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Historia 22081 — capítulo 26
Capítulo 24: Oclumancia
“No puedo dormir esta noche
Todo el mundo diciendo que todo está bien
Todavía no puedo cerrar los ojos
Estoy viendo un túnel al final de todas esas luces
Días soleados, ¿Dónde habéis ido?”
“¿Por qué siempre llueve en mi?”
Travis
Debajo de ellos, el agujero se cerró en cuanto lo hubieron atravesado los cuatro, con un estruendo de nubes de polvo.
Cinco minutos más, y los cuatro salían a la superficie.
—No tenemos mucho tiempo.—dijo Hermione, desmontando de su escoba, junto a la cama que había ocultado la entrada.—La casa comenzará a desmoronarse en unos cuantos minutos.
—Tenemos que desaparecer.—dijo Harry, y tomó a Ginny rápidamente de la mano, desapareciendo con ella de aquella casa.
Segundos más tarde, los cuatro jóvenes aparecían en el jardín del número 6 de Petit Vallée, jadeando. Con la fuerza de la aparición y la prisa que llevaban, cayeron de bruces en la nieve.
—Levántate, Ron.—gimió Ginny, que había quedado bajo los demás. Se desenredaron rápidamente y entraron a la casa. El fuego ardía alegremente, y se apresuraron a ubicarse en tono a este en la sala.
—¿Y bien?—interrogó Hermione, que al parecer, había dejado de lado momentáneamente su enojo.
Harry no contestó, y sacó de entre sus ropas la caja negra forrada en cuero. Se arrodilló en el suelo, sobre la alfombra, y la colocó en el centro. El silencio se formó en torno a ellos, tenso. Harry levantó el cierre de plata de la caja, y pudieron contemplar dentro de ella a una pequeña taza de porcelana con bordes dorados.
—Es esa, ¿verdad?—preguntó Hermione.
—Si, es esta.
Ron alargó una mano, pero Harry lo detuvo.
—No se si debamos tocarla.—dijo.—Ya vieron lo que le pasó a Dumbledore en la mano con el anillo de Gaunt.
—Hay que destruirla de alguna manera.—dijo Hermione.—Propongo que regresemos al colegio y busquemos allí la mejor manera de destruir la taza.
—Apoyó a Hermione.—siguió Ginny, recuperando el mal humor.—Regresemos esta tarde.
—Muy bien.—sentenció Harry.—Esta tarde regresamos a Hogwarts, pero inmediatamente ponemos manos a la obra, no debemos perder tiempo.
Almorzaron ligero, y recogieron las cosas que habían dejado dispersas por la casa. Harry pasó buen rato en su cuarto, huraño. Intentaba con todas sus fuerzas no pensar en que quizás no volvería a ver nunca más esa casa. Sentía dentro de él que la lucha con Voldemort no estaba muy lejos, a pesar de que todavía le faltaba destruir a Nagini, el horcrux desconocido (que podía ser Excalibur) y la taza, pero por lo menos la tenía en su poder. No, la lucha con Voldemort estaba un paso más cerca esta vez. Se tenía fe; sentía que podría con los dos horcrux que faltaban, no como cuando habían comenzado, que veía inalcanzable sólo conseguir un horcrux. Sentía que se había sacado un peso de encima hallando la taza de Helga Hufflepuff, que era un casillero más que avanzaba en el tablero que lo conducía a una guerra final con su mayor enemigo.
Pero de todos modos, no estaba de humor para sociabilizar con los demás habitantes temporales de la casa. Ni siquiera con Ginny; no quería importunarla con su mal genio. No era que nunca la expusiera a sus ataques de apatía, pero intentaba al máximo no hacerlo. También intentaba no pensar en un posible futuro en esa casa; es más, intentaba no pesar en lo que pasaría en la próxima hora. ¿Quién quitaba que una horda de mortífagos no se apareciese frente a la casa y los matase a todos? El futuro era muy impreciso, ni siquiera Trelawney era capaz de predecir con certeza algo, sólo se aprovechaba de las oportunidades. Como había hecho cuando había pronunciado aquella profecía dieciocho años atrás. A pesar de que la había pronunciado de verdad, sin ser conciente de que lo había hecho, los factores para hacerla verdad estaban servidos en bandeja: Snape escuchando, Voldemort estaba en su apogeo, Harry y Neville estaban a punto de nacer y Dumbledore había escuchado la profecía completa, y también, quizá sin quererlo, le había otorgado cierto nivel de importancia. Podría comenzar con el “¿Qué hubiese pasado si…?”, pero era tarde para arrepentirse y regresar el tiempo. Las cosas sucedían y habían sucedido de ese modo por alguna fuerza divina o superior que así lo quería. Eran todos muñecos sin derecho a decidir, obligados a actuar en un escenario de desolación y destrucción, sin libretos, y sin saber como sería el final. No les quedaba más que obedecer y encontrar la oportunidad de verse, por fin, libres de aquella opresión divina que los maniataba y doblegaba a los caprichos del destino.
Ya repuesto, en la tarde, Harry bajó con su bolso a la sala, donde encontró a Hermione y Ginny charlando en voz baja frente al fuego. Se callaron cuando Harry irrumpió en el cuarto, y le echaron sendas miradas de basilisco.
—Vale, lo siento.—pidió, sentándose frente a ellas.—Siento haberles gritado y haberlas obligado a permanecer atrás, pero... Son lo único que tengo. Mi deber y el de Ron es protegerlas de cuanto podamos. Se que ustedes bien pueden hacerlo solas, lo se perfectamente, pero soy responsable por su seguridad, porque este viaje lo tendría que haber emprendido solo, y ustedes me han convencido para venir tras mi.
Los gestos adustos de las chicas se suavizaron inmediatamente.
—Gracias por protegernos.—dijo Hermione.—Hemos estado ambas muy tozudas, y queremos pedirles perdón. Nos gusta que nos protejan de vez en cuando... Mientras no se pasen a veces, claro.
Ambas sonrieron y se lanzaron al cuello de Harry, abrazándolo.
—Que haría yo sin ustedes...—suspiró Harry.
Sonrieron y lo volvieron a abrazar.
La tarde se acercaba a su fin, mientras Harry contemplaba caer la nieve desde una ventana de la sala común de Gryffindor. El fuego chispeaba animando la vacía sala, y junto a este, Hermione y Ginny hojeaban unos libros. Ron y Harry se encontraban en la misma tarea, aunque con menos entusiasmo.
—Es una lástima destruir la taza.—suspiró Hermione, dando vuelta una hoja.—Es una antigüedad muy valiosa.
—¿Y que importa el dinero?—preguntó Harry, algo malhumorado.
—¿Quién habló de venderlo?—Hermione sonrió.—Sería una buena pieza de colección.
—Por supuesto.—repuso Ron, poniendo los ojos en blanco.—Quedaría muy bien sobre la repisa de la chimenea de la casa de Harry.
Riendo levemente, y se enfrascaron en los libros nuevamente.
Las horas pasaban lentamente, entre hojas polvorientas y pesados volúmenes. Pararon sólo para bajar a cenar, bajo la mirada curiosa de McGonagall, que parecía estar haciendo un esfuerzo sobrehumano para no hacer preguntas. Remus Lupin se había pasado por el colegio al enterarse de la llegada de los chicos. Remus había sido el único que no se había aguantado las ganas de bombardearlos con preguntas, de las cuales respondieron apenas unas pocas.
Luego de la comida, Hermione dijo que podían tomarse un respiro, y desapareció con Ron, mientras Harry y Ginny quedaban muy melosos en la sala común.
—No me gusta dejarlos solos.—masculló Ron, siguiendo a Hermione.—En especial cuando están tan acaramelados.
—Vamos Ron, no seas infantil.—protestó Hermione, entrando en el baño deshabilitado del segundo piso. Entró en el primer cubículo, donde sobre un fuego portátil hervía, dentro de un caldero, una poción rosa pálido que burbujeaba lentamente.
—Ahora debo agregar estas hierbas, y revolver por espacio de diez minutos. Mañana regresaremos a esta misma hora a echar una segunda porción de estas plantas.
—¿Durante cuantos días estaremos así?—Ron se sentó en el suelo, apoyando la espalda en la pared.
Hermione echo dentro del caldero las plantas, y la poción empezó a burbujear más rápido, y a cambiar lentamente a un rosa más oscuro.
—Tres días.—respondió la chica.—Para el primer día del año tendremos la poción completa.
—¿Y los ingredientes que debo conseguir?
—Van a lo último. Creo que esta saliendo bien.
Hermione consultó un libro abierto que había junto al caldero.
—Aquí dice que el color rosa se irá tornando más fuerte a medida que incorporemos los ingredientes. Va bien.
Y se inclinó sobre el caldero, controlando con ojo experto.
El día siguiente, lo pasaron entre libros. Esta vez era Harry quien se había puesto inflexible con respecto a dejar la búsqueda. Fue Hermione, por supuesto, quien encontró un hechizo adecuado para destruir el horcrux.
—Requiere práctica.—explicó.—Y quitará mucha energía.
—No hay problema.—repuso Harry, poniéndose de pie y acercándose a su amiga.—Podemos empezar ya; no hay nadie aquí.
Hermione practicó un momento un movimiento con su varita.
—Mueve la varita de esta manera.—hizo un complicado giro de muñeca y agitó la vara con fuerza.—Y pronuncia: “Abcissio Horcroxe”
Harry hizo lo que Hermione le ordenó.
—¡Abcissio Horcroxe!
Al caer la tarde, no había avanzado mucho en hacer bien el hechizo, pero este le había quitado mucha energía. Se recostó en un sofá, mientras a sus pies, Ginny hojeaba un Profeta. Hermione practicaba el movimiento de varita requerido, y Ron bostezaba aburrido.
—No te preocupes, Harry, lo conseguirás.—declaró Hermione, sin dejar de mover la varita.—Creo que deberíamos pedirle a McGonagall pociones revitalizadoras.
Harry no contestó. Bostezó, contagiado por Ron, y se refregó los ojos.
—Me voy a la cama.—dijo, poniéndose de pie.
—Es temprano.—Ginny tironeó del brazo del chico para sentarlo nuevamente.
—Quiero dormir, Ginny.
La chica cedió, y le besó en los labios, mientras Ron desviaba la mirada. Harry saludó a los otros dos, y subió a su cuarto.
Se tumbó en la cama, sin desvestirse, y cerró las cortinas. Estaba exhausto, le dolía la cabeza y no podía permaneces con los ojos abiertos. De todas maneras, no podía dormir. Una leve ojeada al reloj de la mesa de noche le indicó que eran las siete de la tarde. Demasiado temprano, ni siquiera había cenado. Simplemente, cerró los ojos y quedó tendido en la cama, dejando vagar la mente por oscuros pensamientos.
Lentamente, todo se tornó oscuro, y frente a él apareció una amplia estancia de piedra, iluminada tenuemente por antorchas y velas negras. Levantó una de las manos y la paseó frente a sus ojos. Era blanca, y de largos dedos como patas de araña.
—Me ves, ¿verdad?—preguntó una voz fría, con una chispa de burla. La voz resonó en la estancia vacía y dentro de su cabeza.—Mejor dicho, ¿te ves?¿Ves tú mano?
Una sensación de presión invadió su mente. Él no había dicho esas palabras, y sin embargo, habían salido de su boca. Se puso de pie, y se acercó lentamente a un espeso cortinaje oscuro. Ya sabía lo que pasaba, pero estaba asustado. No estaba en posesión de su cuerpo. Si es que ese era su cuerpo.
Corrió la cortina con sumo cuidado, y su reflejo le devolvió la escarlata mirada. La piel, mortalmente blanca, brillaba fantasmagóricamente bajo la luz de las antorchas. Ese no era él. Se apartó del espejo, y caminó nuevamente hasta el trono de piedra.
—¿Qué es lo que quieres?—esa si era su voz, pero nuevamente, su boca volvió a abrirse, para que la fría voz respondiera.
—Quiero encontrar la manera de derrotarte.—siseó la voz.—Ahora que no tienes al viejo cuidándote las espaldas como un niño pequeño.
—Hay mucha gente conmigo.
—Pero no está Dumbledore.—Voldemort volvió a pasear la mano frente a sus ojos.—Quiero retorcerte el pescuezo con mis propias manos.
—A lo muggle, ¿verdad?—Harry rió levemente.—Todavía tienes recuerdos de tu orfanato, ¿a que si?¿Era así como maltratabas a pobres huérfanos cuando no eras un mago malo?
—¡Calla!—Voldemort se puso de pie furiosamente. Harry podía sentir la furia de Voldemort emerger. Tenía que mantenerlo así, para que no investigara en sus recuerdos.—Quería tener una pequeña charla contigo, Potter, como los buenos y viejos amigos que somos...
—Viejo serás tú.—Harry se carcajeó descaradamente.—Yo sólo tengo diecisiete años. ¿Y tú cuantos tienes?¿Sesenta, setenta?
—¡Calla!—repitió.—No tienes modales, Potter. Debes atender a la conversación de tu anfitrión.
—¿Quién está en la mente de quien?—respondió Harry, interrumpiéndolo.—Yo no tenía intención de hacerte ninguna visita.
—Harry, Harry... Deja de interrumpir, hazme el favor. Ahora, como al parecer no tienes intención de mantener una conversación civilizada, vallamos al grano, para lo que te traje hasta mi mente.
Voldemort interrumpió su paseo, y cerró los ojos. Levantó un brazo, apuntándose con la varita.
—¡Legimenes!
Una gran moto negra descendió, y Hagrid bajó con Harry bebé en brazos. Segundos después, Harry era perseguido por un bulldog viejo, que no dejaba de ladrar estridentemente, mientras el chico escalaba un árbol. Todo cambió, y Harry estaba entrando al Gran Salón, repleto de alumnos, mientras escuchaba parlotear nerviosamente a Hermione.
—Sal de mi mente.
Harry luchó contra el poder de la mente de Voldemort, mientras sus recuerdos seguían pasando dentro de él. Veía a Ron, a Hermione. Reían, lloraban, se peleaban, estudiaban. Veía a McGonagall regañándolos, a Snape... Intentaba repeler a Voldemort, y las imágenes saltaron de la infancia a la huida de Snape de Hogwarts, junto a Malfoy. El odio brotó dentro de Harry, mientras gritaba descontroladamente por expulsar al intruso.
—¡Sal!
Ron estaba ante él, con los ojos desorbitados, preocupado. Tardo unos cuantos segundos para darse cuenta de que estaba despierto, de que Voldemort ya no estaba en su mente, y de que seguro había estado gritando en sueños.
—¿Estás bien, Harry?
Asintió levemente; a cicatriz en forma de rayo en su frente le latía intensamente.
—¿Ha sido él, verdad?—el chico volvió a asentir.—Deberías hablar con McGonagall, Harry. Ya te lo he dicho: debes volver a practicar Oclumancia.
—Lo sé lo sé.—Harry se puso de pie tambaleantemente.—Iré a hablar con ella ahora mismo.
—Es tarde, Harry.
—Pero no puedo volver a dormirme. Estoy débil, y a Voldemort le es más fácil entrar en mi mente.
—¿Quieres que te acompañe?—Ron se puso de pie; aún no se había puesto el pijama.
—No, puedo ir solo. Por favor, no le cuentes a las chicas; no por ahora.
Sin prestarle atención a los balbuceos de Ron, atravesó la puerta del cuarto, y salió de la sala común. Los corredores estaban fríos y semi oscuros. Los recorrió lo más rápido que pudo, contendiendo las ganas de vomitar que se apoderaban de él ocasionalmente; no solamente era por lo débil y mareado que se sentía, sino por el terror que lo invadía al pensar en lo que hubiese pasado si Voldemort hubiera ahondado más en su mente aquella noche. Ginny. Su preocupación era ella en especial. Voldemort ya sabía de sobra la relación que unía a Ron y Hermione con Harry, y era probable que ya supiese sobre la que lo unía a Ginny, pero aún mantenía la esperanza que él nunca se hubiese enterado. Quizá, había una mínima posibilidad, quizá...
Llegó a la gárgola de piedra, y cayó en la cuenta de que no conocía la contraseña. Intentó no desesperar, porque le urgía hablar con McGonagall. Tomó la varita de su bolsillo, y pretendió conjurar un patronus, pero estaba muy débil, y sólo lograba una espesa niebla plateada. Suspiró frustrado.
—¡Déjame pasar!—le gritó a la gárgola, pero esta ni se inmuto. Le propino una fuerte patada, pero sólo logró sumarle al malestar que cargaba un fuerte dolor en el pie. Masculló unas palabrotas ininteligibles, y corrió en dirección al despacho de Tonks, un piso más arriba.
—¡Tonks!¿Estás ahí?¡Ábreme!—gritó, mientras aporreaba la puerta.
—¡Oye!—la voz de Tonks se escuchó claramente, y Harry se apartó de la puerta justo cuando esta se abría. Tonks tenía puesta una bata abierta, azul, sobre un camisón corto de color rosa.—¿Qué sucede, Harry?¿Estás bien?
—Necesito hablar con McGonagall.—dijo entrecortadamente.—Es urgente. ¿Sabes su contraseña?
—¿Estás bien?—repitió.
—¿Me puedes dar la contraseña?—casi grito Harry. Tonks, algo extrañada, asintió.
—Es “Galletas de jengibre”.
—¡Gracias!
El chico salió corriendo, dejando a Tonks sorprendida y confusa, y llegó hasta la gárgola del despacho de la directora. Dio la contraseña, y se abalanzo dentro, subiendo las escaleras movedizas de dos en dos. Dentro del despacho se oía un murmullo confuso, como si hubiese mucha gente dentro. El constante sonido se detuvo cuando Harry golpeó fuertemente al llegar a la puerta del despacho.
—Adelante.
Dentro de la sala no había más nadie que la profesora McGonagall. Desconcertado por un segundo, Harry vaciló en la puerta, fijando la vista en la profesora. Está estaba con su bata a cuadrillé, algo acalorada y nerviosa.
—¿Está bien, profesora?
McGonagall asintió enérgicamente, y se sentó en su silla, detrás del escritorio.
—¿A que se debe su visita a estas horas, Potter?—preguntó, con la voz ligeramente temblorosa. Harry quedó de pie en medio del despacho, olvidando por un momento lo que lo había llevado allí.
—¿Dónde esta el profesor Dumbledore?—pregunto. El retrato de marco dorado sobre el respaldo del asiento de la profesora estaba vacío.
—No le interesa Potter.—masculló la profesora.
—¿Donde está?—insistió Harry.
McGonagall resopló, y organizó nerviosa unos papeles sobre su escritorio.
—Está haciendo unas visitas a sus otros retratos, a pedido mío.—dijo a regañadientes.—Es muy útil la cantidad de retratos y la variedad de lugares donde estos están.
—¿Hay algún problema?
—Potter, ¿a que ha venido?
Harry suspiró.
—Iré al grano.—dijo.—Voldemort está entrando en mi mente a la fuerza mientras duermo. Lo que venía a solicitarle era que me consiguiera un profesor competente de Oclumancia.
La profesora parpadeo rápidamente.
—No comprendo.—dijo quedamente.—¿Cuan peligroso es que El Que No Debe Ser Nombrado entre en tu mente?
—Mucho.—dijo Harry, sorprendido de que McGonagall no comprendiera.—Se muchas cosas que a nuestro bando no le gustaría que Voldemort supiese.
—¿No te había enseñado Oclumancia el profesor Snape?
—Snape sólo lo empeoro.—dijo Harry con asco.—Apenas logró sentar las bases en mi, pero nunca logré nada con sus constantes comentarios insidiosos.—hizo una pausa, donde el silencio fue incómodo, sólo roto por algún ruidito o cuchicheo por parte de los retratos de los antiguos directores de Hogwarts.—¿Conoce alguien competente que sepa Oclumancia?
La anciana pareció sopesar su respuesta un minuto.
—Si, conozco a alguien.—dijo finalmente.—¿Es urgente?
—Mucho; Voldemort se aprovecha cuando más cansado estoy, y esta noche, estaba realmente exhausto.
—Muy bien, mañana le tendré una respuesta.—dijo, volviendo a su tono autoritario.—Ahora, Potter, le agradecería mucho si volviera a su cuarto. Estoy algo ocupada. Buenas noches.
Harry se puso de pie, y salió del despacho. En cuanto la puerta se cerró tras él, el murmullo creció en el cuarto que acababa de abandonar. Intrigado, Harry se acercó más para oír.
—Esto es terrible, no se si podré soportarlo, Albus.—dijo la profesora McGonagall, con la voz débil.
—Si podrás, Minerva.—contestó Dumbledore, y Harry sintió un profundo vacío en el estómago al oír aquella voz nuevamente, fuerte, decidida, amable.—No te preocupes por Harry, y trata de confiar más en él. Tiene que saber lo que sucedió. No puedes esconderle que...
—No se lo diré aún, Albus.—dijo McGonagall, recuperando su voz firme.—No hasta que no haya averiguado todo.
—Tu eres la directora ahora.—dijo Dumbledore, amablemente.
—Y hablando de averiguaciones... ¿Qué has conseguido?
—Remus no sabía nada, pero me ha contado algo realmente curioso, aunque no del todo inesperado.
—¿Qué cosa?—la curiosidad era patente en la voz de McGonagall.
—¿No te lo ha dicho? En fin… Y Kingsley estaba enterado. Al parecer, unos aurores dieron la voz de alarma. De todos modos, Scrimgeour no dejará que aparezca en El Profeta de mañana, porque no le conviene que sepan sobre más asesinatos...
Harry se alejó de la puerta, y salió al pasillo, jadeando. ¿Había habido un asesinato?¿De quien sería? Para que McGonagall estuviera preocupada e interviniera Dumbledore en el asunto, debía de tratarse de alguien de la Orden del Fénix.
Regresó a la sala común, enfadado consigo mismo. Sabía que allí afuera, detrás de los muros del castillo, la gente moría día a día por culpa de Voldemort y sus mortífagos. Y la gente seguiría muriendo hasta que alguien acabara con Voldemort. Pero cuando la muerte lo tocaba de cerca… Parecía que nunca iba a librarse de la muerte, que siempre revoloteaba a su alrededor, cerniéndose cada vez más sobre él y sus amigos. Se recostó en un sofá, mirando vagamente las sombras largas, oscuras e inquietas que dibujaba el débil fuego de la chimenea sobre las paredes. Le pareció que se hundía en el sofá, y que una nube negra y espesa lo cubría lentamente. La cicatriz comenzó a escocerle levemente, pero la niebla oscura se apoderó de él, oscureciéndole la visión, y cerrándole la mente por completo.
—¿Qué dices que sucedió?—la voz de Hermione se oyó de repente, clara y con un punto de curiosidad.
—No dije nada.—le contestó Ron, de mal humor.—No pasó nada.
—Algo pasó.—insistió Hermione.
—Deja de molestar, Hermione.
—¡Ronald!—chilló la chica.—¡No me hables así!
Harry quería decirles que se callaran. Aún seguía inmerso en la niebla oscura, pero notaba que los parpados le pesaban cada vez menos.
—¡Calla!—susurró Ron.—Lo vas a despertar.
—Pero quiero saber porque...
La voz de Hermione se apagó en un susurro cuando Harry movió un brazo, intentando tomar su almohada para colocársela sobre la cara y ahogar las voces. Pero no encontró su almohada, y también reconoció que donde estaba recostado no era su cómoda cama adoselada de la torre Gryffindor.
Abrió los ojos de repente, y se encontró sobre él las caras preocupadas de Ron y Hermione.
—¿Qué sucedió?—preguntó confuso.
—Nosotros queremos saber lo mismo.—dijo Hermione, frunciendo el ceño.
Harry se sentó, y observó que se encontraba en la sala común, sobre uno de los sofás. Luego, los recuerdos de la noche anterior llegaron a su cabeza, disipando totalmente la niebla negra.
—Ya hablaremos.—contestó, poniéndose de pie.—Iré a cambarme de ropa. Por favor, no le cuentes de esto a Ginny.
Se cambió de ropa apresuradamente, esperando que al volver, Ginny no estuviera con Ron y Hermione. Efectivamente, Ginny no estaba con sus amigos, a los cuales encontró en la sala común, intrigados.
—¿Por qué duerme tanto Ginny?
—Anoche nos acostamos tarde, hablando.
—Ah.—contestó Harry, simplemente, a la repuesta de Hermione.
—Entonces… ¿nos vas a contar que pasó?—volvió a la carga Hermione.
—Si...
Harry le contó la intromisión de Voldemort en su mente, su entrevista con la profesora McGonagall y la conversación de esta con el retrato de Dumbledore.
—¿Ha habido un asesinato?—preguntó preocupado Ron.—¿Quien puede haber sido?
—Un desafortunado, claramente.—dijo Hermione con ironía, y a Harry le sorprendió la frialdad con que hablaba. Al parecer, Hermione comprendió, porque siguió hablando.—Estamos en guerra, y en las guerras, hay bajas. Lo que debemos hacer, es encontrar la forma de acabar con la guerra, y ya que sabemos lo que hay que hacer, lo haremos. Harry, debes esforzarte en Oclumancia, porque si Voldemort sigue entrometiéndose en tu mente, tendrá ventaja sobre nosotros.
—Lo se Hermione, lo sé. —Harry suspiró.—No le cuenten a Ginny lo de Voldemort, por favor. Se preocupará mucho.
Ginny se reunió con ellos minutos más tarde, y decidieron descansar de la práctica del hechizo. La mañana era fría, y nevaba sin descanso. En un rincón de la sala común, los pocos alumnos que quedaban de primer año hablaban animadamente. Ron y Ginny se habían enfrascado en una gran partida de ajedrez mágico, y Harry había decidido ponerse al día con los deberes de Transformaciones mientras Hermione lo ayudaba.
Sobre la tarde, el agujero del retrato que custodiaba la entrada a la sala común se abrió, y por el entró Tonks, con el cabello fucsia que tanto le gustaba llevar.
—¡Buenas tardes!—saludó Tonks en general.
—Buenas tardes, profesora Tonks.—canturrearon los de primero. La joven se acercó a Harry y Hermione.
—Hola, chicos.—saludó.— Harry, la profesora McGonagall te esta buscando.—lo observó por unos segundos.—¿Estás bien? Como anoche apareciste en la puerta de mi habitación, exaltado...
—No te preocupes, Tonks, no ha pasado nada...
—Buen, me alegro. Me voy, hasta la vista, chicos.
Salió de la sala común con una sonrisa, y Ginny se acercó inmediatamente a ellos.
—¿Por qué te busca McGonagall?—preguntó con interés, sentándose junto a Harry.
—No tengo ni idea.—mintió.—Pero será mejor que valla a ver que quiere.
Salió de la sala común, y tomó un par de pasadizos para llegar a las gárgolas del despacho de la directora. Dio la contraseña, y avanzó a grandes zancadas por la escalera caracol. Golpeó en la puerta, y entró al oír la invitación.
La profesora no estaba sola. Con ella estaba la profesora Martha Kirke, de Transformaciones, sentada cómodamente en una butaca, con una taza de te sobre la falda.
—Buenas tardes, Potter.—McGonagall señaló una silla junto a la de Kirke.—Tomé asiento.
Harry se sentó, preguntándose que hacia allí la profesora Kirke. Esta sólo hizo una inclinación de cabeza, y siguió bebiendo su te.
—Bien, Potter. Le dije que tenía alguien que podía enseñarle Oclumancia, y aquí está.—señaló a la profesora Kirke.—Es la persona más competente en la materia que conozco.
La mujer, se puso de pie. Era baja y rechoncha, y su cabello corto y blanco relucía.
—No se porque necesita aprender Oclumancia, Potter.—comenzó Kirke, con su voz chillona.—Evidentemente, no está en mi preguntar la causa, yo sólo seguiré las ordenes de la señora directora. Ella me ha dicho que usted tiene una base.
—He recibido algunas clases el año anterior, pero el profesor no era competente.—comentó Harry; no desaprovechaba ocasión para despotricar o hablar mal de Snape.
—No me interesa quien fue su anterior profesor.—contestó Kirke.—Y su primera clase es esta noche, aunque sea Noche Vieja. La profesora dice que tiene urgencia.
—Es verdad.—corroboró Harry.
—Bien, esta noche, luego de la cena, en mi despacho. Lo espero, Potter.
La cena de Noche Vieja transcurrió animada, en el decorado Gran Salón. Harry tuvo que inventar, con ayuda de Ron y Hermione, una excusa para Ginny. Como Harry aún tenía problemas con la trasformación humana, la convencieron a Ginny de que tomaría clases particulares.
Martha Kirke lo estaba esperanado preparada para comenzar. El despacho estaba decorado con animales disecados, un esqueleto humano en un rincón, y varias fotografías, donde la profesora Kirke salía con unos niños pequeños. Era desconcertante, porque la decoración no combinaba con la personalidad de la mujer, sino mas bien con la de Snape.
—Bien, Potter. Como se que sabe las bases de esta rama de la magia, concéntrese, y veamos como me repele de su mente.
Ambos se enfrentaron, varita en mano. Harry cerró los ojos, y alejó todo pensamiento de su mente.
—¡Legimenes!
Harry sintió que algo quería abrirse paso en su mente. De pronto, imágenes de su pasado comenzaron a desfilar delante de sus ojos. Intentó repeler a la mujer sólo con su mente, y de golpe, se encontró en el suelo, de rodillas.
—Bien, Potter. Tiene una mente fuerte. Con práctica, le va a resultar más rápido y fácil.
Harry, que se sentía mareado, abrió los ojos. La mujer estaba delante de él, impasible. Parecía muy frágil, pero al parecer era fuerte.
—Probemos otra vez.
Esta vez, Harry la repelió con un hechizo de pies de gelatina, mucho más rápido que antes. En la tercera vez, ya estaba demasiado cansado, y no logró expulsar a la profesora de su mente.
—Práctica, Potter, práctica. Con práctica todo se logra.—dijo la profesora, ayudándolo a ponerse de pie, luego de intentarlo por quinta vez.—Ya es tarde, es mejor que regrese a la torre. Yo le avisaré cuando será la próxima clase. Practique vaciando la mente antes de acostarse.
—Gracias, profesora.—asintió Harry. Cansado y sudoroso, se dirigió a la puerta.
—Ah, Potter.—Harry se volvió.—Feliz Año Nuevo.
MIIIIILLLLL PEEERRRRDOOOONNNESSS!!!!! Aquí estoy de nuevo.. Y estoy de vacaciones!! De todos modos, no creo que pueda actualizar antes de que vuelva al cole, pero lo intentare.
Dios, que poco falta para Deathly Hallows!! Y estoy preparándome psicológicamente para una abstención parcial de Internet, televisión y radio por unos seis meses.. Porque? Bueno, por que quiero leerlo en castellano, y no quiero enterarme de nada.. se que si Harry muere (ojala que no!!) va a salir en televisión, y si no muere, tambien, porque todo el mundo esta especulando con eso… asi que planeo encerrarme en una burbuja hasta que salga en castellano… Planeaba acabar este fic antes del 21, pero eso va a ser imposible.. asi que nos seguiremos viendo.. calculo que por varios meses mas… Y a los lectores de Un Cuento de Hadas… mil perdones tambien.. voy a seguir la historia, pero por ahora no… en uno o dos meses, no se, me quede trabada, y ademas, quiero terminar este fic primero…
Mañana voy a vr Harry Potter!! Estoy super contenta! Ayer, me levante a las nueve de la mañana, lunes, primer dia de vacaciones y encima feriado nacional, para comprar las entradas por adelantado. Y con el frio que hacia!! Hasta habia alerta porque estaba por nevar.. pero no me importo.. levanté a mi hermano, y lo obligue a acompañarme.. pobre!! En fin.. estoy feliz! Y tambien obligue a mi mama a tejerme una bufanda con los colores de Gryffindor, mientras que mi mejor amiga, obligo a la abuela a tejerle una con los colores de Slytherin… en fim.. Nada mas que decir.. cualquier ataque.. me dejan un review!! O un mensaje en mis fotologs: fotolog.com/somebody_helpme y fotolog.com/magia_hpotter
Ah, me olvidaba.. siento haberme atrasado con la contestacion de los reviews del cap anterior.. algunos me quedaron sin responder, pero prometo hacerlo..
Por fis.. dejen reviews!!
Besos!
Lali Black