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Historia 22081 — capítulo 25
Capítulo 23: La Mansión Riddle
“Tómame, que el mundo
Se vino a mis pies.
Llévame, que ya no
Me quiero esconder.”
“Llévame”
Kudai
Harry avanzó con pasó trémulo al interior de la casona, flanqueado por Ron, Hermione y Ginny. Las varitas de los cuatro se encendieron a la vez, iluminando un suelo de madera gastado, y cubierto de polvo, una gran escalera que conducía al piso superior, y que estaba tapizada por una derruida alfombra negra y dorada.
—Entonces...—comenzó Hermione.—¿Por donde comenzamos?
Harry suspiró ruidosamente.
—Podríamos separarnos.—sugirió Ron.—Sólo para explorar.
—Supongo que el horcrux estará en el sótano, o en un lugar parecido.—dijo Harry.—Si, podríamos separarnos, sólo para encontrar el lugar. Traten de no usar la varita más que para alumbrase; nos comunicaremos con los anillos.
Los demás afirmaron en la semi oscuridad.
—Nosotros revisaremos el piso superior.—dijo Ron, tomando la mano de Hermione, pero esta no cedió, y permaneció de pie sin moverse.
—¿Qué sucede, Hermione?—preguntó extrañado Harry.
—¿Estas... estas seguro de que... de que no hay nadie en esta casa?—
Harry ladeó la cabeza.
—Casi.—admitió.—No es muy probable, pero por las dudas, tengas cuidado.
Ron y Hermione afirmaron, y ambos se alejaron, subiendo sigilosamente las escaleras que se encontraban en el hall.
Ginny comenzó a caminar hacia la primera puerta que estaba a su derecha.
—¡Espérame!—protestó Harry en un susurro. Ginny se frenó de mala gana, y se giró. Harry llegó hasta ella, y la tomó por los hombros.
—¿Qué te sucede?—le espetó. La chica sostuvo su mirada.
—Tu estupidez me sucede.—respondió agriamente.
—Deja de comportarte como una niña pequeña, Ginny.—gruño.
—No discutiremos ahora.—le cortó.—Tenemos un horcrux que buscar, ¿recuerdas?
—Hagamos un trato: una tregua, hasta que salgamos de la casa, con o sin el horcrux.
—Me parece bien.—Ginny dudó un segundo, pero luego tendió la mano. Harry la estrecho.—Bien, trato echo.—sentenció ella, y un amago de sonrisa se dibujo en sus labios.
Entraron en la puerta a la que Ginny se había dirigido, que conducía a un comedor enorme. Todas las ventanas estaban segadas, y sólo se colaban unos débiles rayos de luz.
Harry pensó que quizá, no fuera en un sótano donde se encontraba el horcrux, y si en algún lugar escondido, tras una puerta secreta, y comenzó a abrir alacenas, y palpar las paredes y el suelo.
—Ya, Hermione, es sólo un hechizo convocador.—protestó Ron, mientras Hermione abría un ropero añejado.
—No, Ron. Ya escuchaste a Harry; no tienes porqué usar la magia ahora.
Ron resopló, y se arrodilló en el suelo, para mirar debajo de la enorme y pesada cama de roble que coronaba la habitación, al parecer, la alcoba principal. Todas y cada una de las cosas estaban cubiertas por una gruesa lámina de polvo de más de cincuenta años, y que ni siquiera se levantaba con los roces de los zapatos de los chicos.
—Hermione...
—Te dije que no, Ronald, ¿es que no entiendes?—contestó la chica, sin darse vuelta, mientras investigaba tras un gran y manchado espejo.
—Es que...
—¡Ya, Ronald!—Hermione se giró furiosa.—¡Te dije que no...!¿Que haces?
Ron levantó la vista, con el cabello lleno de polvo.
—Intento ver si lo que hay aquí abajo es la manija de una puerta secreta.—gruño. Hermione suspiró, y agitó su varita. La cama se elevó unos metros sobre sus cabezas y pudieron ver, bien disimulada entre la espesa capa de polvo, a una puerta lo bastante ancha para que alguno de ellos pudiera pasar.
—Debemos avisarle a Harry.—dijo inmediatamente Hermione, posando la cama nuevamente en el suelo, sobre la puerta trampa.
Agitó la varita sobre su anillo con el diamante de Fénix, y luego se sentó en el suelo.
—Esperemos.
Harry saco todos y cada uno de los libros de la biblioteca que habían encontrado, con la esperanza de descubrir algún pasaje secreto. Ginny se había dedicado a observar las paredes, buscando algo, cualquier cosa.
—¡Oh!
—¿Qué sucede?—se alertó Ginny, y se acercó rápidamente a Harry.
—Mi anillo.—Harry observó su anillo a la luz de su varita, y leyó la nota de Hermione.
Hallamos algo. Segunda puerta del pasillo.
—Han hallado algo.—dijo, y sin más palabras, tomó a Ginny de la mano y la arrastró escaleras arriba.
El pasillo que se abría al finalizar la escalera, debía de haber sido luminoso y fastuoso en sus mejores momentos, pero en ese instante, a Harry se le antojo el más lúgubre y oscuro, aún más que el que conducía al Departamento de Misterios.
Abrió la puerta de la segunda habitación, y encontró a Ron y Hermione sobre el suelo polvoriento.
—¿Qué han encontrado?—preguntó inmediatamente, entrando al cuarto con Ginny pisándole los talones.
—Una puerta secreta.—respondió Ron, poniéndose de pie, y ayudando a Hermione a hacer lo mismo.—Debajo de la cama.—agregó, con un gesto lánguido, señalando hacia el lugar que había indicado en palabras.
Harry se giró, y contempló la cama con el ceño fruncido, sopesando opciones. Hermione se acercó tímidamente a él.
—¿Crees que...?
—Puede ser.—respondió secamente.—Podríamos probar, ¿verdad?
Agitó la varita, y movió la cama de lugar, dejando al descubierto puerta trampa, semi camuflada con el polvo del suelo. Luego tiró de la argolla que aparentemente estaba atornillada al suelo, pero una puerta se abrió ante ellos.
—Yo voy primero.—dijo Ron, dando un paso adelante, demostrando un gran valor que no se reflejaba en su cara.
—No es necesario.—dijo Harry.—Iré yo.
—Harry...
—Iré yo, Ginny.—les dirigió una mirada a sus amigos.—Cuando compruebe que allí abajo es seguro, les aviso y podrán seguirme.
Asintieron, y Harry se sentó en el borde de la puerta, con los pies colgando en el aire.
—Allí voy.—dijo, y se empujó hacia abajo.
Con una leve sensación de dejavù, comenzó a caer a gran velocidad por un túnel recto, pero que parecía no tener fin. Sólo había oscuridad y humedad, y algunas rigurosidades en las paredes del túnel. Luego de lo que le pareció unos diez minutos de caer por dos o tres kilómetros, cayó sobre algo esponjoso. La sensación de dejavù creció horriblemente, pero no se dejó vencer por ese sentimiento, y se puso de pie. Estaba en una sala tenuemente iluminada y fría. No veía las paredes ni los límites del cuarto, ni en lo que estaba parado.
—¡Pueden bajar!—gritó hacia el túnel. Varios minutos después, llegaron consecutivamente Hermione, Ginny y Ron.
—Esto no me gusta.—dijo Ron poniéndose de pie.
—A mi tampoco.—secundo Hermione, que se ponía de pie y sacudía su pantalón.
De repente, algo pasó rápidamente en la oscuridad, delante de ellos, con un sonido silbante y agudo, seguido de un grito de Ginny.
—¿Que sucede?—se alarmó Harry.—¡Ginny, Ginny!
Tanteando en la oscuridad, se acercó a la chica, y la oyó forcejear.
—¡Algo… algo me está sujetando los tobillos!
Palpó los tobillos de Ginny, y de repente, cayó en la cuenta de lo que era aquello, y de cómo se combatía.
—¡Lumos!
La varita de Harry brilló intensa en la oscuridad, alumbrando los tobillos de Ginny, que seguía forcejeando y peleando con aquello.
—¡Lazo del Diablo!—chilló Hermione, viendo como las gruesas ramas verdes que se estaban trepando por el cuerpo de la pelirroja cedían y se reducían ante la luz de la varita mágica de Harry. Pronto, otras ramas que estaban lejos de la luz cobraron vida y empezaron a enredarse en las piernas de todos. Con las luces de sus varitas lograron zafarse de ellas, saltando sobre una superficie dura y lisa. Se apoyaron contra la pared, respirando agitadamente, aún iluminados por sus varitas.
—Eso... eso ya lo vivimos.—dijo Ron, y cayó sentado en el suelo.—Hace seis años.
—Cuando burlamos a Fluffy.—recordó Hermione.—Para salvar la Piedra Filosofal de Snape.
—¿Por qué Voldemort habrá imitado la trampa?—preguntó Harry al aire.
—¿Y que importa?—dijo Ginny, histérica.—Ya escapamos de esa... esa planta asesina.
Un silencio se instaló por unos largos segundo, mientras el Lazo del Diablo seguía retorciéndose bajo la luz de las cuatro varitas.
—Sigamos.—murmuró Harry finalmente, y se dirigió a la pesada puerta de madera que estaba alejada de la planta. Se abrió lentamente, y antes ellos se materializó una gran habitación iluminada por antorchas, y llena de un sonido musical y tintineante que provenía de algún lado. Instintivamente, Harry, Ron y Hermione levantaron la cabeza.
—¿Pájaros?—preguntó Ginny, siguiendo la mirada de los otros tres. Harry bajó la vista, y la fijo en cinco escobas que estaban apoyadas en la pared contraria.
—No.—dijo Harry.—Llaves aladas.
—¿Llaves aladas? Oh...—dijo comprendiendo Ginny.—¿Debemos encontrar la correcta?
—Exacto.—contestó Ron.—¿Es que nunca te contamos como Harry salvó la Piedra Filosofal?
—No fui yo sólo.—murmuró Harry, abochornado.
—Si, fuiste tú.—sentenció Hermione.
—Nadie me contó nada.—dijo Ginny.
Ron se acercó a la puerta de madera que estaba en el lado opuesto del cuarto, al lado de las escobas.
—Bueno, cuando Harry rescató la Piedra...
—No fui yo sólo.—repitió el chico en voz más alta.
—Bien...—comenzó Ron.—Cuando los tres rescatamos la Piedra, el primer obstáculo fue el Lazo del Diablo. Piensa que estábamos en primero, y no sabíamos todo lo que sabemos ahora. Por suerte, Hermione había prestado atención en Herbología, y nos rescató de la planta. El segundo obstáculo—señaló el cuarto, abarcándolo con una mano.—era este.
—Bien, ¿y que hay que hacer?
Ron observó la puerta nuevamente.
—Buscar una llave vieja y herrumbrosa.—dijo.
—Pero esta vez no podremos encontrar una con el ala rota.—dijo Harry.—Igualmente, probemos.
Harry distribuyó la posición de sus amigos: Ginny arriba, Hermione a la izquierda y Ron a la derecha. El se colocó en el medio, y todos comenzaron la caza de una llave antigua y oxidada.
Luego de probar tres llaves distintas (Ron juraba que en las tres ocasiones habían atrapado la misma llave) dieron con una que abrió el portal.
—¿Y ahora que viene?—preguntó Ginny, antes de que Harry girara el pomo de la puerta.
—El ajedrez gigante.—dijo Hermione, a la vez que Harry abría la puerta del todo, y revelaba un gran tablero de ajedrez que ocupaba todo el cuarto, con sus piezas en su lugar.
—Debemos ocupar su lugar.—dijo Ginny. No era una pregunta.
—Por supuesto.—dijo Harry. Y observó a Ron.—¿Compañero?
—Claro.—Ron avanzó unos paso.—Estoy seguro de que no será la misma jugada que antes.
—Seria muy obvio.—dijo Ginny.
—Bien...—dudó unos momentos.—Ginny será la reina, Harry el rey, Hermione el alfil de la reina y yo el del rey.
Cada uno tomó su puesto, luego de que la pieza blancas que lo ocupaba bajara del tablero.
—Intenta que nadie se quede atrás.—pidió Hermione, con voz ronca.—Y menos que menos tú.
Ron no respondió, pero sonrió.
Se mantuvieron en silencio, mientras el pelirrojo pensaba los movimientos que debía hacer a continuación. Harry se mantenía sereno, pero en apariencia. Por dentro, se debatía entre salir corriendo y alejarse de todo, salir corriendo, pero hasta el horcrux, cogerlo y destruirlo, o quedarse allí, y esperar que termine la partida con ellos como ganadores, confiando en el don nato de Ron para el juego. Sabía que lo último era la respuesta correcta, pero por milésima vez, su mente y su corazón se enzarzaban en largas disputas, donde el único dañado era él mismo.
Se repitió, como un mantra, que al final de ese estúpido juego puesto por Voldemort, se encontraría con la taza de Helga Hufflepuff, y luego de destruirla, habría avanzado un paso más hacia la inevitable guerra final con el Señor de las tinieblas. Pero temía (Y suponía que tenía razón, conociendo a Voldemort como quizá él sólo lo conocía) que luego de ese juego, se encontraran con un troll, y luego con la sala de los venenos, donde era probable que sólo Hermione pudiera exponer una solución. Y finalmente, el tan ansiado horcrux, ya que suponía que Voldemort no tendría en su poder al espejo de Oesed.
Harry avanzo los casilleros que le indicaba su amigo, y un peón agachó la cabeza vencido, para salir del tablero. Ginny venció a un alfil y dos peones, Hermione a un caballo y Ron a una torre. Y había pasado media hora del juego, y Harry comenzaba a impacientarse.
—¿Falta mucho, Ron?—preguntó.
—Sólo un poco.
Hizo unos cuantos movimientos más, y pronto, el rey negro entregaba su corona a Ron.
—Hemos ganado.—dijo finalmente. Los cuatro se precipitaron a la puerta en el otro lado del cuarto.
—Ahora viene los venenos.—susurró Hermione, y en cuanto entraron al siguiente cuarto, un fuego violeta se encendió a sus espaldas, bloqueándoles la salida, y otro negro en la puerta opuesta, dejándolos cercados. En el centro, una sencilla mesa de madera sostenía siete botellas de vidrio de diferentes formas, que contenían líquidos de distintos colores. Frente a las botellas, descansaba un pergamino (N/A: Ni loca, ni muerta soy capaz de hacer un acertijo... Soy tremendamente inútil para esas cosas ¬¬).
—¿Qué sucede?—preguntó con pánico Ginny.—¿Cómo salimos ahora?
—Shh, tranquila.—dijo Harry.—Hay que saber cuál de estos venenos es el que nos lleva a través del fuego violeta y cual a través del negro.
Hermione se acercó de inmediato al pergamino que estaba sobre la mesa, y lo leyó. Comenzó a murmurar para si misma, tal cual lo había echo siete años atrás. No dejaba de ir y venir por el cuarto, sin dejar de hablar para si misma. Diez minutos después, pegaba un brinco, sobresaltando a todos.
—¡Ya está!—dijo alegremente.—Es la cosa más fácil que he leído. La botella más pequeña es la que nos lleva por el fuego negro, y la más grande la que nos lleva por el fuego violeta.
—No hay suficiente para que pasemos los cuatro.—observó Ron.
—Es verdad.—confirmó Harry.—Iremos Ron y yo. Ustedes dos se quedan aquí.
Las protestas no se hicieron esperar, más aún, de parte de Ginny.
—¡Yo quiero ir!—de pronto, parecía una niña pequeña encaprichada con un dulce.
—Ginny, por favor, sabes bien que no irás.—contestó tajante Harry.
—Esta ya no es tu lucha personal, Harry.—discrepó Hermione.—Hace siete años puede ser, pero ahora todos estamos metidos en esto.
—Aunque hubiésemos podido pasar los cuatro, ustedes dos se iban a quedar igual.—contestó Ron.—Ya no hay más discusiones. Vamos, Harry.
Los dos chicos dejaron con la palabra en la boca a Hermione y Ginny, y cada uno tomó un sorbo de la botella más pequeña, para luego atravesar con sumo cuidado la valla de fuego negro azabache, e internarse en una desconocida habitación.
Harry y Ron se abrieron paso a un gran cuarto, que parecía abarcar toda la casa, por debajo de esta. El techo era alto, pero no tanto como para perderlo de vista. Las paredes eran un mar de terciopelo verde brillante, sólo interrumpido por antorchas de fuego mágico perenne, y el suelo era profundamente negro. El silencio lo embargaba todo, solemne pero a la vez intimidante, como si supiera que aquellos dos visitantes se llevarían algo muy importante.
Inusitadamente, la habitación parecía completamente vacía. Pero sólo a primera vista, porque si uno observaba bien, podía divisar en el extremo opuesto a donde se encontraban los dos amigos, una pequeña caja de forrada en cuero que descansaba sobre un almohadón de un lustroso terciopelo negro.
—¿Es esa?—preguntó en un susurró Ron, como si temiera despertar algo.
Harry asintió.
—Esa es la caja que Hepzibah Smith le mostró a Voldemort.
Avanzaron unos pasos trémulos hasta posicionarse a dos metros de la caja.
—¿Crees que tenga alguna protección?—volvió a romper el silencio Ron.
—No. Las anteriores trampas han sido suficientes. Pero de todos modos,—agrego Harry.—no debemos subestimarlo. Creo que podremos tomar la caja, pero algún mecanismo nos impedirá salir.
Ron soltó un bufido.
—¿Siempre es tan molesto?—lanzó la pregunta al aire, pero logró que Harry riera levemente.
—Avísale a las chicas que se preparen para salir corriendo en cuento les digamos.—advirtió Harry. Ron movió la varita sobre su anillo, y minutos después obtuvo la respuesta de Hermione. Si ustedes lo ordenan, así se hará,
—Creo que se ha enojado.—murmuró Ron.
—Lo siento, amigo, pero ya tendrás tiempo de reconciliarte con ella.
—Y tú con mi hermana. Te apuesto que no esta de un humor excelente.
Harry cabeceó, y se enfrento a la caja negra.
—¿Preparado?
—Preparado.—murmuró Harry.
Respiró hondo, y levantó la caja del almohadón.
Nada.
El silencio era aún más palpable y tenso, pero nada había cambiado. Se mantuvieron alertas, pero nada cambiaba.
—Bien, creo que te has equivocado.—siseó Ron, aliviado.—Vayámonos.
No habían dado ni cuatro pasos, cuando todo comenzó a temblar, y a inclinarse hacía abajo.
—¡Rápido!—gritó Harry, asegurando la caja entre sus ropas. Comenzaron a correr hacia la salida, a pesar de que la marcha se hacía dificultosa porque iban cuesta arriba. Salieron de la Gran Habitación Verde, y fuera los esperaban Hermione y Ginny, aterradas, pero concientes del peligro. Todos bebieron rápidamente de la botella más grande, y atravesaron el fuego violeta.
Corrieron a toda velocidad por el tablero de ajedrez mágico gigante, y tuvieron que sortear algunas piezas que le impidieron el paso. En ese momento, todo comenzó a destruirse. Caían grandes trozos de techo, y el suelo se habría en grandes y profundas grietas, que debían saltar, mientras todos seguía inclinándose.
Llegaron a la sala de las llaves voladoras, que aún estaba en condiciones, pero seguía temblando y ladeándose tanto que casi les era imposible mantenerse en pie.
—¡Tomen una escoba!—gritó Harry, y los cuatro salieron volando de la habitación, que había comenzado a desmoronarse sobre ellos.
El Lazo del Diablo bloqueaba la salida en la siguiente habitación, pero Ginny puso remedio a eso rápidamente.
—¡Lumos!—gritó.
La planta comenzó a retorcerse, pero muy lentamente, a pesar de que luego se habían sumado las varitas de los demás.
—¡Es algo en la planta!—masculló Hermione.—¡Intenten cortarla!
Utilizaron encantamientos diseccionadotes, pero no funcionaba. La planta crecía el doble a cada rama que lograban cortarle.
—Es imposible, ¡no podremos salir!
—¡Si que podremos!—gritó Harry furioso, mientras esquivaba un pedazo de techo.—¡Intenten todo lo que puedan!
Harry se planteó seriamente en usar el Avada Kedavra para asesinar a la planta, que no los dejaba pasar por nada que intentaran. Y de pronto, como una iluminación divina, halló la respuesta. Sin saber porque, sabía que era la correcta, aunque había algo imperfecto en ella.
—¡Se necesita una clave!—gritó.—¡Una palabra, algo!
—¡No es una clave!—logró decir Ginny, entre la nube de polvo que se formaba en torno a ellos.—¡Di algo en pársel!
Asombrado, Harry se fijó mejor en la planta. No era una planta. O al parecer, si lo había sido al principio, pero se había convertido en una serpiente verde y pegajosa de miles de cabezas, que se enredaban unas con otras. Intentó concentrase en ellas, y un centenar de ojos se fijaron en él, cuando pronunció:
—¡Habrán pasó!
Las serpientes se desenredaron como por arte de magia, y se arrastraron por las destrozadas paredes, que seguían cayéndose a pedazos. El hueco en el techo que habían dejado al descubierto las serpientes, asombrosamente, aún no se había caído, pero no faltaba mucho.
—¡Vamos!—siseó Harry, y los cuatro volaron hacía arriba, en dirección a la casona de los Riddle, varios kilómetros por sobre encima de ellos.
Huuu!! No piensan matarme?? Ahh! Que estos días no fui yo, si no una pseudo humana con estrés.. Un zombi que lo único que hacía era comer, estudiar, dormir (si es que podía), estudiar, estudiar y estudiar!!! Tengo unas ojeras tremendas, y recién hoy he podido hacerme un espacio, porque me han cambiado de fecha algunos exámenes de esta semana… Pero estoy hasta la coronilla de apuntes, la globalización, economía, revolución francesa, las células, los paradigmas humanos y no se que cosas más.. Estoy podrida!!!!! En fin, aquí está el cap.. Ya no queda mucho.. Estoy pensando en terminarlo rápido porque no podre seguirlo.. mi año escolar se avecina terrible… lo de las ultimas semanas sólo ha sido una probadita de todo lo que me espera, asi que no podre continuar con el fic.. igualmente, me puse de plazo acabar antes de que salga HP and the Deathly Hallows.. asi que esto continua hasta el 21 de julio..
Bueno.. Hace un mes mas o menos, subí un One shot de la serie de vampiros de Stephenie Meyer, con spoilers de Luna Nueva.. Asi que al que le gusten las historias de Meyer, puede encontrar el One short en mi profile o en la sección de Cuentos de Vampiros..
Plis, dejen reviews..!!! Es lo que me da ganas de continuar.. El cap pasado tuvo pocos reviews, y se que me lo merezco por tardar tanto, pero son mi incentivo, mi “sueldo”, por decirlo de alguna manera.. asi que contribuyan con esta pobre servidora!!
Muchos besos!
Lali Black