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Historia 22081 — capítulo 24
¿Dónde estábamos? Ah, si... Harry, Ron, Hermione y Ginny parten al día siguiente de Navidad, con permiso de la profesora McGonagall, del colegio, rumbo a un destino que no le mencionaron a la profesora.
Harry les da a sus amigos la sorpresa de la reconstrucción de la casa del Valle de Godric, y se instalan allí. Luego, van a Pequeño Hangleton, pero se desvían hacia la casa de Gaunt, donde encuentran a una boa constrictor, guardiana de uno de los horcrux de Voldemort. La boa resulta ser la que Harry liberó en el zoológico, y les dice que el horcrux, efectivamente, está en la Mansión Riddle. La boa, a cambio de que Harry la ayudé a ir a Brasil, promete dejarle vía libre hacia el horcrux.
Los cuatro vuelven a la casa, pensando la manera de enviar a la boa y su familia a Brasil. Se toman un descanso, y deciden ir al cine, pero no llegan, ya que se encuentran con unos mortífagos que están atacando a un grupo de hermanos. Los salvan, y luego, en la casa, Harry descubre el significado de la profecía de Excalibur, la espada que supuestamente era de Ravenclaw. Bien.. En esto quedamos.. Ahora, sigamos...
**Capítulo 22: La solución**
“Una vez más, buscamos este nuevo encuentro.
La misma libertad de ayer, de nuevo a jugar.
La misma sensación,
El mismo sentimiento de amistad.”
**“Juntos para siempre”**
Alejando Lerner
El día siguiente pasó como un oasis en medio de la guerra. Harry no había atenido ningún sueño con Voldemort, y ya comenzaba a pensar que sólo había sido cosa de su imaginación. El descubrimiento del día anterior, en realidad no solucionaba nada, ya que de una u otra manera, estaba destinado a destruir a Voldemort.
Finalmente pudieron ir al cine, y vieron una de las películas viejas que pasaban, “Entrevista con el vampiro”, y luego fueron a tomar algo a “La Buena Cerveza”. Cuando regresaron a la casa, Hermione se encerró en el estudio toda la tarde. Los demás decidieron armar una guerra de nieve en el patio trasero, que duró horas. Los tres terminaron completamente empapados. Antes de la cena, cada uno se dio un baño tibio y reparador, y se reencontraron en la sala. Hermione no había salido del estudio hasta el momento.
—Espero que no tarde demasiado.—dijo Ginny.—Ya es de noche, no tenemos tiempo de reparar mucho.
—Aquí estoy.—dijo la voz de Hermione, bajando las escaleras.—Ya tengo la solución.
Bajó los últimos peldaños, y se arrojó en un sofá. Parecía haberse dado un baño. Traía unos pergaminos en la mano.
—¿Y bien?—preguntó ansioso Harry
—Revisé cada una de las posibilidades que tenemos.—comenzó.—Pensé en Aparecernos en Brasil, pero eso es imposible. La Aparición Internacional es regulada por el Ministerio: sólo se puede desaparecer desde lugares previstos por ellos, y ahí que dejar declaración escrita de lo que se lleva. No podríamos desaparecer con una boa.
“Lo segundo que pensé fue en introducir al animal como polizón en algún barco rumbo a Brasil. Pero me pareció peligroso: no es una serpiente, son más de una. Asi que pensé en alguien que traficaran serpientes. No son muy confiables, pero hay alguien, Harry, que te debe la vida.
Harry abrió los ojos.
—¿No estarás hablando del maldito...?
—Si, Harry, Mundugus Fletcher.
—Pero…—interrumpió Ron.—¿Mundungus no esta en Azkabán? Se hizo pasar por un Inferi, ¿recuerdan?
—Bien, si, pero tengo la esperanza de que lo hayan liberado. Harry, te debe la vida, él lo sabe. Y tiene que pagarte de alguna manera. Sabemos que es confiable. De todos modos, podrías hacer un encantamiento Fidelio, o un Juramento inquebrantable. No quebraría un Juramento Inquebrantable, no es tonto. Estoy segura de que sabe la manera de sacar a la boa del país y enviarla con toda su familia a Brasil.
Harry suspiro.
—Esta bien.—asintió.—¿Cómo harás para saber si Mundungus está libre o no?
—Es miembro de la Orden.—dijo Hermione.—Le debe obediencia a Remus, porque él es el jefe, y él debe de saber que ocurrió con Mundungus. Si convencemos a Remus de que nos contacte con Mundungus, lo demás será fácil.
—¿Y que excusa le daremos a Remus?—preguntó Ginny.—Querer hablar con Mundungus equivale a estar metidos en algo ilegal.
—Es verdad.—aprobó Ron las palabras de su hermana.—Y Remus hablará con McGonagall, y adiós a nuestro permiso de salir del colegio.
—Díganme la verdad.—pidió Hermione, en tono obvio.—¿Remus realmente nos preguntará para qué necesitamos a Mundungus? Yo creo que no lo hará. No lo hará porque ya entendió demasiado bien que en lo que nosotros hacemos no podrán entrometerse. Él no lo hará. Quizá, después intente sonsacarle la información a Mundungus, pero no podrá.
—Esta bien, Hermione, como digas.—se rindió Harry. No le parecía buena idea contactar a Mundungus Fletcher. No le parecía buena idea mezclarlo con la búsqueda de los horcuxes. Le daba mala espina. Pero no encontraba ninguna solución, y Hermione les había dado la única, por lo que tendría que aprovecharla.
—Bien, contactaré a Remus con mi patronus.—dijo Hermione, subiendo las escaleras nuevamente.
—¡En un rato Dobby tendrá la comida!—le avisó Harry, y Hermione hizo un gesto con la mano en lo alto de las escaleras, antes de desaparecer.
—Bien, creo que hay que esperar.—dijo Ron, estirando los brazos.—Supongo que esta noche no podremos ir a dormir temprano.
—No. Roguemos que esté libre.
Dobby anunció la cena, pero Hermione no bajó a comer. Dijo que luego cenaría, y que estaba ocupada. Ron, Hermione y Ginny cenaron en silencio, y luego subieron nuevamente hasta el cuarto de Hermione.
Ron golpeó varias veces.
—¡Hermione!—llamó Ron.—¡Abre, Hermione!
La puerta se abrió, y Hermione apareció en el umbral.
—Estaba por bajar.—dijo la chica, con cara de mal humor.—Pasen.
Los tres entraron al cuarto de la chica. Se sentaron frente a la chimenea, mientras Hermione se sentaba en el suelo.
—Hable con Remus a través de la Red Flú. No hizo preguntas, y me dio este papel, con las coordenadas de Aparición y la dirección de la casa de Mundungus. Lo han liberado hace dos meses, pero no salió en ningún periódico. La gente piensa que el Ministerio esta haciendo algo; liberarlo significa que cometieron un error, pero no podían dejarlo dentro: como los dementotes no custodian la prisión, los presos no se mueren de tristeza y desesperación, por lo que las celdas están colmadas.—suspiró cansinamente.—En fin… Mundungus esta protegido por el encantamiento Fidelio, así que debemos quemar el papel en cuanto hayamos memorizado la dirección.
“Es un pueblo pequeño de las afueras de Stratford–upon–Avon*. Pero Remus dice que tendremos suerte si lo encontramos. Dice que ahora no esta en ninguna misión, pero que eso no será garantía para que lo encontremos; siempre está fuera, en algunos lugares mágicos, intentando vender cosas, a pesar de que Remus le haya ordenado estrictamente que se cuidara para no volver a la cárcel.
—Claro, debe de vender las cosas de Sirius. Mis cosas.—gruño Harry.
—Bien—siguió Hermione, como si Harry no hubiese interrumpido.—ahora sólo hay que ir a buscarlo, y obligarlo a que nos ayude.
—Porque va a ser muy fácil.—volvió a gruñir Harry.—Sólo espero controlarme, porque si lo agarro…
—Venga, Harry. Piensa que es para encontrar un horcrux.—insistió Ron. Harry respiró hondo, y asintió.
—Bien. Recojan sus bolsos, y reunámonos en la sala en diez minutos.
Cada unos salió a su correspondiente habitación. En diez minutos, estuvieron en la sala. Harry se colocó frente a ellos, tomado de la mano de Ginny. Hermione mostró las coordenadas, y la dirección de la casa. Cuando las memorizaron, Hermione arrojó el papel a la chimenea. El trozo de pergamino quedó reducido a cenizas en cuestión de segundos.
—Allá vamos.—dijo Harry, desapareciendo de la sala con Ginny, a la vez que lo hacían Ron y Hermione.
Los cuatro aparecieron en un callejón desierto. Completamente desierto, pero sucio. Salieron a la calle, que también estaba vacía, salvo por varios gatos callejeros que merodeaban en la basura. La nieve se acumulaba en los rincones, y las calles estaban muy sucias. Un viento gélido los hizo temblar ligeramente, y algunas sombras extrañas se movieron en el suelo.
—Eh… Creo que es por aquí…—dijo Hermione, adelantándose. Todos la siguieron, sin dejar de pasear la vista por los alrededores. Parecía un pueblo fantasma, pero a esa hora de la noche y con el frío que hacía era obvio que nadie estuviera en la calle.
Caminaron unas cuantas calles, doblando en algunas esquinas, hasta que dieron con la calle Grubby Street. Recorrieron las casas, hasta encontrar el número 13. Era una casa pequeña, con la pintura descascarada y de un color indefinido. Había una pequeña ventana mugrienta cubierta de nieve.
—Aquí es.—susurró Ginny. Harry se adelantó, y golpeó firmemente en la desvencijada puerta. Esperaron un largo rato, pero al fin, la puerta se entreabrió. Harry y los demás vieron asomarse una melena rojiza y enmarañada. El hombre levantó la cabeza, y dio un respingo al ver a Harry.
—Oh, Harry… Que… ¿Qué haces tú aquí?¿Como me encontraron?—el hombre se removió inquieto detrás de la puerta.
—Necesitamos pedirte un favor, Mundungus. Me lo debes.—dijo Harry calmadamente. El hombrecito suspiró, y cerró la puerta, para quitar la cadena de seguridad. Luego la abrió de par en par, y con un gesto de la mano, los invitó a pasar.
Lo primero que sintieron fue un fuerte olor a tabaco, mezclado con un ligero tamiz de whisky de fuego. Luego fueron concientes del lugar donde estaban. Era una sala redonda, con una chimenea ardiendo sofocantemente. Estaba decorado con mal gusto: alfombras persas en el suelo, cortinas de seda azules en la ventana, un gran sofá de cuero, y una mesa ratona de mármol verde. Había algunos muebles de damasco, y otros muy antiguos, que desentonaban con todo. Del techo colgaba una anticuada araña de velas que debía de tener al menos ciento cincuenta años. Las paredes eran violeta, lo que daba una sensación de sofoco que se intensificaba con la ardiente chimenea.
—Siéntense.—indicó Mundungus.—Y llámenme Dung, ¿de acuerdo?
Los cuatro jóvenes se sentaron sobre el sofá de cuero, que crujió misteriosamente bajo su peso, mientras que Mundungus atrajo con su varita una butaca de raso de otra habitación. No parecía haber pasado algunos mese en prisión.
—¿Quieren tomar algo? Lo único que tengo es whisky de fuego, aunque puedo encontrar alguna botella de cerveza de mantequilla.
—Estamos bien, Dung. Sólo será un momento.—dijo Harry, pacientemente.—Iremos directo al grano. Necesitamos que traslades a Brasil a una boa constrictora y a su familia.
Mundungus parpadeó.
—¿En que andan metidos?—preguntó con voz melosa.
—En algo que no es de tu incumbencia.—respondió Harry, siseante.
—Debe ser algo relacionado con el Innombrable, ¿a que si?
—No te importa, Dung.—Harry comenzaba a perder la paciencia.
—Bien… creo que puedo hacerlo. ¿Cuántas serpientes son?—preguntó inmediatamente el hombre, al ver que Harry comenzaba a alterarse.
—No se bien. Deben ser cuatro, o cinco. Son boas constrictoras.—aclaró Harry.
—Bueno...—el hombre dudó unos segundo, pero continuó hablando.—Creo que puedo hacerlo. Tengo un amigo que contrabandea pociones de amor en baúles de doble fondo a América. Me debe un favor, así que podría decirle que en uno de los baúles lleve a las serpientes.
—Eso estaría bien.—dijo Harry.—¿Podrás hacerlo?
—Si, si.—dijo Mundungus rápidamente.
—Ahora debemos asegurarnos que no le cuentes nada a Remus, ni a nadie.—dijo Hermione, hablando por primera vez, y poniéndose de pie.—¿Qué prefieres: juramento inquebrantable o encantamiento Fidelio?
Harry lo miró evaluativamente. Estaba seguro de que elegiría el encantamiento Fidelio... Era tan cobarde. Pero le sorprendió su respuesta.
—Si esto tiene que ver con derrotar al Innombrable, será el juramento inquebrantable.—dijo con una voz segura.
—¿Estas completamente seguro?—preguntó Harry.—Recuerda que si llegas a decir algo, puedes morir.
—Sé lo que es un juramento inquebrantable, muchacho.—dijo él.—Hagámoslo.
—Bien, arrodíllense.—dijo Hermione. Ambos lo hicieron, uno frente a otro.—Y tómense de las manos.
Hicieron cuanto Hermione ordenaba, aunque con cierta reticencia. Esta puso su varita en la unión de las manos de Harry y Mundungus.
—Pon tus condiciones, Harry.
—¿Prometes hacer todo lo que esté a tu alcance para cumplir con el favor que te pedí?
—Lo prometo.—dijo Dung.
Una cinta de fuego salió de la punta de la varita de Hermione, y ató las manos de Mundungus y Harry.
—¿Prometes no contarle a nadie lo que se ha hablado esta noche entre nosotros?
—Lo prometo.
Una segunda cinta de fuego se unió a la primera, formando los eslabones de una cadena de fuego.
Harry dudó antes de hablar.
—¿Prometes que si alguien descubre que están traficando serpientes nadie relacionará eso con nosotros?
Sonaba como un mafioso inescrupuloso, pero se le había ocurrido a último momento.
—Lo prometo.—respondió él, para sorpresa de Harry.
Otra lengua de fuego se unió a la cadena que formaban las anteriores. Brillaron por unos segundos, y luego desaparecieron, dejando libre las manos de Harry y Mundungus.
—¿Eso es todo?—preguntó Harry.
—Eso es todo.—confirmó Hermione, sacando la varita. Los dos hombres se levantaron.
—Vuelvan mañana en la mañana con las serpientes, y tendré preparado todo.—dijo Mundungus, mientras iba hacia la puerta, y la abría.—Ahora váyanse, que podrían verlos, y eso no es bueno.
Los cuatro salieron de la ahogante habitación sin decir palabra. La callejuela estaba completamente desierta, por lo que se desaparecieron allí mismo.
Aparecieron en la sala del número seis de Petit Valleé. La chimenea seguía ardiendo.
—Estoy muerta.—bostezó Ginny.—Buenas noches a todos.
Saludó con un beso a Harry, y luego a su hermano y a Hermione, y subió a su cuarto. En cuanto Ginny hubo desaparecido, Hermione se acercó a Harry.
—¿No has soñado con Voldemort?—preguntó en un susurro. Ron se acercó a oír interesado.
—Hace dos noches que no sueño con él.—dijo Harry, encogiéndose de hombros.—Creo que fue una prueba de mi mente.
—Ten cuidado, Harry.—advirtió Hermione, mientras tomaba del brazo a Ron.—A Voldemort también le gusta ponerte aprueba
Y con esa frase en el aire, Hermione y Ron subieron las escaleras, dejando a Harry en la sala, con algo que pensar.
El día siguiente amaneció despejado, pero ligeramente ventoso. Harry despertó bien temprano, por el canto de algunas aves, aunque no había podido dormir muy bien. La advertencia de Hermione le había rondado en la cabeza toda la noche, y barajó toda clase de posibilidades. Esa noche tampoco había soñado ni visto nada relacionado con Voldemort, por lo que seguía convencido de que eran juegos de su subconsciente.
En la cocina encontró a Ginny, intentando preparar un desayuno.
—¿Necesitas ayuda?—preguntó desde la puerta.
Ginny se giró, y sonrió.
—Sólo un poco.
Harry se acercó a ella, y entre los dos terminaron el desayuno, en silencio.
—Dobby se va a ofender.—dijo Harry, cuando ambos terminaban de freír unas salchichas.
—Ya lo creo.—rió Ginny. Luego se puso seria.—¿Crees que lo de mi hermano y Hermione va en serio?
Harry dio un respingo.
—Por supuesto.—dijo.—Me ofendes. Estoy seguro de que hice un buen trabajo como Celestino.
—Bueno...—Ginny dudó unos momentos.—Tu trabajo lo han terminado los gemelos.
—¿Qué es lo que te preocupa?—inquirió el chico, sentándose en una de las sillas.
—Ron.—dijo ella.—Me preocupa él. Me preocupa que eche a perder su relación con Hermione.
Harry atrajo a Ginny hacia él, y la hizo sentarse en su regazo. La abrazo por detrás, y le besó el cuello.
—Ron podrá ser un vago, un dejado, lo que quieras. Pero te aseguro que ama a Hermione tanto como yo te amo a ti.—volvió a besar la oreja de Ginny.—Presencié desde el primer momento de su relación; desde que se conocieron en el expreso de Hogwarts, y puedo decir que en ese preciso momento sus destinos se cruzaron para siempre.
—¿Eres poeta?—rió ella.—Bien, eso me deja más tranquila. Conozco a mi hermano hace dieciséis años, pero de verdad nunca lo vi asumir un compromiso.
—Pues déjame decirte que tu hermano ha madurado muchísimo desde que lo conozco.—dijo Harry, sin dejar de abrazar a Ginny.
Juntos terminaron de preparar un desayuno rápido, y en poco tiempo, Ron y Hermione estaban en la cocina.
—Bien.—dijo Harry mientras Ginny y Hermione servían el desayuno.—Partiremos inmediatamente después del desayuno a Pequeño Hangleton. Confió en que Unukalhai nos esté esperando.
Desayunaron velozmente, y en menos de media hora, los cuatro amigos estaban en la sala, preparados para partir.
—Cuando dejemos a las serpientes con Mundungus, volveremos a Pequeño Hangleton...—hizo una pausa, para contemplar las caras de los demás. En la de Ron observó determinación, aunque cierto temor que no identifico precisamente como miedo a la misión, sino a algo más que no lograba deducir. En la cara de Hermione noto miedo, pero también pura valentía, y se lo agradeció profundamente. La cara de Ginny reflejaba muchísimas emociones juntas, pero prevalecía el amor incondicional hacia Harry, lo que le hacía seguirlo hasta el mismísimo infierno sin rechistar.—...a por la taza de Hufflepuff.
Asintieron conformes, y desaparecieron de la casa, con cierta sensación de despedida, sin saber si todos volverían sanos y salvos a aquel remanso de seguridad.
En Pequeño Hangleton, los recibió un día soleado pero muy frío. Caminaron un rato por el camino de tierra, ondulante y áspero, hasta el oscuro bosquecillo donde se erigían las ruinas de la casa de Marvolo Gaunt y su hijo Morfin.
—Quédense detrás de mi.—ordenó Harry, haciéndoles una seña. Ron se colocó frente a las chicas, por detrás de Harry, con la varita en alto, mirándolo a él y al bosque alternativamente.—*¡Unukalhai!*—llamó fuertemente Harry, aunque para los demás sólo fue un fuerte siseo.
En silencio, los cuatro se mantuvieron quietos, hasta que el ruido de algo que se arrastraba sobre el suelo y las hojas secas les llegó. Segundos después, la gran boa constrictora apareció frente a ellos, imponente.
—*Aquí estoy, Godric.*—siseó.—*¿Puedes cumplir lo que acordamos?*
—*Sólo si tú puedes cumplir tu parte del trato.*—respondió Harry.
—*Por supuesto. Llamaré a mi familia.*—la boa se dio media vuelta, y se marcho entre las sombras del bosquecillo.
—¿Qué sucedió?—preguntó Ron.
—Fue a buscar a su familia.—Harry se giró a sus amigos.—Hermione, ¿has pensado una manera de trasladar las serpientes hasta Mundungus?
—Claro.—rebuscó en su mochila, hasta sacar una pequeña caja, del tamaño de una caja de fósforos, con pequeños agujeros en la tapa.—La agrandaré de acuerdo a la cantidad de serpientes que sean.
Harry asintió, y se volvió cuando escucho un ruido de arrastre más fuerte que el anterior, lo que significaba que había más de una serpiente. Efectivamente, tres serpientes aparecieron detrás de Unukalhai. Una era de su tamaño, y las otras dos un poco más pequeñas, pero no por eso menos atemorizantes.
—*Esta es mi familia.*—presentó Unukalhai.—*Ella es Charina**, y ellos son Corallus** y Boido**.*
—*Un gusto en conocerte, joven.*—dijo la serpiente más grande, con voz femenina.—*Te agradezco lo que estas haciendo por nuestra familia.*
—*No es ningún problema.*—dijo Harry.
—*¿Cómo se llaman los demás?*—preguntó la hembra, Charina.
Harry se detuvo unos segundo a pensar en su respuesta.
—*Ellas son Rowena y Helga, y él es...—se detuvo; no quería darle a su amigo el nombre de Salazar.—...él es Albus.*
—*Bien, joven,*—interrumpió Unukalhai.—*El alma de mi amo quedará desprotegida cuando nos vayamos, pero eso no significa que puedas tomarla fácilmente. Hay muchos sortilegios, ya te lo he advertido. El objeto que custodia el alma de mi amo es una taza, sólo la he visto una sola vez, pero te será fácil de reconocer.*
—*Sé cual es.*—Harry se giró hacia Hermione, y le hizo una seña para que se adelantara.—*Mi amiga Rowena les proporcionará un lugar donde podamos trasladarlos hasta el lugar de donde partirán a Brasil. Debo advertirles que tendrán que estar encerrados un tiempo.*
—*Eso no es problema.*—dijo Unukalhai.
—Por favor.—le dijo Harry a Hermione, con un ademán. La chica sacó su varita, y agrando la caja, para que las serpientes cupieran cómodamente. Luego la dejó en el suelo, abierta.
—*Entren*—ordenó Unukalhai. Su familia obedeció, y se arrastró hasta la caja, donde se aovillaron juntos.
—*Muchas gracias.*—dijo de todo corazón Harry.—*Me alegra de que por fin puedas conocer Brasil.*
—*Estaba en deuda contigo. Me has liberado una vez y ahora no sólo lo haces conmigo, sino también con mi familia. Gracias a ti.*
Harry sonrió, y la boa se unió a su familia.
—*Por favor.*—pidió Harry.—*Recuerda que las personas que te llevarán a Brasil no saben hablar el idioma de las serpientes.*
—*Lo recordaré*—dijo, mientras terminaba de acomodarse junto a la hembra.—*Buena suerte.*
Harry asintió, y colocó la tapa sobre las serpientes.
—Ya esta. Ahora, debemos ir a casa de Mundungus.
Todos asintieron. Hermione aliviano la caja por medio de magia, para tomarla en brazos, y desaparecer del lugar, seguida de Ron y de Harry y Ginny.
La calle Grubby Street estaba tan desierta como en la noche. Cuatro figuras encapuchadas caminaron velozmente por la sucia calle, un a de ellas llevando una gran caja. Se frenaron frente al número trece, y llamaron levemente.
—Somos nosotros, Mundungus.
La puerta se abrió, y los cuatro se precipitaron al asfixiante interior. Harry bajó su capucha para mirar al hombrecito que les había abierto la puerta.
—¿Esta todo listo?—preguntó.
—Naturalmente.—respondió Dung, de mala gana.—Caso contrario, estaría muerto, ¿verdad?—se encogió de hombros.—Mi amigo asa en media hora a recoger a las serpientes. ¿Están allí?
—Son cuatro.—Harry señaló la caja.—Tiene orden de no salir de allí hasta que no lleguen a Brasil.
—Bien, puedes dejarlas allí.—señaló debajo de una mesa.—Y váyanse, no pueden verlos, en especial a ti, Harry.
El hombrecillo los empujo hacia la salida, y antes de que cerrara la puerta tras de ellos, Harry se giró.
—Gracias, Dung.—dijo solemnemente.
—De nada muchacho.—respondió, la vez que daba un portazo.
—Creo que debería aprender modales.—sentenció Ginny, mirando con furia hacia la puerta cerrada.
—Ya, los modales de Dung no son nuestro principal problema ahora.—contestó agriamente Harry. Todos repararon en este cambió de voz.
—¿Qué sucede?—preguntó Ron, mirando a su amigo con recelo.—¿Estas bien?
—No estoy bien llevando a mi novia y a mis amigos al peligro.—respondió Harry, sin mirarlos.
Ginny resopló.
—Ah, no, Harry. Óyeme bien, tú.—empujó a Harry contra la pared ligeramente, y le apuntó con la varita.—Vas a dejar de pensar en ello, ¿si? Todos correremos el peligro juntos.
—Ya, no iba a pedirles que se quedaran; ya lo he asumido. Pero no pidan que este de buen humor, o amable.—miró a sus amigos, pero nadie dijo nada.—Vamos.
Tomó del brazo a Ginny más fuerte que lo normal, y desapareció con ella, mientras le seguían Hermione y Ron.
Aparecieron nuevamente en el camino a Pequeño Hangletton.
—Suéltame.—siseó Ginny en cuanto estuvieron firmes sobre la tierra. Se zafó del brazo de Harry, ceñuda, y se cruzó de brazos. Harry no dijo nada, y cuando Hermione y Ron aparecieron, emprendió el camino en silencio.
Ginny, Ron y Hermione lo siguieron de cerca, sin atreverse a hablarle. Caminaron un largo rastro, y en vez de desviarse del camino, siguieron bajando la colina, adentrándose en una aldea pequeña, donde irremediablemente llamaban la atención. A pesar del frío, había gente en las calles, que los miraban al pasar. Harry, marchando firmemente, enfiló a una taberna, que parecía ser el centro de aquel pueblo, y se metió en ella, seguido por sus amigos.
—¿Que pretendes?—preguntó en un susurro Ron, apresurando el paso hasta quedar junto a Harry.
—Ya verás.—respondió en otro susurró.
Se acercó a la barra, y pidió una cerveza para él y los demás. Una muchacha curvilínea, pero vulgar, corrió a servirles, mandada por un robusto hombre con delantal negro y barba gris y cuadrada.
—¿Forasteros?—pregunto el hombre, con voz gruesa, ligeramente acusante, mirando con sus pequeños ojos marrones a Harry.
—Si, venimos de Londres.—explicó Harry, mientras tomaba el vaso de cerveza que la joven rubia le entregaba.—Venimos a hacer una crónica de las muertes ocurridas en la mansión Riddle.
—Eso ocurrió hace más de cincuenta años.—explicó el hombre, apoyando sobre la barra un grueso brazo.—Yo era pequeño, pero puedo decirles que hace unos tres años, el jardinero, Frank Brice, murió misteriosamente.
—¿Sabe si podemos entrar en la casa a explorar?
Los ojos del hombre se cerraron con recelo.
—Puede ser. Es decir, los niños entran por apuestas. La consideran una casa embrujada pero todos estos son unos pueblerinos supersticiosos.
—Eso es mentira.—interrumpió la joven moza.—Esa casa está verdaderamente embrujada. Por las noches se escuchan ruidos y gritos. Allí hay fantasmas.—sentenció la muchacha, con los ojos brillantes.
—Tu también eres una pueblerina supersticiosa, Melody.—dijo el hombre en un gruñido. La chica levantó la barbilla disgustada, y se marchó a atender a unos rudos tipos borrachos.—No le presten atención. Fue criada con estas absurdas historias. Ahora la casa está deshabitada, así que no tendrán problemas en entrar.
Los cuatro terminaron la cerveza, dieron las gracias, y se marcharon colina arriba. La gente del pueblo los seguía con la mirada, pero ninguno les prestó atención. Entraron al jardín de la gran casona, que se erguía siniestra. El pasto y las hierbas eran altísimas, y casi los cubrían. Avanzaron pesadamente por el sendero de piedra que conducía a la entrada principal de la mansión, y se detuvieron frente a una gran puerta de roble ajado, bajo un porche que conoció tiempos mejores.
Harry colocó la mano sobre el picaporte de metal corroído por el tiempo, y empujó levemente. La puerta se abrió antes ellos con un crujido estremecedor, revelando un amplio y oscuro hall, de aspecto tan tenebroso como la casa misma. El chico avanzó un paso, decidido, dentro del polvoriento hall, seguido de los demás.
* Stratford–upon–Avon es una localidad del distrito de Stratford-on-Avon, situada en el centro de Inglaterra, junto al río Upper Avon. Stratford–upon–Avon es famosa por ser la ciudad natal de William Shakespeare, lo que hace que su principal actividad económica sea el turismo.
** *Charina bottae* es el nombre científico de la boa de goma, *Corallus canina*, el de la boa esmeralda y *Boido* es el nombre de la familia al que pertenecen las boas.
Curiosidad: para el que no sepa inglés, la calle donde vive Mundungus (Grubby Street) se traduce como “Calle mugrienta”
Holas! Mil perdones por la tardanza, como siempre… Y también... tengan en cuanta que la web estuvo cerrada unos días…
Bueno..por fin puedo actualizar.. y espero poder hacerlo pronto otra vez, porque tengo unos días..
Estoy algo apurada.. perdonen si no conteste algunos reviwes, luego lo haré..
Bien.. mi mail: **[email protected]** ... Mis flogs: **http://fotolog.terra.com.ar/ailen_83** y **http://fotolog.com/magia_hpotter**
Ok.. Creo que nada más… En el proximo cap, por fin, el tan preciado horcrux... Espero comentarios.. plis.. A ver si me levantan el ánimo que sigue un poco decaído…
Besos a todos!!!
Lali Black