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Harry Potter: Los Elfos de Lorien y la Madriguera de Voldemort — capítulo 6

A DONDE LLEVE EL DESTINO

Todos en círculo ante el Señor Oscuro y el joven mago armado que sostenía la espada con el nombre grabado a fuego. Lord Voldemort lo miraba fijamente a la vez que lo hacía el Ojo blanco de niebla en la torre más alta de Minas Morgul, Barad-dur. De cada escondrijo de Morgul salían caballeros armados con espada que libraban batalla murallas adentro y sólo un grupo reducido se aparcaba cerca de Voldemort y el mago joven. Detrás de una línea de caballeros estaban los heraldos de Legolas sosteniendo sus arcos con flechas pero uno de los caballeros de la fila que dejaba ver una gran edad por la barba blanca que le colgaba del yelmo y por las incontables arrugas que tenía en las manos arrinconó a los elfos contra las márgenes del puente de acceso a Morgul por Ness. Sin intercambios de palabras entre los heraldos y el soldado anciano mantenían la línea elfa a salvo de Voldemort. Legolas poco podía moverse pues el viejo lo hechizó con una vara corta similar a la cargada por Harry y sus acompañantes en el campamento de los Puertos Grises.

Legolas luchaba contra los dolores internos que significaba mover con la mente cada músculo pero que nada se movían y se sumaba la impotencia por no cumplir la misión encargada de averiguar sobre la alianza rota pero nada del entorno ayudaba para esos propósitos y más con cientos de desconocidos que hacían sonar cascos, aceros dentro de Morgul y que en voz baja entre todos los caballeros dijeran cosas al mago joven que estaba en un duelo visual con Lord Voldemort que valió la impaciencia de los elfos.

Varios heraldos intentaron reanimar al hechizado Legolas que pronto comenzó a sentir los efectos de las manos de varios de los heraldos que bajo los arcos y flechas guardaban uno de los artes de los elfos: la curación. Ya el viejo soldado parecía absorto en la lucha que empezaban a sostener Voldemort y el mago. Luces salían de la varita del Señor Oscuro y de la espada que actuaba a modo de varita similar a cuando los elfos hechizaban las flechas.

Palabras rápidas se decían Voldemort y el otro que esquivaba con facilidad los hechizos de tono café que lanzaba Voldemort a cada instante. La espada grabada relucía a cada hechizo de cualquiera de ellos dos y lanzaba los mismos hechizos que Voldemort de forma que gozaba de cierta libertad de movimiento si bien la varita del joven pesaba igual que una espada. El Ojo de Barad-dur seguía observando la batalla de su amo sin reparar en como las cosas iban desarrollándose dentro de Minas Morgul. Varios dragones lanzaban fuego a lo lejos volviendo a las nubes de un color dorado seguido de truenos de nubes cargadas que traían algo más que lluvia. Una inmensa espiral se formaba en torno al ojo y cientos de sombras bajaban como acantilado de Lorien a las torres bajas del complejo de Morgul y luego las sombras cubrieron todo el panorama cegando los ojos avizores de Legolas hasta la puerta abierta de la muralla del lado de Loch Ness. Un agujero negro hacía presencia tragándose todo vestigio de luz.

Dentro de la oscuridad resonaban los sonidos de los haces de luz de la pelea de Voldemort con el mago guerrero. La voz de varios ocupaba la cabeza de Legolas que veía más que cualquiera de todos que estaban cegados por la sombra espiral que bajó, ni los heraldos podían ver demasiado lejos. Tanta oscuridad atormentó el corazón del elfo que ya no veía las tétricas murallas de Morgul sino el infinito mar que partía como cero desde las costas de bosques selváticos de un pedazo de tierra que emanaba toda clase de vida. La misma sombra aparecía a lo lejos en el mar y en Morgul. La misma clase, el mismo temor traído en barco de madera a través de las aguas a tierra firme en un puente sobre un lago convertido en un sucio mar amarillo que distraía. Todo parecía encajar dentro de Legolas y miró a sus heraldos que seguían con las armas listas y luego entornó los ojos al anciano que lo hechizó y que prorrumpía palabras contra Voldemort y agitaba su varita mágica contra el Señor Oscuro. Legolas se volvió donde los elfos que lo siguieron hacia atrás en el puente con el fantasma de Ronald blanco hasta cada rama de la estela de éter que llevaba hace tiempo incontable.

A pesar de verse huyendo por el puente mientras el objetivo de la misión estuviera en el lado opuesto pero iban demasiado resueltos por el puente ávidos de escapar de una sombra ya conocida por las mentes y sueños de los elfos. Llegaron al embarcadero con el corazón pesado de tanta cosa en pocos metros de caminata en los alrededores de Minas Morgul.

Ron miraba a los elfos con decepción pues dentro de sí atesoraba cierta esperanza que traía hace tiempo y que dijo con todo brío a los elfos que miraban a Morgul como una pesadilla.

-- Poco sé de cuando los magos se volvieron armadura cual armadura de un corredor de Hogwarts. No comprendo nada. Hasta de ustedes que entendí que Voldemort tendría que sufrir cuanto ha hecho en tantas años...Hogwarts tomada hace mucho...creí que venían a ayudarnos de los magos más oscuros que ahora nos gobiernan. – dijo Ron.

-- Poco sabemos Ron acerca del sufrimiento de los humanos desde hace días. Una gran amenaza se cernía sobre Lorien, nuestro hogar. Minas Morgul lo era, todos sentimos la muerte cerca y la muerte de todos los elfos. Cumplimos la misión que un gran señor elfo nos mandó aquí...Sabemos quienes son los enemigos de los elfos y que realmente las penas del señor Elrond son ciertas. Temor tengo de donde debemos ir, quedarnos en este sitio que nada tiene de elfos si bien vivíamos aquí o regresar a Lorien a preparar la resistencia pues la sombra avanza de forma implacable. – dijo Legolas.

Varios heraldos asintieron molestando al fantasma de Ron que miraba con melancolía el panorama de Minas Morgul cargado de niebla negra y de luces de maldiciones que se estaban librando por allá. Ron se acercó a Legolas que se echaba el arco al hombro y los demás se alistaban para salir del embarcadero rumbo al bosque que tapaba las colinas de Loch Ness. Ron dijo unas cosas al oído de Legolas.

-- Ninguna ayuda es mal recibida señor Legolas. Pocos osan a entrar a Minas Morgul desde hace años y en especial porque quien debía estar para la batalla contra Voldemort está...muerto. – dijo Ron.

-- ¿Hablas de un mago poderoso? – preguntó Legolas con atención.

-- Sí. Pero son dos que deben de estar seis pies bajo tierra. Nadie vive demasiado tiempo ni menos si uno de ellos carga una maldición que está presente en Voldemort y en su Ojo que todo vigila a pesar de tener la niebla más espesa. Yo mismo me he sentido observado y eso que mi alma queda desnuda a ojos de cualquiera, es imposible ocultar cualquier sentimiento y muchos han pasado por mi alma en tantos años. —dijo Ron.

Legolas no respondió pues le invadían cosas en la cabeza de las cuales no era conveniente hablar con Ronald. Antes que todo estaba la seguridad de sus hombres y que la información recogida en Morgul llegara a su receptor demasiadas leguas al sur. Los heraldos vinieron por el camino de regreso y ya sin temores andaban a paso rápido y llegaron a las laderas de las colinas y vieron el sendero que serpeaba cuando ellos bajaron paso a paso. Repitieron el mismo procedimiento de ir lentamente aunque se quedaban más tiempo del necesario observando la nube multicolor de Morgul como un mal recuerdo pues los heraldos ya se sentían fuera de la opresión de ese lugar. Incluso Ron se mostró más diligente con los elfos avisándoles sobre cuando el terreno se ponía difícil.

Los primeros escalones de las Escaleras Secretas reveladas por Ronald sirvieron de la última mirada al entorno más cercano de la torre del Ojo de Lord Voldemort. Todos parapetados en la cima de una colina alta de todas y se voltearon cuando Legolas dio la orden desde abajo. Ron seguía delante de Legolas como fiel guía y fuente de pequeñas conversaciones que siempre conducían a lo mismo: los magos que Lord Voldemort detestaba. Ron no sabía que uno de ellos estaba en la boca de Legolas pero un sentimiento lo hizo callar el nombre de Harry Potter. Sin que Ron se fijase pues él bajó más rápido para ver que la llanura estuviera despejada Legolas se volvió contra sus heraldos advirtiéndoles que el nombre Harry Potter seguía siendo prohibido.

Finalmente pisaron los pies en la llanura que partía desde el pueblo en donde los heraldos encontraron a Ron y siguieron su curso rumbo a los caminos que los condujesen de vuelta a los Puertos Grises y ya otra inquietud se presentaba en la mente de Legolas y también de su ejército: ¿Qué hacer con Ronald Weasley?


Una particular modorra envolvía a Harry estando acostado en su cama de la carpa elfica mientras el Sol iba apareciendo detrás de los enormes acantilados que fueron castillos algunas vez. El sopor no mantenía ajeno a las actividades del campamento y de los pasos de Cristina y Hermione que salieron para dar un paseo por la playa. Cristina sacó a la ensimismada Hermione con la esperanza de dar vuelta la situación de su amiga.

Viéndose sólo en la carpa, Harry se levantó y la recorrió de medio a medio pensando sobre las cosas que podían estar viendo los heraldos mandados por el señor Elrond que mantenía un inquietante mutismo sobre la suerte del puñado de elfos que fue a recorrer la madriguera de Lord Voldemort. Harry había ido temprano en la mañana a visitar al señor elfo que estaba escribiendo en un pergamino con una pluma roja que le pareció familiar a Harry. Elrond dijo no tener información sobre los heraldos hasta ese minuto pero un pensadero recién agitado sobre la mesa daba a entender otra cosa. Rumiendo palabras Harry volvió encontrando a sus dos amigos levantadas y arreglándose las bellas túnicas elficas con la flor de Lorien abrochando el cuello. Harry recordó la procedencia de ella y sonrió pues en Lorien debía encontrarse la dama Arwen que abrigaba la esperanza de sentirse mejor pues aún cuando fuera una mujer misteriosa y distante, Harry nunca encontró su corazón aproblemado cerca de ella sino todo lo contrario, se sentía en paz y recordando cosas que creía perdidas.

Dio un cálido saludo a Cristina que estaba sentada en la cama junto a Hermione que miraba con atención a Harry como si fuera un desconocido con ganas de conocer. Cristina sonrió a Harry contenta por ver que dentro de los ojos de Hermione nada se mantenía igual cuando Potter aparecía de improviso.

-- No te acongojes si ella sólo te sonríe por escasos segundos y luego se sume en las sombras. Muchas batallas debe estar librando sola para recuperar su voluntad. Algo gana contigo. – dijo Cristina.

Harry ya no quiso seguir recordando y sin darse cuenta estaba con los ojos húmedos y de pie en la entrada de la carpa. Pasaron dos elfos que lo saludaron animadamente pero el joven les dirigió una leve reverencia. Salió de la carpa parándose en el sendero del campamento viendo como las dunas levantaban arena producto de un viento frío que traía una vez más espesas nubes del mar. Recordó que por estas fechas empezaba el mal tiempo en Hogwarts y de seguro todo se iniciaba en la inmensidad del mar allá al frente.

Encontró a Cristina y Hermione sentadas en la arena contemplando el mar. A su lado estaba el señor Elrond se pie y con vista altiva frente al mar.

Se preguntó sobre que haría el señor de los elfos de los Puertos Grises con sus dos amigas y lleno de temor avanzó hacia donde estaban aferrandose a la varita que traía en uno de los bolsillos de las túnicas. Elrond volteó encontrándose cara a cara con Harry que tenía la capucha puesta por el caprichoso ventarrón.

-- Mi señor Elrond. – saludó Harry con una reverencia.

Cristina también se volteó para mirar a Harry que posaba su vista en Hermione tras evadir los penetrantes ojos de Elrond. La chica estaba mirando el mar con gran concentración y el pelo seguía el ritmo del viento. La melena castaña se agitaba como las olas de enfrente y como el corazón de Harry que no se cansaba de dar vuelcos en un lugar apacible pero cercado por sombras. Esto último se lo expresó al señor Elrond.

-- Igual veo y siento las sombras que se ciernen sobre este lugar. Cada cosa que su pueblo está haciendo aquí es en relación a eso. – dijo Harry con tono de duda.

-- Depende de donde mires, Harry Potter. Al frente tienes la fuerza reparadora de la naturaleza que inicia una vez más el ciclo del elemento vital que es el agua, detrás están los acantilados que poco podrán hacer si las sombras de Morgul deciden venir aquí. Sabes que la sombra tiene nombre y mente. ¿Dónde más dices ver oscuridad? – preguntó Elrond.

-- En Hermione. A pocos pasos de mí y tan cerca de ella y de Voldemort. Nadie puede ver como la cubren a ella pues eso oculta lo que lucha por dentro. Feliz entraría en la mente de ella como un heraldo que va a la guerra. – dijo Harry con aplomo.

-- Piensa en como vas a salir de esto, Harry. Mirar lo basto que es el mar ayuda. – dijo Elrond con la voz agarrotada volviendo al campamento.

Extrañas le parecieron las palabras de Elrond a Harry que se sentó al lado de Hermione pensando en ella y recordando lo dicho sobre el mar. Estaba inquieto como su mente asegurando el paso de las masas tormentosas que prontamente se dejaría caer sobre los Puertos Grises. La desesperación inundó a Harry que se levantó con una revelación en su cabeza: otra vez su madre hablaba y en tono severo. Algo mal pasaba.


Entre todos examinaban el camino oscuro que separaba las sierras de Morgul del pueblo en donde encontraron a Ronald Weasley. Era vital no perder el rastro para volver a los Puertos Grises según las intenciones de Legolas cuando el último heraldo puso pie en la llanura desierta. Ron iba al lado de Legolas que miraba el cielo con nubes de tormenta que traían un raro movimiento en espiral y se detuvo recordando las vistas hacia el firmamento estrellado cuando se hallaba en Lorien. “Estrellas raras” pensó Legolas mirando esas nubes que se apretujaban en torno a un círculo neblinoso que parecía descender a tierra pero era sólo una impresión personal del elfo. Ron se estremeció asustando a los heraldos que venían más atrás. Legolas se volteó buscando el origen de los alaridos del puñado de elfos.

-- ¿Qué ocurre? – preguntó Legolas apresuradamente.

Varios apuntaron el cielo con las nubes que dejaban escapar bancos de niebla negros que alcanzaban a las montañas que encerraban el infesto mar interior de Ness cerca de Morgul. Ron se alejó lo más posible de las sierras y con la mano llamó a todos los elfos a seguirlo. Algo desconocido pasaba para la mente de los elfos que siguieron a Ron hasta una depresión del terreno ignorada hasta entonces en la marcha a Minas Morgul. Se refugiaron cerca de unos espinos jóvenes y un árbol de gran altura que reflejaba en su tronco un resplandor verde que venía desde el cielo en forma de espiral. Dentro de la espiral se movían más cosas.

-- Dementores bajan. Los mandaron de Morgul. La espiral se movió más allá de los cerros de los cuales Voldemort nunca sale. – dijo Ron atropelladamente.

Figuras encapuchadas iban bajando y eran ellas las que formaban los jirones negros que cubrían una parte importante del cielo en ese momento. Los elfos elevaron sus arcos con flechas que emitían un resplandor café muy débil que llamó la atención de los dementores que se dirigieron a la depresión con sus bocas muy abiertas dispuestos a absorber el alma de los intrusos. “Intrusos” decían las voces espectrales de cada jirón de dementores que estallaba en el cielo y más arriba donde un trozo del cielo claro se avistaba como una lejana luna habían tres personas de negro que miraban. Legolas clavó su mirada en Ron que estaba oculto tras una piedra grande que era arreciada por el vapor de los dementores.

-- A la orden, dispárenles a esos espectros. – dijo Legolas con voz amenazante.

Un dementor se acercó mucho a Legolas lo suficiente para hacerlo tambalear de miedo y frío. Los demás heraldos no necesitaron de la orden del elfo para atacar. Todos lanzaban flechas con resplandor a cada dementor que bajaba a la depresión. Cada flecha se clavaba en el pecho del dementor sometiéndolo a un largo dolor que le hacía chillar sandeces y se revolcaban por el piso hasta consumirse como viento. Las capas infestas quedaban esparcidas por el terreno y las flechas dentro de ellas. Pronto todo el lugar apestaba a hedor negro.

Ron observó cada ataque de los heraldos a los dementores que ya no vinieron pero esa abertura en el cielo quedaba y los tres miraban desde las alturas. No se revelaron y volvieron a cubrirse detrás de las nubes que se apretujaban de nuevo y la espiral estaba hecha otra vez. Su centro de gravedad se movía a las sierras en donde se perdió seguramente bajando hasta el valle de Morgul.

Legolas se juntó con todos en torno a las capas de los dementores que parecían absorber la fuerza vitalizante de cada palmo del terreno. Era un vergel en medio de la llanura pero olía a hedor negro que lastimaba el olfato de los elfos. Ronald permanecía impasible y dijo ver un dementor todavía con vida cerca de la roca en donde el fantasma de refugió. Allí encontraron una capa se aspiraba desde dentro, es decir, desde la tierra pero no era que soltaba niebla sino que una figura espectral estaba a punto de salir de allí. Con un pie uno de los heraldos desplazó la capa un par de centímetros dejando salir el espectro que tenía la apariencia de un hombre viejo con una mirada asesina.

-- Dime quien eres, Nazgul. – dijo Legolas con voz autoritaria.

-- Intrusos de la calma de nuestro señor. Guiados por el primer traidor que conoció la espada sagrada e infecta de Minas Morgul. El Ojo ha visto demasiadas presencias desconocidas en este día para dejar escapar la oportunidad de recibir a los visitantes que tienen rumbo desconocido. Nadie que entra a Morgul vuelve a salir a menos que acepte ser parte del orden de las cosas. Vulneraron las escaleras secretas con ayuda de este resentido que se esconde detrás de gente viva. Hombres que cruzaron el puente y mataron a los guardianes de la muralla infranqueable en momentos que venía otro ataque desde el sur. El Ojo no los ignoró. – dijo el dementor.

-- Nadie tiene certeza de cuanto ha pasado desde el forjamiento de la alianza en piedra que fue vulnerada por el velo que varios han sentido en su corazón sin siquiera verlo. Le hacen profundo honor al significado del nombre de Morgul...la torre de la hechicería. Somos parte de la raza que enseñó arte por primera vez a los humanos. Lord Voldemort no sería nada sin su magia...que nombre le han dado. – dijo Legolas negando con la cabeza.

Un elfo interpretó la mirada de Legolas al dementor y le asestó un golpe con una flecha al cuerpo transparente del espectro. Se disolvió como los demás, claro que necesitó dos ataques para ser destruido.

Salieron de la depresión con la vista más aguzada que nunca pues de las montañas que protegían el valle de Minas Morgul bajaba una niebla espectral que dormía a todo ser viviente que pusiera en pie en las laderas. Legolas mandó a todos a correr por la llanura hasta volver al pueblo en donde fue encontrado Ron. Dentro de sí estaban las ganas de hablar con Elrond y pedir consejo pero los alrededores estaban muy turbios y más vale tener arcos armados a tiempo que morir en un sitio desconocido y que tu señor elfo también lo viera. Encontraron más depresiones en la llanura que aparentemente habían sido excavadas como trincheras de alguna clase hace tiempo. Se apostaron en una de ellas esperando algún ataque que jamás llegó pero hallaron almas a punto de caer al desfiladero de los dementores.


Cristina miraba el mar con la mirada perdida en las olas que se sucedían una y otra vez ajenas a todo el rumor que sumía a las alturas circundantes. Ni ella podía abstraerse de la situación que atravesaban sus amigos y usaba el sufrimiento de ellos para tapar el propio. Hace días que sus amigos magos habían muerto a manos de Lord Voldemort como tantas veces lo vio en su mente pues muchas cosas parecían sellar el destino de los hermanos Wilder hacia una muerte violenta. No pudo evitar recordar cada segundo que estuvo con ellos planeando la oposición a Lord Voldemort y cuando se separaron por un tiempo gracias a los problemas con James. Ni imaginó lo que sus dos amigos llegaron a hacer en ese tiempo. Se veía a si misma otra vez en el apartamento de Williams Street conversando con Hermione que vivía al frente suyo. Cada palabra de la chica la hacía olvidar sus fantasmas de desamor y de su propia sangre mágica. Cristina deseó ser muggle ese tiempo y su mente se despejó pero sin saber que Hermione sería la llave a la persona por la cual hizo todo en sus últimos años en Hogwarts...Harry Potter. A pesar de que ella dio por cumplida la misión de proteger a Harry de Lord Voldemort tuvo que pagar un alto costo de quedarse sola y acompañada de su amiga poseída, si eso realmente tiene, y de la desconfianza de su protegido. Pensar en eso la desoló.

Se acostó en la arena envolviendo con la túnica elfica y a vista de cualquiera era una piedra más en donde las olas romperían si hubiera marea alta. Sin embargo la línea de las mareas estaba buenos pasos el fondo. Desde que Harry llegó a la playa no reparó en la presencia de Cristina y al mirar hacia donde estaba ella sólo vio una roca llena de musgo que antes no estaba. Se maravilló ante el invento o arte de los elfos de protegerse así.

La piedra estaba magullada, mojada, con plantas serosas que se aferraban con fuerza y que años le pesaran encima. ¿Cuánto podían revelar las capas elficas? Se preguntó Harry al mirar a Cristina convertida en piedra. También a él “le pesaron los años”....

Sus ojos se nublaron repentinamente y si los restregó con fuerza sólo logrando ver estrellas en su campo de visión. Cuando miró a su lado donde estaban las chicas volvió a ver a Cristina levantada y a Hermione con la cabeza gacha y murmurando palabras infestas.


Las últimas palabras se desvanecieron de la boca de un caballero armado en un campo lleno de cuerpos y despojos de los mismos en la depresión donde se atrincheraron los elfos junto a Ronald. Legolas miraba los cuerpos de quienes luchaban en las puertas de Morgul y no hallaba explicación de cómo habían llegado varios caballeros tan lejos de la morada de Lord Voldemort. Ron estaba más pálido de lo que ya era pues reconoció en la mirada de aquel caballero de pelo entrecano que expiró hace poco una sensación familiar en sus ojos verdes que le recordó a cierta persona que era su amigo y a la vez de mucha gente que confiaba en él. Nada escuchó pues Legolas las recibió en el mismo oído y el propio elfo mostró una mirada de confusión que compartió con los heraldos que se alinearon en torno a los cadáveres de los caballeros y fueron amontonados en la depresión de forma que todos formaban una masa llena de armaduras que brillaban débilmente con el reflejo de la luz muerta del sol. Brillaban más las tinieblas de Morgul.

Hubo un momento de silencio devoto entre los heraldos que miraban la pila de cuerpos con una nostalgia propia de extrañar un lugar querido y en verdad eso les pesaba en sus cuerpos, por vez primera olvidaron las visiones de Morgul y de Voldemort y se encontraron a sí mismos en un lugar desconocido y que internamente se unía con el lejano paraíso de Lorien, su hogar. Varios elfos levantaron sus arcos al aire lentamente y arrojaron una veintena de flechas por sobre los cuerpos y fueron a dar a los flancos de la pequeña quebrada que formaba la depresión o trinchera. Ron no entendía de las acciones de los elfos que rompieron filas y comenzaron a mirar en dirección opuesta a las montañas de Morgul con la vista en el camino de vuelta a Los Puertos Grises donde aguardaban las dudas que debían ser respondidas.

De regreso Legolas se pegó a la espectral marcha de Ron que seguía con la mente puesta en el caballero que lo miró a los ojos en el momento de su despedida. Tanto Ron como Legolas iban cabizbajos y pensando en sus problemas, pero ¿qué problemas tendría un fantasma?

-- Esos caballeros vinieron a parar aquí gracias a un artificio de Lord Voldemort. – dijo Legolas en voz baja.

-- ¿En el torbellino? – preguntó Ronald.

-- Parece. Ese anciano era el único de su orden con vida hasta que dijo sus últimas palabras. Agradeció morir lejos de un lugar lleno de sombras y que con pena lamentaba que fuese antaño el mejor lugar en donde había estado en su vida. Estudió en Hogwarts y dijo morir por aquel lugar...Esa era la bandera de todos los caballeros que vimos pelear en Morgul. – dijo Legolas mirando a sus heraldos que iban a un costado.

Ron no dijo nada pero miró a Legolas con pena.

-- Moriste joven Ronald Weasley, esos caballeros bien pueden tener tu misma edad. – dijo Legolas.

-- Sólo es una sensación, Legolas. La mirada me recuerda a los ojos de un profesor que tuvimos en Hogwarts durante un curso y que era miembro de una orden de magos contrarios a Voldemort. Éramos miembros jóvenes de la Orden del Fénix. Nada supe de ellos cuando Hogwarts cayó bajo el poder de Voldemort y tomó a los estudiantes sobrevivientes como esclavos y muchas marchas empezaron a lugares desconocidos, en una de ellas morí. Se llamaba Remus Lupin el profesor del que te hablé. – dijo Ron.

-- Ron... ¿Te has encontrado con gente conocida en todo este tiempo? ¿Cuánto hace que Hogwarts fue tomada, como dices? Remus Lupin murió en mis brazos....estoy seguro que alguien conocido por distinto que fuese no pasaría ajeno a tu memoria. – dijo Legolas deteniéndose.

Los heraldos se arrinconaron a una roca gigante en medio de la llanura que se hacía cada vez más rocosa.


-- ¿Entiendes lo que dice Hermione ahora? – preguntó Harry con ansiedad.

Cristina miró a su amiga con atención y puso mala cara cuando iba a hablarle a Harry. Este miraba a ambas mujeres y se afectó al ver el rostro hundido de Hermione posó sus ojos verdes en Cristina que negaba con la cabeza.

-- ¿Qué pasa? ¿Qué dijo Hermione? – preguntó Harry con mala voz.

-- Adoración al Mago Oscuro y a su alma. Temo que la Marca Tenebrosa debe dolerle porque se toca el brazo con insistencia. – dijo Cristina.

-- Lo mismo de siempre...esa no es su voz...La voz de nuestra Hermione está detrás de todo eso...en serio. – dijo Harry acercándose a Cristina.

Hermione miró a sus dos amigos que esquivaban miradas pues no se sentían bien uno junto al otro. Ninguno de ellos dos tenía certeza acerca de que Hermione estaba consciente de todas las preocupaciones de ellos dos pero una voz dentro de la cabeza de la chica despertó como si fuera el primer día de un ser humano en la tierra.

-- Necesito estar muy lejos de Lord Voldemort. No me queda otra más que huir porque mi heraldo no se atreve a entrar en mi corazón a soltar las flechas del arco que está disponible para él. Muchos soldados he visto pasar pero van a otro sitio y yo sigo quedándome sola en el desierto en donde el viento que sopla suena a Voldemort....


Sin demora el grupo de heraldos del elfo Legolas retomó camino hacia el pueblo muerto y lleno de fantasmas en donde encontraron a Ronald. Los cuerpos de los soldados fueron dejados allí en la depresión pero el de Remus fue enterrado algunos pies bajo tierra por respeto a la memoria que conservaba Ron sobre él. A muchos de los heraldos les sorprendía ver como un espíritu en eterna marcha sobre la tierra tuviera emociones sobre cosas y personas que fueron parte de su vida “muchos años atrás”. Ron le decía a Legolas que era imposible deshacerse de los pensamientos que tenía hasta su muerte, en la marcha de prisioneros, y que las cosas seguían igual como el mago que las conjuraba pero los años pasaban sin prisa, como caminata de elfos, y ya los dedos de las manos no servían para contarlos.

--....no deja de llamarme la atención como Lord Voldemort no envejece a pesar de todo el tiempo transcurrido. No en vano llaman a Minas Morgul la torre de la hechicería y con pocas personas que le opongan resistencia debe hacer lo que le plazca dentro de ese antro de magia. Nada del viejo y querido Hogwarts debe quedar. –

-- Quizá el señor de todos mis hombres no esté satisfecho cuando le contemos las buenas nuevas y que nada de lo hecho dentro de la torre del ojo podemos decirle. Necesita saber como viene la mano y puedes ayudarnos a entender mejor porque has sufrido todo. Tenemos a alguien viviendo con los elfos que también sabe sobre Lord Voldemort.....—dijo Legolas a Ronald que caminaba encorvado rumbo al pueblo.

Antes de llegar al poblado en donde fue encontrado Ron los heraldos se escondieron detrás de una gran roca que dominaba la vista de las últimas casas. Una legión de espectros aguardaba en la calle principal hablando cosas extrañas y volaban por sobre los tejados sin rumbo alguno y si tenían cierta determinación era porque los dementores de Morgul les seguían el paso para absorber el alma desarraigada que les queda.

-- Lamento decir esto Ronald pero deberás entrar antes que nosotros en el pueblo...eres de ellos y prometo que no vamos a dejarte sólo. – dijo Legolas a todos.

Ron se adentró en el pueblo como un nervioso fantasma que miraba los mismos rostros desde que murió en los lindes de este lugar por unos dementores ociosos en la marcha de los prisioneros. Más que asustado por los dementores que nunca faltaban entró por la muralla de una casa media destruida con un enorme caldero en su interior. Se escondió dentro del caldero esperanzado de los elfos. Veía su opción de salir en paz.


Del basto océano que habían contemplado Harry con sus dos amigas hacía un rato venía una barcaza de madera con un mascaron de proa de una mujer con orejas puntiagudas. Detrás estaba la dama Arwen vestida con una fina túnica roja enganchada con una flor de colores pálidos a la altura del cuello. Sin hacer ruido la barcaza de ella se detuvo en el borde de la arena con el mar. Al rato varios elfos descendieron de ella rumbo al campamento de los Puertos Grises.

La avenida que cruzaba el campamento estaba llena por una marcha de elfos que entraban en varias carpas altas y algunos iban a la gran carpa en donde estaba el señor Elrond con Arwen al lado del escritorio que tenía lleno de pergaminos como siempre. Harry estaba en ella sin sus dos amigas.

-- ¿Vienes por las noticias de Lorien? – preguntó Elrond a Harry que no dejaba de revolverse en su asiento.

-- Lo que venga, señor. –

Arwen le tendió una mirada especial a Harry que lo reanimó un momento hasta que entró otro elfo con una caja de madera en las manos. La depositó en las manos de la dama Arwen que iba abriéndola lentamente ante la expectación de varios elfos más que esperaban los resultados de la visita de la hija de Elrond a su hogar de bosques en las islas del Norte.

Dentro de la caja había un pergamino café escrito con una simple tinta pero seguramente lo importante estaría en las palabras. Inesperadamente Elrond tiró la caja de fina madera en el piso de hojas de la carpa. Una flor de capullos revueltos estaba decorándola.

Harry tomó la caja extrañado por el gesto del elfo que se concentraba leyendo el pergamino que estaba en el idioma elfico, cosa que Harry no entendió y que lo hizo sentarse y desprender su atención de la caja de madera. Elrond terminó de leerlo mirando directamente a Harry con la voz en tono especial.

--....Eldarion......Estel.-


Los elfos que luchaban contra los pocos dementores que en rigor estaban en el pueblo hicieron agitarse a los espectros que volaban desordenados y se ocultaban detrás de las destruidas casas. Poco de entendible tenía el comportamiento de ellos para los elfos que esperaban la aparición de Ron. Éste ya era parte de la compañía de los heraldos y único en su especie.

Al final de la calle principal apareció Ron para unirse a los heraldos y continuaron el camino de vuelta a los Puertos Grises. Todo en silencio hasta encontrarse con la casa destruida por el troll del camino que los elfos se encontraron en la ida. Legolas debió apartarse del grupo llevándose a Ron consigo porque su señor elfo le tenía noticias. El elfo puso un pensadero en el piso. Las aguas se agitaron como de costumbre dejando ver la imagen de Elrond, Arwen y Harry.

Ron sintió la mirada penetrante de los ojos de Harry y como los dos nuevos elfos lo miraban con compasión. Elrond sostenía el pergamino y leía en su idioma para que Legolas lo escuchara. Los heraldos vigilaban el sendero mientras durase la comunicación.

-- ¿No han faltado las visiones de futuros pesares de nuestro pueblo, Legolas? – dijo Elrond en tono de duda a través del pensadero luego de leer en elfico.

-- No somos los únicos que intentan cambiar lo que viene. Nada pude averiguar de quienes viven cerca de la magia de Morgul porque estaba en riesgo nuestra vida y una visión debíamos llevarle mi señor. Además hallamos paisajes sin tierra ni cielo o lugar para descansar para la gente que ha muerto entre usted y Morgul. – dijo Legolas sintiendo el frío por tener a Ron al lado.

-- La dama Galadriel ya ha dicho que debe hacerse de aquí en más. Sobre todo de la gente que vive con nosotros ahora. – dijo Elrond en confianza.

No era que un dementor estuviese cerca explicaba el frío que soltaba Ron mientras observaba por el pensadero a su amigo Harry. Este a su vez tenía los ojos húmedos y la mirada extraviada en cada detalle del cuerpo transparente de Ronald. Muchos recuerdos vinieron a su mente y un peso inesperado lo sacudió.

--...había gente muerta por varios lados vagando y huyendo de nazguls que seguramente son movidos por la voluntad del Señor Oscuro de Minas Morgul...—

-- Debes volver pronto porque los elfos que aún están en Lorien no van a quedarse quietos en la isla viendo como nuestro arte ha sido dilapidado. – dijo Elrond.

-- Ronald.......—

Elrond giró para ver a Harry que mencionaba el nombre de su amigo lentamente.

-- ¿Lo conoces? – preguntó Legolas desde el otro lado del agua sintiendo una extraña sensación como Elrond.

-- Era mi amigo...pero está muerto. – dijo Harry sin creer lo que veía.

-- No lo estoy Harry. – dijo Ron con voz espectral.

Las aguas del pensadero se agitaron de forma maligna perdiendo la vista que uno tenía del otro en la comunicación. Ron se turbó al escuchar las palabras frías de Harry.

Nadie volvió a hablarse después porque Elrond vacío el agua del pensadero intrigado del comportamiento de Harry que se sentó en el piso con la vista perdida y entrecerraba los ojos.

-- Tengo miedo.... ¿eso le espera a Hermione? – preguntó Harry de pronto.

-- Imposible decirlo Harry. ¿Escuchaste bien cada palabra de Legolas? – preguntó Elrond sosteniendo el pergamino de la dama Galadriel.

-- Sólo miraba a Ron...como....se veía como los fantasmas que moraban en Hogwarts. Podían atravesarte y hablar contigo sobre seguían siendo muertos...tiesos en donde quedaron. –

-- Harry....tu amigo murió sí. – dijo Arwen después de ver profundamente los ojos de su padre.

-- ¿Por qué me dices eso dama Arwen? ¿Qué más sigue? –

-- Lo que Legolas supo allá es bastante inesperado para todo y en especial para ti, Hermione y Cristina. – dijo Elrond.

-- Ronald relató a Legolas las cosas que pasaron hace años, muchos años. La cantidad de ellos viene mencionada en la carta de la dama Galadriel que nos advierte que la gente de este tiempo está amenazada. Muchas cosas siguen igual, las palabras de tu amigo Ronald. Fantasmas atrapados, cosas viejas que son ruinas y el propio Voldemort. Tú sigues igual a como escapaste de Hogwarts con tus dos amigas. Desde que saliste han pasado cien años que has saltado gracias a tu paso por el portal de espectros en donde las cosas están iguales desde los tiempos de los fundadores de Hogwarts. – dijo Arwen.

“Necesito estar lejos de Lord Voldemort”. Palabras que se sumaban a la congestionada cabeza de Harry cuando iba de vuelta a la carpa en donde estaba con Hermione y Cristina. Ellas estaban en la cama de Harry algo somnolientas pero saltaron de la cama al ver a Harry con el mismo pergamino en la mano que tenía Elrond y llegado desde la isla de los bosques de Lorien.

-- ¿Harry? – dijo Cristina sin esperar nada.

-- Me pregunto si la profesora McGonagall sabía acerca de lo maldito que estaba ese portal por donde escapamos y que ella debió cerrar con su vida. Los elfos descubrieron otra cosa aparte de los espectros que vivían allí. – se acercó a Cristina. – Los tres que estuvimos dentro de ese lugar tenemos un gran problema porque el tiempo de los espectros es distinto que el de gente viva porque ellos se quedan tiesos en donde murieron como mi amigo Ron que pudo mirarme....—dijo Harry arrodillándose en el suelo.

-- La carta. – dijo Cristina tomándola de la mano de Harry.

Queridos elfos de Lorien.

He recibido las noticias que Arwen hija de Elrond entregó a los elfos de estos bosques imperecederos pero a las puertas del velo que todos ven. Las cosas que empezaron a ocurrir son ya muy antiguas y si bien no representan gran parte de la vida de un elfo son generaciones de gentes del lugar que les ha tocado convivir con el velo oscuro.

Se que mandaron a elfos al lugar desde pueden verse las torres oscuras aún desde el bosque de Lorien, que queda bastante lejos. Tendremos que luchar porque el daño ha durado cien años y hay cosas que no pueden ser detenidas a menos que actuemos. El anillo de esperanza de nuestro pueblo nos da tiempo para escapar sin antes luchar. Como antaño.

También tuve noticias de los sobrevivientes del infesto lugar y sus asuntos pueden ponernos en peligro y además ellos deben tener sus propias decisiones. Déjalos a su voluntad porque ya sobrevivir por un lugar en donde el tiempo pausado los detuvo, fue suficiente.

-- Los elfos van a estar cada día más cerca de Voldemort porque lo ven como una amenaza. Nosotros no vamos a estar bien aquí. Debemos irnos y Elrond va a apoyarnos con las cosas que necesitemos. Podemos decidir con el curso de nuestras vidas. – dijo Harry.

-- ¿Hermione? – dudó Cristina.

-- Ella se va conmigo. Sus palabras fueron la clave...lejos de Voldemort. Puede mejorar. Parece ingenuo pero ella conserva fuerte su esperanza y ese será su nombre...Esperanza pero en elfico...Estel. No puedo conservar mi nombre porque todo va a empeorar si Voldemort piensa que sigo vivo y sabes que debe matarme. Me llamaron Eldarion....nombre elfico. Vamos a irnos Cristina. ¿Qué harás tú? – dijo Harry bajo el peso de las palabras.

-- Quizá pensarás que necesito un tiempo para pensarlo pero no será así...antes tuve la misión de protegerte cuando realmente tuve la esperanza de eliminar a Voldemort. Vino lo de mis amigos que tanto quieres...por lo pronto se que Voldemort no va a alcanzarte. Ya no puedo seguirte porque tengo que cumplir lo que sigue después de ti...Voldemort y si a través de los elfos puedo conseguirlo al batallar con ellos no voy a dudar. Tendremos que despedirnos Harry. De Hermione también. –

Ron iba al lado de Legolas que con los heraldos avistaban las proximidades del valle Gryffindor. El amigo de Harry nada sabía de la existencia de las tumbas de los fundadores de Hogwarts menos Salazar Slytherin. Legolas se comunicó otra vez con Elrond que despedía a Harry.

-- Creo que se donde puedo encontrar la paz que ahora quiero buscar.........

-- Miras al sur.....allá va Harry.

-- Voy a encontrar a Harry aunque sea lo último que haga en la vida.

N/A: Aquí termina el fic de los elfos de Lorien y de paso les aviso que la historia no termina. El siguiente fic se llama: Harry Potter y los Montaraces Magicos narra los momentos de los dos sobrevivientes de Hogwarts que salen de los Puertos Grises rumbo al sur en donde aún existen magos y magos. De todo tipo y los brazos del Señor Oscuro van a sentirse también.

Espero que les haya gustado mi fic y mandenme reviews por favor. Y sigan la siguiente historia.

Un adelanto: Van a aparecer los peregrinos del bosque que están en el Señor de los Anillos y habrá pelea con otros magos.