Quiero ser tu heroe — capítulo 4
– Hermione, cariño, levántate ya o llegaras tarde –le gritaba su madre desde el otro lado de la puerta.
– Mamá, hace nada he mirado la hora y era pronto. Déjame dormir un poco mas –le decía la joven mientras se daba la vuelta para volver a dormirse.
En ese momento la señora Granger entró en la habitación y dijo:
– Haz lo que quieras pero te aviso que has quedado con tus amigos a las 10:30 y son las 9:30...
Antes de que su madre pudiera decir algo más, Hermione se puso de pie de un salto y corrió hacia el baño. Solo tenia media hora para ducharse, vestirse y desayunar, ya que desde su casa al Caldero Chorreante, por donde siempre entraba para ir al Callejón Diagon, había media hora, en coche.
Se duchó y fue ha ver, rápidamente, lo que se ponía. Al final, se puso una minifalda vaquera que se había comprado hace poco y una camiseta militar con letras doradas.
Desayuno, prácticamente, tragando como un pato. Mientras recogía la mesa, sus padres ya habían ido a sacar el coche del garaje.
Llegaron justo a las 10:30 a la puerta del Caldero Chorreante. Había llamado a Harry la tarde anterior y habían quedado en la puerta de Flourish & Blotts.
Cuando entro con sus padres, casi corriendo, al Caldero Chorreante, vio que allí estaban cinco Slytherins.
^Por suerte no está Malfoy. Pero, estoy segura, que, queramos o no, los veremos por el Callejón Diagon^.
Cuando llegaron a la puerta de Flourish & Blotts no vio a ninguno de sus amigos. Pero de repente, vio como una cabellera, larga y pelirroja, salía de la tienda.
– Ginny! –la llamó Hermione, mientras caminaba hacia ella y la saludaba con la mano.
– Hola, Hermione! Pero que guapa estás!
– No digas tontería, tu si que estas guapa! Acabo de llegar, ahora, a las 10:30, a la puerta del Caldero Chorreante... me había dormido –le explicaba Hermione a la pequeña de los Weasley, para que quedara claro, su pequeña tardanza.
– Jeje, no importa Hermione. Buenos días –dijo Ginny, dirigiéndose hacia los señores Granger, estrechándoles la mano.
En ese momento salieron de la tienda, Harry y Ron.
– Hermione! –le saludaron los dos, muy contentos de ver a su mejor amiga, otra vez.
– Hola chicos. Os ha sentado muy bien el verano –les decía Hermione mientras les daba un fuerte abrazo a cada uno.
– A ti también –decía Harry.
– Sí, es verdad, estás muy guapa –decía Ron, mientras se ponía un poco rojo. Siempre le pasaba igual con todas las chicas.
Antes de que Hermione dijera nada, Ginny añadió:
– Te lo dije, Hermione, ahora no lo puedes negar.
Estuvieron hablando un poco sobre las cosas que habían hecho en esos dos meses que hacia que no se veían. Luego decidieron comprar todo lo necesario para su sexto, quinto año para Ginny, en Hogwarts.
Cuando acabaron, fueron a comer a un pequeño bar que habían abierto nuevo en el Callejón Diagon.
Cuando acabaron de comer, los señores Weasley y los señores Granger, decidieron ir a guardar las cosas de los chicos en los respectivos coches (los señores Weasley guardarían las cosas de Ginny, Ron y Harry, el cual se quedaba a dormir en la Madriguera hasta que empezaran el nuevo curso; y, los señores Granger, guardarían las cosas de su hija) y dejarles la tarde libre, para que hicieran lo que quisieran.
..--,,Continuará,,--..