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Harry Potter: Los Elfos de Lorien y la Madriguera de Voldemort — capítulo 5
CORAZONES EN DOS LUGARES Y UNO VIEJO
Bajo los Puertos Grises dormía calmadamente el campamento montado por los elfos desde su llegada a estas tierras que alguna vez fueron su hogar. No quedaban mucho luego de la avanzada de heraldos que el señor Elrond mandó a Minas Morgul, hogar de Lord Voldemort y de los tormentos de los sobrevivientes del portal de la alianza de los cuatro fundadores. Esto último se resistía dentro de la mente de Elrond que prefería hablar de tres fundadores ya que el otro los traicionó a todos y gracias a un poderoso filo esa sombra llamada Nazgul quedó prisionera de su propia alma. Harry Potter nada entendió con esto último cuando se hallaba al lado de Elrond en una débil fogata afuera de la carpa del señor hijo de Earendil.
Ambos miraban la luna llena que amenazaba con ocultarse tras los acantilados de extraña forma. Harry los contemplaba creyendo ver un castillo pero afirmó que era sólo una ilusión pero Elrond se encargó de dejarlo más confuso aún al decirle que ese acantilado fue un castillo en los tiempos de elfos en estas tierras.
Elrond recordó las veces que caminó por los Puertos Grises siendo un elfo joven y miembro de los heraldos. Le tocó ver como los elfos debían decidir entre quedarse en una tierra cada vez más dominada por la Gente Grande, como llaman ahora a los humanos, o volver a los bosques mágicos de las islas del norte que están tan cerca del hielo y de los bárbaros que arrinconaban al pueblo elfo a los barrancos. Harry iba imaginándose el hogar de los elfos en el Bosque de Lorien allá al norte frío.
El sueño comenzaba a pesar sobre los ojos de Harry que logró hallar cierta paz al conversar con Elrond que le recomendó irse a su carpa pues avisto ciertas miradas inquisitivas desde ella, eran dos chicas que miraban con desconfianza cada acto del lugar y mayor aún las voces de un elfo hablando de tiempos antiguos y de Lord Voldemort.
Harry volvió a la carpa restregándose sus ojos verdes que tocándose el rostro repetidas veces como sintiendo que no era su cara pero al ver que las chicas dormitaban en sus camas se tendió en la suya sin sacarse la túnica elfa verde y se quedó observando el cielo de la carpa que se movía al ritmo de la más leve brisa y sonaba armoniosamente con las gotas intermitentes que caían del cielo. Minutos hablaron de que tan distinto sería el clima en donde estuvieran marchando los heraldos. El clima de Hogwarts era perfectamente conocido por Harry pero el señor elfo dijo con toda seguridad que Minas Morgul no se parecería en nada a la alianza de los fundadores. Se dio vuelta en la cama quedando frente a frente con los ojos de Cristina que lo miraban fijamente y con expresión de concentración en el rostro. Harry se levantó inquieto y se sentó en la cama de Cristina con cierta aprensión por mirarla a los ojos pues sentía que también otros ojos pesaban demasiado sobre él.
Cristina Lestrange se sentó al lado de Harry que suspiró al recorrer la mirada en el cuerpo de Hermione cubierto por las sabanas de su cama que permanecían quietas por más que la chica se moviera en su espacio. Los dos amigos se quedaron contemplando a la servidora de Lord Voldemort y a la vez bajaron su rostro con la mente abrumada por la misma razón. Uno de ellos quería hablar de eso.
-- ¿Por qué crees que el señor Elrond no ayuda a Hermione? Dice que puede hacer la misma magia que nosotros y no puede con una maldición de una marca. --- dijo Cristina.
-- Prefiere mandar elfos que ser mirado por el mismo Voldemort.--- dijo Harry severo.
Cristina se sintió contrariada con las palabras de Harry respecto a Lord Voldemort pues la chica hacía intentos para no pensar en ello. Harry la miró con tono de preocupación e intento acercarse a su amiga pero esta se acostó tapando su rostro con una manta. Tras negación con la cabeza Harry se apoyó en el cuerpo de la carpa en la entrada.
Miraba la lluvia caer ocultando al bosque tras la cortina de agua que empezaba a hacerse visible a cada minuto de diluvio. Apareció el Bosque Prohibido en su mente cubierto por su niebla característica y también por una torrencial lluvia como tantas veces vio en Hogwarts. Le pesó acordarse del colegio de hechicería pues los recuerdos volvieron, tanto los buenos como los malos y lamentó no volver junto con el grupo de heraldos. Pero ya Hogwarts no era el mismo lugar de antes....
Cada instante final que vivió en los terrenos del colegio lo revivió teniendo a Cristina como unión con ese pasado oscuro que representaba el otro extremo del portal que selló la propia Cristina al matar a la profesora McGonagall en las narices de Lord Voldemort que tenía un aliado en las alturas: un ojo de niebla que salió de su propio cuerpo. La cuenca vacía en el rostro del mago experimentado impresionó a Harry aún habiendo pasado varios días de su escape de Hogwarts. Se preguntó cuan lejos sería capaz de ver ese ojo que se posaba en la torre más alta del castillo rodeado de nubes extrañas y que chillaban como dementor en un oscuro pasaje en Privet Drive.
Lamentó no estar en la casa de sus tíos por la perfecta protección que estableció Dumbledore apenas los padres de Harry murieron, sentía una seguridad incipiente con los elfos de Lorien y creía estar a salvo del ojo de Voldemort. Por más que Petunia Dursley fuera la tía de Harry no había lugar como los Puertos Grises en donde Harry se sentía más cerca de sus padres y en especial de Lily que vivía en él. En realidad Harry no sabía como interpretar las palabras de Elrond respecto del horcrux de su madre y aún no sopesaba lo que era un horcrux. Sólo pasó por su mente que quizás Voldemort tuviese uno como Salazar Slytherin que deseaba vivir eternamente como elfo.
Tanta cavilación en esa entrada a la carpa con el frío de la costa invadiendo el lugar no resultaron para que Harry caminara unos pasos hacia el sendero de las carpas que se había formado por el trajín de los elfos pues frente a los árboles de entrada al bosque al pie de los acantilados estaba la dama Arwen contemplando la lluvia caer. Harry se acercó a ella con paso vacilante y por detrás levantó la capucha que traía la túnica oscura de Arwen y tapó su rostro blanco y sonrosado de las gotas que caían con fuerza. La hija de Elrond volteó con una sonrisa en los labios mirando a Harry que bajó su cabeza en señal de reverencia pero sintiéndose muy incomodo.
“No soy una reina” dijo Arwen casi en silencio pero Harry escuchó fuertes esas palabras en su mente dormida por la lluvia.
“Estamos en tierras raras Harry Potter” “Protege tu cabeza que sitiada está” dijo Arwen de la misma manera. Harry se tapó con la capucha y soltó un suspiro melancólico sin despegar su vista del rostro de Arwen.
“Si recorres este bosque a cualquier hora quiere decir que extrañas Lorien” dijo Harry mentalmente. Arwen lo escuchó pensativa.
-- Por lo menos existe algo de espacio vital aunque sigamos con la tierra cayendo sin fin al vacío. Detrás de las rocas en Lorien sigue nuestro hábitat pero distinto de lo que realmente queremos. Detrás de estas rocas sólo hay sombras y torres de hechicería. – dijo Arwen seria.
-- ¿Torre de hechicería? Quisiera tener los ojos de un elfo para poder ver que pasa por allá y para ver que tengo dentro de mí. – dijo Harry.
“Ves más que muchos y eso que los heraldos tienen ojos poderosos y sólo ven la silueta de una torre negra detrás de unas montañas. Tu puedes ver el corazón de Lord Voldemort” dijo Arwen señalando los acantilados.
“Voldemort ve mi alma ya cualquiera que camine cerca de Minas Morgul...Ya sabes, su ojo” dijo Harry cerrando los ojos.
“No se si a estas horas Legolas mira el ojo de Voldemort o sigue lejos de Minas Morgul. No hubo certeza de la distancia ni como es la natura por allá” dijo Arwen preocupada por los elfos soldados.
“Ni yo se hacia que lado está Hogwarts” dijo Harry mirando el cielo.
“Ni yo se hacia que lado está Minas Morgul” pensó Legolas sentado en una enorme piedra al lado de un letrero verde con letras amarillas que decía.
PUEBLO MUERTO.
“Los humanos de este vergel de tiempos antiguos ya no están” decía Legolas que miraba a los heraldos que conversaban en torno a fogatas al pie de unas colinas que cerraban un valle pequeño con un río caudaloso en la oscuridad. Llegaba el ruido de su torrente a las alturas del improvisado campamento de los elfos. Legolas volvió al grupo que hablaba sobre lo fácil que había resultado la marcha pero seguían sin entender como un lugar lleno de torres se veía tan cerca necesitara de tantos pasos que llenaban las horas. Sólo habían parado hacía unos diez minutos cuando aparecieron desde el valle abajo.
Tomaron arcos y flechas y comenzó la marcha por el camino que rodeaba las colinas bajar y arboladas por encima del valle que era un enorme cajón oscuro por donde se perdía la luz.
Legolas iba en la cabecera del grupo de heraldos que miraban la caída de la colina con enorme desconfianza debido a la niebla que venía desde las alturas. No faltó quien dijo escuchar ruidos extraños detrás de los árboles que se movían por el viento fuerte que iba en dirección al valle profundo por donde pasaba un río.
Encontraron una casa tosca en medio del sendero, muy rota y tres cuerpos tapados en la tierra. Los elfos vieron con espanto a tres adultos jóvenes que yacían muertos en el sendero junto con la casa que dejó tras de si astillas, palos, planchas de acero desde una altura de la colina. Sin duda la casa había caído por la colina hace algún tiempo imposible de definir.
Ahora los temores del ejército cobraban algo de importancia cuando dejaron la casa en el camino sin tocar los cuerpos y con aplomo siguieron su curso impenetrable en busca de los secretos de Minas Morgul. Instintivamente se apartaron de los límites del bosque nebuloso hacia el extremo en donde empezaba el valle por donde habían venido antes. Legolas miraba las colinas en busca de algún rastro de cómo pudo caer esa casa que ocupó toda la anchura del sendero y los cuerpos serían sus moradores desafortunados que debieron haber visto como su casa cayó. Pero si alguien la tiró colina abajo....
El viaje de los heraldos le quitaba el sueño a Elrond a esas horas de la noche en donde se escuchaban de forma perfecta los rumores de las criaturas vivientes que andan circulando por allí. Como Harry y Arwen...
Sin saberlo ellos estaban en el agua clara de un cuenco de madera que miraba Elrond desde el escritorio de su carpa y no mostraba una respuesta alentadora al hecho de que los dos anduvieran a esas horas husmeando la carpa del señor elfo. Pero Harry y Arwen fue la interferencia para que los pensamientos de Elrond siguieran conectados con cada cosa que Legolas le iba diciendo por un medio similar. Elrond ya se había enterado del desastre de la casa pero atribuir cosas como esas a Morgul era ser ingenuo y le dijo palabras de que siguiera en la marcha hacia la morada de Lord Voldemort y ver si existía peligro verdadero al tener a los huéspedes del portal de Hogwarts.
Arwen entró en la carpa de su padre sin un ánimo anterior de fisgonear detrás de la entrada como lo estaba haciendo Harry en ese momento. Elrond se levantó dándole una sonrisa a su hija que se fijó en el cuenco con el agua tormentosa como mar de huracán. Ella frunció el ceño negando con la cabeza.
-- ¿Por qué haces esto? ¿Vale la pena invocar la magia antigua? --- preguntó Arwen con intención.
-- La gente de estas tierras heredó de nosotros esta magia. Ambos caminos llevan a lo mismo, hija. No sé en que cosas la Gente Grande usa nuestra magia pero allá en Morgul poco honor se le hace. --- dijo Elrond con gesto severo.
Sin mover ningún rincón de su cuerpo, Elrond comenzó botar hebras metálicas de su cabeza lentamente hasta que se depositaron en el cuenco que se agitó con el agua dentro que cambiaba de color repentinamente. Arwen se acercó al agua viendo nítidamente como estaban los heraldos conversando en torno a una hoguera y aparecía Legolas mirándola directamente. La hija del señor se estremeció con la actitud combativa del elfo que sostenía su arco con una flecha hacia un lugar oscuro en las alturas. Tenía el arco inclinado hacia arriba.
-- ¿Qué está viendo? – preguntó Arwen preocupada.
Elrond no dijo nada. Un enorme troll apareció saltando desde la colina.................
Legolas poco veía de la bestia que se abalanzó sobre el grupo de heraldos con un equilibrio formidable pues tenía una pierna herida por un pedazo de tronco de árbol. Con rapidez los heraldos se formaron detrás de Legolas y todos con los arcos armados y dejando escapar destellos azules como el agua y que brillaban en la oscuridad. Cada elfo tenía en mente como usar su arco y flecha pues estaban conectados a aquellas armas. El troll hizo un gesto de molestia y se tiró sobre los heraldos que lo llenaron de flechas que se iban cambiando instantáneamente. Los ojos de la bestia estaban atravesados por cientos de flechas que se dirigían hacia sus piernas ahora.
El troll cayó en el suelo gritando penosamente y desde las colinas cientos de aves muy negras pero con un resplandor especial se abalanzaron sobre los heraldos que volvieron a lanzar flechas en el aire pero el grupo de aves extrañas volvió a lo alto de las colinas. Legolas se arrodilló frente al rostro herido del troll que no podía levantarse y tuvo que alejarse porque de los ojos flechados salía una especie de vapor negro que llenó el cuerpo del animal. Era un vapor caliente que producía modorra a todos los que estaban cerca.
Soltando su arco y flecha Legolas alzó las manos hacia el troll murmurando unas palabras que sonaron fuerte en la cabeza del troll que en un mínimo instante de lucidez alcanzo a escuchar: Avada Kedavra.
El cuerpo del troll se estremeció con un resplandor verde que le recorrió el cuerpo unos segundos hasta que todo acabó. La niebla y la vida del troll desaparecieron.
Sin demora los heraldos se agruparon y comenzaron otra marcha por el sendero que estaba más oscuro conforme se adentraban en las laderas cercanas que iban subiendo de altitud lentamente. Varios ojos del grupo advirtieron que el troll estaba bajo otro ojo que bien podía ser Lord Voldemort por la historia de Harry Potter y el Ojo de niebla de Morgul pero sin mayor conocimiento poco podía hacerse. Otra inquietud era que en todos lados había criaturas siniestras que salían de sus escondites cuando ya su hábitat fuese invadido. La otra duda era si el bosque que bordeaban estaba lleno de troll molestos por la presencia de elfos en ese lugar.
--...hechizaron cada arco y flecha como si estuvieran en una de las guerras que debimos afrontar en los pantanos del norte. No descartes la posibilidad de más flechas vuelen si las cosas se ponen mal. Una criatura que estaba siendo manejada por otro...ese troll no tenía vida Arwen. Tu misma has sentido el fantasma de la criatura mirando por los abedules abiertos en el grupo de cipreses que aguardaba el sendero colina arriba. Magia será necesaria si aparecen cosas muertas que están vivas. – decía Elrond a su hija que estaba impactada por ver a la criatura que enfrentaron los elfos a través del cuenco de su padre.
-- Ves el sendero igual que ellos. Puedes serviles de guía, padre. ¿Qué les espera a los elfos que marchan a la Torre de la Hechicería? – preguntó Arwen.
-- Son los primeros en ir a Hogwarts desde su fundación y eso son siglos. Somos pocos los que conservamos la vida y que estuvimos en el momento en que se honró la alianza en la cual los humanos se comprometieron a enseñar magia...a decirle a todos cual era nuestro arte. Puedo decirte que mucho de lo que vendrá esta en la vista del mismo ojo, hija. Lord Voldemort se repite en los pensamientos de los que se acercan a sus torres. El asunto está en no caer en los influjos del Ojo que nadie de nosotros sabe como es. – dijo Elrond mirando la entrada de la carpa vacía.
-- ¿Harry? Prevén a nuestros amigos que bien deben guardar sus flechas para batallas más importantes, padre. Tienes a alguien que es capaz de ver el Ojo de Lord Voldemort aquí mismo. No es suficiente la maldición que los ata a ambos. – dijo Arwen
-- Nadie de Morgul debe saber que nosotros vinimos a su tierra. ¿Cuánto recuerdo queda de la presencia de elfos? No sabemos si seguimos siendo parte de la historia de la Gente Grande, Arwen. El Ojo de Voldemort ve más allá que cualquier otro. – dijo Elrond caminando a la entrada.
-- ¿Si tus peores miedos se confirman? ¿Qué harás? – preguntó Arwen en tono desesperante.
-- En Lorien caería mal que un humano que aprendió nuestro arte haga cosas que bien puede hacerle un enorme daño a nuestro pueblo. Una sombra puede caer sobre Lorien...—dijo Elrond con especial emoción al nombrar al bosque.
-- Si veinte ya marchan, nada puede revertirse. --- dijo Arwen firmemente.
Escuchó cada palabra del padre y la hija con el corazón en la mano pues aún siente como se le eriza la piel cada vez que hablaban de Voldemort y Hogwarts. Temió por la suerte suya, de Hermione y por primera vez entendió lo que podían arriesgar los elfos luego su llegada a los Puertos Grises. Sin ánimo de seguir en la carpa de Elrond por más delatado que estaba porque se resignó que el hubiese sido percibido por el señor elfo de cualquier forma.
Harry caminó hacia su carpa compartida por las amigas que encontró durmiendo profundamente. No tenía sueño así que se sentó en la cama de Hermione y la miró un rato buscando una forma de sacarla de esa celda mental que la unía con Lord Voldemort.
Después se recostó en su cama analizando cada palabra de Elrond que le taladraba la cabeza por la ansiedad que tenía de saber más sobre Minas Morgul. El lugar en donde estudió le parecía completamente desconocido ahora. Se quedó dormido al rato contemplando el techo de la carpa azotada por la lluvia que ahora si se dejaba sentir con fuerza.
Encontrarse con un pueblo lleno de almas en pena resultó intimidante para el grupo de elfos que debieron atacar a esos espíritus con flechas que podían flechar un alma como aquellas errantes que no encontraban destino. Un pueblo completo estaba así detenido en el tiempo como un limbo en la tierra. Flotaban sobre las calles que eran de un pavimento rústico y cada edificio tenía marcas negras en las que estaba dibujada una mancha blanca brillante que parecía estar fresca por el olor que expedía. En algunos sitios la mancha blanca parecía un ojo.
Sin separarse los heraldos caminaron por la larga calle principal flechando a casa alma que los detuviera o que simplemente se acercara. Pero eran los menos cuando las casas del pueblo comenzaban a terminar. Muchas almas estaban ocultas tras postes, rejas y árboles y miraban a los elfos con especial atención y uno les dirigió una sonrisa que estremeció al ejército que lo apuntó con flechas pues el vapor negro salía de su boca sin que nadie atrás estuviera interfiriendo. Legolas ordenó bajar las flechas y con aplomo tras un suspiro largo caminó hasta el espíritu que era un joven alto de pecas blancas y pelo de un color blanco etéreo como todos en el pueblo. El propio espectro se acercó unos pasos al elfo que ya dominaba su temor de ver un fantasma.
-- ¿Cómo te llamas? – preguntó Legolas como si le hablara a alguien vivo.
-- Me llamo...--- dijo el joven que miró hacia arriba.
Los elfos hicieron lo mismo sin ver nada pero el joven apunto con brazo señalando un punto negro que tragaba la luz cercana de las estrellas e iba dotando al lugar de una oscuridad que dejó todo en tinieblas sin distinguirse un cuerpo de otros. Desde las alturas unos chillidos gélidos bajaban en forma de dementores que se dirigían donde el espectro del chico que sacó una varita mágica etérea del bolsillo de su túnica transparente que se mecía con aire caliente que expedían las criaturas. El cielo entre Legolas, el chico y los dementores se salpicó de flechas azules que apagaban los gritos de varios señores oscuros pero otros lograron resistir aterrizando en la suelo entre Legolas y sus heraldos.
El chico se puso entre el elfo y los dementores a manera de protección. Legolas alistó un arco con flecha al ver el gesto del joven pero este ya se estaba defendiendo contra los recién llegados.
-- ¡Expecto Patronum! – dijo el joven apuntando con la varita.
Un viento blanco salió de la varita del joven que impactó en los dementores inmovilizándolos unos instante pero se le tiraron en encima y Legolas estaba frente a ellos ahora. Negó con la cabeza cuando los demás heraldos los miraron con preocupación.
-- ¡Nazgul Expectum! – dijo Legolas en voz alta y de sus manos salió un brilló cálido que deshizo a los dementores cuando el joven espectro se incorporaba.
Los heraldos fueron donde Legolas que miraba al joven con expresión preocupada y ávida de respuestas. Sentía que aquel chico sabía muy bien a quienes se enfrentaba.
-- ¿Estás bien? – preguntó Legolas viendo el rostro de extrañeza de los heraldos.
-- Sí. Ellos siempre vienen por aquí a raptar almas mal sacadas de antes. Debo reconocer que soy una presa preferida de ellos y de su señor. --- dijo el joven.
-- ¿Señor? ¿Quién es? – preguntó Legolas advirtiendo la curiosidad surgida en todos los elfos.
-- El Innombrable. Da lo mismo que lo llame Tom o por el nombre maldito, estoy muerto. – dijo el chico mirando a los elfos.
-- ¿Dónde está él? – preguntó un heraldo con voz baja.
-- ¿No son mortifagos? – preguntó el joven con interés.
-- Somos elfos de Lorien y vinimos a buscar al señor que trama hechizos siniestros detrás de unas torres cerca de aquí y que juega con su alma. Quiere perpetuarse y es misión nuestra ir a ese sitio por otras razones. ¿Parece que lo conoces? – dijo Legolas comprensivo.
-- Lo conozco porque su Némesis fue un amigo mío hace demasiados años. Muerto debe de estar ya y espero que no haya sido la varita de...Lord Voldemort la que remató su deseo final. --- dijo el joven.
-- Lord Voldemort... ¿Su Némesis? – dijo Legolas contrariado y haciendo el gesto de llevarse el dedo a los labios pidiendo silencio a los otros elfos.
-- ¿Cómo te llamas? – preguntó un elfo que estaba a espaldas de Legolas.
-- Me llamo Ronald Weasley.............................................
“No hacía mas de un par de días en que me plantaba en el Gran Salón a conversar con ellos dos. Las cosas se hacían demasiado difíciles porque Hogwarts ya no era seguro para nadie ni menos con los traidores de Voldemort rondándola. Nada podía hacer para separarme del acoso de ellos tres en esos días en que no veía solución a los problemas y no sólo los míos sino de mis amigos que eran seducidos por el poder de Lord Voldemort una y mil veces. Traidores que fueron los atrajeron a Voldemort a Hogwarts...Traidores...traidores que pude haber eliminado yo mismo. Pero la marca estaba actuando demasiado rápido en los brazos de ellos y en la de Hermione también. ¿Dónde se encontraba Dumbledore esos días en que necesitaba sentirme seguro? Se fue de Hogwarts sin saber a donde. Que frustración.
-- ¡Traidores! --- gritó Harry que se despertó en la cama bañado en lágrimas y sudor.
Una pesadilla tuvo en joven y Cristina se despertó. La chica se levantó y caminó hasta la cama de Harry con ganas de saber lo que pasaba.
-- No necesito que otros dejen su sueño por mí. Regresa a la cama por que si hubieses entrado en mi sueño no saldrías viva. – dijo Harry que se dio vuelta en la cama y cerró los ojos. Dejó ver su varita mágica debajo de la almohada.
Escuchó como Cristina se revolcaba en la cama minutos después del repentino despertar que tuvo Harry. Abrió los ojos sintiéndose más tranquilo de no tener a Cristina encima y lamentó que no fuera Hermione. Cualquier gesto que denotara amor diría que la chica estaba ganando la lucha con la Voldemort en su cabeza.
“¿Estás luchando? ¿Caíste sin remedio? Pensaba Harry con pena y recordó los felices momentos que pasó con ella en Hogwarts. Intentó hablar con ella concentrándose que podía escucharla en la mente pero otro moraba en ella y un dolor de apoderó de la cicatriz que tenía en la frente. Se relajó pensando en otra cosa y el dolor cedió. Parecía que Lord Voldemort tuvo un acceso de ira o un sentimiento fuerte muy breve.
“¿Hermione? El nombre de su novia se repetía en su cabeza como en esos momentos en que tener a su incansable compañera de curso lo hacía pensar en la mejor forma de conquistarla. “Esto es algo parecido, volver a conquistarla”. Harry se hinchó de nuevos ánimos con el giro que tomaban sus pensamientos.
“Pero es de Voldemort” dijo su voz repentinamente derrumbando el castillo que tomaba forma. Era cierto Lord Voldemort desde que empezó a poseer a Hermione nunca dio un día de respiro. Harry pasaba tiempo en como tratarla mejor, se reprochaba cosas cuando Voldemort no perseguía los mismos fines que él.
“Siempre llego a la misma persona” decía Harry como sintiendo que antes ya lo había dicho o pensado. “Debo luchar por Hermione” pensó Harry moviéndose en la cama sin dar su cabeza con la cama de Cristina. No deseaba mirar a la chica que tantos problemas se trajo consigo misma.
“Quitársela a Voldemort” “Sin Voldemort seremos felices” “Voy a matarlo” dijo Harry con temor pues eso significaba ir donde el mago en un lugar que conocía perfectamente pero que lucía muy distinto a como era antes.
“Fuera Voldemort libertad para todos” pensó Harry cuando Ron se atravesó en su mente y pensaba que su amigo debía estar cautivo del tenebroso mago.
Ningún alma en pena del pueblo se aferraba a algo. Menos a sus casas pues muchos vagaban por el pueblo sin detenerse y sin reparar en que daban vueltas en círculos muchas veces. Ronald Weasley sin embargo conservaba una voluntad que era de una persona viva pues tuvo la intención de seguir la marcha de los heraldos al salir del pueblo. No se sentía atado al lugar.
Legolas volvió donde Ron que sostenía su varita en señal de que tenía como defenderse, viendo lo que implicaba este espectro Legolas llamó al resto de los heraldos que se agrupó en torno a Ronald. El joven los miraba con curiosidad pues hacía tiempo no veía gente viva como el mismo dijo. Sólo espectros.
-- Nazguls...--- dijo un heraldo.
-- Son sombras, espectros. Almas sin dueño. – dijo Legolas a Ron.
-- ¿Quién eres tú? – preguntó Ron.
-- Disculpa, Ronald. Estamos en una misión para llegar a Minas...Hogwarts. Respuestas necesita nuestro pueblo porque un velo de amenaza se convertirá Lord Voldemort si trama cosas oscuras. La lucha volverá al pueblo elfo. – dijo Legolas con fuerza.
-- Poco les queda para llegar a Hogwarts. Se donde queda porque hice la misma marcha en vida, morí cerca de aquí presa de los dementores que desobedecieron las órdenes de Lord Voldemort de mandar gente al sur para atacar pueblos vecinos. Tiene todo lleno de hechizos al norte. Hay dementores, mortifagos, criaturas. – dijo Ron.
-- ¡Nuestra herencia puede ser usada en contra de nuestro pueblo! ¡Testigos somos del brazo armado de ese mago que rompe una alianza ya corrompida! Lord Voldemort pretende destruir cada palmo de esta tierra y debemos seguir la marcha hacia Minas Morgul, la torre de la hechicería. – dijo Legolas al grupo de heraldos que tomó sus arcos y los elevó al cielo.
Ron los miraba sin entender demasiado sólo que iban en contra de Lord Voldemort y eso lo motivó a seguir la marcha lenta de los elfos pero llena de espíritu. Se detuvieron a los pies de un cerro en medio de la interrupción de las altas colinas que los venían acompañando antes. Hicieron una fogata sin mucho brillo mientras Ronald se sentía vivo pero se encontró de golpe con su situación cuando atravesó el cuerpo de Legolas sin darse cuenta. El elfo estaba separado del resto mirando una hendidura en el suelo que contenía agua cristalina. A través del agua se observaba otro panorama.
“Un pensadero” pensó Ronald al ver a otra persona de orejas puntiagudas que hablaba en susurros con Legolas. El líder de los heraldos no dejaba escapar información hacia fuera. La bola de cristal hecha agua se agitaba y el rostro del otro elfo se perdió.
Legolas se volvió encontrándose con la mirada de Ronald que flotaba en la piso y empujaba sus pies contra el piso intentando tocar tierra. Era penoso ver a Ronald.
-- Así que quieres guiarnos a Morgul, por eso nos sigues. Hablaba con el señor Elrond que fue mandado a venir a estas tierras lejanas en el tiempo y no tanto en distancia. Él se encuentra en un campamento en un puerto que fue morada nuestra hace siglos. Donde está Hogwarts vivían los elfos, yo nunca estuve ahí porque sólo los elfos más viejos se acuerdan, entre ellos Elrond. Debemos llegar a ese sitio de magia perversa y traer las malas nuevas a los elfos. – dijo Legolas en tono parco.
Se quedaron en silencio los dos hasta que el elfo se levantó tomando rumbo donde estaban los demás. Ron no tuvo ánimo de seguirlo pues vio como los heraldos hablaban entre ellos muy sigilosos. Volvieron a la marcha por el sendero que advertían por otras huellas que seguían en ambos sentidos. Huellas raras pensaban los elfos.
Ron iba al lado de Legolas que a cada instante miraba la trayectoria del espectro del joven, atento a cualquier cambio en el terreno por lo cerca que decía que estaba de Minas Morgul. Los heraldos iban en silencio y más de alguno soltó un suspiro sintiendo algo en su alma que poco a poco empezaron a sentirlo todos, incluso Ron que revivió su propia muerte pues tenía el mismo sabor que muchos que murieron y que compartían los huéspedes de Elrond. Elrond le dijo a Legolas que no mencionase a Harry Potter porque ya no era un nombre seguro por esos rumbos peligrosos y porque la misión de fondo de los elfos debía permanecer en el corazón y mente de cada heraldo.
Era de día en Los Puertos Grises y algunos elfos caminaban rumbo a la tienda del señor Elrond que los convocó con voz potente. Arwen estaba junto a él en el escritorio de madera.
-- Amigos míos. No hay tiempo para sueños tranquilos y eternos porque parte de nosotros está cerca de entrar al sitio donde está la malicia que nunca duerme al norte de estos Puertos que eran hogar de elfos hace siglos. Nuestra gente que marcha hacia el lugar de las torres negras me ha dicho que la noche es lo único que ven los ojos por esos rumbos, incluso los ojos de los muertos que deambulan. – dijo Elrond
Varios elfos soltaron suspiros preocupantes y Elrond siguió hablando con ellos. Lo último que el señor elfo dijo levantó el ánimo de todos en la carpa.
-- Lorien no merece pasar por penurias que los humanos han provocado. Algunos de nosotros deben volver a los bosques del norte para llevar el mensaje de que ese velo de sombras es real. Un barco saldrá de aquí en breve para las islas del norte que quizá están demasiado cerca del ojo blanco que se eleva en la torre de la hechicería y podría ver a la gente que habita en Lorien. – dijo Elrond.
Todo el tumulto que hicieron los elfos despertó a Harry de un profundo sueño. No quería salir de la cama pero que la gente afuera hablara en voz alta lo preocupó. Quizá los heraldos volvieron, pensó antes de levantarse.
Encontró a Hermione arreglando su cama y a Harry le dio un vuelco en el corazón, de inmediato tuvo una pregunta que hacerle a su novia que seguía con expresión vacía.
-- ¿Hacías esto en Hogwarts? Arreglar tu cama cada mañana antes de encontrarte con conmigo y Ron. – dijo Harry entornando los ojos.
-- Tengo la sensación de que otra persona lo hace por mí, alguien que siempre me habla en la cabeza y me dice que no me de por vencida por más que mi Señor Oscuro me mire con ojo de niebla. Tiene mi misma voz.... ¿Quién será? --- dijo Hermione sentándose en la cama.
-- Eres tu Hermione. Te llamas Hermione. – dijo Harry incomodo.
-- Tengo a esa persona dentro de mí. Me llamo Infinitus. – dijo Hermione.
Harry tenía miles de preguntas dando vueltas por la cabeza. Todas relacionadas con la voz que la chica escuchaba. Dentro de sí se resistía a pensar que quizá la voz fuera sólo una reminiscencia vaga de lo que fue Hermione. En realidad parecía otra persona.
Se levantó de la cama a paso torpe hasta la entrada de la carpa viendo a Cristina Lestrange con la oreja pegada a la carpa vecina en donde las voces de los elfos se sentían más que el rumor de la lluvia declinante que azotaba los Puertos Grises. No intentó persuadirla de que los elfos podrían molestarse y se conformó con observarla. Cristina volvió a la carpa dándole una mirada de pena a Harry que este esquivó con frialdad.
Harry caminó por el sendero del campamento rumbo a la carpa de Elrond que se encontraba en un extremo cerca del mar. Esquivando las miradas de algunos elfos fue su problema al llegar al hogar del señor elfo. Sólo estaban él y Arwen mirando los viejos pergaminos que había sobre el escritorio. Arwen levantó la cabeza encontrándose con Harry que entró en la carpa tras un gesto de la elfa.
Elrond miró a Harry con atención mientras el muchacho saludaba con una ligera reverencia y un saludo cortés de buenos días. Adivinó en los ojos del elfo que era necesaria su presencia.
-- Espero que hayas tenido buena noche, Harry Potter. Ese sopor que aún te invade es la muestra de que cosas grandes y malas vienen en camino. – dijo Elrond.
-- Quizá tiene razón, señor. Hermione se pierde dentro de su propio cuerpo, puede desaparecer y sólo quede la mortifaga que Voldemort desea. – dijo Harry lentamente.
-- ¿Dices que ese velo que la invade sigue su curso? – preguntó Elrond.
-- Sí. Nada recuerda de mí y eso que cosas fuertes le pasaban en su corazón gracias a mí. Me resisto a perderla y a ver eso. Durante sueños vino la solución que puede salvarla. – dijo Harry cerrando los ojos.
Elrond se levantó con atención y Arwen tomó el hombro de Harry con cariño.
-- ¿Qué viste? --- preguntó la hija de Elrond.
-- Tantas veces estuve con él...y jamás se cumplió aquella profecía que nos ata...debí tener el valor de conjurar algo imperdonable contra él pero siempre de ambos lados algo nos salvaba de matarnos. Es lo único que haría con él, matarlo. Sin él ese velo oscuro desaparecerá de la mente de Hermione. --- dijo Harry apoyándose en los ojos de Arwen.
-- Debo decirte que cerca estamos de encontrar a Lord Voldemort. Legolas me informó que van en la dirección correcta de la forma incorrecta. – dijo Elrond.
-- ¿Ada? Él usa los métodos más confiables...mente a mente bajo la protección del agua sagrada. – dijo Arwen.
-- Guiarse por espíritus a Morgul. Sabes que cualquier cosa puede transformarse en un atalaya en donde el mago poderoso puede escudriñar hechos y palabras. – dijo Elrond.
-- Eso mismo hizo Voldemort con Hermione...es su atalaya para verme. – dijo Harry alzando la cabeza.
Elrond puso unos pergaminos en el extremo izquierdo de la mesa y entregó un sobre blanco a Arwen que asintió con el rostro y salió de la carpa muy seria. Harry se quedó mirando a la elfa que llevaba aquel sobre como una reliquia histórica por la forma en que cruzó sus brazos en torno a la misiva que aparentemente escribió su padre. Cuando Harry volvió a mirar a Elrond este se sentó en la silla del escritorio soltando un suspiro largo que estremeció pues no había visto a Elrond con semejante preocupación. También Harry se sentó en la silla que había al frente del padre de Arwen.
-- Voldemort juega con las almas en su madriguera norteña. Ha matado gente de pueblos enteros próximos a Minas Morgul y andan vagando perseguidas por criaturas negras que chupan el alma, según dijo Legolas. Se sirve la información de espíritus que aferrados a su temor no dudan en decir en donde quedan las torres de Lord Voldemort porque este les genera tal furia que todos unidos podrían hacerle daño, pero incluso las almas más lúcidas que encontró Legolas en la marcha se sienten atadas a Voldemort, bajan la cabeza apenas alguien de ese lugar manda algo. Toda determinación es nula y dio paso al abatimiento propio de fantasmas que no tienen lugar de reposo. No cualquiera controla las almas de los otros sin descuidar la suya. – dijo Elrond mirando fijamente a Harry.
-- ¿Muertos? Desde que salí de Hogwarts que no pienso en lo que pasó con quienes no escaparon del castillo. Muchos compañeros se quedaron allá...Mi mejor amigo también. Es la primera vez que nos separamos de esta forma, siento que desde que salí de Hogwarts han pasado siglos y anoche mientras pensaba y dormía Ronald volvió a mi mente. Quería volver y rescatarlo de allá. – dijo Harry emocionado.
-- Pierdes la noción del tiempo aún estando en un sitio reconfortante como este. Ahora temo por los Puertos Grises si la sombra de Lord Voldemort avanza hacia aquí. Es cuestión de averiguar que cosas trama y el dibujo de los días venideros podremos completarlo pieza a pieza. Tenemos a algunas aquí con nosotros pero es sólo el comienzo. ¿Quién te invade Harry? – preguntó Elrond en tono severo.
-- Quiero dormir y no despertar más. Nada puedo hacer contra él. Muerto sería mejor. – dijo Harry sorprendiéndose de sus propias palabras.
-- ¿Temes por alguien? --- preguntó Elrond mirando la mesa.
-- Me cuesta elegir las palabras para decir lo que siento, señor. Vergüenza y temor siento de saber lo mucho que me preocupa la señorita Arwen. ¿Adónde lleva el sobre? – preguntó Harry.
-- A Lorien. Un barco partirá de aquí hacia el bosque para dar las noticias que hemos recibidos en estas horas de marcha a Morgul. – dijo Elrond con el ceño fruncido.
-- Siento culpa por no haber salvado a Ronald, señor. – dijo Harry con pena tras unas palabras como susurros.
-- Harry...Legolas se sirve del conocimiento de Ronald para seguir su marcha a Minas Morgul. – dijo Elrond adivinando lo que vendría.
-- ¡Está vivo! ¡Está vivo! ¿Cómo lo encontró Legolas? ¿Le contó de mi? --- dijo Harry eufórico.
-- Legolas no ha presionado la tecla de lo sensible pues no sabe si va a ponerte en peligro si menciona tu nombre. Potter es un apellido peligroso por esos rumbos y no quiero que Legolas se exponga de cualquier manera. Ronald Weasley no sabe que Legolas te conoce y depende de él decir la verdad. No hay que fiarse de almas andantes. – dijo Elrond con cierta intención.
-- Entiendo el riesgo. – dijo Harry decepcionado.
-- Extraña coincidencia encontrar a tu amigo lejos de Morgul si el se quedó allí, no. Además ese espíritu tiene una determinación con la capacidad de ir contra Voldemort similar a la tuya. – dijo Elrond con expresión vaga.
-- Debió escapar gracias a la ayuda de sus padres. Los conozco bien, siempre me cuidan. – dijo Harry con ánimo levantado.
-- Está sólo como las demás almas que los heraldos han ido encontrando en el camino. Deseaba saber un poco más de él y puedo confiar en que mis hombres van bien. No se si Ronald podrá descansar en paz si cumple la misión de llevar a los elfos a Morgul...quizás sea un nazgul atado a la suerte de otros que no conocemos. Harry, tu amigo murió. – dijo Elrond tranquilamente.
-- Nunca diría palabra de mí si le explican el riesgo... Por más fantasma que sea.............
La gema que llevaba Arwen Undomiel, rumbo al barco que estaba con algunos elfos en la playa cerca de unas rocas con dos lobos marinos que miraban curiosos a las personas que ocupaban la playa, estaba presente en la mente de Legolas cuando marchaba junto a los heraldos que serios hacían resonar sus pies en el suelo cada vez más blando. Ronald Weasley iba al costado derecho de Legolas escrutando el terreno con esos ojos vagos pero que conservaban algún aspecto que tuvo el joven en vida. Nada detenía el paso de la compañía del señor Elrond: dos trolls, tres dementores y molestos cuervos negros que picoteaban los arcos de madera fueron presa de la magia de los elfos que demostraban con cada flechazo o murmuración. Ron estaba asombrado porque ellos conjuraban hechizos que le eran conocidos y que no necesitaban varita. Ninguno de los heraldos dio explicaciones a Ron por más rostro de asombro que pusiera.
El grupo de heraldos desfilaba por el sendero que dejó de lado las laderas de las colinas que se enfrentaba a un sitio abierto y yermo con rocas puntiagudas y rastros de páramos desolados hacia el norte en donde una línea de sierras bajas cerraba el paso al sendero que cerca de las nuevas laderas se refugiaba en un bosquecillo que tenía una cabaña destruida en medio. Los elfos mostraron precaución cuando llegaron a la cabaña en medio de esa oscuridad polvorienta que cubría el cielo. Fue sitiada completamente por orden de Legolas que sintió varias presencias en ella que nada de bueno podían tener. Destruida la cabaña de piedras el sendero terminaba a los pies de la sierra antes nombrada. Ronald se adelantó al grupo y subió unos peldaños naturales formados por la erosión y miró hacia arriba.
-- Estas escaleras llevan a la escuela. – dijo Ron con un dejo de nostalgia.
Saliendo del asombro, Legolas miró hacia arriba viendo una serie de peldaños que subía por recortes en la sierra hasta el punto más alto de donde el color negro del cielo cambiaba a tonos azulados y rojos que emitían calor. Semejante vista tuvo cuando desde la casa que guardaba las lápidas de los padres de Harry avistó con Elrond esa fría tarde.
-- Hagan honor a los acantilados en donde nos arrojaron los bárbaros en el norte, heraldos. Allá caían directamente a la tierra o al mar, por lo menos existe alguna seña para llegar a nuestro objetivo ahora. Vamos. --- dijo Legolas a los elfos que uno a uno empezaron a subir la escalera de piedras conocido como las Escaleras Secretas.
-- ¿Dónde lo escuchaste? – preguntó Legolas con voz incómoda por hablarle a un espíritu.
-- Los dementores y los caballeros negros las mencionan siempre y debo actuar como si no entendiera nada. – dijo Ron que acompañaba al grupo de elfos subiendo etéreamente la escalera.
Legolas miraba con duda a Ron que seguía sintiendo una sensación de vergüenza porque todas las miradas de los elfos se clavaban en su cuerpo transparente. Subía lentamente “a pie” las escaleras secretas aparentando que debía dar un enorme esfuerzo por subir pero a los minutos se vio sobrepasado por la velocidad de escala de los elfos que no se hacían problema por pasar en medio del cuerpo de Ron. La túnica que vestía de Hogwarts era mudo testigo de la vida del muchacho.
Desde la altura en donde se encontraban se veía toda la extensión del páramo desolado y al fondo las colinas que encerraban infinidad de valles. Desde las colinas venían bancos de niebla que oscurecían más el día que parecía de atardecer eterno en las vecindades de Minas Morgul.
-- ¿Qué hay en la cima de las escaleras? – preguntó Legolas al ver que faltaba muy poco para llegar con el ejército.
-- Un enorme lago que era del colegio. No sé si viven las mismas criaturas de antes. Hay un puente que yo jamás había visto pues lo construyeron cuando estuve prisionero en las mazmorras de Hogwarts. Éramos muchos compañeros que estábamos encadenados en donde teníamos clase. Nos mandaron a marchar después y estaba ese puente sobre el lago. – relató Ron.
A la señal del puño levantado de Legolas los heraldos dejaron de ascender. Todos estaban ocupando un escalón pues eran espaciosos. Sin mirar atrás esperaron la última instrucción de Legolas que pisaba el último escalón y se paró sobre la cima de las montañas que separaban el páramo de Minas Morgul. Ron estaba a su lado y la vista se le nubló.
El elfo de Lorien tenía delante un panorama opaco con la caída de los cerros como acantilados escarpados que en puntos determinados caía como el de los Puertos Grises. Desde el término del último escalón seguía una zona descendente muy rocosa pero un sendero vago que doblaba infinidad de veces hasta llegar a las orillas de un bosquecillo justo en la línea imaginaria entre los altos murallones del otro extremo hechos de piedras enormes y oscuras. Gente encapuchada caminaba en la parte superior. Legolas bajó donde los demás.
-- Hay una bajada como las de Lorien, así que no habrá problema en descender hasta un grupo de árboles frondosos que son las orillas de un gran lago de color ocre. Supongo que desde ese sitio empieza un puente. – dijo Legolas en tono de pregunta a Ron.
-- Hay un embarcadero de madera en la mitad del bosque y parte el puente de piedra hacia la muralla de Hogwarts. Nadie ha podido pasarlas durante años, nadie que se resista al poder de Lord Voldemort. Creo que ya alcanzó su objetivo más preciado...Yo aquí suspendido en mi casi veintena y mi amigo que debe de haber sobrevivido...esos magos del Norte se juraron proteger a Harry. No vale la pena valorar cosas que quizá están enterradas. – dijo Ron con tristeza.
-- Vas guiándonos pues tú no tienes problemas para hacerte invisible. No te asustes si paramos y todos se agachan echándose las capuchas en el cuerpo pues seremos rocas a menos que alguien nos toque. Igual iremos lento, tú puedes adelantarte para avisarnos como viene la suerte en camino al puente. --- dijo Legolas levantándose la túnica verde oscura.
Harry se quedó mirando como las olas se rompían luego de horas de que la dama Arwen volvió a las tierras de Lorien. Por su cabeza pasó el deseo de acompañarla y conocer el verdadero hogar de los elfos pero una voz en su cabeza de reproche hizo detener cualquier deseo o sueño de ver el hogar elfico por las islas del Norte.
Desde que Elrond le dijo que Ron había muerto Harry intentaba distraerse pues una parte de su alma daba por hecho que el mejor amigo estuviera muerto. Cosas que pensó miles de veces en Hogwarts y Privet Drive las justificó con esa mala noticia.
“Voldemort siempre busca incordiarme” “Nada mejor que Hermione y Ron”.
Se acostó en la arena sintiendo una sensación de confort al sentir más fuerte a las olas que llegaban desde un mar oscuro al fondo y bravo. La tormenta se avecinaba como otras veces en los Puertos Grises.
Cerró los ojos intentando dejar todo en blanco y perderse en ello el tiempo que durase la voluntad de no pensar en nada pero alguien más estaba mirándolo, no desde la playa sino desde dentro de su cabeza.
-- El horcrux que eres no merece perderse en estas horas en que el Señor Oscuro es amo y señor. Conserva esa firmeza, Harry. No estás sólo tienes amigos que jamás pensaste y otros que perdiste pero perder gente conocida era lo menos que podías esperar al tratarse de Voldemort. – dijo Lily Potter.
-- Mamá... Tantas veces me he olvidado que vives dentro de mí. Necesité de elfos para que me dijeran el enorme tesoro que tengo. – dijo Harry viendo a su madre.
-- No es bueno que yo te hablé así y menos que me veas. Conserva fuerte tu alma que ya tiene una protección que es piedra para Voldemort, teme quedar como sombra como la vez en que me atacó cuando eras un bebé. Tengo la intención de no dejarte jamás porque tomé la decisión de sacrificarme pues temía que Voldemort te matará e hiciera lo mismo conmigo. Muchas veces me reproché que quizás te hiciera mi horcrux para salvarme y que toda fuera una acción egoísta de no caer bajo Voldemort. Sólo encontraron mi cuerpo sin vida al lado de tu cuna en la pieza. No quiero salir, pero necesito que te levantes y no te rindas, Harry.....—dijo Lily.
La imagen de la mamá de Harry se borró de un plumazo y el joven abrió los ojos con la respiración acelerada. Se sentó en la arena buscando una bocanada de aire pues sentía una opresión que no era propia de él.
-- Pensaba sólo que Voldemort estaba en contra de que yo me sienta feliz...—dijo Harry con los ojos húmedos cuando la idea de ser el horcrux de su madre le generaba una sensación de pesadez.
Sintió frío echándose la capucha de la túnica en la cabeza y se levantó para iniciar una marcha rumbo al campamento.....................
Los veinte heraldos parecían piedras con las capuchas sobre su cuerpo. Ron se quedó quieto cuando ya estaban en las márgenes del bosque viniendo desde los cerros que daban al lago de la escuela. Al instante los elfos volvieron a aparecer y caminaron rápidamente buscando escondite en los árboles que iniciaban el bosque. Legolas reunió a todos entre los espacios que dejaban los árboles y habló en voz baja:
-- Ron va a decirnos si todos los pasos se encuentran vigilados...—
Legolas no cabía en una extraña ansiedad.
-- Habrá lucha, cierto. – dijo un heraldo del fondo.
Legolas asintió con el rostro.
Ron volvió atravesando los árboles y trajo las nuevas:
-- Hay magos con túnicas negras que tienen el ojo blanco en le pecho. Desde el embarcadero puede verse la muralla con las altas torres que están al fondo. Hogwarts no era así, han ido construyendo un nuevo sitio. La torre más alta posee el ojo en el último piso y mira como si fuera un ojo de verdad. Luego de tanto tiempo me he convencido de que es uno de los ojos de Lord Voldemort. Mira a todos lados y apunta con un rayo luminoso que atraviesa las murallas y cualquier cosa. No hace ruido, pues chilla desde su interior. —
-- ¿Qué pasa si entras? – preguntó Legolas con una idea en la cabeza.
-- Hay muchos espectros dando vueltas, ellos fueron traicionados y Voldemort les ordena cualquier cosa. Ven todo y yo no sería bienvenido porque el ojo detectaría mi presencia. Una vez me acerque a la torre mayor que todos llaman Barad-Dur y es la del Ojo de niebla, bueno me sorprendió y sentí como me atraía y su tamaño aumentaba dentro de mi cabeza hasta que me lastimó. Voldemort puede lastimar cualquier alma y ya no tengo demasiada magia. – dijo Ron.
-- Elfos de Lorien, a la lucha en Minas Morgul. --- dijo Legolas que empezó a hacerse paso por las ramas del bosquecillo.
Los demás heraldos lo siguieron y Ron cerraba las filas que llegaron al embarcadero sin antes detenerse varias veces para escrutar el terreno.
En el embarcadero de madera que se hallaba vacío, las murallas parecían altas e imponentes. Desde el lugar partía un sendero de unos cuantos metros hasta el puente de piedra que iba subiendo de altitud conforme se acercaba a Morgul. Se hallaba vacío, excepto en la llegada a la muralla.
Ahí estaba la torre más alta de todas que estaba atravesada por un banco de niebla que era una línea divisoria entre todo lo que había debajo y el Ojo blanco que miraba a la muralla.
Los elfos cargaron los arcos con dos flechas cada uno tras una orden de Legolas y avanzaron por el sendero del puente que terminaba en tres escalones enormes que marcaban el inicio del puente a la entrada de Minas Morgul. Estando los veinte heraldos estaban en la calzada principal del puente ancho y empezaron una marcha fuerte en donde sostenían sus arcos contra las murallas pero todo el movimiento en la parte superior no se alteraba.
Pero el ojo les alcanzó con su rayo luminoso.
Cada elfo se vio invadido por sombras en los ojos que los hicieron tambalearse en el puente pero un grito en idioma elfico de Legolas los armó de ánimo y siguieron caminando cegados por el ojo que era enorme en sus mentes.
-- Legolas....—dijo el ojo en la cabeza del elfo.
-- ¡Marchen! ¡Disparen! – ordenó Legolas.
Un mar de flechas azules volaron a las murallas cuando recién empezaba el lago en la parte de la calzada por donde los elfos iban caminando. Las flechas pegaron en los muros soltando un gran ruido de impacto pues iban hechizadas. Los guardianes abrieron la puerta en donde terminaba el puente y con lanzas iban acercándose a los elfos que lanzaron una interminable nube de flechas que fueron rechazadas por unos mientras varios magos con varita no pudieron detenerlas con un hechizo de repulsión y cayeron al lago heridos.
El brillo del ojo rodeaba al grupo de elfos que combatía y a los magos negros que atacaban ahora con maldiciones imperdonables. Tres elfo murieron por un resplandor verde y uno era torturado a distancia.
El resto disparaba infinitas flechas cargadas de luz verde y los guardianes fueron cayendo uno por uno hasta que la luz del ojo se quitó del puente y se movió hacia el sur tras un chillido que dejó sordos a los elfos por un instante.
-- Malditos caballeros del Sur. Vienen a incordiarme. – dijo el Ojo dentro de la mente de Legolas.
-- Voldemort está diciendo que vienen otros desde el Sur a atacarlos. – dijo Ron que pegó a Legolas que seguía avanzando a cada lanzamiento de flechas a las murallas. Uno que otro mago caía muerto.
-- ¡Adelante! ¡Atacar Morgul! – exclamó Legolas que miró con espanto como un dragón negro se levantó sobre las murallas con un hombre encapuchado encima y que tenía su cuerpo opaco tendiendo a blanco. Su rostro parecía el de una serpiente.
-- Voldemort. – dijo Ron a Legolas.
El mago volteó la cabeza hacia dentro del complejo y levantó vuelo con el dragón hacia el sur rodeando la muralla. Los elfos siguieron la marcha cuando al llegar a las puertas recibieron un mar de magos con armadura que los enfrentaron con la mirada. Legolas no vio malas intenciones y apuntó con el arco al dragón que volaba cerca de la entrada.
-- ¡Fuego! – gritó el elfo al resto.
Un ruido salió de las fauces del dragón que se tambaleó en el piso cayendo en el lago pero el mago que lo cabalgaba se paró sin problemas y mostraba su varita blanca con orgullo pero la guardó. Sacó una espada larga y negra que apuntó en dirección de los caballeros armados y elfos. Las manos blancas hacían contraste con la espada y en esa comparación resaltaba un anillo dorado que llevaba en el dedo índice de la mano derecha.
Miles de caballeros que apostaron en las murallas empujando a los elfos contra las márgenes del puente. Legolas avanzó con los heraldos a empujones pero una línea de caballeros los detuvo con las lanzas que iban hechizadas como los arcos de los elfos.
Los caballeros de la vanguardia cayeron presas del viento que el mago oscuro hacía con la espada. Trepó desde la orilla al puente y todos los que estaban en la línea frente a él caían presas de un hechizo torturador que el mago hacía sin la varita.
-- Disparen. – dijo Legolas a los arqueros elfos.
El mago repelió cada flecha con fuerza y los elfos se arrinconaron contra la orilla del puente mientras los caballeros seguían cayendo delante de la línea elfa.
Sólo quedaron los elfos y el mago frente a frente.
-- Rumores me llegaron de elfos viniendo de las islas del Norte. – dijo el mago.
Legolas se sorprendió sin perder ningún control.
--- Voldemort...nuestra misión es matarte. Ya has hecho demasiadas maldades dentro de estas torres y fuera en las mentes de quienes se salvaron. – dijo Legolas.
Ahora los elfos se dieron cuenta de que faltaba un ojo en el rostro del mago.
-- Encerrados están en el túnel de la muerte. Ustedes los sellaron. – dijo el mago.
-- Lord Voldemort, venimos a hacer justicia por nuestro pueblo. Jamás pensamos que otra vez la alianza sería rota. Slytherin aceptó beber el trago amargo de la inmortalidad. – dijo Legolas disparando una flecha que Voldemort repelió.
Sin tiempo para decir algo desde ambos bandos vino otra nube de caballeros que se tiraron de las murallas contra Voldemort que empezó a atacarlos. Los elfos se extrañaban que Voldemort no reparara más en su presencia.
Un impulso recorrió el cuerpo de Legolas que al incorporarse fue forzado a retroceder por los heraldos que lo previnieron de meterse en otra batalla. Voldemort estaba frente a frente con un joven adulto de pelo castaño que vestía armadura sin yelmo y que guardó su varita.
-- Por la alianza rota dos veces. Por Harry Potter. Por el horcrux único. –- dijo el soldado antes de batirse en duelo con Voldemort. Legolas guió a los heraldos hacia atrás para protegerse en la línea de caballeros que se instaló. Parecían conocer a los elfos y todos vieron que el soldado joven sacaba una espada con el nombre:
GODRIC GRYFFINDOR