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Historia 22081 — capítulo 22
Capítulo20: En la casa de Gaunt
“Como un libro que no sabes el final
y te asusta lo que lees, asi la vida es.
Cuando naces ya te expones al dolor,
y de a poco y con valor logras crecer.”
“Héroe”
Mariha Carey
Harry despertó a las cuatro de la mañana del día siguiente. No había soñado con Voldemort en toda la noche, y eso lo alegró un poco. Parecía un buen augurio que Voldemort no se hubiese enterado de que irían a su antigua mansión en busca de la taza de Helga Hufflepuff.
Se estiró perezosamente, y de repente se sintió nervioso. Sonrió en la oscuridad, y se dispuso a despertar a Ron.
—Ron, despierta.—susurró Harry.—Despierta.
—¿Qué hora es?—preguntó sin abrir los ojos.
—Las cuatro.
—¿Y me despiertas a estas horas? ¡Es temprano!
—¿Recuerdas que hoy nos iremos?
Ron abrió los ojos.
—Lo siento.—se disculpó.—No lo recordaba.
—Iré a bañarme, levántate.
Harry entró al baño, y luego a la ducha. Cuando salió secándose el cabello con una toalla, Ron roncaba boca arriba en su cama.
—¡Ron!—Harry lo sacudió con fuerza.—Son las cuatro y media. ¡En media hora nos recogerá la profesora McGonagall!
—Lo siento.—se disculpó.—Lo había olvidado.
Ron se levantó, y se duchó rápidamente. Cuando estuvo vestido, ambos cogieron sus mochilas, y bajaron a la sala común. Allí ya estaban Ginny y Hermione, muy abrigadas, con sendas bufandas y gorros.
—¡Son las cinco y cinco! McGonagall llegará en cinco minutos. ¿Por qué tardaron tanto?
—Ron.—respondió simplemente Harry, mientras se dejaba abrazar por Ginny.
—Oh, Ronald. ¿Me equivoco o se quedó dormido?
—No te equivocas.—contestó Harry.
Ron iba a protestar, cuando el agujero de la Dama Gorda se abrió, y por el entró la profesora McGonagall.
—Buenos días, señores, señoritas.—saludó.
—Buenos días, profesora.—saludaron al unísono.
—¿Están listos? Entonces, síganme.
Los cuatro siguieron a la profesora por los solitarios y fríos pasillos del colegio. Atravesaron las puertas de roble, y caminaron en silencio, hasta las rejas flaqueadas por cerdos alados. Antes de atravesarlas, la profesora los detuvo.
—Chicos.—comenzó solemnemente.—No sé lo que van a hacer, pero se que es importante para derrotar a Quien No Debe Ser Nombrado. Dumbledore confiaba en ti, Harry, y yo haré lo mismo. Cuídense, por favor. Remus esta enterado de esta salida, y no hará nada para evitarlo. Si tienen problemas, y necesitan ayuda, envíen sus patronus a mi, a Remus o a Tonks, si no quieren que los demás se enteren. Mucha suerte, y los espero antes de Año Nuevo.
Los chicos agradecieron las palabras de la profesora, y salieron por las rejas. Harry tomó la mano de Ginny, y los cuatro desaparecieron a la vez.
McGonagall se quedó mirando el lugar donde antes habían estado los jóvenes.
—Mucha suerte, Harry.—murmuró, antes de volverse, y caminar hacia las puertas de roble.
A kilómetros de Hogwarts, Harry y Ginny aparecieron en un bosque, y segundos después, aparecieron Ron y Hermione.
—Bien, aquí estamos.—dijo Harry.—Ahora debemos caminar hasta el Valle de Godric.
Los cuatro amigos comenzaron a caminar por el sendero, sin hablar mucho. Al cabo de una hora, estaban llegando al Valle. No había nadie en las pequeñas callecitas, pero algunos negocios comenzaban a abrir.
—Me encanta este lugar.—dijo de pronto Ginny. Todos la miraron sin comprender.—El pueblo. Es muy bonito y tranquilo.
—Es verdad.—aprobó Hermione.
—Si, tienen razón. No puedo concebir como Voldemort fue capaz de aparecer aquí, y turbar esta tranquilidad.—dijo Harry, sin dejar de mirar al frente. Nadie dijo nada a ese comentario, y siguieron caminando. Ron empezó a notar algo raro cuando Harry no siguió el camino a la posada “La buena cerveza”, donde se habían hospedado en su anterior visita.
—¿A dónde vamos?—preguntó.—Este no es el camino a la posada.
—No, es cierto.—aprobó Harry.—Ya verán.
Todos caminaron en silencio, intrigados, para ver donde los llevaba Harry. Caminaron largo rato, hasta estar casi al salir del pueblo. De repente, Hermione se paró.
—¡Ya comprendo!—dijo tomando del brazo a Harry.—¡Vamos a tú casa!
—Bravo, Hermione, adivinaste.—Hermione sonrió, pero luego lo miró con sorpresa.
—¿A que vamos a tú casa? Digo, esta destruida, y debemos hacer reservaciones en la posada antes de que no hayan habitaciones.
—Por eso no deben preocuparse.—dijo el con un gesto de la mano.—Síganme.—Harry los guió unas tres cuadras más, hasta detenerse frente a una casa mediana, con bonitos colores, y un gran jardín con árboles desnudos por el frío de la época y una fuente congelada. Había un buzón de correo rojo, con letras en relieve, doradas, que rezaban: Petit Vallée 6.
—¡Increíble!—susurró Ginny, colgándose del brazo de Harry.—¡Es tú casa!
—¿Pero como...?—preguntó Ron.
—Ahora no.—dijo Harry sonriendo.—Entremos, descansemos, y luego les contaré.—abrió la puerta de la cerca, y se lanzó a correr, divertido, por la nieve.—¡Una carrera!—gritó luego. Ginny rió, y corrió tras él. Hermione y Ron se quedaron estáticos unos segundos, hasta que se lanzaron a correr detrás de los otros dos.
—¡No se vale!—gritó Ron, siguiendo a su amigo y su hermana hasta la parte posterior de la casa.—¡Eso es trampa!
Los cuatro reían alegremente mientras se corrían entre ellos, abriendo surcos en la nieve. Harry pensó que en ese momento era realmente feliz, junto a los que más quería, y se dijo que compraría una cámara de fotos para inmortalizar momentos como aquellos.
Terminaron todos tirados en la nieve, cerca de la piscina, que estaba vacía, riendo a carcajadas.
—Eso... eso estuvo bueno.—dijo Ron, entre risas.
—Mucho.—dijo Hermione.
—Vamos adentro.—dijo Harry, levantándose, y ayudando a Ginny a hace lo mismo.—Hace frío.
Los condujo a la entrada trasera de la casa, por donde entraron a una amplia cocina, muy bonita y agradable. Allí se sacaron las zapatillas húmedas, y Harry los condujo por una puerta a la sala. El lugar era bastante grande, y tenía cómodos y mullidos sillones negros, en torno a una mesa ratona. Un fuego alegre ardía en la chimenea, frente a los sillones. La sala estaba decorada con gusto, resultando acogedora. Ginny se echó en uno de los sillones, y se emburujó en su abrigo.
—¡Esto es genial!—dijo, observando a su alrededor.—¿Cómo...?
—Primero, pónganse cómodos.—interrumpió Harry.—Les mostraré sus habitaciones, y llamaré a Dobby para que nos haga un desayuno.
—¡Harry!—regaño Hermione.
—Lo siento, Hermione. Pero aunque quisiéramos cocinar nosotros, no hay nada en las alacenas de la cocina, asi que Dobby nos preparará algo. McGonagall me lo presta.
—¿Fue McGonagall, verdad?—preguntó Ron.—Ella mandó a arreglar tu casa.
—A pedido mío. Pero hablaremos de eso más tarde. Ahora, síganme.
Ron siguió a Harry con curiosidad, Hermione fastidiada, y Ginny emocionada. Los guió por el pasillo que los cuatro habían recorrido unos meses antes.
—Mandé a construir más habitaciones de las que ya tenía.—dijo, mientras abría la puerta de una, y observaba dentro.—Estudio.—dijo, señalando el cuarto.—Las habitaciones tiene baño propio, y hay uno en la planta baja. La habitación siguiente será la mía, y pueden escoger entre las restantes. Nos vemos en el comedor en quince minutos.
Ginny se lanzó emocionada a espiar las siguientes habitaciones. Llegó hasta la que estaba a un cuarto de diferencia de la de Harry, y entró en ella.
—¡Esta es la mía!—gritó.
—Bien...—dijo Hermione. Fue hasta la habitación que quedaba después de Ginny, y entro.—Esta es mía.—anunció, sacando la cabeza.—Los veo después.—agregó, cerrando la puerta.
—Esta es mía.—dijo Ron, sin siquiera mirar dentro del cuarto, que estaba frente al de Hermione, y entro en él. Al parecer, todos recordaban que la habitación que seguía a la de Harry, era la que él había ocupado de bebe, porque nadie la había tomado. Pero era mejor asi: el le tenía planes a ese cuarto.
Se metió en el suyo, que era el que habían ocupado sus padres. Había dejado la cama matrimonial, pero el resto estaba totalmente cambiado. Estaba decorado de una manera que recordaba a la sala común de Gryffindor. Doseles rojos, alfombras rojas y doradas con leones rampantes. Cortinas rojas y doradas, sábanas de seda rojas, y sofás del mismo color. Había un escritorio en un rincón, y un armario muy trabajado, que tenía la cara de un león en la parte de arriba(*). Había una chimenea cerca de los sofás, que estaba alegremente encendida. Suspiró, y dejó la mochila en la cama.
—¡Dobby!—llamó. Al instante, el elfo de grandes ojos apareció delante de él.
—¿El señor llamó a Dobby?—preguntó con voz chillona.
—Si, Dobby. ¿Podrías preparar un desayuno para cuatro, para dentro de quince minutos? Lo tomaremos en el comedor.
—Como el señor diga.—dijo Dobby, y desapareció.
—Gracias Dobby.—murmuró Harry. Se asomó a la ventana, y contempló el helado jardín trasero. Imaginó que en verano sería verde y florido, muy alegre. Suspiró, pensando si podría contemplarlo en verano alguna vez. Por lo menos, la casa le quedaría a Ginny, según pensaba poner en su testamento. Era, además de reconstruir y amueblar la casa, parte del favor que le había pedido a McGonagall. Harry sabía que no podía hacer un testamento definitivo aún, porque había un legítimo heredero más. Decidió que repartiría sus cosas entre los que quería, hasta que apareciera su hermana. Luego consultaría con esta como dividirían sus bienes. Además, sólo hacía un testamento por si moría pronto, algo que era bastante probable. Si lograba sobrevivir al último enfrentamiento con Voldemort, el testamento no sería necesario, porque pensaba casarse con Ginny algún día, y tener hijos que heredaran todo.
Quince minutos después, Harry se encontraba en el comedor de la casa, comenzando a desayunar. El comedor era amplio, para albergar bastantes personas, pero modesto y simple. Dobby había servido un generoso desayuno, y Harry había comenzado a disfrutarlo; tenía hambre por la larga caminata, y la carrera en la casa. A los pocos minutos, apareció Ron, y comenzó a servirse.
—¡Sto ta guiquisimo!—exclamó, comenzando a comer.
—Cuida tus modales.—le regañó Hermione, bajando con Ginny.
—Lo siento.—dijo Ron, tragando. Las chicas se sentaron a la mesa, y comenzaron a servirse. Desayunaron en silencio, y cuando acabaron, Harry llamó a Dobby. Bajo la disgustada mirada de Hermione, el elfo doméstico se llevó las vajillas y todo lo de la mesa.
—Eso podíamos hacerlo nosotras.—dijo Hermione, cruzada de brazos.
—Pero no hay tiempo.—replicó Harry.
—¿Nos vas a contar como ocurrió esto?—urgió Ron, señalando alrededor.
—Oh.—dijo Harry.—Bueno, cuando fui a hablar con McGonagall para avisarle que nos íbamos a ir, le pedí que reconstruyera la casa. Le di la llave de mi cuenta en Gringotts para que utilizara el dinero que fuese necesario. Quería reconstruirla tal cual estaba, pero era muy pequeña de esa manera para que quepamos todos. No quería que nos quedáramos otra vez en la posada.
—Bueno, eso está bien.—opinó Ron.—Hicieron un trabajo magnífico.
—¿Y que dirán los vecinos?—preguntó Hermione, que seguía enojada por el hecho de que Harry utilizara a Dobby.
—Diremos que hemos comprado la casa, pero que la utilizamos en vacaciones. Después de todo, estamos en vacaciones de Navidad, ¿verdad?
Hermione bufó, y se cruzó de brazos.
—¿Y tú, Ginny?¿Te gusta la casa?
—¡Me encanta! Tiene un aire a la sala común de Gryffindor por todos lados.—dijo ella, sonriendo encantada.
Harry sonrió también. Luego guió a sus amigos a la sala, donde sen sentaron cómodamente frente a la chimenea encendida.
—Bien, los veré aquí en quince minutos. Hermione: prepara una mochila con las pociones curativas, y todo lo que se te ocurra que podamos necesitar en caso de peligro, o de alguien resulte herido.—Hermione asintió, y salió escaleras arriba.—Ron: recoge los productos de los gemelos que trajimos; podrían usarse como distracción, ya le veremos su uso.—el chico asintió, y se fue por donde Hermione. Transcurrieron unos segundos de silencio.
—¿Y yo?—preguntó tentativamente Ginny.
—Tú...—comenzó Harry. Se acercó a ella. Suspiró, y la miró a los ojos.—Lo intentaré una vez más: esto es peligroso. Seguirme sería ir a una muerte casi segura. Te doy la oportunidad de que te quedes a salvo aquí; ya estás en peligro sólo por ser mi novia, pero soy demasiado egoísta como para dejarte. Asi que tú decides, ya me cansé de discutir por esto.
—¿Estás intentando dejarme?—Ginny entrecerró los ojos.—¿Y es mi decisión?
—Tu decisión.—confirmó Harry, suspirando.
—Entonces voy.—dijo ella en tono obvio.
—Ya me imaginaba la respuesta.—dijo con otro suspiro Harry.—Pero tenía que intentarlo.
—No te vas a librar tan fácil de mi, Harry.—dijo con una media sonrisa. Se acercó y lo besó tiernamente.—Hasta la muerte juntos.
—Hasta la muerte.—aceptó el chico, y la besó nuevamente.
—¿Y yo que tengo que hacer?—dijo Ginny cuando se separaron.
—Tú sólo procura mantenerte viva.—le dio un pequeño beso en la nariz.—Y después vemos.
Los dos subieron las escaleras, y cada uno fue a su cuarto. Harry tomó su capa para hacerse invisible, y la guardo en un bolsillo. Se abrigó bien, y se aseguró de tener la varita consigo. Recorrió la habitación con la mirada. Sabía que lo que iban a hacer era peligroso, o no. Quizá sólo iban a tantear el terreno, o quizá encontraban el Horcrux antes de lo que pensaba. No sabía si iba a ser fácil, o Voldemort la había puesto difícil. Incluso, en un rincón de su mente, tenía miedo de que la Taza de Hufflepuff no estuviera allí. Pensaba que si la encontraban, sería un paso más cerca de una batalla final con Voldemort. Muy dentro suyo, eso lo asustaba, y deseaba que Regulus Black se hubiese equivocado en la descripción del lugar que vio al beber la poción que debilitó a Dumbledore.
Bajó enseguida, para encontrase con todos esperando en la sala.
—Estamos listos.—confirmó Ron.—¿Partimos, compañero?
Harry suspiró, y todos salieron por la puerta principal. Comenzaron a caminar; aún era temprano, y no había mucha gente en la calle. Caminaron veinte minutos, hasta salir del Valle. Como los otros tres no sabían donde quedaba el pueblo de Pequeño Hangleton, Harry Apareció a Hermione a las afueras del pueblo. Luego, los dos volvieron a las afueras del Valle, y se llevaron con ellos a Ginny y Ron. Aparecieron frente a un cartel que indicaba por donde quedaba Pequeño Hangleton; Harry lo reconoció: lo había visto en el pensadero de Dumbledore cuando habían visitado una memoria de Bob Odgen, y había visto a la familia de magos de Voldemort. Siguieron por donde indicaba el cartel, caminando los dos kilómetros que los separaban de Pequeño Hangleton. Luego de un rato, descendieron por una abrupta ladera de una colina, y vieron extenderse ante ellos el pueblo, con su iglesia y cementerio, y en la ladera de la colina de enfrente, una gran casona deslucida se erigía. El pueblo estaba cubierto de nieve, lo que lo hacía pintoresco, y parecía salido de una postal Navideña. Los chicos pararon al llegar al pie de la colina, y contemplaron la casona.
—Ahí es donde tenemos que ir.—dijo Harry, señalando la gran casa.—Esa es la mansión Riddle.
—¿Cómo haremos para entrar?—preguntó Ron.
—Podemos ser investigadores.—aportó Hermione.
—Claro, investigadores adolescentes.—ironizó Ginny.
Los cuatro permanecieron en silencio por un rato, parados al pie de la colina.
—Me preguntó...—comenzó Harry. Troto un gran tramo subiendo por la ladera nuevamente, hasta retomar el camino que habían seguido, y que doblaba a la derecha. Harry siguió esa bifurcación. Los demás siguieron a Harry por un tortuoso y pedregoso camino de tierra rodeado de altos setos y lleno de baches. El camino descendió bruscamente, pero todos siguieron a Harry sin decir palabra; el camino los condujo a un oscuro bosquecillo, donde el muchacho se detuvo se detuvo.
—Espero que aún esté aquí.—murmuró, ignorando las caras de desconcierto de sus amigos, los cuales no hacían preguntas, pese a que se morían por saber que hacían en aquel tenebroso y oscuro lugar.
—¿Qué hace una casa aquí?—preguntó Ginny. Harry se había adelantado, y había comprobado que el pequeño edificio seguía allí, un poco más desarreglado que cuando lo había visto, y ahora deshabitado. Seguí tapado por árboles, más aún que lo que Harry recordaba.
—Es la casa del abuelo de Voldemort.—explicó Harry.
—¿De Marvolo Gaunt?—preguntó Hermione.—Recuerdo que nos contaste sobre él, y sus hijos. ¿Esta es la casa que visitaron en la memoria?
—Exacto.—dijo Harry.—¿Recuerdas, Ginny, que te conté?
—Si, algo.—dijo Ginny, intentando hacer memoria.
—Yo también me acuerdo.—dijo Ron, sin que nadie le preguntara.
Harry avanzó unos pasos más, y con un hechizo, cortó la maleza que cubría la puerta de la entrada. Allí, a pesar de que habían pasado más de cincuenta años de la visita de Bob Odgen a la casa, había aún un pedazo de la serpiente muerta que Morfin Gaunt había clavado; de la serpiente sólo quedaba la piel, pero era obvio que había pertenecido a un reptil.
—Es... escalofriante.—observó Hermione con una mueca.—¿Para que vinimos aquí, Harry? Volvamos, por favor.
—Espera.—dijo Harry.—Quizá haya algo.
No se animaba a abrir la puerta, y seguía parado frente a ella.
—Allí estaba el anillo de Gaunt, ¿verdad?—razonó Ron.—Ya no creo que haya más nada de utilidad.
—No me gusta este lugar, Harry.—murmuró Ginny.
—¡Aléjense!
Harry se irguió de golpe, tenso. Miró hacia todos lados, con la varita en alto. Hermione lo miraba horrorizada.
—¿Qué sucede, Harry?—preguntó con un gemido, aferrándose al brazo de Ron. El aludido no contestó; había oído una voz silbante y amenazadora que provenía del bosquecillo. Reconoció que la voz hablaba en pársel.
—Pársel.—susurró Ginny, poniéndose de espaldas a Harry, con la varita en alto. Harry no preguntó, a pesar de haberse sorprendido, como Ginny había reconocido el lenguaje.
—¡Aléjense!—silbó la voz nuevamente.
—¿Qué dice, Harry?—preguntó con miedo Ginny.
—Que nos alejemos.—contestó. Se aclaró la garganta, y se imaginó una serpiente.—¿Quién eres?—preguntó en pársel.—¡Muéstrate!—ordenó.
Hermione y Ron estaban espalada con espalda, al igual que Ginny y Harry, con la varita en alto y alertas.
—Vamosnos.—dijo Ron tenso.—Sea lo que sea, no nos quiere aquí.
—O es una serpiente, o alguien que sabe hablar pársel.—dijo Hermione.—Me inclino por lo primero.
Hubo un ruido en el bosquecillo, y los cuatro se giraron hacia allí.
—¿Quién eres?—preguntó la voz.—Tú no eres mi señor.—no era una pregunta, era una afirmación.
—¿Qué haces tú aquí?—preguntó a su vez Harry.—¿Proteges algo?
—El alma de mi amo.—contestó la voz; Harry supo entonces que allí había un Horcrux.—Pero tú no eres él.
—No, pero soy su amigo.—mintió descaradamente Harry.—¡Muéstrate ante nosotros!
—¿Y ellos también son sus amigos?
—No, son mis amigos.
—Harry, no nos tengas en ascuas.—pidió Ron.
—¡Chist!—protestó Ginny.—¡Están hablando!
Harry los ignoró.
—¡Muéstrate!—ordenó nuevamente. Otro ruido en el bosque los distrajo, y observaron como una gran boa constrictor se arrastraba hasta ellos, siseando levemente. Ginny gimió débilmente, y se agarró al brazo de Harry. Hermione se puso lívida, y se escondió detrás de Ron, y este mantuvo su varita firme, pero se notaba que tenía miedo.
—Es extraño.—observó la boa con voz silbante, pero menos amenazadora que antes. Movió sus cabeza hacía Harry, ignorando a los demás.—Tú no eres mi amo, y sin embargo, siento la presencia de él en ti.
Harry no contestó: ya sabía que él tenía una conexión con Voldemort. Pero la serpiente se le hacia conocida. Se preguntaba donde la había visto, y la boa habló nuevamente.
—Y a pesar de que no eres mi amo, te conozco de algún lado.
—Yo también te conozco de algún lado.—dijo Harry sorprendido. Ron, Hermione y Ginny miraban a uno y otro sin entender nada de esos extraños silbidos.
—Tú me salvaste.—dijo la boa de pronto.—¡Me liberaste del zoológico donde estaba!
Harry cayó en la cuenta inmediatamente. Era la boa constrictor con la que él había hablado una vez, hacía siete años atrás, en el zoológico, el día del cumpleaños de su primo Dudley, y que haciendo magia accidental , la había liberado.
—¡Es cierto!—corroboró Harry.—¿Has visitado Brasil ya?
—No he podido.—comentó la boa con pesar.—Anduve vagando por cuatro años, sin saber como llegar allí. De esa manera, llegué a este pueblo, pero fui atrapado por mi amo, y como él sabía manejarme, me obligó a custodiar sualma. He estado aquí desde entonces.
—¿Qué es lo que custodias?—preguntó Harry con emoción.
—Ellos me tiene miedo.—observó la boa con recelo, mirando a los otros tres.—No quiero que me hagan daño.
—No te harán daño si yo les digo.—dijo Harry en pársel. Luego se dirigió a sus amigos.—No lo dañen, ¿me oyen? Siente su miedo, intenten relajarse, ¿si?
—¡Como si fuera fácil!—masculló Ron.
—No te harán daño.—dijo Harry a la boa.—¿Qué es lo que custodias exactamente?
—Un objeto.—dijo el animal.—No se cual sea, pero es el alma del amo, y eso es lo que me mantiene aquí.
—Yo puedo liberarte de ese peso.—ofreció Harry.—Yo me llevaré el objeto que custodias, y puedes marcharte a Brasil, no necesitas preocuparte porque tu amo se enoje; yo lo controlaré.
—No puedo irme.—dijo la boa.—Mi amo moriría si abandono su alma.
—Te aseguro que no.—sentenció Harry.—El Señor Tenebroso no moriría si me entregas ese objeto.
—¿Cómo sé que lo cuidarás? No soy un Naga para leer mentes.
Harry no preguntó que significaba aquello.
—Lo cuidaré.—afirmó Harry.
La serpiente lo miró unos segundos.
—La pequeña pelirroja ya no me teme.—observó la boa.
—¿Cómo?—a Harry, esa afirmación lo había tomado por sorpresa.
—Que la pequeña pelirroja no me teme. Hace un rato si lo hacía, pero ahora no. ¿Qué le sucedió?
—No lo sé.—respondió Harry extrañado. Luego se dirigió a Ginny.—¿Por qué no le temes a la boa, Ginny?
—¿Qué?—parecía extrañada.
—Que antes le temías, y ahora no.
—Ah... Es que... No sé... Siento que no va a hacerte daño...
—¿Lo sientes?
—Sólo lo siento, Harry.—respondió ella.—Intuyo que no te hará daño.
Harry se dirigió al animal.
—Dice que intuye que no me harás daño.—le contestó.
—Y tiene mucha razón, la pequeña.—aceptó la serpiente.—No te haré daño; y te entregaré el objeto que contiene el alma de mi amo, pero no hoy.
—¿Por qué no hoy?—preguntó Harry, que le urgía salir de allí sin nadie herido.
—Porque hay que cruzar a aquélla mansión abandonada de más allá.—el animal desvió la mirada levemente a la mansión Riddle, y la volvió a Harry.—Allí esta el alma de mi amo.
Harry se extrañó, ya que pensaba que podría estar allí, en la casa Gaunt. Pero, después de todo, si hubiera habido otro Horcrux, Dumbledore lo hubiese encontrado.
—¿Quieres decir que en esta casa de aquí no esta el alma de tu amo?
—No, está en la mansión de más allá.—dijo la boa.—Ven mañana, y te dejaré pasar. Pero a cambió, quiero que me envíes a Brasil. ¿Podrás hacerlo?
—Claro.—aceptó Harry inmediatamente. Ahora tendría el trabajo de buscar la forma de enviar una boa constrictor a Brasil.—¿Pero porque no puedo ir a por el alma de tu amo ahora?
—Porque tengo familia.—contestó el reptil.—Y tengo que prepararlos. Hace tanto ya que mi amo dejó su alma en la mansión de más allá, que ya casi no por allí, pero no me puedo alejar mucho. Tengo familia aquí, en el bosque. Debo advertirte que yo no soy lo único que custodia el alma de mi amo. El colocó sortilegios y trampas mortales. Sólo un experto hechicero podría pasar esos obstáculos.
—No importa.—contestó Harry.—Vendremos pasado mañana, ¿esta bien? Necesitamos tiempo.
—Esta bien.—contestó la serpiente.—Apropósito, ¿cómo te llamas?
Harry no había pensado aquello. ¿Esa serpiente conocería al Gran Harry Potter, enemigo de su amo?
—Eso no importa.—dijo Harry.—Pero si quieres, puedes llamarme Godric.
—Yo soy Unukalhai*.*—se presentó.—Entonces, nos vemos pasado mañana, en este mismo lugar. Adiós.—el animal inclinó la cabeza, y luego se marchó, perdiéndose en el bosque.
—¡Por Merlín, ya se fue!—dijo Ron. Hermione suspiró aliviada.—¿De que demonio hablaron?
—Volvamos al Valle.—dijo Harry.—Allí les contaré.
—¿Dónde aparecemos?—preguntó Hermione.
—A la salida del Valle. Tenemos que aparentar que volvemos por el mismo camino por donde nos fuimos, por si alguien nos vio.
Tomó a Ginny de la mano, y concentrándose en la salida del Valle de Godric, desapareció del lugar.
- Imagínenlo como el armario de “Las Crónicas de Narnia”. Yo vi uno igual en el colegio de mi hermano, con miles de arabescos, y la cabeza de un león. Comencé a reírme tan fuerte, que me tuvieron que echar del despacho, pero es me causo una gran impresión, que hasta creí que podía ser el armario de la película.
** Unukalhai (Del árabe “cuello de la serpiente”), también conocida como Alpha Serpentis, es el nombre de la estrella más brillante de la constelación de la serpiente.
Holas!! ¿Qué les pareció? Si, ya se que me tardé, y comenzaron a bombardearme con pedidos, hasta hubo un review colectivo por ahí.. Mil perdones.. Estuvieron a punto de no tener capi por lo menos hasta marzo.. ¡Enserio! Me castigaron, y me dijeron que no iba a usar la compu hasta que empezara las clases.. Bueno, después insistí un rato, y con la ayuda de mi abuela, logré que me levantaran el castigo a una hora de compu diaria... Que obviamente se convierte en unas tres o cuatro horas, porque después nadie se molesta en controlar el tiempo que estoy sentada frente al monitor. Asi que agradezcan este capi... Mil perdones otra vez..!
¿Qué les pareció? Espero que les haya gustado... Debo admitir que la idea de poner la boa constrictor que Harry liberó en HP 1 la saque de otro fic, pero la cambié totalmente. En ese fic, la boa constrictor era Nagini.. Pero yo para Nagini tengo preparado otra cosa, que espero que les guste.. También pensaba en cortar el fic en dos.. porque pronto descubriremos si Ginny es o no la hermana de Harry, y en el último caso, quién es la hermana de Harry. Entonces, ahí se cortaría el fic.. y la segunda parte continuaría la búsqueda de los Horcruxes.. En realidad es en vano cortarla a la mitad la historia, pero me parece que la historia no puede llamarse “¿Hermana?” una vez que la hermana fue descubierta. Asi que quizá, ¿hermana? Termine dentro de algunos capítulos... Y luego ponga una continuación, y el Behind the story al final de la segunda parte, abarcando las dos partes...
¿Alguien leyó el libro “Crepúsculo?¿Y la segunda parte, New Moon? Si alguien leyó alguno de estos libros, plis, me gustaría hablar del libro.. Que me mande un mail, o me agregue al MSN.. Pero sólo para hablar del libro.. O si quiere escribir un fic de ese libro.. Y si no lo leyeron, se lo recomiendo.. Van a quedar fascinados... La autora es Stephenie Meyer..
Bueno... para los lectores de “Un Cuento de Hadas poco convencional”, no desesperen, que a más tardar, la semana que viene tiene el sexto capi...
En fin.. Espero Reviews!!!!!! Y recuerden que no sean anónimos, por lo menos dejen un nombre, como una personita que pone “Tu admirador secreto”, que si, es anónimo, pero al fin y al cabo, es un nombre...
Agradezco todos los reviews.. Este cap esta dedicado a ese grupete que me dejo un review colectivo.. No recuerdo todos los nombres, pero son varios, también a Lils Potter (Que antes era Bella), a AAMCWeasley y a “Tu admirador secreto”...
Besos miles...! Y muchos reviews, plis!
Lali Black