← Harry Potter y la Heredera del Destino · de
Harry Potter y la Heredera del Destino — capítulo 1
Libro de visitas: http://www.melodysoft.com/cgi-bin/gbook.cgi?ID=FictsHA.Camila
Capítulo I / El secreto de Tom
Summary: Tom Ryddle ha dejado una huella en el destino de tres generaciones de mujeres , cada una de las cuales jugará un importante papel por el futuro de la humanidad. Contiene a varios personajes nuevos, un campeonato de Quidditch extra escolar, una profecia milenaria, Se conoceran varios pasados brumosos y muchos secretos que han sido guardados ya por suficiente tiempo. Harry descubrirá lo que realmente pasó la noche en que derrotó a Voldemort y Porqué, Alguien se enamorará de harry pero éste no corresponderá, al menos al principio. En cambio encontrará al amor de su vida.
Author ’s note: Esto va a ser bastante confuso al principio, pero luego se irá aclarando. Esta será la primera parte de una saga de tres historias, durante las cuales la trama se irá develando poco a poco. Será su trabajo decidir si alguno de los nuevos personajes es una Mary-Sue o no. Por, favor, si piensan que lo es(aunque yo creo que no, ya verán el porqué), no paren de leer, la historia en sí, es interesante. Ah, y no sean duros con los reviews. Solo tengo catorce años.
Bola de fuego chino-La gárgola se abrió de inmediato e Iras subió trotando los dieciséis escalones que llevaban al despacho del director Dippet. ¿Que diablos querria ahora? No había hecho nada malo desde el viernes pasado, además, unos pocos dragones sueltos en los terrenos del castillo no eran nada, verdad? No, definitivamente no habia hecho nada últimamente, excepto que quisiera hablarle de...no, no podía ser. Iras sacudió la cabeza, casi inconscientemente, y se encontró frente a la puerta de roble. Dando un suspiro, golpeó tres veces.
-Adelante-Se escuchó una voz apagada por los años desde adentro.
Iras entró con expresión resignada a enfrentar al anciano inclinado en el escritorio.
-Porque esa cara, señorita Pollens? Pareciera que se acaba de morir alguien.-en la cara del anciano profesor dippet se dibujó una semisonrisa divertida al ver entrar a la alta muchacha morena en su despacho.-Sólo queria hablarle de...
-¡Profesor Dippet!-Estalló de pronto la chica, con los ojos verdes centelleando de desesperación- ¡Le juro que yo no quería! Lo de las mandrágoras fue sólo un accidente! ¡Se me cayó! ¡Si la mitad de la clase no tenía puestas las orejeras, no fue mi culpa! Además, la profesora Innsbruck ya me dió el castigo. Si, si ya lo sé -Chilló, ante un gesto imperante del profesor Dippet para que cerrara la boca- ,que se escaparan los dragones sí fue mi culpa, pero tambien recibí ya castigo por eso...-
-Señorita Pollens...-comenzó el profesor Dippet, aprovechando que Iras hacia una pausa para tomar aire- Yo...
-Oh profesor dippet!- prosiguió la chica, ahogando los intentos del anciano de entablar conversación-Lamento tanto lo de su peluca! La varita simplemente se me fue!
-Señorita Pollens...-el profesor Dippet se acomodó inconscientemente la peluca-¡Pollens! Me dejarás explicarte porque estas aquí, o me seguirás contando el resto de tus pecados?-
Esto fue suficiente para callar a la muchacha, que en ese momento relataba cómo, por accidente , había desaparecido la túnica del professor Kettleburn.
-Eh...Profesor dippet, entonces...¿De que quería hablarme?-
-El profesor Dippet le señaló la silla, e Iras se sentó apresuradamente, no sin antes derribar una lamparita de luciérnagas y un tintero, deshaciéndose en disculpas que el profesor dippet se apresuró a acallar, ante el peligro que representaba que Iras comenzara a hablar otra vez.
-Al asunto, entonces-dijo el anciano, poniendose serio de pronto, e Iras creyó adivinar la causa.-¿Creo que estas enterada de lo que ocurrió anoche, verdad? ¿La profecía y demás?
Iras asintió lentamente, fijando la mirada en la desgastada alfombra, como si un secreto universal se escondiera entre las sucias motas de polvo. Como podría no saberlo? Todo el colegio lo sabía .Y ella mejor que nadie , aparte de él, por supuesto. El...
-¿Señorita Pollens? ¿Se siente bien?-La voz del profesor sacó a iras de sus pensamientos.
-Perfectamente, profesor-Mintió. La verdad, se sentía algo mareada-¿Que quería decirme, entonces?
-te estaba hablando de la profecía- El profesor parecía haber perdido el hilo y aún estaba algo confundido.-Bien ,como te iba diciendo, hay algo que no sabes. La profecia te incluye a tí.
-A..a mí?- tartamudeó. Iras levantó la mirada del suelo y la fijó en los ojos del profesor dippet, confundida.
-Si, a tí- repitió el profesor, mirando a la muchacha intensamente.-Quisiera recordarle que huyó de la sala antes que la señorita Trelawney terminara.-En este punto el profesor Dippet frunció el entrecejo mirándola severamente., pero Iras estaba sumida en sus propios pensamientos y no se dió cuenta.
-Lo que quiero tratar con usted-Prosiguió el profesor Dippet yendo al grano-es un asunto muy delicado, demasiado delicado, me atrevería a decir. No creo que deba repetirle la profecía, verdad? Este es verdaderamente un asunto muy desagradable y...
¿Repetírsela? ¿Con que objeto? No quería oírla de nuevo. Iras cerró los ojos, olvidándose de la presencia del profesor dippet y transportó su mente a la noche anterior, en la sala de encantamientos, donde se celebraba la asamblea de prefectos...
-¡Sybill! ¡Sybill! ¿que sucede?-
La muchacha se encontraba pálida y en el suelo. No parecía consciente.
Estaban celebrando la última reunión de prefectos del año y la asamblea estaba apunto de acabar.
Todos se encontraban cansados y querían ir a la cama. Iras se encontraba sentada en un pupitre desvencijado, con la mente ausente, sin notar la mirada insistente de un pálido muchacho de dieciséis años con el cabello negro azabache. Iras sentia una sensación rara en el estómago, siempre le sucedia eso cuando algo importante iba a ocurrir.
Había ocurrido asi cuando descubrió por accidente el secreto de Tom, o los secretos de tom, según su punto de vista...
Su amiga Minerva no se perdía palabra de lo que el profesor Dippet decía, como si su vida dependiera de las palabras que brotaban de los añosos labios del director.
Iras sonrió. Siempre había sido así. Minerva, la estudiosa, la inteligente, la trabajadora, la bondadosa, la popular. E Iras...bueno...ella era, ella...holgazana, habladora, impulsiva.
Iras se perdió en el laberinto de su mente y observó los elocuentes movimientos con que el profesor Dippet acompañaba su discurso. Siguió vadeando las nubes de su imaginación y aterrizó sus pensamientos en Tom.
Un griterio la trajo de vuelta a la realidad.
Sybill Trelawney, una chica de quinto curso en Hufflepuff, con la que Iras nunca se había llevado muy bien se encontraba en el suelo, pálidisima. Aparentemente se habia desmayado.
De pronto, ante el asombro de todos los presentes, la chica se incorporó con el rostro desprovisto de toda expresión y la mirada fija en el vacío.
El silencio confuso que reinaba en la habitación fue roto por una voz grave que parecia proceder de Sybill. Una voz fría, sin aliento humano, un gruñido infernal.
Aquel niño huérfano, de sangre manchada por la deshonra,
Criado por la tristeza y la humillación,
arrullado por el odio, mecido por la sed de venganza,
Crecido para entristecer, humillar y odiar a otros,
Heredero de poder innato,
el fundador ha dejado su huella,
Maldito aquel que lo a marcado.
Maldito sea el señor de las sombras,
el que no debe ser nombrado,
El heredero tendrá su auge y su caída,
la primera plagada de dolor,
Será invencible, sin igual,
Ay de aquel que intervenga!
Al llegar a esta punto, Iras corrió fuera de la sala, con el corazón latiendo con fuerza.¡Lo sabía! ¡Iban a descubrir a Tom!
Se apoyó en la pared contigua a la sala y se deslizó hasta el suelo, escuchando.
La caída tendra lugar despues que toda la sangre sea derramada,
Dos elegidos nacidos bajo las estrellas,
Dos almas poderosas
Criados por el dolor,
Ambos con un pasado doloroso,
uno, el hijo del ave phoenix,
valiente, noble,
con el cabello negro marcado por las fuerzas oscuras,
nacido de la hechicera poderosa de cabello llameante
la otra, hija del unicornio,
valiente, apasionada,
su hija en segunda generación,
nacida de aquella cuyo nombre alude al poder
Uno de ellos destinado a morir para cumplir la profecía,
para pagar por la sangre derramada,
en el reinado del terror.
Dos gruesas lágrimas surcaron las mejillas de Iras. Tom...-susurró con suavidad- ¿Por qué?
Un estruendo proveniente de la sala de encantamientos le dio a entender que Sybill habia terminado y que la llevaban a la enfermería.
Se incorporó bruscamente, y echó correr a la torre de Gryffindor, a los dormitorios de quinto donde se echó en la cama , llorando.
-¿Señorita Pollens? ,¿Señorita Pollens?-
El profesor Dippet se habia levantado del sillón y observaba a Iras con verdadera preocupación.
Iras le observó confundida, sin entender como habia pasado de Tom al anciano profesor Dippet. De pronto recordó donde se encontraba.
-OH, lo siento muchísimo, profesor , fue sólo que me distraje por unos segundos.-
-Sí, ciertamente me di cuenta, señorita Pollens.-el profesor Dippet parecía algo contrariado, pero disimuló y volvió a su asiento.
-Entonces,¿ donde estábamos antes que usted echara a volar una vez mas su exagerada imaginación? Ah, si...Señorita Pollens, me temo que lo ocurrido anoche tendrá mas peso en su vida de lo que cree.
-Pero...-murmuró Iras algo asustada-Quiero decir, Sybill siempre ha sido algo..., loca, ¿verdad?- prosiguió con cautela.-Además, ella siempre está haciendo predicciones extrañas, y quiero decir ,todo el tiempo. Pudo haberse quedado dormida y soñar, o algo así.
-La señorita Trelawney no se ha quedado dormida. No sabemos si la predicción es en efecto verdadera. Lo cierto es que es muy confusa.-Dijo rascándose la cabeza concienzudamente.-A decir verdad, no he podido sacar nada en limpio.
-Pero, ¿entonces cómo sabe que estoy implicada en la profecia?-Preguntó Iras confusa.
-Ese,-respondió el profesor- es exactamente el punto a tratar. En un verso se alude al apellido del poder. Su apellido es latino, y significa poderoso. Extraña coincidencia, ¿no le parece? Por esta razón tememos que no sea una coincidencia.
Iras asintió lentamente, con un inmenso nudo en el estómago. Para el profesor Dippet era muy confuso, pero ella lo entendia perfectamente. Era inevitable, era el destino. Y todo era culpa de Tom...
-Profesor Dippet, si me disculpa, creo que debo ir a la enfermería, no me siento muy bien.-
Sin esperar respuesta, Iras se levantó con brusquedad, dejando un reguero de tinta y pergaminos tirados. Bajó corriendo los escalones de piedra y resbaló al tratar de detenerse en seco en el corredor de piedra.
Jadeando, apoyó una mano sobre la lisa superficie de piedra frente a ella. Cerró los ojos, tratando de detener las lágrimas, que terminaron recorriendo de todos modos por ambos lados de la cara.
Una mano pesada se apoyó en su hombro, haciéndola sobresaltarse..Se volvió para averiguar quien estaba paseando por los corredores oscuros despues del toque de queda y se encontró cara a cara con Tom Ryddle.
-Tom...-iras intentó ocultar las lágrimas. De ninguna manera iba a dejar que él la viera llorar.-¿Que diablos haces aquí? Ya sonó el toque de queda. ¿No querrás que te vean aqui, verdad?-Siguió hablando con el sarcasmo palpable en su voz fría.-Podría levantar sospechas que el alumno perfecto de Slytherin este merodeando en altas horas de la noche, en los corredores oscuros.
-Déjate de rodeos Iras, ¿ que dijo el viejo Dippet?- Tom parecía impaciente, y aun así, Iras no podia dejar de notar la proximidad que existía entre ellos.
-Lo que el profesor Dippet haya dicho-Respondió ella con énfasis-, no es en absoluto de tu incumbencia, Ryddle.
-¿Y desde cuando me llamas Ryddle, eh?- En la cara de Tom se dibujo una expresión aterradora, pero Iras no se dejaba intimidar tan fácilmente.
-OH, lo siento tanto !-dijo ella con ironía-Olvidé que debía llamarte...¿Lord Voldemort, quizás? Su voz se había convertido en un susurro aún mas aterrador que la expresión facial de Tom.
-¡Calla! ¿Quieres que te oiga todo el colegio?-Tom pareció súbitamente aterrado.
-Tu no me haces callar, Tom Ryddle! Que, ¿el señor “ voy a matar a todos los muggles y a ser el emperador del universo tiene miedo? Déjame recordarte que no soy uno de tus malditos Mortífagos para que me trates así!
Tom la tomó por la muñeca.
-Por favor Iras, se razonable. Ya me dejaste en claro que descubriste todo anoche. Entonces, como la chica inteligente que eres , comprenderás que no ganas nada oponiéndote.¡ Somos poderosos, Iras! Haremos grandes cosas juntos. Hazlo y no tendré que ...por decirlo de alguna manera, tomar medidas drásticas.
Los ojos de Iras llamearon de furia y miró a Tom directamente a los ojos.
-¿Vas a matarme Tom?-Rió tristemente-¿A mí?
Para asombro de tom, comenzó a reir histéricamente, deslizándose con suavidad hasta tocar el suelo de piedra.
Muy pronto las carcajadas se conviertos en sollozos ahogados, convulsivos.
-hasta esto has llegado, Tom! Ahora sé que clase de persona eres. Pero supongo que ya es demasiado tarde, ¿verdad?
-¿De...demasiado tarde?-tartamudeó confundido tomando a Iras por los hombros e incorporándola hasta quedar a su altura.
Por toda respuesta, la chica sólo siguió sollozando.
-Si ,Tom, demasiado tarde-Iras se detuvo y le dirigió a Tom una mirada llena de significado.-y luego miró al suelo, como sorprendida de su propio atrevimiento.-Demasiado tarde, pues ya me enamoré de tí.
Sus mejillas se tornaron de un vivo carmín pero él no alcanzó a notarlo, pues Iras se echó a correr a todo lo que le daban las piernas, torció por una esquina oscura y desapareció de vista.
-¡Ahora si que la habia hecho!-como se le había podido pasar por la cabeza decírselo a Tom, más aún despues de que había descubierto lo que él era.
Caminó ciegamente con el pasillo , palpando las frías paredes del corredor y enojada con sigo misma por ser tan débil.
Delante de ella escuchó una voz grave, proveniente de la oscuridad, pero Iras adivinó enseguida a quien pertenecía.
-Señorita Pollens,¿ que hace aqui a estas horas?, ya sabe que es peligroso, con las cosas que han ocurrido ultimamente, creía que usted como prefecta habría de dar un buen ejemplo.-
-Profesor Dumbledore, me asustó. Yo sólo...Estaba en el despacho del profesor Dippet.-
Era Albus Dumbledore, el profesor de Transformaciones, y por añadidura, el favorito de Iras. Su larga barba cobriza llamaba bastante la atención en Hogwarts, pero Iras se había acostumbrado.
-Si, ya estoy enterado de eso.-La habitual expresión risueña de Dumbledore se transformó en una de intensa preocupación. Luego pareció fijar aun mas intensamente su profunda mirada en los ojos de Iras, la cual recordó demasiado tarde que seguía teniendo los ojos rojos.
-¿Ha estado llorando, señorita Pollens?-Inquirió con preocupación.
-¿Yo?¡Por supuesto que no!-Dijo de manera tajante. ¿Es que todo el colegio iba a verla en ese estado?- Solo es la brisa nocturna que me irrita los ojos-Iras prosiguió ,diciendo lo primero que se le pasó por la cabeza.
Señorita Pollens-contestó Dumbledore cansinamente- Estamos dentro del castillo.-
Iras se quedó con la boca abierta. ¿Como habia podido ser tan torpe? Bueno, suponía que eso estaba en su naturaleza después de todo, pensó desanimada.
-OH, profesor Dumbledore, ¡por favor! ¿Porque habría de estar llorando?-
¿Porque? Tenía razones de sobra para llorar.
Su madre estaba muerta, cumpliendo la tradición de las Pollens de morir antes treinta años.
Esa chica de quinto con la que nadie hablaba, Myrtle, estaba muerta. E Iras sabía la razón. Era la única que lo sabía , poniendo aparte a Tom y su grupo, por supuesto. Hagrid, su amigo Rubeus Hagrid habia sido expulsado. Y ella no podia hacer nada. Sabía que Hagrid no era culpable y no podía decir nada. Y luego estaba Tom...Pensar en eso hizo a Iras desear deshacerse en lágrimas nuevamente.
Iras olvidó la presencia del profesor Dumbledore mientras recordaba la fatídica noche anterior.
“-¡Iras, apresúrate!¡ Llegaremos tarde a la cena!-Minerva tiró del brazo de su amiga para espabilarla. Iras había estado sentado sentada junto al lago viendo la puesta de sol hacía una hora, pero Minerva que no entendía el sentido de estar mirando como el sol se iba, lo que era un proceso completamente monótono y normal, cuando se podria utilizar ese valioso tiempo, ahora desperdiciado, en estudiar algo util.
-¿Que?-dijo Iras distraída, cosa que ocurría a menudo cuando se trataba de ella.
Minerva se impacientó.-Dije que te levantes de una vez-llegaremos tarde. Además, el césped esta húmedo y te resfriarás.
-No tienes espíritu, Minerva. ¿No ves que bello esta elcielo en este momento? Se acaba de ir el último rayo de sol..
-Ajá- dijo Minerva de mal humor-Apresúrate, ¿Quieres?.
-Minerva! Huele el otoño!-dijo Iras soñadora, respirando hondo.
Ante esto, Minerva la jaló de la manga y la hizo entrar en el castillo para cenar. El Gran Comedor estaba casi vacío y Iras olvidó rápidamente el perfume del otoño para dar paso a recordar el hambre que tenía.
Se sentaron ansiosas e Iras se sirvió un plato con abundante pastel de carne.
-¿Te vas a comer todo eso?-Le recriminó Minerva.
-Tengo Hambre-protestó Iras metiendose en la boca una buena porción y masticando con ansiedad.
Minerva la miró severamente y comenzó a comer delicadamente de su plato.
-¿Ya terminaste el trabajo de pociones, verdad?-Preguntó inocentemente, sabiendo la respuesta.-
Pero Iras se levantó subitamnete golpendo la mesa accidentalmente con el codo.-Demonios! –jadeó con una mueca de dolor, sobando el codo maltrecho con energía-Deje mi mochila con el trabajo en la biblioteca. Tendré que ir a buscarlo o madame bevour cerrará la biblioteca.
Antes de que Minerva pudiera replicar , Iras ya se había levantado, dejando un reguero de pastel de carne y jugo de calabaza derramado sobre la mesa.
¡Siempre estaba olvidando las cosas! Si madame Bevour habia cerrado, la reprobarían mañana. Corriendo a todo lo que le daban las piernas Iras recorrió los pasillos serpenteantes hasta la biblioteca. Iba tan ensimismada que no notó la presencia de madame Bevour en la puerta de ésta y choco de frentón con ella.
-¡DEMONIOS!-Iras gritó con todas sus fuerzas, como hacia siempre que no pensaba. La torre de libros que madame Bevour llevaba quedó esparcida por el suelo, con un estruendo que hizo pensar a Iras que el castillo se estaba viniendo abajo.
-¡Pero chiquilla!¡Que maneras son esas! Me has dado un susto tremendo. Las damas no corren por los corredores como salvajes desalmados-Madame Bevour era una mujer de edad indefinida y encantadora. Era francesa y tenia las mejilla siempre coloradas, como manzanas. Hubiera sido simpatiquísima si no hubiera sido por la manía de llamar a todos damas y caballeros y tratar de hacer que se comportaran como tales. Siempre estaba atenta a los mas minimos detalles del protocolo y las buenas costumbres.
Recogió los libros con un movimiento raudo de la varita y le preguntó a Iras que quería.
-Dejé mi mochila adentro y debo terminar un trabajo para mañana.-explicó algo avergonzada de haber chocado con la bibliotecaria.
-Estoy cerrando, cariño, es tarde.-Madame Bevour ,sin embargo ,no se movió del sitio, pensativa.
-Oh, lo siento, entonces creo que me iré a la cama.-dijo Iras volviéndose desesperanzada.
-Espera! Se apresuró a decir madame Bevour. Escucha: Si me prometes no hacer ningún destrozo e irte a la cama temprano puedes quedarte en la biblioteca y terminar tu trabajo-
Iras sonrió-¡gracias, madame! ¡le prometó que no hare nada!-
-Adiós querida! y...-madame Bevour se sonrojó- oí lo que pasó con el profesor Kettleburn, y espero que haya sido un accidente.
Iras sonrió. El profesor Kettleburn era el mas epuesto del colegio, y la noticia de el profesor sin nada encima no arrancó precisamente críticas por parte del staff femenino.
-lo fue, madame, pero no se preocupe, si usted esta cerca me aseguraré de que la varita se me vaya otra vez..-Y diciendo esto, con un brillo picaresco en los ojos cerro la puerta de la biblioteca tras de sí, dejando atrás a una bibliotecaria muy sonrojada.
A Iras le costó concentrarse esa noche y terminó el trabajo cerca de la una de la mañana. Entonces escuchó voces provenientes de las mazmorras bajo la biblioteca. Unas voces extrañas, como discutiendo .A Iras le parecía extraño que hubiera alguien en las mazmorras a esas horas y su amplia imaginacion pobló los suburbios del castillo con monstruos y fantasmas aterrorizantes. Pero la curiosidad pudo mas que su miedo irracional y decidió bajar a investigar.
Cerró los libros y enrolló los pergaminos con cuidado. Luego lo metió todo en la mochila y se la echó al hombro.
Juntó la puerta de la biblioteca con cuidado y se detuvó un momento antes de seguir, acostumbrando sus ojos a la penumbra. Un par de segundos después siguió su camino, palpando las paredes de piedra al bajar las escaleras que daban a las mazmorras.
Las voces se hacian cada vez mas potentes e Iras descubrió que provenian de uno de los calabozos del cual salia una gruesa linea de luz. Caminó hasta el umbral de la puerta y se apoyó en la pared, tratando de no respirar para no ser descubierta.
-Toda esa infecta sangre sucia debe ser sacada del castillo, no son de nuestra clase, ¡no merecen siquiera limpiar los baños!-Se oyó una voz siseante desde adentre.
Con extrañeza , Iras se percató de que pertenecía a Tom. Su primer impulso fue entrar y preguntarle que diablos hacía a la una de la madrugada en una de las mazmorras hablando tonterías, pero una corazonada la detuvo y decidió seguir escuchando.
-¿Pero señor, que haremos contra eso? Dippet jamás lo aprobará.- Iras escucho otra voz de un chico desconocido, comentario seguido por murmullos de aprobación .Pero lo que llamó la atención fue otra cosa.¿Porque diablos llamaban esos chicos “señor” a Tom? Aguzó mas el oido.
En ese momento Tom se rió con una voz fria que Iras nunca le habia escuchado y que no le sentaba nada bien. A Iras se le erizaran los cabellos de la nuca.
-¡¿Dippet?! Que diablos importa lo que Dippet piense? El jamás lo sabra, a menos solo cuando ya sea demasiado tarde. Ja! De verás creen que esa caricatura de mago sangre sucia se iguala con mis poderes?-El grupo expresó su desacuerdo con frases incoherentes como: Por su puesto que no mi señor! ni pensarlo, mi señor!-Tom dejó que las muestras de respeto siguieran unos momentos mas y prosiguió.
-A mí?-El gran Lord Voldemort! El heredero de Slytherin!-
Iras se llevó una mano a la boca, horrorizada. No... no podía ser. Había escuchado mal. Si, eso era. De todas maneras estaba algo somnolienta, estaba medio dormida. Pero sabía perfectamente que era solo una excusa, que no tenia nada de sueño y que no habia escuchado mal..Era Tom....Tom Ryddle. Era el heredero de Slytherin. Era el que habia perpetuado los ataques. Su Tom...
En ese punto, Iras no soportó mas. Sin pensar se incorporó trabajosamente debido al peso de la mochila y se paró en el umbral, mirando hacia adentro. Lo que allí vió le encogió el corazón.
Unos diez chicos formando un circulo todos con tunicas negras, encapuchados y unas mascaras sin expresion que le provocaron escalofrios la miraban con horror.
Tom se encontraba en el centro. El no llevaba máscara.
Hubo un momento de silencio, luego Iras susurró.
-Tom, por el amor de Dios , dime que no es verdad.-
La cara de Tom estaba transfigurada por el miedo. Pensando rápido avanzó hasta Iras y la tomó bruscamente del antebrazo, sacándola de la sala.
-¿que diablos crees que haces?-La habia literalmente lanzado contra la pared y le mantenia los brazos pegados al cuerpo.
-Podría preguntarte lo mismo-dijo ella con frialdad, recuperando el aplomo.
-¿Estabas espiandonos?-Tom decidió ignorar el comentario.-¿Cuanto escuchaste?
-Lo suficiente-Iras siseó peligrosamente.-Ahora sueltame.
Tom la soltó. Podía ver que evidentemente Iras se hallaba furiosa, y aunque no tenia varita sabia que no dudaria en golpearlo si se enfadaba aún mas.
-Eras tú, Tom, todo el tiempo fuiste tu- No se sentía furiosa, como Tom suponía, si hubiera sido así, hacía tiempo que ya lo hubiera golpeado, sino solo horriblemente triste y desilusionada.
-Escucha, iba a decírtelo. Solo tenia que esperar a los ánimos se calmaran un poco.-Tom volvió a acercarse, al ver que al parecer Iras no tenia intenciones de atacarlo por el momento.
-¿¡Decírmelo!?-chilló Iras horrorizada.-¿Para que diablos querías decirmelo?¿ Pensabas que podía ayudarte con tu sucio trabajito, eh?
La mirada de Tom le dió a entender que eso era exactamente lo que pensaba hacer y eso solo la hizo sentir mas desvalida.
-¡Iras, no entiendes! ¡Somos poderosos!-
-¿Somos?- interrumpió Iras levantando las cejas.
-Yo y mis mortífagos-dijo sencillamete Tom, como si tal cosa.-
-Mor...mortífagos?-tartamudeó Iras pensando entristecida que quizá el asunto era aun mas grave de lo que pensaba.
-Vamos, Iras, eres inteligente, quizá la bruja más inteligente que conozco.¿ De veras crees que yo me contentaría con librar solo al colegio de esta infecta sangre sucia? ¡Lo que haremos será grandioso! ¡Seremos temidos! y algun día...- prosiguió con extasis- ¡algún dia todos los magos del planeta temeran pronunciar mi nombre.!
-No...-susurró Iras espantada, deslizandose por la pared, como tratando de escapar de la cercanía de Tom.-No...Estás loco...completamente loco!
Con estas palabras se escabulló corriendo por las escaleras, dejando solo a Tom.
-Algún día lo entenderás, Iras-Murmuró el chico con un brillo de ira en la mirada-Pero esperemos que ese día no llege demasiado tarde.
-Ya veo.-dijo Dumbledore sobresaltándola , en un tono que demostraba bien a las claras que no creia una palabra.-De cualquier modo quisiera hablar contigo en mi despacho.
-¿Ahora señor?, es algo tarde.¿no cree?- Iras sabía perfectamente de que quería hablar Dumbledore y no tenia ninguna de volver a escuchar todo otra vez.
El Profesor Dumbledore se volvió sin responder, haciendo un vago ademán con la mano para que lo siguiera.
Suspirando resignada Iras lo siguio por el corredor hasta que llegaron a una puerta de madera de aspecto alegre. Afuera se podia leer en letras plateadas:
PROFESOR ALBUS DUMBLEDORE G.
Dumbledore abrió la puerta e hizo una leve inclinación al dejar pasar delante a Iras.
-Siéntate-dijo con amabilidad-debemos hablar.
-El Profesor Dippet ya me explicó todo, señor-Iras estaba algo incómoda.
-Si, el Profesor Dippet explicó todo lo que él sabe del asunto, lo que lamentablemente no es mucho.
Iras abrió los ojos sorprendida. El profesor Dumbledore estaba tecnicamente criticando al director. Eso era algo que no se veía todos los dias.
-Iras, se que tu tambien interpretaste correctamente la profecía-Susurró apresuradamente, en tono confidencial, como si temiera que las paredes escucharan.- , pero también se que sabes algo mas que yo. Que ocultas algo.
Antes de responder Iras recorrió la habitación con la mirada, como si esperara que algunos de los objetos allí presentes le proporcionaran algún tipo de ayuda.
A Iras siempre le había gustado aquel despacho. Tenia al fondo una gran ventana redonda por la cual se podía ver la luna. La mascota de Dumbledore, un phoenix milenario recién adquirido, dormitaba en su jaula dorada, junto al fuego. A Iras siempre le había fascinado el maravilloso colorido de su plumaje
Sin embargo , en la habitación habia un objeto que Iras, con todas sus veces en el despacho de Dumbledore, no pudo reconocer.
En la pared, cerca de la pared, se erguía un espejo magnifico. Había un grabado en el marco:
“ ynit sedkrad ruo ytub ecaf ruo yton si ”
Iras olvidó completamente que tenia compañia y se sintió completamente hipnotizada por el espejo. Se levanto lentamente del sillón con orejas en el que se encontraba sentaba y camino hacia la luna del espejo, esperando ver a su imagen reflejada, pero , para horror de Iras , no fue eso exactamente lo que ocurrió.
De pronto Iras no fue consiente de ninguno de los ruidos de la sala. La voz llena de preocupación de Dumbledore le llegaba como un eco lejano, imposible de alcanzar. En ese momento existieron solo Iras y el espejo. Y esto fue lo que vió :
Se vió a si misma , aunque algo mayor, encapuchada, corriendo por una oscura calleja de Londres con un bebé en brazos. Miraba continuamente por encima de su hombro, como temiendo que alguien la siguiera.
De pronto se paró en seco , al ver una sombra asomarse por una esquina de mugriento callejón. Retrocedió, abrazando con fuerza al bebé. Un hombre enmascarado, con una larga capa negra la miraba de frente. Parecía estar pidiendole al bebé. Ella le gritó al hombre algo que la Iras en el despacho de Dumbledore no alcanzó a oir.
Al momento una horda de hombres enmascarados apareció detras del primer hombre y rodearon a la Iras del espejo, apuntandola con las varitas. Iras se irguió, con arrogancia, y mirando al vacio grito algo que provocó densos murmullos emtre la multitud de mortífagos.
De pronto un mago salió de la nada, yse paró frente a Iras. Estiró los brazos, con gesto imperante y la capucha se le escurrió de la cabeza. No llevaba máscara y aunque estaba algo mayor, Iras supo enseguida quien era.
Tom...-dijo en un susurró inaudible.
Tom le dijo algo y la Iras del espejo negó con la cabeza cayendo de rodillas. Tom la miró desde arriba con puro odio en la mirada. Se agachó levemente y tomó a Iras de la barbilla, levantandole la mirada hasta que sus ojos se encontraron. Tom comenzó otra vez a hablar, y parecia estar escupiendo cada palabra como veneno. Luego la tomó por el antebrazo y le subió la manga, señaladole algo con el dedo. Iras volvió a negar con la cabeza. Luego se levantó con las lágrimas rodando libremente por sus mejillas. Tom hizo lo mismo y hizo un vago gesto con la mano a uno de los mortífagos.
este se acercó a Iras y forcejeó hasta quitarle bebé. Iras se defendió como pudo, mordiendo, golpeando y pateando pero fue inutil. El mortífago le pasó el bebé a Tom, quien lo observó como si se trata de un objeto maravilloso.
Entonces fue como si alguien subiera el volumen a la imagen y la Iras del despacho pudo escuchar los sollozos convulsivos de la Iras en el espejo, el murmullo de la brisa nocturna y el llanto desconsolado del bebé en brazos de Tom.
De pronto Tom se volvió hacia Iras.
-¿Por que, Iras?-siseó el suavemnete, con la voz fria llena de odio.-a es demasiado tarde, ahora tendré que cumplir la promesa que alguna vez hice....-
-¡Es tu hija!-Gritó Iras furiosa, y su grito rompió el silencio nocturno.-¡Mátame a mi si quieres, ya se que no tienes corazón!
-¡También te mataré a ti, estúpida!-gritó Tom perdiendo la compostura.-¡Tu lo quisiste así Iras!-Prosiguió en un murmullo mas calmado.-Recuerdo perfectamente que te di la oportunidad de salvar tu vida tres veces. Y cada una de ella me despreciaste. Ahora ya es demasiado tarde. Para ambas.-Señalo, dejando a la bebé en brazos de un mortífago y remangandose.
Iras lo escupió.- ¡Me das asco!-sollozó con rabia.
Pero Tom no perdió la calma.-Yo también te amo, cariño-dijo con ironía, arrancando horribles carcajadas a los mortífagos, y la sumió en un beso forzado antes de levantar la varita.
-La profecía se cumplirá de todas maneras, Tom-dijo desdeñosamente, limpiandose la boca con desprecio- Yo soy dueña de mi destino, pero tu no puedes cambiar el tuyo.
-eso ya lo veremos,- dijo con una horrible sonrisa-adios.
-¡Avada Kedabra! -Las horribles palabras resonaron en el aire de la noche en la calleja de Londres, llenando de horror a la Iras en el despacho. La Iras del espejo cayo sin proferir un grito. Tom se agachó sobre sus cuerpo y paso una mano sobre el rostro sin vida de Iras , cerrándole los ojos y estampando un beso en su frente.
-Te amo...-murmuró- pero tienes que comprender, debía ser así. Era el destino.
-Tom!-Se escuchó una voz detrás de el.-¡Dame a la niña!
Este se incorporó con tranquilidad y vió a Albus Dumbledore parado tras él.
-Dumbledore-dijo con desprecio.-Que agradable sorpresa.
-Tom, tus hombres huyeron-dijo Dumbledore con calma.-estas solo ahora,¿ quieres darme a la niña?-
Tom se volvió para ver que lo que Dumbledore habia dicho era verdad y que no tenia la mas minima posibilidad.
La niña se encontraba tirada en el sucio suelo de piedra, pero ya no lloraba.
Dumbledore dio unos pasos hacia ella y la levantó. Tom no hizo nada para impedirselo, había perdido la partida.
-Ganaste esta vez Dumbledore, pero aún falta mucho camino por recorrer-y dirigiendo una última mirada a Iras, desapareció.
Dumbledore se quedo parado a la mitad delcallejon con la niña en brazos unos segundos y luego se acercó al cuerpo sin vida de Iras.
-Adiós, Iras.-Tu parte del camino ha terminado. Y con un raudo movimiento de su capa, desapareció.
La Iras en el despacho de Dumbledore se desmayó.
Lo primeró que vió Iras al despertar fue a Fawkes, el phoenix de Dumbledore, montado en el hombro de este. Estaba racostada en el suelo y Dumbledore la observaba inmensamente preocupada.
-Señorita pollens, como se sien...?-
-¿Profesor Dumbledore?-interrumpió Iras repentinamente acosada por una horrible sospecha.-¿Que muestra ese espejo?-
-Ese espejo, señorita Pollens, muestra el futuro.