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¿Cómo llegamos aquí? — capítulo 9

La misteriosa y bella señorita Black se complace en presentarles el fabuloso e hilarante capítulo nuevo de una de sus más exitosas historias.

"Planes, maldiciones y copias: 1ª parte del plan"

Hora

17:30 del día D

Lugar

Una calle poco transitada del Londres muggle

Cometido

1ª parte del plan

Después de haber estado horas planificando todo, habían elaborado plan perfecto y arriesgado. Y Katie estaba a punto de llevar a cabo la primera parte del plan.

Vestía un elegante traje de chaqueta y falda y su cabello estaba recogido en un moño. Unas elegantes gafas y un maletín de piel eran los últimos detalles que portaba. Cualquiera que la mirase vería a una joven y ambiciosa ejecutiva. Katie siempre había sido una buena actriz, aunque le había costado un poco meterse en el papel ya que, como ella misma decía, no comprendía las verdaderas motivaciones de su personaje. Finalmente la convencieron de que aquello no era importante. Entró en un edificio cochambroso que nadie parecía ver. Lo que había al otro lado de la puerta era algo totalmente diferente a lo que cualquiera hubiera imaginado. El hilo musical hacía llegar hasta sus oídos una música instrumental. El recibidor del edificio era enorme. El suelo, de baldosas blancas y negras. Al fondo, sentada frente a un escritorio de madera negra se encontraba la secretaria del hombre que ella buscaba.

Se acercó a ella y empezó a jugar su papel. La miró con desprecio y dijo:

-Soy la señora Mv Luhan, tengo una entrevista con el presidente para hablar sobre un próximo proyecto.

La secretaria la miró confundida y comenzó a mirar en la agenda sin saber que allí no encontraría nada.

-Lo lamento, pero no aparece ninguna cita.

-¿Cómo que no aparece? Yo misma me encargué de concertarla- gritó- ¿Se atreve a insinuar que miento?- dijo mirando a la secretaria amenazadoramente.

Los ojos de la secretaria se empañaron. Pudo percibir su nerviosismo y estuvo a punto de sacar un pañuelo y decirle “Ay: querida, no se ponga nerviosa y nada de llorar que se corre el maquillaje”.

Pero no podía entretenerse pensando en que estaba dañando los sentimientos de la mujer, ni mucho menos la durabilidad de su rimel.

-No... Claro que no. Es solo que no está escrito. Y si no está escrito no puede presentarse ante el presidente.

Katie escuchó una puerta a su derecha. Ese era el momento.

-No lo puedo creer. ¿Qué espera que haga? Me voy de la ciudad y e asunto es sumamente importante. Estamos hablando de mucho dinero.

Esa era la palabra clavo: dinero. Y si esta salía de los rojos labios de una rubia ejecutiva, mejor. Y eso toda la alta sociedad lo sabía. El hombre clave para el plan acababa de hacer aparición y con una grave y sensual tos fingida interrumpió la conversación. Katie se dio la vuelta y creyó morir del impacto. Ante ella se encontraba el gran conquistador. El hombre de confianza del presidente de la compañía. EL hombre al que debía engañar.

Lucía un impecable traje de color negro del famoso diseñador Morgio Arcali, al igual que la corbata verde botella. Era un hombre con gusto, con estilo, con clase. Un verdadero hombre. Amante de ricas y pobres. Maestro en el arte del amor y de la seducción. E incansable buscador de belleza y perfección. Rodolphus Lestrange. El atractivo hombre de pelo oscuro y ojos verdes. El ángel caído de piel blanca y alas quemadas por la oscuridad que emanaba de su alma. Porque había algo oscuro y temible que lo rodeaba como un aura de tinieblas. Algo temible y atrayente.

Por un momento creyó quedarse muda ante su sola presencia.

-¿Puedo ayudarla en algo, señorita...?

-Mc Luhan, Alaisa Mc Luhan- por extraño que parezca su voz sonó fuerte y clara.

Con una sonrisa pícara y andar felino se acercó a ella y besó su mano.

-Echanté mademoiselle.

Minutos después se encontraba en el despacho privado del más codiciado soltero de la sociedad mágica inglesa. Y lo tenía en el bolsillo. Sabía de sobra que le gustaban las mujeres bellas. E inteligentes. Le gustaban esa clase de mujeres que se sabían superiores a las demás gracias a su belleza. Altivas y orgullosas.

-Bueno, señorita Mc Luhan, usted dirá en qué puedo ayudarla. Estoy a su entera disposición-dijo él sugerentemente mirándola con intensidad.

-A mi socia y a mí nos gustaría invertir una gran suma de dinero en su empresa. Estamos muy interesadas en quitarnos ese dinero de encima.

Él la miró con suspicacia.

-Entenderé que ese dinero ha sido ganado de una manera poco honrosa.

-Eso no es lo importante-dijo ella tajante.

-Si acepto blanquear el dinero a través de la empresa al menos necesito saber de dónde ha salido.

-Mi socia y yo nos dedicamos a “sustraer” obras de arte muggle y venderlas en el mercado negro.

-Está bien. Deje esta noche el dinero en la puerta de nuestras oficinas y lo tendrá a su disposición en tres días en su cuenta de Gringots.

-Gracias.

El atractivo hombre se levantó diciendo:

-Iré al despacho del director para explicarle la situación. Espéreme aquí.

El pobre inocente acababa de cavar su propia tumba. Seguramente iría a pedir información sobre ella. Y cuando volviese con las manos vacías y un no por respuesta ella ya se habría ido.

Puso su maletín sobre la mesa y lo abrió. De allí sacó sus gafas de último modelo de MOlche&Dabana. Esas fabulosas y caras gafas de sol que LIly había hechizado para detectar rastros de magia. Miró por toda la habitación y en la pared que estaba a su espalda vio un rastro. A través de las gafas la magia se veía como un rastro luminoso. El rastro era de color morado. Conocía bien ese hechizo. Apuntó con la varita y dijo:

Evanesco.

Y así la falsa pared desapareció mostrando una sala perfectamente iluminada. Se quitó los zapatos y se puso unas zapatillas especiales. Con un hechizo, el traje que llevaba puesto salió volando y apareció en su lugar un ajustado traje negro. Un traje especial resistente al fuego, a la electricidad y casi cualquier hechizo.

Nada más poner un pie en la sala un montón de hechizos volaron hacia ella. Esquivó la mayoría y los pocos que le dieron rebotaron a causa del traje. Paseó entre archivadores hasta encontrar lo que buscaba. En seguida encontró los archivos pertenecientes a la “M”.

Un rato después Katie salía por la ventana del despacho del señor Lestrange con unos papeles bien escondidos. Pero antes de irse no pudo evitar despedirse a su manera.

Cuando ROdolphus entró en el despacho se encontró un espectáculo. La falda, la chaqueta, la camisa, los zapatos. Toda vestimenta que ese monumento de mujer habría llevado encima estaba esparcida por el suelo. Siempre había tenido esa fantasía sexual. Pero ¿dónde estaba la bella rubia desnuda? En su escritorio no. No estaba en ninguna parte. Y la ventana abierta le dio una idea descabellada. Pero no. Ella no podía haber salido desnuda por la ventana. Era ridículo. Y al entrar completamente en el despacho lo vio. La pared falsa había desaparecido. Nadie nuca se había atrevido a algo así. Robarle a un Lestrange ¡Era de locos! Además tenia que averiguar qué había robado. En sus archivos se encontraban prácticamente todos los planos de todas las casas de sangre limpia con seguridad mágica. Porque a eso se dedicaba. A instalar seguridad mágica en las casas de los ricos. Eso oficialmente. Extraoficialmente se encargaban de esconder bien los objetos de artes oscuras, limpiar dinero y proteger las casas con maldiciones de magia negra.

Salió de su despacho y avisó a la secretaria parta que llamase a su ayudante. Iba a necesitar ayuda para averiguar que documentos había robado. Volvió a su escritorio y allí vio algo fuera de su lugar. Una nota descansaba sobre su escritorio negro. La nota desprendía olor a flores frescas. Un indudable aroma a mujer. La perfecta caligrafía estaba escrita en color lavanda:

Estimado Sr Lestrange:

Como ya he conseguido lo que deseaba me retiro antes de recibir su negativa. Ya imagino que no habrá encontrado nada sobre mí.

Ha sido un placer hacer negocios con usted.

P.D.: Por cierto, la decoración del lugar es francamente peculiar y elegante, pero según mi opinión le falta algo de color

Se despide calurosamente,

Señorita Mc Luhan

Vaya, nunca se había planteado el ponerle mas color a las oficinas. Los muebles de todo el lugar eran oscuros, elegantes y sencillos. Los suelos de mármol negro. Las puertas altas. Tal vez tuviese razón. Uhm, algo de color no le vendría mal. Y así, pensando en qué color pondría a sus paredes negras, salió del despacho para ir a buscar a su ayudante.

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Hi people!!!!

ya e vuelto!

ya se q e tardado, pero no a sido mi culpa. esq no tenemos internet. ahora q e vuelto a casita os actualizo el cap.

como veis es la primera parte del descabellado plan.

espero q os haya gustado.

Besos.

hasta q ns leamos!!!