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Historia 24279 — capítulo 3

What’s to come

-Harry... –el Ministro lo miró desde detrás de su escritorio con una sonrisa afable que a él se le hizo extraña.- Siéntate, siéntate –dijo, haciendo señas con su mano. Apoyó la pluma en el tintero e hizo a un lado los pergaminos.- Cardwell, puedes retirarte.

El mago hizo una excesiva reverencia, Harry no supo si para él mismo o para el Ministro, y salió por la puerta, cerrándola tras de sí. Harry tomó asiento y miró a Scrimgeour expectante.

-Bueno, Harry, verás... –el Ministro se recostó en su silla, para ponerse más cómodo, y lo consideró brevemente.- El sábado habrá una recepción del Ministerio. De gala, por supuesto... –Harry asintió, entendiendo inmediatamente lo que se iba a requerir de él.- Tú serás el invitado de excepción, sería aconsejable que llevaras pareja... Si me permites sugerirte, ah... alguna acompañante...

-Ni hablar –espetó Harry que, después de todo, no había estado esperando aquello.- Ya sé con quién voy a ir.

-Debería ser alguien respetable, alguien que sepa tratar con la prensa, porque por supuesto que habrá. Alguien que tenga presencia... a poder ser con algo de...

-Tengo dieciocho años –interrumpió Harry, mirándolo muy serio.- Nadie esperará que vaya con alguien así. –razonó.- Sin embargo, no dudo de que encontrará mi elección satisfactoria al final de la velada...

-¿Con quién vas a ir?

-Con mi novia, aunque creo que eso a usted no le interesa en absoluto. –replicó, empezando a perder la paciencia.- ¿Con quién va a ir usted? –preguntó bruscamente.

-Con mi mujer, por supuesto. –dijo Scrimgeour como si fuera evidente. Harry lo observó con una mezcla de diversión y enfado, como diciendo: ¿y por qué se extraña de que yo vaya con mi novia? De alguna manera, sin embargo, le parecía que la palabra novia carecía de significado, que no llegaba para abarcar lo que Ginny y él tenían.

-¿Qué hay de Greyback? –preguntó Harry entonces.

-Ha vuelto a los bosques del norte, creemos. Tiene un grupito que lo sigue, pero no representan ningún peligro. –dijo el Ministro tranquilamente.

-Ese hombre lobo mordió a un amigo mío de pequeño. Lo hizo a propósito. Y hace algo más de un año volvió a atacar a otra persona que me importa, aunque no consiguió transformarlo del todo. Greyback siempre representa un peligro. –afirmó Harry,- Y si después de apresarlo cambiaran algo las leyes de regulación de los licántropos, entonces no habría tantos problemas con ellos.

-Dolores no cree eso conveniente –dijo Scrimgeour, entrelazando los dedos de sus manos y dándole vueltas a sus pulgares.

-¿Dolores Umbridge? –preguntó Harry exasperado. Le dio la sensación de que la cicatriz del dorso de su mano le ardía de odio.- ¿Sabe? Las ideas de esa... mujer, no son muy distintas de las de Voldemort...

-No digas su nombre –dijo Scrimgeour, mirando brevemente a un lado y a otro, como si Voldemort fuera a salir de repente.

-¿Le da miedo? Voldemort está muerto. No va a volver. Pero Greyback sigue suelto, y si usted no se decide a atraparlo, alguien tendrá que hacerlo.

-¿Vas a hacerlo tú? –preguntó el Ministro, entre desafiante e incrédulo.

-No –dijo Harry, mirándolo fijamente.- Porque si yo lo encuentro, creo que lo mataría. Y no quiero hacerlo. –hizo una breve pausa y se levantó.- En cuanto a Umbridge, y al Ministerio en general, quizás habría que renovarse, ¿no? –dejó la pregunta en el aire y dio media vuelta para salir mientras decía.- Nos vemos en la recepción, Ministro.

-¿Y bien? –preguntó Ginny con curiosidad, recostándose contra el campo que le servía en aquellos momentos de colchón y mirando las ramas del árbol que se elevaba por encima de ellos.

-He entrado en la sala –dijo Harry rápidamente.

-La sala... –repitió Ginny, sin comprender.- Oh... la sala –volvió a decir, cuando halló el significado de las palabras de Harry.

-Fue algo increíble –dijo él con una sonrisa, acariciando distraídamente el vientre de la pelirroja, que acababa de quedar al aire.

-¿Qué había?

-De todo. –dijo Harry, sin salir de su estado abstraído. Luego la miró y la consideró por unos momentos.- La verdad, ahora que lo pienso, en su mayoría estaba llena de ti.

-¿Cómo?

-Ginny... cuando te dije que tú me habías salvado a mí, quería decir exactamente eso. –aclaró Harry, separando su mano del vientre de ella. La luz se extinguió cuando lo hizo. Los ojos de Ginny simplemente se abrieron más, así que Harry continuó.- No lo derroté yo. Lo derrotamos los dos. Esto lo derrotó –cogió su mano y entrelazó sus dedos, y como para darle más fuerza a su argumento, la luz esa vez se volvió más intensa.

Ginny le dirigió una mirada tierna y cálida, y sus mejillas se sonrojaron como hacía tiempo que Harry no las veía.

-¿Le enseñaste a Voldemort...? –empezó, sólo para ser interrumpida por Harry.

-Lo sintió. Sintió el dolor de no poder estar contigo. Y la pasión al estarlo. Lo sintió a través de mí.

-Legeremancia. –susurró Ginny, apretando más fuerte la mano de él.

-Algo así... sólo sé que nuestras mentes estuvieron conectadas, y Severus dijo... su reflejo dijo... –se corrigió, sintiendo dolor al recordarse que estaba muerto.- que pensara en ti. Y lo hice.

-Me alegro de que lo hicieras –dijo la pelirroja.- si eso significa que ahora estás aquí.

Por toda respuesta, Harry la besó, sin poder resistirse más.

-Quedan menos de tres semanas para que me vaya a Hogwarts –dijo Ginny cuando se separaron.- ¿Qué vas a hacer?

-Todavía tengo que aprobar mis E.X.T.A.S.I.S. –recordó Harry.

-Vamos... ¿no pensarás que te van a salir mal? –rió Ginny, dándole un golpecito burlón en su hombro.

-Nunca se sabe... –replicó Harry.

-Yo lo sé. Vas a aprobar. –dijo con convencimiento.- ¿Y después qué?

-No lo sé. Podría entrar en el Departamento de Misterios... –comentó vagamente.

-¿En serio? –dijo Ginny con sorpresa.

-Mejor que ser auror... –dijo Harry, que empezaba a ver aquel trabajo como algo cada vez más lejos.- No sé... no quiero seguir las órdenes del Ministro. Y hay tanto que ver en el Departamento de Misterios, tanto que aprender... y Scrimgeour ni siquiera sabe lo que se hace allí.

-Creo que Hermione se pondría celosa –sonrió Ginny.- Si eso es lo que quieres, y puedes hacerlo, entonces hazlo, Harry.

-No sé... todavía tengo tiempo para pensar en esas cosas. Después de los exámenes.

-Si tan inseguro te sientes, quizás deberías ponerte a estudiar –comentó Ginny con una sonrisa traviesa en la cara.

-¡Ni hablar! –exclamó Harry, y con una sonrisa igual de brillante que la de ella se inclinó para volver a besarla mientras una potente luz los envolvía.

Aquella noche, mientras cenaba, acudió a la mente de Harry algo que debería haber contado hacía tiempo.

-Señora Weasley, ¿dónde está Remus? Necesito hablar con él y Tonks.

-Está en su casa. –aunque fuese increíble, Harry encontró aquello asombroso.- Puedes ir mañana por Flú. Y si quieres, ya volverás apareciéndote.

-Mañana por la mañana van al Ministerio –dijo el señor Weasley, desde el otro lado de la mesa. Harry lo miró interrogante, y él elaboró.- Iban con John y con Lucy a arreglar unos papeles. El Ministerio está siendo muy permisivo con las adopciones, después de que se destruyeran tantas familias.

De algún modo, Harry se sintió celoso por un momento. Si él hubiera podido tener algo así... De todas maneras, el fuerte sentimiento que había tenido algún día de tener unos padres había pasado de alguna manera tras Snape, reconoció. Había tenido suficiente, algo que había merecido la pena, y ahora, los que estaban en aquella mesa y algunos que faltaban, eran su familia.

-Iré mañana después de comer, entonces –decidió. Notó la mirada de Hermione desde su derecha, y casi esperó por un momento que le preguntara de qué iba a hablar con Lupin. No lo hizo, y Harry estuvo agradecido.

-¿Hay alguien en casa? –dijo, alzando la voz, y cuando la empujó, la puerta se abrió sola.

La señora Weasley le había dado las señas por la mañana, y había llegado sin problemas, aunque por medios muggles. La casita de Remus, y de Tonks, se corrigió Harry en el pensamiento, estaba bastante aislada. La casa más cercana estaba a unos cuatro kilómetros, según la señora Weasley. No era gran cosa, pero era suficiente.

Harry miró con curiosidad la estancia en la que se hallaba, que era un pequeño recibidor. Todo era muy sencillo, aunque a Harry le gustó. Aunque Remus hubiera tenido un montón de oro, Harry supo que la casa habría estado exactamente igual. Unos pasos lo sobresaltaron, y la vocecilla chillona de Lucy llegó hasta él un momento antes de abrazarse a sus piernas.

-¡Hola Harry! ¡John!

No tuvo que llamar de nuevo a su hermano, porque apareció enseguida. Con las manos en los pantalones, y aquel aire de tranquilidad que lo caracterizaba, John atravesó la puerta que daba al salón y le sonrió a Harry a modo de saludo. Éste devolvió el gesto, a la vez que acariciaba el pelo de Lucy, que seguía abrazada a su pierna derecha.

-¿Vienes a vernos? –preguntó ansiosa, mirando hacia arriba por un momento.

-Por supuesto –dijo Harry.- Pero jugaré luego con vosotros. Ahora tengo que hablar con Remus. ¿Dónde está?

John señaló el salón, y los tres pasaron hacia allí, donde Remus leía un libro, cómodamente tirado en el sillón.

-¿Harry? ¿Ocurre algo? –dijo en cuanto levantó la vista. Harry negó con la cabeza. Remus bajó las piernas de la mesita en la que las tenía apoyadas, dejó el libro encima de la mesa, y llegó hasta él para estrecharle la mano afectuosamente.

-Necesito hablar contigo. –dijo Harry, echando una mirada significativa a los dos hermanos.

-Claro... –asintió Remus.- Vosotros dos, podéis ir a jugar fuera... –añadió dirigiéndose a Lucy y John.- Pero no os alejéis mucho –advirtió, como si se lo hubiera pensado mejor.

Los dos niños salieron corriendo de la casa.

-No te sienta nada mal eso de ser... papá. –comentó Harry con sorna.

-Tengo a dos menores a mi cargo, pero no soy papá –refunfuñó Lupin, como si le fastidiara.- ¿De qué quieres hablarme?

-Voy a ir directo al grano... –advirtió Harry.- Sé quién era el padre de esos dos.

-Vaya... –Remus suspiró y se pasó una mano rápidamente por el pelo, como si de repente estuviera nervioso.- Me da la impresión de que esto no me va a gustar...

-Era Karkaroff.

Remus se dejó caer en el sofá de nuevo, como si fuera un peso muerto. Harry se sentó frente a él, despacio. El licántropo finalmente levantó la vista y lo observó un largo rato.

-¿Cómo voy a decírselo? –preguntó al aire.- Al menos, aún tengo tiempo para pensarlo.

-Cuando llegue el momento, se lo diré yo –apuntó Harry. Remus continuó mirándolo, como pidiéndole una explicación.- Dumbledore cometió el error de no contarme todo lo que sabía sobre mí porque, según él, me quería demasiado –una mueca irónica se instaló en su cara.- Tú olvidarás que se lo tienes que decir, pero yo no voy a olvidarme, porque sé lo que es que te oculten cosas sobre ti mismo.

Un largo silencio se instaló entre ellos, durante el cual escucharon las voces de John y Lucy fuera, que reían alegremente. Harry habló al cabo de un rato, cuando ya no pudo aguantar más aquel ambiente tenso.

-¿Dónde está Tonks?

-En el Ministerio.

Era increíble ver cómo, a pesar de llevar tiempo con Tonks, Remus se sonrojaba cuando Harry la mencionaba. 


-¿Harry?

Una voz lo sobresaltó, y dejó el libro que tenía en la mano sobre la estantería de la que lo había cogido. Se giró y vio a una chica joven, de poco más de veinte años, que le resultó familiar.

-¿Penélope? –preguntó dudoso, intentando recordar su apellido.- ¿Penélope Clearwater?

-Vaya... te acuerdas –murmuró sorprendida. Cómo no acordarse. Había sido novia de Percy. Quizás todavía lo fuese.- Mmm... no esperaba verte aquí. –añadió, mirando alrededor de ellos, las estanterías llenas de polvo y libros de Flourish & Blotts.- Quería... pedirte algo.

Harry la miró sorprendido por unos instantes.

-Te escucho. –dijo finalmente.

-¿Podrías decirles a los Weasley... que estoy embarazada? –se mordió el labio inferior con fuerza, como si no hubiera dicho lo correcto.- Percy... no quiere que lo sepan por nosotros, pero yo... bueno, no puedo evitar pensar en lo que dirían mis padres si no lo supieran.

-Entiendo. –dijo Harry lentamente, por fin consiguiendo articular palabra.- Se lo diré.

-Pero no les digas que te lo he dicho yo, por favor.

-De acuerdo.

-Me he alegrado de verte, Harry –dijo ella, con una triste sonrisa.- Ya no queda casi nada de aquel niño que llegó a Hogwarts. Adiós.

-Adiós, Penélope –dijo Harry, y mientras ella se alejaba entre las estanterías, pensó que aquel niño había ganado muchísimas cosas desde entonces.