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Historia 22081 — capítulo 21

ADVERTENCIA: En este capítulo, hay un ligero Lemmon, aunque no llega ni a eso.. ¡Está advertidos! Pero no creo que dañe la sensibilidad de nadie..

Capítulo 19: ¡Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas!

“Te amo en cada verso,

en cada madrugada.

Te amo en los silencios

y cuando todo calla.”

“Que estés”

Erre Way

El frío aumentaba cada día. El colegio estaba vacío, y los que habían quedado en el castillo pasaban el día en sus respectivas salas comunes, intentando mantener el calor junto a las chimeneas. El sopor en que se habían sumido los pocos habitantes del castillo había alcanzado a Harry, Ginny, Hermione y Ron. Pasaban las tardes juntos, al lado del fuego. En ocasiones, almorzaban o cenaban allí mismo, gracias a Dooby, que les traía bandejas con comida a la sala común. Eran los únicos de Gryffindor, junto a dos niños de primero, dos Ravenclaw y tres Hufflepuff, que habían quedado en el castillo.

A pesar del repentino adormecimiento, se habían preparado con esmero para la primera aventura. Habían guardado abrigos y capas gruesas, todas reducidas, en sus mochilas. Hermione había preparado las bolsas de dormir, por si las necesitaban, y las había reducido también. Había hecho una selección de pociones curativas, las cuales le habían pedido a McGonagall, y las llevaba etiquetadas dentro de una valija. Harry y Ron, por su parte, habían seleccionado los mejores productos de los gemelos Weasley que tenían a su alcance, por si eran de utilidad.

Como ya no tenían que investigar más que para descifrar la profecía de Excalibur, tenían más tiempo libre. Ginny, con ayuda de Hermione, había llenado bastantes hojas del Diario de la Misión, e incluso habían puesto las miles de teorías sobre la profecía de la legendaria espada.

Harry tenía más tiempo libre una vez acomodado todo. La tarde de vísperas de Navidad, Harry se había instalado delante de la chimenea de la sala común de Gryffindor. La estancia estaba vacía y silenciosa. Crooshanks descansaba en su regazo, y él le acariciaba las orejas distraídamente. Observó las llamas bailar alegremente, esas llamas rojas. Como el cabello de su madre. Y como... Hacía un tiempo que no pensaba mucho en ella. Había estado muy ocupado, pero no la había olvidado del todo. Hacía ya cinco meses que se había enterado que tenía una hermana, y aún seguía esperando que esta apareciera. ¿Cuándo iba a suceder eso? En la carta, Dumbledore decía que ella lo buscaría a él, que pronto se encontrarían. ¿Qué tan pronto era pronto?

Suspiro. ¿Cómo sería ella?¿Tendría el cabello rojo como Lily?¿O sería otra copia de James, como él? ¿Poseería el carácter impetuoso y mandón de su madre, o el alegre y relajado de su padre? ¿O tendría un poco de los dos, tanto en el carácter como en el físico? Moría por saber quien era, como era. Si ella lo querría, si podrían tener una verdadera relación de hermanos, y no ser un par de desconocidos que tenían que ser hermanos a la fuerza. Sin embargo, decidió que no pensaría más sobre Sophie, como la llamaba Harry en su mente. Pero no porque no la quisiera, porque aún sin conocerla, Harry la quería, sino porque si Dumbledore decía que ella lo buscaría a él, asi sería. No tenía ninguna pista como para comenzar a buscarla, entonces, lo mejor era que ella lo encontrara a él. La pregunta era cuándo.

El veinticinco, Harry amaneció sudoroso. Había soñado, o presenciado, otra reunión de Voldemort y sus mortífagos, en repetidas y entrecortadas veces durante toda la noche. Parecía que Voldemort intentaba “contactarlo”, por decirlo de alguna manera. O de entrar en sus memorias y pensamientos, ya que había visto, fugazmente y mezclados entre todos los fragmentos de la reunión de Voldemort, algunos pasajes de su infancia. La cabeza le martilleaba, y Harry supuso que era por el esfuerzo mental que inconscientemente había realizado durante la noche para repeler los ataques de Legeremancia de Lord Voldemort.

Su reloj marcaba las ocho de la mañana. En la habitación sólo estaban él y Ron, que roncaba levemente. Se restregó los ojos, y se colocó las gafas. Con un bostezo, dirigió su mirada hacia los pies de la cama. Había olvidado que ese mismo día era Navidad. Una pila de paquetes estaban acumulados junto a su baúl, y una apenas más grande, en el baúl de su amigo.

Decidió dejar el sueño para más tarde y disfrutar de esa Navidad. Sería la primera junto a Ginny, como novio, y además, venían unos días difícil, donde habría poco tiempo para festejar.

—¡Oye, Ronald, despierta!—exclamó Harry, arrojándole una almohada a su amigo.—¡Los regalos!

Ron se desperezó, pero se levantó enseguida, y se abalanzó sobre su montón de regalos.

—¡Feliz Navidad, Harry!—exclamó, mientras comenzaba a abrir un paquete.

—Igual a ti.—dijo Harry. Tomó un paquete de la pila. Pertenecía a Tonks y Lupin, y era una billetera de cuero con el escudo de Gryffindor en el frente. El segundo era el clásico suéter Weasley, tartas y dulces por parte de sus suegros. El de este año era gris, con una G roja en la delantera.

—¿Una G?—preguntó Harry en voz alta, pensando en que quizá la señora Weasley le había mandado el suéter de George por equivocación.

—Es obvio, Harry.—dijo Ron, poniéndose su suéter sobre el pijama, y sorprendentemente, el abrigo no era rojo, sino azul, con una H marrón.—El mío tiene una H, y te aseguro que no es el tuyo. Es por Hermione, y ese, es por...

—Ginny.—completó Harry sonriendo.—Entonces, Ginny y Hermione...

—¡Feliz Navidad!—la frase de Harry quedó cortada por dos voces femeninas que entraron de golpe en el cuarto. Ginny se abalanzó sobre Harry, y lo besó apasionadamente, a la vez que Hermione hacía lo propio con Ron.

—Feliz Navidad.—susurró cuando se hubo separado de él.

—Feliz Navidad.—contestó Harry, y le dio un beso corto.

—Mira mi suéter.—dijo Ginny. Lo levantó frente a Harry. Era violeta, con una H en verde esmeralda.—¿No es linda la idea de mamá?

—Muy original.—aprobó Harry. El suéter de Hermione era amarillo, con una R roja.

—Y gracias por tu regalo.—dijo Ginny. Alzó el vestido blanco con ribete rosas y lo apoyó sobre su cuerpo, midiéndolo sobre su pijama.—¡Es hermoso! ¿Has visto el mío ya?

—No, aún no.—dijo Harry sonriendo ampliamente. Con ayuda de Ginny terminó de abrir los demás regalos. Había uno de parte de Fleur y Bill: un álbum de fotos, con fotos de ellos en la Madriguera en las diferentes vacaciones que habían pasado allí, y fotos de la boda. Los gemelos le habían enviado chascos y bromas; Hagrid, una torta y caramelos de limón, que a Harry le hicieron acordar terriblemente a Dumbledore. Ron le había regalado una caja de ranas de chocolate a la mente, y Hermione, un libro de Defensa, un regalo clásico en ella. El regalo de Ginny era una bufanda con los colores de Gryffindor, con un gorro con los mismos colores.

—Los hice yo.—dijo, mientras él los abría.—Espero que te gusten.

Y a Harry le gustaron. Nadie más que la señora Weasley le había tejido cosas, y de verdad, Ginny tejía tan bien como su madre.

Ya no le quedaban paquetes. Y como Ron había terminado de abrir sus regalos, las chicas salieron del cuarto, para que sus novios se vistieran. Luego, bajaron los cuatro a la sala común, cada uno con su suéter Weasley. Desayunaron ahí mismo, y luego fueron a los jardines para jugar una guerra de nieve. Harry, ataviado con la gorra y la bufanda regalados por Ginny, había olvidado por completo el sueño, o visión, sobre Voldemort. Sólo quería disfrutar ese día junto a sus amigos y su novia.

Pasaron un largo rato en una guerra de nieve, correteándose y armando muñecos de nieve. A las tres de la tarde, decidieron volver dentro, pues había comenzado una fuerte nevada. Se instalaron, luego de secarse, frente a la chimenea de la sala común. Los pocos alumnos que se habían quedado en el castillo, estaban a un lado jugando al ajedrez mágico.

—Esta noche, antes de ir a dormir, nos encontraremos aquí para hacer arreglos de último momento, ¿si?—comentó Harry, acariciando el cabello de Ginny. Hermione y Ron hablaban en susurros frente a ellos. La habitación estaba en silencio, asi que un golpeteo en la ventana los sobresaltó. Una lechuza blanca con alas negras estaba afuera, en medio de la ventisca. Ginny se adelantó y abrió la ventana. El ave entró volando, y dio varias vueltas sobre las cabezas de todos, hasta posarse frente a Harry.

Harry miró al ave, y al paquete que traía esta.

—¿La conoces, Harry?—preguntó Hermione.—No parece una lechuza del servicio de correo. Más bien... parece la mascota de alguien.

—No, no la conozco.—Harry tomó el paquete. Era cuadrado y mediano, forrado en papel plateado. Cuando el ave estuvo libre de su carga, revoloteo hasta posarse sobre el respaldar de un sillón, para mirar con sus enormes y oscuros ojos a Harry. Este abrió el paquete. Dentro había una mantita de bebé, rosa y blanca, con pequeños unicornios. Junto a esta había una breve carta. Los cuatro amigos juntaron las cabezas para leerla:

Es lo único que me dejaron mamá y papá cuando me separaron de ellos. Siempre supe que era adoptada, y que la manta era la que mis padres verdaderos me habían dado. Pero cuando me develaron la verdad, sentí que la manta no tenía más valor para mi, porque mis padres me habían dejado otra cosa mucho más valiosa: un hermano valiente y noble, un héroe, una esperanza. Y por eso estuve esperando largo tiempo a que tú también te enteraras de mi existencia, y asi enviarte esta manta como regalo. Espero que te sirva para soportar la espera mientras saco fuerzas de donde no tengo para enfrentarme a ti, y contarle al mundo que estoy orgullosa del hermano que tengo.

El señor Dumbledore fue un gran apoyo para mi, y me relató todas tus aventuras, desventuras y hasta amores. Se que no te gusta que sepan más de ti que ti mismo, y seguro te va a molestar que yo sepa cosas de ti, y tú no sepas de mi, pero créeme, es mejor asi. Se que eres feliz dentro de lo que puedes, y espero que cuando nos conozcamos en persona, sepas perdonarme por esconderme, y sepas disculpar al señor Dumbledore, que fue como un abuelo para ambos, e intentó hacer lo mejor para los dos.

Te quiero muchísimo,

Tu hermana.

A la vez, los cuatro levantaros las miradas. Harry y Ginny tenían lágrimas en los ojos, y Ron y Hermione tenían caras confusas.

—Esto es...—comenzó Ginny.

—Es increíble...—completó Harry con voz ronca.—Esto me supera. Sophie...

—Nosotros vamos a ir a la biblioteca.—dijo Hermione de repente. Harry y Ginny levantaron una ceja.

—¿Biblioteca? Hermione, ¡estamos en Navidad! No hay nada que estudiar ni investigar.—exclamó Ginny. No entendía como podía ir a la biblioteca, y dejar a su amigo en ese estado, tan débil por la carta que acababa de recibir.

—Lo siento.—se disculpó, tomando a Ron del brazo, y lo arrastró fuera de la sala común.

—¡Imbéciles!—masculló Ginny en cuanto su hermano y su cuñada habían desaparecido por el agujero del retrato.

—¡Ginny!—amonestó Harry, secándose los ojos.

—¡Es que son unos imbéciles! Acaban de ir a la biblioteca, en vez de quedarse contigo, y apoyarte en esto.—dijo muy contrariada.

—Déjalos, Ginny. Tendrán algo que arreglar, ya sabes como son.

Ginny bufó, y se acurrucó junto a Harry, para releer la carta. Más tarde enfrentaría a Hermione.



—¡Hermione! Ahora tenemos que estar con Harry.—se quejó Ron, mientras seguía a su novia por los desiertos y fríos pasillos.—Se que esto es desconcertante, pero debemos disimular.

—Lo siento, Ron, pero este tema me supera, en verdad. No se porque. Siento que los estoy traicionando, y a la vez, que tengo que ayudarlos a que esta verdad sea descubierta, y que no los lastime demasiado.—dijo la chica, deteniéndose.

—No se porque sientes eso, Hermione.—dijo Ron, bajando la cabeza.—A veces pienso que esta preocupación tuya por saber si Ginny es la hermana de Harry es una treta para separarlos y quedarte con él.

 La bofetada que recibió Ron retumbó en el vacío pasillo, seguida por un leve eco.

—¡No tienes el derecho de decirme semejante estupidez!—gritó Hermione.—¡Yo te amo a ti, ¿entiendes?! Esta preocupación es por personas que considero como hermanos. ¡No puedo creer eso de ti!

—Lo siento, Hermione. Si Harry y Ginny son hermanos, o no lo son, no importa. Eso no va a cambiar sus sentimientos hacia el otro. Si yo fuera tu, dejaría esto.

—¡No puedo, Ron!—Hermione bufó, y se sentó en la fría piedra del suelo, apoyando la espalda en la pared.—No se como explicarlo.—Ron se agachó junto a su novia, y comenzó a acariciarle el cabello.—Es... simplemente es que los quiero mucho, y no me gustaría verlos sufrir. Ron, ¿sabes lo que significa esa carta que recibió Harry?

 El chico negó.

—Significa que la chica que se crea hermana de Harry, esta próxima a aparecer. ¿Qué tal, si un día, por esas vueltas del destino, se entera de que no es hermana de Harry?¿Y Harry se entera quien *realmente* es su hermana? Lo mejor es evitar ese sufrimiento temprano, y no ilusionarlos en vano... ¿Me entiendes?

—Creo que si.—dijo Ron. La abrazó fuerte, y la chica recostó su cabeza en el pecho de él.—Perdóname. Eres muy importante para mi, por eso reacciono asi; temo perderte.

—Nunca me perderás.—susurró.—Nunca.


—¿Qué crees que les haya pasado?—preguntó Harry. Ginny se encogió de hombros, y bajo la vista a la carta de la hermana de Harry, por décima vez. El fuego crepitaba alegre en la chimenea, cerca de ellos.—Ya, Ginny, deja esa carta.

Ginny fingió enojarse.

—¿No estas interesado en saber quien es tu hermana?

—Claro que si, pero leyendo y releyendo la carta no va a aparecer de repente.—suspiró.—Ahora tengo esta manta, para tenerla presente siempre. Ojalá pudiera decirle que tengo nuestros leones de peluche; supongo que le alegraría saber algo como eso.

—Seguro.—aprobó la pelirroja.

—Iré a guardarla.—dijo Harry. Ya vuelvo.

Subió las escaleras, y entró en el vacío cuarto. Dobló la manta de su hermana con sumo cuidado, y la guardó en su baúl, junto con otras cosas de valor, como el Mapa del Merodeador y el diario de R. A. B. Sintió la puerta abrirse a su espalada. Se giró y vio a Ginny en el umbral.

—¿Crees que de verdad hayan ido a la biblioteca?—Harry recibió a Ginny en sus brazos.

—Tú deja a esos dos. ¿Qué importa que estén haciendo? Quizá hayan ido a la biblioteca, o quizá...—Ginny se acercó al oído de Harry, y susurró.—...O quizá estén en algún armario de escobas, en medio de algo interesante.

—Eso espero.—susurró Harry a su vez, contra el oído de Ginny.—Porque asi tardarán más tiempo en regresar.

Ella sonrió con picardía, mientras Harry se sentaba en la cama, y Ginny se colocaba a horcajadas de Harry. Tiró su cabello a un costado, y comenzó a besar el cuello masculino, mientras él sonreía con placer. Harry colocó sus manos en la cintura de Ginny, y lentamente comenzó a sacar la camisa de la chica de sus jeans. Ella pasaba desde el lóbulo de él, hasta su nuez de Adán.

—Cierra los ojos.—susurró Ginny.

Harry obedeció. Las pequeñas manos de Ginny le quitaron el suéter, y luego, le desabrocharon los primeros botones de la camisa, mientras la boca de ella iba bajando por su pecho. Las manos femeninas se posicionaron cerca del cierre de sus jeans, e hicieron una ligera presión. Harry tembló ligeramente; necesitaba besarla, ella lo volvía loco con sus besos y caricias. Se deshizo del suéter de la chica, y la atrajo más a si. Sintió los pechos firmes y redondos de la pelirroja chocar contra él, y la besó desesperadamente.

Ginny pasó los brazos por el cuello de Harry, y este abandonó la boca de su novia, para dedicarse al cuello pecoso de esta. La pelirroja soltó un gemido suave, pero sensual, que incitó a Harry a bajar por el cuello de esta, a medida que desabrochaba la blusa de la chica. Esta presionaba suavemente con sus muslos el regazo de Harry, por lo que el muchacho se desesperaba. Cuando Harry llegó al comienzo de los senos de Ginny, se frenó, y volvió a subir. Pero Ginny se separó de él suavemente.

—¿Qué sucede?—preguntó en un susurró entrecortado.

—Si continuó, no habrá retorno.—le respondió él, intentando normalizar su respiración, pero besando el lóbulo de Ginny.

—¿Y que importa? Estamos solos...—ronroneó la pelirroja, y suspiró de placer por los besos de Harry, que bajaban a su cuello.

—Pero hoy es Navidad...—respondió Harry, sin dejar de besar su cuello.—Y en un rato es la cena Navideña. Creo que tú no tienes buenas intenciones.

—Vamos, Harry...—pidió Ginny, y emitió una pequeña risita, ya que Harry le hacía leves cosquillas en el cuello con sus labios.—Vamos... Mi hermano no está... No vamos a encontrar una oportunidad asi.

Harry dejó su labor, y miró a Ginny a los ojos.

—Sabes que quiero que nuestra primera vez sea especial.—dijo él.—Te aseguro que tendremos una excelente oportunidad.

—¿Cuándo?

—Más pronto de lo que crees.—dijo enigmáticamente.—Sólo dimes si de verdad estás preparada; no quiero forzarte, o que luego te arrepientas.

—¡Estoy muy preparada!—exclamó.—De veras, Harry. Y sé que no me voy a arrepentir, porque te amo demasiado. Estoy segura de que me cuidarás.

—Gracias por confiar en mi.—respondió. La besó unos segundos.—Creo que si seguimos aquí, y no vamos al Gran Comedor, se preocuparan por nosotros... Subirán a buscarnos, y nos encontraran en una situación nada agradable.

—Nada agradable para ellos... Porque yo me encuentro muy a gusto.

—Vamos, pequeña.—insistió Harry. Abrochó los botones de la blusa de ella, que él mismo había desatado, y le pasó el suéter.

—Harry...—protestó ella.—Quiero quedarme aquí con tigo...

—Ginny.—dijo Harry a modo de advertencia. Malhumorada, se levantó del regazo de su chico, y se puso el suéter. Harry se arregló la camisa, y se abrigó también.

—Vamos.—dijo ella. Harry sonrió ante el fastidio de Ginny; la tomó del brazo, y ambos salieron del cuarto. Pronto iban a tener un lugar especial donde amarse sin apuros, y estaba más que seguro de que a Ginny le iba a encantar.



 El Gran Salón estaba magníficamente decorado para la ocasión. Había sólo una mesa en medio del salón, donde estaban los pocos alumnos que se habían quedado en el colegio, y los profesores. Ron y Hermione ya estaban sentados a la mesa, junto a Tonks. Harry y Ginny se acercaron a ellos, y se sentaron.

—¿Donde andaban ustedes?—preguntó desconfiado Ron.

—En la sala común, Ronald.—contestó lacónicamente su hermana.

—Aja, la sala común.—dijo Tonks.—¿Haciendo que?

—Hablando.—contestó la pelirroja.—Había niños de primer curso jugando al ajedrez, ¿sabías Tonks?

 Ella rodó los ojos, y dieron el tema por terminado. La cena fue sublime, como todos los banquetes y cenas de Hogwarts. Comieron turrones, panes dulces, chocolates y diferentes golosinas. Los profesores charlaban, con McGonagall a la cabeza de la mesa. La profesora Kirke, de Transformaciones charlaba animadamente con la profesora Sprout y la profesora Vector. Horace Slughor, el profesor de Pociones, tenía las mejillas rojas, y tomaba una mezcla hecha con hidromiel y vino. Los dos niños de primero hablaban en susurros, mientras comían con ganas. Harry, Ginny, Hermione, Ron y Tonks hablaban en una punta de la mesa.

—Pensamos que pasarías la Navidad con Remus.—dijo Harry.

—Bueno.—la metamorfomaga dudó unos segundos.—¿Vieron la luna hoy?—dijo enigmáticamente.

—Ah.—dijo Ginny entendiendo.—Pobre de él.

—Ya es tarde.—le susurró Hermione a Ron. —Podríamos hacer lo que teníamos propuesto hacer antes de irnos a dormir, Ron.

—Esta bien.—dijo él.

—Ejem.—Hermione llamó la atención de sus amigos.—Nosotros tenemos una charla pendiente. Asi que nos vamos. Después nos vemos en la sala común, chicos.

 Dejando extrañados a Harry y Ginny por segunda vez, Hermione y Ron salieron del Gran Salón. En el vestíbulo, se aseguraron de que no había nadie, y se escondieron detrás de una armadura.

—Necesitamos el Mapa del Merodeador.—dijo Hermione.—¿Puedes conseguirlo?

—Si, pero más vale que nos apuremos, o Harry puede enterarse de que se lo saque. Espérame aquí.

 Ron salió escaleras arriba. Corrió hasta la torre Gryffindor, y subió su cuarto. Abrió el baúl de Harry, y levantó algunas túnicas. Vio la manta que había recibido Harry de parte de sus supuesta hermana, junto al Mapa. Lo tomó, y salió rápidamente, para encontrarse con su novia.

—Aquí está.—dijo Ron.—Toma.

—Gracias.—Hermione tomó el Mapa y lo abrió.—¡Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas!

 Hilos comenzaron a extenderse por el pergamino, y formaron las distintas partes del castillo. Ambos jóvenes se inclinaron sobre el Mapa.

—No hay nadie en el pasillo del despacho.—dijo Ron.—Vamos.	

 Echaron a correr escaleras arriba, vigilando en el Mapa que no hubiese nadie en su camino.


Harry y Ginny regresaron a la sala común, en la cual no había nadie.

—Espero que Ron y Hermione terminen rápido su “charla pendiente”.—dijo Ginny, mientras ella y Harry atravesaban el agujero del retrato. Harry se echó en el sofá frente a la chimenea, y Ginny en otro frente a él.—¿Qué charla será aquella?

—Conociendo como conozco a Hermione, es una charla sobre alguna materia. Ahora, conociendo como conozco a Ron, quizá es alguna discusión. Pero conociendo a los dos juntos como pareja... queda para tu imaginación.

Ginny rió.

—Si, es lo más probable.—le lanzó un almohadón.—Quiero irme a dormir.—dijo.

—Ve, no importa, yo espero a aquellos dos.

—Pero, ¿y la reunión esa...?

—Hermione te avisará si hay algún cambio, pero tenemos que reunirnos aquí abajo a las cinco. La profesora McGonagall nos recogerá a las cinco y diez. Tenemos que salir del colegio para Aparecernos, asi que más o menos a las cinco y veinticinco estaremos en las afueras del Valle de Godric, para llegar allí aproximadamente a las seis al Valle. ¿Tienes todo preparado?

—Claro.—dijo Ginny.—Entonces, hasta mañana.

Se levantó, le dio un apasionado beso a Harry, que duró varios segundos, y se marchó escaleras arriba. Harry permaneció sólo en la sala común por alrededor de quince minutos. Ron y Hermione llegaron en actitud recelosa. Apenas pasaron por el retrato de la Dama Gorda, Hermione corrió escaleras arriba, rumbo a su cuarto, sosteniéndose el estómago, y levemente encorvada, con la cabeza gacha.

—Ya vuelve.—dijo Ron, sentándose frente a Harry.

—¿Qué le sucede?—preguntó preocupado.

—Tenía cólicos.—dijo Ron. Luego bajó la voz.—Ya sabes... esos que traen los problemas femeninos.. Tú me entiendes, ¿verdad?—terminó en un susurró apenado.

—Entiendo.—dijo Harry levemente, y haciendo una mueca. Hermione volvió minutos más tarde. Se sentó junto a Ron, ligeramente sonrojada.

—¿Podemos empezar?—pidió en un hilo de voz.

—Bien...—repitió la explicación que le había dado a Ginny.—¿Alguna pregunta?

—Ninguna.—dijo Ron. Hermione negó.

—Voldemort ha estado muy tranquilo.—dijo Hermione de repente.

—Tienes razón.—aprobó Ron. Y Harry recordó de pronto su sueño entrecortado de la mañana.

—Soñé nuevamente con Voldemort.—anunció Harry en un susurro.—Anoche. Fue entrecortado, como si yo inconscientemente hiciera esfuerzos para cerrar mi mente. Quiere entrar en mis memorias.

—¡No lo dejes!—fue lo primero que dijo Hermione, asustada.

—¿Y tú crees que él lo dejara?—replicó Ron, asustado también.

—No lo haré.—dijo firmemente.—Pero es difícil; me quita energía, y dormido es aún peor. Y ahora sólo me atacará cuando mis defensas estén bajas, que es cuando duermo.

—Tienes que practicar Oclumancia.—dijo Ron.—Pregúntale a McGonagall si ella puede enseñarte, o si conoce a alguien que pueda.

—Has eso.—dijo Hermione.—Sería terrible que Voldemort descubriera que tu sabes lo de los Horcruxes.

—O peor.—dijo Harry, sombrío.—Que descubriera a Ginny.

Holas! toy super apurada! Espero que les haya gustado!! Publicare rápido el prox. cap, seguro!

Que tal pasaron las fiestas? Espero que bien... aqui, con calor y cortes de luz, pero por lo demas...

Que les parecio el titulo de HP7? Un enredo total, no? Espero que Salamandra lo aclare pronto, y respete el titulo!

Bueno, me voy, muy feliz 2007, y que los Reyes Magos les traigan muchos regalos esta noche!

Me olvidaba!! QUIERO REVIEWS! O no actualizo!

Besos miles!

Lali Black