Quiero ser tu heroe — capítulo 9
Un despertador sonaba en la habitación de las chicas de sexto de Gryffindor.
– Hermione, te hemos pedido por favor que apagaras eso –le decía Parvati tapándose la cara con la sabana.
– Esta vez no es el mío –les dijo Hermione desde el baño.
– ¿No? ¿Entonces ya son las 10? –preguntaba medio dormida Lavander.
– Así es. Y no os quejéis que mi despertador no ha sonado tan temprano –les decía Hermione, mientras salía del baño con el pelo mojado y abría las cortinas.
– ¡Uau! Hermione, ¿eso es nuevo? –le pregunto Parvati, mientras veía lo que llevaba puesto.
– Pues sí, me lo compro mi madre este verano, a principios de agosto. ¿Os gusta? –dijo Hermione, mirando a sus compañeras y a ella, en un espejo, alternativamente.
– Pues claro, Hermione, estás guapísima –le decía Lavander, mientras se levantaba para verla bien.
En efecto, Hermione, estaba muy guapa. Llevaba una minifalda vaquera, un cinturón dorado, no para sujetar sino para adornar, y una camiseta con un estampado militar y unas letras doradas, que hacían juego con el cinturón y sus zapatos, también muy bonitos, todos dorados. Aunque era bastante simple el modelito a Hermione le quedaba muy bien y eso era lo que más le gustaba a Parvati y a Lavander. En ese momento tocaron a la puerta.
– ¿Quién es? –preguntó Lavander.
– Soy Ginny. Hermione, ¿estás lista? –preguntó la pequeña de los Weasley desde el otro lado de la puerta.
– Pues me falta hacerme el pelo. Pasa Ginny –decía Hermione mientras iba hacia la puerta y la abría para que su amiga pasara.
– Vaya, Hermione, estás guapísima. Te queda muy bien –le decía Ginny a la Gryffindor con una gran sonrisa en los labios y mientras la miraba bien de arriba a bajo.
– No es para tanto. Espera, enseguida estoy –le decía Hermione, mientras entraba al baño para hacerse el pelo.
Hermione se hizo un peinado sencillo: una coleta, con unos mechones de delante sin recoger. Las dos Gryffindors se fueron hacia la sala común, haber si Harry y Ron ya habían bajado. Cuando llegaron vieron que no estaban y se sentaron en un sillón cada una, a esperarlos. A los cinco minutos bajo Neville y les dijo:
– Harry y Ron me han dicho que os diga que tenían mucha hambre y no os podían esperar más. Y, que, si cuando llegarais a desayunar no estaban en el Gran Comedor, es que habían ido al campo de Quidditch.
– Muchas gracias por avisarnos, Neville –le dijo Hermione.
– Ya se van a enterar esos dos –dijo Ginny, mientras se levantada, enfadada.
– ¿Os importa que vaya con vosotras a desayunar? –preguntó Neville.
– Para nada. Vamos –dijeron Ginny y Hermione a la vez.
Llegaron al Gran Comedor y no estaban ni Harry ni Ron.
– Seguramente abran comido corriendo para ir al campo de Quidditch –dijo Ginny, mientras se enfadaba más con ellos.
Durante el desayuno estuvieron hablando de diferentes cosas y, sin saber porque, Hermione se fijo en los Slytherins, que en ese momento, se levantaban de la mesa.
– Bueno, chicas, si no os importa me voy ya hacia el campo de Quidditch –dijo Neville, mientras se levantaba.
– Claro, Neville, nos vemos luego allí –le dijo Hermione.
– Sí. Y, de paso, dile a mi hermano y a Harry que queremos una buena excusa para esto, porque si a ellos no les gusta que bajemos a desayunar sin ellos, a nosotras tampoco.
Cuando Neville se fue, Hermione decidió contarle a Ginny todo lo que había pasado en la guardia en el expreso con Draco.
– Ginny, tengo que contarte algo, pero, por favor, no se lo digas a nadie todavía.
– Tranquila, no se lo diré a nadie. ¿Qué pasa? –dijo Ginny, con absoluta sinceridad.
Entonces Hermione empezó a contarle todo, de principio a fin. Cuando acabó Ginny parecía muy sorprendida y no sabia como iba a reaccionar.
– Nunca me lo hubiera imaginado –dijo Ginny, aún sorprendida.
– Yo tampoco, todavía no me lo creo –le contestó Hermione, con la mirada perdida en el plato del desayuno.
– Ya, pero bueno, mientras sea así, que no sea ninguna broma ni nada, todo bien, ¿no? –dijo Ginny, con una sonrisa en los labios, animando, así, a Hermione.
– Me alegra que lo entiendas. ¿Vamos ya al campo de Quidditch? –dijo Hermione, para cambiar de tema.
– Pues claro que te entiendo. Y, sí, vamos ya, ¡me van a oír esos dos! –decía Ginny mientras se levantaba.
– ¿Estas segura que quieres hacerlo así? –dijo Hermione y cuando vio la cara de Ginny, añadió–. A ellos tampoco les gusta que les hagamos cosas así, ¿y si les pagamos con la misma moneda? ¿No crees que les molestara más que si les pegas dos chillidos?
– En eso tienes razón. Vamos –dijo Ginny.
..--,,Continuará,,--..