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Historia 24095 — capítulo 2

CAPÍTULO 2:

-¡No te muevas!-me dijo uno de ellos de repente.

Me quedé helada. Uno de ellos me apuntaba con su arco. Era tan rubio su pelo, que parecía casi blanco. Le miré a los ojos, unos ojos azules como el mar. Estaba muerta de miedo.

-Yo no he hecho nada-le dije en tono suplicante.

Pareció observarme mejor, pero no se movió, y tampoco bajó el arco.

Hizo una seña a otros dos y se fueron rápidamente a liberar al águila. Esta alzó el vuelo y se perdió en las nubes.

-”DE NADA”-pensé yo.

Luego se marcharon todos menos el que me apuntaba a mí. Oí una voz que lo llamaba, pero no reconocí ni las palabras ni el nombre. Hablaban un idioma extraño.

No sabía quiénes eran, pero habían mantenido a raya a los hombres del campamento.

Sin embargo, allí me habían dejado a mí. Me di la vuelta y descubrí a todos los hombres mirándome. Su expresión era clara y la palabra que salió de todas las bocas a la vez también:

-“CULPABLE“-

Recibí mi castigo con tolerancia, como había hecho otras veces. Lo único que me mantenía en aquel grupo era la comida y un lecho caliente en el que dormir. Los hombres siempre me castigaban igual. Generalmente me pegaban o me mandaban hacer tareas extras, pero aquel día acabé con una ceja rota, el labio partido y el moratón que ya tenía de la bofetada anterior. Me fui a mi tienda callando y con la mirada gacha. Me tocaría curarme, como de costumbre. Estaba preparando algo, cuando vi una sombra fuera de mi tienda. La tela se cortó limpiamente y apareció una figura alta y sigilosa. Tanto, que no la había oído llegar. Me cubrí el rostro con las manos para que no viera las marcas. Fuera quien fuese, si los hombres descubrían que se lo había dicho a alguien, sería todavía peor.

Me percaté enseguida de que yo ya le había visto antes. Rubio casi blanco y de ojos color mar.

Me aparté a un rincón. Había vuelto ese extraño, pero la adecuada era:

¿POR QUÉ?

Se arrodilló junto a mí y me miró fijamente. Tras unos segundos, dijo claramente en mi idioma:

-Saludos-

Su voz sonaba suave y reconfortante. Por una vez, no tuve miedo de que me pegase, sabía que aquella persona no iba a hacerlo.

-Hola-le respondí.

Él sonrió.

-¿Alguna vez has visto un ELFO?- me preguntó.

Moví la cabeza negativamente. Se oían historias, pero nunca los había visto.

Él asintió de nuevo y me apartó el pelo con un ligero movimiento de su mano.

Me miró con cara de sorpresa.

-Lo sospechaba, pero no creí que sería cierto. Dime, ¿TE MALTRATAN ESTOS HOMBRES?-me dijo.

Negué con la cabeza. Estaba mintiendo, pero no quería la otra opción.

-Ya. No tengas miedo, no te haré nada- me respondió él con un brillo en sus ojos.

-No tengo miedo de los hombres. Temo sus...-empecé yo, pero me quedé a medias. No debía decirlo.

-Sus CASTIGOS-adivinó el extraño.

Asintió levemente. En una pasada de vista, observé sus orejas puntiagudas y comprendí su anterior pregunta. Era un ELFO, pero yo no sabía que eran tan amables.

-VEN CONMIGO, no te tocarán nunca más-me ofreció, tendiéndome su pálida mano.

Era lo que yo siempre había deseado, salir de allí.

No puse pegas, cogí su mano y me levanté.

-Me llamo KINIUK- le dije.

Se volvió y me sonrió de nuevo.

-Yo LEGOLAS-dijo simplemente.

Aún agarrada a su mano, me arrastró fuera de la tienda. No sería fácil dejar el campamento ahora que yo estaba con él. Yo NO era silenciosa.

Me soltó la mano y agarró su arco.

Le toqué la mano y él se giró.

-Estos hombres son estúpidos, no oirán nada. Duermen como cerdos- le aseguré.

Le vi sonreír de nuevo y guardar el arco.

Parecía que se fiaba de mí. Salimos del campamento fácilmente, para mi sorpresa. Yo tenía razón. Unos elfos nos esperaban más abajo. Nos reunimos con ellos y el elfo les dijo algo que yo no entendía.

-De acuerdo, ahora...-no llegó a decirme nada, por que una flecha se había clavado peligrosamente cerca de mi cara, en un árbol.

Legolas me cogió de la manga de mis rotas ropas y me tiró de cabeza al suelo.

Rodé como si fuera una verdura. Levanté la vista para replicar, pero él y los demás elfos habían sacado sus arcos y estaban en guardia. Como había algunos árboles, no los desaprovecharon.

-¡Maldita NIÑA, vuelve aquí enseguida o te la ganarás-chilló uno de los mugrientos hombres.

Yo me estremecí en el suelo. Un elfo se acercó a mí y se quedó allí conmigo.

Vi salir a Legolas con el arco por delante. Le cazó en un momento.

-LA NIÑA VIENE CON NOSOTROS-dijo Legolas sin admitir réplica.

-Tú, me las vas a pagar por el agujero de la mano- dijo levantando la mano herida en el rescate del águila.

-NI SE TE PASE POR LA CABEZA-

Me había plantado al lado de Legolas y no estaba dispuesta a quedarme allí más tiempo. Y, aunque el elfo me había oído de sobra acercarme, no me había detenido.

El hombre estalló en carcajadas.

-¿Qué va a hacerme una NIÑA?-se burló.

No dijo más. Le solté un puñetazo en la boca y lo dejé inconsciente al momento. Ni yo sabía cómo lo había hecho. Era un movimiento casi reflejo.

-Cómo deseaba hacer esto. Ah, y NO SOY UNA NIÑA, TENGO 16 AÑOS-le dije de pasada.

Los elfos soltaron unos sonoros aplausos y oí alguna carcajada. No vinieron más hombres. Legolas también reía. Le miré y le sonreí.

De pronto, me sentí cansada. El estómago me daba vueltas. Vi a Legolas mirarme con preocupación y agarrarme en el último momento. Me dijo algo, pero yo ya no oía nada. Tampoco vi nada más.

Cuando me desperté, mis heridas estaban curadas, el moratón estaba un poco mejor.

Pero allí no había nadie, ni un elfo....

¿Y SI LO HABÍA SOÑADO TODO?

Noté entonces algo en la espalda y me levanté del todo para mirar.

Había algo debajo de mí....