ni lo digas.—dijo Hermione.—Me aterra sólo pensarlo. Aún nos falta la espada y Nagini. Y ni decir del medallón, que no sabemos si está destruido.
Hermione miró a Harry, que permanecía callado y pensativo.
—Y destruir la taza.—completó Harry cortando el hilo de sus pensamientos, sintiéndose observado.—Pero creo que no lo sabe.
—¿Por qué lo dices?
—Tendría que haber sentido su furia o su alegría, o lo que sea que fuera a sentir respecto a esto.
—Bueno, si no lo sabe, mucho mejor para nosotros.—suspiró Ron, aliviado.
Harry hizo una mueca.
—Creo que iré a dormir. Nos vemos luego.
Subió las escaleras con paso lento, bajo la preocupada mirada de sus amigos.
Ron esperó hasta dejar de oír los pesados pasos de Harry para hablar.
—Eso estuvo cerca.—suspiró.—Hubiese sido terrible que Voldemort se hubiese enterado de que sabemos sobre sus horcruxes.
Hermione tembló involuntariamente.
—Pero todavía tenemos un problema, y de eso si que estamos seguros.
—No es un problema, Hermione. Ya decidimos que vamos a hacer. Nos callaremos y listo.
Ron se deslizó hasta estar a su lado, y la abrazó. La chica hizo una mueca, pero no dijo nada.
—Deberías ir a dormir.—susurró Ron. Hermione asintió y se puso de pie. Le dio un beso en la mejilla y se alejó hacia las escaleras.
—Buenas noches, Ron.—susurró antes de perderse escaleras arriba.
HOGSMEADE ATACADA POR MORTÍFAGOS
Ayer por la noche, el único pueblo completamente mágico de Inglaterra fue atacado por los seguidores de Quien No Debe Ser Nombrado, los llamados Mortífagos.
La actual condición de alerta roja del mundo mágico se vio ayer noche intensificada por los Mortífagos, que atacaron Hogsmeade, a esa hora casi vacía. Los que se vieron más afectado por este ataque fueron sus habitantes, que salieron a las calles del pueblo a defender sus negocios y hogares.
El Ministerio actuó con negligencia, aunque estaría mejor decir, que simplemente no actuó. No hubo aurors defendiendo a los habitantes del pueblo, a excepción de algunos que pertenecían a la Orden del Fénix, fundada por el desaparecido Albus Dumbledore y alumnos y ex alumnos del colegio Hogwarts, entre los que se encontraban Luna Lovegood, Neville Longbottom, Hermione Granger y Ginevra y Ron Weasley. Los cuatro habían acompañado al joven Potter (Quien no apareció en la batalla) al asalto producido en el Ministerio de la magia dos años atrás, donde Quien no Debe Ser Nombrado hizo acto de precensia. (Más información, pag 106.).
Hermione terminó de leer en voz alta, y miró por sobre el borde del periódico a Harry. Luego hojeó rápidamente el diario, para doblarlo y dejarlo a un lado.
—Nada más.—dijo.—Nada de Mundungus.
—Por supuesto que no; es mala prensa para el Ministerio. Aunque, de todos modos, esa nota fue mala prensa para el Ministerio.
Hermione se encogió de hombros, justo cuando Ron aparecía en lo alto de las escaleras de la sala común.
—¿Noticias?—preguntó sentándose junto a su novia.
—Una pequeña crónica de lo ayer, donde nos nombran.
Ron gimió.
—Estupendo. Ahora tendremos que soportar un vociferador de mi madre.
Durante el transcurso de la mañana, la sala común se fue llenando de la gente que se había quedado la noche anterior. Todos hablaban entre si y rodeaban a Harry. La emoción de por fin haber puesto en práctica los conocimientos de defensa era patente en el aire; más fuerte que el temor a la guerra era la sensación de estar ayudando en la misma.
—Escuchen, por favor.—se impuso Harry.
La sala se silenció al instante. Todos observaban a Harry con interés.
—Lo que sucedió anoche es algo que deberemos esperar de ahora en adelante. No se porque se ha tardado tanto, pero intentará acercarse al castillo lo más pueda.—Harry sabía que eso los asustaría, pero era la verdad y pretendía ir con la verdad por delante.—Debemos entrenarnos duro, poner nuestros esfuerzos en aprender hechizos no verbales y de defensa.—notó que la tensión se acumulaba en la sala, por lo que decidió distender el ambiente.—Así que ya lo saben, ¡alerta permanente!
La táctica de distracción funcionó, porque el grupo río y se disperso al instante. Ron le palmeó el hombro a Harry, condescendiente.
—Estás un poco afectado, ¿lo sabes? Ya comienzas a parecerte a Ojoloco...
Ginny se reunió con ellos al comenzar la tarde. Dobby, que no la había dejado sola, no le había dado permiso para levantarse hasta que Ginny se hartó de permanecer en la cama y lo amenazó con la varita. Estaba más repuesta, aunque seguía un poco débil.
—¿Qué sucedió exactamente?—preguntó Harry cuando Hermione y Ron se marcharon.
—Nada.—sentenció.—Simplemente no fui capaz de formar un Patronus corpóreo, los recuerdos me invadieron, y me desmayé.
Harry frunció el ceño.
—¿Qué sucede?—preguntó Ginny.
—Había un Patronus… Un unicornio. No sé de quien era.
—Quizá de algún aldeano.—dijo Ginny, restándole importancia al asunto.—¿Por qué te inquieta tanto?
—No lo sé.—se pasó una mano por el cabello.—Era extraño…
—¿Extraño como?
Harry sacudió la cabeza.
—No importa. Olvídalo. Debemos empezar a planear la próxima búsqueda. Pero antes, escucha…
Harry le contó lo de Mundungus. Ginny no lo podía creer, y empalideció más de lo que ya estaba.
—No debes tener miedo.—la reconfortó Harry.—No va a pasar nada. Voldemort no sabe a qué fuimos a ver a Mundungus.
—Eso espero.—murmuró Ginny.—Pero no hay que perder tiempo. Hay que recomenzar la búsqueda enseguida y destruir la Copa.
Como aún estaban de vacaciones, pasaron la tarde nevada en la sala común, donde la mayoría se había reunido. Algunos recibían sus baúles con ropa, ya que habían salido corriendo de sus casas al recibir el mensaje en el anillo. Ginny se había dedicado a completar el Diario de la Misión, Ron y Hermione jugaban al ajedrez, y Harry los contemplaba, pero con su mente muy lejos de allí, analizando los escondites que Voldemort podría haber elegido para esconder sus Horcruxes. Quería también practicar el hechizo Abcissio Horcroxe para destruir la Copa, pero no era recomendable con tanta gente desaparecer un tiempo.
Pigwidgeon golpeteó en una ventana, y alguien la abrió, dándole paso a la pequeña lechuza. Está revoloteó sobre las cabezas de todos, hasta posarse sobre una rodilla de Ron, el cual se apresuró a desatar el trozo de pergamino que el ave traía atada en la pata.
—Es de mamá, por supuesto.—confirmó Ron, que había temido la carta todo el día.
Chicos:
Sé que están bien, Remus anduvo por aquí y me lo dijo. Les pido, por las barbas de Merlín, que no vuelvan a meterse en ningún ataque. ¡Por favor!
Cuídense, no se metan en lío y estudien.
Todos mandan saludos.
Molly.
—Bueno.—suspiró Ron.—Podría haber sido peor. De todos modos, no se porque se molesta, si sabe que no le vamos a hacer caso.
Harry sonrió. Su amigo siempre lo acompañaría.
—¿Cuál es el siguiente paso?—preguntó Hermione, levantándose del sofá donde estaba, y dejando el juego de ajedrez por la mitad.—Me rindo, Ron. Ganaste.—aceptó a regañadientes. Ron hizo una mueca y con una florita de la varita el juego de ajedrez desapareció.
—He estado pensando en otros lugares en los que Voldemort pudo haber escondido los horcruxes.—contestó Harry, bajando la voz.
Hermione lanzó disimuladamente el hechizo Muffliato a las personas que estaban más cerca, y junto con Ron y Ginny, acercó la cabeza hacía Harry para oírlo.
—Estoy seguro de que no ha sido en el orfanato. No paso buenos momento allí, no representa más que una infancia horrenda; jamás se le ocurriría volver allí si tuviera la oportunidad.—parecía que hablaba más de si mismo que de Voldemort.—Tiene que ser otro lugar, uno que represente todo lo que el quería: el poder, el reconocimiento, la riqueza...
—Pero Voldemort ha viajado por muchos lugares. Ha estado en numerosos países, aprendiendo nuevos conocimientos, haciéndose fuerte. Los horcruxes pueden estar en cualquier lugar.—apuntó Ron.
—Pues si, pero hay un lugar que realmente tiene un significado para él, que aún lo tiene.—dijo Harry misteriosamente.
No sabía si estaba acertado, pero era lo mejor que tenía; después de todo, aquel lugar representaba todo aquello que Harry había mencionado. Si intentaba ponerse en el lugar de Voldemort (por muy repugnante que le supiese la idea) con el conocimiento limitado que tenían de él, el único lugar que le venía a la mente lo tenían allí, a la vuelta de la esquina...
—La Cámara de los Secretos.—susurró Ginny, sacudida por un pequeño estremecimiento.
La comprensión se apoderó de Ron y Hermione. Esta última dio un pequeño saltó en su lugar, emocionada.
—¡Cómo no lo vimos antes!—susurró con excitación y se lanzó parlotear.—Es tan obvio... Es un lugar perfecto; la Cámara construida por su famoso ancestro en el lugar que este había contribuido a fundir. Por años se pensó que era un mito, y toda la historia que e formó en torno a ella y...
—Si, bueno, no estoy seguro, pero es lo que tengo.—le interrumpió Harry.—La intuición no me ha fallado respecto a la Copa, así que quizá...
—¡Ojala!—exclamó Ron.—¿Cuándo iremos? Podemos ir ahora mismo...
—No.—interrumpió Harry.—Primero quiero estar seguro de poder destruir la Copa. Lo más seguro es que encontremos a la espada en la Cámara, pues del Medallón no tenemos noticias.
Todos se animaron más con el pensamiento de estar cerca de un horcrux. Al caer la noche, Hermione se fue a dormir arrastrando con ella a Ginny, justo cuando Tonks entraba por el agujero del retrato.
—Buenas noches, chicos.—saludó. Se acercó a ellos y se sentó en un sofá.—Harry, la profesora Kirke te espera en su despacho.—anunció.
Harry asintió, comprendiendo que tenía una nueva clase de Oclumancia. Saludo a Tonks y Ron y salió de la torre, rumbo al despacho de Martha Kirke.
Mil perdones. No tengo como pedirles perdón por haber tardado tanto. Se lo que es estar esperando que actualicen y pasan los meses y no hay nada nuevo. Ahora estoy de vacaciones de verano, por lo que dispongo de más tiempo libre, sólo que lo ocupo con otras cosas. Volví a coger el ritmo de la historia, asi que espero tardar menos con el otro cap. Espero que este cap (que no considero el mejor que hice, pero creo que no esta tan mal, aunque sea mas bien de transición) les guste, aunque no compense toooodo el tiempo que me tarde…
Muchas gracias a todos los que me siguen leyendo a pesar de estos imperdonables atrasos. Si siguen ahí, espero que me lo hagan saber.
Muchos besos!
Lali Black