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Amores Cruzados — capítulo 44

Buenas tardes mis queridos lectores!

Para revindicarme con ustedes, les traigo este nuevo capitulo, recien salido del horno y con 15 hojas en word! Pero primero que nada, quiero agradecerles a: Ika, victorita y Ome por sus hermosos comentarios, ya estaba conciente de que quizá no recibiera ninguno después de la tardanza, pero ver sus palabras me anima a continuar :D muchisimas gracias!! Les tengo que comentar que esta historia ya va a llegar a su final, realmente sólo resta uno o dos capitulos, más el epilogo, así que espero que disfruten de lo que queda del viaje!

Un beso!

Advertencia: El siguiente capitulo contiene escenas de lemmon implicito y un po co explicito , al igual que vocabulario s ubido de tono. Si eres menor de edad, lees bajo tu propia responsabilidad , la autora se excluye de cualquier transtorno formado a lar go pla zo (xD)

44

La carta de medianoche

Luna trago saliva y miro a Thonks de reojo para pedir ayuda.

  • Harry, cálmate

  • le sugirió la aurora con el cabello en tono rosa pastel - Si nos dices qué pasa…

  • ¡No se hagan los inocentes! - Vocifero el moreno con las cuencas desorbitadas - ¿Por qué mierda no la protegieron? - los ojos de Luna se anegaron en lagrimas, ya entendía todo.

  • Harry… - balbuceo, pero las palabras no salían de su boca ¿Cómo decirle a un amigo que se había equivocado, que la perdonara por su error?

  • Todo fue un plan - hablo Thonks con voz pastosa - Manipularon a Arthur para que desactivara los hechizos protectores y…así llevarse a la niña - Harry se agarró la cabeza con firmeza, ya que fuertes martillazos golpeaban su cráneo.

  • Señor Potter - le hablo la sanadora, tocando su hombro - Cálmese, usted aún esta muy convaleciente y necesita descanso - pero el moreno se zafó de su agarre, empujando su hombro, pero cuando lo hizo, un dolor insoportable subió por toda su espina dorsal hasta llegar a su cerebro: había movido con brusquedad justo el hombro que se encontraba suturado a causa de la aquella mordida.

  • ¡Mierda!

  • Señor Potter, no se mueva, las suturas se descocieron.

  • ¡Oh, por Dios! - exclamó Luna al ver la sangre brotar por la herida abierta de su amigo - Oh por Dios - y tuvo que voltear la cabeza para no marearse.

Harry apretó los dientes al tiempo que la sanadora le daba unos golpecitos en el hombro con su varita. Sintió como miles de agujas atravesaban su cuerpo sin compasión para poder cerrar la herida.

-Harry, te vamos a explicar todo, pero sólo vuelve a la cama - el moreno se mordió el labio inferior y maldijo a lo bajo cuando sintió un breve mareo.

Con ayuda de la Sanadora y Remus, Harry regreso a su cama a los diez minutos. Aún en su cabeza seguían esos fuertes martillazos, pero tomando fuerzas de donde no tenía, abrió los ojos y miro con veneno a Luna.

  • Harry…

  • Se supone que tenían que protegerla…ustedes y….los Weasley...

  • Y eso hicimos Harry - le aseguro la rubia con los ojos llenos de lagrimas - Pero…no previmos eso…yo…no me encontraba en la Madriguera y fue Ginny y la señora Weasley quien defendieron a Sarita pero…al parecer era más de uno y…

  • ¿Dónde están ellas? ¿Dónde esta Arthur? - inconscientemente sintió unas ganas horribles de ahorcarlo. Si tan sólo hubiese tomado precauciones para que no lo poseyeran, si tan sólo hubiese sido más fuerte, quizás su hija estaría a salvo.

  • La señora Weasley ya esta consiente, pero ni Ginny ni Arthur han despertado. Ron se debe encontrar con ellos - le dijo Remus. Harry apretó los labios con fuerza.

  • Pues ojala que nunca despierten - dijo a lo bajo y Luna ahogo un gritito.

  • ¿Cómo eres capaz de desear eso jovencito? - le espetó su antiguo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras

  • Te desconozco Harry. Ginny casi muere por proteger a tu hija y Arthur…seguramente si hubiese estado en sus manos evitar todo…

  • ¡Pero no lo hizo! - Escupió con furia - ¡Tenía que haber sido más fuerte, resistirse a la maldición! ¡Es igual de cobarde que su hijo! - ¡pum!, su cara giro bruscamente hacia la derecha después de recibir una fuerte puñetazo que le lacero el labio.

  • ¡No sabes una mierda, Harry! - exclamó Luna, con los ojos vidriosos. Le dolía la mano a causa del golpe, pero no le importaba, sabía que a él le había dolido más.

  • ¿Cómo puedes si quiera decir eso? ¡Por el amor de Dios, es de Arthur Weasley de quien estas hablando! - y limpió varias lagrimas que resbalaban por sus mejillas con el dorso de su mano.

  • ¡Eres un desagradecido hijo de puta! - y sin agregar nada más, salió a grandes zancadas de la habitación.

Ninguno de los presentes dijo nada, es más, hasta la sanadora que se encontraba examinando la herida de Harry, guardaba silencio. El moreno se limpió la sangre que brotaba de su labio partido y se encogió de hombros. Jamás había pensado que algún día Luna Lovegood le iba a propinar un golpe de tal calibre, podía aceptarlo de Thonks, pero de Luna…

Después de visitar a su hermana en el cuarto de "Cuidados Intensivos", se dirigió a la habitación en donde se encontraba Harry, pero en el camino se tropezó con una llorosa Luna.

  • Oye, ¿Estás bien…? - pero la rubia sólo le lanzo una mirada de odio y manoteándolo, siguió derecho.

Ron entro a la habitación algo consternado por la actitud de Luna, ¿seguiría enfadada por la discusión de la última vez?

  • ¿Ustedes saben…? ¿Harry, qué te paso en el labio? - le preguntó, abriendo los ojos como platos al ver el pañuelo que sostenía lleno de sangre.

El moreno rodo los ojos - Tu novia, que me propino un puño - Ron se ruborizo por escuchar esa palabra.

  • ¿Por qué? ¿Qué le hiciste? - Harry se encogió de hombros y siguió limpiándose la herida.

  • Harry ya sabe todo, Ron - el Weasley abrió los ojos como platos y deseo que lo tragara la tierra - Y éste se comporto como un idiota e insulto a Arthur y a ti y pues…Luna los defendió - el pelirrojo esbozo una amplia sonrisa. A pesar de que se encontraba avergonzado porque Harry ya sabía la verdad, le complacía mucho que Luna lo hubiese defendido, después de todo lo que le dijo.

  • ¿En serio?

  • Luego miro amenazadoramente a Harry - ¿Qué dijiste de mi padre, Potter? - el ojiverde arrugo la frente y movió la cabeza.

  • Eso no importa…yo…estoy muy mal por lo de Sarita y…- varias lagrimas resbalaron por sus mejillas y se perdieron en el camisón.

  • ¡Necesito encontrarla!

Su mano le dolía horrible, sentía unas palpitaciones agitadas que se aglomeraban en todo el sitio que propino el golpe y se preguntó porqué diablos lo había hecho. Pero luego recordó el porque y callo sus pensamientos.

Sí, era obvio, amaba a Ron y todo lo que tuviera que ver con el y escuchar como Harry insultaba a Arthur y a su hijo había sido la gota que derramara el vaso.

Ya no lo soportaba, ya no soportaba a ese pretensioso, arrogante e insensible hijo de puta, que lo único que le importaba era su felicidad y no veía lo mucho que otros sacrificaban para otorgársela.

Abrió con aplomo la puerta y la vio a ella ahí tendida como una frágil muñeca, siendo monitoreada constantemente por diversos aparatos. Una de sus piernas se encontraba enyesada y su cabeza vendada a causa de los golpes que había recibido. ¿Cómo era posible que ese maldito insensible le echara la culpa a ella por no haberla protegido como debía? ¿Acaso estar al borde de la muerte no era un acto heroico? ¿Acaso el único héroe que debía existir en el mundo mágico era él?

  • Maldito Harry Potter - y tomó con sorna una mullida butaca y se sentó a un costado de su amiga - Oh Ginny, si vieras el aspecto que tienes - y tomo su mano para acariciarla - Recupérate pronto, ¿quieres? ¡Te extraño!

Arthur Weasley despertó de su letargo dos días después de lo acontecido en la Madriguera. Todo a su alrededor le daba vueltas y era muy difícil no sentir nauseas.

  • Señor Weasley, que gusto tenerlo de nuevo con nosotros- le dijo un sanador, sonriéndole. Arthur tosió con dificultad y acto seguido vomitó en el borde de su cama. Las nauseas desaparecieron después de eso.

  • Es una buena señal - le comentó el sanador, desapareciendo los residuos estomacales de la cama, con un movimiento de su varita - Eso quiere decir que las pociones surtieron efecto - Arthur levantó el entrecejo y el sanador anoto algo en varios pergaminos.

  • Usted estuvo bajo la maldición Imperius - le comunicó con suavidad - Y le administramos varias pociones para sacar los residuos que tuviera aún en su hipotálamo. Me explico: todos los hechizos manipuladores funcionan sólo cuando llegan a la corteza cerebral, las personas que están bajo la maldición, hacen lo que quieren sólo porque el hechizo se transformo en una especie de sustancia gris y se unió a los neurotransmisores. Las pociones lo que hacen es entrar a la corteza cerebral y arrastrar consigo todo rastro de la maldición, y lo expulsan fuera del cuerpo por medio de mecanismo mecánicos como el vómito o la defecación - le tomó la temperatura con su varita y anoto el resultado con su pluma sobre los pergaminos.

  • Voy anunciarle a sus familiares que ya esta consiente. Con permiso- y sin más, se retiró, dejando a Arthur con muchas cosas en qué pensar.


Desde que Sarita se arrastró a su lado ningún de las dos decían nada, pero se debía más que todo porque Hermione se encontraba amordazada y sin poder hablar.

Luego de varios minutos que parecían horas, las vendas en sus ojos se cayeron sin previo aviso y sus ojos se anegaron en lagrimas al ver, entre la oscuridad, el rostro de su pequeña niña.

  • ¡Sí eras tu! - Le dijo la pequeña, sonriéndole - ¡Oh, Hermione, tenía mucho miedo! La castaña quería hablarle, pero esa maldita venda no la dejaba, deseaba que se cayera al igual que la de sus ojos. Y como si sus pensamientos fueran ordenes, la venda se fue deslizando por la comisura de los labios hasta desaparecer en el aire.

  • ¿Pero que diablos…?

  • Eso mismo ocurrió cuando llegue aquí - le dijo la niña con un bajo tono de voz - ¡Este lugar tiene magia! - Hermione miro hacia ambos lados y noto que se encontraban en una cueva lúgubre y húmeda, como en la de sus sueños.

  • ¿Sabes dónde nos encontramos? - la castaña negó.

  • No, pero debe estar bajo tierra, y algún riachuelo debe estar cerca,porque filtra agua - Saritaasintió.

  • Si, eso mismo supuse. Hermione… ¿Sabes como esta Ginny? - ella negó.

  • Ni sabía que tú estabas aquí. Yo creí que me encontraba sola. ¿Qué paso? - y Sarita le contó todo lo acontecido en la Madriguera: desde la interrupción del señor Weasley hasta la tortura que Shaoran le había hecho a Ginny.

  • ¿Y sabes qué es lo más extraño? Que su cara me parece familiar, pero…no lo recuerdo muy bien - Hermione se mordió el labio. Sarita nunca había visto a Shaoran hasta ahora, ¿Por qué decía eso?

Escucharon como varios pasos se acercaban hacia ellas y guardaron silencio.

  • ¡Maldita sea! - exclamó el castaño al verlas sin las vendas - De tal palo tal astilla ¿no? ¿Por qué no le advertiste que no se tenía que quitar las vendas? ¿Acaso no ha visto tu carita? - Sarita se encogió de hombros y se refugio en la oscuridad. Hermione arrugo el ceño y trato de verla, pero esta la evitaba.

  • ¿Qué le hiciste a mi hija? - le exigió la ex Gryffindor con fiereza. Shaoran sólo se encogió de hombros.

  • Ella tiene que aprender a ser obediente - le explico y sacando su varita de los vaqueros, apuntó a la niña con ella.

  • ¡Ni se te ocurra hacerle daño! - le espetó la castaña con el rostro crispado - Te juro que si la lastimas yo…

  • ¿Tu qué? - le preguntó desafiante, entrando a la pequeña celday acercándose con peligrosidad - ¿Qué podrías hacer, Hermione? ¡Sólo mírate! - y le señalo las cuerdas con las que se encontraba atada - ¡Estas indefensa! - Hermione se retorció para liberarse, pero por cada movimiento, surgía un nuevo apretón.

¡Testaruda! - y con un movimiento de su varita, la levantó del suelo.

  • ¡Hermione!

  • Creo que eres igual de terca que tu hija ¿no? Aunque bueno, eso ella lo heredo de ti - y la empujo con fuerza hacia la pared, produciendo un eco en toda la lúgubre cueva. Hermione se encogió de hombros al sentir que algo tibio brotaba por el borde de su ojo y de su labio: sangre.

  • ¡No la lastime! - le exigió Sarita entre lagrimas, pero Shaoran le hizo caso omiso y siguió azotándola contra la pared de piedra.

Tiene…que…aprender…a…obedecer…las…reglas - espetaba entre dientes y por cada palabra, un nuevo azoton se asomaba. La mitad del rostro de la castaña ya se encontraba irreconocible a causa de la sangre que brotaba a borbotones por la comisura de su labio, el borde de su ojo derecho y su hueso temporal.

  • ¡Por favor, deténgase! ¡Ella no hizo nada! ¡La cueva lo hizo! - Le explico Sarita desesperada - Ocurrió lo mismo conmigo ¡Tiene que creerlo! - Shaoran chasqueó la lengua y tumbó a una magullada Hermione al suelo.

  • Sólo dos días - dijo a lo bajo y salió de aquella pequeña celda.


  • ¡Li Shaoran! - exclamó la pelirroja, sobresaltando a una dormilona Lovegood. Luna abrió los ojos como platos y toco la frente de su amiga.

  • ¡Haz vuelto! -espetón y salió a la puerta llamando a gritos llamando a gritos a algún sanador.

  • Señorita, es mejor que se retire - le sugirió el sanador a cargo y una practicante la saco de la habitación.

Luna temblaba de pies a cabeza, su cerebro trataba de funcionar más rápido de lo normal, recordando palabras difusas que había escuchado en un tiempo que ahora le parecían de antaño.

¿Qué había dicho ella? ¡Li Shaoran! La castaña siempre había tenido la razón.

Corrió por los pasillos del hospital ignorando las advertencias que le gritaban las sanadoras, tenía que decírselos, tenían que saberlo.

Llego a la sala de Mordeduras con el corazón en las manos y todos los presentes la miraron desconcertados.

  • ¡Es él, Hermione siempre tuvo razón!

  • ¿De qué hablas, Luna? - la rubia trago saliva y apoyo su espalda contra una de las paredes de la sala.

  • Shaoran. Es el…el tiene a Sarita y seguramente a Hermione.

Harry abrió los ojos como platos. ¿Shaoran tenía a quien?

  • ¿Cómo dices luna? ¿Qué Shaoran tiene a mi hija y a Hermione? - preguntó, sin dar crédito a sus palabras. Cerró los ojos, tapándose el rostro con sus manos. No podía creerlo, primero Sarita y ahora ella…ese malnacido no las podía tener prisioneras. Luego recordó un sueño, un sueño muy lejano que había tenido hace mucho tiempo: una cueva y unos gritos era lo único que martillaban en su cabeza.

  • ¡Tengo que ir a buscarlas! - Gritó desesperado y se incorporó de la cama, pero Remus y Ron lo detuvieron - ¡Suéltenme! ¡Tengo que rescatarlas!

  • No puedes hacer nada en tu estado - le espetó Remus con hastío - Deja que resuelva esto, voy a llamar al Ministerio - y salió de la habitación, seguido por Luna.

Aún la mano de Ron seguía sujetando a Harry, no lo quería soltar por miedo a que saltara de la cama o algo.

  • Ah…viejo… ¿ya estás bien? - Harry resopló con fastidio y empujo su mano lejos de su hombro bueno.

  • ¿Por qué no entienden que tengo que ser yo quien las rescate? ¡El me quiere a mí, por eso las capturo!

  • ¿Y acaso tu sabes dónde las tiene? - le preguntó Luna con irritación - ¡No sabes nada, Harry! ¡Estas igual o peor que todos nosotros! - el ojiverde apretó los puños y deseo contestarle, pero sólo rodo los como cual niño pequeño.

  • Pero sentados aquí no vamos hacer nada - le dijo, con los dientes apretados - Quien sabe qué les estarán haciendo…ese hombre es capaz de todo. Si Hermione tenía razón, el fue quien asesino Helen, quien los trato de matar a ustedes y… ¿si también es el hombre lobo que ataco a la Madriguera?- su respiración se agitó al pensar en ello - ¡Ellas corren peligro!

  • Remus y Thonks ya se dirigen al Ministerio y seguramente buscarana Shaoran para interrogarlo - pero Harry negó.

  • ¿Crees que se encuentra en su casa descansando plácidamente? No, el debe estar con ellas, torturándolas, puedo sentirlo…


  • Hermione, ¿estas bien? - le preguntó su hija, acercándose a su cuerpo. La castaña se encontraba grogui a causa de los azotones, todo a su alrededor daba vueltas y sólo veía una silueta entre las sombras.

  • Si...por lo menos no te hizo nada a ti - y le esbozo una pequeña sonrisa en medio de la sangre que brotaba en un lado de su rostro - Sólo…necesito descansar - y al instante, perdió el conocimiento.

Shaoran salió de aquella cueva hecho una fiera. ¿Cómo demonios lo hacia? Ese lugar impedía la magia, nadie podía realizar ninguna clase de encantamiento y ella…ella había evitado que las cuerdas le hicieran daño y había hecho desaparecer las vendas. ¿Pero cómo era posible? No había cumplido la edad requerida para convertirse en una bruja completa, sólo tenía diez años, ¿Cómo mierda lo hacia?

  • Señor, hemos vigilado todo el perímetro y se encuentra desierto - le dijo uno de sus hombres - Al parecer todavía no han descubierto el lugar - Shaoran asintió. ¡Por supuesto que no lo habían descubierto, el era el único que podía decir su ubicación! Pero aún no, solo un día, restaba un día para que el llegara y cuando la luna estuviese en lo alto del cielo, lo atacaría, lo despedazaría frente a sus ojos y después seguiríacon ellas. Primero arremetería contra la niña: le arrancaría uno a uno sus dedos, y cuando estuviese a punto de desmallarse a causa del dolor, le quitaría sus brazos e inmediatamente observaría el rostro lleno de pánico de su madre y le esbozaría sus afilados colmillos para acto seguido arrancarle la cabeza. Luego se avecinaría amenazadoramente al cuerpo tembloroso de la castaña, le olería sucuerpo, sintiendo el miedo correr por toda su espina dorsal y esperaría a que clamara piedad, después la llevaría dentro de la cueva y con su forma humana la haría suya, para después ahogarla sin miramientos en el riachuelo que discurría bajo los montañas y miraría con satisfacción como su cuerpo se iba perdiendo entre las feroces corrientes, para después desaparecer por completo.

Sí, así era como todo iba a terminar, así era como la historia iba a finalizar: El triunfante y Harry Potter cortado a pedacitos sin ninguna piedad.

Muy pronto, sólo restaba un día, un día para volver a probar ese jugoso y tibio liquido rojo…


Diez hombres rodearon la mansión con sus varitas en alto. Si se encontraba adentro no tendría chance de escapar y si lo hacia, ellos no dudaría en conjurar la maldición de muerte.

  • A mi señal - les espetó una voz, mirando a los nueve hombres a su costado - Que dos se dirigían a la puerta trasera, otros dos a las ventanas laterales y los demás, vayan al frente - todos obedecieron y Remus, Thonks y otro auror, se hicieron al lado del Jefe de Aurores: Liam Armstrong.

  • Muy bien, vamos a tumbar la puerta en tres, dos, uno… - y todos gritaron al unísono: Alohamora.

Kimberley tiró el plato de comida al suelo al escuchar ese estrepitoso ruido.

  • ¡Pero que diablos…!

  • ¡Identifíquese! - le exigió Nympahora Thonks, con la varita en alto. Kimberley trago saliva y levantó las manos.

_ Kimberly Baxter - espetó, con la voz temblorosa - Yo soy inocente de cualquier cosa

  • ¿Conoce a Li Shaoran? - La mujer trago saliva y se humedeció los labios - ¡Conteste!

  • S…sí…yo…sí.

  • ¿Dónde se encuentra? - la mujer negó.

  • No lo sé…

  • ¡Miente!

  • ¡Le juro que no le se! - Le grito, con lágrimas en los ojos - Desde hace cuatro días no viene a casa.

  • Queda usted bajo arresto - le dijo Liam, y haciendo una floritura sobre sus manos, salió de su varita una soga - Nos tendrá que acompañar para que nos diga todo lo que sabe de Li Shaoran.

Kimberley fue llevada al cuartel de Aurores para interrogarla, pero sus respuestas no fueron muy esclarecedoras.

  • Les juro que no se dónde se encuentra. Hace cuatro días que no va a casa y…sí, el a estado en negocios raros, pero no tengo conocimiento de ellos. ¡Eso es todo lo que les puedo decir!

Cuando los sanadores le dijeron a Luna y a Ron que Arthur ya había recobrado el conocimiento, dejaron a Harry solo con sus pensamientos.

"El lugar era lúgubre y húmedo, parecía una especie de caverna, podía escuchar las gotas de agua cayendo en un charco.

- Lumos - susurró a lo bajo, pero su varita no reacciono - Mierda - parecía que aquel lugar tuviese algo que retenía la magia.

- ¿Hermione? ¿Sarah? ¿Están aquí? - gritó en medio de la oscuridad. Lo único que recibió fue su eco devolviéndole la pregunta.

- ¿Hermione? - pero el silencio era absoluto. En esos momentos decidió salir de ahí y buscar en otro lado, pero el grito ensordecedor de una niña lo detuvo.

- ¡Harry, estamos aquí, Hermione esta herida! - y como si aquello fuese la luz que necesitaba, corrió camino arriba hacia el lugar de la voz.

- Resiste Sarita - pero justo antes de llegar a su lado, su hija lanzó un alarido.

*- ¡Corre papá, la bestia viene…!"*sí, ese era el sueño que había tenido minutos antes de despertar de su letargo, luego de ser traslado a St. Mungo debido a la mordedura. Ahora lo recordaba, recordaba ese y todos los otros sueños que él había tenido. ¿Quizá el destino le había dado una advertencia y el la había ignorado? ¿Pero cómo iba a saberlo? Sólo rogó a los dioses para que Remus reuniera la información necesaria del paradero de Sarah y Hermione; y si no lo hacía, tendría que actuar por sus propios medios.

  • ¿Así que ese malnacido fue en persona y te ataco en tu propia oficina? - le preguntaba su hijo Ron, ya en la habitación de Rehabilitación. Arthur asintió.

  • Sí, como dijo que era un amigo tuyo, no desconfié. Que grabe error.

  • Pero no se atormente, señor Weasley, no fue su culpa

  • pero Arthur negó.

  • Claro que lo fue Luna, si hubiese sido un poco más precavido, si no hubiese cerrado la puerta…

  • Quizás el joven Jenkins estuviese muerto al tratar de defenderte - comentó Luna - Todo pasa por alguna razón Arthur, así que no debes sentirte culpable - luego miro su reloj y chasqueó la lengua -Iré a preguntarle a la sanadora si Ginny ya puede recibir visitar, con permiso - y sonriéndole al señor Weasley, se retiro de la habitación.

Arthur observó como su hijo la miraba embelesado antes de que se perdiera tras la puerta, y sonrió.

  • ¿Por qué no vas tras ella? - le preguntó en un susurro. Ron lo miro sobresaltado.

  • ¿Qué?

  • Ve tras ella. Se nota que la quieres - sus mejillas se ruborizaron más que su cabello y carraspeó con molestia.

  • Creo que no sería buena idea, ella no me quiere ver ni en pintura. Fui…bueno, en los últimos días no me he comportado muy bien que digamos - y se encogió de hombros. Arthur suspiró.

  • Bueno, si no te quisiera ver quizá no estaría en la misma habitación que tu y por lo que veo, hace todo lo contrario - y rodo los ojos - Luna es una buena muchacha, no la dejes ir. Ahora retírate, que quiero descansar - y le guiño un ojo. Ron suspiro y salió con aplomo del lugar.

La encontró hablando con un sanador y vio como este le sonreía y luego le daba un abrazo antes de retirarse. El pelirrojo arrugo el ceño y un extraño calor subió hasta su cabeza, ¿quién diablos era ese?

  • ¿Con quien hablabas? - le preguntó, como quien no quiere la cosa. Luna alzo las cejas.

  • Un amigo que conocí por medio de mi padre - le dijo con altivez - esta encargado de Ginny y me dijo que mañana ya la podríamos visitar - y sin agregar nada más, giro sobre los talones y se marcho.

*"Haz algo, tonto"*se dijo en su fuero interno y corriendo tras ella, la tomo por la muñeca.

  • ¡Luna, no te vayas! - la rubia lo miro expectante y levantó una ceja.

  • ¿Pasa algo?

  • Yo…eh…quiero pedirte disculpas por mi actitud, no estaba…

  • No te preocupes, ya me acostumbre a tu actitud inmadura - y sin más, se zafó de su agarre y fue directo a las escalera.

*"¿Y la vas a dejar ir así no más?"*le preguntó una vocecilla en su interior *"¿Cuándo te vas a dar cuenta que la amas, testarudo?"*curiosamente, esa vocecita se parecía a la de Luna.

  • ¡Oye, espera! - Y corrió tras ella, bajando las escaleras a grandes zancadas - Luna…no…no te puedes ir, tengo que decirte algo…

  • Ya me ofreciste disculpas - le recordó su amiga con una medio sonrisa - Todo esta bien, Ron, no tienes nada más que…- pero sus palabras fueron calladas en el acto, debido a que los labios de Ron se encontraban sobre los suyos.

Primero fue sólo el mero contacto, como la primera vez que se besaron, pero luego sus ansiosas lenguas buscaron a su compañera con desesperación, deseando inspeccionar cada recodo de aquellos labios nuevos. Se separaron por falta de oxigeno y se miraron fijamente a los ojos. Luna tenía las mejillas arreboladas y Ron las orejas rojas como un tomate.

  • Te amo, ¿lo sabes? - le susurró Ron con una sonrisa. Luna lanzó una risita tímida.

  • Creí que nunca iba a escuchar eso - Ron sonrió y volvió a darle un corto beso.

  • ¿Vamos a casa?

  • ¿Cuál casa? Si mi apartamento se encuentra todavía cerrado por el hurto de aquella vez y la Madriguera…- pero Ron la calló, posando su dedo sobre sus labios.

  • Shiit, yo tengo más de una casa - y le tomó la mano, para que bajaran las escaleras con rapidez.

Siempre supo que guardar una copia de esas llaves le sería útil en algún momento, aunque se sintió estúpido cuando recordó que podrían re aparecerse en el interior de la casa.

  • Esta es la casa de Harry - fue lo único que le dijo, antes de volver a besarla…

Sus labios recorrieron su cuello hasta su clavícula, al tiempo que una de sus manos se deslizaba por debajo de su gabardina. Sentían que las prendas ya eran un estorbo y querían deshacerse de ellas lo más rápido posible.

  • Esta…haciendo…calor… ¿no crees? - balbuceo Luna, con los ojos cerrados y se mordió los labios al sentir la lengua del joven pelirrojo deslizarse por el borde de su nuca.

Fue desabrochando con desesperación los botones de su camisa, al tiempo que él la iba despejando de su gabardina y arrancaba con violencia su blusa.

Una de sus manos subió por el abdomen de aquella rubia hasta el borde de su sostén y dudo por un segundo.

  • ¿Quieres hacerlo? - le preguntó con temor. Lovegood se sintió como una adolescente de nuevo y soltó una carcajada.

  • ¿No es obvia la respuesta? - le preguntó agitada y fue ella quien le condujo las manos hacia su pecho…

Bajo lentamente por sus caderas, hasta sentir la entrada a su femineidad…. Su vibración le hizo explotar de júbilo y volvió a recorrer con su lengua su vientre hasta llegar a sus labios.

El brillo en sus ojos fue la única respuesta que necesitaba para embestirla con pasión, y lentamente, como si de una muñeca de porcelana se tratase, la beso con ternura y se unió a ella en un sinfonía mágica, sublime, única.

Luna arqueó las caderas y enterró las uñas en su espalda cuando lo sintió consigo. Sus gemidos iban aumentando constantemente, hasta que sintió una vibración caliente recorrer toda su espina dorsal, llegando a su cerebro, a su corazón, a su alma.

Y juntos se entregaron al placer del éxtasis…


Doblo en cuatro el trozo de pergamino y camino fuera de la cueva. Cerca de la linde del bosque, silbó, y una lechuza negra con ojos grises se posó sobro su hombro.

  • Sala de Mordeduras en St. Mungo - fue lo único que le dijo, antes de que la lechuza emprendiera vuelo.

Faltaba un cuarto para las doce, ya el turno de la sanadora que lo cuidaba había terminado y en media hora llegaría otra para reemplazarla. El hospital se encontraba sumido en el silencio, todos los pacientes dormían, a excepción de uno.

Harry seguía dando vueltas sobre su litera, recordando los sueños de advertencia y recriminándose a sí mismo por haber sido tan lento.

¿Cómo no lo previó? Era su culpa que las dos mujeres que más amaba se encontraran en peligro.

Hace unas horas, cuando Remus regresó del Cuartel General de Aurores, Harry deseó que las noticias fueran alentadoras, pero su comentario lo bajo más de animo que cualquier cosa.

La amante de Shaoran realmente no sabía de su paradero y seguían igual que al principio. Harry le propuso a Remus que el podía ayudar, al fin y al cabo Shaoran lo quería a él, podían armar una trampa para que el apareciera, pero su antiguo profesor se negó rotundamente.

  • De ninguna manera, no vas a salir de aquí, ni mucho menos ahora. Mañana habrá luna llena y no sabemos aún cuales fueron las consecuencias de aquella mordedura, así que mientras tanto, te quedas aquí en St. Mungo bajo observación médica.

Pero claro, era fácil para él decir eso, cuando no era Thonks quien se encontraba lejos de su alcance, ni nadie que el quisiera.

Estaba desesperado, quería gritar, patear, golpear algún rostro, pero no había nadie con quien pudiese desahogarse, así que sin pensar en lo que hacia, se llevo su mano hasta el hombro lesionado y con furia arranco las suturas que mantenían la piel cerrada.

Le dolió como un demonio, sintió su cabeza como una piedra, pero le alivió, temporalmente, la desesperanza que sentía. La sangre no tardo en aparecer y manchar las sabanas blancas, pero no le importó y dejó que saliera a borbotones, al fin y al cabo, en algún momento tenía que detenerse.

Un picoteo en la ventana lo distrajo de aquel líquido ámbar y arrugando el ceño, vislumbro una silueta frente al alfeizar. Dedujo que era una lechuza, así que con dificultad se incorporó de la cama y camino con lentitud.

Con la mano buena abrió el ventanal y vislumbro una lechuza negra como la noche con los ojos grises, le recordaron a su antiguo ex rival Draco Malfoy.

  • ¿Qué haces a esta hora, pequeña? -le preguntó, y como respuesta, la lechuza lo picoteo en el hombro malo al tiempo que le mostraba una de sus patas.

  • Mierda - vocifero el moreno y con rabia le quito la cuerdita que amarraba un trozo de pergamino a su miembro inferior.

La lechuza alzó las alas y se desapareció entre las nubes.

Harry tomó el trozo de pergamino entre sus manos ensangrentadas y lo desdoblo.

Sintió un fuerte dolor en el pecho al ver su pulcra y perfecta caligrafía entre varias manchas de sangre….

To be Continued....