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Historia 24226 — capítulo 24
Capitulo 24.
La emboscada.
La noche se estaba haciendo mas profunda y mas oscura, era raro en esa época, pero parecía como si una tormenta estuviera rondado por los alrededores no solo de gran bretaña, sino de toda Europa.
El viento daba de lleno en el rostro de un rubio platinado de apellido Malfoy, la brisa que se pegaba en sus parpados y en sus mejillas ocasionaba que el semblante se le entumiera a tal grado que le dolía gesticular, pero no podía detenerse, ya que en cuanto había comenzado a volar por entre los bosques de gran bretaña un sin numero de ruidos y extrañas sensaciones lo habían acogido; el chico se sentía de lo mas nervioso, esos ruidos definitivamente no eran los muggles que vivían a los alrededores, simplemente porque ellos no volaban, los sonidos que había escuchado eran los clásicos zumbidos de una escoba de carreras, además los crujidos en los árboles no auguraban otra cosa mas que criaturas o espías que lo estaban siguiendo.
-¿Pero quienes son, que quieren? —se pregunto el muchacho dando un vistazo a su retaguardia, divisando solo extrañas sombras entre la espesura de los árboles.
Dumbledore ya le había advertido de que talvez se pudiera topar con alguna clase de criaturas o talvez un dragón escondido por algunos especialistas en la criatura, pero definitivamente lo que lo estaba acechando era humano, alguien estaba esperando el momento preciso para sorprenderlo y atacarlo.
El miedo se apodero de él, miles de preguntas pasaban por su mente como, sobre lo que dirían sus familiares si no llegaba, o lo que dirían en la escuela al no tener noticias de él después de semanas de ausentismo, que diría su Hermione, creería talvez que la había dejado y entonces se iría con Harry por el dolor que le había provocado.
Draco negó con la cabeza para sacar ese montón de tonterías de su mente, eso no pasara—se repitió en la mente, en solo una hora o dos él estaría aterrizando en los viñedos de la mansión Malfoy, saludaría a su abuela, charlarían como lo hacían cuando él era solo un pequeño niño, comería con su familia escuchando las quejas de su padre sobre los muggles y de lo incompetentes que se habían vuelto en el ministerio, en solo unas horas estaría escuchando a su progenitor alardear que la familia de Ron y de cómo manchaban el nombre de un buena familia de sangre limpia, su madre lo llamaría con montón de apodos cursi, como cariñin, caramelo de azúcar, dragoncito y demás tonterías, ella le prepararía su habitación y lo besaría en la frente haciéndolo sonrojarse de pena y recordándole que ya era mayor, después soñaría con Hermione y en la noche del siguiente día regresaría a Hogwarts con su padre y entonces se encontraría con Hermione que seguro ya había leído su carta y lo estaría esperando en la habitación que Snape les había prestado, él la vería y correría hacia ella como típica película muggle la tomaría de la cintura le daría una vuelta y la besaría con pasión en los labios, lo que pasara después eso no lo sabia—pensó el chico que trataba de aferrarse a todas esas situaciones y tomar valor; el cielo comenzaba a despejarse y la luna se abría paso entre las ramas y follaje de los tupidos árboles, llenando de luz aquellos sitios en donde se colaba el magnifico resplandor dándole a Draco una mejor visión de lo que había a su alrededor.
-Vaya ahora no parece tan tenebroso—musito el muchacho en voz alta, al darse cuenta de lo hermoso del bosque.
No había rastro de tierra o de algún lugar desértico, todo absolutamente todo estaba teñido de un suave color verde, y gris, el pasto tapizaba el suelo del lugar como si fuera asfalto en la carretera, el musgo color lavanda grisáceo crecía con singular alevosía cerca de las rocas que daban a un gracioso arroyo que pasaba por todo el lugar, el sonidillo del agua pegar con las piedrecillas en su interior era simplemente relajante, un montón de narcisos color blanco se movían al ritmo del viento pareciendo pequeñas hadas bailando al son de la naturaleza, luciérnagas rondando y danzando su melodía de amor sobre los árboles terminaban la escena de un lugar maravilloso.
Draco se sonrojo, no se había dado cuenta de lo cursi que podían a llegar sus pensamientos al imaginar un lindo paseo por ese lugar con Hermione. —vaya Granger ¿qué me has hecho? —pensó sonriéndose así mismo.
De pronto algo lo sorprendió, una risa se escucho a lo lejos, una risa que le helo la sangre y lo hizo recordar a Lord Voldemort, el rubio comenzó a mirar a todos lados tratando de vislumbrar el autor de aquel alarido tan macabro, sin embargo la naturaleza a su alrededor no revelaba a nadie, el bosque había regresado a su tranquilidad, tranquilidad que para nada le dio buena espina.
Después de haber volado unos pocos metros mas, esos sonidos que lo habían espantado hace unos minutos volvieron a acecharlo pero esta vez con mas fuerza, además de que sombras pasaban a su alrededor de una manera casi insólita.
-Tengo que salir de aquí—se dijo mientras aceleraba, tratando de vislumbrar un poco mas de luz, que le indicara que el camino que seguía era el correcto.
La brújula que le había instalado Dumbledore en la escoba era de lo mas exacta sin embargo a medida que se adentraba mas y mas en la naturaleza era mas difícil ver las pequeñas y finas agujas que apuntaban hacia su destino, de pronto el destino le hizo una mala jugada y el cielo comenzó a nublarse de nuevo no solo dejándolo mas desprotegido, sino que ahora era totalmente imposible mirar la brújula, el chico pensó en sacar su varita y alumbrar el artefacto con un lumos, sin embargo una maniobra de esa índole ocasionaría que tuviera que parar para sacar su varita de su mochila, y al sentir un mal presentimiento desistió de esa opción.
El chico suspiro e hizo presión en el palo de su escoba para subir un poco mas, no quería estar tan cerca de la superficie por si alguien se atrevía a atacarlo, sin embargo ahora las ramas de los árboles era su perdición, por lo que sin otra opción subió aun mas y comenzó a volar por encima de los árboles.
Ya a salvo, acelero de nuevo, pero algo le estaba ocurriendo, una horrible sensación se estaba apoderando de él, para empezar un frió casi sobrehumano le carcomía los huesos, haciéndolo entumirse en su escoba, frió que hacia mancuerna con una horrible depresión que se había formado en su mente dejándole un hueco de soledad en el estomago que no se explicaba de donde venia, entonces el rubio miro hacia abajo y casi se cae de la escoba cuando vio a solo unos centímetros del palo de su escoba un par de dementores con toda la intención de tirarlo de su transporte.
Draco viro con fuerza y comenzó a elevarse donde creyó estar mas seguro, para su mala fortuna una decena de encapuchados empezaron a salir de entre los árboles acorralándolo formando un circulo a su alrededor; el rubio se paro en seco y saco su varita, jamás había estado en un verdadero duelo con alguien que de verdad le pudiera hacer daño, las manos le estaban temblando, eran demasiados para el y no se explicaba que demonios querían, se suponía que él era el hijo de uno de los mortifagos mas allegados a Voldemort, no entendía porque los mortifagos lo estaban atacando.
-¡DEMONIOS! —se dijo al pasarle por la mente que el que no debe ser nombrado se había enterado de que Dumbledore estaba vivo y que él era un espía de la orden por la misión que compartía con Hermione.
-Hey, soy yo Draco, el hijo de Lucius ¿qué es lo que quieren con migo? —les pregunto, mas valía saber porque lo querían linchar.
Nadie hablo, todas las personas a su alrededor se habían quedado rígidas como si esperaran a que alguien hablara.
Un extraño humo color grisáceo se hizo presente en las narices de Draco que miraba extrañado lo que estaba pasando, había visto muchas veces a su padre hacer eso, —talvez es el—se dijo.
El humo tomaba forma cada vez mas rápido hasta que el cuerpo de una menuda chica vestida con una capa púrpura, se hizo presente ante el cubriéndose el rostro con el lacio cabello negro. De pronto todos los encapuchados que estaban rodeando a Draco se alejaron y agacharon la cabeza en señal de respeto.
Draco no entendía nada, el jamás había visto a esa chica dentro del grupo de los mortifagos.
-¿Quién eres? —le cuestiono de forma seria.
La chica que flotaba en el aire levanto la cara dejándole el cabello a los lados como dos cortinas de seda negra enmarcando un bello pero maligno rostro de piel blanca como la luna y unos ojos tan verdes como los del niño que vivió.
El Slytherin la miro y se sonrojo al mismo tiempo que retrocedió un poco, la muchacha era tremendamente guapa, pero algo en su mirada la hacia verse malvada y hasta cierto modo siniestra.
-¿quién eres? —Volvió a repetir el príncipe de las serpientes— ¿eres una mortifaga?
Ella le sonrió y negó, y solo un segundo le tomo acercarse a Draco hasta pegar su nariz con la de él—yo soy...tu pero pesadilla—respondió—y no, no soy mortifaga, yo jamás formaría parte de un grupo de gente tan patética.
-Entonces... —la chica le había puesto un dedo en la boca—no digas nada pequeño heredero Malfoy, si te quedas calladito y no te mueves, todo terminara rápido, te prometo que no te va a doler, será veloz—susurro.
-¿Qué es lo que será rápido, de que carajo estas hablando?, exijo que me digas quien eres—grito el muchacho desesperado por saber quien era tan enigmática chica.
-Tu muerte es la que será rápida, aunque me estas obligando a que mejor cambie de opinión y te haga sufrir una agonía que pedirás piedad por tu muerte y...ya te lo dije soy tu peor pesadilla.
Draco tenia la varita preparada, sin embargo esta vibraba mas que hace unos segundos, esa chica le causaba un enrome miedo pero no sabia porque. De pronto el par de dementores y los demás encapuchados comenzaron a acercarse hacia donde estaban Draco y la chica y se pusieron a dar vueltas para no dejar escapar al rubio.
-Lo siento Dracito pero te ha llegado tu hora—se rió la chica.
-Esa risa—pensó el rubio poniendo los ojos como platos—era ella.
La bruja levanto su varita que era color púrpura también y con pequeños símbolos grabados como sangre apunto hacia el corazón de Draco y comenzó a hablar en un lenguaje que la serpiente jamás había escuchado, un rayo color blanco salio de lleno de la varita de la chica; como pudo el rubio lo esquivo con un movimiento de su escoba pero entonces se dio cuenta de algo que casi lo mata, el hechizo lo estaba siguiendo como si fuera alguna clase de imán, varias piruetas en la escoba ya lo habían dejado mareado al no poder salir de la muralla humana que seguía dando centrifugaciones a su alrededor.
Con un movimiento inteligente esquivo el rayo una vez mas y logro que le diera a la pared humana dejando un hueco que tenia que aprovechar para escapar, sabia perfecto que no podría con toda esa gente, sin embargo su plan se aborto ya que en cuanto el agujero se había abierto se cerro de forma instantánea siendo remplazado con otro cuerpo.
Draco estaba sudando y los nervios lo estaban matando— ¿qué es lo que quieres? —grito mirando de forma amenazadora a la bruja.
Esta le sonrió—ya te lo dije, voy a matarte y ahora que ya me divertí jugando con tigo es hora de que termine mi trabajo—le expuso la muchacha.
De nueva cuenta un rayo de color blanco salio de la varita de ella, pero ahora había sucedido algo diferente Draco no se podía mover, algo había hecho la bruja para que se quedara inmóvil y a merced de sus ataques, la luz era cegadora, era tremendamente blanca e interminable, no se podía ver nada mas que eso.
-Ya estoy muerto—pensó el rubio, pero no estaba muerto, sus ojos empezaron a vislumbrar formas y entonces se dio cuenta de que alguien estaba frente a él, su padre había desviado el hechizo de alguna forma y solo lo había encandilado.
-¿estas bien? —le pregunto Lucius sin mirarlo.
-¿Papa, que demonios?
-No lo sabemos Draco, lárgate de aquí, nosotros nos encargaremos, sigue a Baxteer—ordeno su padre señalando un mortifago de cabello azabache montado en una escoba.
El rubio busco a la pelinegra que lo había atacado pero esta había desaparecido y ahora si habían llegado los mortifagos con sus inconfundibles mascaras de muerte, a lo lejos la risa de Bellatrix se hizo presente al darle de lleno con un avada kedavra a uno de los encapuchados que trataron de matarlo.
-LARGO DRACO—grito de nuevo Lucius que comenzaba a luchar con un mago con cara de perro fiero que le sacaba varios centímetros de altura, sin mas el Slytherin obedeció a su padre y siguió al mortifago Baxteer, internándose de nuevo en el bosque.
-Hey Baxteer ¿qué rayos paso?, alguien podría explicarme—pidió Draco.
-No lo se chico, mi lord nos ha llamado y nos mando a este sitio, no dijo porque, solo lo hizo.
Draco se quedo serio, ya que al parecer Voldemort sabia que lo iban a atacar pero ¿porque y como lo sabia?, ¿quienes eran esas personas y que tenia que ver él con Voldemort para que trataran de asesinarlo?, además quien era esa chica que se le hacia tan parecida a alguien, esos ojos ya los había visto en algún sitio.
-¡Cuidado Chico! —grito Baxteer impidiendo que Draco cayera de la escoba y fue él, el que cayo; los dementores lo estaban atacando.
-Baxteer!!! —grito Draco que bajo en picada y salto de la escoba, lanzando un monto de hechizos inútiles que no dieron resultado con las criaturas.
-Potter, ese estúpido tiene un hechizo que hace que los dementores se vayan ¿pero como era, cual era su nombre? —alardeaba el chico tratando de recordar el experto patronum.
Una leona platinada y traslucida apareció corriendo hacia los dementores haciéndolos retroceder hasta que desaparecieron, Draco se volvió con brusquedad con la varita en alto, segundos después la bajo. Zagato había hecho presencia, quitándose la mascara de mortifago.
-Draco estas bien? —le pregunto
El chico asintió—¿qué esta pasando?, se que tu si me lo dirás
-No lo se—mintió Zagato, ya que el chico había sido designado a la misión de cuidar a Harry al lado de Hermione pero aun no era informado de la existencia de Kali (la hija de Voldemort, la pelinegra de ojos verdes) —el señor tenebroso nos mando a este sitio.
El muchacho alzo una ceja incrédulo—¿como puede ser eso?, tu no tienes la marca tenebrosa como te aviso.
Zagato sonrió—vaya, vaya el pequeño Draco no es un idiota tiene sapiensa—pensó.
-Descuida primo, créeme que el tiene sus métodos, además tu padre me aviso, pero deja eso en paz, vamos tengo que llevarte a la misión, ahí estarás a salvo.
Los dos se montaron en las escobas y justo antes de llegar a las afueras de Francia donde se encontraba el viñedo de los Malfoy un montón de magos se hicieron presentes de nuevo sobre las cabezas de los rubios atacándolos sin piedad, Zagato trataba de impedir que le dieran a Draco poniéndose en frente de su primo y dejando que unos rayos le dieran a él; el Slytherin se dejo de miedos y comenzó a ayudar a Zagato enviando unos cuantos también hasta que un rayo color rojo dio de lleno en una de sus piernas haciéndolo perder el equilibrio cayendo de la escoba a varios metros de altura.
Mas hechizos le dieron en el cuerpo, para su fortuna ninguno mortal, los encapuchados no estaban tirando a matar, esa era tarea de Kali.
Draco cayo a toda velocidad y el impacto hizo que su pierna se seccionara en dos, pero el chico no tuvo ni siquiera la oportunidad de gritar por la rotura de su miembro ya que un hechizo le había dado de lleno en el corazón lo que ocasiono que...
En el castillo de Hogwarts un par de gotas ya golpeaban con brusquedad en los cristales de las ventanas.
La lluvia no podía ser mejor reflejo de lo devastado que se sentía Harry en ese momento.
-dios me odia— se dijo el muchacho demasiado triste y decepcionado de su suerte como para pensar en lo que estaba diciendo, sin mas se dejo caer en uno de los mullidos sillones de la sala común mirando como el exterior reflejaba lo que sentía su corazón, como al igual que el agua, sus sentimientos y sus ganas de seguir adelante se diluían cada vez que recordaba las palabras de los gemelos cuando afirmaron que Hermione no recordaría absolutamente nada de lo que había pasado mientras estaba bajo el efecto del caramelo relajante.
Harry paso su lengua por sus secos labios y recordó como solo hace unos instantes, ella, su Hermione, su princesa, la mujer que hacia que sintiera tantas cosas, tanto dolor y tanta felicidad al mismo tiempo, lo estaba besando, humectándolos con cada rose, con cada mordisco que les había dado.
El pelinegro se puso las manos en la cara mientras se encorvaba un poco y un par de lagrimas comenzaron a mojar sus pantalones; unos pasos cerca del chico se hicieron presentes, sin embargo al ver en la situación en la que se encontraba el niño que vivió, la persona que lo acechaba decidió desistir y no se le acerco, Ron se dio la media vuelta y se fue al dormitorio con la firme idea de que en la mañana él y Harry tendrían talvez la conversación mas seria que jamás hayan tenido, el pelinegro tendría que confesar que era lo que le pasaba, no solo a él sino también a Hermione, Ron necesitaba saber cual era la razón de una extraña barrera que había aparecido entre el trío desde hace unos días, entonces algo se le vino a la mente, talvez la intromisión de Parvati en el trío maravilla había sido el detonante de lo que les estaba pasando, pero no eso era imposible, ya que cuando había terminado con Parvati todo había sido igual de tenso, justo como en ese momento.
Un relámpago dio de lleno en los terrenos del colegio ocasionando que las velas y las luces eléctricas del complejo se apagaran por completo dejando al castillo en penumbra, Ginny que estaba en una bolsa de dormir junto a la cama de Hermy se paro como rayo, al apagarse las luces de esa forma tan repentina.
-¿Pero que ha pasado? —se pregunto la chica moviendo la cabeza hacia todos lados, sin embargo la respuesta a su cuestión no llegaba, ya que tanto Lavender como Parvati ya estaban en el mundo de los sueños y las chicas no se habían dado cuenta de nada.
De pronto tanto Ron como Ginny bajaron hacia la sala común donde sabían que estaba Harry, por fin los chicos se unieron a la horrible sombra en la que Harry se había convertido, el chico estaba parada junto a una ventana con la mirada perdida, mirando hacia el bosque prohibido, la silueta del chico lo había delatada ante la oscuridad.
-Harry ¿eres tú? —le grito Ginny
La silueta asintió.
-¿Qué ha pasado? —pregunto Ron mientras trataba de no golpearse con las mesas y los sillones que rodeaban la sala.
-No lo se, creo que cayo un rayo y simplemente la luz se fue.
Ginny y Ron se quedaron mirando a su deprimido amigo y se acercaron a ponerle una mano en el hombro.
-Hey, Harry arriba ese animo, ella estará bien, ya has escuchado a los chicos, mañana estará despierta.
-Lo se Ron pero...
El agujero del retrato se abrió de pronto y una cegadora luz proveniente de una vela, encandilo los ojos de los chicos que ya se habían acostumbrado a la penumbra.
-Potter, Weasleys ¿están bien?
-Si profesora, descuide, pero ¿qué ha pasado? —pregunto Ginny acercándose a la mujer.
McGonagall no la miro a los ojos simplemente poso la mirada en el suelo y se puso seria, a leguas se veía que la profesora escondía algo.
-No pasa nada Weasley solo ha sido un simple apagón, pero eso no importa he estado buscando a Hermione por todo el castillo ¿ustedes la han visto? La señorita y yo teníamos una clase pendiente —dijo seria, ya que Hermione no era de las que faltaba a lasa clases y menos a una que era de vital importancia para la misión.
Al escuchar lo que había dicho la mujer, Harry recupero sus ánimos y los tres amigos se miraron con los ojos como platos, los chicos tragaron saliva, a buena hora y justo en esa ocasión McGonagall tenía que buscar a Hermione.
-Les hice una pregunta chicos, ¿han visto a la señorita Granger?
-Ella esta durmiendo—se apresuro a decir Ginny, creyendo que esa excusa seria suficiente para que la profesora desistiera.
-¿Dormida?
-Si, ella se sentía muy cansada y se quedo dormida, yo ya no quise despertarla.
-¿así, y dígame que estabas haciendo en su dormitorio señorita Weasley?
-Bueno yo... —las cosas a la pelirroja no le estaban saliendo bien, la profesora estaba preguntando demasiado, seguro que tarde o temprano le tendrían que decir la verdad.
Harry y Ron comenzaron a tartamudear pensando en alguna excusa para que la profesora no siguiera interrogando a Ginny.
Por su parte pesadillas atormentaban a Hermione, peleas, maldiciones imperdonables y kali eran los principales actores de sus sueños, la chica estaba inquieta y estaba comenzando a sudar, algo había pasado, de eso no había duda, la pregunta era ¿que?
A muchos kilómetros de ahí, un cuerpo yacía en el frió y húmedo césped que daba al pórtico de una maravillosa mansión en las afueras de Paris Francia. El cabello rubio platicado le cubría la cara, no se movía, era una figura inerte mas parecida a una grotesca decoración del césped que un cuerpo humano, el chico estaba inconciente el último hechizo había demasiado fuerte para su herido cuerpo y lo había derrumbado del todo.
Sonidos vagos se escuchaban a lo lejos, pero no podía abrir los ojos, gritos, maldiciones, aullidos y risas eran el ambiente que fungía en su cerebro, escenario de una guerra de la cual no tenia conciencia de porque ocurría, Draco se comenzó a sentir débil, muy pero muy débil, se estaba yendo, como si algo le estuviera absorbiendo la vida hasta que no quedara nada de él. De nuevo esa luz lo estaba encegueciendo y lo atraía de forma loca a tratar de encontrar algo al final de esa blancura, de pronto se vio vestido todo de blanco y de pie ante esa maravillosa luz; cuando al enfocar mas los ojos vio algo que lo lleno de una paz y una alegría casi inimaginable, una chica preciosa con la piel tan deslumbrante como la plata y el cabello tan brillante como el oro lo invitaba a seguirla, este comenzó a caminar hacia ella.
-No lo hagas Draco, no me dejes—dijo una voz en su mente
-¿Qué? —se pregunto el chico volviéndose a todas partes para encontrar a la persona que le decía que no siguiera a la hermosa chica.
-¿Quién eres? —pregunto con voz de eco.
-No vayas—repitió la voz femenina.
-Esa voz, yo la conozco, pero de donde—decía
-No vayas—se escucho de nuevo.
El chico seguía sin encontrar nada, más que a la rubia que le sonreía y con la mano lo invitaba a seguirla.
-Ya voy, ya voy—Draco comenzó a caminar, pero algo lo detuvo, una fina mano se había apoderado de la suya, el chico se volvió hacia atrás y entonces la vio, a ella a su Hermione.
-Hermy
-No te vayas, yo...te amo—le susurro Hermione con lágrimas en los ojos.
El rubio se acerco a ella y la abrazo—yo también te amo, eres mi razón de vivir.
-Entonces no te vayas.
-No lo haré...
Como un balde de agua fría, un escalofrió le recorrió la espalda y el corazón le comenzó a latir de forma taquicardia, mientras respiraba de forma agitada aferrandose a su varita, Draco había llegado por fin a la casa de su abuela pero no podía moverse, una de sus piernas estaba rota de una manera grotesca por el impacto que había tenido al caer desde tanta altura a una velocidad estratosferica.
El ruido de la lluvia cayendo en su rostro, los relámpagos y su agitada respiración era lo único que escuchaba, pero no por mucho tiempo ya que un montón de gente comenzó a aterrizar en el césped a su lado y varios pasos se acercaban a él.
-A estado cerca Dracito—dijo una voz femenina y rasposa que tenia un semblante preocupado mientras el agua chorreaba por su rostro.
-¿quién demonios eran esos tía? —mascullo el muchacho tratando de levantarse, sin embargo una delgada y fina mano lo detuvo.
-No te muevas hijo, te has roto la pierna.
Narcisa Malfoy miraba hacia las tormentosas nubes, divisando un montón de magos encapuchados encima de la casa de su suegra, esperando a ver que hacían, varios mortifagos estaban con la varita preparada por alguna contingencia, sin embargo los magos que acechaban al grupo se dio la media vuelta y comenzaron a alejarse, todos menos una persona, la chica de cabello negro, piel cetrina como la cera y mirada color esmeralda.
-¡Nos volveremos a ver!—grito la bruja carcajeándose de manera grotesca mientras con su varita lanzaba un encantamiento al cielo donde con una explosión, el símbolo de la diosa de la muerte tiño el cielo de color púrpura.
-No puede ser—musito Bellatrix respirando entrecortadamente mientras negaba con desesperación y miraba a los mortifagos, deteniéndose en Lucius, como si estuviera esperando a que el hombre le dijera algo.
-¿Quién es esa Bella? —pregunto la madre de Draco extrañada ya que nunca había visto ese símbolo.
-Cissy, ah vuelto, ella ha vuelto—repitió Bellatrix completamente asustada, pero no solo ella, los demás mortifagos tenían el mismo aspecto, Draco trataba de entender que es lo que pasaba quien era esa bruja y porque demonios lo quería matar, nunca pensó decir esto pero si no hubiera sido porque los mortifagos habían llagado a ayudar él ya estaría tirado en alguna parte del bosque siendo mordisqueado por los lobos u alguna otra criatura.
-¿Tía que...? —Bellatrix no lo dejo terminar y miro a Lucius que ya había llegado a donde estaba el grupo de mortifagos.
-¿Ya viste eso Lucius?, nuestro señor tiene que saberlo.
Lucius asintió—es hora de irnos entonces—aunque dadas las circunstancias puedo apostar a que mi lord ya lo sabía.
Narcisa se levanto rápido con el rostro lleno de agua por culpa de la lluvia, su cabello rubio se le pegaba a la cara y sus ropas al cuerpo, la mujer se interpuso entre su esposo—estas loco, no te vayas ¿qué pasa si regresan?, quiero saber que es lo que esta pasando ¿quiénes eran esos y porque quieren matar a Draco?.
-Descuida Narcisa ya no volverán, eh puesto un encantamiento protector y...la razón por la que querían hacerle daño a Draco eso no lo se—dijo el hombre mirando a su hijo como esperando a que este respondiera la pregunta.
-No tengo idea—dijo Draco con gesto de dolor, ya que la adrenalina estaba bajando y comenzaba a sentir una horrible presión y un dolor incontrolable por su pierna rota.
-¿Era la orden del fénix? —pregunto Narcisa.
Bellatrix y Lucius negaron—No esos pelmazos no serian capaces de atacar un niño, además si quisieran matar a Draco ya lo hubieran hecho en Hogwarts, estas son otras personas, posibles enemigos, aunque me atrevo a decir que también lo son para la orden.
La mujer se llevo las manos a la cara al no creer lo que decía su esposo, por años la batalla en el mundo mágico había sido entre la orden del fénix y los mortifagos, quienes podrían ser aquellos magos que inspiraban tanto temor en su esposo y en su hermana, dos poseedores de corazones fríos y coraje interminable, a Narcisa se le erizo la piel de miedo al mirar hacia arriba y divisar el símbolo que esa chiquilla había dejado.
-Bueno nos vamos, tenemos que reportar a nuestro señor lo que ha pasado.
-¡Lucius! —El hombre se acerco a su esposa y la beso—descuida estarán bien, no dejaría que le ocurriera nada ni a ti ni a Draco, entren a la casa.
Narcisa lo abrazo y lo volvió a besar, Bellatrix puso los ojos en blanco—ya déjense de cursilerías, Cissy tu marido regresa en unos momentos no seas tan paranoica.
Los mortifagos comenzaron a desaparecer en lo que parecía ser humo negro quedando solo dos aun en la escena.
-¡Zagato! —grito Lucius, el chico rubio se quito la capucha y se acerco a su tío.
-Tú te quedaras con ellos, y los protegerás en caso de que suceda algo, llámanos y vendremos en menos de lo que dices Crucio, yo te excusare con el señor tenebroso.
Zagato asintió y Lucius desapareció.
-Zagato cariño, tu tienes que explicarme que fue lo que paso, ¿porque mi Draco tiene una pierna rota?.
-No se quienes eran tía, al parecer los únicos que saben quien es ese grupo de magos es el tío Lucius y Bellatrix, sobre lo que paso creo que el indicado para decírnoslo es Draco—sentencio Zagato que se veía un poco molesto ante lo que había ocurrido.
-Con gusto les cuento pero por favor llévenme a un medico que estoy a punto de perder la conciencia musito el rubio.
Rápidamente Zagato saco su varita y apunto a la pierna de Draco, llenándola de vendas e inmovilizándolo, también apareció una camilla donde subió a Draco.
El chico se sonrojo cuando su primo lo tomo en sus brazos—esto es humillante Zagato no podrías haberme levitado hasta la camilla, cualquiera que nos vea pensara que nos queremos demasiado.
-Cállate Draco, si te levitaba podría empeorar tu pierna, además—sonrió Zagato tratando de molestar a su primo—yo te quiero demasiado.
Draco se sonrojo al extremo de que se notaba entre la penumbra y comenzó a patalear con la pierna buena y a moverse como un gusano en los brazos de su primo—suéltame, suéltame, mejor me voy arrastrado.
-Jajajaja, es solo una broma tonto, yo no tengo tan malos gustos.
Draco que ya estaba en la camilla se cruzo de brazos y puso un gesto ceñudo.
-Jaja, me muero de risa Zagato, tu gracia me mata—susurro el muchacho con ironía.
Los Malfoy se fueron a la mansión, un poco mas contentos al ver que Draco estaba mejor, sin imaginarse el montón de problemas que se presentarían después de lo que había ocurrido.
De vuelta en Hogwarts la profesora McGonagall, ceñuda e impaciente esperaba que sus alumnos le dijeran de una buena vez, porque Hermione se había quedado dormida, cuando de pronto un ruido en las escaleras los hizo volverse de forma violenta, apuntando sus varitas hacia el sonido, develando así a una chica de cabello castaña, ojos entrecerrados y el camisón por todos sitios, sentada al pie de la escalera.
Harry, Ginny y Ron la miraron como si fuera un zombi, o algo por el estilo ya que se suponía que la chica no podía levantarse hasta el día siguiente, los chicos se preguntaban que es lo que estaba pasando cuando de pronto a Harry se le ilumino el rostro, Hermione había despertado antes de lo esperado, por lo que seguro que no había perdido la memoria, entonces desde ese momento el y ella serian felices para siempre.
-Se...señorita Granger, ¿se encuentra bien? —cuestiono la profesora un poco preocupada al ver la mirada perdida con la que se cargaba la chica.
Rápidamente sus amigos se acercaron a ella y la levantaron.
-Herms, que haces fuera de la cama, ¿estas bien? —le dijo Ginny algo asustada mientras le pasaba un brazo por encima de sus hombros.
-Algo...algo—repetía la castaña con la mirada ausente.
-Hermione ¿qué te pasa?, mírame—le grito el pelinegro algo desesperado al ver el semblante de la chica que le quitaba el alma.
Hermione lo miro pero no de forma cursi, ni siquiera le había sonreído—estoy bien Harry, solo necesito hablar con la profesora.
Los amigos se sentaron en uno de los sillones mullidos y la profesora tomo asiento en frente de ellos encendiendo un par de velas y haciéndolas flotar para alumbrar el lugar.
-Hermione, ¿estas bien?, no te ves muy...sana que digamos.
La castaña trato de sonreír, pero no lo hizo muy bien, la mueca que hizo se veía más fingida que el amor que decía tener Snape por los Gryffindor.
-Ya veo, bueno chicos muchas gracias por ayudar, ahora sin mas me gustaría que me hicieran un favor, os tres—señalo la mujer a los dos pelirrojos y al niño que vivió—quiero que me dejen sola con la señorita Granger, necesito tratar unos asuntos especiales con ella.
-Por favor profesora, creo que seria menos desgastarte que lo que le tenga que decir a Hermy, no lo diga a todos ya que sino al fin y al cabo nos lo contara. —alardeo Ginny que se había puesto roja de enojo por lo que McGonagall les quería ocultar.
La profesora se levanto de golpe y la miro con el entrecejo fruncido, totalmente furiosa—A usted no le interesa si lo que hago es desgastante o no, lo que tengo que hablar con la señorita Granger es asunto solo de ella y mió, tengo que hablarle sobre las clases que le estoy dando, dudo que ustedes tres entiendan de lo que se trate cuando ella se los diga, según afirma señorita Weasley, así que no volveré a repetirlo, suban a sus dormitorios y déjenme sola con Hermione.
El pelinegro y los pelirrojos asintieron y obedecieron a la profesora McGonagall, Ginny estaba de lo más furiosa y azoto la puerta de su dormitorio cuando ya había ingresado a el, Harry y Ron fruncieron el cejo por el golpazo.
-Vaya genio que se carga, te salvaste de no salir con ella Harry—le comento Ron con cara asustada.
-Si verdad—le respondió el chico serio mientras se internaba en la habitación ignorando el cometario de su amigo, a Harry no le había gustado nada la actitud que tenia Hermione cuando se había caído de las escaleras, no sabía porque pero tenia un mal presentimiento, sin embargo no podía hacer nada, al menos en ese momento no, pero ya mañana seria otra historia, gracias a dios el día siguiente era sábado y se podría pasar todo el día con ella.
Harry se sentó en su cama y cerro el dosel ignorando todo lo que había a su alrededor.
Ron se había que dado en la puerta mirando la extraña actitud de Harry y sin vacilar se acerco a la cama de su amigo y con fuerza abrió el dosel de par en par—Harry que te pasa, que te ha picado, pareces una sombra vagando de aquí allá, no es por nada pero hasta el varón sanguinario parece tener mas vida que tú.
Harry sonrió ante el ultimo comentario—descuida Ron, lo que pasa es que estoy algo intrigado por lo que ha dicho la profesora, no creo que lo que esta hablando con Hermione sea solo de alguna clase, como ella dijo, parece que hay algo mas. —mintió el pelinegro sin mirar a Ron.
-No te preocupes si es así, seguro Mione no lo dice en cuanto suba, ya me la imagino—Ron abrió mucho los ojos y puso la cara que Hermy ponía cuando esta emocionada—chicos, chicos a la profesora se le ha escapado decirme que hay una conspiración en contra de la gente de la orden, tenemos que hacer algo al respecto—la imito Ron.
-Si seguramente lo hará, aun así es extraño ¿no crees?
-Y que lo digas, pero hablando de extrañeces, dime algo Harry.
El pelinegro miro a su amigo con cara inocente.
-¿De donde venias cuando Hermione se desmayo? —pregunto Ron alzando una ceja y mirando de forma inquisidora a Harry.
-Mmm...Ron ¿eso importa ahora?
-Si y mucho, el desmayo de Hermione ha sido lo mas extraño que ha pasado hoy, no puedo evitar sentir curiosidad el porque justamente tú la encontraste.
-No la encontré, ella y yo estábamos juntos—Ron estaba a punto de hacer un comentario pero Harry se adelanto, necesitaba tiempo para buscar una buena excusa lo suficientemente inteligente para que su mejor amigo la creyera—pero ya te lo contare mañana, ahora te juro que mi cerebro no recuerda ni lo que hizo hace dos segundos, mañana prometo contarte con lujo de detalles lo que paso, de veras.
Ron alzo una ceja y se cruzo de brazos—No podré dormir por tu culpa, la impaciencia va a matarme y tu tendrás que lidiar con eso toda tu vida, ya imagino los periódicos de mañana: Ron Weasley, atractivo mago de Hogwarts, el mejor guardián que ha tenido la casa de Gryffindor a tenido una muerte prematura porque su mejor amigo Harry Potter lo mato de angustia.
Harry sonrió—vamos Ron, no hagas drama, mañana temprano te lo cuento todo, ahora solo déjame dormir, ha sido un día pesado.
-Esta bien, pero en cuanto comience a salir el sol, te despertare.
-Si, buenas noches y jajaja no mueras de angustia—se mofo Harry.
-Claro, buenas noches Harry, pero insisto no voy a poder dormir.
A los cinco minutos los inconfundibles ronquidos del pelirrojo ya azotaban contra las paredes del dormitorio.
Harry esbozo una sonrisa y luego se puso serio pensando en todo lo que tendría que hacer al día siguiente teniendo como mayor prioridad hablar con Hermione y averiguar que tanto recordaba de esos momentos que habían pasado juntos, sin mas y después de pensar en lo que le diría a Ron, se quedo dormido con una lagrima que salio de su ojo al quedarse dormido pensando en que Hermione había olvidado todo.
Hola chicos y chicas hasta aquí les dejo este cap, espero que les haya gustado, sin mas no estuvo tan cursi como los tengo acostumbrados pero jejeje era hora de la acción, en el siguiente cap, les diré que va a pasar con Harry, Herms y Draco, además McGonagall le informara a Hermy algo que la hará llorar, ¿quieren saber que es? ^* jejeje pues esperen al siguiente cap y recuerden dejar comentarios, porque si no lo hacen, cada vez que lean este fic y no comenten un gatito morirá : C _ cuídense los quiero mucho
Besotes Faby