¿Cómo llegamos aquí? — capítulo 14
Capítulo especial: Lance Lestrange, una historia de colmillos.
Lance llevaba meses intentandolo. Necesitaba que ocurriese en poco tiempo, antes de envejecer. Tenía 25 años, estaba en la edad perfecta. Pero aún así ella no lo hacía. Decía que no deseaba hacerlo. Su hermosa Stelle no se daba cuenta de que aquel era su sueño. Que era lo que siempre había deseado. No lo entendía. ¿Por que ella decía amarlo y no le concedía su don osuro? Stelle era una vampira de más de 300 años. Y aún así era la más hermosa de todas las criaturas. Su piel era tan blanca que parecía una estatua de marmol. Después de alimentarse sus labios se volvían rojos y sus mejillas adquirían un suave rubor. No había ser más bello. Con sus cabellos dorados al viento y su vestido rojo caminaba por las oscuras calles llevando la muerte con ella. La dulce muerte. Lance ansiaba con toda su alma recibir su mortífero beso. Pero ella no se lo concedía. Decía que le amaba y que no podría soportar su odio. Lance temía no lograr convencerla nunca. Su plan había fallado. Pensaba que si era lo suficienemente importante para algún vampiro este le convertiría. Le salió el tiro por la culata.
Era un día frío y soleado de verano. Aún quedaban algunas horas para que ancheciera. Lance se encontraba en la Cabeza de Puerco. Un vaso de whisky de fuego descansaba entre sus delgados y finos dedos de pianista. Sus ojos color violeta miraban alrededor algo confusos a causa del alcohol. En esos días se dedicaba a ahogar sus penas. Hacía dias que no se encontraba con su dulce Stelle. Ella era como un veneno, como el peor de los vicios. Deseaba tanto volver a besar sus frios labios y llevarse consigo una bocanada de su sangre que no lo podía soportar. Era una tortura continua. La última vez que se vieron tubieron una gran discusión. Desde entonces no había vuelto a su amada Francia para visitarla. Hacía exactamente 12 días que no pisaba Montmartre, el barrio de la perdición. Allí era donde su amada se guarecía de las luces del día. Salió tambaleandose de allí decidido a volver arrastrandose junto a ella. Tan borracho como iba no se percató de que en la barra dejaba su más importante posesión, pero en él no era de sorprenderse, ya que cuando bebía era capaz de perder hasta los calzoncillos. Si no fuese por que llevaba la cabeza pegada al cuello ya estaría haciendoles la competencia a esa ridícula asociación de fantastas sin cabeza.
El tabernero, al darse cuena de lo ocurrido salió corriendo a la calle, pero Lance ya había desaparecido. Si hubiese sido cualquier otro no se habría molestado en seguirlo, pero Lance era un Lestrange.
Hacía años que el gran Moulin Rouge había dejado de ser un club de alterne. Ahora Montmartre no era más que un sitio turistico. Se había acabado la época de los hijos de la revolución, de los behemios en busca del amor. Lance, aún tambaleandose tras haberse aparecido en un callejon, se encaminó hacia la colina sobre la que se asentaba el famoso barrio parisino. Caminó por las calles llenas de turistas sin darse cuenta de que era sigilosamente seguido. Solo cuando fué tarde se percató de lo que ocurría. Montmartre ya no estaba lleno de prostitutas, ahora carteristas y ladrones se mezclaban con los turistas extranjeros. Lance, con su aspecto aristocrático y ébrio llamaba la atención de los jovenes ladrones sin saberlo. Pero al fin y al cabo, ¿Por que iba a preocuparse él, un gran mago, de lo que unos chiquillos tratasen de hacerle?
Acababa de llegar al callejon que se encontraba en uno de los laterales del Moulin Rouge cuando sucedió. La entrada al barrio mágico estaba delane suyo, pero no llegó a alcanzarla.
Unos jovenzuelos le salieron al encuentro tratando de robarle. Lance, por supuesto se rió en sus caras y cuando fue a sacar su varita para lanzar unos cuantos crucios el terror se apoderó de él. Su varita. No estaba. Aún seguía buscandola entre sus ropas cuando esos mocosos se lanzaron contra él tratando de robarle sus joyas. En medio del forcejéo sintió un profundo dolor. Los muchachos, asustados, cojieron el reloj de oro de Lance y sus anillos y se fueron corriendo.
En ese momento la desesperación lo enbargó. Así era el final del gran Lance Lestrange. Su familia siempre le había tomado por un loco y un snob. Y ciertamente lo era. Nadie creyó nunca fuese a lograr su sueño de permanecer eternamente joven y poderoso. Y lamentablemente debía darles la razón. Estaba allí, en un oscuro callejón encharcado en sangre perdiendo la consciencia. Y entonces sintió el abrazo de la muerte. Tendido en el suelo, mirando hacia arriva, las horas fueron pasando y cada vez resiraba peor. Aunque tenia los ojos abiertos repentinamente dejó de ver y se sumió en la oscuridad. Ya no sentía ni su propio cuerpo, ni la sangre a su alrededor empapandolo. Ya no abía nada. Era como elevarse. Pero entonces sintió como si algo tirase de él hacia la consciencia. Y cojiendo una gran bocanada de aire abrió los ojos. Volvía a estar allí, en aquel callejon. Pero no estaba solo. Allí estaba ella, la hermosa Stelle ofreciendole su sangre. Ofreciendole vivir de nuevo. Ofreciendole lo que siempre fue sus sueño. Aquella noche Lance dejó de ser humano. Aquella noche fue la última vez que vió a Stelle, aquella noche de verano la abandonó mientras ella lloraba. Y su imagen sería algo que no olvidaría nunca.
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Hola!!!!!
Ya se que ha pasado mucho tiempo, pero, aquí estoy de vuelta. Este es un pequeño capitulo especial que espero que os haya gustado. Siento haber tardado tanto, pero lo cierto es que no estaba muy animada para escribir nada.
Bueno, espero vuestros rr.
Besotes!!!!!!!
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