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Historia 22081 — capítulo 23

Capítulo 21: La Orden de la Luz y el Bien

Llegaron a Petit Vallée pasado el mediodía. Llamaron a Dobby, que hizo un almuerzo ligero, y avivó las llamas de la chimenea de la sala. Harry les contó toda su charla con la boa, el pedido de esta, y la promesa de darles el Horcrux. Estaban sentados en la sala, charlando, abrigados en un tibio calor, mientras afuera nevaba lentamente.

—¿Tienes alguna idea de cómo mandar la serpiente a Brasil, Hermione?—preguntó Harry.

—Mmm.—murmuró.—Tendría que pensarlo.

—Pues que sea rápido.—urgió Ron.—Estuvimos asi—hizo una seña con el dedo anular y el pulgar, como si estuviera sosteniendo algo.—de tomar el Horcrux.

—Lo se, Ron. Pero no es fácil sacar una boa constrictor del país. Si lo hacemos legalmente, serán muchas explicaciones, papeleos, incluso en el mundo mágico. Tendremos que hacerlo ilegalmente.

—Yo siempre lo dije.—dijo Ron un momento después, hablando aparentemente al aire.—A Hermione nunca le hizo bien juntarse con nosotros dos, Harry.



 Hermione entró en su cuarto, y tomó un libro de su mochila. Se sentó cerca de la chimenea, y comenzó a leer. Sería bastante fácil preparar esa poción. No era complicada, no tenía muchos ingredientes, y sólo le llevaría dos semanas. Dos semanas, y podían saber si Harry y Ginny eran o no hermanos. Dos semanas y la verdad se sabría. 

—¿Se puede?

—Pasa.—respondió Hermione. Ron entró, y se sentó en otro sofá.

—Entonces, ¿lo haremos?—Hermione asintió.—Esta bien. Cuando tú me digas, te conseguiré los ingredientes principales.

—Eso no será hasta que la poción este terminada.—respondió la chica.

—¿Cuándo comenzarás?

—En cuanto regresemos al colegio. La haremos en el baño de Myrtle, por supuesto.—aclaró.

—Me lo temía.—dijo Ron.—En fin. Igualmente, estarás tu sola allí, ¿o necesitas ayuda?—preguntó el chico.

—No necesitaré ayuda, pero no me vendría mal algo de compañía a veces. Tengo que agregar los ingredientes con espacio de veinticuatro horas entre cada uno, y revolver por diez minutos.

—Esta bien, creo que me daré una vuelta por allí a veces.—aceptó él.—Pero ahora ocúpate de encontrar la manera de enviar esa serpiente a Brasil, o no conseguiremos el Horcrux.

—Si, haré eso. Lo demás... Sólo resta preparar la poción, y esperar.

—Esperar.—dijo Ron.—Siempre esperar. Odio esperar, pero si no hay otra...

 Se quedaron ambos en silencio.

—Gracias.—dijo Ron después de un momento.—Gracias por preocuparte. Me dolió enterarme de que Ginny no es mi hermana. A todos nos dolió enterarnos que la princesa de la familia no era una Weasley en realidad, pero todos lo superamos, porque ella se crió con nosotros, y siempre será nuestra hermana. Y no imagino cuán doloroso debe haber sido para ella, pero también lo supero. Pero si resulta ser hermana de Harry... Merlín, no quiero imaginar que es capaz de hacer.

—Yo pensé en eso antes.—dijo Hermione.—Pensé en lo que haría ella si se enterase. Es un poco impredecible. Puede reaccionar con resignación, puede alterarse. Hasta es capaz de hacer alguna tontería... Sabes a lo que me refiero.

—Si, yo pensaba en eso. La conozco... Nunca le había pasado algo tan fuerte como estar enamorada de Harry, en medio de esta guerra. No sabes lo deprimida que estuvo cuando Harry terminó con ella. No intentó nada, que yo sepa, por lo menos.

 Volvieron a quedarse en silencio unos momentos.

—Gracias.—dijo esta vez Hermione.—Por todo. Por todos estos años de amistad, de amor.

 Ron le sonrió, y la abrazó.

—Valió la pena, ¿verdad?—dijo él, mientras la abrazaba.—Valió la pena todo lo que pasamos, para estar ahora juntos.

—Si, valió la pena.—contestó ella. Un segundo después, rió.—¿Valió la pena enfrentarse a ese troll por mi?

—Claro que valió la pena.—dijo él.—Lo volvería hacer.

—Por supuesto, ahora que sabes mucho más de lo que sabías en ese momento, y de que te enfrentaste a mortífagos y acromántulas, un troll no es nada.—dijo ella, en tono reprobatorio, pero volvió a reír.—Pero gracias, de todos modos.


Habían quedado solos en la sala. Charlaban de todo y de nada, pero nunca hablaban de un futuro lejano. Ninguno veía un futuro. Cualquier proyecto que armaran dependía de una batalla final, en la que Harry y Voldemort definirían el destino del Mundo Mágico.

Harry sentía que lo que mantenía con Ginny no era una relación común, de dos adolescentes enamorados. Había algo más entre ellos. Una unión fuerte, un lazo inquebrantable, algo que no podía describir con palabras. En algún lado—quizá en las estrellas—el destino estaba escrito. Harry lo sabía mejor que nadie. Y estaba seguro de que se había escrito que ambos vivirían una historia juntos. Una historia de amor y batallas, dolor y esperanzas. Por eso consideraba a Ginny más que su novia. Era su compañera de la vida, su apoyo, su fuente de consuelo. Y pronto sería su mujer.

Ella hablaba, animada. Movía las manos, y de vez en cuando, colocaba un mechón rebelde detrás de la oreja. El fuego jugaba con sus pecas, y le arrancaba brillos anaranjados a su roja cabellera. Era simplemente adorable.

—¿Me oyes, Harry?

El joven volvió a la realidad al escuchar su nombre. Ella lo miraba con el seño fruncido.

—¿Dónde estabas?—preguntó, molesta.

—Aquí, contigo.—contestó él.—Pero pensaba en ti, veía lo adorable que eres.

—Pero no me escuchabas.—completó ella. Lo escudriñó con la mirada un momento.—¿De verdad soy adorable?

Harry sonrió.

—Claro.—dijo él, estirando los brazos, invitándola a refugiarse en ellos. Ella saltó del sofá en el que estaba, y se acomodó sobre el joven.—Claro que lo eres.—dijo nuevamente, abrazándola por detrás.—Eres todo lo que tengo.

—Harry, yo...—comenzó Ginny, con una voz rara.—¿Qué crees que pasará?

Harry no tenía que preguntar para saber a que se refería.

—Cuando encuentres este Horcrux, sólo te restan dos, y luego ir a por él. ¿Qué sucederá?¿Hay un después de eso?

Harry suspiró.

—No lo sé, Ginny.—respondió con melancolía.—No se que pasará. Sólo se que debo aprovechar lo que tengo al máximo.

—Seguro.—aprobó Ginny, abrazada a él.—Al máximo.

Se dieron vuelta cuando oyeron pasos en las escaleras. Ginny se acomodó decentemente al lado de Harry, cuando vio bajar a su hermano y a Hermione.

—Oye, Harry, ¿te molesta si Ron y yo vamos al cine? Sé que tengo que buscar la manera de enviar la serpiente a Brasil, pero necesito inspiración. Y eso definitivamente no lo encuentro en los libros.

—Claro, no hay problema.—se volvió hacia Ginny.—¿Te gustaría ir? Podemos hacer una cita doble, nunca hemos hecho algo asi.

—Siempre estamos los cuatro juntos. No va a variar en nada.—dijo Ginny.—Pero esta bien. Vayamos al cine.

Cada uno tomó su capa, y se abrigaron, ya que afuera nevaba levemente. Caminaron en silencio, apretujados. Las calles estaban vacías, aunque algunos negocios estaban abiertos. Estaban cerca del cine, cuando escucharon un grito que rasgó el silencio apacible del lugar.

—¿De donde vino eso?—preguntó Hermione. Los gritos continuaban.—¡Vienen de allí!—dijo, señalando un callejón que habían dejado atrás.

—Colóquense las capuchas de las capas.—dijo Harry, serio de repente, sacando su varita.—Asegúrense de que les cubra bien la cara, y no se las quiten por nada. Ron, tú y yo iremos delante, y ustedes dos se quedaran detrás nuestro. ¡Vamos!

Corrieron hasta el callejón de donde provenían los gritos. Había un grupo de tres niños en el suelo, con una joven de no más de veinte años a su lado, los cinco apretujados contra una pared. Frente a ellos había tres encapuchados, apuntándole a los niños y a la joven con varitas mágicas.

—¡Muggles, muggles y más muggles!—dijo uno de los encapuchados, con una exclamación de satisfacción.—¡Eso es lo que me gusta!

Los otros dos rieron del comentario.

—¡Expelliarmus!—gritaron los cuatro jóvenes a la vez, que estaban escondidos detrás de la pared. Las varitas de los tres mortífagos volaron de sus manos, mientras ellos caían para atrás. Uno de los mortífagos fue más rápido, y se levantó de un salto. Cogió una de las varitas, y tomó a uno de los niños, que estaban acurrucados en el suelo, tapándose los oídos con las pequeñas manos. Eso paralizó a Harry, que no deseaba dañar al niño. Este comenzó a llorar, tironeando del mortífago.

—¿Qué hacen aquí?—preguntó Harry, con una voz fría y espeluznante, que ni Hermione, Ron o Ginny le había sentido antes. Era una voz amenazadora, cortante.

—Divertirnos.—contestó uno de los mortífagos.—¿Qué más se puede hacer en un pueblo lleno de muggles?

—Dejen al niño.—ordenó Harry, avanzando un paso. Ron lo imitó. Los gritos del niño se habían calmado, pero este seguía llorando.

—Y si no, ¿qué?—se burló el mortífago que sostenía al niño. A través de su máscara se podía divisar una sonrisa burlona. Los chicos restantes, y la joven que estaba con ellos, se habían arrastrado hasta detrás de Ginny. Esta tomó en brazos al niño más pequeño, mientras que la joven tomó al otro. Ellas se quedaron detrás de Ron, Harry y Hermione.

—Devuelve al niño.—siseó Harry nuevamente. Harry miró levemente a Ron y Hermione, que asintieron imperceptiblemente. Los otros dos mortífagos permanecían a un lado del que tenía el niño, como una mala parodia de guardaespaldas de estrella de cine.

—Eres sólo un muchachito.—siseó a su vez el mortífago.—¿No tendrías que estar en el colegio?

—Estamos en vacaciones, ¿o no lo sabías?—contestó Harry.—Si sueltas al niño, podrán irse sin ningún daño.—negoció Harry. Los mortífagos se inquietaron. A ninguno de los cuatro se les veía la cara: podrían ser sólo un grupo de magos que estaba allí, o Aurors del Ministerio.

—¿Quiénes son?—increpó el mortífago.—¿Aurors?

—¿No acabas de decir que somos muy jóvenes?¿Cómo podemos ser Aurors?—habló Hermione. Su voz era sorprendentemente dura y fría.

—Ah, una jovencita.—río el mortífago de la derecha, que era alto y delgado.—Podríamos divertirnos un rato.—agregó con voz ronca de excitación.

—Ni lo sueñes.—dijo Ron, levantando más su varita.

—Que romántico. Defiende a su amiguita...—canturreó el mortífago de la izquierda.—Mucho mejor aún. Podrías ver como disfrutamos con tu noviecita...

—¡Cállate!—gruñó el mortífago del medio.—Aún no nos dicen quiénes son. ¿No serán de esa maldita Orden de la Luz y el Bien, o como sea que se llame, que comandaba el vejestorio de Dumbledore?

—No insultes a Dumbledore.—siseó Harry. Preparó su varita, y gritó.—¡Ahora!

Ron y Hermione levantaron sus varitas, y gritaron al unísono, cada uno apuntando a uno de los mortífagos de los costados.

—¡Petrificus totalus!

Harry aprovechó ese momento de confusión, para atraer el niño hacia si.

—¡Accio niño!—el niño salió volando, cayendo en brazos de Harry, y Ginny apuntó con su varita al mortífago, y lo petrificó.

—Átenlos.—ordenó Harry a Ron y Hermione. Mientras ellos los ataban con sogas mágicas, Harry cargó al niño, que lloraba, hasta la mujer que estaba con ellos.

—¡Tom!—gritó la mujer, y le quitó el niño de los brazos a Harry. El niño pareció calmarse en los brazos de la chica, que lo acunó con desesperación. Luego lo dejó en el suelo, con el niño más grande, y tomó al bebé que cargaba Ginny.—Gracias, muchas gracias.—dijo la joven con voz ahogada, y secándose las lágrimas.

—No es nada.—dijo Harry, con voz ronca. Se preguntó porque la mujer no se mostraba inquieta, extrañada, o asustada por lo que acababan de ver.—¿Ustedes son...?

—Magos, si.—dio la muchacha, inquieta, apartando su cabello negro de su cara, y acunando al bebé.

—Pensé que no había magos en este pueblo.—dijo Harry. Ninguno de los cuatro se había quitado la capucha aún.

—Pues, hay una pequeña comunidad. Ningún mago quiere venir a este pueblo por lo que paso con los Potter, pero es un pueblo muy bonito, y somos un pequeño grupo que quiso quedarse aquí, a pesar de todo.—contó la chica, más calmada, sin dejar de mecer al niño.—Soy Mel. Melanie, en realidad, pero me dicen Mel. Mucho gusto.—la chica extendió el brazo. Harry, dudoso, lo estrechó.

—No quiero ser grosero, pero mi nombre no importa.—dijo enseguida.—Preferimos mantener el anonimato.

—No hay problema.—asintió la chica. Señaló al bebé que traía en brazos.—Él es Jacob, y ellos son Tom y Mike.

—Gracias, señor.—dijo uno de los niños, Mike.—Gracias por salvar a mi hermano. Mel no traía su varita. Ella es muy poderosa.

—De nada, pequeño.—dijo Harry. Se dirigió a la hermana de los niños.—Tienes que tener siempre tu varita contigo, por casos como estos.

—Lo siento, es que la olvidé. No va a volver a pasar.—se disculpó la joven.

Ginny se adelantó un paso.

—¿Puedo... puedo cargar al niño una vez más?—pidió con timidez.

—¡Claro!—accedió la joven. Ginny tomó al niño en brazos, y lo acunó. Una de las manitas del bebé salió de entre las mantas y tomó la de Ginny, y la apretó.

—¡Ga!—dijo el niño, y rió.

—Creo que le gustas.—dijo Mel. Ginny le entregó el bebé nuevamente.

—Ahora vuelve a tu casa.—dijo Harry.—Y procura salir con tu varita. Y cuida a tus hermanos.

—Muchas gracias otra vez.—dijo Mel.—Quisiera agradecérselos de algún modo...

—Sólo cuida a tus hermanos.—dijo Ginny.—Cuídalos, y nos habrás pagado.

—Gracias.—dijo nuevamente. Se alejó apresuradamente de ellos, sin volver la mirada. Harry suspiró, y se volvió hacia Ron y Hermione, que estaban junto a los mortífagos.

—¿Qué hacemos con ellos?—preguntó Ron.

—Enviaré un mensaje a... Ya sabes donde. Ellos se encargaran de avisar al Ministerio.

Harry salió de la vista de los mortífagos, y envió su patronus a McGonagall, con el mensaje de que avisaran al Ministerio de que había dos mortífagos atados y amordazados en el Valle de Godric.

—Tendremos que esperar.—dijo Harry.—Por nada del mundo se quiten las capuchas.—ordenó.

Sólo esperaron menos de diez minutos. Un pequeño grupo de Aurors se materializó frente a ellos. Harry se paró de un saltó del suelo, y se acercó a ellos.

—Habían atacado a un grupo de niños y su hermana.—dijo.—Ellos están bien.

—¿Quiénes son ustedes?—preguntó uno de los Aurors.

—Sólo queremos ayudar.—le espetó Harry.—No importa quienes somos.

Les hizo señas a los otros tres, y desaparecieron del lugar. Aparecieron en el jardín trasero del número seis de Petit Vallée.

—¡Uf!—dijo Ron, entrado a la cocina, pasando rápidamente a la sala.

—Malditos mortífagos.—masculló Harry, quitándose la capucha, y arrojándose sobre un mullido sofá. Ginny suspiró, y subió las escaleras lentamente. Hermione hizo lo mismo, y ambas se encerraron en el cuarto de la primera.

—¿Qué les pasará?—preguntó Ron.

—No se.—contestó Harry.—Tendrán que hablar de algo.—dijo luego. Los dos muchachos permanecieron en la sala un largo rato, y ninguna de las dos chicas bajó hasta la hora de la cena, cuando Dobby apareció de repente, frente a Harry.

—¡Harry Potter, señor! ¡Dobby está aquí para preparar la cena!—chilló el elfo.

—¡Harry!—dijo Hermione desde las escaleras.—¡No tienes que llamar a Dobby!

—Dobby vino solo, señorita.—dijo el elfo.—Dobby sabe que Harry Potter y sus amigos están en una misión, y necesitan la ayuda de Dobby. Y Dobby no tiene problema de ayudar a Harry Potter en todo lo que ordene.

—Pero no necesitamos tu ayuda en estos momentos, Dobby.—dijo Hermione dulcemente, acercándose al elfo, seguida de Ginny, que rodaba los ojos.—¿No son estas tus vacaciones?

—Si, pero Dobby quiere ayudar a Harry Potter, y no le importa usar sus vacaciones, mientras Dobby pueda serle útil a Harry Potter.

—Ya, Hermione.—interrumpió Ginny, cuando la chica iba a abrir la boca para protestar.—No puedes cambiar los hábitos de los elfos. Dobby cobra por su trabajo y tiene vacaciones en Hogwarts, pero si quiere trabajar gratis y usar sus vacaciones para ayudarnos, lo hará porque quiere, ¿verdad, Dobby?—agregó, volviéndose al elfo.

—La señorita tiene razón. Dobby está feliz de poder ayudar.—dijo el elfo, con los ojos brillantes.—Harry Potter escogió bien a su compañera.—agregó, mirando con ojos vidriosos a Harry.—Harry Potter será feliz con la señorita.

—Gracias, Dobby.—dijo Harry. Ginny sonrió algo cohibida, y se sentó en la alfombra.—Prepara algo para cenar, no muy pesado.

—Como el señor ordene.—dijo el elfo , haciendo una reverencia profunda, y luego, desapareció.

Hermione destilaba rabia, y Ron la atrajo hacia si, y la sentó sobre él, intentando calmarla. Ginny seguía en la alfombra, mirando las llamas de la chimenea, perdida en sus pensamientos. Harry también estaba perdido en sus pensamientos, repasando el encuentro con los mortífagos, cada palabra y acción, intentando encontrar en ellos algún dato sobre lo que planeaba Voldemort. Sólo sabía que este quería entrar en la mente de Harry. Pero aquellos mortífagos no parecían muy inteligentes. Sólo hablaban por hablar, y actuaban por actuar. De repente, algo vino a su mente, y un repentino flash de entendimiento lo cegó.

—¡Ginny!—exclamó. La chica lo miró asustada, al igual que Ron y Hermione.—¿Puedes traerme el Diario de la Misión?—pidió con un tono desesperado. Ginny permaneció sentada, mirándolo.—¡Rápido!—urgió. La chica se levantó veloz, y subió las escaleras. Bajó minutos después, con el cuaderno dorado en las manos. Harry lo tomó, y pasó las hojas febrilmente, hasta dar con lo que buscaba.

—¡Lo sabía!—dijo, golpeando con un dedo la hoja. Los demás se miraron, entre asustados y ansiosos.

—¿No...no tendrá otro pico de estrés?—apuntó Ron, nervioso.

—¡No! Estoy bien.—dijo Harry, bajando el cuaderno.—Lo siento si los asusté. Pero acabo de entender la profecía de Excalibur.

—¿Y como sucedió?—preguntó Ginny, acercándose a él.

—Fue por algo que dijo uno de los mortífagos. Dijo: “¿No serán de esa maldita Orden de la Luz y el Bien, o como sea que se llame, que comandaba el vejestorio de Dumbledore?”. Miren.—les mostró la profecía, escrita con una pulcra letra cursiva:

“Kaledfouchlc’c volverá a la tierra

donde conviven los dos mundos,

y donde la muerte no se puede eludir.

Y aunque será usada para un macabro fin,

valientes caballeros y audaces damas,

de la Orden de la Luz y el Bien, le harán justicia

a la justa espada”

—La profecía dice que “valientes caballeros y audaces damas de la Orden de la luz y el Bien le harán justicia a la justa espada”, la cual, dice que “será usada para un macabro fin”. ¿No esta claro?—los ojos de Harry brillaban.—Es la confirmación de que Excalibur es un Horcrux. “Un macabro fin”. Ser un Horcrux fue su macabro fin. Y los “valientes caballeros y audaces damas de la Orden de la luz y el Bien” somos nosotros. Aunque no estemos oficialmente en la orden del Fénix (la que el mortífago llamó “Orden de la Luz y el Bien”), siempre fuimos parte de ella, ¿verdad?

Los demás miraron a Harry asombrados. Hermione fue la primera en salir de su aturdimiento.

—Entonces...—comenzó lentamente. Se paró frente a la chimenea, y comenzó a pasearse frente a esta.—Ravenclaw efectivamente trajo a Excalibur de Avalón. Voldemort se hizo con la espada, y la convirtió en un Horcrux. Ahora, nosotros debemos hacerle “justicia a la justa espada”.—se frenó, y observó a sus amigos.—¿Y bien?¿Qué sigue ahora?¿Descubrir quién construyó las pirámides de Gizeh?

Cayó sentada en el suelo, frente a los demás.

—Sabes que si no quieres embarcarte en la búsqueda, eres libre de quedarte en Hogwarts, Hermione. Ya lo sabes.—dijo Harry quedamente.

—No es eso, Harry.—dijo la chica, con pesadez.—Es sólo que... Me indigna todo lo que esta pasando. ¿Qué hubiese pasado si hoy no estábamos justo en la calle para recatar a esos niños y su hermana?

—Lo sé, Hermione.—dijo Harry. Se sentó en el suelo, frente a la chica.—Es todo muy injusto. Pero piensa que estas haciendo algo. Siempre hiciste algo por detener a Voldemort. Piensa cuando nos salvaste de el Lazo del Diablo, cuando pasaste la prueba de lógica para que llegara hasta la Piedra Filosofal. Tú descubriste dónde estaba la Cámara y cuál era el monstruo. Tú nos trasladaste en el tiempo para rescatar a Buckbeack y Sirius. Siempre me ayudaste a detener a Voldemort, Hermione. Sin ti no hubiese podido enfrentar nada de eso. Eres muy importante para mi, para Ron, para Ginny. Sin ti estaríamos los tres perdidos.—Hermione lloraba lentamente.—Tienes la posibilidad de quedarte, si tiene miedos o dudas, pero si quieres venir... Eres bienvenida, no los puedo detener, porque esta guerra es de todos, y yo necesito de tu apoyo y ayuda también.

—¡Oh, Harry!—gimió emocionada, y le echó los brazos al cuello. Lloraba silenciosamente.

—¿Hay algo más que te preocupa? No parece ser sólo eso.—dijo Harry separándose de ella. Hermione se secó las lágrimas, y miró furtivamente a Ron.

—Si, hay algo más, pero no tiene importancia.—dijo, parándose.

Harry la miró, y se paró también.

—Sabes que puedes confiar en mi, ¿verdad?

—Si, pero no importa. Es una tontería, ¿verdad, Ron?

—Si.—dijo el chico, y la atrajo hacia si para sentarla sobre él.—Una tontería.

Permanecieron un rato más en la sala, hasta que Dobby se presentó y aviso que la cena estaba servida. Comieron una excelente comida, y cada uno se marchó a su dormitorio. Harry se dio un largo baño, repasando el día. Realmente había sido agotador. La charla con Unukalhai, la charla con Ginny, el enfrentamiento con los mortífagos, el descubrimiento del significado de la profecía... Todo era muy agotador, incluso pensándolo. Salió, y se puso la pijama. Paseo la vista por la habitación, tomando conciencia del lugar en el que estaba, y de lo que iba a hacer: estaba en la que había sido su casa por un año, y dormiría en la cama que había sido de sus padres. Se metió en las sábanas de seda rojas, y entrecerró apenas las cortinas del dosel rojo. La chimenea ardía en un rincón, y mantenía la temperatura del cuarto.

Recostó la cabeza en la almohada, y con un suspiro, se quedó profundamente dormido.

Holas!!! Esta vez no tarde tanto, o si? Creo que no.. En fin.. ¿Qué tal el capi? Pensaba poner la excursión a la mansión Riddle, pero esto se me va estirando cada vez más. Creo que tampoco va a entrar en el siguiente capítulo, sino en el que le sigue.. En el siguiente capítulo veremos la manera en que enviarán a la boa y a su familia Brasil, y creo que será larga.. No estoy segura. Creo que alguien ya había adivinado el significado de la profecía.. Sí, era muy obvia, pero no soy buena para los versos y las canciones.. Eso de la profecía se me ocurrió hace un montón, como seis o siete meses atrás, cuando empecé a planear cual sería el Horcrux que faltaba, y donde estaría. Y cada vez falta menos para saber la verdad sobre la hermana de Harry.. Espero ansiosa escribir ese capítulo.. Aún no tengo planeado nada.. Y eso me desespera!! Tengo el final de la historia, el comienzo de una posible segunda parte, y hasta un epílogo, pero no la parte principal!!! En fin.. estoy trabajando en muchas historias a la vez.. Espero poder poner el próximo capi antes de que empiece las clases.. O tendrán que esperar hasta mediados de marzo.. Ni yo quiero esperar tanto!!!!

Alguien leyó Crepúsculo? Bueno, si quieren un consejo, léanlo! Es simplemente genial.. Si les gustan las historias de amor y los vampiros, les va a encatar... Y hoy mismo esta saliendo la segunda parte, pero en España...

Bien.. Creo que no tengo nada más que decir..

Para cualquier duda, comentario o crítica, mi dirección de e-mail es [email protected], mi fotolog es http://fotolog.terra.com.ar/ailen_83 y http://fotolog.com/magia_hpotter

Espero muchos reviews, si? Y saber quien es el admirador secreto... Gracias a todos por sus reviews en el cap pasado! Los kiero!

Besos miles!

Lalia Black