← Amores Cruzados · de
Amores Cruzados — capítulo 45
Buenas noches mis queridos lectores! ¿Como han estado?
Hoy es un día muy triste! Triste porque este es el último capitulo de AC, recien sacado del horno. Siento muchas emociones en mi pecho, pero creo que estas floreceran al momento de publicar el Epilogo.
Sólo me resta decirles muchisimas gracias por soportar tanta espera y mi chachara se las dire en la próxima actualización.
Sólo espero que este capitulo les guste y que tengan un buen viaje!
Los quiere, Emma.
45
Rojo como la sangre
Su cuerpo tiritaba a causa de la fría agua que ese malnacido le había lanzado, pero la mayor causa, era debido a la carta que le había obligado a escribir a él.
"Sólo sintió que sus músculos se congelaban en un segundo y entre las sombras, vislumbro aquel rostro del demonio. Tenía una sonrisa macabra dibujada en el y sostenía una pluma y pergamino en su mano derecha.
- ¡Escribe! - le ordenó, tirándole las cosas al suelo. Hermione lo observo desconcertada ¿A quién tenía que escribirle?
- Te vas a comunicar con tu noviecito, ¿no te da gusto? - le comentó, fingiendo una falsa carcajada - A ver… ¿cómo suena una carta de rescate? - Hermione lo fulmino con la mirada, ahora entendía todo: su propósito no era matarlas de hambre ni mucho menos a golpes, bueno, quizá en un futuro no muy lejano, pero lo principal de todo era que él estuviese ahí cuando todo eso sucediera.
Negó con la cabeza, no lo podía permitir, no podía dejar que él arriesgara su vida por "salvarlas", era algo inútil.
- No - balbuceó a lo bajo, con la voz crispada. Shaoran arrugó el ceño.
- Perdón, ¿dijiste algo? - Hermione se incorporó del suelo como pudo y lo miro a los ojos.
- No…voy a escribir nada - el joven castaño soltó una sonora carcajada que hizo eco en toda la caverna Chislehurst.
- ¿Qué no vas hacer qué? - volvió a preguntar, acercándosele amenazadoramente. Hermione sintió unas ligeras palpitaciones en su lóbulo temporal, justo el sitio que tenía lesionado a causa de los golpes.
- Que no voy a escribir nada - Shaoran chasqueó la lengua y tomo su garganta con ambas manos, acorralándola a la húmeda pared.
- ¡Suéltala! - le exigió la niña, pero fue ignorada olímpicamente.
- ¿Me lo repites, por favor? - le pidió el joven, haciendo presión sobre su hueso hioides. Hermione comenzaba a respirar con dificultad.
- Yo…
- ¿Tu qué? - Espetó, ahorcándola con más fuerza - ¿Quieres dejar a la pequeña Sarita huérfana?
- ¡Déjala! - le gritó la niña y agachándose, tomo una piedrecilla del suelo y se la arrojo como pudo a su rostro.
Shaoran lanzó un bufido desesperado cuando aquella piedrecilla cayó de lleno en su ojo derecho.
- ¡Maldita mocosa! - exclamó, y soltando a Hermione, arremetió contra ella, levantándola por la solapa de su gabardina.
La intelectual tosió con dificultad, al tiempo que tomaba una gran bocanada de aire y pego un grito tras ver a su hija flotando a varios centímetros del suelo.
- ¡Déjala! - grito y le propino un golpe en su tobillo. Shaoran bromó con furia y azotado a Sarita contra la fría pared, atacó a Hermione, dándole un golpe en su abdomen que la dejo sin aire, tumbándola al suelo. Shaoran se poso sobre ella y tomó su magullado rostro entre sus manos.
*- Es una pena que tan bonito rostro ya este tan deteriorado, no te parece. Ahora dime quién quieres que reciba el próximo ataque ¿Tu o ella?
- y miro a la niña por sobre su hombro. Hermione tosió y escupió la sangre que se había acumulado en su boca.*
- Eh…yo…le escribiré - balbuceo - Pero…primero déjame…ver cómo se encuentra mi hija - Hermione se arrastro por el suelo acercándose a su pequeña. Estaba inconsciente y de su rostro brotaban pequeños hilillos de sangre, las heridas que había sufrido con anterioridad se habían abierto. Hermione limpió su rostro con sus manos y sollozo en silencio.
- ¡Escribe! - le volvió a exigir aquel tirano, y la castaña, dejando a Sarita acostada en el suelo, tomo el pergamino con sus manos ensangrentadas y comenzó:
Harry.
Nos encontramos en las cavernas Chislehurst. Te necesitamos, estamos muy asustadas. Por favor, ven mañana en la noche, pero hazlo sólo o el lo sabrá.
Hermione.
Le entregó el papel manchado y el joven sonrió.
- Lindo, le da un toque dramático a todo esto, ¿no te parece? - y la volvió atar, no porque creyera que en su estado se pudiese escapar, sólo le gustaba mantener su mente bajo control.
Hermione respiro con dificultad y vio a su pequeña niña a su lado, ¿qué carajos había hecho para que estuviese viviendo esa pesadilla?"
Sabía que el momento en que Harry recibiera la carta, todo su destino iba a estar escrito. Él, tan testarudo como siempre, iba a seguir al pie de la letra todas las instrucciones y por supuesto, vendría solo.
Hermione sabía que se encontraba convaleciente a causa de la mordida de ese licántropo y en una lucha contra Shaoran él iba a estar en desventaja, pero ella sabía que el joven era consiente de eso y aún así iría a buscarlas…solo.
No logro pegar ojo en toda la noche; igual cómo podría hacerlo, si lo único en que su mente pensaba era en esa carta con la caligrafía de su Hermione manchada de sangre.
Durante toda la madrugada, comenzó a maquinar un plan para salir en la noche de St. Mungo sin ser detectado y a maniobrar diferentes encantamientos con su varita. Por primera vez le agradeció a merlín de que su hombro izquierdo fuese el lesionado y no su derecho, ya que tendría un grave problema para utilizar la magia.
Lo único que podía practicar a esas alturas de la madrugada y en semejante sitio, era encantamientos y hechizos sencillos; los complicados, si tuviera que usarlos, los haría en su momento.
Escucho varios pasos en el pasillo y guardó con rapidez su varita junto con la carta de Hermione bajo la almohada.
-
Señor Potter qué hace… ¡Por merlín! ¿Cómo se lesiono el hombro? - Harry se encogió de hombros tras la pregunta de la sanadora de turno.
-
No sé, creo que mientras dormía…tenía una pesadilla, supongo - mintió y la joven sanadora dijo algo entre dientes como: "complejo de autodestrucción" y comenzó a curarlo.
-
Es mejor que descanse - le sugirió y cerró la puerta tras si.
Se encontraba solo en la sala de mordeduras, ya que la señora con cara de gusano de hace unos días, le habían dado de alta. Así que volvió a sacar su varita y siguió practicando.
Se entregó a Morfeo a eso de las cuatro de la mañana, pero se levanto tres horas después.
A las siete y media la sanadora llegó con la bandeja de desayuno y una pócima nueva de color azul.
-
¿Qué es eso? - fue lo primero que le preguntó, cuando la joven dejo la charola sobre la cama.
-
Es poción matalobos - le explicó la joven - El sanador Dickens le sugiere tomársela, debido a que hoy habrá luna llena y no sabemos hasta que punto del cuerpo llego el veneno - Harry miro con desconfianza aquel brebaje y decidió no tomárselo, no por capricho, si no porque quizá convertirse en un licántropo sería una ventaja contra ese hijo de puta.
Al medio día, Ron y Luna llegaron muy acaramelados a la sala de mordeduras, lo que levantó algunas sospechas en el moreno.
-
¿Y ustedes dos qué se traen? - les preguntó, levantando el ceño. Los jóvenes se miraron con fingida sorpresa y soltaron unas risitas cantarinas.
-
Nada Harry, sólo estamos muy felices porque tu ya estas mejor, Ginny sigue evolucionando satisfactoriamente y mis padres…bueno, ellos ya están fuera de peligro - le comentó Ron con una amplia sonrisa y le lanzó una mirada cómplice a la rubia. El moreno formulo sus pequeñas hipótesis dentro de su cabeza, pero prefirió no comentar nada. Estaba feliz por ellos, de corazón, pero en un recodo muy dentro de su cuerpo sentía una envidia atroz por no ser el quien sonriera de esa manera.
-
Y ¿Ya visitaron a Ginny? - les preguntó, sólo para cambiar de tema. Ambos asintieron.
-
Sí, esta muy bien, aunque el ataque la dejo algo trastornada y tendrá que ir a terapia por unos meses, al igual que Arthur - le comentó Luna, encogiéndose de hombros.
-
¿Arthur? ¿Por qué?
-
Bueno, el sigue reclamándose por lo que sucedió, por no preverlo, ya sabes, haber sido precavido y todas esas cosas. Los sanadores dicen que después de que le den de alta, debe estar bajo tratamiento psicológico, porque podría caer en depresión
-
Harry se sintió mal, el señor Weasley había sido como un padre para él y pensar que por su culpa podría caer en depresión o algo peor lo hacía sentirse como una basura, y más después de todo lo que había dicho.
-
Yo…cuanto lo lamento Ron, si no fuese por mi…- pero el pelirrojo negó.
-
Nadie aquí tiene la culpa, sólo ese malnacido de Shaoran - espetó, y apretó los puños - Te juro que si lo llegan a capturar, yo le doy varios puñetazos en nombre de mi familia - Harry tomó una nota mental sobre eso.
Remus arribó al hospital a eso de las tres de la tarde y le dijo que varios testigos habían visto a Shaoran entrar al callejón Knockturn unos días antes del atentado en la Madriguera y había hablado con varios ex convictos, ofreciéndoles dinero.
-
Seguramente se encontraba planeando el ataque y necesitaba personal que lo ayudase - comentó el moreno sin mucho entusiasmo. Lupin asintió.
-
Sí, es lo más seguro. Pero Harry, no te preocupes, te aseguro que pronto vamos a encontrar su ubicación y las rescataremos sanas y salvas - el joven asintió y prefirió cambiar de tema, hablar del clima, que pensar en la misión suicida que estaba apunto de hacer en unas cuantas horas.
El pueblo de Chislehurst debía su nombre a las cavernas que se encontraban más allá de la linde del bosque, las cuales comenzaban sobre un acantilado, que varios metros hacia abajo conducían a un furioso riachuelo.
Las calles desiertas de aquel pueblecillo perdieron su tranquilidad, cuando un joven mago re apareció en ellas con un alarido de muerte.
Harry se arrodillo en el suelo y vomitó toda la insípida cena que había comido antes de marcharse. La aparición no le había sentado muy bien que digamos.
Se desplomo en el suelo a causa del mareo repentino que sintió y tomando una bocanada de aire, revisó el bolsillo de su gabardina para sacar una venda que minutos antes había hurtado de la droguería de St. Mungo y se cubrió su maltrecho hombro con ella.
- Debí haber tomado un taxi - se burlo a lo bajo y respirando hondo, se incorporo del suelo con dificultad.
Chislehurst era un pueblito muggle que se encontraba a cuarenta minutos de Londres, muy conocido por los festivales que realizaba anualmente adorando al mago Merlín. En la comunidad de los no mágicos, Chislehurst era considerada anteriormente un pueblo pagano, que le rendía tributo al diablo por hacer esas festividades, pero la verdad era que su creación se lo debía al mismísimo Mago Merlín, que después de sus miles de viajes por el mundo, se había asentado ahí a la edad de 155 años, construyendo diversas casas y la magnifica iglesia que era el centro cultural más visitado por los turistas, tanto muggles como mágicos. Las festividades sólo eran un favor que los habitantes del lugar le hacían cada año a ese hombre, que curiosamente, se llamaba como el mago de los cuentos del caballero Arturo.
Cada paso que daba hacia eco en medio de la solitaria y oscura calle. Inconscientemente, miro hacia el cielo y observo que la luna seguía oculta bajo una manta de nubes grises.
Al pasar por la iglesia, un manuscrito labrado en piedra apareció a su costado y desapareció cuando se alejo unos cuantos pasos. El moreno arrugó el ceño y curioso se regresó sobre sus pasos. El manuscrito volvió aparecer frente a él y arrugando los ojos, trato de leer lo que estaba escrito sobre la piedra de grafito:
"Cuidado, aventurero.
Si estas aquí no es por el pueblo, si no por las cavernas, ¿verdad? Pues déjame advertirte una cosa: El bosque esta encantado, allí los hechizos y conjuros son inútiles, la vara de poder no tendrá ningún funcionamiento y si no eres cauto, cuando entres a la caverna, te perderás fácilmente si no sabes lo que buscas.
Sólo te doy una recomendación, amigo mío: seguir al corazón es a veces más valiente que seguir a la razón"
Harry resopló y siguió su camino a las cavernas, apurando el paso, pues cada minuto que perdía era un minuto en la vida de sus mujeres.
Pero en el camino aquellas palabras seguían latentes en su mente: "….Allí los hechizos y conjuros son inútiles, la vara de poder no tendrá ningún funcionamiento…"
¿Acaso eso quería decir que utilizar magia iba a ser un caso perdido?Entonces cómo se suponía que iba a pelear contra Shaoran. Al salir del pueblo, sacó su varita y murmuró un simple *lumus,*su punta se encendió sin dificultad. Harry dedujo que muy seguramente aquello lo había escrito algún mago bromista que quería reírse de los turistas, así que respiro con más tranquilidad.
Su paso era cada vez más acelerado a medida que iba avanzando en el bosque. No sabía porqué, pero quería salir lo más pronto posible de el, ya que sentía que sus ramas lo observaban y las hojas le susurraban… *"…**El bosque esta encantado…"*trato de sacarse esas palabras de su mente, pero mientras la despejaba, su varita se apago.
- Pero qué diablos…- "…La vara de poder no tendrá ningún funcionamiento…" recordó y apuro su paso, no, comenzó a correr en medio de aquella tétrica oscuridad. Su cuerpo le dolía, su hombro le palpitaba, su cabeza estaba apunto de estallarle a causa de la jaqueca, pero tenía que ser fuerte, tenía que llegar a la caverna, matar a Shaoran y rescatarlas.
Justo cuando iba a llegar al final del bosque, algo pesado se precipito sobre el, tumbándolo al suelo. Trato de forcejear contra lo que parecía un cuerpo, pero lanzó un alarido de dolor al sentir que le clavaban algo afilado en su pierna derecha.
-
¡Maldita sea!
-
¡Recuerda que el jefe lo quiere vivo, Johnson! - grito una voz a su costado. Harry respiraba dificultosamente a causa del dolor en su pierna, pero tomando una bocanada de aire, le propino un puño en el rostro a su agresor. El hombre lanzo una blasfemia al aire y su otro compañero arremetió contra el, dándole patadas en el tórax y el abdomen.
-
Te quieres pasar de listo, ¿eh Potter? - le espetó su agresor, golpeándolo con más fuerza - Pues…conmigo…no…vas…a…lograrlo - Harry gateo lejos de los golpes, pero aquel hombre le propino una patada justo en su hombro lesionado, ahogándolo con un grito de dolor.
Sin pensarlo dos veces y con la poca fuerza que le quedaba, se saco el cuchillo de su pierna y lo clavo en el pie del mago oscuro.
- ¡Maldito hijo de puta! - Harry se incorporo del suelo dando arcadas y tomando una piedra, le dio con ella en todo su cráneo. Un charco de sangre se formo a su alrededor cuando su cuerpo cayo sin vida.
Su otro agresor se levantaba grogui a causa del puño que le había propinado.
- Veo que eres bueno, aun sin varita Potter - le espetó Johnson, limpiándose la sangre que brotaba de su nariz con el dorso de su mano - Pero no tanto como yo - y saco una pequeña navaja de bolsillo. Harry tomó el cuchillo que seguía clavado en el pie del otro hombre y lo levantó sobre su hombro. Johnson corrió contra el con la intención de clavarle aquella navaja en alguna parte de su cuerpo, pero Harry se agacho por debajo de su brazo y le enterró el cuchillo en todo el cuello.
Aquel líquido espeso comenzó a brotar sin premura, manchando todo a su paso. Harry soltó con asco el cuerpo inerte de Johnson y acercándose a un árbol frondoso, se arrodillo, para vomitar bilis al lado de un matorral.
Se sentía asqueado, sucio. Había asesinado como un vil muggle, aquellas armas eran peor que un Avada Kedavra.
Se quito la gabardina y la utilizó como torniquete sobre su pierna herida, la cual botaba sangre como si de una llave descompuesta se tratase.
Trato de respirar hondo, pero cada vez que lo hacia, el dolor en el tórax y el abdomen era peor. Ahora entendía porque le exigió venir solo: si más hombres seguían esperándolo, al llegar a la caverna ya no iba a quedar nada del maltrecho Harry Potter. Pero no le importo, tenía que seguir adelante así le costará su vida, tenía que verlas por lo menos por ultima vez.
Pero antes de irse, tomo el cuchillo del cuello de Johnson, sabía que más adelante le podía ser útil. Siguió caminando hasta el final del sendero y salió del bosque. Cojeaba a causa de su pierna mala y los golpes en el pecho no le permitían respirar rítmicamente. Vislumbro a lo lejos las cavernas y una "alegría" surgió en su pecho.
Apretó con fuerza el cuchillo una vez se acerco lo suficiente a la entrada y espero que alguien saliera de alguna esquina y le enterrara alguna arma blanca, pero nada sucedió. Desconfiando de su suerte, se adentro en la cueva, que lo absorbió en una oscuridad total.
Aun su rostro le dolía, pero trataba de no demostrarlo para no preocuparla.
-
¿Segura que estas bien? - le preguntaba su madre en una esquina oscura. Sarah asintió.
-
Si, Hermione. Estos golpes no son nada…- la castaña soltó una risita.
-
Lo dices como si hubieses pasado por cosas peores - y cerró los ojos a causa de la jaqueca tan repentina que le dio.
-
Hermione, ¿puedo preguntarte algo?
-
¿Dime?
-
¿Crees que saldremos vivas de esto? - la castaña guardo silencio y suspiro.
-
Espero que sí, Sarita, espero que sí.
*"…Si no eres cauto, cuando entres a la caverna, te perderás fácilmente si no sabes lo que buscas..."*recordó las palabras grabadas. El manuscrito había tenido razón: la magia no funcionaba en ese lugar y el bosque en cierta forma tenía vida propia. "*Perderme si no sé lo que busco"*recitó en su fuero interno y pensó en ellas.
Claro que sabía lo que buscaba, pero no creía que aquello fuese útil en esos momentos. La caverna era enorme, tenía más de treinta y dos pasadizos y en cualquiera de ellos podrían estar Sarah y Hermione, ¿Cómo diablos se suponía que las iba a encontrar? Además, su pierna le dolía como un demonio y la oscuridad no le permitía ver los pequeños huecos que se formaban en el suelo.
En su subconsciente tenía el rostro de ellas, cada paso que daba era por ellas y como si sólo la fuerza de su corazón fuese suficiente, las paredes laterales comenzaron a moverse, cerrándole el paso. Harry tuvo que correr hacia adelante para no ser aplastado por ellas y maldijo a lo bajo cuando tropezó con una enorme roca que se encontraba clavaba en el suelo.
-
¡Mierda! - exclamó, examinándose la pierna lastimada minutos atrás por el cuchillo de aquel hombre. Se encontraba ensangrentada y le dolía como un demonio.
-
¿Harry? - grito una voz en la lejanía. El moreno escudriño los ojos en la oscuridad y negó con la cabeza; ya el dolor le estaba produciendo alucinaciones.
Hermione se encontraba grogui a causa de los golpes y la jaqueca que le azotaba la cabeza, y por ende creyó que estaba soñando cuando escucho su voz en la lejanía.
-
¿Escuchaste eso? - Le preguntó su hija, a su costado - Es la voz de Harry - Hermione negó con la cabeza, claro que no era el, no podía ser el, él no sería tan tonto de venir solo para enfrentarse a Shaoran.
-
¿Harry? - grito Sarita y Hermione quería decirle que se callara, que podía ser una trampa y como apoyando su moción, la puerta de la celda se abrió sin explicación alguna.
¡Sarah…cállate! - le ordeno su madre, tomándola fuertemente de la mano - Puede ser una trampa.
- ¿Pero si de verdad es Harry? ¡Harry! - volvió a gritar y la castaña odio que ella hubiese heredado esa testarudez de su padre.
Al volver a escucharla, su fuero interno le grito que no era una alucinación, que era su hija.
-
¿Sarita?
-
Harry, estamos aquí - el moreno se incorporó con dificultad del suelo y viró hacia la derecha, siguiendo la voz de la niña.
-
Sígueme hablando, ¿Dónde te encuentras?
-
No lo sé, no puedo ver nada, Hermione esta muy débil para caminar.
Harry se imagino lo peor - Pero ella… ¿esta inconsciente?
-
No, pero le duele mucho la cabeza…- Harry corrió al lado contrario cuando la pared del frente comenzó a moverse y giro a la izquierda una vez el pasadizo de atrás desapareció.
-
¿Qué es ese ruido?
-
Las paredes se mueven - le exclamó su padre - Pero no salgan de donde estén - subió por unas empinadas escaleras de piedra y volvió a girar a la derecha. A lo lejos vislumbro una especie de celda y varias sombras moverse en su interior.
Corrió como pudo hacia ese lugar y sus ojos se anegaron en lágrimas al verlas ahí, tumbadas en el suelo y con las manos entrelazadas. Abrió la puerta con sorna, alerta de cualquier cambio, pero nada ocurrió.
-
¡Sarita, Hermione! - Exclamó sin aliento y se abalanzó abrazarlas - ¿Están bien? - les preguntó, mirando primero a su primogénita y después a su castaña. Las dos se encontraban muy mal trechas, pero a simple vista podía ver que la que había recibido mayor maltrato había sido Hermione.
-
¿Quién les hizo esto? - les preguntó, tocando el rostro de cada una. Sarah se encogió de hombros.
-
Fue…Shaoran - le susurró la intelectual y Harry sintió como su sangre comenzaba a hervir por dentro.
-
Cuando encuentre a ese hijo de…
-
Sólo salgamos de aquí - le pidió la castaña en baja voz. Harry asintió.
-
Sarita, toma el otro brazo de tu mamá, ¿de acuerdo? Y ayúdame a levantarla - la niña asintió y entre los dos incorporaron a una débil Hermione.
-
Tu…tu pierna… ¿Qué…qué le paso? - le preguntó la joven, observando la forma en la que caminaba el ojiverde. Harry se encogió de hombros.
-
No es nada, sólo…eh…me tropecé al venir acá, es todo - salieron de la celda y el moreno trato de seguir sus pasos, pero se percato que los pasadizos habían cambiado de sitio o eso era lo que le parecía.
-
Vengan, por acá - con la ayuda de la niña, casi que arrastraban a Hermione hacia la salida, ya que la joven se encontraba tan débil que sus piernas no le reaccionaban.
-
Harry… ¿viniste…solo? - le preguntó la ex Gryffindor, abriendo los ojos en la oscuridad. Potter tragó saliva.
-
Sí…eso decía la carta, ¿no? - Hermione negó con la cabeza.
-
¡Eso era lo que el quería…tu…no debiste hacerle caso! - Le espetó con rabia - Sabes que…quizá no tengas una oportunidad con el - y sus lagrimas comenzaron a brotar de sus ojos chocolates. Harry la tomó por la cintura, obligándola a que lo mirase. Sarita tuvo que dejar de sostenerla.
-
Hermione, sabes que yo haría hasta imposible por salvarlas, iría hasta el fin del mundo con tal de estar con ustedes.
-
Pero… ¿si no tienes oportunidad, si te…si mueres?- Harry tomó su rostro entre la oscuridad y le deposito un corto beso en los labios.
-
No es un beso de despedida, si no de promesa - le dijo a lo bajo, acariciando su rostro ensangrentado - Pronto esto terminara, te lo prometo.
-
¡Harry, mira!
-
le espetó su hija, señalando hacia un recodo de la caverna: una escasa luz se filtraba al final del lugar. Sarita volvió a tomar a su madre por la cintura y juntos caminaron hacia lo que parecía su salvación…
La oscuridad de la noche era tan similar que en la caverna, la luna se encontraba oculta por nubes grises, y solo unas cuantas estrellas iluminaban el lugar. Harry miró hacia ambos lados: el lugar se encontraba desierto, a lo lejos podía ver los árboles que conducían al bosque encantado y escuchaba con claridad el feroz riachuelo que discurría a varios pies de la caverna.
Las Cavernas de Chislehurst se encontraban sobre una especie de acantilado que media más de 30 pies de altura. Cualquiera que tuviera la desgracia de caer por el, se encontraría con un feroz riachuelo que lo conduciría hacia el pueblo de Pothgert, pero claro esta, sin vida.
Harry sacó su varita del bolsillo y miro a su hija a los ojos.
-
Sarita, necesito que seas valiente - le pidió su padre en un susurro. La niña asintió.
-
Tu madre no puede caminar hasta el pueblo, esta muy débil. Iría yo a pedir ayuda, pero no me puedo arriesgar a dejarlas, así que…
-
¡No Harry! - Exclamó Hermione, al captar las intenciones que tenía el moreno - ¿Cómo puedes pensar en eso? ¡De ningún modo! Es sólo una niña.
-
¡Pero no las puedo dejar aquí solas mientras busco ayuda!
-
Yo caminare, no estoy tan débil - le espetó castaña - Podemos llegar los tres juntos al pueblo y…
-
Pero Hermione, mírate cómo éstas, no resistirías ni cinco minutos caminando…
-
¿Y Sarita si lo haría?
-
Ella es la única que…- pero se calló, al sentir que su varita le era arrebatada. Ambos observaron como la niña se incorporaba del suelo con el artefacto mágico en su mano derecha.
-
¿Dónde queda el pueblo?
-
¡Sarita, no!
-
Hermione, Harry tiene razón, yo soy la única que me encuentro en las mejores condiciones para pedir ayuda.
-
¡Pero eres sólo una niña! - le grito su madre con lagrimas en los ojos.
-
Créeme que después de todo por lo que he pasado, no me siento como tal.
-
Pero ni si quiera tienes magia, no haz cumplido la mayoría de edad reglamentada por el Ministerio…
-
Soy su hija ¿no? Soy hija de uno de los mejores magos de la historia y de la bruja más inteligente que a tenido el mundo mágico - Hermione se ruborizo al escuchar el cumplido.
-
Hermione, por favor, confía en mi - la castaña no sabía qué decir, tenía miedo, mucho miedo de perderla de nuevo.
-
Sólo cuídate, ¿de acuerdo? - la niña asintió y le preguntó al ojiverde hacia donde tenía que ir.
-
Camina por el bosque, no creo que tengas problemas en llegar - y miro inconscientemente su pierna herida -Son como veinte minutos de caminata, cuando llegues al pueblo entra a la iglesia y pídele ayuda al padre - Sarita asintió - Y…no sobra decirte que te cuides - la niña volvió a sentir y sonriéndole a sus padres, corrió hacia el bosque. Pero justo en ese momento, una flecha surco los cielos y le cayó de lleno en su hombro derecho.
-
¡Sarita! - grito la castaña, desgarrándose la garganta.
-
Como son de descuidados los padres de hoy en día - comentó una voz, saliendo de la parte de atrás de las cavernas - Mira que mandar a una niña de diez años para que pida ayuda…bueno, es muy cobarde de tu parte.
-
¡Shaoran! - murmuró el moreno entre dientes. El joven castaño se encontraba con un arco vacío en su espalda y una sonrisa de suficiencia en su rostro.
-
Debo admitir que mi plan original era lanzar la flecha hacia ti, porque creí que como buen hombre de familia ibas a buscar ayuda; pero que grata sorpresa recibí al ver a tu pequeña primogénita correr hacia el bosque - Harry se incorporó y tumbo a ese malnacido al suelo. Sus manos se cernieron alrededor de su cuello.
-
Maldito…hijo…de…puta - balbuceaba, oprimiendo más sus manos sobre su hueso hioides - Te juro…que…
-
¿Que…cof…me…cof…vas…a…cof…jurar? - Le preguntó su interlocutor, dando con dificultad bocanazos de aire.
-
Te voy a matar aquí mismo - y justo cuando la vida de Li Shaoran se discurría entre sus manos, un grito a su costado lo desoriento, perdiendo el agarre en su cuello y recibiendo un golpe en su rostro.
-
¿Crees que…cof…vas a matarme? - Le espetó Shaoran, propinando dos, tres, y cuatro golpes en su mandíbula, nariz y mejillas - Creo que…cof…otro va a morir…cof…primero - aún le costaba respirar y con cada golpe, una bocanada de aire entraba a sus pulmones.
En medio de los golpes, Harry giro su cabeza hacia donde se encontraba Hermione y se percato de que ya no estaba.
Como si una fuerza invisible le albergara su interior, empujo a Shaoran lejos de su cuerpo y se incorporo con dificultad. Tomó el cuchillo que había tirado a causa del primer impacto y arremetió contra el, pero alguien lo ataco por la espalda, enterrándole una nueva arma blanca en su pierna buena.
Shaoran se limpio la parte trasera de su cabeza, que había recibido el impacto por el empujón y se acerco con parsimonia a un magullado Harry.
-
¿Sabes que es lo bueno de trabajar en equipo? - y se arrodillo a su lado, posando con firmeza sus manos contra las piernas lastimadas de su adversario - Que la otra persona no sabe que existe un equipo - y soltó una carcajada, tras escuchar los gritos de dolor que profería el moreno.
-
Pero no quiero que mueras sin antes ver como asesino a las dos mujeres que amas - le expresó, retirándose de su lado y acercándose a una Hermione que forcejeaba a los agarres de sus opresores - Debo admitir que primero quería matarte y dejar a Hermione de ultima para que viera toda la masacre, pero me dije a mi mismo que sería más gratificante ver tus lagrimas de dolor tras la perdida de estas dos, así que…- se acercó amenazadoramente a la castaña y le pidió a sus hombres que la dejaran, estos obedecieron, tumbándola al suelo.Shaoran sacó de sus vaqueros una navaja de bolsillo y sin pudor le arrancó la blusa blanca que traía la castaña puesta, dejando al descubierto sus pechos.
-
Siempre me han encantado - y deslizo sus manos por ellos, deleitándose con el miedo que discurría por todo su cuerpo - Hace años que quería disfrutarlos…- bajo una de sus manos por el costado de su pierna y empezó a desabrochar los botones de su pantalón.
Hermione trataba de zafarse, sin éxito, de su agarre. Sentía que las nauseas subían por su garganta con cada caricia que ese hombre le daba y quería meterle un puño, pero sus manos se encontraba inmovilizadas a su espalda.
Harry apretaba los dientes y quería hacer algo, pero esos dos hombres lo sujetaban contra el suelo, apretando sus puños en las heridas de sus piernas.
- ¡Hermione! - gritó, con la última fuerza que le quedaba y automáticamente llevó sus ojos hacia el cielo, observando como la luna llena salía entre las esponjosas nubes grises…
Todo el escenario cambio de un momento a otro, Shaoran soltó a Hermione y con una mirada de triunfo observo la luna llena que vislumbraba en lo alto del cielo. Su brillo era abismal, atribuyéndole la victoria en ese fría y lúgubre noche.
Sintió un escalofrío recorrer toda su espina dorsal, sus manos se encorvaron en un puño convirtiéndose en unas garras, y su espalda se arqueo en un gesto inhumano.
Hermione observo como sus ojos claros perdían su brillo y acto seguido dio un grito cuando sus facciones comenzaron a cambiar. Aprovecho que ya no se encontraba sobre su cuerpo y giro en la tierra, muy lejos de aquella cosa que se estaba transformando.
Shaoran profirió un grito de dolor al sentir el cambio en lo más profundo de su pecho, sus músculos se desgarraban con cada curvatura de sus miembros y su rostro dejo de ser humano para dar paso a una bestia, una bestia que desde hace siglos era objeto de pesadillas en más de un millón de personas.
Los hombres al lado de Hermione dieron un grito de asombro y sin pensarlo dos veces, se dieron a la fuga corriendo hacia el bosque.
Li Shaoran se percató del miedo que discurría por esos patéticos hombres y de un salto les cerró el paso.
Primero los miro atentamente, desordenando sus recuerdos humanos para ver si se encontraban en algún recodo de su mente, pero al ver que no eran importantes para el, arremetió contra ellos directo a su cuello.
Harry escuchaba sus gritos y las suplicas de ayuda muy lejos de ahí, pues su conciencia ya lo estaba abandonando.
-
Harry - le gritó la castaña, acercándose con dificultad - Harry, amor… ¿estas bien? - el moreno entre abrió los ojos y vislumbro una silueta en medio de la oscuridad.
-
Her…Her…Her…- pero lanzó un grito de dolor al sentir un fuerte martillazo en su cabeza - ¡Aléjate! - le pidió el moreno, cerrando con fuerza sus ojos - ¡Aléjate!
-
Pero Harry…
-
Toma…a Sarita y…manténgase…le-lejos - su sangre hervía dentro de sus arterías y venas y sintió que su temperatura corporal subía a 120 grados centígrados. Apretó sus puños y profirió otro grito. Algo en su rostro se movía, era como si sus facciones estuviesen cambiando, como si se estuviese transformando…
Hermione trató de zafarse de su agarre para liberar sus manos y cuando lo hizo, corrió hacia la esquina del bosque, arrodillándose a un lado del cuerpo inconsciente y ensangrentado de su hija.
Su respiración era acompasada y muy débil, Hermione trago sus lágrimas y retiro con fuerza la flecha que había caído en todo el omoplato del infante. La sangre no se hizo de esperar, por lo cual la castaña se quito su rasgada blusa y realizo una especie de torniquete alrededor de la herida para contener la hemorragia y la acuno entre sus brazos. Luego miro al cielo y ahogo un grito de horror al ver el rostro de Harry: No estaba transformado en su totalidad, no era un hombre lobo, pero sus facciones ya no eran humanas, había perdido el peculiar brillo de sus ojos esmeraldas y las venas sobresalían de su rostro, grandes y gordas.
Harry se arrodillo en medio del terreno y apretó con fuerza sus puños. No tenía garras, ni mucho menos su cuerpo estaba cubierto de pelo, pero algo en su interior era diferente, sentía una adrenalina y fuerza que hace pocos minutos no creía tener y podía ver con mayor claridad en la oscuridad. A lo lejos, vislumbro a Hermione con Sarita entre los brazos y sonrió. Podía reconocerlas, tenían aún su conciencia de humano, sabía que no era un licántropo, pero tampoco volvería a ser igual en las noches de luna llena.
Escuchó los últimos gritos de piedad por parte de aquellos pobres hombres y después, nada.
El licántropo giró sobre sus talones, para encontrarse cara a cara con aquel hombre que por una extraña razón seguía en pie y consciente.
Algo extraño tenía ese Potter que le incomodada, no sabía qué, pero lo único que quería era hincarle el diente y arrancarle a pedacitos toda la piel hasta que quedara en carne viva.
Dando un aullido a la luna, arremetió contra él brincando sobre sus patas traseras, tal cual bestia.
Harry viro a la izquierda esquivando el ataque de su oponente y tomó un nuevo cuchillo del suelo, que seguramente le pertenecía a los hombres, cuyos pedazos yacían desparramos por toda la tierra.
Shaoran se detuvo antes de chocar contra la fría roca de la cueva y lo miro desafiante. Nadie se burlaba de él, ni mucho menos ese Potter.
El moreno sonrió con suficiencia y le hizo señas con las manos para que se acercara, tenía un plan e iba apostar por la fuerza inexplicable que sentía en su cuerpo, para llevarlo a cabo.
La bestia corrió hacia él dando grandes zancadas, el viento azotaba con fuerza su cuerpo peludo y sentía la sangre hervir, deseoso de volver a probar su carne de nuevo.
Cuando hombrey bestia colisionaron, Hermione no pudo evitar cerrar los ojos, pues pensaba lo peor, temía por Harry.
El licántropo clavo las garras en su pecho, provocando que el ojiverde proclamara un grito de dolor.
- ¡Harry! - grito Hermione, con lagrimas en los ojos. El moreno jadeo con dificultad y tomando la fuerza que seguía presente en el interior de su corazón y su cerebro, tomo el cuchillo y se lo clavo en todo el ojo izquierdo a su agresor.
La bestia profirió un mugido lastimero, gruño con furia y boto babaza por las comisuras de sus fauces. La sangre tibia cayó de lleno en el rostro del moreno y este sonrió con satisfacción.
- Al parecer no eres el único que esta noche se ha transformado - le espeto, con una sonrisa triunfal en el rostro.
El hombre lobo lanzó un aullido descomunal hacia el cielo y justo cuando iba a hincar sus dientes en el rostro del moreno, sintió que algo se clavaba en su espalda. Furioso, descontrolado por el dolor, dejo a su adversario solo y giro sobre sus talones para atacar al nuevo contrincante y gruño con furia al verla ahí parada, con los puños apretados y la cara magullada a causa de los anteriores golpes.
Sin pensarlo dos veces, sin meditarlo si quiera y maldiciéndose a lo bajo por no haberla matado antes, embistió hacia ella.
- ¡A…Hermione…no! - grito el moreno, incorporándose del suelo. A grandes zancadas lo alcanzó y antes de que éste se lanzará contra Hermione, el ex Gryffindor saltó y lo tomó por la parte trasera de su cuello. La bestia lanzó un gruñido y trato de zafarse de su agarre, lastimando los brazos con sus garras, pero era inútil, aquel hombre se había aferrado a él y no estaba dispuesto a soltarlo.
En frente de ellos se encontraba el acantilado, a solo unos cuantos pasos y Shaoran sonrió para sus adentros. Si quería verlo muerto, se lo llevaría con él.
Cuando Harry se percató de la idea que había surgido en la cabeza de aquel malnacido, ya era demasiado tarde: el viento golpeaba con fuerza su cuerpo, a medida que iban cayendo estrepitosamente hacia el vacío.
A lo lejos, la voz de Hermione gritaba su nombre…