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Harry Potter y la Heredera del Destino — capítulo 12
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¶ Capítulo XII / La Poción ¶
Para Pili, con cariño
-Dos garras de cuervo blanco, un puñado de polvo de unicornio y cinco gotas de sangre de Banshee...- El anciano profesor Kettleburn dictaba con rapidez, haciendo imposible que nadie llenara a tiempo su pergamino con instrucciones. Isis ladeó un poco la cabeza, porque le dolía el cuello de tanto inclinarse sobre el pupitre para escribir. Un papelito le dio en la nuca y rebotó sobre su escrito. Supo enseguida de quien era.
-¿Qué harás esta noche? ¿Bavear por Potter?
Miró con odio hacie el asiento de Lucius Malfoy, y le sacó la lengua, a falta de algo más ocurrente. Este simplemente le sonrió con maldad, e Isis, ya realmente enfadada, garabateó una respuesta en el papel.
-Se escribe: “Babear”, imbécil. En cuarto año, y aún no aprendes a escribir?-
Lo lanzó con más fuerza de la necesaria, y fue a dar al pupitre de Narcissa Keller, una casi-veela arrogante. Afortunadamente, Lucius lo atrapó antes deque Narcissa y/o Kettleburn se percataran y lo desenvolvió.
-Eres bien testaruda para ser un cerebrito sin gracia. Resistirme por todo un año? Cualquiera sucumbiria con rapidez a mis encantos...-
Espero un momento ates de responderle, pues Kettleburn la miraba. Cuando fue a inspeccionar lo que había escrito el pobre Peter Pettigrew, Isis se las arregló para mandarle otro mensajito aéreo.
-Resistirme a la tentación de estrangularte, quieres decir? Pues bien, estoy a punto de hacerlo...
Aún no teminaba de escribir, cuando un avión de papel cayó sobre su tintero, derramándolo por poco.
-Te está molestando el idiota de Malfoy? Dinoslo, y le daremos la paliza de su vida. Deseará jamás haber nacido.
Remus, Sirius y James.
Isis no pudo sonreir ante este apoyo moral. Y agregó una posdata a su mensaje antes de enviarlo.
-P.d: james, Remus y Sirius mandan a decirte que si sigues fastidiando desearás no haber nacido.
Después de esta clara y amigable advertencia, el correo durante la clase de pociones, quedó suspendido por ese día.
-Ahora tienen todos los ingredientes necesarios para preparar una poción envejecedora. Los pondré en parejas para que puedan trabajar mejor. Me parece que no- agregó desagradablemente al ver como los Gyffindors y Slytherins se ponían con parejas de sus mismas casas.- Serán parejas Gryffindor-Slytherin. Hay que unir las casas del colegio, por supuesto- dijo con sorna. Veamos, ya que Pollens y Malfoy han estado tan entretenidos mandandose mensajes toda la clase, los pondré bien juntos para que tengan tiempo de conocerse mejor.
Isis sonrojó tanto, que su cara parecía un tomate muy maduro. Lucius, en cambio, sonrió despreocupadamente y arrastró su caldero hasta el puesto de Isis, empujando a Arabella sin miramientos, y poniendo su caldero en su puesto. Arabella lanzó un bufido y ella, y su espesa melena dorada se sentaron al lado de Peter.
Isis, evidentemente, decidió ignorarlo lo más posible. Hacía muy poco que conseguía mirarlo a los ojos sin que las naúseas y los recuerdos la invadieran, de modo que no sabía cuanto resistiría teniéndolo tan cerca. Los chicos le dirigieron miradas de intensa compasión, cosa que les duró hasta que ellos mismos terminaron emparejados con Slytherins.
James intentó lo más posible no hacer gestos cuando Narcissa Keller se sentó a su lado lanzando un bufido de disgusto. Lily puso los ojos en blanco cuando Snape, el detestable amiguito de Malfoy , se dejó caer en su asiento, apartando con la mirada a un enfadado Sirius Black, que en su desgracia fue mandado a sentarse al lado de uno de los pertenecientes al grupito Slytherin liderado por Malfoy. Un tal Crabbe, que siempre iba pegado a su “amigo” Goyle.
Ambos parecían gorilas superdesarrollados. De modo que Goylese sentó al lado de una aterrorizada Arabella. Y a Peter...a Peter le sucedió lo peor que le podía pasar a un alumno de Gryffindor en clase de pociones . Trabajar con Kettleburn!
-Para evitar que el señor Pettigrew haga un desatre de magnitudes tan caóticas cómo la última vez, - Hizo una pausa para observar las reacciones de Slytherin, los cuales comenzaron a reírse ahogadamente.- Yo mismo trabajaré con él. Ahora, todos a trabajar!
Peter gimió apesadumbrado y se sentó en el pupitre de Kettlebun, aún algo tembloroso. El prfesor de Pociones estaba hacía tiempo en el colegio, y al parecer se había amargando cada vez más con los años. Según lo que les había contado el fantasma de Gryffindor a los chicos, este era uno de los profesores más apuestos que Hogwarts había tenido jamás, pero a medida que su belleza comenzó a desaparecer la implacable jovialidad de Kettleburn se esfumó por completo, dando paso a un viejo gruñón y desgastado.
-Bueno, ¿que esperas?, comienza- escuchó la voz de reptil de Lucius, cosquilleándole el oído.
-Que esperas tu!?- se enfadó Isis- Vamos, trabaja. Lo primero, las garras de cuervo blanco. Y te apresuras, no sacaré mala nota por culpa tuya.
Dicho esto, lo ignoró el mayor tiempo que pudo, y se concentró en cortar las raíces de bubotubérculo. Se distrajo por un movimiento brusco de su albino compañero de banco, el cual escondia algo en la espalda.
-¿Que echaste en el caldero?- preguntó Isis suspicaz. Lucius le sonrió con esa mueca molesta, burlona.
-Nada, simio, te imaginas cosas.- Se deslizó algo, subrepticiamente en el bolsillo de la túnica.
-No me imagino nada, tonto- bufó Isis con rabia.- Sigue trabajando. -De vez en cuando le echaba ojeadas rápidas a Lucius, sólo para constatar avergonzada, que la miraba fijamente. La clase terminó sin demasiados incidentes, y Peter se comportó inusualmente correcto ese día.
-Bueno, ahora llega la parte más importante de la clase.- Kettleburn se puso de pie, y recorrió con la mirada a sus alumnos, quines lo miraban expectantes.- Ha llegado el momento de que los alumnos prueben sus pociones. No se preocupen- prosiguió, al ver las caras de horror que tenian todos.- Tengo el antídoto aquí mismo, en la mano- agitó un frasquito pequeño, de color rojo sangre, con una poción que dificílmente alcanzaría para todos.
-Bastará con que uno de cada pareja lo pruebe, nada más. Yo dire quién- rugió, pues todos ya estaban peleando por quien tomaría la poción. Pasó por todos los puestos, asignando a los catadores, y misteriosamente, la responsabilidad en su mesa recayó sobre Isis.
Isis insistía en que el profesor Kettleburn la tenía tomada con ella. De nada servía que sus amigos dijeran que eso era una tontería.
-¿Porque habría de tenerla tomada precisamente contgo?- había dicho Remus, muy sensatamente. Era cierto, por que ella? Siempre sentía como si ella le hubiera hecho algo horrible al profesor. Como dejarlo desnudo frente a toda una clase. Pero ella jamás había hecho nada parecido. Por lo menos que recordara.
Alguien le dio un codazo por lo bajo, e Isis despertó bruscamente de sus pensamientos.El profesor Kettleburn, parado al frente de ella, la miraba con el entrecejo fruncido.
-Ya que la Señorita Pollens está tan aburrida en mi clase, le daremos algo con que entretenerse. Ella probará su poción delante de todos, y la calificaré, según los resultados.
Isis se puso blanca como la nieve. En primer lugar, no sabía si la poción estaba bien hecha. ¿Y si se convertía en un monstruo verde con tentáculos morados, que echaba espumarajos por la boca? Y aún si la poción estaba bien hecha, no le hacía gracia envejecer frente a toda la clase. Si había algo que aún no la abandonaba en todos sus años en Hogwarts, erasu timidez.
-Adelante, ahora, Pollens- siseó Kettleburn malignamente.
Iiss fue hacia adelante, con la cabeza gacha, evitando el contacto visual con cualquiera de sus compañeros, especialmente con cierto demonio rubio, que por alguna razón le guiñaba los ojos a Snape y compañia.
El profesor Kettleburn extrajo un poco de poción de su caldero y la echó en un caliz plateado. Se la pasó sin mucha ceremonia, y se cruzó de brazos, mientras Isis miraba insegura el liquido humeante.
-Y bien?- se impacientó el profesor. Isis decidió rápidamente que le temía más al profesor que a la poción envenenada, de modo que se la bebió de un trago. Al principio no sintió nada, pero luego un dolor horrible le subió desde la boca del estómago, y le pareció que la mente le ardía. Fue cuestión de segundos y el dolor desapareció.
-Como ven, la poción de las señorita Pollens, y del señor Malfoy no resultó. Pollens se encuentra tan joven como siempre,y me temo que tendré que descontar puntos de sus...
-Si, blah, blah, blah, como si importara...- El profesor se dio vuelta, lívido, para ver a la tímida chica Pollens, la cual estaba sentada en su escritorio, de una manera bastante descarada. Todos en el curso, excepto Malfoy y Snape, tenían los ojos abiertos como platos. Nunca habían visto a Isis actuar de esa manera. Ella siempre había sido las más recatada e insegura de l grupo liderado por Potter y Black. Era inconcebible que Isis Pollens le hablará de esa manera a un profesor.
Kettleburn debía pensar lo mismo, pues aún no respondia nada. Después de algunos segundos de estupefacción logró articular:
-Q...que ha dicho, Pollens?
Isis lanzó una risita escandalosa y saltó del escritorio.
-Y además, estas sordo anciano?- James tragó ruidosamente. Esto era bastante...inusual.- Bueno, yo me voy...no tengo por que perder el tiempo aquí. Caminó rápidamente hacia la puerta, pero antes de que pudiera salir, alguien la tomó por el brazo. Era Lily.
-Isis, ¿que diablos te sucede?- murmuró rápidamente- tu no eres así.
-Sueltame, zanahoria- Respondió Isis en voz alta.- No tengo tiempo ni ganas para tus tonterías.
Y salió de la clase en estampida, murmurando algo sobre la gente débil mental, dejando un reguero de consternación detrás suyo.
La clase demoró un rato en recuperarse, especialmente el profesor, quien parecía al borde del colapso. James Potter se levantó rápidamente de su asiento, seguido de todos sus amigos.
-Permiso, profesor- dijo cada uno al salir, pero el profesor ni los miró.
-Que mosca le picó?- preguntó Sirius en cuanto dejaron el salón.
-Fue una muy venenosa, de seguro, para que se pusiera así.- razonó Remus.
-Bueno, está claro que había algo en su poción. Digo, nadie se pone así derrepente- dijo Arabella, preocupada.
-Pero, ¿dicen que alguien le echó algo en la poción?- Era Peter, que caminaba a la seguidilla.
-Eso no importa ahora- sentenció James- Lo primero es encontrarla, y detener cualquier locura que este haciendo.
Lily, que había estado aún silenciosa por las duras palabras que le había lanzado su amiga, dijo por fin:
-Creo que deberíamos buscarla en la sala co...- Pero no terminó la frase. Se llevó las manos a la boca para ahogar un grito y miró fijamente un punto en el pasillo paralelo al que se encontraban. Los demás miraron para ver de que se trataba y quedaron tan impresionados por un momento como Lily.
Isis Pollens se encontraba en la mitad del pasillo, sola con dos pequeñas de primer año. Tenía la varita levantada, y con esta había hecho que una Huffepluff bajita y de chapes rubios colgara cabeza abajo del techo en medio de estridentes alaridos, y a la otra, una pequeña pecosa de Ravenclaw, la mantenía oscilando por la ventana. Ésta parecía demasiado choqueada como para gritar, y se limitaba a temblar descontrolada.
Pero el asunto no paraba aquí. La vestimenta de Isis había cambiado desde que había abandonado el salón. Y MUCHO. Había abandonado la túnica del colegio, y se encontraba vestida con un vestido de cuero negro MUY ajustado y MUY corto. Llevaba un escote exagerado y botas de cuero también negras hatsa la rodilla. Estaba maquillada con colores extramadamente oscuros y exagerados. El cabello lo llevaba suelto y liso, y había teñido un mechón rojo.
Para que decir que los chicos se encontraron demasiado sorprendidos para hacer otra cosa que babear y parpadear duerante un par de segundos.
-Dios...mío- musitó Remus.
Isis los descubrió por fin, luego de que la pobre Hufflepuff se diera un par de golpes contra el techo.
-Que hacen aqui?- cuestionó, sin mirarlos, y sin dejar de manipular a la Ravenclaw para que diera la impresión de que caía.
-Isis...q...que??- James intentó decir algo, pero las palabras simplemente se negaban a dejar su garganta.
-¿Que demonios haces?!- completó Sirius, sin apartar los ojos de su...rostro. Si, dejemóslo en rostro -_-.
-Sólo me divierto un poco.- respondió tranquilamente.
Lily caminó hacía ella con las cejas levantadas. Parecía enferma.
-¿Que hacemos ahora?- preguntó Arabella, aun con los ojos muy abiertos. Pero sus cavilaciones se vieron interrumpidas por el chillido de la profesora Mcgonnagal, que pasaba en ese momento por allí, y observó toda la escena.
-¡¿QUE HACE, POLLENS?!- La Profesora Mcgonnagal caminó hacia ellos con cara de haber tragado leche agria por accidente.- Finite incantatem- rugió, y las pobres pequeñas cayeron medio inconscientes al suelo de piedra.
La anciana mujer boqueó como un salmón fuera del agua antes de encontrar las palabras. Evidentemente se hallaba tan conmocionada como los demás.
-A la oficina de Dumbledore! A..ahora!- chilló nuevamente, señalandola acusadoramente con el dedo. Isis se rió tan descaradamente como la primera vez, y se apoyó en la pared con los brazos cruzados, mascando chicle.
Sin embargo, antes de que la profesora pudiera hacer algo, Sirius se habia adelantado, y tomó a Isis por las piernas. Se la echó al hombro como un saco de patatas, y caminó prestamente hacia la oficina de Dumbledore, sin hacer caso de los pataleos e interjecciones poco “amables” que lanzaba Isis, quien por poco echaba espumarajos por la boca.
Fue seguido por la profesor McGonnagall, quien lo seguía muy erguida, y con paso digno, y por los demás chicos.
La oficina del director quedaba dónde una gárgola horripilante. La profesora Mcgonnagal dijo la contraseña (Patatas fritas con salsa de Tomate) y la gárgola se abrió para dar paso a una escalera de piedra, la cual se movía por sí sola. Dumbledore se encontraba sentado confortablemente en su sillón, jugueteando con su mascota, un fénix dorado muy hermoso.
Pareció algo molesto por la intrución de tantas personas en su despacho, pero pasó de la molestia a la sorpresa, al ver a Isis.
-Señorita Pollens? Pero, que ocurrió?- Nadie contestó, y Sirius se limitó a dejar a la chica sobre el sillón. Isis subió inmediatamente a la mesa, y las botas de cuero brillaron a la luz de las velas.
-Me la encontré en el pasillo, Dumbledore- comenzó nerviosa la profesora.-Estaba vestida asi, y atacaba con magia a unas alumnas de primero.
Viendo que de la profesora Mcgonnagal no sacaría ninguna respuesta concreta, Dumbledore emprendió la difícil empresa de examinar a Isis. Estaba mirando sus ojos, cuando la muchacha hizo reventar un globo de chicle en su nariz.
Dumbledore se irguió, intentando despegar la goma de mascar de su curva nariz, y drigió una mirada sólida a todos los presentes.
-Creo que ya se lo que tiene la señorita Pollens, nuchachos...-