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Harry Potter y la Heredera del Destino — capítulo 11
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Capítulo XI / Pesadillas, y una herida de por vida.
Isis abrió los ojos enormes y miró hacia dónde Remus le indicaba. Luego lo miró con los ojos extrañamente. -Esa no puedo ser yo, Remus...- Remus perdió la paciencia. Pero si eres tu, el mismo pelo, la misma firgura...- Iris se sonrojó. ¿Remus pensaba en su figura? Pues si que era inquietante, en una buena manera, claro...
-Porque ella tiene los ojos verdes, tonto, además es más alta.-
La chica reía, y su risa era igual a la suya. Isis se quedó como hipnotizada, dividida en el deseo de correr a abrazarla y salir corriendo de la habitación para no tener que verla nunca más. Caminó con lentitud hacia el alegre grupo de chicas, a sabiendas de que no podía ser vista, y se colocó frente a frente a ella, observando sus bonitos ojos verdes. Un momento después un muchacho se acercó al grupo. Era el muchacho más "tenebroso" que había visto en su vida. Parecía enfermo, y tal vez su palidez mortal ayudara mucho a esa imagen. Sonrio a la muchacha, con una sonrisa triste y la invitó a bailar. Isis miró hipnotizada los ojos del chico. Negros como el carbón, con un brillo casi azulado. Sabía que había visto aquellos ojos en alguna parte, si tan sólo recordara dónde. Se miró en el espejo de atrás, mordiéndose el labio, y de pronto lo descubrió. Eran sus ojos, oscuros e insondables como los de ese chico. De pronto el muchacho miró a través de ella, sin verla, e Isis quedó mirándole con un extraño sentimiento corroléndole el espíritu. Una serie de imágenes confusas pasaron a la velocidad del rayo por su adormecido cerebro. Se dio media vuelta para no tener que mirar más en esos pozos de dolor. Todo vino de pronto a su mente con la velocidad del relámpago. Lo vio todo claro en un oasis de bruma inconstante.
-¿Que te sucede? Te ves muy pálida.- La voz de Remus le sonó lejana.
-Vámonos- susrró ella, como si pensará que los fantasmas en la habitación pudieran oírla. Cogió a Remus fuertemente de la mano y puso un dedo en el relicario. La música se apagó al instante, y nuevamente se vio sumida en un remolino de formas y colores incoherentes. Cayó de rodillas en la sala común , con el cabello oscuro cayéndole sobre la cara. No se levantó. Remus se sentó en el sillón algo mareado, y escuchó el sollozo ahogado de Isis. Se sacudía convulsivamente, en el suelo, cerca del fuego.
-Remus se inclinó a su lado, en un gesto infinitamente dulce y le levantó la barbilla.
-Que pasa? Por que lloras?
Remus no recordó jamás haber estado tan avergonzado como cuando Isis en ese momento le echó los brazos al cuello desconsolada. Siguió llorando hasta que las lágrimas empaparon el cuello de Remus.
-Eran mis padres Remus...Lo se. Se que eran ellos.-
La luna creciente se cubrió con espesas nubes negras.
Oscuridad. ¿Porque es tan interesante la oscuridad? Pasos solitarios. Una voz triste. Gritos. Y otra vez la oscuridad insondable. Risas. Llanto.
Abrió los ojos jadeante. Le alivió ver la luz de la luna que entraba por un resquicio de la cortina. -Isis, ¿te encuentras bien?- La voz provenía de la cama de Lily. Sip, Lil, me encuentro bien. Solo...las pesadillas. No me dejan dormir. -Oh- Silencio nocturno. Inevitable a las tres de la mañana.- ¿Estas bien? -Si, Lil, vuelve a dormir.- Isis se acomodó en las almohadas y una lágrima rebelde rodó por su mejilla. Odiaba las noches, con sus sueños infernales que no la dejaban conciliar el sueño. Sabía por que. Sabía que tenía que hacer para que se detuvieran. Pero no se atrevía a repetir la experiencia del relicario. Ver a su madre muerta caminando por ahí le había calado muy hondo. El secreto había quedado entre ella y Remus, y así se quedaría hasta saber que hacer. Dumbledore , curiosamente no le había preguntado nada en esos años, y como ya estaba en tercero debía suponer que ya sabía todo. Siendo Dumbledore tan anciano y sabio. ¿Realmente pensaba que una adolescente de trece años quiere ver morir a su madre? Ver quien era su padre? Se revolvió entre las sábanas, imaginando, como siempre. Envuelta en el morboso misterio de la muerte de su madre, y de su desaparecido padre. No tener pasado era bastante terrible ya. Al menos conocía a sus padres adolescentes, pero eso no la complacía para nada. Nadie podía imaginarse lo malo que es ver a tus padres de tu edad. De modo que el relicario había quedado guardando polvo en un rincón de su baúl, aun sabiendo que algún día tendría que sacarlo. Se durmió con un sueño intranquilo, plagado de pesadillas, en las que aparecía un hombre con sus mismos ojos. La siguiente mañana Isis se despertó con un aspecto horriblemente cansado. Bajó al Gran Comedor al lado de Lily y Arabella, las que no paraban de hablar de lo asqueroso que era el pelo de Snape. Cuando le rpeguntaban algo, ella solo asentía y sonreía débilmente.
-Eh, chicas! Les hemos reservado asientos!- Era Sirius, quien, con el apuro con llamarlas derramó su plato con cereales. Remus también parecía estar en mal estado. Había tenido otra de sus desapariciones mensuales, y a la vuelta los contentó diciéndoles que su madre se sentía mucho mejor, evitando cuidadosamente mirar a Isis. Ésta se sentó entre Remus y James y comió con apetito el tocino y los huevos revueltos. Le gustaba mucho escuchar lo que hablaba el grupo. Los planes malévolos de James y Sirius le alegraban. Entonces llegó. El odio hacia Lucius Malfoy y su grupo había ido creciendo.Siempre que se encontraban en los corredores había una riña. Y Lucius parecía ensañarse especialmente con Isis. A ella, aunque no lo reconociera, le afectaban mucho sus comentarios hirientes. -Vaya, Vaya- siseó con crueldad.- Si no es el grupito estrella.- Rió como un tonto. Isis suspiró exasperada, y siguió con el cereal. Sin embargo, lamentablemente Lucius había escuchado el suspiro, y se volvió prestamente hacia ella. -Si no es cara-de-simio-pollens!- Lanzó una caracajada grotesca, y todos en la mesa de Gryffindor se miraron extrañados. Isis no se parecía en nada a un simio. Sin embargo, Isis estaba especialmente sensible ese día, de modo que antes que las lágrimas le saltaran inevitablemente a los ojos se paró de la mesa y salió corriendo del comedor.Sólo se detuvo cuando el ruido tras ella desapareció, y se apoyó en el marco del ventanal más cercano. Se preguntó que demonios le pasaba esa mañana. Se sintió muy tonta por haber salido corriendo, para que todos pensaran que ella se interesaba en Lucius. ¿Se interesaba en él? Si cuando estaba en primer año le hubieran preguntado lo mismo ella probablemente hubiera respondido con una arcada. Pero ahora... Ahora que tenía trece años, todo parecía distinto. Su percepción entera de su mundo había cambiado casi radicalmente. Especialmente con los chicos. Todos sus amigos había experimentado muchos cambios, y sobraba decir que eran para mejor. Y Lucius ya no era un paliducho raquítico con cara de rata, precisamente. Pero eso no cambiaba en nada que fuera un idota arrogante y engreído.
Alguien venía por el corredor. Probablemente una de las chicas, o Remus.Alguien le puso la mano en el hombro y ella se dio vuelta rapidamente, con una sonrisa indulgente en los labios. El color se fue de su rostro al constatar que la persona frente a ella no era otra que Lucius Malfoy. Se desasió rápidamente de su mano y se apegó más a la ventana.
-¿Y?- sonreía burlón. A Isis ya no le quedaba ninguna duda: La sola idea de que esa cosa le gustara le provocaba náuseas. -¿Que quieres?- preguntó con brusquedad. Nunca lo había tenido tan cerca. Como si le fuera a dar un...No! Que idea tan repulsiva. -Nada...¿Es que no podemos ser amigos?- La sonrisa pegajosa no se le quitaba del rostro. Ahora estaban tan cerca, que ni un trozo de pergamino hubiera pasado entremedio. La espalda comenzaba a dolerle, pues tenía el marco de la ventana incrustado en la columna vertebral. -¿A...amigos?- tartamudeó Isis confundida.- Yo...no...eh...- -Podemos comenzar así- La tomó bruscamente de ambos lados de la cara, para que no pudiera zafarse y le estampó un beso rudo en los labios. Sin embargo no se detuvo de inmediato. Sus manos se delizaron por su espalda, hasta que llegaron a su cintura. Era su primer beso. Nunca siquiera había llegado a más de los abrazos con un chico, pero eso había sido sólo con sus amigos. Esto era diferente. Cuando la sorpresa y el placer inconsciente desaparecieron, esots dieron paso a la repulsión hacia lo que le estaba sucediendo. El aliento caliente de Lucius le pareció la cosa más asquerosa de la tierra. Sus manoseos constantes le dolían. Intentó empujarlo con todas sus fuerzas, pero era más alto y corpulento que ella misma. No podía respirar. Gruesos lagrimones de desesperación la invadieron y Lucius al fin la soltó, jadeante. Se miraron un momento, Isis llorando de humillación. -Voy a matarte- susurró con odio- juro que voy a matarte...
Lucius acababa de abrir la boca para burlarse, cuando Isis lo tiró contra la pared de un puñetazo.
-Zorra!- gritó enfadado.- Me has dejado sangrando. Pero Isis ya no escuchaba. La ira y el deseo de asesinarlo se hacían mas fuertes a cada momento. - TE MATARE! TE MATARE! TE ODIO LUCIUS MALFOY! Estaba completamente fuera de control, y Lucius al principio, sorprendido no hizo nada para defenderse. Tiró patadas a ciegas. Olvidó la maiaa, y su varita. Olvidó que sólo era una chica.Quería ahorcarlo con sus propias manos. No podía pensar. La humillación bullía en sus venas.
-ISIS!- Escuchó ruido a sus espaldas. La profesora Mcgonnagal seguida de sus amigos corrían hacia ella para ver la extraña escena de un Lucius Malfoy sangrante en el suelo y una Isis fuera de control. Remus y Lily corrieron hacia ella para sujetarla, pero ella se desasió habilmente. La profesora Mcgonnagal la encaró.
-Que sucedió, Pollens? ¿Que significa esto?- Pero Isis no habló. No hizo nada más que mirar la punta de sus zapatos. No podía mirar a nadie. Sentía como si no pudiera mirar a nadie más a la cara nunca más. Como si algo hubiera cambiado, y ella fuera la culpable. Se desplomó en el piso, demasiado avergonzada como para que le importara nada más. Escuchó voces a su alredor, y alguien la condujo a la enfermería. No pudo recordar nada más ese día.