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Historia 24383 — capítulo 6

Después de haberme atragantado de todo, es que, os digo, esta comida fue, exquisita, divina, maravillosa, expectacular... bueno, vale, ya. Ando feliz porque, en poco tiempo, en menos de 10 horas, ya tengo amigas: Lilian Evans, Emily Smithson y Susan Woodman, claro, que ésta última me mira como si en cualquier momento me fuera a envenenar.

Durante la cena, platiqué con muchos Gryffindors, fue muy divertido, conocí un poco más sobre los "Merodeadores", compuesto por cuatro chicos: James Potter, Sirius Black, Remus Lupin y Peter Pettegrew, según un chico rubio me dijo.

Aquel moreno de ojos grises no me dejaba de mirar, y Emily, a cada instante, veía como una psicopata a aquel castaño con el que me había tropesado, es muy amable a decir verdad, pero no entiendo porque Emily siendo una ángel, se transforma en el mismísimo satanás cuando ve al chico ese, llamado... hmm, ¿cómo es que era?... ¡Remus! Remus Lupin. Sí, el chico la miraba tan tiernamente, pero no se crean, de vez en cuando la miraba como si se hubiera vuelto loco. Me da la leve impresión de que estos dos se odian... o quizás sean simples indagaciones mías. Lily estuvo muy calmada, conversando con Susan, aunque ésta de vez en cuando, cuando se dignaba, era que le respondía, y monótonamente. La verdad es que amo esta casa. También se me acercaron unos chicos de otras casas, cinco de Hufflepuff y tres de Ravenclaw. Fueron muy amables al darme la bienvenida.

En fin, un arrebato de buena cordura, sólo eso. Aunque... me quedó fijamente grabado en la mente lo que me dijo aquel viejo sombrero... muy extraño. ¿Y por qué Susan no quería que yo le dijera que vi un Thestral a Lily?... Raro... sinceramente.

– ¿Atenea?– me llama alguien por detrás.

– ¿Sí? ¡Ah! Lily... ¿qué?– ya estamos dentro de la sala común, y... sorprendente, es más que bonita. La chimenea crepitando una suave (pero peligrosa) candela. Los sofás, los taburetes, los cuadros, la alfombra... es maravilloso. Todo de color escarlata y dorado. Con el escudo de Gryffindor encima de la chimenea.

– Ven, ya que soy la prefecta es mi deber de llevarte a tu habitación, digo, a nuestra habitación– es Lily la que me habla. Se ve sonriente.

– ¿Nuestra habitación? ¿A qué te refieres?– pregunto yo... ¿dormiré con ellas? Hmmm, no sería mala idea. ¿O si?

– Bueno, que antes, en la habitación que yo duermo, dormí, y dormiré... dormimos Emily, Susan y yo... o sea, eramos tres chicas, ahora seremos cuatro...– me explicó aún sonriente–... contigo– agregó.

– Bueno, vale... una maravilla– digo yo, sonriendole también. Bueno, si voy a compartir habitación con estas chicas, no sería mala idea, por lo menos no estaría sola... digo...

– Bien, entonces, yo me voy... tengo que hacer unas cosas. ¡Ah! Por cierto, tienes que ir a la habitación: sexto año, L.E.S– yo me quedé pestañeando seguidamente– Si quieres ven conmigo.

– Sí, mejor...– y comenzé a seguirla. Subimos unas escaleras estrechas de caracol. Joder, esta bestia da más vueltas, es como si no fueramos a llegar nunca, ¡ahhh, me mareo!. ¡Aleluya!, llegamos al bendito pasillo. Hay bastantes puertas, comenenzando por las de primero, luego las de segundo, y así sucesivamente. Está todo muy limpio. Me imagino que esto luego se volverá un total chiquero, luego de chiquero a basurero, y de basurero a desastre. Con afiches de chicos, muñecas seguramente, maquillaje... bueno, en fin cosas de chicas; por los momentos todo está higienico. Lily se para enfrente de una puerta marrón, lógico, y saca una llave. Al entrar a la habitación, todo está impecablemente limpio, y organizado. En la puerta hay un letrero de madera que reza así: "No pasar. Entrada restringida para menores de 15 años para abajo y mayores de 17 para arriba. Sexto año: L.E.S". Me acerqué más para ver mejor, y Lily entonces sacó su varita, y apuntó a las iniciales "L.E.S", agregando una "A", vendría siendo ahora: "L.E.S.A". Hmmm, inteligente la chica.

De repente se comienzan a escuchar voces. Voces femeninas, y en un abrir y cerrar de ojos veo una manada de chicas grandes y pequeñas, gordas y flacas, blancas y negras, de todas las formas venir corriendo hacia nosotras. Lily me agarra fuertemente de la túnica y me jala hacia la habitación. Tranca la puerte estruendosamente.

– Menos mal. Sobrevivimos– la veo como si se hubiera vuelto loca.

– Oye, no quiero ser pesada pero... ¿sobrevivir?– alzo una ceja.

– Sobrevivir... porque si nos hubieramos quedado allí, paradas como idiotas, esas desquiciadas nos hubieron escachapado. Por eso te empujé de esa manera. Ahora...– suspiró despues de su explicación–... bienvenida a la habitación "L.E.S.A"... antes era "L.E.S", como pudiste ver, pero agregando tu "A"...

– Ya sé, Lily. Me di cuenta de eso– joder, esta chica debería ser profesora.

En eso la puerta se abre de golpe, y por allí aperece una muy sonriente Emily y una, más amargada aún; Susan.

– Desquiciadas. Tuvimos que pasar entre codazos, empujones, pisotones... y demás. Una grandulona ahí, que por cierto tenía grandes senos, me hiba a meter un puñetazo, sino hubiera sido por una niñata que me pasaba por enfrente... pobre de mí– dice Susan entre dientes. Pateando y lanzando golpes a todo lo que se consiga por enfrente.

– Sí, pero pobre niñita... entonces fue ella la que recibió el puñetazo por ti– dice Emily acongojada.

– Me sabe a...– pero antes de decir "esa" palabra, su mirada se posa en mí. Se pone roja... diría yo que parece un toro.

– Hola– saludo sonriendo tímidamente. Todo en la habitación comienza a flotar, Lily se alarma y Emily se asusta. Yo veo todo extraño, ¿por qué todo flota? ¿Y por qué Woodman me mira feo? Joder, que de veras me mira como un toro. Entonces la lámpara de al lado mío se revienta, salen pedazos de porcelana volando por todas partes. Coño, o es ahora o es nunca... me asusto.

– ¿QUÉ HACE ÉSTA AQUÍ? ¡VETE! ¡NO DEBERÍAS ESTAR AQUÍ, ROSSWELL!– yo la miro un poco acongojada. Los ojos se le han puesto negros por completo, la vena aorta y la de la sien le laten a millón, y están bien brotadas.

– Yo... pues...– me echo hacia atrás, sin quitarle mi mirada de la suya. Emily a salido corriendo, y Lily a comenzado a sacar su varita.

– Susan... relájate... eramos tres, ahora somos cuatro. Recuerda que ella es nueva– dice Lily como si estuviera tratando de hacerle entender algo tan fácil, a un demente.

– Sí... recuerda que soy nueva. Se una buena niña y quedate quietesita... ¿sí?– trato de convenserme a mí misma de que la morena no se está acercando cada vez más hacia mí... con aires psicopatas.

– Susan... ¿estás bien? Por favor Susan, es Rosswell– vuelve a hablar Lily muy preocupada.

– Es que no es eso, es que es ella... es ella– dice en un murmullo la morena. ¡Ayyy!... tengo miedo.

– Sí, Susan... es ella, pero... ¿qué sucede con ella?– pregunta Lily trémula.

– ¡ES ELLA LILY! !LA QUE SABE EL FUT...!– pero cae desmayada, Lily pega un grito ahogado y sale corriendo hacia ella, yo me quedo viendola, pensativa, y un poco ida. ¿Qué quería decir? ¿La que sabe el qué?...

– ¡Susan!...– exclamó Lily alterada dandole "delicadas" bofetadas en la cara a Woodman.

– ¿Se encuentra bien?– pregunto yo en un hilo de voz. ¡Joder, pero que paresco tonta!... Prefiero quedarme en mi lugar, sólo observando.

– ¿Cómo crees que se encuentra bien? ¿Te has vuelto loca?– me grita desesperada, pero su desesperación comienza a tornarse en histéria. Susan abre los ojos lentamente. Su mirada, nuevamente, se posa en mí.

– Atenea Rosswell, no eres lo que tú crees– me dice con voz de ultratumba.

– Vale, ya sé que soy un poco rarita pero...– me mira con exasperación, pero aún mantiene el semblante místico.

– No... Rosswell, no eres lo que crees ser... eres más de lo que eres...– vuelve a cerrar los ojos, esta vez los abre como los tenía en el Gran Comedor, normales, por así decirlo. La miro raro, vale, esta vez si que me quedé sin aire, y completamente ida. ¿A qué se refería?.

Día siguiente...

– ¡Atenea Rosswell! !Llegas tarde!– siento que alguien me grita en la pata de la oreja... ¿quién será el muy estúpido que osa de despertarme de esa manera?.

– Mamá, un rato más por favor...– mascullo yo, tapandome la cara con la almohada.

– ¡Que mamá y que ocho cuarto! ¡Estás en Hogwarts! ¡Tenemos clases! ¡Tierra llamando a Atenea!– brama Lily. Momento... Lily+Hogwarts+clases+atrasada= mal día.

– ¿QUÉÉÉÉÉÉ?– grito yo como una desquiciada-sin-oficio-marrana. Más atrás sale del baño Emily también gritando como una maniaca, Lily grita, todas gritamos... parecemos psicopatas.

– ¡AAAAAHHHHH!

– ¡AAAAAHHHHH!

  • ¡YA BASTA!– grita una voz, que Merlín sabrá de donde coño a salido. Emily, que tiene el cepillo de dientes dentro de la boca se calla y mira a esa persona. Lily, tambíen para en seco, y mira también a aquella persona, yo sigo gritando como loca.

– ¡AAAAHHH!

– Atenea...

– ¡AAAAAHHH!

– ¡Atenea!

– ¡AAAAAAHHHHH!

– ¡ATENEA, JODER, PARA YA!– grita a todo pulmón Lily. Yo paro de gritar y la veo desde mi rincón.

– Lo siento, es que me dejé llevar por el momento– me excuso yo. Emily entra en el baño nuevamente y se tranca por un rato, aquella voz, la que nos había mandado a callar a todas, era Susan, ésta volvió a lo que hacía... buscar sus libros. Lily me miró severa y comenzó a terminar de vestirse. Yo, acurrucada en mi cama, me vuelvo a tapar para seguir durmiendo, pero no, me tienen que volver a interrumpir...

– Atenea, querida, que tengas los oidos bien sucios no quiere decir que...– comienza a decirme Lily con una sospechosa voz dulce... hmmm, esto irá a parar para otra cosa, pero como al parecer hoy me levanté adivina... tenía razón...– ...¡NO VAYAS A CLASES HOY!– ¡uuuiii!, que grito madre mía, por favor, que me compren un aparato para oidos, e quedado sorda.

– ¡Ay! Ya voy Lily...– me levanto a regañadientes, y me voy hacia el baño– ¡Oye Emily, el día en que decidas salir de allí ya te habrá salido moho!– desde el otro lado se escucha un grito ahogado. La rubia sale de baño como un relampago, sonrio para mí misma. Entro allí y siento un olor a... menta, rosas rojas y... a floral. Me imagino que el de rosas rojas es el de Lily, el floral debe ser el de Emily y el de menta de Susan. ¿Y el mío?... ¡a tulipanes! ¿Qué?... ¡Son mis flores preferidas!. Bueno, voy hacia la ducha y me meto (no antes de haberme desvestido, lógico), para comenzar a ducharme. Hay tres champús, uno para cabellos rojos, otro para cabellos rubios y otro para castaños... ¿y para mi?... Hmmm, el neutro. Comienzo mi rica ducha, termino y salgo cogiendo una toalla, ¿desde cuándo estaba ahí? Ni idea...

Con la toalla envuelta a mi cuerpo, me dirijo al espejo de cuerpo completo que hay en un rincón del baño. Me miro y veo que mis cejas paracen una selva... las pongo más pequeñas y delicadas, perfecto. Me veo los labios, hmmm, muy finos, a ver, más gruesos...

– ¡AAAHHH!– grito, que horrible, me los puse demasiado grandes, joder parece más bien una bemba... ¡bailalo negro!... bueno, ya, concentración. Los coloco a su debido tamaño, ni bemba ni rayita. Ahora, los senos... ¿cómo Pamela Anderson, o como una nadadora?... ¡blah! Normales... La nariz, está en perfecto estado, así que se queda así como está. El cuerpo... ¡ñah! Así también está bien. Ahora lo peor... el cabello. ¿De qué color me lo pongo? ¿Rojo? ¡No! Me parecería a Lily, y eso es lo que menos deseo, bien, la chica es una diosa, pero no es para tanto, para llegar a ser su copia. Bien, ¿castaño? ¡Menos! No quiero que Susan me mate por haberla imitado... ¿Rubia? ¡NOOO, MENOS! No me gustan las rubias, tienen mala fama... dicen que son... bueno, ya sabéis.

Continúo mirándome el cabello... esto se pone difícil, y más aún cuando una prefecta perfecta desquiciada te anda gritando desde afuera de un baño cosas que no tienen nada que ver con "bonita".

¿Rosa? No... ya lo hice. ¿Verde? No quiero parecer un nomo... ¿Naranja?... no me gustaría que me llamaran "zanahoria". ¡Arrggh!... Piensa, piensa... ¡ya sé! Un color serio, no muy llamativo y tranquilo. Sí, ese mismo. Ahora... los ojos... ¿Verdes? (me recuerda a Lily) ¿Azules? (Emily...¬¬)... ¡Ya!...

Una hora después..._

Estoy en el Gran Comedor, comiendo... no entiendo por qué todos me miran raro, ¿será que tengo un feo acné en la nariz? Y eso que ni cuenta me di...

– ¡Hey, fucsia!– coño, ya sabía yo... es mi cabello. Decidí ponermelo de color fucsia, si, ya sé que no fue nada serio, ni menos poco llamativo. Mis ojos son de color magenta y mi cabello pues ya lo sabéis, pues yo opino que me veo hermosa. Claro, excluyendo que paresco un puercoespín, con los cabellos cortos y de punta, como si hubiera resivido un choque electrico, pero en fin...

– ¡Anda a besar al director, Black!– sí, es el chico ese arrogante... que pesado, ggrr.

– Ja, ja, ja... bien hecho– me felicita Lily, la miro como si fuera un mosquito gigante– ¿Qué? ¿Por qué me ves así?

– No, por nada...– digo despectivamente. Es que no me siento de buen humor. Primero: me levantan de la cama en una manera... poco atractiva, segundo: me gastan un sermón por tardarme tanto en el baño. Tercero: comienzan a sospechar que soy metamorfoga, y cuarto:... todo el mundo me ve como si fuera un Thestral bailando salsa.

– Evans, tome, entregue estos horarios al resto de los alumnos. No tengo tiempo para hacerlo yo– esa es la profesora que me echó tremendo susto ayer, cuando me fue a llevar para mi selección. Lily asiente y toma el bojote de pergaminos, lease: horarios. Me da uno a mi, luego a Emily y Susan. Y se va repartiendolo a todos aquellos que son de Gryffindor.

– Hola, Rosswell– me saluda un chico detrás de mí. Me volteo y veo al moreno ese llamado Remus. Es una monada de chico, y eso que aún no lo conosco bien.

– Hola...– digo yo como una babosa, levanto mi mano derecha lentamente y me meto senda bofetada, luego sonrio como cínica– ¿Todo bien?

– Sí, todo... Un año más de prefecto...

– ¿Eres prefecto?– pregunto yo abriendo los ojos como elfo.

– Sí... anoche estuve bastante ocupado guiando a los de primero– me comenta mientras se sirve el desayuno. Me mira y me sonríe, yo hago lo mismo.

– Ah... que bien. Anoche Lily me ayudó, pensé que ella era la única prefecta– digo un poco ruborizada.

– No, ella no es la única. Estamos ella y yo de Gryffindor. Lucius Malfoy y Bellatrix Black de Slytherin... y otros más de las otras casas– y se vuelve hacia su plato para seguir comiendo.

– Y... ¿en dónde están los otros, tus amigos, supongo?– pregunto yo simulando poco interés.

– ¿No era que te caían mal?– me ve pícaro.

– ¡No!... no, sólo pregunto– trato de excusarme yo. ¿Este chico es adivino o qué?

– Ah, bueno. Ellos ya vienen, están allá– me hace un seña con la quijada, señalando a la mesa grande esa de los profesores, yo me volteo y ahí los veo, a los dos morenos platicando con el director. Me volteo rápido hacia donde está Remus, ya que el arrogante ese había comenzado a verme. Remus sonrie– Espero que se apuren...

– ¿Y por qué deberían de apurarse?– pregunto yo intrigada.

– Porque en unos cuantos minutos sonará la campana y tendremos que ir a clases– me dice muy tranquilo– Por cierto... felicitaciones por quedar en Gryffindor– me sonrojo más... ¿en dónde a quedado mi don de metamorfoga cuando más lo necesito?.

– Gracias... supongo– digo en voz baja. ¡Argh! Esta pena...

– No, no lo supongas. Ya verás que te encantará... ¡Hey, chicos, rápido! ¡Tenéis que comer!– lo miro... es una monada, en serio. Guapo, inteligente, tranquilo, dulce... ¿qué más perfección que él?.

– Hola, Lunático. ¿Saliendo ya con la nueva?– tenía que ser el arrogante, se sienta al lado mío, quedando yo en medio del ojigris y el castaño.

– No, que va... no es nada mío, Canuto. Sólo hablabamos, ¿verdad?– me mira alzando las cejas, yo me molesto, me levanto y hago que me voy, pero el arrogante me toma de la mano y me obliga a sentarme.

– No, no te vayas querida... quédate– lo miro indignada, ¡a mi nadie se atreve a decirme querida! ¡Y menos ese inmaduro!.

– Tú... no me toques, y me tengo que ir– me suelto de él brusticamente (brutal y rustico) y me voy.

– ¡Hasta luego!– me dice por detrás Remus.


– Esa chica tiene algo que me hace temblar– dice de repente Sirius.

– Canuto, recuerda que los merodeadores jamás se enamoran– le recuerda James, el de pelo azabache y ojos avellana.

– Ya sé, Cornamenta. Sólo decía... por decirlo.

  • Ya... Hmmm, ¿no os habéis dado cuenta que en el expresso esa chica, Rosswell, tenía el cabello color rosa, luego aquí dentro lo tenía verde... y ahora fucsia?– dijo de repente Remus curioso.

– Sí... es cierto... ¿será...?– dice James.

– Naahh, no creo– descarta Sirius. Y los tres, incluyendo a niñito ese que anda detrás de ellos, comienzan a comer como cerdos.


Camino sin rumbo, es que o sea, no me conosco para nada este castillo, y a lo lejos veo mi salvación.

– ¡Lily!– grito a todo pulmón, la chica que está hablando con Emily, de algo al parecer bastante interesante, se voltea y me sonríe.

– Hola, Atenea. ¿Pasa algo?– ¿son desordenes ultra-biologicos de mis neuronas o parece haber estado hablando a escondidas de mí?.

– No, bueno, sí. No sé en donde están las aulas. Comprende que apenas llego aquí– digo yo tratando de ignorar olímpicamente mis locas ocurrencias.

– ¡Ah, claro! Ven con nosotras. Oye... ¿has visto a Su?– la veo con intriga– Susan– se hace entender.

– No...– respondo yo rotundamente.

– Bien, bueno... ella lógicamente sabe en dónde son las clases. Bueno, vamonos, ya sonó el timbre...

– ¿Eing? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Dónde? ¿En qué momento?– comienzo a mirar hacia todos lados freneticamente. Es que os digo, en ningún momento e escuchado la campana, timbre, o como queráis llamarlo.

– Acaba de sonar– dice muy calmada Emily. Yo la veo con mis ojos fuera de sus órbitas.

– Bueno.. ya, vamos...– y comenzamos a caminar. Yo paresco el propio faro. En este colegio hay tantos chicos guapos, que si cada uno de ellos se osaran de invitarme a salir, al mismo tiempo, no sabría que decir. Busco algo en mi mochila, a ver si están todos mis libros, y mi diario... pero...

– ¡AAAHHH!– pego el grito en el cielo. ¡Mi diario está... desaparecido!

– ¿Y ahora que mosquito te picó?– ¿eing? ¿Esa voz? ¡Ah!... Susan...

– Pues... mi... m-mi... di-diario... ¡Mi diario a desaparecido!– Emily se asusta y me ve con aprensión, Lily pone esa cara ya tan famosa, de preocupación. Susan mira la situación divertida.

Un pasillo más atrás

– Sí, pero... ¿qué harás con él?– dice la voz de Lupin.

– No sé, lo que se supondría que debería de hacerse– responde la voz de Black, al parecer muy contento.

– Canuto, juegas con fuego– le advierte Potter.

– ¿Jugar con fuego? ¿Cómo es eso?– dice la voz de un niño, bueno, un adolescente con pinta de niño.

– Colagusano... eso-no-es-tu-problema– dice secamente Black.

– Humm... sería muy divertido jugar con este objeto... a ver, ¿de quién será?– abre lentamente lo que lleva en manos y lee– "Propiedad privada de: Atenea Rosswell"...– los chicos abren los ojos desmesuradamente– ¡Joder!... ¡Pero si es el diario de la nueva chica!